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jueves, 4 de noviembre de 2010

En torno al orígen de la vida.



En el primer artículo del “credo del incrédulo” se dice: CREO en la Nada Todoproductora d’onde salió el Cielo y la Tierra, y en el cuarto dice que el hombre: “Nació de Santa Materia. Aquella santa matera de la cual, mediante el “azar”, en un día fortuito dentro de esa enorme millonada de años, aparecieron los primeros aminoácidos para, luego, ir “evolucionando” hasta llegar a lo que somos hoy.
300 años antes de Cristo, Aristóteles afirmaba que “el azar no produce nada”. C. S. Lewis, sobre el fortuito origen de la vida y el Universo, ha respondido en una breve publicación que ya hemos hecho y se puede leer aquí. Pero, para extendernos en el tema y demostrarlo de una manera científica, desde el punto de vista físico-químico de la cuestión, publicamos esta pequeña obra del Dr. Raúl O. Leguizamón titulada “En torno al origen de la vida”. La cual, nos introduce en el mundo de las grandes dificultades, desde el punto de vista de las ciencias, en las que se encuentran inmersas las teorías de la “biogénesis espontánea”.
Aquí están las palabras del autor:

Numerosos científicos de las distintas áreas del conocimiento — al igual que la gran mayoría de los divulgadores sobre el tema — son prácticamente unánimes en sostener que la vida se habría originado a partir de la materia inanimada, por la sola acción de las leyes naturales y al margen de cualquier factor extramaterial.
Frecuentemente — sobre todo en las obras de divulgación, libros de texto y programas televisivos — el tema es tratado en forma tal, que el lector no especializado sólo puede concluir que el origen de la vida a partir de la materia inanimada constituye no ya una teoría científica, sino un hecho demostrado, con pruebas abrumadoramente concluyentes a su favor.
Salvo pequeñas dudas referidas a detalles de orden circunstancial, todo parece estar satisfactoriamente explicado: los átomos se unen espontáneamente para formar moléculas simples, que luego — en el seno del mar primitivo — forman moléculas más complejas, las cuales finalmente se unen entre sí, dando origen a la vida.
Así de simple, así de claro, así de contundente.
Aun cuando a nivel de las publicaciones especializadas hay científicos que expresan dudas y reservas sobre el tema, estas opiniones no llegan prácticamente nunca al lector corriente, el cual es ilustrado, con singular insistencia — en el esquema arriba descripto.
Con raras excepciones éste es, sin duda, el consenso de opiniones del “establishment” científico y la actitud prudentes es, también sin duda, aceptar lo que los expertos dicen.
Esta es la actitud prudente.
Pero la actitud científica es justamente no aceptar lo que los científicos dicen. No, al menos, sin previo análisis crítico, puesto que la ciencia no debe basarse en la autoridad de nadie — ¡ni siquiera en la de los científicos! — sino en el análisis racional de la evidencia.
Dada la trascendencia del tema, me pareció sería de interés brindar al lector no especializado algunas reflexiones sobre esta cuestión, a manera de una revisión crítica de la postura “oficial” del “establishment” científico, respecto del origen de la vida.
Lo que, por otra parte, no es nada más que una actitud de fidelidad al método científico, que debe justamente basarse en la crítica — y no en la aceptación — de lo aceptado.
Para realizar este trabajo, me he basado en las obras de destacados científicos que — quizás por no aceptar la hipótesis materialista del “establishment” — no tienen, en general, acceso a las grandes editoriales y medios de difusión y por consiguiente no son conocidos por el gran público.
Aunque siempre es difícil hacer justicia a todos los autores con quienes se está en deuda intelectual, quiero mencionar a algunos de ellos, cuyas obras, por su profundidad y claridad, no puedo encomiar lo suficiente.

