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martes, 20 de diciembre de 2016

Cuándo el arte es sagrado y cuándo deja de serlo.

En recuerdo a nuestro querido Carlos Pérez Agüero, quién además de artista fue estudioso del mismo, escribiendo artículos y escribiendo conferencias sobre filosofía del arte, publicamos uno de sus últimos artículos que escribió sobre arte sacro.


CUÁNDO EL ARTE ES SAGRADO
Y CUÁNDO DEJA DE SERLO
Por Carlos A. Pérez Agüero


Catacumba de Commodila. Roma. Jesucristo.
No es fácil resumir en dos palabras cuándo el arte comienza a ser sagrado y cuándo comienza a dejar de serlo.

En otras culturas - no cristianas - hubo intentos,  más o menos logrados, en el sentido de expresar lo sagrado - o sobrehumano -  con medios artísticos que lo hicieran notable.
Pero, en el caso del cristianismo - dado su peculiar  espíritu - éste resultó ser muy especial y original, a tal punto que, exigió otros medios para alcanzarlo. El hecho de la Encarnación del  Verbo divino, que habitó entre nosotros y del cual “vimos su Gloria” – como dice el Apóstol San Juan- el camino correcto a tomar ya estaba implícitamente indicado. Trataremos, en estas breves consideraciones, de dar un poco de luz sobre el tema, parado, como suele decirse, por supuesto, sobre hombros de gigantes - con miradas más altas, agudas y claras sobre ello.

Para comenzar, podríamos decir que el arte Cristiano encontró sus formas propias - es decir, adecuadas a su espíritu - a partir del siglo IV con el ascenso de Constantino el Grande como Emperador del decaído Imperio Romano- hasta llegar a mediados  del  siglo XV, con la caída de Constantinopla por los turcos Otomanos, luego del cual, podríamos decir que, el arte cristiano sagrado comienza su decadencia, especialmente a partir del período histórico  conocido como, y erróneamente calificado de, “Renacimiento”.

Dentro de este extenso período (s. IV al XV, un milenio, más o menos) se desarrollan y fijan las características más importantes del arte sagrado cristiano. Con Constantino el Grande comienza el desarrollo y  la expansión del arte cristiano por toda la Europa, lo que propiamente conocemos como la Cristiandad.

Desprendido de las formas grecorromanas de sus comienzos en las catacumbas,  la vida al exterior del cristianismo trajo aparejadas sus exigencias propias, especialmente con las nuevas formas que exigiría el oficio sagrado de la liturgia en los sitios en dónde se oficiaría: los templos, el lugar del Culto. El Templo será el lugar privilegiado para convertirse no solo en la Casa de Dios, en la casa delSacrificio (sacra facere), en la casa de oración por excelencia, sino también en una representación del mundo cristiano: la transfiguración de este mundo - hasta entonces pagano- en el nacimiento de un nuevo mundo: el mundo cristiano, la Cristiandad.

El Arte Cristiano le habla al mundo de un “otro mundo”, no solo en el más allá, sino aún en este mundo, pero transfigurado éste por el Espíritu de Cristo.

Sus nuevas formas artísticas lo recalcan y lo muestran con características que le son propias:

Las representaciones sagradas de Cristo, de la Virgen, de los Ángeles y de los Santos se espiritualizan, se sobrenaturalizan.  ¿Cómo es que se consigue esto? ¿Con qué medios?

Los cuerpos humanos pierden peso. Los pies de los personajes representados apenas tocan el suelo, parecen flotar sobre él. Incluso se sobreponen unos a otros sin considerar una perspectiva espacial. Desaparecen las sombras plásticas que le dieran volumen y peso a los cuerpos. El espacio pierde su tridimensionalidad y se convierte en un plano, a veces abstracto. Los cuerpos pierden su opacidad y tangiblidad, las vestiduras su calidad y textura. No solo los cuerpos se hacen “transparentes”, pasan a un primerísimo plano abandonando prácticamente el paisaje, el mundo que les rodea. El lugar, o el paisaje en donde se encuentran, deviene un plano abstracto, o solo indicativo por algún elemento del lugar o de la situación. Se resuelven en un plano simbólico, sin sensación  de espacio tridimensional.


La Transfiguración del Señor
  
Por ejemplo: el monte Tabor en donde Cristo se transfiguró resplandeciendo su divinidad, está sugerido con la representación de rocas amontonadas en un plano. La gloria divina de Cristo está significada con un óvalo o almendra o círculo de luz. Moisés y Elías se inclinan reverentemente hacia Cristo. Cristo de frente alzando solemnemente su mano derecha bendiciendo y sosteniendo a sus discípulos. Éstos, más abajo en la composición, están en poses que representan por sí mismas que se han desplomado por el asombro y el arrobamiento que ha provocado en ellos la gloriosa manifestación del Señor. No hay ninguna representación “realista” del hecho, en el sentido de que cómo éste hecho podría haber sido percibido por los sentidos externos –por así decirlo. El contemplador de la escena se ve obligado a detenerse y a contemplar cada cosa. Se ve obligado a “leer” no solo el hecho general en sí, sino cada cosa en particular. Se ve obligado a hacer una “lectura teológica” del suceso. Pedro ha caído de rodillas y ha girado su cabeza para dirigir su palabra a Cristo: - “Qué bueno es estarnos aquí, Señor”. Otro discípulo (probablemente San Juan – el amor suele representarse con el color rojo, en este caso el color del vestido del discípulo amado). San Juan se toma la cara entre pensativo y azorado y, por último,  vemos a Santiago, el tercer discípulo, “cabeza abajo”, cubriéndose el rostro sumido todo su ser en su interior.

