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jueves, 28 de junio de 2012

Nos educan las ratas.


“La sociedad y la cultura occidentales se parecen a un tren salido de los rieles. Descarrilamiento completo, desastroso, trágico, angustiante. No pierdo las esperanzas de que un día se restablezca la línea con mejores maquinistas y con una locomotora más potente... La sociedad y la cultura han sido corrompidas y envenenadas por las ratas que han salido de sus cloacas y entrado en nuestros hogares a través de los canales de televisión, ese cáncer del espíritu”

Jean Anouilh, Cit. por Maurice Bardeche, Revista Verbo nº 165, Agosto 1976.

viernes, 18 de mayo de 2012

Un sacerdote debe ser.



Un Sacerdote debe ser…

Muy grande
y a la vez muy pequeño

de espíritu noble como si llevara sangre real
y sencillo como un labriego

héroe por haber triunfado de sí mismo
y hombre que llego a luchar contra Dios,

fuente inagotable de santidad
y pecador a quien Dios perdonó,

señor de sus propios deseos
y servidor de los débiles y vacilantes,

uno que jamás  se doblego ante los poderosos
y se inclina, no obstante, ante los más pequeños,

dócil discípulo de su Maestro
y caudillo de valerosos combatientes,

pordiosero de manos suplicantes
y mensajero que distribuye oro a manos llenas,

animoso soldado en el campo de batalla
y madre tierna a la cabecera del enfermo,

anciano por la prudencia de sus consejos
y niño por su confianza en los demás,

alguien que aspira siempre a lo más alto
y amante de lo más humilde…

Hecho para la alegría,
acostumbrado al sufrimiento,
ajeno a la envidia,
transparente en sus pensamientos,
sincero en sus palabras,
amigo de la paz,
enemigo de la pereza,
seguro de sí mismo.

“Completamente distinto de mí”
(comenta el amanuense)

Salzburgo

Visto en el Blog TercioSan Carlos.

lunes, 2 de abril de 2012

“Antes de nacer”, por G.K. Chesterton.



Del poema de G.K. Chesterton anteriormente publicado, aquí va una versión un poco más libre pero, que a mi modo de ver, más interesante. La versión anteriormente publicada la pueden leer aquí.

 “Antes de nacer”

Si hubiese árboles altos y hierba corta
como en un increíble cuento,
si hubiese un mar azul, azul marino,
y azul celeste hubiese un viento,

si colgase del aire un fuego afable
que calentase todo el día,
si le creciese barba verde al prado...,
¡oh, qué bien sé lo que yo haría!

Duermo en la oscuridad, soñando que
hay ojos grandes y además
sombrías calles y calladas puertas
con gente viva por detrás.

Que venga una tormenta y me despierte,
y lloraré todo el derroche
de los sueños de vida que he soñado
en los imperios de mi noche...

Y si una vez pudiese caminar
por esos sueños unas millas,
sería el más alegre peregrino
del País de las Maravillas.

No me oirías palabras de desdén
ni una palabra lastimera,
si encontrara la puerta de ese mundo
alucinante, si naciera.

Traducción de Enrique Garcia Maiquez. Publicado en “Lepanto y otros Poemas”, Renacimiento editores, España, 2003.

sábado, 31 de marzo de 2012

Citas magistrales de J.R.R. Tolkien.



Siempre se ha sabido que Tolkien ha sido un ferviente católico, fiel a la doctrina tradicional de la Iglesia. Nos pareció interesante compartir esta cita “magistral” -como la llama el autor que la publicó- y que, verdaderamente, a nosotros también nos resulta magistral. También podemos decir al respecto, que no nos deja de sorprender la actualidad que encierran estos consejos de Tolkien a su hijo Michael.

Citas magistrales de J.R.R. Tolkien.

