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viernes, 15 de enero de 2016

Una acertada analogía.

Una acertada analogía. Visto en Wanderer, 11-Ene-2016.


Creatividad publicitaria

Con unos amigos estamos por rodar un spot muy interesante. No sé bien qué acogida tendrá por parte del gran público. Pero confiamos que en esta civilización adulta y madura, abierta y plural, sea bien recibida y hasta se viralice al infinito y más allá. Trata sobre el sistema de Salud pública. Les adelanto un poco la secuencia (falta ajustar detalles):

Arranca con una voz en off, que es Margaret Chan –la Directora general de la OMS– que dice algo así como “la mayor parte de los habitantes del planeta buscan la salud; esto debería provocar un diálogo entre las alternativas en la lucha contra la enfermedad”. Mientras tanto, van apareciendo en pantalla (de perfil, no de frente manteca; esto es importante): una curandera, un astrólogo, un yogi, un ayurveda y un médico común, con su guardapolvo blanco.

La curandera (parece que acepta Petrona, una famosa gitana de Chubut que es furor) larga una frase: “yo tiro el cuerito”; “yo te tiro las cartas” agrega Jimena La Torre, experta en cartas astrales. Claudio Márquez agrega: “te hago el reiki karuna y te dejo como nuevo”. Y entremedio (no sabemos todavía bien dónde conviene ponerlo, presumo que último, justamente para que se entienda que es apenas una alternativa más), el médico –en lo posible uno de esos de aspecto poco confiable– largando un insulso: “si querés, te hago una placa y te receto un antibiótico”. Luego vuelve la mina de la OMS (si no la enganchamos a ella, le podemos pedir al presidente del Colegio de médicos, pero ese debe ser medio facho, fundamentalista, que todavía cree que con su estetoscopio y su ampolla de penicilina se puede llevar el mundo por delante), digo, vuelve Chan y con voz vaga (importante esto: todo exceso de modulación y nitidez son pequeños guiños fachos) diga: “muchos piensan distinto, sienten distinto, buscan la salud de diversa manera y la obtienen (es importante este último detalle, porque si no queda como que uno simplemente reconoce las buenas intenciones de la astróloga y aquí es importante avisar que uno reconoce su genuina eficacia curativa. Sigue el discurso de la Chan): en esta multitud de ofertas que todo enfermo recibe, hay una sola certeza: todos somos agentes sanitarios, todos somos trabajadores de la salud (sube el audio y aparecen entonces, la astróloga oscurantista, la curandera quiromántica, Fabio Zerpa, el médico y el gurú Maharaji conversando risueñamente entre ellos, en torno a un chiquito de ocho años, paciente oncológico, que los mira perplejo a todos, que le sonríen al son de “todos creemos en la salud, vos quedate tranquilo”. Íbamos a convocar a un gurú brasilero, que te hipnotiza y te opera en el acto, pero su aspecto era un tanto sucio y nos pareció que podía espantar un poco… También pensamos en un mormón, con su propuesta alternativa a la transfusión de sangre, pero la última novela de McEwan (otro que se las daba de abierto y resultó ser un facho fundamentalista) trata justamente de un chico que se está por morir porque se niega a transfundirse y es mormón… y pegó muy fuerte, así que no, mejor no, el tarot en cambio, tiene mejor mordiente social. También intentamos sumarlo al Yogi Bhajan, pero nos sacó corriendo y nos tildó de divagantes relativistas (evidentemente hay nazismo hasta en la India). 

Veremos cómo nos va. Tengo confianza en que se viralizará y nuestra sociedad moderna openmindful lo tomará muy bien. En realidad la idea es que, si nos va bien, sea éste el primer spot de una larga serie, con el mismo mensaje pero aplicado a distintas realidades. Empezamos por salud (aunque nos dijeron que fue una mala idea arrancar por ahí, porque justamente ese es un tópico en que la gente aún es un poco conservadora, qué sé yo), pero haremos furor con el clip sobre la construcción de un puente, el manejo de un avión (no, no; a la señora esa griega de apellido voluptuoso, no la convocaremos), y hasta produciremos –para el segmento más juvenil– un video sobre alternativas para elaborar una buena cerveza: ¿por qué esa porfiada cuadratura fachista de creer que sólo con cebada y lúpulo se puede hacer cerveza? Verán la de alternativas inverosímiles que estamos recolectando…

¡Paz y Facilidad, hermano!   

Gerente de Creatividad de CTV

jueves, 24 de diciembre de 2015

G.K. Chesterton: Navidad.


La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad. La Navidad, como tantas otras creaciones cristianas y católicas, es una boda. Es la boda del más indómito espíritu de gozo humano con el más elevado espíritu de humildad y sentido místico. Y el paralelo de una boda es bien válido en más de una manera; porque este nuevo peligro que amenaza la Navidad es el mismo que hace tiempo ha vulgarizado y viciado las bodas. Es lógico que haya pompa y gozo popular en una boda; de ninguna manera estoy de acuerdo con los que querrían que fuera algo privado y personal, como la declaración de amor o el compromiso de matrimonio. Si una persona no está orgullosa de casarse, ¿de qué podrá enorgullecerse?, ¿y por qué se empeña entonces en casarse? Pero en casos normales todo este jolgorio que se organiza está subordinado al matrimonio porque existe “en honor” del matrimonio. Fueron a ese lugar a casarse, no a alegrarse; y se alegran porque se han casado. Sin embargo, en tantas bodas de famosos se pierden de vista por completo este serio objetivo y no queda nada más que la frivolidad. Porque la frivolidad es el intento de alegrarse sin nada sobre lo que alegrarse. El resultado es que al final hasta la frivolidad como  frivolidad empieza a desvanecerse. Quienes empezaron a juntarse sólo por diversión acaban haciéndolo sólo porque está de moda; y no queda ni siquiera la más débil sugestión de regocijo, sino tan sólo de ruido y alboroto.
De manera parecida, la gente está perdiendo la capacidad de disfrutar la Navidad porque la ha identificado con el regocijo. Una vez que han perdido de vista la antigua sugestión de que es por alguna cosa que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede ser frívolo así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para ser frívolo. Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No sería tan bullicioso, le hubiera dejado puñados de billetes bancarios falsos o un talonario de cheques sin fondos. Por divertida que fuera la acción del testador, no sería durante mucho tiempo ocasión de festividades sociales y celebraciones de todo tipo. No se puede empezar ni siquiera una francachela por una herencia que es sólo ficticia. No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro. Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana. Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.
Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo. Y tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre. Pero aun en los niños esa sensatez se encuentra de alguna manera en guerra con la sociedad. La vívida magia de esa noche y de ese día está siendo asesinada por la vulgar veleidad de los otros trescientos sesenta y cuatro días.


G. K. Chesterton, tomado de “La mujer y la familia”, Ed. Styria, 2006.

martes, 22 de diciembre de 2015

La Basílica de San Pedro profanada.

Sobre la profanación de la Basílica de San Pedro. Artículo visto en Wanderer, 15-Dic-2015.

Un simio en San Pedro


El 8 de diciembre pasado tuvo lugar en Roma un detestable sacrilegio a la basílica de San Pedro, el que fue placenteramente contemplado por el papa Francisco desde la ventana de sus aposentos, y al que en nuestro país no le dimos, me parece, la importancia simbólica que tuvo. Pueden ver el espectáculo aquí
Todas las profecías sobre los últimos tiempos y sobre los falsos profetas que lo poblarán hablan de las asombrosas magias que éstos serán capaces de hacer a fin de encandilar a las multitudes. Y el espectáculo de luz y sonido que se vio era mágico: parecía que realmente la basílica se poblaba de enormes bestias salvajes y se inundaba por oceánicas corrientes de agua.
Nuestros amigos italianos, particularmente dotados de sensibilidad para estos temas, han reaccionado con firmeza y claridad frente a tamaña profanación. Les dejo la traducción de los párrafos más sobresalientes de los artículos de Roberto De Mattei, Antonio Socci y Alessandro Gnochi:


Durante el show, pagado por el Banco Mundial, las imágenes de gigantescos leones, tigres y leopardos se superpusieron a San Pedro, que se levanta justamente sobre las ruinas del circo de Nerón, donde las bestias salvajes devoraban a los cristianos. Gracias al juego de luces, la basílica parecía derrumbarse, disolverse y sumergirse en el agua, mientras sobre su fachada aparecían peces payaso y tortugas marinas, casi evocando la liquefacción de las estructuras de la Iglesia, privadas de cualquier elemento sólido. Una enorme lechuza y extraños pájaros volaban sobre la cúpula, mientras monjes budistas marchando parecían indicar un camino de salvación alternativo al cristianismo. Ningún símbolo religioso, ninguna referencia al cristianismo, la Iglesia cedía el paso a la naturaleza soberana.
Cuando hace cincuenta años se concluía el Concilio Vaticano II, el tema dominante de ese hecho histórico parecía ser un cierto “culto del hombre”, encerrado en la fórmulahumanismo integral de Jacques Maritain. El libro del filósofo francés que lleva ese título es de 1936, pero su influencia se da sobre todo cuando uno de sus más entusiastas lectores, Juan Bautista Montini, convertido en Papa con el nombre de Pablo VI, quiso hacerlo una brújula de su pontificado. El 7 de diciembre de 1965, en el homilía de la Misa, Pablo VI recordó que en el Vaticano II se había producido el encuentro “entre la religión del Dios que se ha hecho hombre” y la “religión (porque eso es) del hombre que se hace Dios”.
Cincuenta años después, asistimos al pasaje del humanismo integral a la ecología integral, de la Carta de los derechos del hombre a la de los derechos de la Naturaleza. En el siglo XVI, el humanismo había rechazado la civilización cristiana medieval en nombre del antropocentrismo. El intento de construir la ciudad del hombre sobre las ruinas de la ciudad de Dios falló trágicamente en el Novecientos, y de nada sirvieron los intentos de cristianizar el antropocentrismo bajo el nombre de humanismo integral. A la religión del hombre se la sustituye por la de la tierra; al antropocentrismo, criticado por sus “desvíos”, se lo sustituye por una nueva visión eco-céntrica. La teoría del género, que disuelve toda identidad y toda esencia, se inserta en esta perspectiva panteísta e igualitaria. (Roberto de Mattei).


