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martes, 8 de febrero de 2011

¿Ídolos o Imágenes Sagradas? La Veneración de las Sagradas Imágenes.

Entre los errores que se dicen sobre el catolicismo, encontramos el siguiente publicado en una de las tantas páginas “evangélicas” que pululan por la web.  El artículo (que no citaré) está a modo de diálogo y pretende refutar las objeciones católicas y reforzar la afirmación protestante que dice: “¿Por qué ustedes los católicos usan las imágenes, si la Biblia las prohíbe? Haciendo referencia al Éxodo 20, 4: No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay debajo en las aguas debajo de la tierra”.
Lamentablemente es muy difícil discutir con estas personas, debido a que, a partir de Lutero, niegan una de las dos fuentes de la Revelación cristiana, a saber: la Tradición apostólica no escrita. Sin ella, es muy difícil basar todo en la Biblia, pues, no todo lo que fue dicho y hecho por Cristo está, de modo explícito, en ella. El apóstol San Pablo nos dice “Jesús hizo también muchas otras cosas: si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir” (Juan 21; 25).
Igualmente, publicamos una defensa doctrinal escriturística que nos ha parecido interesante para tener argumentos, también basados en las Sagradas Escrituras, con respecto a este error tan difundido entre los protestantes.



¿Ídolos o Imágenes sagradas?

“Él es la imagen del Dios que no se puede ver, el Primogénito de toda la creación, ya que en él fueron hechas todas las cosas; las del cielo y las de la tierra; lo visible y también lo invisible”. Col. 1: 15s.

Imagen: Es la figura o representación física o mental en apariencia de una divinidad, persona, animales o cosas; puede ser hecha de pintura o escultura, expresión escrita o cualquier otro material que genere colores y formas perceptibles a los ojos o al entendimiento y están destinadas a provocar cierta impresión a nuestro espíritu. Ej.: cuadros artísticos, esculturas, fotografía.

Ídolo: Es cuando algo que ocupa el lugar de la divinidad, no como simple representación, sino como presencia real de su ser y poderes, lo que implica darle un tipo de adoración.

Frecuentemente los católicos somos abordados a partir de ciertos textos bíblicos que prohíben los ídolos o la idolatría: “No te harás estatua, ni imagen alguna….” (Ex 20, 4-5; Dt 4, 15s.28; Is 44, 9-20; Jr 10,1-16; Ba 6; Sb 13,10-14,31).

En estos textos Dios prohíbe construir imágenes o estatuas de falsos dioses: Ídolos. Al revelarse que hay un solo Dios es claro que se prohíba la adoración de otros dioses. Como esta revelación del Dios Único fue dada en el misterio; no es de extrañarse que Dios Diga:

“Ustedes no vieron figura alguna el día en que el Señor les habló en el monte Horeb de en medio del fuego. Por tanto no se desvíen; no hagan imagen…” (Dt 4, 15s.28)

Los católicos no pensamos que las estatuas o imágenes de Cristo y sus santos sean dioses o tengan algún poder especial; ni ponemos en ellas nuestra confianza: sino que “El honor dado a las imágenes pasa a los que en ellas se representan.” (II Concilio de ecuménico de Nicea: 24 de Sept.-23 de Oct. Del año 787).

Pero alguien podría contestar: “Aunque sean simplemente imágenes o esculturas que no representan falsos dioses ni se les da el culto debido solo a Dios; aún así la Sagrada Escritura prohíbe totalmente hacer cualquier imagen o escultura”. Esta afirmación expresada así, sólo muestra una parte de la verdad contenida en la Sagrada Escritura, pues en ella también se relata que después que Dios ha prohibido hacer imágenes, hay casos que por mandato del mismo Dios se representó por medio de una imagen algo que hay en el cielo o algo de la tierra para que condujera al pueblo simbólicamente a la salvación:

El ser de Dios en la naturaleza humana: Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. (Gen 1, 26ª; compare: 1 Cor 11,7; St 3,9)

Ángeles sobre el Arca: “Harás también dos querubines de oro, labrados a martillo; los pondrás en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado. (Ex 25,18-20)

El Arca de la Alianza: “Tú harás un arca de madera de acacia…” (Ex 25, 10-22)

La serpiente de bronce en el desierto: “Moisés habló por el pueblo y el Señor le respondió: Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire, sanará” (Núm. 21,8-9; Leer Sb 16, 5-8)

Los Querubines gigantes en el tabernáculo del Templo: “En el lugar santísimo hizo dos querubines de madera de olivo; cada uno medía cinco metros de altura…” 1 Reyes 6,23s.