Las herejías de la antigüedad aparecieron, se desarrollaron y se extinguieron (con más o menos huella y/o eco). Por causas y en circunstancias muy variadas. Sumariamente, las herejías son parcializaciones del Credo originadas por una falta de asunción/profesión de la fe, ya sea por insuficiencia/exceso o por perversión. El cisma consumado y estructurado, confirió más estabilidad a las heterodoxias doctrinales, siendo este el caso de la pervivencia hasta la actualidad de algunos de los grandes cismas antiguos, aunque su presencia y estadísticas humanas sean, muchas veces, poco significativas.
La única herejía que se ha desarrollado y extendido - si bien degenerando constantemente desde sus propios orígenes - coincidió con un momento cultural definitivo e irreversible, marcado por la invención de la imprenta y la divulgación de la lectura y la propaganda escrita. No se entiende el luteranismo-protestantismo y sus derivados prescindiendo del fenómeno cultural anejo a su génesis: Sin libros y difusión de prensa, la reforma protestante hubiera terminado circunscrita y abortada en más o menos tiempo.
El medio de comunicación “virtual” que conecta a un mundo cada vez más ocioso y dependiente de la comunicación/intercomunicación, está suponiendo una muy particular y extensiva (la “intensidad” dependerá de personas y circunstancias) animación de las heterodoxias: Hay más gente “opinante”, imbuida de un “derecho a opinar”, y abundantes medios para la fácil difusión de las opiniones, con una marcada proclividad “sensacionalista” para la difusión de lo peor y más nocivo.
Cada vez es más frecuente que los seglares, sin una específica vocación personal, accedan a los estudios teológicos como a una cualquier otra formación, de la que en muchas ocasiones -dependiendo del centro de formación y sus docentes- sacarán impresiones/juicios sin referencia a la Iglesia y en contra de la fe. Igualmente aparecen nuevas publicaciones de nuevos autores, muchos de ellos sacerdotes o “gente de Iglesia”, que enrarecen, desvirtúan o pervierten la teología, al margen del Magisterio (sin hablar de la competencia, información y garantías de esas publicaciones pseudo-teológicas).
Para contrarrestar el fenómeno, urge la presencia/actividad de una “ortodoxia on line”. El “oportune et inoportune” paulino, nunca ha sido tan urgente; el recurso a la solidez y fecundidad de la Tradición, pocas veces tan necesario.
Dos amiguetes me han recordado una cita que han visto hace poco en internet, no recuerdan ni me saben decir dónde. Por eso he tenido que ponerme a buscarla yo, que soy el que tiene libros -no sólo de internet se nutre el enterado- y los maneja. Y ahí va la cita, a ver qué tal:


“... Pero tú hablas de «fe debilitada»... En última instancia, la fe es un acto de voluntad, inspirado por el amor. Nuestro amor puede enfriarse y nuestra voluntad deteriorarse por el espectáculo de las deficiencias, la locura, aun los pecados de la Iglesia y sus ministros; pero no creo que alguien que haya tenido fe alguna vez, retroceda más allá de su límite por estos motivos (menos que nadie, quien tenga algún conocimiento histórico).

El «escándalo» a lo más es una ocasión de tentación, como la indecencia lo es de la lujuria (a la que no hace, sino que la despierta). Resulta convincente porque tiende a apartar los ojos de nosotros mismos y de nuestros propios defectos para encontrar un chivo expiatorio... La tentación de la «incredulidad» (que significa realmente el rechazo de Nuestro Señor y Sus Demandas) está siempre presente dentro de nosotros. Una parte nuestra anhela contar con una excusa para que salga al exterior. Cuanto más fuerte es la tentación interior, más pronta y gravemente nos «escandalizarán» los demás.

Creo que soy tan sensible como tú (o cualquier otro cristiano) a los «escándalos», tanto del clero como de los laicos. He sufrido mucho en mi vida por causa de sacerdotes estúpidos, cansados, obnubilados y aun malvados; pero ahora sé lo bastante de mí como para ser consciente de que no debo abandonar la Iglesia (que para mí significaría abandonar la alianza con Nuestro Señor) por ninguno de estos motivos: debería abandonarla porque no creo o ya no creería aun cuando nunca hubiera conocido a nadie de las órdenes que no fuera sabio y santo a la vez. Negaría el Santísimo Sacramento, es decir: llamaría a Dios un fraude en su propia cara.

