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martes, 11 de febrero de 2014

Santo Tomás remedio contra los errores modernistas.


“(…) para evitar los errores, fuente y cabeza de todas las miserias de estos tiempos, hay que ser fieles, hoy más que nunca, a la doctrina del aquinatense. Pues totalmente destruye Santo Tomás los errores modernistas en cualquiera de sus manifestaciones; en la Filosofía, defendiendo la virtud y el poder de la razón, y con pruebas firmísimas demostrando la existencia de Dios; en la Dogmática, distinguiendo lo sobrenatural de lo natural, e ilustrando las razones del creer y los mismos dogmas; en lo demás de la Teología, patentizando que las cosas que se creen por la fe no se fundan en la opinión, sino en la verdad; en Hermenéutica, estableciendo la noción genuina de la divina inspiración; en la Moral, en la Sociología, en el Derecho, enseñando los verdaderos principios de la justicia legal o social, conmutativa o distributiva, y explicando las relaciones entre la justicia y la caridad; en la Ascética, describiendo la perfección de la vida cristiana e impugnando adversarios de las Órdenes Religiosas contemporáneos suyos. Finalmente contra aquella absoluta independencia de la razón respecto a Dios, de que hoy vulgarmente se blasona, el nuestro afirma los derechos de la Verdad primera y la autoridad del Supremo Señor sobre nosotros. Sobradamente se explica con esto porqué los modernistas a ningún otro Doctor de la Iglesia temen tanto como a Tomás de Aquino.”

Pío XI, carta Encíclica “Studiorum ducem”, 29 de junio de 1923.

martes, 17 de diciembre de 2013

“¿En qué quedamos? ¿Son o no son deicidas los Judíos?”.

Esta es una publicación católica tradicionalista. No es una publicación oficial ni oficiosa de la FSSPX. Aclaramos esto, debido a que algunos lectores nos han preguntado nuestra postura frente a la a ciertas declaraciones del Superior de Distrito de la FSSPX en América del Sur al matutino más leído en Argentina, el diario Clarín (01-Dic-2013), en las que se niega explícitamente la doctrina clásica del deicidio del pueblo judío. Según advierten algunos blogs, no habría retractación futura o alguna declaración pública clarificando lo que los medios pudieran haber distorsionado. A tal efecto, consideramos hacer explícita y pública nuestra postura de apartamos de esas afirmaciones vertidas en dicho medio de comunicación.

Aquí, algunas afirmaciones de los santos padres de la Iglesia vinculadas al tema:

San Ignacio de Antioquía: († 107 aprox.): “Si alguno celebra la Pascua con los judíos… pacta con aquellos que  han matado al Señor” (Carta a los Filipenses, Patrologie Grecque de Migne, V, 939)

Tertuliano (160-240): “Toda la sinagoga de los hijos de Israel lo mató”. (Adv. Jud., VIII; Patrologie Latine de Migne II, 616)

San Hipólito de Roma: († 236 o 237): “Los hijos de Israel han sido responsables de la injusta condenación a muerte (de Nuestro Señor Jesucristo) por haber creído muy fácilmente a los príncipes y no haber buscado la verdad. (Comentario sobre Daniel, I, 24; trad. Maurice Lefebvre, Collection Sources Chrétiennes, p.93)

San Cipriano († 258): “…Los judíos… no solamente por infidelidad han rechazado al Cristo… sino que… por crueldad, lo mataron; ellos no pueden por lo tanto llamar a Dios su Padre… Y el pueblo pecador no puede ser el hijo (de Dios)”. (De la Oración del Señor,  10; P.L IV. 499)

Lactancio (convertido al cristianismo hacia el año 300, se ignora la fecha de su muerte): “Ellos (los judíos) tomaron la detestable decisión de privar de la vida a Aquel que venía para vivificarlos”. (Div. Inst. IV, 16 ; P.L. VI, 499)

San Atanasio (295-373): “También (el Cristo) ha querido para su cuerpo una muerte que no vino de Él mismo, sino de las maquinaciones de los Judíos, para destruir El mismo la muerte que aquéllos infringieron al Salvador”. (Contra los paganos y sobre la Encarnación del Verbo, P.G. XXV, 137 B)

San Hilario de Poitiers (320-366): “El pueblo (judío) impío, parricida, traidor”. (Tratado sobre los Salmos, LI, 3 ; P.L IX, 310).