Los personajes no solo han perdido peso sino que sus movimientos son serenamente contenidos. No hay movimientos bruscos. Como si los movimientos no dependiesen ya del tiempo, como si ya no tuvieran nada que ver con él. Las composiciones no son asimétricamente dinámicas sino serenamente simétricas. Se asemejan a lo inmutable porque reflejan lo inmutable, lo que está más allá del tiempo y del espacio de este mundo.

Tampoco hay preocupación por mostrar estados psicológicos, más exteriores que las profundidades del alma. Todo drama, o acción exterior, ha pasado a ser interior, invisible a los sentidos y a las leyes que rigen este mundo. Solo hay indicaciones externas que, sugieren más que muestran, los estados interiores del alma. La imagen sagrada se convierte en una especie de álgebra teológica dirigida no a conmover o a impactar sobre los sentidos sino a despertar el intelecto, el pensamiento, la meditación señalada por los símbolos que la conforman. Por eso es que, de los íconos, no se dice de ellos que “se pintan” sino que “se escriben”. Se asemejan a un álgebra teológica a ser descifrada. No por nada la representación de este hecho de la Transfiguración del Señor es el primer icono que deben realizar los aspirantes a ser escritores de íconos. Éste ícono resume en sí mismo la teología y las formas del arte sacro.


Reconstrucción de una ceremonia litúrgica en la catedral de Amiens, Francia

El arte es sagrado cuando acompaña y sirve a la liturgia como un soporte de su significación y reverencia ante los Misterios. No cualquier representación religiosa es sagrada. El tema religioso no basta para ser considerado sagrado, debe tener un lenguaje y conformación acordes con ello. Para que una obra sea considerada sagrada debe ser digna de acompañar con su significación simbólica  a realzar la acción litúrgica en su acción y significación. La imagen para ser digna de la acción litúrgica no debe dirigirse a los sentidos en primer lugar sino – y a través de ellos - llevar a la intelección de lo que obra la acción litúrgica.


EL TEMPLO

Como dijimos más arriba el principal objetivo de los cristianos al abandonar las catacumbas fue la instalación de un templo, un espacio sagrado, y consagrado, para realizar la acción litúrgica principal, el corazón de la Fe cristiana: el Oficio del Sacrificio de la Misa. Todo en el Templo estará orientado hacia esto: La representación incruenta del Sacrificio de Cristo en el Calvario para la Redención de los hombres: El Sacrificio del único Sacerdote y Víctima, Jesucristo, realizado por única vez de modo cruento penetrando en el Santuario no hecho por manos de hombres, pues eso es lo que significó la rasgadura del velo del Templo,  a la hora misma de la muerte del Señor: El fin de la Antigua Alianza. Y, por lo tanto, de los sacrificios de toros, machos cabríos y corderos –figuras todas ellas del Sacrificio que haría el Ungido de Dios, en la plenitud de los tiempos, y el inicio de la Nueva Alianza realizada por Jesucristo, el verdadero Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Y, como diría luego San Pedro a los judíos, no hubo ni habrá ningún otro nombre dado a los hombres -fuera del de Jesucristo- por el cual podamos ser salvados.

Los templos, o las Iglesias, que construirá la Iglesia Católica en su larga y milenaria historia hasta hoy, serán para realizar este sacrificio perpetuo, hecho por Jesucristo, hasta el fin del siglo, es decir, del tiempo histórico.

En cuanto a las formas artísticas escogidas para la acción sacra, también éstas se irán separando de este mundo reservándose un espacio, un mundo consagrado. En el Templo todo es sacro, fuera de él todo es “profano”, no sacralizado, fuera del Templo que ya no sirve para la acción sacra, (excepto contadas excepciones). Como todos saben, se comenzó, tomando de los romanos y griegos las formas ya existentes de los edificios más adecuados - o que pudieran irse adecuando a las necesidades del culto y de los símbolos con los que se les  revestiría.