Si Él fuera un fraude y los Evangelios, fraudulentos, es decir, episodios seleccionados con la mala intención de un loco megalómano (que es la única alternativa), en ese caso, por supuesto, el espectáculo exhibido por la Iglesia (en el sentido del clero) en la historia y en la actualidad, sería una simple prueba de un fraude gigantesco. Pero si no, este espectáculo es, ¡ay!, sólo lo que era de esperar: empezó antes de la primera Pascua y no afecta a la fe en absoluto, excepto en cuanto podemos y debemos estar muy apenados.

Pero deberíamos apenarnos por Nuestro Señor, identificándonos con los escandalizadores, no los santos, sin clamar que no podemos «tolerar» a Judas Iscariote, o aun al absurdo y cobarde Simón Pedro o a las tontas mujeres como la madre de Santiago, que trató de poner a sus hijos por delante.

Exige una fantástica voluntad de incredulidad suponer que Jesús nunca realmente «tuvo lugar», y más todavía suponer que nunca dijo las cosas que de Él se han registrado (tan incapaz era nadie en el mundo de aquella época de «inventarlas»): tales como «antes de que Abraham existiera Yo soy» (Juan VIII); «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan IX); o la promulgación del Santísimo Sacramento en Juan VI: «El que ha comido mi carne y bebido mi sangre tiene vida eterna».

Por tanto, o bien debemos creer en Él y en lo que dijo y atenernos a las consecuencias, o rechazarlo y atenernos a las consecuencias. Me es difícil creer que nadie que haya tomado la Comunión, aun una vez, cuando menos con la intención correcta, pueda nunca volver a rechazarle sin grave culpa. (Sin embargo, sólo Él conoce cada una de las almas singulares y sus circunstancias).

La única cura para el debilitamiento de la fe es la Comunión. Aunque siempre es Él Mismo, perfecto y completo e inviolable, el Santísimo Sacramento no opera del todo y de una vez en ninguno de nosotros. Como el acto de Fe, debe ser continuo y acrecentarse por el ejercicio. La frecuencia tiene los más altos efectos. Siete veces a la semana resulta más nutritivo que siete veces con intervalos...

A mí me convence el derecho de Pedro, y mirando el mundo a nuestro alrededor no parece haber muchas dudas (si el Cristianismo es verdad) acerca de cuál sea la Verdadera Iglesia, el templo del Espíritu, agónico pero vivo, corrupto pero sagrado, autorreformado y reestablecido.
Pero para mí esa Iglesia, de la cual el Papa es la cabeza reconocida sobre la tierra, tiene como principal reclamo el que sea la que siempre ha defendido (y defiende todavía) el Santísimo Sacramento, lo ha venerado en grado sumo y lo ha puesto (como Cristo evidentemente lo quiso) en primer lugar. Lo último que encomendó a san Pedro fue «alimenta a mis ovejas»; y como Sus palabras deben siempre entenderse literalmente, supongo que se refieren en primer término al Pan de la Vida. Fue en contra de esto que se lanzó la revolución del Oeste de Europa (o Reforma) -«la blasfema fábula de la Misa»- y la oposición entre las obras y la fe, un mero falso indicio...

...Pero me enamoré del Santísimo Sacramento desde un principio...pero, ¡ay!, no he vivido a su altura. Ahora rezo por vosotros todos, sin descanso, para que el Curador (el Haelend, como el Salvador era por lo general llamado en el inglés antiguo) corrija mis defectos y ninguno de vostros deje de nunca exclamar: Benedictus qui venit in nómine Dómini!”

Es una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael, 1 de Noviembre de 1963 (cfr. J.R.R.Tolkien Cartas, selección de Humphrey Carpenter; carta 250, pp. 393-96. Minotauro, Barcelona 1993).


Me pregunto qué efecto tendrá (o no) entre los adictos-ilusos tolkienianos este texto. También si no hubiera sido mejor que master Tolkien se hubiera dedicado un poco ex profeso a la apologética, con ese estilo tan contundente que expresan estos párrafos de su epistolario familiar.
De todas formas, es un valioso testimonio de uno de los hombres que han marcado con su obra la Literatura Universal. Con plena (y afectada) conciencia, el Tolkien que se fundamenta y hace fuerte en la tradición más genuinamente católica, es un buen maestro/consejero para los perplejos: Los perplejos de buena voluntad, of course.