San Cirilo de Jerusalén (313-387): “Israel ha crucificado al Hijo de Dios y lo rechazó fuera de la viña”. (Catequesis XI, sobre el Hijo único de Dios; P.G. XXXIII, 695)

San Basilio de Cesárea (330-379): “Aquellos que perseveran en su ceguera, son los herederos del homicidio cometido por sus padres”. (Comentario sobre la profecía de Isaías, I, 37; P.G. XXX, 191).

San Gregorio Nacianceno es el primero, al parecer, que utilizó el término “deicida”: “El Cristo ha sido matado por manos deicidas”. (P.G. XXXVII, 466, A)

San Ambrosio de Milán (334-397): “Por Caín, hay que entender el pueblo parricida de los judíos…, él derramó la Sangre de su Señor y Creador”. (Sobre Caín y Abel, I, 2, 5; P.L. XIV, 318). Y también: “Él fue matado por el pueblo de los judíos todo entero” (Sobre los Salmos, XXXIX, 14; P.L XIV, 1062).

San Cirilo de Alejandría (370-444): “Ellos fueron impíos hacia Nuestro Señor Jesucristo y… ellos aparecen como deicidas”. (Comentario sobre Isaías IV, I, 43, 3-4; P.G. LXX, 886)

San Agustín: “El pueblo de Israel prevaleció sobre el Cristo hasta el punto de Crucificarlo” (Sobre el Salmo XLIX, 20; P.L. XXXIV, 506)

El libro titulado: ¿En Qué Quedamos? ¿Son o No Son Deicidas los Judíos?”, del
R. P. Dr. David Núñez, Editorial Presencia en el Mundo, Buenos Aires, Argentina, 1967. Visto en Biblia y Tradición.


sábado, 16 de noviembre de 2013

Madre de Dios, sí; madre de Dios Trino, no.


Con este breve artículo aclaratorio, recordamos a nuestros lectores, que en honor a la verdad, hubo cierto error vertido en los panfletos que repartían aquellos que se manifestaron en repudio de la celebración litúrgica de la “Kristallnacht” dentro de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.


MARÍA SANTÍSIMA ¡¿MADRE DE DIOS TRINO?!

Por: Roberto López-Geissmann H.