“Un espectáculo inconcebible en la plaza de San Pedro; una afrenta a la basílica símbolo de la catolicidad”, escribía Riccardo Cascioli, director del diario católico online Nueva brújula cotidiana.
El show había sido presentado, por parte del Vaticano, como una especie de alabanza a la Creación que recordaba a la encíclica Laudato sii y a la Conferencia de París sobre el cambio climático, por lo que alimentaba muchas dudas, ya que no tenía nada que ver con la fiesta de la Inmaculada que se celebraba ese mismo día, ni tampoco con la apertura de la Puerta Santa ni con la Navidad.
Así, en San Pedro, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, se ha preferido la celebración de la Madre Tierra a la celebración de la Madre de Dios, a fin de propagar la ideología dominante, la “religión climática y ecologista”, neopagana y neomalthusiana que es sostenida por los poderes del mundo.
Una profanación espiritual (ese lugar fue un lugar de mártirio cristiano) y una profanación cultural.
El mensaje del espectáculo se sintetiza en el título: “Fiat lux”, que suena como una burla y como parodia de la Sagrada Escritura en la cual la expresión “Fiat lux” indica el gesto creador de Dios y, después, la Luz que es Cristo, venido a iluminar las tinieblas del mundo.
Pero este espectáculo representaba lo contrario: el “mundo” que proyecta luz sobre la Iglesia sumergida en las tinieblas. Es la Iglesia la que recibe la luz del mundo. Se trata, por tanto, de una simbólica y humillante inversión de la fe católica.
Demuestra lo que ya el pontífice había dicho en una entrevista a Antonio Spadaro: “El Vaticano II fue una re-lectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea”. Para Bergoglio es el mundo (la cultura contemporánea) el que ilumina y juzga el Evangelio. La Iglesia, en cambio, siempre afirmó lo contrario: es Cristo la verdadera luz que resplandece en el rostro de la Iglesia y así ilumina al mundo. 
La noche del 8 de diciembre, además de la basílica, también el gran pesebre de la plaza de San Pedro había sido apagado para la ocasión, no fuera que la luz del Niño Jesús molestara a la puesta en escena ritual de la nueva religión neopagana. (Antonio Socci)


En la entrevista realizada al director del espectáculo, éste dijo: “No me encontré con el Papa, pero alguien me dijo que Francisco miró el show que transcurría en San Pedro desde la ventana de su cuarto y que le gustó mucho”. Dado que no había ninguna imagen de Nuestro Señor que lo fastidiara, y dado que con este evento se iniciaba de modo triunfalista el jubileo de su canonización mundana, se entiende que haya obrado de este modo. 
No fue el Isis el que profanó el corazón de la cristiandad ni tampoco los extremistas del credo laico los que han simplificado el credo católico, ni tampoco los conocidos artistas blasfemos y afectos a las obscenidades los que ensuciaron la fe de tantos cristianos. No había necesidad de controles de seguridad y de detectores de metales para impedir el ingreso a los vándalos en la ciudadela de Dios: ya estaba adentro y ya habían activado su bomba multicolor y en mundovisión.
El tiempo de las ilusiones ha terminado. Ya no hay tierra donde refugiarse en una agujero esperando que las bombas caigan en otro lugar. Ya no es posible ilusionarse que haya todavía algo que salvar en el obsceno magisterio de estos pastores de almas muertas, de estos clérigos de la duda y de la nada que nombran a Dios en vano y se ensañan como perros rabiosos sobre el Cuerpo Místico y profanan el Cuerpo Eucarístico.
Tigres, leones, leopardos y osos fueron entronizados como becerros de oro sobre la fachada del lugar en que está sepultado el Príncipe de los Apóstoles; fueron presentados al éxtasis de una multitud estupidizada e ignorante, que esperaba que él descendiera sobre la plaza e hiciera estragos con las almas de quienes lo invocan sin saberlo, como en una especie de Bataclan tremendo y potente, mucho más grave que el de París. Y después de entrar en el templo de Cristo, hacerse adorar sobre su altar.
No pertenece a los hombres el establecer cómo y cuándo la Providencia decidirá que la medida fue colmada. Pero es de estúpidos buscar el bien allí no no puede estar, solamente porque es demasiado doloroso admitir que en aquel lugar ya no está. Lo que no quiere decir que la Iglesia católica desaparezca; quiere decir que la Iglesia católica ha sido ocupada por falsos profetas que están buscando estropearla, de hacerla un falso oráculo invertido que lleve a los hombres a la perdición.
Ya está todo claro, estimados amigos que todavía se ilusionan con que se trate de una sutil estrategia para conquistar el mundo para Cristo, pensada por estos pastores de almas muertas. No serán los degolladores musulmanes o de otra religión los protagonistas del acto final. No serán los fanáticos del apocalipsis laico quienes nos harán arrodillar delante de las divinidades de los nuevos tiempos y de la nueva tierra. Serán aquellos que se profesan católicos, en nombre de una Nueva y Tremenda Evangelización, los ejecutores de las condenas surgidas del mundo y de su amo contra aquellos que no aceptan postrarse ante la Bestia. 
Entonces, ciertamente que todo se habrá cumplido en los planes de los adversarios de Cristo. La Iglesia, que en un tiempo tenía en el poder civil su brazo secular, se habrá convertido en el brazo espiritual del poder laico. La inversión habrá satisfecho los deseos del adversario de Cristo. Pero será en ese momento, si es que alguno habrá continuado a esperar contra toda desesperación, que la Providencia habrá ganado. (Alessandro Gnocchi)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los pilares del Gobierno Mundial: armas, dinero y población.

Un interesante programa en TLV1 (Toda la Verdad Primero), 16-Dic-2015.

La Dra. Chinda Brandolino, es Médica clínica, legista y perito forense de la Prov. de Bs.As. y dirige la fundación Acción por la Vida.
En esta ocasión habla sobre la medicina actual fomentadora de la muerte, los planes de los grandes adoradores del dinero con el fin de reducir o eliminar a la población mundial. El poder mundial y su relación con la cultura de la muerte y las políticas demográficas que pretenden la eliminación o disminución de la población mundial, mediante lo que estos poderes llaman “planificación familiar” (eufemismo de contracepción y aborto), “educación sexual” (eufemismo de homosexualidad y todas las perversiones derivadas) y vacunas y los peligros reales a la salud que ellas acarrean.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Juan Manuel de Prada: Se peleó con todos…


En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero ninguno tan gigantesco y perdurable como el que me proporcionó el argentino Leonardo Castellani. Con legítimo orgullo, puedo confesar que si hoy no soy un escritor sistémico, ni un católico chirle al uso, se lo debo a este gran maldito, que con todos se peleó salvo con Dios; también sin asomo de hipérbole, puedo añadir que, si he mantenido el entusiasmo por mi vocación en medio de tantas zancadillas y puñaladas traperas, ha sido gracias al ejemplo de este escritor duro y precioso como un diamante que supo sobreponerse a todas las penurias y animosidades. Y puede que también conserve la fe gracias a su influjo benéfico. Castellani ha sido mi faro en las noches oscuras del alma, mi consuelo en la tribulación, mi guía en la pesquisa de la verdad, mi profesor de energía, mi protección contra los sobornos mundanos y mi intercesor en el cielo; pues un pecador tan denodado como yo necesita un abogado tan pugnaz como Castellani.
Apasionado polemista, detractor implacable de la modernidad y de toda su cochambre ideológica, Castellani es sobre todo un campeón de la ortodoxia, que como ya sabemos es la única forma de heterodoxia que nuestra época repudia. Resulta, en verdad, sobrecogedor, que un escritor tan formidable haya sido confinado en los desvanes donde se pudren los escritores prescindibles; y tal confinamiento lo ha consumado la canallesca cultura sistémica, pero también -no nos engañemos- la desidia de los presuntos «buenos». Castellani se distinguió por sostener -y no enmendar- aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido demonizar; las mismas que por respetos humanos, allanamiento ante el mundo o cobardía propia de eunucos muchos católicos (incluidos los que gastan báculo) no se atreven a defender. Aunque, para ser del todo sinceros, esta condena en muerte no es muy distinta de la que Castellani soportó en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, sufrió todo tipo de tropelías, hasta morir viejo y achacoso, sin más refugio que unos pocos fieles que lo confortaron en la desdicha y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones -la sacerdotal y la literaria-, íntimamente desposadas entre sí.

Terrible polemista

Nacido en 1899 en Reconquista, un pueblo santafesino, Castellani era hijo de emigrantes italianos. Su padre, un periodista librepensador, halló la muerte en una confusa trifulca con policías corruptos; es posible que este hecho marcase su carácter, misántropo y un poco neurótico. Por influjo de su piadosa madre, Castellani ingresa en la Compañía de Jesús en 1918; y la Compañía, que descubre enseguida sus dotes extraordinarias, lo envía a estudiar a Roma y a la Sorbona. En estos años de brillo y cosmopolitismo, Castellani prueba sus primeras armas literarias, que abarcan casi todos los géneros: volúmenes de relatos como «Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas» (con joyas que nada tienen que envidiar a los escritores más renombrados del género fantástico) o «Las muertes del padre Metri» (una especie de Padre Brown santafesinio), así como sátiras y colecciones de artículos como «El nuevo gobierno de Sancho» o «Las canciones de Militis», en las que junto a una cultura ecuménica Castellani revela dotes de apologeta consumado y temible polemista, dotado de un estilo vibrante y un humor socarrón de estirpe cervantina que le permite derribar los espesos muros de la mentira como si estuviesen hechos de alfeñique.
Son años en los que Castellani prodiga su pluma en las publicaciones más variopintas, exponiendo ideas disolventes, lúcidas hasta la imprudencia, que le van ganando una legión de enemigos, tanto entre las sotanas como entre los mandiles. Si sus comentarios políticos son tan luminosos como devastadores, sus ensayos religiosos fustigan sin melindres el vicio del fariseísmo y la sosería de una Iglesia resignada a la inanidad; y nada tan regocijante como sus artículos de crítica literaria, donde pone como chupa de dómine a todos los santones del canon, desde el tostónico James Joyce al señoritingo Borges.
En todas estas obras, Castellani muestra una hondura intelectual y una capacidad admirable paraprovocar en la inteligencia un movimiento de adhesión gozosa (o de rechazo fulminante, si la inteligencia está infestada de paparruchas políticamente correctas). Y es que nuestro autor era eso que los franceses llaman un «maître à penser», alguien que, a través de sus reflexiones, no sólo nos invita a pensar, sino que vertebra y muscula nuestros pensamientos; alguien que no sólo acicatea nuestra inteligencia, sino que la nutre, la robustece, la dota de un andamiaje robusto y, a la vez, la impulsa por caminos nunca antes transitados.
Con razón un escritor tan peligroso ha sido execrado igualmente por los impíos, los esnobs y los meapilas, y tanto en la vida como en la muerte…

Juan Manuel de Prada, visto en ABC.es, 13-Nov-2015.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Fulton Sheen: Derechos y obligaciones.