Palmas y olivos, capullos y querubines en bajo relieve que adornaban todo el muro y columnas del templo de Salomón (1 Reyes 6, 23-28; 7, 17-19, 23-51)

Los 12 toros y la forma de azucena del mar de bronce (1 Reyes 7, 23-26; 2 Crón. 4. 2-5)

Los leones, bueyes y querubines de las bases Móviles del templo (1 Reyes 7, 29).

La misma Sagrada Escritura está expresada de forma que recrea imágenes en nuestro pensamiento a través del arte del escritor inspirado para acercarnos al conocimiento de Dios:

Antropomórficas: El brazo de Dios, su rostro, etc. Características propiamente humanas aplicadas a Dios para describirlo con algo familiar al hombre.

Antropopáticas: donde el escritor describe a Dios con imágenes que se asocian a sentimientos humanos: enojo, castigo, misericordia.

Teriomórficas: Dios es descrito con imágenes de animales: Cordero degollado, serpientes sobre el asta, pez, pavorreal, pelicano, cuervo y ave. (Jn 1,29.36; Jn 3,14; Ap 5,6)

Lo que la revelación realmente ataca es que el hombre absolutice la imagen, poniendo en ella toda su confianza y creyendo que por sí mismas tienen algún poder y se ponga a adorarlas, colocándola así en lugar de Dios. Cuando esto ha llegado a suceder, Dios en su celo, las ha mandado a destruir como con el becerro de oro en el desierto (Ex 32, 4-8) y la misma serpiente que Dios había mandado a hacer en el desierto (2 Re 18,4).
Dios quiere preservar la rectitud de la fe de Israel que puede quedarse solo con la imagen y no llegar hasta aquel que la imagen representa. A nivel espiritual el hombre podía quedarse en una actitud idolátrica de querer manipular a Dios trascendente y no seguir su voluntad.
Todas estas imágenes que se usaban en el culto del Antiguo Testamento estaban destinadas a preparar la acogida de la revelación del Verbo encarnado como imagen del Dios invisible: (Col 1, 12-20; 2Cor 4,4-6; CEC cc. 447)
Así:

“La imagen sagrada, el icono litúrgico, representa principalmente a Cristo. No puede representar a Dios invisible e incomprensible; la Encarnación del Hijo de Dios inauguró una nueva “economía” de las imágenes:
En otro tiempo, Dios, que no tenia cuerpo ni figura, no podía de ningún modo ser representado con una imagen. Pero ahora que se ha hecho ver en la carne y que ha vivido con los hombres, puedo hacer una imagen de lo que he visto de Dios… con el rostro descubierto contemplamos la gloria del Señor.
(San Juan Damasceno, De sacris imaginibus oraciones, 1, 16: PG 96, 1245ª.) CEC cc.1160.

“El ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo humano hasta el punto de que, pintados en una imagen sagrada, puedan ser venerados porque el creyente que venera su imagen «venera a la persona representada en la imagen»” CEC 477.

“Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. (Gen 1, 26-27). Esta imagen divina, el hombre, al pecar, la mancilló tristemente en sí mismo. Pero Cristo, que es plena y perfecta “imagen del Dios invisible” (Col, 1, 15), la restauró misericordiosamente con su encarnación, muerte y resurrección. En Cristo sus discípulos se convierten en una criatura nueva (2Cor 5, 17) y, por la acción del Espíritu Santo se van trasformando en imagen del mismo Cristo” (2Cor 3,18). Bendicional n. 1091.

A partir de lo que afirma la Sagrada escritura sobre la existencia de imágenes en el culto del Antiguo Testamento y sobre todo del misterio de Cristo hecho hombre que restaura la imagen del hombre, elevándola a una vida nueva, la Iglesia ha establecido que:

“Las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los Santos, deben conservarse principalmente en los templos y debe tributárseles el debido honor y veneración no porque se crea que en ellas resida alguna divinidad o poder, por lo cual debe dárseles culto, o que a ellas haya que pedirles algo, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que a ellas se les rinde se refiere a las personas que ellas representan: de tal modo que a través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación que tienen ellas, veneramos” (Concilio Ecuménico de Trento: 3 de Diciembre de 1563).

Para los católicos las imágenes o estatuas de Cristo, los ángeles, los santos y ciertos personajes ilustres, sirven para honrar a las personas que representan y para acordarnos de ellas con el fin de imitar su ejemplo (2Cor 3, 18).a través de un acto de honor relativo que no es el acto de adoración debido solamente a Dios, sino de veneración, es decir, de respeto por lo que representan.

Veneración de las sagradas imágenes.