Sobre el caso de la irrupción de un grupo de jóvenes tradi a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires en pleno acto ecúmenico, mucho se ha dicho y escrito en estos días. Opiniones encontradas en cuanto a la valoración de tal iniciativa. Pero, en esta ocasión, quiero que nos centremos en un detalle no sin importancia: en un panfleto antiecuménico que los muchachos repartieron, al final, se dice que María es la Madre de Dios único y Trino.
Dicho de otra forma: MARÍA MADRE DE LA TRINIDAD. ¿Es eso correcto? ¿Pasable aun de forma apresurada, acomodaticia? Ya otras personas más versadas han dicho lo más atinado y citado a Santo Tomás y otras fuentes autorizadas. Invito a que se consulten tales citas pertinentes. Anticipo la conclusión: MARÍA NO ES MADRE DE LA TRINIDAD, SINO DE JESÚS, QUE ES DIOS. Madre de Dios en cuanto Jesús el Hijo de Dios es Dios, más no Madre de Dios en cuanto a las Tres personas. En los siguientes mensajes desarrollaremos el problema.
Antes de entrar en materia, no puedo de dejar de hacer una observación: este erroraso es muestra del grado de ignorancia que hay sobre nuestra fe AÚN EN LAS FILAS TRADI. Y créanme que lo digo no solo pensando en ese grupo de chicos, lo digo por algunos que conozco de cerca y también por varios contactos en la red. La existencia de grupos tradi no es garantía lamentablemente ni de ortodoxia, ni tampoco hay siempre pastores capacitados o con voluntad de apostolar mejor, o fieles deseos de profundizar su fe.
Esperamos que en el caso del grupo que irrumpió en la Catedral, se deba a un apresuramiento y a que no fue supervisado el panfleto por algún cura. Porque si no fue así… ¡Ni hablar! Que esto nos tenga vigilantes con nuestras amistades y colaboradores si estamos en algún grupo.
Entremos en el tema. Frente a la herejía de Nestorio, Patriarca de Constantinopla, que enseñaba que en Cristo hay dos personas y que María era Madre de la persona humana, pero no de la divina, y por tanto, María sería Madre de Jesús hombre, y no de Jesús Dios, la Iglesia en el Concilio Ecuménico de Éfeso (431) condenó esa doctrina y proclamó que  MARÍA ES MADRE DE DIOS, PORQUE EN JESÚS HAY UNA SOLA PERSONA, NO DOS, AUNQUE CON DOS NATURALEZAS, DIVINA Y HUMANA, Y MARÍA ES MADRE DE CRISTO, LA SEGUNDA PERSONA DE LA TRINIDAD SANTÍSIMA, y al ser Cristo Dios verdadero, al igual que el Padre y el Espíritu Santo,María es POR ESA RAZÓN, MADRE DE DIOS.
De María, el Hijo de Dios recibió solo la naturaleza humana, pero no por ello su maternidad es imperfecta. Todo padre o madre lo es de alguien, que es una persona, con un centro intelectual, volitivo, psicológico, entitativo individual único. “La persona, según la definición clásica del pensador romano Boecio, es «la substancia individual de naturaleza racional» (Liber de persona et duabus naturis, ML, LXIV, 1343). El Aquinate asumió esta definición, precisando y profundizando su sentido (STh I, q. 29, a. 1-3). También definió la persona con estos términos parecidos, más precisos: «Persona es el subsistente distinto en naturaleza racional» (De Potentia, q. 9, a. 4, in c.)”(Cf. http://www.gratisdate.org/nuevas/stotomas/ch24.htm)
 De allí que María es Madre propia y enteramente de la única persona que hay en Jesús: el Hijo de Dios. No porque no le haya dado la divinidad significa que sea menos madre, así como tampoco porque el Padre no le haya dado la humanidad de forma inmediata ex Deo ad intra Trinitatis, no implica que sea menos entera y realmente Jesús Hijo Suyo.
Las naturalezas de los seres condicionan las posibilidades de su reproducción o generación. María al ser enteramente humana, no puede sino concebir a un ser humano. Dios al ser totalmente divino, no puede sino engendrar a una ser divino. Dios Padre y María Santísima pueden decir con total propiedad de Jesús. “Tú eres mi Unigénito”, en virtud del especial carácter teándrico de Jesucristo, es decir su constitución humano-divina, bajo la única persona del Hijo de Dios. María es Madre de Dios, entonces, no porque le haya dado la vida a Dios en cuanto tal, sino porque concibió al Hijo de Dios en cuanto a su naturaleza humana, unida indisolublemente a la divina, en la unión hipostática, es decir, desde el momento de la Encarnación, la Segunda Persona de la Trinidad quedaría para siempre perfecto hombre y perfecto Dios, sin que nunca jamás estas realidades se confundan ni se disuelvan.
Pero la extensión de la divina maternidad de María se limita A LA PERSONA DEL HIJO DE DIOS. Veamos las consecuencias de concebir a María como Madre de Dios en cuanto a su Trinidad. 1. Sería ubicarla en un plano ontológico divino, pues lo que diferencia a las Tres Divinas personas entre sí, no es su común esencia, sino sus RELACIONES DE OPOSICIÓN CIFRADAS EN ORIGEN DISTINTO DENTRO DE LA DIVINIDAD. Si María fuese Madre de la Trinidad…¡LA CONVERTIMOS EN UNA NUEVA PERSONA DIVINA, UNA CUATERNIDAD! Y puesto que el Padre es la Primera Persona, por ser principio sin principio en la Trinidad, si decimos que María es Madre de Dios Trino, necesariamente la hacemos, ni más ni menos, que Madre de… ¡Dios Padre! , poniéndole entonces su origen en Ella. Lo que sería una contradicción colosal, de una Persona no principiada, siendo originada en María, como el “principio del principio sin principio”…Luego, yendo más lejos con este desarrollo argumental, el Padre, “Hijo de María”, engendraría con Ella al Hijo de Dios, convirtiéndola no solo en principio primerísimo de la divinidad, sino también, en causa no solo instrumental, sino directa, del Hijo de Dios. Finalmente, junto con el Padre y el Hijo, sería “co-espiradora” del Espíritu Santo. Y lo más insólito no se ha señalado: si es Madre de Dios Trino… ¿habría necesidad de un “Padre” de Dios Padre?
Lo planteado no lo pongo como mera imaginación, sino como una posibilidad hipotética lógica que creo que se apega a las nociones teológicas de Dios Uno y Trino, si siguiéramos coherentemente las consecuencias de una maternidad de María extensible a las demás Personas Divinas, aparte de la del Hijo de Dios.
La otra posibilidad. Para que María fuera “Madre de Dios Trino”, esta vez, reconociendo que Ella es entera y solamente HUMANA, se precisaría entonces que no solo el Hijo de Dios, sino las otras dos Divinas Personas SE HUBIERAN ENCARNADO. Porque María le hizo partícipe de su humana naturaleza a Dios Hijo, por lo cual le puede reconocer por Madre, si Ella lo fuera de la Trinidad entera, el Padre y el Espíritu Santo deberían haber también participado de la carne de María, cual sucedió con el Hijo. Consecuencias: la TOTAL SUJECIÓN DE DIOS A LO NATURAL, UNA DEGRADACIÓN DE LA ESENCIA DIVINA, pues pondría al Padre, principio inmanifestado por esencia y sin principio, ajeno a lo condicionado, en el plano existencial de lo mutable.
Si Dios permanece en un nivel supraesencial, más allá de lo cognoscible, de lo manifestable, de lo contenible, infinito, es porque solo una Persona Divina se encarnó, permaneciendo las demás ajenas a la mudanza, hecho que no le resta nada a la divinidad perfecta de Jesús. Pero si Dios Trino fuera “Hijo” de María, y siendo ella solo y toda humana, la herencia que podría brindarle es conferirle su naturaleza humana y con ello, quedaría destruida justamente, la esencia misma de Dios, ya no solo MANIFESTADO EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO, sino ¡TOTALMENTE CIRCUNSCRITO A ELLO!