El mal que padece el mundo se debe, más que a la aparición de ideas nuevas, al repudio de verdades antiguas. Y entre estas venerables verdades repudiadas, ninguna ha traído consecuencias más desastrosas que el abandono del verdadero concepto de la naturaleza humana. El Liberalismo, lo mismo que la doctrina Colectivista, es una deformación de la verdad del hombre. El primero engendró esclavos económicos por su egoísmo individualista, al aislar al hombre de la sociedad; la segunda engendró esclavos políticos al fomentar el egoísmo colectivo y absorber al hombre dentro de la sociedad.
Entre estos extremos, se halla el áureo término medio de la doctrina cristiana acerca del hombre, única que puede servir de base a un nuevo orden social. Ante todo, demos la verdadera definición de la libertad. La libertad no es el derecho de hacer lo que a mí se me antoje, ni la obligación de ejecutar lo que me ordene un dictador; digamos más bien que la libertad es el derecho de hacer lo que debo hacer. En estas tres palabras: “querer”, “deber” y “obligar”, están las alternativas entre las cuales ha de elegir el mundo actual. De las tres, elegimos “deber”.
Esa pequeña palabra “deber” implica que el hombre es un ser libre. El fuego está obligado a arder, el hielo a congelar, pero el hombre debe ser bueno. El verbo “deber” implica la moralidad toda, como poder moral diverso de la potencia física. La libertad no es un derecho a ejecutar lo que queramos, como suele decir tan a menudo la juventud moderna: “Si quiero, puedo hacer esto o lo otro, ¿no es así? ¿Quién me lo va a impedir?” Ciertamente, puede usted hacer cualquier cosa si se le antoja: robar a su prójimo, apalear a su esposa, rellenar colchones con hojas de afeitar usadas y ametrallar las gallinas de su vecino, pero no debe hacerlo, porque el deber implica la moralidad, los derechos y deberes recíprocos.
La doctrina cristiana sobre el hombre afirma, además, que no hay derecho que no engendre su correspondiente deber. Derechos y deberes son correlativos, como el lado cóncavo de una taza para el convexo. Tengo derecho a la vida, pero ello mismo me obliga al deber de respetar la vida de los demás. Y, desde el momento en que no existen derechos sin obligaciones, ambos han de poseer un carácter social. Por ello, en el Cristianismo la más elevada expresión moral no está en defender con egoísmo nuestros derechos, sino en servir a nuestros semejantes. Económica y políticamente, esto implica que cada “derecho” origina una “función” o un “papel”. He aquí la solución propuesta por la Iglesia: reconstruir la sociedad, pero no sobre “derechos” egoístas, sino sobre la base de la “función”, porque “los hombres han de estar ligados, pero no según la posición que ocupen en la bolsa o mercado de trabajo (es decir, de acuerdo con sus respectivos emolumentos) sino según las diferentes funciones que desempeñen en el seno de la sociedad”.
La diversidad entre la sociedad basada en derechos y la que se funda sobre la función es decisiva. En el sentido moderno, los derechos pertenecen al individuo; las funciones, en cambio, son sociales, puesto que están encaminadas al bien común, y sin embargo, ambos son inseparables, pues muchos derechos dependen de la función misma, por ejemplo, mis ojos tienen derecho a ver, pero no pueden ejercitarlo sin antes reconocer su deber de formar parte de mi organismo. Mientras el ojo funciona en el cuerpo, disfruta de sus derechos. Mi corazón tiene derecho a su provisión de sangre, pero no puede ejercitar esa función a menos que demuestre su amor al bien del organismo entero, cumpliendo con su deber de enviar sangre a todos los demás miembros que lo integran. Pues bien, lo que afirmo como verdadero en el orden físico, es igualmente cierto en el orden social, vocacionalmente, desde este punto de vista, el Capital y el Trabajo se relacionan en forma inseparable con el bien común de la sociedad. Este es el fundamento de la justicia social.
Por fin, la doctrina cristiana acerca del hombre está intrínsecamente ligada con el problema de la propiedad. Para este problema se ofrecen tres soluciones posibles. La primera quiere colocar todos los huevos en unos pocos cestos: es el capitalismo; la segunda quiere hacer una tortilla con todos, para que nadie sea dueño de ellos: es el comunismo; la tercera quiere distribuir los huevos en el mayor número posible de canastas: ésta es la solución de la Iglesia Católica.
El derecho de la propiedad fluye de mi personalidad directamente, y cuanto más íntima sea la relación entre los diversos objetos y mi propia persona, tanto más personal será mi derecho a poseerlos; serán más míos cuanto más honradamente les imprima el sello de mi naturaleza racional. Por este motivo los escritos, creación directa de la inteligencia, y los hijos, productos inmediatos del cuerpo, son tan nuestros. Por eso el Estado salvaguarda los derechos de autor mediante leyes de propiedad intelectual, y reconoce que el derecho a la educación pertenece más a los padres que a él mismo. Por consiguiente, el derecho del hombre a poseer, emana de su derecho a ser quien es y a vivir su existencia.
La personalidad es, pues, un núcleo en torno del cual se concentran numerosas zonas de propiedad: muy próximas algunas y otras muy alejadas; dentro de las primeras se hallan el cuerpo, el alimento, la indumentaria, la vivienda, las creaciones literarias y artísticas de nuestra mente y nuestras manos, etc. en las zonas remotas se hallan los elementos superfluos, los lujos de la vida. Por consiguiente, el derecho de propiedad no se aplica igualmente a todo; por el contrario, varía en razón directa de la cercanía o alejamiento del objeto respecto a la persona humana; cuanto más cerca esté de nuestra persona, más profundo el derecho de posesión; cuanto más unido a nuestra responsabilidad interna, más fuerte nuestro derecho a adueñarnos de él, del mismo modo que cuanto más nos aproximemos a una hoguera, sufriremos más su calor. Por eso un millonario no tiene el mismo derecho a su segundo millón que un trabajador pobre a participar en las ganancias, administración o propiedad de la industria para la cual trabaja, por eso también, un hombre no tiene el derecho primario de poseer yate, pero sí el de ganar un salario que le permita vivir. El capitalista que invoca el derecho de propiedad cuando el Estado le obliga a pagar impuestos sobre sus riquezas superfluas a fin de ayudar con ese dinero a los necesitados, no apela al mismo derecho fundamental que invoca el granjero cuando dice que sus vacas le pertenecen. Puesto que la propiedad es extensión de la responsabilidad personal, se deduce lógicamente que cinco acciones en una Compañía que opera con billones de dólares no constituyen la misma suerte de propiedad, ni es tan sagrado nuestro título a esas acciones, como el de la pobre viuda a las cinco bolsas de patatas que ha cultivado en su terrenito. En otros términos, el derecho de propiedad no es absoluto e invariable: se acrecienta de acuerdo con su relación a la personalidad, disminuye cuando esta relación es más remota.
No existe incompatibilidad alguna entre la filosofía social de la Iglesia y el mundo actual; lo que existe es ignorancia, falta de información. El objetivo es restablecer la antigua verdad que afirma que es menester volver a descubrir al hombre, no al hombre-animal del cual tanto sabemos, sino al hombre racional del que tanto ignoramos. Y ese descubrimiento sólo se logrará cuando conozcamos a Aquél a cuya imagen y semejanza fue creado el hombre, pues comenzamos a ser libres cuando Dios comienza a ser importante.

Mons. Fulton J. Sheen

viernes, 6 de noviembre de 2015

Francisco vuelve a telefonear a Scalfari.


EL PAPA FRANCISCO VUELVE A TELEFONEAR A SCALFARI

Nuevamente volvemos a los dichos de la prensa que “Scalfari dice que el Papa Francisco dijo…”. Pero con algunas diferencias. Innumerables titulares reprodujeron lo que Scalfari dice que el Papa Francisco dijo:

“Todos los divorciados que lo pidan serán admitidos” a los sacramentos.

Pero aunque no parezca ésto no es lo esencial. Por favor, no nos detengamos en el contenido. Focalicemos en el acto de reiterar la comunicación con un periodista ateo y las preguntas que se genera. ¿Por qué el Papa Francisco vuelve a llamar a Scalfari?

Recordemos: la primera entrevista que hizo Eugenio Scalfari a Francisco fue en octubre de 2013. Allí, el Papa habría sostenido –según el periodista– la doctrina de la “autonomía de la conciencia”, entre otros errores graves que aparecen. Luego de idas y vueltas, esta entrevista, actualmente, está publicada en la página oficial del Vaticano. En su momento, dicho reportaje produjo algunas reacciones en los sectores conservadores y ortodoxos –a causa de las heterodoxias que aparecen en el reportaje, atribuidas al Papa Francisco–; entonces, el vocero oficial de la Santa Sede intervino. Las palabras del vocero, Federico Lombardi, fueron “tranquilizadoras” para ciertos sectores ortodoxos y conservadores, dado que de alguna manera relativizan el contenido de la entrevista al Papa. Leámoslo nosotros mismos. Dijo Lombardi:

«Lo que Scalfari atribuye al Papa, refiriendo “entre comillas” sus palabras, es fruto de su memoria de experto periodista, pero no de transcripción precisa de una grabación y mucho menos de revisión por parte del interesado, al cual son atribuidas las afirmaciones.» (Radio Vaticana, 13-Jul-2014)

Primera observación: Lombardi no dice que el contenido sea falso. Lo que dice es que Scalfari realiza simples “atribuciones”, fruto de su memoria. También dice que no fue una “transcripción precisa” y, finalmente, que el contenido no fue “revisado”. Pero no se niega el contenido.
Segunda observación. Todos los hechos en torno a la intermitente entrevista según son  enumerados aquí:

1- Francisco concede entrevista a Eugenio Scalfari para el periódico La Repubblica, 1 de Octubre de 2013. También publicada por la edición diaria en italiano del periódico semioficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, 2 de Octubre de 2013, págs. 1, 4 y 5.

2- El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, señala respecto de esa entrevista que “el sentido de lo que se ha expresado es de confianza”, porque quien lo ha escrito [Scalfari] “es una persona autorizada y responsable que ha publicado el contenido de una conversación, autorizada por el Papa”; 04 de Octubre de 2013.

3- 15 de Noviembre de 2013, la entrevista desaparece del sitio de internet de la Santa Sede.

4- 15 de Julio de 2014, el sitio de internet de la Santa Sede rehabilita la entrevista, la cual para la fecha es consultable allí.

5- 17 de Julio de 2014, le duró poco la rehabilitación a la entrevista, porque para esa fecha había vuelto a ser retirada del sitio de internet de la Santa Sede.

6 – Hasta el día de hoy, nuevamente, la entrevista –trucha o imprecisa, está a la vista– puede consultarse en la página web del Vaticano en varios idiomas (ver aquí la versión en español).

En resumen, dicho reportaje fue publicado oficialmente, luego quitado, luego vuelto a publicar, luego vuelto a quitar para finalmente quedar en éter cibernético. Esto fue lo que ocurrió con la primera entrevista de Scalfari al Papa Francisco. Lo menos que se puede decir: TURBIO.

La llamada y la última entrevista:

La llamada tiene su origen en el Papa. No es el periodista, Eugenio Scalfari, el que toma la iniciativa en llamar. Es el Pontífice. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿para qué volver a llamar al mismo hombre que tergiversó/no reflejó correctamente (redondear lo que os parezca) las palabras del Papa Francisco? Es imposible pensar que, quizás, no hubo una “transcripción imprecisa” ni una “tergiversación”. Pero eso es el terreno de las hipótesis. Los hechos: el mismo Francisco, con su acostumbrado accionar mediático, vuelve a llamar al director de La Reppublica, el mismo que Lombardi –diplomáticamente, cierto– descalificó/relativizó. ¿Para qué?