A partir de lo que afirma la Sagrada escritura sobre la existencia de imágenes en el culto antiguo y sobre todo del misterio de Cristo hecho hombre que restaura la imagen del hombre, elevándola a una vida nueva, los primeros cristianos desde los inicios de la Iglesia adornaron con frescos las catacumbas, los relieves de los sarcófagos, los lugares de reunión y luego más tarde también las basílicas. Donde: “La iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la Palabra. Imagen y Palabra se esclarecen mutuamente:

“Para expresar brevemente nuestra profesión de fe, conservamos todas las tradiciones de la Iglesia, escritas o no escritas, que nos han sido transmitidas sin alteración. Una de ellas es la representación pictórica de las imágenes, que está de acuerdo con la predicación de la historia evangélica, creyendo que, verdaderamente y no en apariencia, el Dios Verbo se hizo carne, lo cual es tan útil y provechoso, porque las cosas que se esclarecen mutuamente tienen sin duda una significación reciproca. (Concilio de Nicea II: decreta, 111.) CEC cc. 1160.

Función de las imágenes dentro de la liturgia:

“Para que la liturgia no aparezca como algo árido y puramente conceptual; puede ser muy útil usar imágenes para ilustrar la homilía, para hacer visibles las intenciones de la oración universal, para inspirar la meditación.” (Directorio para la misa con niños n.36).

I. Catequética y homilética: Jesús en alguna ocasión utiliza la imagen como medio para transmitir su mensaje: “Tráiganme una moneda para verla. Le mostraron un denario, y Jesús le preguntó: “¿de quién es esta cara y lo que está escrito?”Ellos le respondieron: “del César” entones Jesús le dijo: “lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios a Dios.” Mc 12, 15-17
Durante los primeros 1600 años de cristianismo, la mayor parte de la gente no podía leer ni escribir. Cada vitral, cada estatua en el templo contaba una historia. Los analfabetos podían mirar las escenas de los vitrales en las ventanas de las iglesias y comprender la historia. De modo que las estatuas y las imágenes no solamente estaban ahí por belleza y reverencia sino también porque eran muy funcionales. Los vitrales que cuentan historias bíblicas podían usarse como “soporte en imágenes” a los que el sacerdote apuntaba durante sus homilías.
Las estatuas y los vitrales eran para ellos herramientas de enseñanza para predicar el evangelio y contar la historia de salvación; anunciar la Buena Noticia y recordatorios. Aun así hasta la persona más docta entiende la imagen como un lenguaje visual escrito con colores y formas que habla y causa una impresión directa a nuestro espíritu acercándonos al contenido de la fe y al misterio de Cristo. “Imagen y Palabra se esclarecen mutuamente” CEC cc.1160.

II. En la oración comunitaria y la meditación: “La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención que a veces es difícil de encauzar. Habitualmente una de las ayudas con las que se logra es: las imágenes sagradas, CEC c.2705

III. En el ornato: “Estas imágenes, además, han sido realizadas a veces con gran arte y gozan de una religiosa nobleza, con lo que vienen a ser un resplandor de aquella belleza que procede de Dios y a Dios conduce” (Bendicional n.1092)
“La belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios.” (San Juan Damasceno, “De sacris imaginibus oraciones, 1,27: PG 94, 1268B.)”
Todas “las cosas destinadas al culto sagrado” deben ser: “dignas, decorosas, y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales… y que sirvan al esplendor del culto con dignidad y belleza” (SC 122). “búsquese mas una noble belleza que la mera suntuosidad.” (SC 124)

IV. Piedad popular: Entraña actitudes cristianas hondas manifestadas, entre otros, en un elemento significativo como el uso de la imagen sagrada. Y es un modo de prolongación de la vida litúrgica de la Iglesia. Cf. CEC 1674s.

Ambientes propicios para exposición y qué imágenes se pueden:

Teniendo así claro que veneramos a quienes en esas imágenes son representados y no a la imagen. (Cf. CEC 1192)

“Expónganse las venerables y santas imágenes, como también la imagen de la preciosa y vivificante cruz, tanto las pintadas como las de mosaico u otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los vasos sagrados y ornamentos, en las paredes y en cuadros, en las casas y en los caminos: tanto las imágenes de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como las de nuestra Señora inmaculada la Santa Madre de Dios, de los ángeles y de los santos y justos”. (Concilio de Nicea II: DS, 600.)