Visto en el Blog El Rincón de Tolkien.

jueves, 22 de marzo de 2012

Citas: El artista, el bien y el mal.



“Los que buscan deleite en las cosas exteriores quedan decepcionados, porque se desparraman en las cosas visibles y fugaces, y lo único que consiguen es lamer sus imágenes, muertos de hambre. Ojalá que, fatigados de hambre, dijeran: ¿Quién nos hará ver la dicha? Para que yo les dijera y ellos oyeran: La luz de tu semblante se alza sobre nosotros, Señor. Nosotros no somos la luz que alumbra a todo hombre. Somos iluminados por ti, a fin de que los que fuimos en un tiempo tinieblas, podamos ser luz en ti”.

San Agustín – Confesiones, IX, 4.


“Ante el bien, se encuentre donde se encuentre, nuestra actitud sólo puede ser la que aconseja el Apóstol: probadas todas las cosas, tomad lo que es bueno. Frente al mal debemos igualmente obedecer el consejo del Apóstol: “no queráis conformaros con este siglo” (Rom. 12,2).
Sin embargo, conviene aplicar con inteligencia los dos consejos. Es excelente analizar todas las cosas y quedarse con lo bueno. Pero debemos tener presente que lo bueno es lo que está conforme, no sólo con la letra, sino también con el espíritu. Bueno no es aquello que favorece un tiempo a la virtud y al vicio, sino lo que favorece siempre y únicamente a la virtud. Así, cuando una costumbre no es reprobable en sí misma pero crea una atmósfera favorable al mal, la prudencia manda rechazarla”

Mons. De Castro Mayer


“Necesitamos que nos contradigan para afinar nuestras ideas”.

Nicolás Gómez Dávila


“La crítica decrece en interés mientras más rigurosamente le fijen sus funciones. La obligación de ocuparse sólo de literatura, sólo de arte, la esteriliza. Un gran crítico es un moralista que se pasea entre libros”.

Nicolás Gómez Dávila


“El maestro enseña más con lo que es que con lo que dice”.

Soren Kierkegaard


“El arte, como todo producto de la acción humana, no es un fin, sino un medio: un medio para que los hombres cumplan su destino, ser buenos y felices”.

Hugo Wast – Vocación de escritor


“Una novela, por el solo hecho de representar la vida, enseña, bien o mal, aunque su autor no lo haya pretendido. No es un cuadro ni una estatua: es toda una cadena de principios y de consecuencias que se transmiten al lector como incitaciones al bien o al mal”.

Hugo Wast – Vocación de escritor.


“Hasta muy recientemente –hasta la segunda mitad del siglo diecinueve- se daba por supuesto que la ocupación del artista consistía en deleitar e instruir a su público. Había, naturalmente, diferentes públicos. Las canciones callejeras y los oratorios no iban dirigidos a la misma audiencia (aunque, a mi juicio, a una gran cantidad de gente les gustaban las dos). El artista podía incitar a su público a apreciar cosas más bellas de las que había querido al principio. Ahora bien, sólo podía hacer una cosa así si resultaba entretenido desde el comienzo –aún cuando no se limitara a entretener-, ofreciendo una obra básicamente inteligible –aunque no se entendiera completamente-. Todo esto ha cambiado. En los círculos estéticos más elevados no se oye hoy día nada acerca del deber del artista hacia nosotros. Todo gira acerca de nuestra obligación hacia él. Él no nos debe nada. Nosotros, en cambio, le debemos “reconocimiento”, aun cuando no haya prestado la menor atención a nuestros gustos, intereses o hábitos. Si no se lo damos, nuestro nombre será vilipendiado. En esta tienda el cliente está equivocado siempre”.

C.S. Lewis. “La obra bien hecha y las buenas obras”, en El diablo propone un brindis.

Tomado de “Hablan los maestros”, de Videoteca Reduco.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿El Shakespeare norteamericano?