Cuantas más veces pase esto, más difícil es creer que no haya culpabilidad.

El observador que conoce todas las piezas no puede evitar dudar acerca de si el Papa Francisco está “jugando” con las personas. En privado, parecería que dice algo para que se filtre a los medios de comunicación, lo que obviamente da aires y envalentona a los enemigos de la Iglesia al tiempo que otorga visibilidad a las posturas más reñidas con la doctrina católica. Todas cosas que efectivamente ocurren; en público –a veces– hace otra cosa: entrega migajas de doctrina, porque tiene que darle “algo de comer” a la gran cantidad de conservadores que esperan que el Papa se porte como “defensor de la fe”.
Estos procedimientos turbios pueden llevar a pensar  que la idea es: que Scalfari diga lo que Francisco no puede decir públicamente, pero que en realidad, es lo que Francisco quiere que la gente piense de sus ideas.

¿Qué queda de esto? Más de lo mismo, más indefinición, más confusión y más indisciplina.

viernes, 30 de octubre de 2015

Carta a los “conservadores” perplejos.

Artículo visto en In Expectatione, 29-Oct-2015.


CARTA A LOS “CONSERVADORES” PERPLEJOS

Apelación vibrante y, a su vez, ponderado diagnóstico de una crisis que ni los peores agoreros hubieran previsto hace unas décadas. Describe con no huraño verismo las condiciones en las que hoy se desenvuelve esa piedad ausente de los templos mayores, de las parroquias. Y propone algo concreto. 

Publicado originalmente en Radio Spada, al pie del texto original puede leerse la lista de los adherentes.

Nos dirigimos a vosotros, queridos interlocutores, ahora que ha llegado el final de este Sínodo, al tiempo que contemplamos el montón humeante de escombros de la doctrina católica sobre el matrimonio. De aquel imponente edificio sobre cuyos cimientos fue edificada durante siglos la civilización cristiana, no queda casi nada. Aligerado el divorcio, archivada la indisolubilidad, entronizada en el altar del derecho canónico la subjetividad más desenfrenada, de la antigua sacralidad de la nupcias católicas no quedan sino sombras confiadas a la buena voluntad individual y relativizadas por una pastoral que ha neutralizado la doctrina. Eso sí: todo se ha consumado con la exaltación simbólica de la doctrina pero empujándola por sus espaldas al fango de una falsa pastoral.

En esta coyuntura nos ha parecido necesario escribiros, no sin cierto temor, como se escribiría a un amigo a quien se ha dejado de frecuentar hace tiempo y con quien se ha perdido la familiaridad. Vosotros sois aquellos que han intentado en las últimas décadas "salvar lo salvable", eligiendo una y otra vez siempre un "mal menor" (que coincidía gradualmente y siempre más con el mal mayor); nosotros somos aquellos que han tratado de defender el Bien mayor, con nuestras limitaciones y con las consecuencias que esto implica.

Os escribimos desde nuestros sótanos oscuros, desde nuestros cobertizos convertidos en decorosísimas capillas, desde húmedas capillas privadas de provincia; os escribimos desde nuestros barrocos bajo-escaleras honrados por la celebración de la Misa católica, por la administración de los Sacramentos y por la enseñanza de la recta doctrina.

Os escribimos agradeciendo a Dios, que nos ha concedido la gracia y la fortuna favorable de recalar en estos pequeños espacios, en donde planeamos permanecer mucho más tiempo, y movidos por amistoso espíritu de benevolencia, a pesar de la dolorosa separación teológica que a menudo ha distinguido nuestro intercambio con vosotros.

Podríamos dirigirnos al pasado, reprochando vuestras pías ilusiones, vuestras cautelas, vuestras estudiadas prudencias, incluso, a veces, vuestro calculado desprecio hacia nosotros, pero no lo haremos: preferimos reconocer vuestro dolor sincero de hoy, la perplejidad respecto de la actual aceleración de la crisis de la Iglesia, la consternación frente a los dichos y a los hechos de Bergoglio y sus acólitos.

Aníbal no está a las puertas: se encuentra dentro de la ciudadela de Dios, Aníbal está entronizado en el castillo. Lo que os pedimos, entonces, es un acto de fe y luego, por supuesto, de coraje, y al mismo tiempo un acto de reconocimiento histórico del pasado en conformidad con una eficaz y coherente "hermenéutica de la discontinuidad". El "católico conservador" ha creído posible redimensionar el alcance revolucionario y subversivo del Concilio Vaticano II, se ha acunado con las ilusiones de la Nota Praevia,ha llorado con el Credo de Paulo VI, juró sobre la Humanae Vitae, aceptó la imposición universal del Novus Ordo, abandonando a menudo la Misa romana a la custodia de unos pocos -y libres. Cuando llegó Juan Pablo II alabó su anticomunismo restaurador, contentándose con que rigiera (al menos periodísticamente) sobre la moral, mientras la vergüenza del ecumenismo y de una eclesiología destartalada y bochinchera salpicaban de escándalos el Cuerpo Místico. Más aún, con Benedicto XVI el "católico conservador" creyó haber tenido ganada la partida, mientras los sutiles y modernistas sofismas del docto bavarés, como en una falsa restauración, insinuaban nuevas etapas del curso revolucionario.

Pensamos que la medicina de la Verdad no puede separarse de la benevolencia: por eso os escribimos hoy, pidiéndoos reflexionar sobre la realidad eclesial y que elijáis el camino angosto de la afirmación de la Verdad católica toda entera, sin simulaciones y sin alteraciones. Esta elección implica una separación, una dislocación de los católicos de hoy en pequeños grupos que se esfuercen y combatan para mantener un católico y vandeano "retorno al bosque", a la espera de poder volver a las iglesias hoy ocupadas por el culto del Hombre y de sus pasiones antes que por el Culto Divino.

¡Llegó la hora de dar el paso! ¡Llegó la hora de reconocer el árbol por sus frutos! ¡Llegó la hora de decir dónde está el problema: en el Concilio Vaticano II!

Nuestras energías están disponibles, el Buen Combate nos aguarda y nosotros os esperamos a nuestro lado.

Os damos las gracias por vuestra atención.

In Christo Rege et Maria Regina

jueves, 29 de octubre de 2015

Un sínodo fracasado: todos han quedado derrotados, empezando por la moral católica.


Al día siguiente del XIV Sínodo sobre la Familia, parecería que todos han ganado. Ha ganado el papa Francisco, porque ha conseguido elaborar un texto que pone de acuerdo a dos posturas opuestas. Han ganado los progresistas, porque el texto aprobado admite la Eucaristía para los divorciados vueltos a casar. Han ganado los conservadores, porque el documento no alude en concreto a la administración de la comunión a los divorciados y rechaza el matrimonio homosexual y la teoría de género.
Para entender mejor lo sucedido, hay que partir de la tarde del 23 de octubre, cuando se encargó a los padres sinodales la redacción final, elaborada por una comisión ad hoc basándose en las enmiendas (modi) al Instrumentum laboris, propuestas por los grupos de trabajo organizados por idiomas (circuli minores).
Con gran sorpresa de los padres sinodales, el texto que se les encargó el pasado jueves por la tarde sólo estaba en lengua italiana, estando totalmente prohibido comunicarlo no sólo a la prensa, sino también a los 51 oyentes y demás participantes en la asamblea. El texto no tenía en cuenta ninguna de las 1355 enmiendas propuestas durante las tres semanas previas, y en sustancia volvía a proponer la estructura del Instrumentum laboris, que incluía los párrafos que habían suscitado tan duras críticas en el aula: los referidos a la homosexualidad y a los divorciados vueltos a casar. El debate se fijó para la mañana siguiente, con lo que sólo se podían preparar durante la noche nuevas enmiendas a un texto redactado en una lengua que sólo dominaban algunos de los padres.
Pero en la mañana del 23 de octubre, Francisco, que siempre ha seguido con atención los trabajos, se ha topado con un inesperado rechazo del documento que había redactado la comisión. Nada menos que 51 padres sinodales intervinieron en el debate, la mayor parte de los cuales se oponía al texto avalado por el Santo Padre. Entre ellos estaban el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos; Joseph Edward Kurtz, presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense; Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal italiana; Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas; Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia; monseñor Zbigņevs Gadecki, presidente de la Conferencia Episcopal polaca; Henryk Hoser, arzobispo y obispo de Varsovia y Praga respectivamente; Ignace Stankevics, arzobispo de Riga; Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo de Minsk-Mohilev; Stanisław Bessi Dogbo, obispo de Katiola (Costa de Marfil); Hlib Borys Sviatoslav Lonchyna, obispo de la Sagrada Familia de Londres de rito ucraniano bizantino, y muchos otros, todos los cuales expresaron con diversos matices su desacuerdo con el texto.
El documento no podía ciertamente volver a presentarse al día siguiente en el aula, por el riesgo de quedar en minoría y producir una grave división. La fórmula de conciliación se encontraba siguiendo la vía trazada por los teólogos del Germanicus, el círculo al que pertenecían los cardenales Kasper, icono del progresismo, y Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Entre la tarde del viernes y la mañana del sábado, la comisión redactó un nuevo texto, que se leyó en el aula en la mañana del sábado 24 y se sometió a votación por la tarde, obteniendo para cada uno de los 94 párrafos la mayoría exigida de dos tercios, que entre los 265 padres sinodales presentes era de 177 votos.
En la sección informativa del sábado, el cardenal Schönborn había anticipado la conclusión en lo relativo al punto más discutido, el de los divorciados vueltos a casar: «Se habla de ello, se habla con mucho interés, pero la palabra clave es discernimento, y os invito a todos a pensar que no es una cuestión de blanco o negro, de un simple sí o un no, sino de discernir. Y de eso habló exactamente San Juan Pablo II en Familiaris consortio: de la obligación de actuar con discernimiento, porque las situaciones varían mucho. Y la gran necesidad de ese discernimiento la ha aprendido desde joven el papa Francisco, buen jesuita: discernir es tratar de entender la situación de tal pareja o de tal persona».
Discernimiento e integración es el título que corresponde a los apartados 84, 85 y 86. El párrafo más polémico es el nº 85, que sienta las bases para una apertura con relación a los divorciados vueltos a casar y presenta la posibilidad de que se acerquen a los sacramentos. Eso sí, sin mencionar explícitamente la comunión. Fue aprobado con 178 votos a favor, 80 en contra y 7 abstenciones. Un solo voto de más sobre el quórum de dos tercios.
La imagen de Francisco no sale reforzada de la asamblea de obispos, sino empañada y debilitada. El documento que había avalado fue rechazado abiertamente por la mayoría de los padres sinodales el 23 por la mañana, que fue su jornada negra. El discurso de clausura pronunciado por Bergoglio no expresaba el menor entusiasmo por la Relatio final, sino una reiterada crítica de los padres que habían defendido las posturas tradicionales. Por dicho motivo, dijo entre otras cosas el Papa en la tarde del sábado:

«Concluir este sínodo significa también haber abierto los corazones sellados que con frecuencia se ocultan incluso tras las enseñanzas de la Iglesia, o tras buenas intenciones, para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialmente, los casos difíciles y las familias heridas. (…) Significa haber intentado abrir horizontes para superar toda hermenéutica conspirativa o cerrazón de perspectivas, para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, que a veces está cubierta por el óxido de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible».