Georges Salet, biólogo y matemático francés, autor de la magistral obra Azar y certeza.A.
E. Wilder Smith, suizo-alemán, doctor en Química Orgánica por las universidades de Oxford, Ginebra y Zurich, autor, entre otras obras, de The Creation of Life y The Natural Sciences Know Nothing of Evolution.
Duane Gish, bioquímico americano, autor de la estupenda monografía Speculations and Experiments Related to Theories on the Origin of Life.

También he usado (y abusado) de las obras de Donald England, Henry Morris, James Coppedge, Leconte du Noüy, Leonardo Castellani, Etienne Gilson y otros que sería largo enumerar.
El estudio de las obras de estos autores me ha sido imprescindible para entender y profundizar la cuestión, y este humilde opúsculo sólo pretende ser un reflejo — aunque precario, fiel — del pensamiento de estos brillantes científicos y filósofos, a quienes me permito llamar verdaderos maestros.
Espero que, al menos en este caso, no se cumpla aquello que decía Papini, de que el Diablo suele vengarse de algunos maestros, dándoles discípulos.

Raúl O. Leguizamón, tomado del prólogo de la obra “En torno al origen de la vida”.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cita: sobre los dogmas del incrédulo.


Una frase atribuída a Gilber K. Chesterton, y que en lo sustancial refleja su vigoroso y sano pensamiento, es un perfecto resumen de esta situación perversa: «Cuando la gente deja de creer en Dios no es que no crea en nada, es que cree en cualquier cosa». Porque estamos hechos para creer, para conocer, para aceptar la realidad, y a la vez estamos dotados de capacidad crítica, ¡pero no la inclinación a creer! El resultado es que creemos cualquier cosa con una obstinación y una violencia impropias de la pacífica profesión de fe.
Como dice el antropólogo René Girard: «El rechazo de lo real es el dogma número uno de nuestro tiempo. Es la prolongación y perpetuación de la ilusión mítica original».

José Antonio Ullate Fabo, “La verdad sobre El Código Da Vinci”, Libros Libres, Madrid, pág. 128.

Y, como el “dogma” de nuestro tiempo es la negación de la Verdad, el ateísmo necesita fabricarse otros dogmas. Esos otros dogmas son los que, con ironía y humor, el padre Leonardo Castellani expondrá en su “Credo del incrédulo”:

 CREO en la Nada Todoproductora d’onde salió el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sápiens su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de Santa Materia
Bregó bajo el negror de la Edad Media.
Fue inquisionado, muerto achicharrado
Cayó en la Miseria,
Inventó la Ciencia
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre pensante
La Civilización de la Máquina
La Confraternidad Humana
La Inexistencia del pecado,
El Progreso inevitable
La Rehabilitación de la Carne
Y la Vida Confortable. Amén.

R.P. Leonardo Castellani, Tomado de “Las ideas de mi tío el cura”.

¿El mundo se originó por un golpe de azar?


 
C.S. Lewis

La incoherencia del materialismo ateo, aquél que ve al “azar” como “creador” del Universo, se cae por sus propios argumentos. Veamos como, de manera tan sencilla, C.S. Lewis refuta sus argumentos a modo de reportaje periodístico:
Pregunta 6: El materialismo y algunos astrónomos indican que el sistema solar y la vida tal como la conocemos se originó por una colisión astral fortuita ¿Cuál es la opinión del cristianismo sobre esta teoría?

Lewis: Si el sistema solar se hubiera originado por una colisión fortuita, la aparición de la vida orgánica en este planeta sería un accidente. De ser así, nuestros actuales pensamientos son meros accidentes, el subproducto fortuito del movimiento de los átomos. Y esto vale igual para los pensamientos (los de los materialistas y los astrónomos) son subproductos accidentales, ¿por qué tendríamos que creer que son verdaderos?
No veo ninguna razón para creer que un accidente podría darme una estimación correcta de los demás accidentes. Es como suponer que la figura accidental que forma al derramar un jarro de leche nos proporciona un juicio correcto acerca de cómo se hizo el zumo y por qué se derramó.
 C. S. Lewis, “Lo eterno sin disimulo” pág. 46, Ed. Rialp S.A., España, 1999.