“Expónganse, sin embargo, con moderación en el numero siguiendo una colocación que establezca un justo y debido orden que respete la centralidad absoluta del misterio de Cristo y luego cumplido en sus santos. También hay que cuidar la gradualidad de importancia entre la totalidad de los signos litúrgicos: primero el pan y el vino eucarísticos, luego la palabra, la persona del presidente, la comunidad, el altar y luego las imágenes sagradas. Para que no causen extrañeza al pueblo cristiano ni induzcan a una devoción menos recta y no distraigan la atención de los fieles de la celebración comunitaria.” “Por tanto en las nuevas Iglesias no deben colocarse en exposición sobre el altar imágenes de Santos u reliquias para la veneración de los fieles”. (Ritual de dedicación de Iglesias y altares n.10; SC n.125 Cf. CIC 1186); No haya más de una imagen del mismo santo. En general, la ornamentación y disposición de la Iglesia en lo referente a las imágenes procure ayudar a la autentica piedad de toda la comunidad”. (Ordenación General del Misal Romano n.278).

Sólo es lícito venerar con culto público a aquellos siervos de Dios que hayan sido incluidos por la autoridad de la Iglesia en el catalogo de los santos y beatos. El Ordinario del lugar puede permitir que figuren pintadas en los muros de los edificios sagrados o en sus vidrieras imágenes de personas no canonizadas o beatificadas, con tal que no parezca en modo alguno que se les tributa alguna veneración religiosa.
Para evitar cualquier extremismo en el uso y desuso de las imágenes sagradas es necesario “observar religiosamente los antiguos decretos de la iglesia acerca del culto de las imágenes de Cristo, de la Santísima Virgen y de los santos”. (LG 67).

Consideraciones al contemplar imágenes.

La iglesia ha tenido conciencia que:

“El honor dado a las imágenes pasa a los que en ellas se representan.” (II Concilio de ecuménico de Nicea)

“Para que los fieles puedan contemplar más profundamente el misterio de la gloria de Dios, que fue reflejada en la faz de Jesucristo (Col 1,15) y que resplandece en sus santos, y para que estos mismos fieles sean “luz del Señor” (Ef 5,8), la madre iglesia los invita a venerar piadosamente las imágenes sagradas”. (Bendicional n.1092).

“Deben conservarse principalmente en los templos y debe tributárseles el debido honor y veneración no porque se crea que en ellas resida alguna divinidad o poder, por lo cual debe dárseles culto, o que a ellas haya que pedirles algo, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que a ellas se les rinde se refiere a las personas que ellas representan: de tal modo que a través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación que tienen ellas, veneramos” (Concilio Ecuménico de Trento).

“Todos los signos de la celebración litúrgica hacen referencia a Cristo: también las imágenes sagradas de la Santísima Madre de Dios y de los santos. Significan, en efecto, a Cristo que es glorificado en ellos. Manifiestan “la nube de testigos” (Hb 12, 1; Rm 8, 29) que continúan participando en la salvación del mundo y a los que estamos unidos, sobre todo en la celebración sacramental. A través de sus iconos, es el hombre “a imagen de Dios”, finalmente transfigurado “a su semejanza”, quien se revela a nuestra fe, e incluso los ángeles, recapitulados también en Cristo”. CEC 1161.

La contemplación en la exposición de las sagradas imágenes debe ir “unida a la meditación de la Palabra de Dios y al canto de los himnos litúrgicos, formando así parte de la armonía de los signos de la celebración para que el misterio celebrado se grabe en la memoria del corazón y se exprese luego en la vida nueva de los fieles”. CEC cc.1162
En la Sagrada Escritura se prohíben ciertos gestos si son con el deseo de adorar: Hechos 10,25-26; Ap 22,9; pero no los prohíbe si solo es con intención de expresar una simple veneración y respeto: Gn 17, 3; Gn 42,6; Gn 43 26-28; Gn 44,14; Ex 18,7; Ex 25, 22; Ex 34,8; Jos 7,6; 1 Sam 24,8; 1Rey 2,19; 1Rey 18,7; 2Reyes 2,15; Daniel 8, 15-18; Mt 14,33; Mt 28,9; Lucas 24, 4-5. Teniendo en cuenta que El honor dado a las imágenes no es a la imagen en sí, sino que “pasa a los que en ellas se representan.” Por eso la Iglesia afirma que:

“…A través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación que tienen ellas, veneramos” (Concilio Ecuménico de Trento).

Beso: se acostumbra darlo como signo de saludo, respeto y aprecio o por devoción.

Descubrirse la cabeza: Cf. CEC 1159 “Con el rostro descubierto contemplamos la gloria del Señor”

Inclinarse: Hay muchas formas de inclinarse: Inclinación sencilla: de la cabeza hacia adelante a la manera oriental. Inclinación profunda del tronco del cuerpo hacia delante hasta formar ángulo recto.