Tomarían, en primer lugar y como referencia principal, un lugar escogido en el cosmos, como el centro de éste, en el corazón de la cruz que forman los cuatro puntos cardinales. De este modo se convertirían éstos en el propio centro del mundo. En uno de los centros del mundo como el lugar en donde, de un modo especial y real,  habita la divinidad. Éste lugar y esta orientación es escogida cosmológicamente, según el ritmo del cielo, en el solsticio de invierno, el solsticio tradicionalmente divino, escogido por Cristo para nacer. El ábside del Templo se ubicaría hacia donde también se orienta el altar, hacia el Este, el lugar de donde sale el Sol invicto: Jesucristo. La puerta de entrada al Templo hacia el Oeste. Porque el Hijo del Hombre volverá a juzgar a los vivos y a los muertos como el relámpago que nace en el oriente y llega al occidente. Por eso en las catedrales medievales representaban, sobre el tímpano de esta puerta occidental, el Juicio Final con Cristo sentado como Juez en su trono, rodeado de los cuatro animales apocalípticos que representan a los cuatro evangelistas, el Evangelio de Jesucristo; los veinticuatro ancianos apocalípticos y los hombres, buenos y malos, resucitando,  emergiendo de sus tumbas para el juicio final.


Tímpano sobre el portal Oeste de la Catedral de Chartres, Francia.
Cristo en majestad viniendo como juez al fin de los tiempos rodeado de los cuatro animales apocalípticos.

Las paredes de los templos también se afinan y transparentan, espiritualizadas en un principio con las ventanas y con las figuras religiosas iluminándolas. Más adelante, con los vitrales creados como las joyas de la Nueva Jerusalén, transfigurarán la cruda luz de éste mundo. Y ya no será  ésta la pura luz material que ilumina las cosas de este mundo sino la luz de Dios transfigurando el mundo.

Las columnas que sostienen el techo, las cuales representan a los doce apóstoles, descansan sobre la planta en forma de cruz, representación del cuerpo humano de Cristo y la tierra firme de su Doctrina. Verdadera imagen del Hijo del hombre y de su Evangelio. En su centro, marcado por el crucero, en  el corazón del Templo, se yergue el altar del sacrificio, desde donde, luego, partirá el cuerpo multiplicado de Nuestro Señor como el pan de la vida eterna. Las columnas aplastan también el número 666 (en letras griegas) el número de la bestia. El número 888 (En letras griegas corresponde al nombre de Jesucristo, el Salvador del mundo, desde el suelo hasta la piedra principal de la Bóveda). “La piedra que desecharon los edificadores”- como lo anunciaron proféticamente las Sagradas Escrituras – que “vino a ser la piedra angular”.

El uso de la gematría (los letras en griego y hebreo tenían valor numérico) con este valor, que les daba el platonismo, el pitagorismo y aún la teología -“Dios creó todas las cosas con número, peso y medida” dice la Escritura- con estas medidas, repetimos, se construían los templos, resultando todos ellos una representación de la armonía del cielo y el esplendor de su belleza.


Catedral de Monreale, románica, nave central. Italia. Fines del siglo XII.

LA MÚSICA SACRA
Y LOS GESTOS Y ACCIONES LITÚRGICOS

La música sacra halló su forma sagrada en el canto monódico gregoriano, verdadera interpretación de los textos de la Sagrada Escritura. La acústica estudiada de las Catedrales acompañaría a los fieles con estos cánticos acercándolos a la esfera de los cánticos angélicos, ayudando a las almas a elevarse en la contemplación del mundo divino.

Los movimientos y acciones litúrgicas serán también reposados y serenos al modo de las imágenes sagradas que los representan. No es la acción litúrgica una manifestación mundana. Somos, en ella, transportados al mundo sobrenatural de las cosas divinas. Lo que sucede realmente en la acción divina de cada Misa o Sacramento.


Capilla Palatina de Palermo, bizantina, Italia.

EL ARTISTA, O LOS ARTISTAS

El artista católico debe ser católico, es decir, católico de convicción y, por lo tanto, de vida católica. Esto es más importante de lo que hoy en día se ha llegado a pensar. Después de Descartes se ha separado todo en la vida. Ha ocurrido una ruptura en la realidad una de las cosas. Se ha separado el cuerpo del alma y se ha llegado a pensar cosas absurdas sobre todas las cosas, se ha perdido casi definitivamente, lo que llamábamos hasta entonces, el sentido común. Pensar, por ejemplo, que un artista ignorante del Catolicismo o incluso ateo, puede ser un buen artista sacro es como imaginarse que un buen zapatero, por el hecho de serlo, puede ser un buen cirujano porque sabe cortar el cuero. Todo artista tiene que conocer desde el fondo - qué es lo que da realmente vida a una obra de arte - cuál es el espíritu que obra dentro de ella y le engendra. Si el espíritu católico no dio a luz verdaderamente a la obra esta no resultará  sacra, no será apta ni siquiera para decorar el templo, y menos aún para acompañar la acción litúrgica. La acción litúrgica no es un “show”. No se trata de de nada mundano. No hay en él necesidad de un “animador” de TV para “animarla”. No es un entretenimiento. No es algo intermedio entre la realidad y la fantasía. Es una realidad que sobrepasa toda realidad humana y la trasciende. La desacralización tuvo y tiene aún hoy, como fin primario, la destrucción de lo sagrado. No solo pretende negarlo sino destruir todo vestigio de él. Es el plan del Anticristo desde siempre. Está presente desde los inicios del Cristianismo, y aun los mismos Apóstoles le denunciaron claramente al desenmascarar a los falsos hermanos que propagaban un Evangelio distinto al predicado por ellos. La sana doctrina tergiversada. El Evangelio de Cristo usado para tratar de convertirlo en otra cosa, en una cosa puramente humana, primeramente, para luego desecharlo como otro mito más invención de los hombres. 