Palabras duras, que expresan amargura e insatisfacción. No son las palabras de un vencedor.
También han sido derrotados los progresistas, porque no sólo se ha eliminado toda referencia positiva a la homosexualidad, sino que también la apertura a los divorciados vueltos a casar es mucho menos explícita de lo que les habría gustado. Pero los conservadores no pueden cantar victoria. Si 80 padres sinodales, un tercio de los congregados, han votado contra el párrafo 86, eso quiere decir que no les satisfacía. Que este párrafo haya sido aprobado por un voto no le quita el veneno que contiene.
De acuerdo con la Relatio final, la participación de los divorciados recasados en la vida eclesial puede darse en forma de «diversos servicios»: es preciso, por tanto,

«discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional se pueden superar. Aparte de que no deben sentirse excomulgados, pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia» (nº 84);
«El itinerario de acompañamiento y discernimiento orienta a estos fieles para que tomen conciencia de su situación a los ojos de Dios. El diálogo con el sacerdote, en su fuero interno, les ayuda a formarse un juicio correcto de lo que impide una participación más plena en la vida de la Iglesia y de las medidas que pueden favorecerla y hacerla crecer» (nº 86).

Ahora bien, ¿qué significa ser «miembros vivos» de la Iglesia sino estar en gracia y recibir la Sagrada Comunión? Y para un seglar, la «más plena participación en la vida de la Iglesia», ¿no incluye participar del sacramento de la Eucaristía? Se dice que las formas de exclusión actualmente practicadas en los ámbitos litúrgico, pastoral, educativo e institucional se pueden superar «caso per caso», siguiendo una via discretionis. ¿Es posible superar la exclusión de la comunión sacramental? El texto no afirma tal cosa, pero tampoco la excluye. La puerta no está abierta de par en par, sino entreabierta, y por tanto no se puede negar que está abierta.
La Relatio no proclama que los divorciados vueltos a casar tengan derecho a recibir la comunión (y por consiguiente derecho al adulterio), pero niega de hecho a la Iglesia el derecho a definir públicamente como adulterio la situación de los divorciados vueltos a casar, dejando la responsabilidad de la valoración a la conciencia de los pastores y de los propios divorciados vueltos a casar. Retomando el lenguaje de Dignitatis Humanae, no se trata de un derecho afirmativo al adulterio, sino de un derecho negativo a que no se impida practicarlo, o sea de un derecho a la «inmunidad contra toda coerción en materia de moral». Al igual que en Dignitatis Humanae, se borra la distinción fundamental entre el fuero interno, que tiene que ver con la salvación eterna de los fieles individuales, y el foro externo, relativo al bien público de la comunidad de fieles. En realidad, la comunión no es un acto individual, sino un acto público que se realiza ante la comunidad de fieles. Sin entrar en el foro interno, la Iglesia siempre ha prohibido la comunión a los divorciados vueltos a casar porque es un pecado público; se comete en el fuero externo. La ley moral es absorbida por la conciencia, que se convierte en un nuevo lugar, no sólo teológico y moral, sino canónico. En este sentido, la Relatio finalis armoniza con los dos motu proprio del papa Francisco, cuyo significado subrayó el historiador de la escuela de Bolonia en el Corriere della Sera del pasado 23 de octubre: «Al delegar en los obispos la autoridad para juzgar sobre las nulidades, Bergoglio no ha cambiado la situación de los divorciados; lo que ha hecho es un silencioso y gigantesco acto de reforma del papado».
Atribuir a los obispos diocesanos, como jueces únicos, la facultad de instruir a su discreción procesos breves y dictar sentencia equivale a atribuirles discernimiento sobre la situación moral de los divorciados vueltos a casar. Si el obispo de la diócesis considera que ha concluido el itinerario de crecimiento espiritual y profundización de una persona que vive una nueva unión, esa persona podrá comulgar. El discurso dirigido por Francisco el 17 de octubre al Sínodo recomienda en la «descentralización» la proyección eclesiológica de la moral «caso per caso». El Papa ha afirmado:

«Más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas por el Magisterio de la Iglesia, hemos visto también que lo que le parece normal a un obispo de tal continente puede resultarle extraño, prácticamente un escándalo, al de otro; lo que una sociedad considera violación de un derecho, puede ser un precepto evidente e intangible en otra; y lo que para unos es libertad de conciencia, para otros no ser sino confusión. En realidad, las culturas presentan mucha diversidad entre sí, y es necesario aculturar todo principio general si se quiere que sea observado y aplicado».

La moral de la aculturación, es decir la del «caso per caso», relativiza y disuelve la ley moral que, por definición, es absoluta y universal. No hay ni buenas intenciones ni circunstancias atenuantes que puedan transformar en malo un acto bueno, y viceversa. La moral católica no admite excepciones; o bien es absoluta y universal, o no es ley moral. No se equivocan, pues, los periódicos que han presentado la Relatio final con este titular: «Desaparece la prohibición absoluta de comulgar para los divorciados vueltos a casar».
La conclusión es que nos encontramos ante un documento ambiguo y contradictorio que permite a todos cantar victoria; pero no ha ganado ninguno. Todos han quedado derrotados, empezando por la moral católica, que sale profundamente humillada del Sínodo de la Familia clausurado el 24 de octubre.

http://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gifRoberto de Mattei


Traducido por J.E.F para Adelante la Fe, 29-Oct-2015.

martes, 20 de octubre de 2015

Entrevista: La ideología detrás de las autoconvocadas.


Debido a los recientes acontecimientos ocurridos en la Catedral de Mar del Plata con relación al XXX Encuentro Nacional de “Mujeres Autoconvocadas”, realizado en octubre de 2015, y de una charla que hemos mantenido con el Prof. Juan Carlos Monedero (h), decidimos hacerle esta entrevista que a continuación publicamos.
Como material complementario de lo ocurrido, recomendamos a nuestros lectores, los videos que publicamos en esta entrada (13-Oct-2015).

–Muy buenos días, estimado Juan Carlos, antes de comenzar con el tema que nos llevó a esta entrevista, contános un poco de vos. A qué te dedicás, qué edad tenés, cuáles son tus estudios…

–Soy docente en el Nivel Primario y Secundario de un colegio católico. Además, soy Profesor de Filosofía en la Universidad. Tengo 30 años, recién cumplidos. Me recibí de Bachiller en Filosofía (UNSTA) y estoy cerca de licenciarme.

–¿Hace cuánto que trabajás en la docencia?

–Desde los 22, 23 años trabajé como preceptor en colegios secundarios. Y desde el 2011 estoy frente a curso.

–¿Qué materias dictas?

–Dicto Catequesis, Formación Doctrinal, Metodología del Estudio y además soy Tutor de chicos de primaria y secundaria. En la Universidad, me desempeño como profesor adscripto de dos materias filosóficas en la carrera de Psicopedagogía. Me intereso por las temáticas vinculadas a la lingüística, la semántica, la cultura de la vida y las ideologías, entre otras cosas.

–Bien. Vayamos a nuestro tema. Fue noticia toda la semana pasada, además de que hubo mucho material rondando por las redes, el Encuentro de Mujeres Autoconvocadas y, especialmente, el ataque a la Catedral de Mar del Plata el domingo 11 de octubre por la tarde/noche. ¿Qué comentarios podrías hacernos al respecto? ¿Cómo se arman estos encuentros?

–Todavía falta mucho por salir a la luz. Sin embargo, hay algunas cosas que pueden afirmarse con seguridad. Este fue el encuentro N° 30 de una seguidilla que arrancó en 1986. Hay cosas que pasaron que se vieron por televisión e Internet, especialmente YouTube. Pero hay otros elementos, no tan difundidos ni evidentes, que son de mayor interés. El encuentro se pone en marcha y se ejecuta mediante una llamada Comisión Organizadora y digo “llamada” porque se da la paradoja de que el encuentro, al mismo tiempo que reconoce esta Comisión, se plantea a sí mismo como horizontal y sin jerarquías. En la ciudad en donde se desarrolla, distintas entidades (colegios, universidades, centros de estudio, etc.) prestan sus instalaciones para que allí tengan lugar los “talleres”. Los talleres son espacios donde se reúnen las mujeres y debaten sobre distintos temas. Suele haber unos 50 talleres por cada encuentro.

–¿Qué hacen en esos talleres? ¿Cómo trabajan?

–En teoría, los talleres son “soberanos”: el temario propuesto para cada uno es indicativo y son los participantes quienes resuelven los temas y el alcance de los mismos. Cada taller cuenta con una coordinadora designada por la Comisión Organizadora; su rol principal es impulsar la participación de todas las mujeres del taller. Se nombran dos o más secretarias que registran las opiniones y debates. En el desarrollo de la discusión prevalece la controversia, manifestándose casi siempre resentimiento y agresividad. Por eso, está prevista la acción de lo que podemos llamar “las mujeres rotativas”: chicas que ingresan sorpresivamente en un taller a pudrir la discusión. La coordinadora, junto a las secretarias y todas las chicas que lo deseen, redactan las conclusiones del taller donde se consignan las diferentes opiniones de cada tema, aún las opiniones individuales. Esta redacción debe ser aprobada por todas las participantes por consenso. No se vota. El documento final es entregado a la Comisión Organizadora el último día del Encuentro. Este es el procedimiento en teoría; en la práctica, incontables talleres no presencian una discusión que “termina” a los gritos. Presencian un griterío interminable, de principio a fin. Ni se puede llamar “debate”. Es pura agresividad verbal en el inicio y en la culminación del taller, que no pocas veces es finalizado también abruptamente.

–Si los encuentros fueron organizados por gente que, en principio, piensa lo mismo sobre un abanico de temas, ¿cómo surgen las discusiones y los debates?

–En lo que a nosotros nos interesa, abortistas y feministas presentan un frente común y monolítico. Puertas adentro, ellas tienen diferencias. Sin embargo, el punto de ignición en los debates se da por la presencia de otras mujeres, de distintas edades, que desde hace años ingresan en los talleres a fin de discutir y presentar una cierta resistencia a los planteos abortistas. Ya no pueden decir las abortistas que sus conclusiones representan a todas las argentinas. Muy por el contrario, existen incontables mujeres provida que impugnan, de plano, el aborto y todo tipo de atentado a la vida humana. Muchas de esas mujeres son conocidas y amigas nuestras, a quienes aprovecho la oportunidad para manifestar mi respeto y admiración por plantar cara a estos desórdenes mentales y morales.

–¿Dónde tienen lugar estos talleres?