Doblar rodillas: (Genuflexión): solo una rodilla (sencilla), doblando las dos rodillas (doble)

Inciensar: Se permite cuando es por rendir respeto y honor: 2 Cor 2,15; Ex 30, 1-10; Lv 2, 1. 15-16; 1 Rey 10; Is 60,6; Mt 2, 11; Lc 1, 8; no se permite cuando es por idolatría.

Conclusiones:

En la vida práctica tanto cristianos católicos como cristianos protestantes usamos de las imágenes para:

-La fotografía se usa en documentos de identidad ciudadana, películas. Una foto de un familiar que está lejos o ha muerto la usamos para adornar nuestras casas y mirarla recordando a nuestros seres queridos y se les trata con respeto por lo que representan: cuando yo contemplo la foto de mi abuela que ya ha muerto, no significa que amo el trozo de papel y los colores, sino que ese trozo de papel me la recuerda. Sé que no es la abuela, y sin embargo, me hace recordar su rostro, su modo de ser y hablar. Cuando un papá o mamá reciben una carta de su hijo o hija que está estudiando lejos en la universidad y se paralizan por la emoción, no propiamente el papel el que les causa emoción.

-En los lugares públicos hay estatuas a grandes héroes (Andrés Castro, Bolívar etc.) o algún símbolo patrio y les colocamos coronas de flores y exaltamos sus virtudes en los discursos.

-En los libros y revistas se grafican con imágenes de los personajes bíblicos, civiles para que el lector los aprecie y admire.

-Los medios de comunicación social electrónicos utilizan inmensamente la imagen

Está claro que la Sagrada Escritura no prohíbe propiamente la imagen sino la idolatría y que El honor dado a las imágenes no es a la imagen en sí, sino que “pasa a los que en ellas se representan.” ¿Por qué no podemos representar lo que nos recuerda a Cristo, a la Virgen, a los ángeles y a los santos? Viendo las sagradas imágenes, nos acordamos de las personas que representan; y tratamos de conformar nuestra conducta a sus enseñanzas y ejemplos.


R. P. Ramiro de Jesús Avendaño, From the desk of: Father Ramiro de Jesús Avedaño. Muchas gracias al Padre Avendaño por su aportación a B&T.
Edición digital de Biblia y Tradición.


Recomendamos leer algunos argumentos referidos a temas relacionados aquí:

Blaise Pascal y las aparentes contradicciones.


La Iglesia ha sido siempre atacada por errores contrarios…
La fe abraza muchas verdades aparentemente contradictorias, “un tiempo para llorar y un tiempo para reír”, etc., “no responda, responde”.
El origen de esto es la unión de dos naturalezas en Cristo.
Y también los dos mundos. La creación de un nuevo cielo y una nueva tierra. Nueva vida, nueva muerte…
Y finalmente los dos hombres que hay en el justo (Rom 6:7). Porque ellos son los dos mundos, y un miembro e imagen de Cristo. Así todos los hombres les convienen: pecadores; muertos vivientes; elegidos réprobos, etc…
La fuente de todas las herejías es la exclusión de alguna de estas verdades.
Y la fuente de todas las objeciones que nos levantan los herejes es su ignorancia de algunas de nuestras verdades.
Ocurre usualmente, siendo incapaces de imaginar la conexión entre dos verdades opuestas, y creyendo que el aceptar una entraña la exclusión de la otra, se aferran a una y excluyen la otra, y piensan que nosotros hacemos exactamente lo contrario. Ahora bien, esta exclusión es la causa de su herejía, y el ignorar el hecho de que nosotros sostenemos la otra motiva sus objeciones.

Primer ejemplo. Jesucristo es Dios y hombre. Los arrianos, incapaces de combinar dos cosas que creen incompatibles, dicen que es un hombre, y en esto son católicos, pero niegan que sea Dios, y en eso son herejes. Pretenden que nosotros negamos su humanidad, y en eso son ignorantes.

Segundo ejemplo. Sobre la cuestión del Santo Sacramento. Nosotros creemos que, siendo la substancia del pan cambiada y transubstanciada en el cuerpo de Nuestro Señor, Jesucristo está realmente presente en el Sacramento: esa es una de las verdades. Otra verdad es que el Sacramento es también figura de la cruz, y de la gloria, y es conmemoración de ambas. Tenemos aquí la fe católica abrazando dos verdades aparentemente opuestas.

Ellos se quedan en el solo punto de que el Sacramento es figurativo, y en esto no son herejes. Piensan que excluimos esta verdad, y de aquí levantan tantas objeciones sobre pasajes en los padres que lo atestiguan. Finalmente niegan la presencia real y en esto son herejes…
Por eso el camino más corto para prevenir la herejía es enseñar todas las verdades, y el modo más seguro de refutarla es proclamarlas todas.