Los artistas no pueden quedar librados al azar y menos a sus caprichos y pasiones. No basta tener talento artístico y destreza en el  manejo de los medios y los materiales artísticos, para producir una obra verdaderamente religiosa  y menos aún, sacra. Un artista que tiene las dotes necesarias para ser lo que es - pues cuenta para ello, con una sensibilidad especial que lo cualifica para captar más sensiblemente las cosas del espíritu- no por ello reúne ya en sí mismo todo lo necesario para realizar obras verdaderamente sagradas.  Poseer inventiva e imaginación artística tiene sus ventajas, pero también sus desventajas, esto último en el sentido de que, como artista, es más proclive a caer en errores teológicos ya que más fácilmente puede caer en las trampas de su imaginación divagando por senderos que no conoce, como es aquel bosque, a veces intrincado, de la teología racional y aún la apofática.

En resumen: el Arte sacro es tal cuando emplea los medios necesarios para resaltar que las cosas de este mundo, aunque el arte se sirva de algunos elementos de él, lo sobrepasan y lo trascienden infinitamente. “No hay palabras humanas para hablar de Él (de las cosas del mundo divino) sin profanarlo de algún modo o torcerlo” como lo recalcó San Pablo luego de su ascensión al tercer cielo por gracia y obra divina. Los medios artísticos para expresar lo sagrado son comparables a una teología apofática. Es decir, se puede hablar de ello más de lo que no es quede lo que es.

Como dice Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica (I q.1 a.9) 2:

“El rayo de la divina revelación no queda extinguido por las figuras sensibles en que se envuelve, como dice Dionisio, sino que su verdad se transparenta en forma que no consiente a las inteligencias agraciadas con la revelación estancarse en las imágenes, antes bien las eleva al conocimiento de las cosas inteligibles, de suerte que por su medio llegue la revelación al conocimiento de los demás; y por esto, lo que en un lugar de la Escritura se dice bajo metáforas, se pone en otro con mayor claridad. Incluso es útil hasta la misma obscuridad de las figuras: por un lado, para ejercitar el ingenio de los estudiosos, y por otro, para sustraerlas a la burlas de los infieles, de quienes se dice en el Evangelio: No deis lo santo a los perros.

3. Como dice Dionisio, es más conveniente que la Sagrada Escritura proponga lo divino bajo la figura de cuerpos viles que de cuerpos nobles, y esto por tres motivos. Primero porque así se previene mejor al hombre contra el error, pues todos comprenden que tales figuras no se aplican a Dios con propiedad, y, en cambio, podrían dudarlo si se describiese lo divino con imágenes de cuerpos nobles; y más que a nadie sucedería esto a los que no conciben cosa superior a los cuerpos. –Segundo, porque este modo está más en conformidad con el conocimiento que tenemos de Dios en esta vida, ya que con más facilidad vemos lo que de Dios no es que lo que es, y por esto las imágenes más alejadas de Dios nos dan mejor a entender que está por encima de cuanto pensamos y decimos de Él. – Tercer, porque así lo divino se recata mejor de los indignos.”

En cuanto a un sabio asesoramiento de los teólogos sobre los artistas obliga a los mismos teólogos a instruirse sobre las formas más adecuadas de cómo representar lo divino sin caer en errores ni indignidades en las cosas dirigidas a la mayor gloria de Dios.

Los verdaderos artistas cristianos siempre han hecho meditación y oración sobre los misterios a representar, incluso ayunos, sin necesidad de ser monjes para ello. Aunque algunos lo hayan sido, como el Beato Angélico, por ejemplo y algunos iconógrafos.

La caída en el humanismo a partir del Renacimiento, como adelantáramos ya, ha producido la gran decadencia y destrucción del arte sacro. Decadencia lenta pero continuada. La decadencia de la Cristiandad fue acompañada naturalmente por la decadencia del Arte cristiano católico, el cual, partiendo del templo, había conformado el espíritu de todo el arte de Europa.

martes, 22 de diciembre de 2015

Altar de la capilla Santiago Apóstol.


La asimetría que engloba a la obra finalizada, a diferencia de la simetría que se utilizaba antiguamente para referir a lo estable, ahora nos evoca a la inestabilidad y a la pérdida del equilibrio.

Hugues Losfeld es el artista encargado de realizar lo que debería ser el arte litúrgico que rodeará al altar del santo sacrificio de la misa en la capilla Santiago Apóstol en Madrid, España. Técnicamente es un buen dibujante y decorador, pero como todo artista decorador, parece desconocer totalmente lo que es el arte vinculado a lo litúrgico, y los símbolos que le rodean (basta con contemplar el plateado final de fondo que nada tiene que ver con el dorado de la beatitud en las imágenes tradicionales). Aquí publicamos el video de realización (compaginado y musicalizado con música acorde a su estilo moderno) de su obra en el altar mayor de la capilla.