En conclusión: la proposición aquí revisada es un error colosal. Diviniza a María, al colmo de tácitamente plantear una “cuaternidad” en Dios, u hominiza, naturaliza tanto a la divinidad que la termina destruyendo. En uno u otro caso, las consecuencias lógicas de afirmar la maternidad de María respecto a Dios Trino son tales, que si fuera sostenida esta proposición con pertinacia, y enfrentándose con insolencia al dato revelado y al Magisterio de la Iglesia, ¡me atrevo a decir que sería una de las herejías más monstruosas y blasfemas que haya conocido el mundo en toda la historia! Espero que estas reflexiones hayan sido útiles para quienes las hayan leído, para gloria de Dios, honra de Su Madre, Hija y Esposa, María Inmaculada, e indulgencia para este pecador. Si alguna cosa hubiere dicho contraria a la ortodoxia, sépame Dios perdonar, y pediría entonces la debida fraterna corrección.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Los derechos de la conciencia?


Al comienzo del Concilio, algunos quisieron fundar la liber­tad religiosa sobre los derechos de la conciencia: “La libertad religiosa sería vana si los hombres no pudieran traducir los imperati­vos de su conciencia en actos exteriores”, declaró Mons. Smedt en su discurso introductorio (“Documentation Catholique”, 5 de enero de 1964, col. 74-75). El argumento era el siguiente: cada uno tiene el deber de seguir su conciencia, pues ella es para cada uno la regla inmediata de la acción. Ahora bien, esto vale no sólo para una conciencia verdadera, sino también para una conciencia invencible­mente errónea, la que tienen particularmente numerosos adeptos de las falsas religiones; estos tienen, así, el deber de seguir su conciencia y, por consiguiente, debe dejárseles la libertad de seguirla y de ejercer su culto.
El disparate del razonamiento fue pronto evidenciado y debieron resignarse a hacer fuego con otra madera. En efecto, el error inven­cible, es decir no culpable, disculpa toda falta moral, pero no por eso hace la acción buena (Sto. Tomás, I-II, 19,6 y ad. 1.) y por lo mismo no da ningún derecho a su autor. El derecho no puede fundarse más que sobre la norma ob­jetiva de la ley, y en primer lugar, sobre la ley divina, que regula, en particular, la manera cómo Dios quiere ser honrado por los hombres.

Monseñor LefebvreLe destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar. Visto en Syllabus.

lunes, 14 de octubre de 2013

De la autoridad del “Syllabus”. Henri Hello.