–En las instalaciones que los gobiernos provinciales y locales, así como otras entidades privadas, les prestan a la Comisión Organizadora. Esto merece también un comentario aparte. ¿En qué condiciones dejan los colegios y demás instituciones que la gobernación de la ciudad pone en sus manos? En su momento, las autoridades forzaron a la Directora de un Colegio a que prestara sus instalaciones para estas mujeres. En otra ocasión, ocuparon un comedor para niños carenciados y terminaron robándose sus cosas. Ensucian, roban, destruyen, destrozan.

–¿Sólo se discute el tema del aborto?

–Es uno de los temas principales pero, hasta donde sé, no es el único. También se intenta implantar la temática de género –la famosa ideología de género–, la ideología antidiscriminatoria, la educación sexual, entre otros. En una palabra, la cultura de la muerte como la llamó el Papa Juan Pablo II. Esta presencia disonante, que se plantea en favor del orden natural y sobrenatural, explica la reacción de las abortistas. La temática oficial de un taller puede principiar –por ejemplo– en “Mujer y Turismo, Salud de la mujer, atención sanitaria, discriminación” y desembocar en el debate sobre el aborto en un abrir y cerrar de ojos.

–¿Y cómo es esa reacción de los abortistas?

–Reaccionan con la violencia verbal y física. Así, directamente. En incontables casos no resisten los argumentos y su única vía de escape es la agresión. Esto nos dice algo desde el punto de vista psicológico. La violencia no es el punto culminante del debate: el taller, como dijimos, está atravesado por la violencia. Incluso entre las mismas abortistas.

–¿Qué nos dice esto desde el punto de vista psicológico?

–Que la mente de estas mujeres no es capaz de encontrar una respuesta satisfactoria a los argumentos que nuestras amigas les formulan. Que los pocos argumentos que tienen no las satisfacen y que sus almas, en vez de abrazar dócilmente la verdad –o, al menos, retirarse y dudar– reaccionan bajo el influjo del resentimiento ideológico.

–Algo lejos de lo que debería ser la atmósfera del debate…

–Exacto. En vez de prevalecer un ámbito de discusión y argumento, la atmósfera de situación se enrarece hasta volverse peligrosa. Nervios. Griterío. Agresividad. Caos. Por eso quiero destacar el sacrificio, la voluntad y el esfuerzo de nuestras chicas que se oponen a la ideología abortista. Muchas vienen de muy lejos para hacerlo, dejando atrás no sólo las comodidades sino legítimas aspiraciones.

–Los que defienden el aborto siempre argumentan que es la Iglesia la que practica la intolerancia, silenciando el disenso de quienes no concuerdan con sus enseñanzas.

–Es un argumento muy repetido, como decís. La paradoja es que los abortistas cuestionan a la Iglesia por algo que, cuando les toca a ellos, también hacen. La diferencia es que la Iglesia responde con argumentos y ellos con palos e insultos. La otra diferencia, principal, es que la Iglesia protege la vida del inocente y ellos sólo persiguen su eliminación directa. No somos lo mismo, no hay comparación.

–Entre nosotros, en el campo católico, también se sabe que no sólo las mujeres sino también los varones acompañan esta escaramuza que forma parte de la batalla cultural.

–Sí, también los varones. Mientras tienen lugar los talleres, algunos permanecen en oración. Otros, incluso, suman a esa oración la adoración del Smo. Sacramento. Jóvenes de todo el país viajan para defender la vida. Muchos custodian a las chicas cuando salen de los talleres porque saben que fuera de los mismos las abortistas suelen tomarse sus venganzas. En Posadas, la noche anterior a la defensa de la catedral varios grupos de varones salimos a hacer propaganda en defensa de la vida humana y de la familia.

–¿Sabemos algo de cómo se financian estos encuentros?

–Se sabe más de los resultados concretos y visibles. Es más fácil, a mi parecer, encarar este tema desde los efectos observables. Existe, sin duda, un enorme caudal de dinero que hace posible la logística que está a la vista de todos. Los encuentros se declaran autofinanciados. Sin embargo, reciben aportes en mayor medida de entes gubernamentales (municipales, provinciales, nacionales) como también de ciertas empresas y comercios. La verdad es que los grupos abortistas y feministas manejan muchísimo dinero.

–¿Existen antecedentes de este tipo de reuniones? ¿Cuáles son las influencias?

–Entre los antecedentes inmediatos, podemos mencionar una reunión que tuvo lugar en Kenya, 1985. Foro de ONGs. Tampoco puede omitirse la primera Conferencia Internacional sobre Mujer y Desarrollo (México, 1975); le siguen las Conferencias de Copenhague en 1980, la de Nairobi en 1985 y, por último, la de Beijing en 1995.

–¿Y qué tienen en común estas conferencias y encuentros internacionales?

–Son todas usinas e instancias internacionales ligadas a las Naciones Unidas. Ligadas en lo económico, en lo político y en lo cultural. Eso significa que promueven la ideología de los derechos humanos, el feminismo, la mentalidad anticonceptiva, el aborto y el homosexualismo político. En suma, el conjunto de falacias que desde hace más de 50 años tiene en jaque a Occidente.

–La pregunta del millón. ¿Para qué se hacen estos encuentros? ¿Qué fin se persigue? Se habla de “femicidio”, de “violencia de género”, machismo, “violencia heteropatriarcal”, “micromachismos”. ¿Qué significa todo esto?

–Estos encuentros se realizan, desde el principio, con un objetivo muy claro que no es conseguir la satisfacción de los derechos de las mujeres sino implantar la naturalización y despenalización del aborto, bajo la apariencia de que es un deseo de todas. Los términos “violencia de género” responden a la estrategia de decir una verdad para defender una mentira. ¿Cuál es la verdad? Que es absolutamente reprobable todo tipo de discriminación injusta contra la mujer; que es absolutamente reprochable que el varón le levante la mano, que cobre menos que el hombre por el mismo trabajo, etc. Pero, ¿cuál es la mentira? La mentira es que impedir un aborto sea “violentar” a la mujer. Es mentira que salvar la vida del embrión sea “violentar sus derechos” porque no hay derecho a la ejecución de un inocente.

–“Violencia de género” no es lo único que se menciona. También se habla de femicidio.

–Hablemos claro de una vez. “Femicidio” no existe. Existe el homicidio. Lo mismo lo que decías recién; hablabas de machismo, micromachismos, violencia heteropatriarcal. La verdad es que todas estas palabras son el resultado de un cambio de óptica: cosas que son naturales y propias de la buena educación –como dejar pasar primero a una mujer, cederle el asiento, ahorrarle algún esfuerzo físico, etc.– son considerados por estos grupos como “micromachismos”. Hay toda una enfermiza concepción que responsabiliza al varón, al sexo masculino, del 100% de cosas malas que le ocurren a la mujer. Se fomenta el resentimiento contra el sexo masculino de una manera absolutamente desembozada, cubriéndose de “razones” y “argumentos”. Reconocer a una mujer como diferente y tratarla distinto es “machismo”. Un acto de amabilidad en un colectivo es objeto de controversia. Están convirtiendo muchas cosas buenas en algo odioso. Estamos en un punto en que esto es demencial.

–También se habla de estereotipos de género, interrupción del embarazo, “yo decido”, etc.

–La locura ha llegado a tal punto que el hecho de regalar a un sobrino un juguete de guerra y a una sobrina una muñeca es tildado de “imposición de estereotipos de género”. Para ellos, todo es construcción. Lo social es construcción y aspiran a construir un nuevo ser humano a partir de una nueva sociedad en la que ellos serán los que decidan qué puede enseñarse, escribirse y decirse. Y qué no. Llegamos a la paradoja de que para obtener la plena libertad que ellos nos prometen en un futuro, debemos entregar nuestra propia libertad en el presente. Interrupción del embarazo es otro ‘caballito de batalla’ del aborto: abortar no es interrumpir. Abortar es matar, asesinar, destruir. El término género es parte de la ideologización de la sexualidad. Por eso es que no debemos adoptar un vocabulario que es solidario de una mentalidad que rechazamos. Me gusta mucho la frase del Profesor Jorge Ferro al respecto: “El lenguaje es un inapreciable instrumento de penetración y dominio. Es la savia misma de la vida social y cultural. Quien imponga un determinado lenguaje impondrá junto con éste un modo de entender la realidad, una cosmovisión subyacente, valores morales, culturales y políticos, pautas de conducta”.

–A la luz de los hechos, ¿qué pensar de estas mujeres que hablan y hablan y hablan contra “la violencia de género”, aún sabiendo que el término género es, como dijiste, engañoso y funcional a la ideologización del sexo?

–Los hechos, que están a la vista de todos, demuestran que la consigna “contra la violencia de género” es sólo un canto de sirena. Quienes más se llenan la boca contra la violencia, quienes más patalean para erradicar la “violencia contra la mujer” son los primeros que destruyen, incendian, delinquen, maltratan, agreden, etcétera. El objetivo es que nosotros perdamos el tiempo discutiendo sus palabras cuando en realidad deberíamos tener en cuenta, en primer lugar, los hechos. La consigna de “Erradicar la violencia de género” es pura distracción. Fuegos artificiales. Lo que realmente piensan puede comprobarse observando lo que hacen. No lo que dicen.


Una de las pintadas que dejaron las feministas en Mar del Plata
–Estas mujeres se autotitulan feministas. ¿Existe un auténtico feminismo, con ideales y proyectos nobles? ¿Se puede hablar de dos feminismos, uno “bueno” y otro malo?

–Estrictamente hablando, existen verdades sobre la mujer, sobre su dignidad, sobre su femineidad. La mujer como misterio, la esencia de la mujer como algo noble, superior, llamado a complementarse y a cooperar con el varón. El feminismo, por el contrario, es la ideologización de esta verdad. La verdad de la dignidad de la mujer es tomada por la ideología feminista y puesta en contradicción con otras verdades de la misma mujer; por ejemplo, contra la verdad de la Maternidad.

–¿Hay dos feminismos?

–No. Sostener un feminismo hipotéticamente bueno y otro feminismo “malo” es hacerle el juego al único feminismo que existe. No existe un feminismo bueno como no existen un comunismo o liberalismo “sano”. Existen, ciertamente, verdades deformadas por el feminismo. Existen verdades desnaturalizadas por el comunismo y por el liberalismo. Y es cierto, como se ha enseñado clásicamente, que todo error no es otra cosa que una desfiguración de la verdad. Eso es cierto. También puede admitirse que todo error toma una verdad y la enloquece (algo de esto escribió Chesterton). Pero una cosa es reconocer esto y otra cosa es “salvar” al feminismo deslizando la existencia de un hipotético feminismo bueno. Esto hay que decirlo con toda claridad.

–Dejando de lado la cuestión semántica y volviendo al campo de los hechos noticiados. Pregunta. Los destrozos que podemos observar, ¿fueron una parte de las mujeres del encuentro o fueron todas? ¿Es una actividad prevista?