Cuando el artista se impone sobre los cánones del arte sacro y la tradición litúrgica.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Tolkien, filo-lefebvriano.


En medios neocones se suele leer un poco de Tolkien, especialmente su obra ya clásica El Señor de los Anillos.Lectura que llega a ser tergiversada bastante de forma que ellos —los neocones— son como la Compañía del Anillo, los caballeros de Rohan o los últimos resistentes de Minas Tirith. Se lee en clave epopéyica con obvia identificación con “los buenos”.

Un poco como a Chesterton, los neocones usan y abusan de Tolkien para sus propios fines. Ved, sino, cómo aparece infinidad de veces para justificar cualquier cosa aquí. En los Estados Unidos, incluso llegaron a identificar a Irak con Mordor…

Pero así como no se ve cómo el socialismo dickeniano de Chesterton (o distributismo si preferís) puede encajar con un proyecto neoliberal como fue el de la revista Chesterton de Alex Rosal, José A. Fúster, César Vidal, Pío Mora, Pedro Trevijano, etc., gracias a Dios, ya desaparecida; tampoco vemos cómo los neocones pueden sumar para sí a quien pensaba de una forma tan radicalmente distinta, como el siguiente relato de uno de sus nietos, Simon Tolkien.

Recuerdo vívidamente ir a la iglesia con él [John Ronald Reuel Tolkien] en Bournemouth. Él era un católico devoto y fue poco después de que la Iglesia cambió la liturgia, del latín al inglés. Mi abuelo obviamente no estaba de acuerdo con esto y decía todas las respuestas muy alto en latín mientras que el resto de la asamblea respondía en inglés. Toda la experiencia me resultaba bastante torturante, pero mi abuelo no se inmutaba. Simplemente debía hacer lo que él creía era correcto. Heredó la religión de su madre, excluida de la familia posteriormente a su conversión y, luego, murió pobre cuando mi abuelo tenía sólo 12 años.

[Simon Tolkien, “Mi abuelo”, The Mail on Sunday (23 de febrero de 2003).]

Lo que se agrega a numerosos testimonios de sus biógrafos.


[InfoCaótica, 23-Mar-2013]

jueves, 23 de julio de 2015

El último libro de Juan Manuel de Prada.



El último libro de Juan Manuel de Prada

La lectura de Dinero, demogresca y otros podemonios resulta especialmente inquietante y desasosegadora para quienes vivimos en la España actual. Su autor, Juan Manuel de Prada, se ha convertido en tábano insidioso que desearíamos ver aplastado para sestear de nuevo. La tabanización es una metamorfosis voluntaria que acaece en contadas ocasiones a los más sabios, cuando en la ciudad se junta el conformismo idiota con el gobierno de los hipócritas. Todos sabemos que interrumpir la siesta es acto extremadamente arriesgado y que la vida del que lo hace corre serio peligro. Los atenienses decidieron curar con cicuta la manía socrática de despertarles. Hoy se recurre a medios menos directos, como el ninguneo, que acaba por matar de inanición al molesto autor tabanizado. Menos directo, pero igualmente eficaz.
Los Padres de la Iglesia, viendo las prendas con que Dios adornó al hombre, viendo su racionalidad, su libertad y su señorío sobre la tierra, le rendían culto agradecido y cantaban sus alabanzas. Los renacentistas, viendo esas mismas prendas, se asombraron de su propia capacidad de crearse a sí mismos y decidieron hacerlo, dando vacaciones al Creador. Los modernos, organizados y reconstruidos, no ya a imagen de Dios, sino del hombre, cuando llegan a descubrir su propia condición, sólo pueden maldecir y denostar a los causantes de ella.
Prada ofrece un panorama desolador del hombre español, que en nada se diferencia ya del ciudadano occidental ¿Qué queda de aquella racionalidad de que el hombre se envanecía? Sólo la aptitud para pulsar botones y enterarse de lo que las redes y otros medios defecan en su mente ¿Qué del libre albedrío? Dar un voto a ciegas cada cuatro años y desfogarse a través de internet, tomando parte en la lucha de todos contra todos que orquestan esos medios, dominados desde las alturas del poder (la demogresca); y luego disfrutar del sexo sin consecuencias, que sirve para relajarse tras la inútil y contienda internáutica (derechos de bragueta, como dice Prada) ¿Qué queda de su dominio sobre la tierra? Contratos basura, paro, pensiones miserables, impuestos expropiatorios, para beneficio de las grandes finanzas y de sus lacayos los políticos.
Este hombre actual, interiormente deslavazado y exteriormente desarraigado, ajeno a cualquier obligación moral, al amor, a la amistad y al compromiso, es la obra maestra de tres clases de agentes que operan a muy diferentes niveles. Los políticos, que logran prebendas millonarias y un poder enorme, a una con banqueros y grandes empresas, aparecen como culpables en primera instancia. Pero esos políticos con nombre y apellido, por alto que hayan llegado, no son sino testaferros de un poder sin sujeto responsable al que se pueda insultar: la plutocracia, o poder del dinero, que dispone a su antojo de personas y países, pero que es poder de no se sabe quién sobre algo que no es nada en sí mismo. Y, detrás de todo ello, en el libro aún se avizora otro señor más poderoso que don dinero, al que se somete el poder personal de políticos y banqueros, el organizador de toda esta farsa destructiva, que no se conforma con nuestra decadencia moral y material, sino que persigue una venganza que no alcanzará, ni aun devastando toda la tierra.
Prada presenta todo esto, y otras muchas cosas, con tan aceradas, acertadas y contundente razones, que no podemos sino abrir los ojos a la cruda realidad de nuestra triste condición. No podemos perdonárselo; la cicuta y la inanición son poco para él. Más aún si a primera vista se nos antojaba que no hay salida para la situación del hombre actual (cosa que, desde luego, no dice Prada).
¡Ah! Pero ahí están Pablo Iglesias y Podemos, un atisbo de esperanza. No porque sus propuestas de solución -el comunismo- tengan viso alguno de acierto, sino porque el desparpajo y la inteligencia de Iglesias, muy superior al de los actuales políticos de partido, han logrado probar que el gigantesco sistema que nos oprime tiene pies de barro o, por lo menos, grietas importantes. Prada, es verdad, parece creer que cuanto pueda destruir el comunismo ya lo ha hecho el capitalismo. El comunismo, sí, lo trae el capitalismo, pero no constituye sólo un paso más en la misma dirección. Es esencialmente otra cosa, y mucho peor. Hemos perdido de vista qué supone el comunismo. Pero eso es harina de otro costal.