Ningún católico puede poner en duda que obliga en conciencia sub gravi, al menos en virtud de la autoridad doctrinal expuesta en el parágrafo precedente (III. Nº 3, pp. 121-122). Véase también: Constit. Dei Filius, p. 129 de esta obra.
Además, creemos formalmente, con el car­denal Mazzella, en su Curso en el Colegio romano, y otros eminentes teólogos[1], que las proposiciones condenadas en el Syllabus, aun cuando no sean todas herejías, están sin embargo todas condenadas ex cathedra en virtud de la infalibilidad pontificia ejercién­dose al menos sobre su objeto indirecto (cfr. pp. 117 ss.).
En efecto, todas las proposiciones del Syllabus están extraídas de las Encíclicas, de las Alocuciones y de las diversas Cartas Apostólicas, en las cuales Pío IX, hablando como Doctor infalible, había condenado los principales errores de nuestro tiempo. Antes de ser reunidas en el Syllabus, estaban ya condenadas ex cathedra.
Lo que afirmamos surge claramente del texto mismo de la Encíclica Quanta Cura de Pío IX, de dos textos formales de León XIII, en la Encíclica Immortale Dei y en la Encíclica Inscrutabili, y finalmente, de la Constitución Dei Filius, del Concilio Vaticano.

a) Del texto mismo de la Encíclica Quanta Cura:

“En vista de la horrible tempestad levantada por tantas doctrinas perversas, y de los males inmensos y sumamente deplorables atraídos sobre el pueblo cristiano por tantos errores, Nos ya hemos elevado la voz según el deber de Nuestro ministerio Apostólico y los ilustres ejemplos de Nuestros predecesores, y, en un gran número de Encíclicas dirigidas a los fieles, Alocuciones pronunciadas en Consistorio y otras Cartas Apostólicas, Nos hemos condenado los principales errores de nuestra tan triste época, excitado vuestra eximia vigilancia episcopal y advertido y exhortado con instancia a todos Nuestros muy amados hijos de la Iglesia católica, a tener horror y a evitar el contagio de esta peste cruel. Y en particular en nuestra primera Encíclica del 9 de noviembre de 1846, a vosotros dirigida, y en nuestras dos Alocuciones en Consistorio, la primera del 9 de diciembre de 1854, y la otra del 9 de junio de 1862, Nos condenamos los monstruosos portentos de opiniones que predominan, sobre todo hoy en día, para gran desgracia de las almas y en detrimento de la sociedad civil misma, y que, fuentes de casi todos los demás errores, no son solamente la ruina de la Iglesia católica, de su salutífera doctrina y de sus derechos sagrados, sino también de la eterna ley natural grabada por Dios mismo en todos los corazones, y de la recta razón”.

Estas palabras de Pío IX prueban su voluntad de definir. Es pues como Doctor infalible que ha condenado “los principales errores de nuestra tan triste época”. Va ahora a condenar, al mismo título, “otras opiniones provenientes de los mismos errores”; y las enumera en la Encíclica Quanta Cura:

“No obstante, aun cuando Nos no hayamos descuidado el condenar y reprimir a menudo esos errores, el interés de la Iglesia católica, la salvación de las almas divinamente confiada a Nuestra solicitud, finalmente, el bien mismo de la sociedad humana piden imperiosamente que excitemos de nuevo vuestra pastoral solicitud para condenar otras falsas opiniones nacidas de los mismos errores como de su fuente. Estas falsas y perversas opiniones deben ser tanto más detestadas cuanto su objetivo principal es impedir y suprimir ese saludable poder que la Iglesia católica, por institución y mandato de su divino Fundador, debe ejercer libremente hasta la consumación de los siglos, no menos sobre los particulares que sobre las naciones, los pueblos y sus soberanos y por cuanto asimismo tienden a que desaparezca aquella mutua alianza y concordia del Sacerdocio y del Imperio, que ha sido siempre fausta y saludable para la Iglesia y el Estado”.

Todas las condiciones requeridas para el ejercicio de la infalibilidad se encuentran reunidas, y el Papa no hace ninguna diferencia entre la condenación solemne de los errores de nuestra época, precedentemente condenados en las Encíclicas, Alocuciones y otras Cartas Apostólicas, y la condenación, en la Encíclica Quanta Cura, de otras opiniones nacidas de los mismos errores.