Blaise Pascal, Pensamientos.

jueves, 18 de noviembre de 2010

El mito de la “sola scriptura”.


Uno de los errores protestantes, en el cual basan su postura, es el de la “sola criptura”. La hermenéutica de las escrituras “por la sola escritura” es algo totalmente contradictorio y que no tiene sustento Bíblico, como demostraremos. Hay dos fuentes de la Revelación: la Tradición oral divino-apostólica y las Sagradas Escrituras. Ninguna de las dos fuentes puede faltar, quitar una de las dos significa, pues, la misma destrucción de la Verdad revelada.
Publicamos un texto tomado del artículo “Algunos Mitos Protestantes”, capítulo “mito tercero”, escrito por autores varios. En éste caso, por de Jesús Hernández, tomado de ‘Lux Domini’. La versión digital se la debemos al excelente Blog “Biblia y Tradición”.


Mito tercero.

Sola Scriptura: dice David Muir que “un evangélico es alguien que se mantiene firme en una posición teológica muy definida, una posición teológica que nació de la Reforma. Los reformadores buscaron basar toda su teología y enseñanza sobre la autoridad de la Escritura. (…) La base única y suficiente para la Reforma en Europa fue la autoridad de la Escritura. (…) Lo mismo se puede decir de los evangélicos. Nosotros también basamos todas nuestras creencias sobre la Escritura”.

¿De veras? ¿Pues dónde dice la Escritura que la Revelación divina se limita a la Escritura? ¿Dónde dice la Escritura que todo lo que Dios manda creer se encuentra sólo en la Escritura? ¿Dónde dice la Escritura que no hay más que una fuente de la Revelación divina: la Escritura, y que, por ende, hay que aceptar la Escritura como autoridad final? En ninguna parte; es más, la propia Escritura nos certifica que son dos las fuentes de la Revelación divina: la Escritura y la Tradición oral divino-apostólica.
Veámoslo: “Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las tradiciones que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta” (II Tes. 2, 15); “muchas otras cosas hizo Jesús, que, si se escribieran una por una, creo que este mundo no podría contener los libros” (Jn. 21, 25). Está clarísimo: la misma Escritura nos enseña que existe una Palabra de Dios no escrita, transmitida por Dios a los Apóstoles, y por éstos a sus sucesores. Esta Palabra divina no escrita es la segunda fuente de la Revelación: la Tradición, que completa a la Sagrada Escritura con verdades no contenidas en ésta. Los tesoros que encierra pueden encontrarse en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia (y en algunos sitios más: la divina liturgia, que se remonta, en su núcleo central, a Cristo y los Apóstoles; las Actas de los mártires, que contienen las verdades de fe creídas por la Iglesia primitiva, verdades por las que muchos cristianos dieron su sangre; etc.), algunos de los cuales fueron discípulos de los Apóstoles, y otros fueron discípulos de estos discípulos, formando así una cadena que llega hasta el Medievo (el último Padre de la Iglesia fue San Bernardo de Claraval). Tenía, pues, toda la razón del mundo el Concilio de Trento al definir, infaliblemente, que la Divina Revelación “se contiene tanto en los libros escritos cuanto en las tradiciones no escritas” (Denz., 783).
A lo anterior responden siempre los protestantes que los Apóstoles y evangelistas escribían lo mismo que predicaban y que, por ende, la totalidad de su predicación y de la de Cristo se contiene en las Escrituras. A esto puede contestarse que “seguramente no escribieron cosas contrarias a lo que enseñaban de viva voz; pero la dificultad está en probar que dejaron por escrito todas las verdades que predicaron sin excepción, y San Pablo asegura lo contrario. Sería imposible que este Apóstol encerrase en catorce epístolas todo lo que enseñó en treinta y tres años” (Bergier, Diccionario enciclopédico de Teología, imprenta de Tomás Jordán, Madrid 1835, voz Tradición).
Así pues: “Es evidente que no todo fue dicho por los Apóstoles en las epístolas, sino que muchas enseñanzas las hicieron sin cartas; tanto unas como otras son dignas de la misma fe, dice San Juan Crisóstomo en su comentario Homil. IV in II Thes. 2, 2. Esto mismo lo confirma San Juan: ‘Mucho más tendría que escribiros, pero no he querido hacerlo con papel y tinta, porque espero ir a vosotros y hablaros cara a cara’ (II Jn. 12); ‘muchas cosas tendría que escribirte, pero no quiero hacerlo con tinta y cálamo; espero verte pronto y hablaremos cara a cara’ (III Jn. 13). Ciertamente eran cosas dignas de ser escritas; sin embargo, no las ha escrito sino dicho, y en lugar de Escritura ha hecho tradición. ‘Retén la forma de los sanos discursos que de mí oíste, inspirados en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por la virtud del Espíritu Santo, que mora en nosotros’ (II Tim. 1, 13-14), decía San Pablo a Timoteo. ¿No es eso recomendar la palabra apostólica no escrita? Eso se llama tradición. Y más adelante prosigue: ‘y lo que de mí oíste ante muchos testigos, encomiéndalo a hombres fieles capaces de enseñar a otros’ (II Tim. 2, 2). ¿Hay algo más claro que la tradición? Ésta es la forma: el apóstol habla, los testigos lo ratifican, Timoteo debe enseñarlo a otros, y éstos, a su vez, a otros. ¿No es esto una santa sustitución y un fideicomiso espiritual? El mismo apóstol, ¿no alaba a los corintios por observar las tradiciones? ‘Os alabo de que en todo os acordéis de mí y retengáis las tradiciones que yo os he transmitido’ (I Cor. 11, 2). Si fuera la segunda carta a los corintios, podría decirse que este mandamiento se refería a cuanto fue dicho en la primera -si bien el sentido sería forzado; pero, para quien no quiere caminar, cualquier sombra vale-. Pero este texto es de la primera carta. No habla de ningún Evangelio. Y cuando al final dice: ‘Lo demás lo dispondré cuando vaya’ (I Cor. 11, 34), nos da pie a pensar que les había enseñado muchas cosas importantes, y, sin embargo, no tenemos ese escrito. ¿Acaso lo ha perdido la Iglesia? Por supuesto que no, sino que se ha transmitido por tradición; de lo contrario, el Apóstol lo hubiese escrito para que no lo perdiera la posteridad. Y Nuestro Señor dice: ‘Muchas cosas tengo aún que deciros, mas no podéis llevarlas ahora’ (Jn. 16, 12). Os pregunto a vosotros, protestantes, cuándo dijo esas cosas que tenía que decirles. En verdad, o bien fue después de la Resurrección, en los cuarenta días que estuvo con ellos, o bien en la venida del Espíritu Santo. ¿Acaso tiene sentido lo que entendía con las palabras ‘muchas cosas’, si todo estaba escrito? Está bien claro que permaneció con los Apóstoles durante cuarenta días, hablándoles del reino de los cielos (Hech. 1, 3), pero no conservamos por escrito ni todas las apariciones ni lo que en ellas les decía” (San Francisco de Sales, Meditaciones sobre la Iglesia [Controversias], BAC, Madrid, 1985, págs. 204-205).