Podrá usted mirar para otro lado y esperar, como tanto español irresponsable, que las cosas se arreglen por sí mismas. También puede leer este libro, que le dolerá como picadura de tábano, pero le sacará del sueño vicioso para traerle a la realidad. Es lo que yo le recomiendo.

martes, 24 de junio de 2014

La belleza de la Misa tradicional según Leopoldo Marechal.


Más allá de los problemas doctrinales que entrañan los textos de la reforma litúrgica y el Novus Ordo de la Misa, el mismo espíritu que empapó los textos de las rúbricas y las oraciaciones con la nueva teología, ha inficionado el arte que barnizaba toda la arquitectura de la liturgia, despojándola de la belleza y profundidad teológica objetiva que tenía. Fray Mario Petit de Murat O.P. dirá que

“la decadencia del arte es un síntoma, nos muestra el estado deplorable en que está esta Virgen y Madre que es la Iglesia. El arte es confesional; el arte de la Iglesia es confesión del estado en que se encuentra su parte humana.
Es necesario que nos reeduquemos para que el arte cristiano vuelva a la dignidad, a la pureza que alcanzó en otros tiempos.”

Y hoy la liturgia ha quedado despojada de su santa belleza atractiva. Muchos santos y hombres de profunda fe, a través de la historia, han reconocido el atractivo que tenía la venerable y antigua liturgia, digna de la santidad de su espíritu.

En Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal describe una Misa cantada, una misa tradicional. El relato del personaje que entra a un monasterio solitario, nos trae a la memoria el relato del poeta Paul Claudel de su conversión, al entrar a la catedral de Notre Damme, el cual, es llevado por una curiosidad artística, y maravillándose por la ceremonia y la música del coro, se desarma todo su sistema de pensamiento ateo. Aquí el fragmento de Marechal:

“Por senderos montañeses y huellas de cabras has ascendido hasta el viejo monasterio levantado en plena soledad. Una razón de arte, y no un motivo piadoso, te ha guiado en aquel ascenso matutino. Y al entrar en la capilla desierta se deslumbran tus ojos: frescos y tablas de colores paradisíacos, bajorrelieves adorables, maderas trabajadas, bronces y cristalerías gozan allá la inmarcesible primavera de su hermosura. Y estás preguntándote ya quién ha reunido, y para quién, tanta belleza en aquel desierto rincón de la montaña, cuando una fila de monjes negros aparece junto al altar y se ubica sin ruido en los tallados asientos del coro. Y te asustas, porque sólo te ha guiado una razón de arte. No bien el Celebrante inicia la aspersión del agua, los del coro entonan el Asperges. La casulla roja, con su cruz bordada en oro, resplandece luego sobre el alba purísima que viste aquel mudo sacrificador: en su antebrazo izquierdo cuelga ya el manípulo rojo sangre como la casulla. Y cuando el Celebrante sube las gradas del altar lleno de florecillas rojas, los monjes de pie cantan el Introito. A continuación los Kiries desolados, el Gloria triunfante, la severa Epístola, el Evangelio de amor y el fogoso Credo resuenan en la nave solitaria. Y escuchas desde tu escondite, como un ladrón sorprendido, porque sólo te ha guiado una razón de arte. Ofrecidos ya el pan y el vino, una crencha de humo brota en el incensario de plata; y el Celebrante inciensa las ofrendas, el Crucifijo, las dos alas del altar; devolviendo el incensario al acólito, recibe a su vez el incienso y lo agradece con una reverencia; en seguida el acólito se dirige a los monjes y los inciensa, uno por uno. Y sigues atentamente aquella estudiada multiplicidad de gestos cuyo significado no alcanzas; y, no sin inquietud, piensas ya que tan solemne liturgia se desarrolla sin espectador alguno y en un desierto rincón de la montaña, tal una sublime comedia que actores locos representasen en un teatro vacío. Pero de súbito, cuando sobre la cabeza del Celebrante se yergue la Forma blanca, te parece adivinar allí una presencia invisible que llena todo el ámbito y en silencio recibe aquel tributo de adoración, la presencia de un Espectador inmutable, sin principio ni fin, mucho más real que aquellos actores transitivos y aquel teatro perecedero. Y un terror divino humedece tu piel, y tiemblas en tu escondite de ladrón; porque sólo te ha guiado una razón de arte”.

Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres (1948), Libro V, parte I.

sábado, 3 de agosto de 2013

Nuevo Blog dedicado a la contracultura.


Acabo de ser lanzado a la web un nuevo Blog en relación con el mundo de la música rock y la contracultura en que el mundo de hoy nos sumerge por todas partes y que, esperamos sirva, sobre todo a los padres, educadores y a los jóvenes.
Habrá allí conferencias, artículos, videos e informes especiales reunidos a lo largo de varios años. Espero que a alguien le resulte útil. Los invito a conocerlo en el siguiente


En enlace es: Rock'n'Roll Music

jueves, 9 de mayo de 2013

Don Camilo y la democratización de la justicia.



“Don Camilo contó esta fabulita:

–Un lobo feroz recorriendo hambriento los campos, llegó a un prado cercado por una valla altísima de red metálica. Y, dentro del recinto, pacían tranquilas las ovejitas.
El lobo recorrió todo el cercado para descubrir alguna malla que por casualidad se hubiera aflojado en la red, pero no encontró ningún agujero. Cavó con las patas para intentar hacer un hoyo en la tierra y pasar bajo la red, pero todo esfuerzo fue vano. Probó saltar la red, pero no conseguía llegar siquiera a mitad de ella. Entonces se presentó en la puerta del recinto y gritó: “¡Paz! ¡Paz! ¡Todos somos criaturas de Dios y debemos vivir según las leyes de Dios! Las ovejitas se acercaron, y entonces el lobo dijo con voz inspirada: “¡Viva la legalidad! ¡Acabe de una vez el reinado de la violencia! ¡Hagamos una tregua!”
“¡Bien!” contestaron las ovejitas. “¡Hagamos una tregua!” Y volvieron tranquilamente a comer el pastito.
El lobo se acostó delante de la puerta del recinto, muy buenito y allí se quedó entreteniéndose en cantar alegremente. De vez en cuando se alzaba e iba a comer el pasto que estaba al pie de la red metálica.
“¡Uh, mira qué cosa!”, dijeron asombradas las ovejas. ¡También él come el pasto como nosotros! Nunca nos habían dicho que los lobos comen pasto”.
“¡Yo no soy un lobo!, contestó el lobo. Yo soy una oveja como ustedes. Una oveja de otra raza”. Luego explicó que las ovejas de todas las razas debieran unirse, hacer causa común.
“¿Por qué?, dijo al fin. ¿Por qué no fundamos un Frente Ovino Democrático? Yo acepto con gusto, y aunque la idea no es mía, no pretendo ningún puesto de mando. Es hora de unirse para hacer causa común contra el común enemigo que nos esquila, nos roba la leche y después nos manda al matadero”. “¡Qué bien habla!, observaron algunas ovejas. ¡Hay que hacer causa común!”
Y adhirieron al Frente Ovino Democrático, y un buen día abrieron la puerta al lobo, que entró en el cercado, y vuéltose jefe del pequeño rebaño, empezó, en nombre de la Idea, la depuración de todas las ovejas antidemocráticas, y las primeras que cayeron bajo sus colmillos fueron naturalmente las que le habían abierto la puerta. Al fin la obra de depuración concluyó, y cuando no quedó ni una oveja, el lobo exclamó triunfalmente: “¡Mirad por fin a todo el pueblo unido y acorde! ¡Vamos a democratizar otro rebaño!”

Guareschi, Giovanni. “La vuelta de don Camilo” (La penitencia). P. 25/26. Kraft. Buenos Aires, 1955. Visto en Almena Blog, 01-05-2013.

martes, 19 de febrero de 2013

La liturgia en el arte.