Después de haber enumerado esas “otras opiniones nacidas de los mismos errores” Pío IX agrega:

“Por tanto en medio de tan gran perversión de opiniones depravadas, Nos, penetrados del deber de Nuestro cargo apostólico, y llenos de solicitud por Nuestra santa religión, por la sana doctrina, por la salvación de las almas que se nos ha confiado de lo alto y por el bien mismo de la sociedad humana, hemos creído nuestro deber levantar de nuevo nuestra voz apostólica.
Por consiguiente, por nuestra autoridad apostólica reprobamos, proscribimos, y condenamos, y queremos y ordenamos que todos los hijos de la Iglesia católica tengan por absolutamente reprobadas, proscritas y condenadas, todas y cada una de las perversas opiniones y doctrinas señaladas en detalle en la presente encíclica”.

Así pues los errores condenados por la Encíclica Quanta Cura lo son ex cathedra. Y Pío IX declara que no hace sino continuar lo que ha comenzado condenando otros errores que son la fuente de éstos. Por lo tanto, en el pensamiento de Pío IX, no existe diferencia entre la condenación contenida en la encíclica Quanta Cura y las precedentes que se hallan todas resumidas en el Syllabus: son todas ex cathedra.

b) Escuchemos ahora a León XIII, hablando a su vez, en dos encíclicas, de los mismos errores.

En la Encíclica Immortale Dei:

“Pío IX, cada vez que se presentó la ocasión, condenó las opiniones falsas más en boga, y luego hizo hacer con ellas un catálogo, a fin de que, en medio de tal diluvio de errores, los católicos tuvieran una dirección segura

En la Encíclica Inescrutabili:

“Los Pontífices romanos, nuestros predecesores, y en particular Pío IX, de santa memoria, sobre todo en el Concilio Vaticano, teniendo sin cesar ante sus ojos las palabras de San Pablo: «velad para que nadie os engañe por medio de la filosofía o de una vana falacia que sería según la tradición de los hombres o según los elementos del mundo y no según Cristo», no descuidaron, tantas veces como fue necesario, refutar los errores que hacían irrupción y condenarlos con la censura apostólica. Nos también, siguiendo las huellas de nuestros predecesores, confirmamos y renovamos todas esas condenaciones, desde lo alto de esta Sede Apostólica de verdad”.

Así pues, todas las condenaciones de Pío IX contra los errores modernos son renovadas por su sucesor en virtud de la infalibilidad pontificia.

c) Finalmente, la Constitución Dei Filius, del Concilio Vaticano, habla en estos términos, en nombre de su autoridad infalible:

“Es por ello que, cumpliendo la tarea de nuestro supremo cargo pastoral, conjuramos por las entrañas de Jesucristo y por la autoridad de ese mismo Dios, nuestro Salvador, ordenamos a todos los fieles de Cristo, y sobre todo a quienes están a su cabeza, o que están encargados de la misión de enseñar, que dediquen todo su celo y todos sus desvelos para apartar y eliminar esos errores de la Santa Iglesia y propagar la purísima luz de la fe.

“Pero porque no basta evitar el pecado de herejía, si no se huye también diligentemente de los errores que a él se le aproximan más o menos, Nos advertimos a todos los cristianos que tienen el deber de observar también las constituciones y los decretos por los cuales la Santa Sede ha proscrito y condenado tales perversas opiniones, que no están enumeradas aquí expresamente”.

Ahora bien, el Concilio Vaticano se ha opuesto precisamente a los errores modernos. Ha emitido definiciones de fe contra los errores fundamentales de donde brotan todos los del Syllabus. El Concilio tiene ciertamente en vista, en ese pasaje, a las “opiniones perversas” condenadas en las Encíclicas, Alocuciones y Cartas Apostólicas de donde el Syllabus mismo ha sido extraído.


[1] Mazzella, de Relig, et Ecclesia, p. 822 y ss.

Henri Hello, Civiltá cattolica, 19 de octubre de 1875.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Santa Misa, exaltación de la Santa Cruz.

(14 de septiembre: fiesta de la exaltación de la Santa Cruz)


El motivo de la fiesta del 14 de septiembre, la Exaltación de la Santa Cruz, es conmemorar un hecho histórico al que Dios ha querido dar, por así decir, una significación profética. Expliquemos, pues, el hecho, y hagamos luego la aplicación a la situación en que nos toca vivir hoy en día.

1º Conservar preciosamente la Santa Misa.