–Hay gente que considera imposible que la destrucción de la propiedad privada sea algo llevado a cabo por la totalidad de las mujeres que participaron en este encuentro. Personalmente, no me consta que el 100% de las mismas haya convalidado –directa o indirectamente– toda la gama de agresiones. No me consta ni me puede constar. Es imposible saberlo. Pero aun así, pienso: si estás a favor de matar a tu propio hijo, indefenso e inocente, en tu mismo vientre; si considerás un “derecho” eliminarlo por medio de un inyección o destrozarlo con unas tijeras, si sos capaz de derramar su sangre, ¿por qué no vas a pintar una pared de un comercio? ¿Por qué no vas a arrojar materia fecal?
Ahora bien, también vale aclarar que en otro sentido es muy cierto que esta mentalidad no está presente en todas las mujeres que participan. Pero esto no lo digo para “salvar” el encuentro. Todo lo contrario. Me consta por testimonios de amigas y conocidas que muchísimas mujeres llegan a los talleres sin tener idea de para qué se hacen. Hay chicas que llegan ahí como “en paracaídas” y lejos de pedir el aborto viajan con la esperanza de solucionar sus problemas, que son muy concretos y atendibles. En concreto, en el 2007, en el taller de “Mujer y Acceso a la Justicia” la mayoría de las mujeres estaban ahí por un motivo muy concreto: no les pegaban los alimentos y sus hijos no estaban reconocidos. Estas chicas son claramente manipuladas y llevadas para amontonar, para hacer número. Este sector no ideologizado pero vulnerable desde el punto de vista social responde a esta convocatoria dado que a cambio se les paga. Entonces, vuelvo. Sí, en un sentido muy particular, no fueron “todas” las mujeres las que estaban de acuerdo con todos los episodios ligados al vandalismo, al caos. No, no fueron todas. Hubo muchas que fueron manipuladas por los abortistas.

–Muy fuerte lo que decís.

–Es que realmente hay planteos que asombran. Porque más grave que tirar palos, botellas, encender bengalas, graffitear, etc., es el aborto. Y el que puede lo más, puede lo menos. Por eso, yo no les creo. No les creo que la responsabilidad de los incidentes sea de un grupo “minoritario”. No fue una marcha que “accidentalmente” terminó en incidentes. Fue un incidente planeado y planificado, que se repite hace años. Cuando desde los MMCC se distingue entre una gran mayoría que “no hizo disturbios”, se pretende salvar el buen nombre de los abortistas. Es propaganda “para la gilada”. En el fondo, todos coincidían en lo central: matar a un hijo es un derecho. Y frente a eso, pintar o no una pared se convierte en algo absolutamente secundario. De todas maneras, estamos hablando de delitos y contravenciones cuyos responsables no tardarían en ser detenidos si no estuviesen parapetados en estas consignas.

–Los que defienden el “derecho” al aborto sostienen, entre sus argumentos, que el ser que se gesta en el vientre no está vivo hasta tal o cual semana. O, si admiten que está vivo, reconocen que es un ser humano pero no una “persona humana”. Recuerdo un debate con una abortista que me hablaba de “parásito humano”, algo similar a la “lombriz solitaria”, al referirse al feto. ¿Qué pensás de esto?

–Tales planteos, tales giros lingüísticos, son una cosa indignante. No deben ser discutidos como posición teórica pasible de razones sino denunciados y desenmascarados como obra maestra de la perversión del lenguaje. Mientras el hombre envía una expedición a lejanos planetas y asegura que la mera posibilidad de existencia de los elementos químicos del agua sería un probable indicador de vida extraterrestre, las pruebas incontrastables de vida intrauterina se ignoran. Y si la madre tiene en su seno “una vida humana que no es persona humana”, ¿entonces qué es?

–Estamos ante algo que cada vez es más demencial.

–Sencillo: si la madre no lleva dentro una persona, entonces ni es madre ni está embarazada.

–¿Cómo explicás esta agresividad, esta violencia y este odio?

–Considero que son varias causas, es un conjunto de causas, pero deseo destacar una: la ideologización. Todo esto no sería posible sin el lavado de cerebro, cultural e intelectual, que se hace en tantas cátedras y universidades. Lo cierto es que la agresividad no fue eliminada. Cambió de objeto. Por eso, la respuesta a la agresividad no puede ser el pacifismo. La principal diferencia entre los abortistas–feministas y nosotros, los católicos, no pasa por la energía que pongamos para defender lo que creemos. Pasa por lo que creemos.

–A ver, explicate un poco más.

–Dios es Amor, ¿cierto? Es Amor Infinito. Nos creó por amor y para el amor. Sin embargo, pocos saben que unos de los efectos del amor es oponerse a aquello que atenta lo que amamos. Luchar. Oponerse. Combatir. El médico ama el paciente y odia su enfermedad; y la combate. No lograremos desentrañar este tema hasta que podamos ver con claridad que el problema del odio feminista está en que es feminista y no en que es odio. Porque, efectivamente, hay un odio legítimo.

–¿Cuál?

–El odio al mal. Efectivamente, odiar la injusticia es bueno. Dice el salmo 97 (96): “Tú amas, Señor, a los que odian el mal, proteges la vida de tus fieles y los libras del poder de los malvados”. Esto es importantísimo. Importantísimo entenderlo, si no confundimos todo. El problema del uso de la fuerza en los abortistas está en que son abortistas y no en que usen fuerza. La fuerza es energía y se especifica en orden al fin para el cual se utilice. Un policía que defienda a una mujer de un ataque haciendo uso de la fuerza es noble. Es heroico.

–En los videos, puede escucharse que la agresividad verbal va escalando. Entre las consignas, me llamó la atención “Iglesia/basura/vos sos la dictadura”.

–Como otras, esta consigna responde a la ideologización que la izquierda viene realizando desde hace décadas. Pero no sólo la izquierda sino principalmente el oficialismo. El mismo hecho de llamar “dictadura” al gobierno militar nos dice algo. Desde que asumió el kirchnerismo en el 2003, el oficialismo no deja de abanderarse con planteos históricos que generan consignas como esa.

–¿Qué otros grupos están involucrados en esto?

–No sólo los abortistas y los feministas. También los grupos de todas las gamas de la izquierda, el socialismo y el marxismo. Todos estos grupos –y las ideas que sostienen– son causa directa de incontables muertes en todas partes del mundo. Rusia, China, Cuba. Parece que el asesinato es el hilo conductor entre las ideologías de izquierda y el aborto. Pensemos también sino en PlannedParenthood, empresa promotora del aborto en todo el mundo. PlannedParenthood, en este momento, enfrenta la situación más difícil de su existencia: sus principales líderes fueron grabados en una cámara oculta. Lo que se supo fue espantoso[1].

–Es evidente que todos participan de la misma mentalidad y producen los mismos actos. Ahora bien, volviendo a las Autoconvocadas, ¿qué pretendieron hacer estas mujeres en Mar del Plata y en las demás ciudades?

–Atacar la Catedral y profanarla. Ese era su objetivo, el cual viene siendo evitado por grupos de fieles católicos que, a lo largo de estos años, se vienen apersonando delante de los templos, poniendo –literalmente– el cuerpo. Rosario en mano y con el Avemaría en sus bocas.

–¿Qué hay de los que piensan que estar allí presentes es “una provocación”? Si no se hace la defensa, ¿igualmente habría ataque?

–Primero, en sí mismo, el argumento es una idiotez. Y digo que es una idiotez porque no resiste el menor análisis. Pero además, es falso, porque la organización de la defensa de catedral empezó tras el feroz ataque y profanación de la Catedral de Rosario, también en el marco de Autoconvocadas. En ese entonces, las feministas entraron al templo, violaron el sagrario, rompieron imágenes, etc. O sea: ya sabemos lo que son capaces de hacer.

–¿Es suficiente resistir de esa manera pasiva?

–Con esta pregunta entramos en un terreno delicado. Quiero subrayar que respeto a todos los católicos que sucesivamente y a lo largo de los años han defendido las distintas catedrales que vienen siendo atacadas. Pienso, asimismo, que en todos los casos se hizo lo mejor que se pudo con los elementos que en ese momento estaban disponibles. Lo que debemos pensar es cómo fortalecernos aún más para que, llegado el momento, tengamos más de una variante.

–¿A qué te referís?

–A que ya tenemos experiencia en lo que pasa. Y que una cosa es juntar, contra viento y marea, a 60, 100, 200, 250 personas para vernos reducidos a interponernos entre los agresores y la Catedral; y otra es trabajar sistemática y sostenidamente durante todo un año, preparar a las personas, conocerse, delinear un plan común, etc. pudiendo juntar el día de la defensa varios miles de católicos. Las posibilidades de lo que se haga el día del ataque están en directa dependencia con la calidad y cantidad del trabajo previo.

–Hay quienes piensan que la defensa no sólo puede ser pasiva sino que debe serlo.

–La legítima defensa es una “pata” de la doctrina que se conoce bastante poco y mal. Ante un ataque, existe la posibilidad legítima de defenderse. ¿Cómo? Todo depende de la magnitud del ataque. Cómo debamos los católicos defender la Catedral guarda relación con el ataque. Por eso es que, sabiendo lo que ha ocurrido, tenemos que prepararnos para lo que viene ocurriendo. Ni más ni menos. Si nos preparamos para menos, nos exponemos a reaccionar de manera deficiente. Si nos preparamos para más, nos exponemos a reaccionar de manera excesiva.

–¿Qué otros elementos habría que tener en cuenta?

–Es indispensable tener en cuenta la historia. Porque el ataque a los templos y catedrales no es algo nuevo. Pensemos en la España del 30’: los ataques a la fe en el marco de la Guerra Civil. La Guerra Cristera en México, años 20’. La misma Argentina en el 55’ con la quema de las iglesias. En todos los casos, la resistencia fue enérgica. Y siempre ella debe guardar, si quiere ser legítima, la proporción entre el ataque y la defensa. No hay que inventar nada. Tampoco preocuparse de que los MMCC nos tergiversen “si resistimos activamente”. ¡Ya nos están tergiversando!

–He escuchado que uno de los argumentos por los que se viene realizando una defensa “pacífica” de la Catedral, ante los encuentros de Autoconvocadas, es por aquello que dijo Nuestro Señor: si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra (Mt. 5, 39). ¿Qué pensas al respecto?

–Como te dije antes, guardo un respeto y un reconocimiento por quienes a lo largo de los años han defendido los templos y catedrales, cosa que no sólo tiene lugar en el marco de Autoconvocadas sino también en el marco de la “Marcha del Orgullo Gay”, llevada a cabo en Buenos Aires los primeros días de los meses de noviembre. Yo mismo he asistido a varias de esas defensas y, en concreto, estuve en la catedral de Posadas en el 2012, frente a Autoconvocadas. Por lo tanto, sé que es un momento de enorme tensión; los caminos y las posibilidades son muchas, no todas son claras; lo que debe hacerse y lo que no puede llegar a ser, en parte, discutible, hay un margen de opinión; no es todo blanco y negro. Todo eso lo he vivido y lo entiendo. En particular, esta respuesta –lo subrayo– quiero hacerla en el marco del respeto por todos los que asistieron y asisten, más allá de las lógicas diferencias que pueden llegar a surgir. Cuando Nuestro Señor habla de “poner la otra mejilla” se refería a las ofensas que nos hagan a nosotros. A las ofensas que podamos recibir en el plano personal vos y yo, Juan, Pedro, María, etc. En los ataques a las catedrales y templos, ocurre otra cosa.