Algunas personas encontrarán absurdo comparar cualquier personaje relacionado al mundo del cine moderno con uno de los mayores poetas y dramaturgos de todos los tiempos, pero la fiesta de San Patricio puede ser un momento apropiado para conmemorar a un gran hijo de Irlanda, el cineasta norteamericano John Ford (1895-1973), señalando algunas semejanzas entre su carrera y la de William Shakespeare (1564-1616). Un John Ford puede ser lo más cercano a un Shakespeare que nuestra pobre época moderna pueda producir – veamos pues-:
Para empezar, los dos hombres fueron enormemente exitosos como creadores de espectáculos populares. Shakespeare empezó no por escribir literatura inglesa sino piezas para la compañía del Globe Theatre, al cual le faltaban siempre nuevas obras para poner en escena. Entre 1592 y su exilio del teatro de Londres que ocurrió menos de 20 años después, escribió unas 35 piezas de todo género: piezas históricas, comedias, tragedias, romances. Todas fueron exitosas pues Shakespeare se había involucrado totalmente en el Globe Theatre y era muy cercano a su público. En cuanto a John Ford, para satisfacer la insaciable demanda de nuevas películas por parte del público norteamericano, entre 1917 y 1970 dirigió, con una compañía de actores que reaparecían a menudo, más de 140 películas, mezclando, como Shakespeare, la comicidad y la seriedad, la gran vida y la vida del pueblo. Muchas de sus películas tuvieron un gran éxito pues Ford como Shakespeare conocía bien su público.
Los dos hombres tuvieron tal éxito porque eran buenos cuentistas, siendo los cuentos el corazón de la distracción popular. Los dos hombres sabían enganchar a sus audiencias y mantenerlas en suspenso – ¿Que pasará ahora? Y, como los cuentistas pueden tener una influencia considerable, por ello estos dos hombres contribuyeron a moldear hasta el carácter de sus naciones. Por sus piezas históricas que actuaban como propaganda para la dinastía Tudor recientemente establecida, Shakespeare influenció de una manera permanente como los ingleses se ven a sí mismos, desde que salieron de la Edad Media. De la misma manera Ford era experto en la historia norteamericana (véase por ejemplo El último hurra, 1958) y, creando el mito del “Western” que dio lugar al “Far West” de Norteamérica, él definió de tal manera el carácter nacional norteamericano que todos desde entonces asociamos a los norteamericanos con los “cow-boys”.
Los dos hombres pasaron por un aprendizaje serio previo a sus artes, Shakespeare en las tablas del Globe Theatre, Ford como camarógrafo durante varios años antes de hacerse cineasta. Como poeta, Shakespeare es incomparable por su maestría de la palabra, mientras que la poesía de Ford podría ser su sentido de la imagen. Innumerables directores de cine han estudiado sus películas para aprender a usar la cámara pues Ford sabía muy bien componer los detalles de sus imágenes en movimiento (“movies”). Cuando preguntaron a otro famoso cineasta, Orson Wells, cuáles eran los directores de cine que mas apreciaba, contestó: “Me gustan los viejos maestros, quiero decir John Ford, John Ford, y John Ford”. ¡Mientras que otro cineasta comparaba las películas de Ford por “la sencillez y la fuerza” de su estilo a las obras del período medio de Beethoven!
Para terminar los dos hombres eran Católicos. El drama más profundo de las piezas de Shakespeare proviene seguramente del sentido Católico, necesariamente disfrazado, que él tenía de la tragedia que representaba la caída irreversible de la “Inglaterra alegre” en la apostasía. John Ford era el décimo de once hijos de dos inmigrantes a Estados Unidos, los dos nacidos en la Irlanda Católica. Sin lugar a dudas, la Fe de sus antepasados le permitió conmemorar la relativa inocencia y decencia de la América de ayer, con sus mujeres femeninas y sus héroes viriles y rectos, tipificados por John Wayne en las películas de Ford. Puede ser que un rey del cine moderno no entrará jamás en el Panteón de los grandes hombres de todos los tiempos al lado de un Shakespeare, pero ese rey moderno John Ford lo fue.
Gracias Irlanda y Norteamérica. ¡Feliz fiesta de San Patricio a ambas!

Kyrie eleison.