Jesús Hernández , tomado de ‘Lux Domini’.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cómo rechazar las doctrinas protestantes.



Las doctrinas fundamentales protestantes o, de las llamadas “denominaciones cristianas”, se contradicen demostrando el error en el que caen. Muchos protestantes hablan de que la Biblia como el único fundamento de la revelación pero, lo que no saben o no ven, es que aquella Biblia en la que se fundan, es la misma que canonizó la Iglesia católica apostólica romana, por tradición apostólica, en el Siglo IV; luego, cuando hablan de Biblia, hablan de la Biblia canonizada por la Iglesia católica. En la misma Biblia no se encuentra una lista de todos los libros inspirados; luego, ¿cómo saben que la serie de libros que contiene la Biblia son los correctos?
Muchas son sus contradicciones, las cuales, iremos demostrando en éste pequeño artículo que publicamos a continuación.


CÓMO RECHAZAR LAS DOCTRINAS PROTESTANTES
 
a) Cuando una doctrina está contra la razón, es necesariamente falsa y no fue revelada por Dios.

b) Ahora bien, el protestantismo es contrario a la razón… pues sus principios son falsos.

c) Luego, el protestantismo es falso y no fue revelado por Dios.

Debemos probar la proposición b):

Enunciado de los dos principios fundamentales del protestantismo:

1º) La Biblia, y sólo Ella, es la única fuente de revelación.

2º) Cada uno ha de interpretar la Biblia por sí mismo... (libre examen).


Refutación del primer principio:

Argumento I:
Los protestantes no pueden probar que la Biblia sea la palabra de Dios.
Los protestantes, para conocer las verdades de fe, admiten sólo la Biblia, y ésta en cuanto es Palabra de Dios.
Ahora bien, que la Biblia sea Palabra de Dios es una verdad de fe.
Luego, que la Biblia es Palabra de Dios debe ser probado por la Biblia, en cuanto es Palabra de Dios… Esto es caer en un círculo vicioso… ¡y no probar nada!