El Papa Urbano VIII dibuja las letras del alfabeto latino en las cenizas durante la consagración de la basílica de San Pedro del Vaticano el 18 de noviembre de 1626, a 1300 años de la consagración original de la iglesia hecha por el Papa San Silvestre I. Tapiz romano, año 1660.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Libro: “Bandera falsa”


Ya hemos realizado alguna publicación sobre el tema del famoso y espectacular atentado del “9-11”, y que dichos acontecimientos llevaron a que la población de los EE.UU. se encuentre bajo una estricta vigilancia de corte orweleana. A continuación la noticia del lanzamiento de una obra que ha escrito un amigo nuestro, preocupado por la verdad:




LIBRO “BANDERA FALSA”



Desde el momento del primer impacto en la Torre Norte del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, ese terrible martes 11 de septiembre del 2001, el mundo entero asistió asombrado a la seguidilla de acontecimientos que se cobraron la vida de miles de ciudadanos inocentes. Pasados los primeros momentos de estupor, comenzaron a surgir espontáneamente una serie de preguntas sobre cómo era posible que los ataques no hubieran podido ser previstos y evitados por la nación más poderosa del mundo. Inmediatamente también aparecieron muchas dudas y suspicacias sobre todos los episodios de ese día (los secuestros de los aviones, la caída de las Torres, el ataque al Pentágono, el Vuelo 93, la caída del Edificio 7 del WTC, entre otros), que de ninguna manera fueron resueltas por la Comisión investigadora del 11-S, designada por el propio gobierno de los EE.UU., supuestamente para llegar al fondo del asunto. Por el contrario, comenzaron a oírse voces cada vez más autorizadas que pedían explicaciones mucho más rigurosas, ya que la investigación oficial solo se había limitado a defender la “teoría conspirativa” del gobierno de Bush que, desde el primer momento y sin pruebas convincentes, acusaba a la red Al-Qaeda y a Osama Bin Laden de ser responsables del ataque, pretendiendo justificar así las sangrientas “operaciones de castigo” llevadas a cabo contra Afganistán e Irak en los meses subsiguientes al 11-S.

Contra la versión oficial se ha levantado la voz de una cantidad importante de investigadores, entre los que se cuentan físicos, químicos, ingenieros, arquitectos, bomberos, pilotos aerocomerciales, pilotos militares, periodistas independientes, ex agentes de inteligencia, integrantes de las fuerzas armadas, figuras políticas vernáculas y extranjeras, testigos y parientes de las víctimas de ese día, los que, reunidos en el llamado “Movimiento por la Verdad del 11-S”, han cuestionado y refutado cada uno de los puntos sostenidos por la versión del gobierno republicano de ese entonces, versión que, por cierto, tampoco ha recibido crítica alguna del presidente actual, Barack Obama, de orientación demócrata.

A más de 11 años del ataque, este libro es el resultado de reunir los datos principales que explican lo que ocurrió ese día de manera más consistente con los hechos y reafirma la inquietante tesis que, desde el primer día, ha sostenido gente de todo el mundo y de distintas corrientes ideológicas: que el 11-S no pudo llevarse a cabo sin la complicidad de niveles superiores del espectro político, militar y de inteligencia del gobierno norteamericano.

Es el fruto del esfuerzo de todas las personas que hoy están comprometidas en varias partes del mundo en el pedido al gobierno de EE.UU. para que reabra la investigación del 11-S y que ésta sea realizada de manera imparcial e independiente.

 El autor, investigador independiente, ha realizado un trabajo de recopilación y ordenamiento de datos de todas las fuentes disponibles más importantes que han aparecido en la última década referidos a los ataques del 11-S en los Estados Unidos tales como documentos oficiales, libros, artículos periodísticos y de revistas especializadas, miles de artículos de internet y cientos de horas de documentales y videos, entre otras. Además ha podido revisar la información gracias al asesoramiento de pilotos de aviación tanto civiles como militares y peritos técnicos en las distintas áreas involucradas. Podría decirse que el gran mérito de este trabajo es que por primera vez en lengua española aparece toda este cúmulo de información referido a los ataques del 2001 en un solo volumen para que el lector pueda tener una mirada de conjunto de la solidez de los argumentos para cuestionar la versión oficial de los hechos brindada por las autoridades de EE.UU.



EL precio es de $ 180 (ciento ochenta)

Cantidad de páginas 568

Librerías en donde estará disponible a partir del lunes 24 de diciembre:

Santiago Apóstol – Bella Vista
La Plata 1721 - Bella Vista

(Entre Av. Francia y las vías del Ferrocarril San Martín, a metros de la Estación).
Pedidos: Tel: (011) 4666-3817
Horario: de lunes a sábado de 9:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00 hs.

En Bella Vista, entrega a domicilio sin cargo.

Juana de Arco

Dirección: Talcahuano 1010 CABA

1013 - Buenos Aires – Argentina

Teléfono: +5411 4812 1155

Club del libro Cívico

M T De Alvear 1348 Loc. 147 Capital Federal, Argentina 011-48136780

Vórtice

Hipólito Yrigoyen 1970  CABA - tel. 4952-8383 ventas@vorticelibros.com.ar

Librería La Nave (Ucalp)

Luis Sáenz Peña Nº 312. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Tel.: 011-4382-4547/ 5193

Lunes a Viernes de 10:00 a 20:00.

martes, 20 de noviembre de 2012

Presentación del libro “El Anticristo” de Federico Mihura Seeber.





En el Instituto de Filosofía Práctica (INFIP), el Prof. Dr. Antonio Caponnetto presentó el último libro del Dr. Federico Mihura Seeber titulado El Anticristo. Aquí puede descargar la presentación en mp3.

Dr. Antonio Caponnetto