–¿Qué ocurre?

–Ocurre la ofensa a Dios y a sus recintos. Y la ofensa a nosotros sólo en cuanto somos personas que nos identificamos o queremos identificarnos con la fe católica y con Cristo. Cuando nos insultan y agreden, no lo hacen en tanto personas con tal nombre y tal apellido; de hecho, no conocen nuestro nombre ni nuestro apellido. Nos ofenden en tanto somos representantes de la Iglesia Católica. Nadie está ahí para representarse a sí mismo. Por tanto, si es lícito defender los templos porque ellos son un signo de Cristo donde Él habita, también es lícito defenderse a uno mismo. Porque también, uno mismo, es, por la gracia, recinto de Cristo.

–¿Podrías darnos un ejemplo que nos ayude a entender mejor esto?

–Sí. Me gusta mucho el ejemplo de la conversión de San Pablo. Cuando leemos en Hechos de los Apóstoles, cap. 9, que Saulo, “al acercarse a Damasco”, es alcanzado “de improviso” por “una luz que venía del cielo”, envolviéndolo “con su resplandor”, ¿qué le dice Cristo? Son palabras antológicas. Cristo le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hc. 9, 4). El que persigue a los cristianos, persigue a Cristo. Las abortistas y feministas persiguen a los cristianos. Luego, persiguen a Cristo. Por eso es que cabe distinguir entre ser pacífico y pacifista. El pacifismo, como dijo el Papa Pablo VI, “no es ni cristiano ni católico”. Mientras que sí hay una Bienaventuranza para los pacíficos, que es algo muy distinto. En conclusión, la defensa de las catedrales y templos no puede ser pacifista.

–¿Qué es necesario para lograr esa defensa?

–Ante todo, prepararla. En esta oportunidad, en Mar del Plata –la verdad sea dicha–, los católicos que defendieron la Catedral hicieron lo que pudieron con el poco tiempo que disponían. Me explico: según el testimonio de personas radicadas en Mar del Plata, el obispo de la ciudad, Antonio Marino, había prometido que el día de la marcha la Catedral estaría custodiada por la Policía, la Infantería y la Prefectura. Incluso, suspendería las tres misas que se dan ese día, modificaría el lugar de su celebración, a fin de no exponer a los asistentes. Tres horas antes –me consta, como dije, por testimonio de un amigo que estuvo en la defensa el pasado 11 de octubre–, apenas tres horas antes, los católicos se enteran de que el obispo: 1) No había llamado a la Policía; 2) No había llamado a la Infantería; 3) No había llamado a la Prefectura; 4) Autorizaría la celebración de las tres misas. Aun sabiendo todo esto, hubo un grupo de católicos que, exponiéndose, se apersonó en la catedral. La resistencia que, con todo en contra, impidió la profanación del templo se formó en apenas 3 horas. Ni al obispo ni al párroco se los vio en los peores momentos de la defensa de la Catedral.

–¿Hubo heridos en la defensa?

–Hasta donde yo sé, hubo 7 personas nuestras heridas. Por eso conviene remarcar y destacar que todo lo que se ha visto en cámara son delitos y contravenciones que no serían toleradas si fuesen realizadas por otras personas. En un partido de fútbol, por ejemplo, por mucho menos se arrestan a los que generan disturbios. Parece que la defensa del aborto es la carta de la inmunidad, es el escudo legal para delinquir sin ser molestado. Y no se trata solamente de este encuentro. También hubo heridos en los anteriores. Por testimonios de personas que estuvieron presentes, tengo que decir que, en Mar del Plata, la agresión fue de tal magnitud que pudo haber habido algún muerto.

–Tanto el encuentro como la marcha se proponen, entre otras cosas, erradicar la “violencia de género”. Hay gente que se sorprende que un reclamo que, en principio, sería bueno, termine en estos actos delictivos y vandálicos.

–Bajo la capa de la erradicación de la llamada violencia de género se busca instalar, primero, el debate por el derecho al aborto. Aunque no parezca, muchos abortistas se conforman con el simple hecho de debatir este tema. Ni siquiera con imponer su posición: simplemente, debatir.

¿Por qué?

–Porque saben que si el ser humano termina debatiendo ésto, tarde o temprano, lo aceptará. Es una estrategia que se compone de pequeños pasos. Cuando se empieza por debatir lo obvio, lo obvio deja de ser obvio. Por eso, hace años, somos testigos en la Argentina de un permanente cuestionamiento de lo evidente, que paulatinamente deja de ser considerado tal: “¡Eso no es un ser humano, es un embrión, es un conjunto de células!”. El efecto propio de este poner “en tela de juicio” lo obvio es naturalizar la negación de lo básico. A toda costa nos quieren acostumbrar a escuchar –simplemente escuchar– que la vida del niño por nacer puede ser objeto de debate.

–Me parece muy importante enfatizar que uno de los objetivos es instalar el mero hecho de “debatir”.

–Es que al principio, ni siquiera nos exigen que aceptemos, de plano, el aborto. Sólo nos exigen que aceptemos “el debate”; esto es, que admitamos que “habría razones” en ambos lados. Bajo el temor de ser señalado como “cerrado”, la gente termina aceptando debatir cualquier cosa aunque su sentido común, su elemental honestidad y hasta su vergüenza se vean ultrajadas hasta la náusea. Ahí tenemos el nudo de la batalla cultural: el sentido común. Debemos decir con todas letras que existen cosas que no están sujetas a discusión. Cosas que no deben ser objeto de controversia intelectual.

–“Cambiar el sentido común” es Gramsci puro.

–Así es. Hay que alterar la percepción que el hombre tiene naturalmente de las cosas. Por eso es que, hoy por hoy, las ideologías han convertido la mente humana en una arena de combate. El agresivo ariete de los abortistas impacta en el intelecto antes que en el templo. Por eso no debe sorprender a nadie que estos encuentros terminen con tal grado de violencia. La violencia yace en la mente, antes que en la mano. La violencia se gesta primero en la conciencia, antes que en el puño.

–¿Qué grado de aceptación tiene este tipo de encuentros, definitivamente signados por la violencia?

–Gracias a Dios, todavía queda mucha gente que advierte que el caos y la defensa del asesinato no son el camino. Puedo contar por testimonios de amigos y conocidos que hubo pueblos en donde las personas se negaban a colaborar con estas mujeres en cuanto las identificaban. Tal cosa pasó en Tucumán, por ejemplo; remiseros que no las trasladaban, confiterías que no las atendían, almacenes cerrados para no abastecerles de nada, etc.

–¿Hubo alguna declaración, antes o después, por parte del obispo de Mar del Plata o de algún jerarca de la Iglesia?

–Sí, hubo declaraciones. Pero las palabras pueden decirle algo a quien no conoce la realidad más de cerca. Cuando sabés lo que ocurrió dejás de atender a las palabras y discursos para concentrarte en los hechos. Y todo se vuelve claro aunque también doloroso e indignante. Más allá de lo que puedan haber dicho, la verdad es que la Catedral quedó absolutamente desprotegida, a merced de los enemigos de la fe. Cero Policía, cero Prefectura y cero Infantería. Y no sólo la Catedral sino principalmente el grupo de católicos que, en un acto de testimonio de la fe, se apersonaron para no dejar solo el Sagrario.

–¿En qué sentido la actitud del obispo influye en el comportamiento de los fieles?

–Los obispos son la jerarquía de la Iglesia. Con respecto a estos temas, su comportamiento es determinante. Generalmente, la actitud oscila entre el silencio y una suerte de pacifismo humanista y tolerante, el cual termina desgastando a los fieles que sienten que deben defender el templo. En España, a pesar de su gobierno laicista y de izquierda, realizar un atentado similar a lo que hacen estas mujeres, es equivalente a años de cárcel; por eso no ocurren estas cosas allá, a pesar de que crece el ambiente hostil al catolicismo. Hay excepciones, sin embargo. Y creo que es justo consignarlas. En el año 2006, Mons. Palentini estaba en primera fila frente a la Catedral, en la defensa. Había custodia policial y sin embargo él estuvo allí rezando con los fieles que se apersonaron para defender el templo. En Tucumán, Mons. Villalba convocó a toda la diócesis a defender la vida; se notó muchísimo, me han contado. La participación en los talleres fue notable. Mons. Aguer también propicia la participación para resistir a estos planteos abortistas. Deseamos mucho más. Corresponde mucho más.

–¿Cómo relataron los MMCC estas noticias?

–En general, predominó la distorsión. Tal es el hilo conductor entre publicaciones tan diversas como Clarín, La Nación y Página/12. El colmo de este engaño puede leerse en la acusación que reproduce –con estudiado candor– el diario La Nación[2]. Es tramposo el retrato de la noticia. Leemos que el encuentro “culminó en enfrentamientos entre manifestantes y la policía bonaerense”, razón por la cual la Comisión “acusó a las fuerzas de seguridad de ‘reprimir’”. ¿Se puede mentir tanto? La verdad es: estas hordas hicieron todo el mal que pudieron –todo: insultar, golpear, escupir, arrojar materia fecal, quemar, destruir propiedad privada, etcétera– y en un momento era tan pero tan obsceno y absurdo permitirlo que la Policía reaccionó. Reaccionó tarde, muy tarde. Y esas se quejan incluso de eso. ¿Por qué? Porque están tan sumergidas en la ideología y en el resentimiento que no quieren verse a sí mismas. Y es más fácil blandir la carta de la represión que reconocer lo propio, ¿no es así? La mejor defensa es un buen ataque. Quien desee apreciar la cantidad de mentiras que se dijeron, no tiene más que comparar los videos con las notas periodísticas. Está todo al revés: los delincuentes acusan a las fuerzas de orden.

Decía Chesterton que “llegará el día en que se blandirán espadas por demostrar que las hojas son verdes en verano”. Creo que hemos llegado a ese día. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

–Ante nuestros ojos se despliegan ejércitos de sofistas, de manipuladores, de apologistas de asesinos. Todos tienen en común una cosa: la tergiversación de la palabra. Y por tanto de la verdad. Es exactamente ahí donde debe librarse la batalla: en el terreno del lenguaje. Hablar bien. Decir verdad. Señalar lo que es natural y lo que no. Afirmar la legitimidad de discernir, distinguir, discriminar. Defender a capa y espada la vida del niño inocente. Atestiguar la condición creatural del hombre: como soy creatura, no soy dueño absoluto de mí mismo. Dar testimonio de la verdad, en el Nombre de Cristo. Esto es así. Hasta que no tengamos el coraje de decir las cosas como son, las cosas nunca serán lo que deben ser.

–Muchas gracias, Juan Carlos.

–Gracias a vos.