Mons. Richard Williamson, “Comentarios Eleison” Nº 244, 17 de marzo del 2012.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Estreno de “Cristiada” para el 20 de abril.


Finalmente, se estrenará “Cristiada”, la superproducción sobre la gesta cristera, el 20 de abril de este año, en México.

Nuevo Film de Andy García

CIUDAD DE MÉXICO (01/MAR/2012).- “Cristiana”, un filme dirigido por Dean Wright, una historia de ficción escrita por Michael Love acerca del surgimiento y consecuencias del movimiento cristero (1926-1929), llegará el próximo 20 de abril a la cartelera mexicana.
La película es estelarizada por Andy García, Eva Longoria, Peter O'Toole, Rubén Blades, Óscar Isaac, Santiago Cabrera, Catalina Sandino Moreno, Daniel Giménez Cacho, Karyme Lozano, Ignacio Guadalupe y Moisés Suárez, entre otros, narra uno de los conflictos armados del México del siglo pasado, cuando el gobierno intentó secularizar al país.
Fue en 1926 cuando las autoridades federales mexicanas dispusieron leyes que buscaron restringir la influencia de la Iglesia católica sobre el pueblo.
El entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, interpretado por el músico, actor y político Rubén Blades, asegura en un discurso para justificar la acción del gobierno, que prohíbe, entre otras cosas, que los sacerdotes porten sus indumentarias religiosas en la calle y que las expresiones religiosas sean fuera de las iglesias, y además confisca bienes del clero.
“Joselito” (Mauricio Kuri), un chico inquieto, lanza una fruta al padre “Christopher” (Peter O'Toole), el sacerdote del pueblo y como castigo su padrino lo obliga a pedirle perdón, además de ponerlo a barrer y trapear la iglesia.
“Adriana” (Catalina Sandino Moreno) y “Anacleto González Flores” (Eduardo Verástegui) se unen a una asociación que busca la libertad religiosa y planean un boicot económico contra el gobierno ante la imposibilidad de hacer que rectifique en su decisión.
El Vaticano decide dejar de oficiar misas como represalia a la Ley Calles, mientras que las organizaciones que buscan la libertad religiosa apoyan a los pequeños grupos insurrectos que se han levantado en armas y algunos sacerdotes dan asilo a los católicos armados.
Como una medida correctiva, el gobierno federal ejecuta a varios sacerdotes, entre ellos al padre “Christopher”, quien se niega a abandonar La casa de Dios. El joven “José” presencia la muerte del clérigo, por lo que decide unirse a las fuerzas católicas, junto con “Lalito” (Adrián Alonso)
La fama de estratega lleva a los inconformes a contratar al general en retiro “Enrique Gorostieta” (Andy García) para liderar a los rebeldes.
El militar se separa temporalmente de su esposa “Tulita” (Eva Longoria) y de sus dos hijas, y parte para unirse a los cabecillas que dirigen el movimiento que pretende derrotar al gobierno callista.
“Victoriano, 'El Catorce' Ramírez” (Óscar Isaac) es un líder cristero muy conocido por haber matado a 14 soldados federales cuando pretendían emboscarlo, es ágil con las armas y muestra determinación al mando de sus tropas, pero duda mucho del general “Gorostieta”.
“El Catorce”, quien dirige al grupo de osados rancheros, tendrá que aceptar el mando militar, ya que admite que deben hacer un frente común contra el gobierno que los supera en armamento y logística.
“Cristiana” narra la historia del ejército que se enfrenta en nombre de la libertad religiosa al gobierno de Calles, quien pretende restringir las acciones del clero.
El grupo de soldados improvisados luchará durante tres años para mantener su religión, no sin antes perder a muchos de sus miembros; sin embargo, será la intervención del gobierno estadunidense de la época, a través de su embajador “Morrow” (Bruce Greenwood), que pretende apaciguar el conflicto, no sin antes lograr favores económicos, sobre todo para sus compañías petroleras en el país.
“Cristiada”, filmada en diversos escenarios de México, principalmente en Durango, no se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), que se celebró del 2 al 10 de marzo, y en donde se rindió un homenaje a Andy García.

 Visto en On-Line Baires.

  
Aquí podemos ver el Trailer.