Argumento II:
El principio fundamental del protestantismo es contradictorio.
No está en la Biblia que ella sea la única regla de fe.
Ahora bien, según los protestantes, no se ha de creer lo que no está en la Biblia.
Luego, no se ha de creer que la Biblia sea la única norma de fe.

Argumento III:
La historia enseña que es falso el primer principio protestante.
La Biblia no era norma de fe de los cristianos que vivieron antes de que se escribiese la primera página del Nuevo Testamento y se terminase de escribir la última.
La Biblia no era norma de para todos los cristianos que vivieron antes de que se juntasen en un solo libro todos los libros inspirados (lo cual sucedió hacia el siglo IV).

Argumento IV:
Jesucristo puso como norma de fe la predicación.
La norma de fe de los primeros cristianos era la predicación de los Apóstoles, y no la Biblia (Mt. 28:18; Mc. 16:15; Lc. 10:16; Jn. 20:21).
Y en la Biblia no se ha escrito todo: Jn. 21:25; II Jn. 12; III Jn. 13.

Argumento V:
La Biblia sola no basta.
La Biblia habla también de la Tradición: II Tes. 2:15, II Tim. 1:13; II Tim. 2:2; I Cor. 15:1-2.
Para creer en la Biblia hace falta otra norma de fe que nos diga cuáles son los libros inspirados.


Refutación del segundo principio:

Argumento I:
El primer principio protestante contradice el segundo.
La Biblia no dice en ninguna parte que cada uno tiene derecho a interpretarla.
Los protestantes dicen que se tiene que rechazar cuanto no contiene la Biblia.
Luego, los protestantes tienen que rechazar que cada uno tiene derecho a interpretar la Biblia.

Argumento II:
Es falso el principio, pues la Sagrada Escritura no es fácil de entender.
Según ellos, la Biblia es fácil de entender… pero no es así: Hechos, 8:26-40; Lc. 24:25-27, 32, 44-46; II Pedro 3: 15-17.
Los Apóstoles no siempre entendieron la Sagrada Escritura. Los maestros de la Ley no entendieron la Sagrada Escritura (I Cor. 2:8). San Pablo no la entendía cuando perseguía a los cristianos. No la entienden hasta el día de hoy los judíos que aún esperan al Mesías (II Cor. 3:12-16).

Argumento III:
El segundo principio se opone al primero.
Como no hay dos personas que interpreten igual la Biblia, hay tantas interpretaciones como individuos.
Con el principio del libre examen, la norma de fe no es lo que dice la Biblia, sino lo que se interpreta al leer.
Luego, hay tantas normas de fe como individuos.

Argumento IV:
El segundo principio conduce al error… luego, es falso.
Doctrinas contrariamente opuestas no pueden ser verdaderas.
El segundo principio hace que uno interprete la Biblia de un modo, y otro de otro, aunque sea contrariamente opuesto al primero.
Luego, el segundo principio hace que las interpretaciones no sean verdaderas.
Ahora bien, lo que no lleva a la verdad, lleva al error.

Argumento V:
El segundo principio es absurdo y contradictorio.
Con el principio del libre examen, la norma de fe cambia en cada uno a medida que cambia su interpretación.
Ahora bien, cambiar constantemente de norma de fe es absurdo y contradictorio.

Argumento VI:
El segundo principio destruye la Biblia.
Los protestantes, con el libre examen, quitan a las palabras de la Biblia el significado que tienen en la mente de Dios, para darle el que se le ocurre al lector.

Argumento VII:
El segundo principio va contra la Biblia.
San Pablo dice: “La Iglesia de Dios es columna y sostén de la Verdad”.
Para los protestantes, la columna y sostén de la verdad es la Biblia, con su libre interpretación.
Luego, los principios del protestantismo se oponen a la Biblia.
De todo esto se sigue que tanto el primero como el segundo principios del protestantismo son falsos, que era lo que debíamos probar para demostrar que el protestantismo es falso y no ha podido ser revelado por Dios.
Es falso pues es contrario a la razón… es contrario a la razón pues sus principios son falsos.
Por lo tanto, hay que adherir con todo el corazón a la Iglesia Católica Apostólica Romana, la cual nos enseña que: “Hay que creer con fe divina y católica todas las cosas contenidas en la Palabra de Dios escrita o transmitida, propuestas por la Iglesia mediante definición solemne, o por el Magisterio ordinario universal, para ser creídas como divinamente reveladas”.
Por eso creemos en la Sagrada Escritura y en la Santa Tradición, en las cuales encontramos todo lo que es necesario creer para salvarse, y creemos en el Santo Magisterio de la Santa Iglesia que custodia fielmente, transmite íntegramente e interpreta infaliblemente el Depósito de la Fe.

Tomado del Blog de Cabildo.