Cosroes II, rey de los Persas, ocupó Egipto y África y tomó en el año 614 la ciudad de Jerusalén, la puso a sangre y fuego, y se llevó en cautividad al Patriarca y a una gran muchedumbre de cristianos. También se llevó a Persia, como parte del botín, la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, que Santa Elena había hecho colocar en el monte Calvario. Heraclio, que era entonces el emperador romano, forzado por las guerras y otras varias calamidades que entonces sufría el imperio, pidió la paz a Cosroes; pero este, insolente por su victoria, sólo la ofreció con condiciones inadmisibles. Viéndose en tal apuro, el emperador Heraclio se dio a la oración y al ayuno para implorar la ayuda del cielo, y luego enfrentó a las tropas de Cosroes, a las que logró vencer en tres batallas sucesivas, en el año 628. Cosroes huyó, y para rehacer sus fuerzas asoció a su reino a su hijo Medarsen; más el primogénito, Siroes, sintiéndose ultrajado por ello, llevó a cabo una conjuración contra su padre y su hermano, les dio muerte, y pidió a Heraclio que lo reconociera como rey. Heraclio sólo aceptó a condición de que le devolviera los prisioneros cristianos, y sobre todo la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Y así, después de catorce años de estar en poder de los Persas, el imperio cristiano logró recuperar tan valiosa reliquia.
Este hecho guarda estrechas semejanzas con lo que ha sido nuestra civilización cristiana. La cruz fue en otro tiempo un signo de oprobio, de maldición y de horror: «Maldito el que cuelga de un madero»; un suplicio reservado al último de los criminales y de los esclavos. Pero Dios, por un prodigio inaudito, convirtió esta señal tan ignominiosa en la más gloriosa de todos; de modo que hoy la señal de la Cruz es un signo de bendición y de salvación, de heroísmo y de mérito, de abnegación y de esperanza. En efecto, estaba escrito: «Dios reinó desde el madero»: esto es, que Nuestro Señor debía reinar por el madero de la Cruz Y si quisiéramos resumir la historia de la cristiandad, podríamos decir que fue la irradiación, en todos los órdenes de la vida humana, del sacrificio de Nuestro Señor en la Cruz. Jesucristo realizó el admirable prodigio de establecer su Cruz en el centro de la vida de los individuos, familias y sociedades, edificando con ella, a pesar de ser tan contraria a nuestra naturaleza caída, una civilización admirable: la civilización cristiana.
Ahora bien, como muy firmemente señalaba nuestro Fundador en el sermón de su jubileo sacerdotal, esta irradiación del sacrificio de la Cruz sobre toda la vida humana se realizó a través de la Santa Misa, que es ese mismo sacrificio perpetuado sobre nuestros altares. La Misa es, propiamente hablando, la exaltación más plena de la Santa Cruz.

«Ciertamente, yo sabía, por lo que habíamos estudiado, lo que era la Misa, pero no había comprendido bien todo su valor, toda su eficacia, toda su profundidad. Eso lo he vivido día a día, año tras año en el África, y particularmente en Gabón… Allí yo he visto, sí, he visto, lo que puede la gracia de la Santa Misa… Lo he visto en todas esas almas paganas, transformadas por la gracia del bautismo, por la asistencia a la Misa y por la sagrada Eucaristía. Estas almas comprendían el misterio del sacrificio de la Cruz, y se unían a Nuestro Señor Jesucristo en los sufrimientos de su Cruz, ofreciendo sus sacrificios y sufrimientos con los de Nuestro Señor, y vivían como cristianos… He podido ver esos pueblos paganos ahora hechos cristianos, transformarse no sólo espiritual y sobrenaturalmente, sino también física, social, económica y políticamente; transformarse porque esas personas, de paganas que eran, se volvieron conscientes de la necesidad de cumplir su deber a pesar de las pruebas y de los sacrificios, sobre todo sus obligaciones de matrimonio. Y entonces el pueblo se transformaba poco a poco, bajo la influencia de la gracia del santo sacrificio de la Misa. Y todos esos pueblos querían tener su capilla, y la visita del Padre…
«Si echamos ahora una ojeada a la historia, eso mismo ha pasado también en nuestros propios países, en los primeros siglos después de Constantino. Nuestros antepasados se convirtieron, y durante siglos ofrecieron sus países a Nuestro Señor Jesucristo, sometiéndose a la Cruz de Jesús… ¡Qué fe la de entonces en la Santa Misa! San Luis, rey de Francia, ayudaba a decir dos Misas cada día, y cuando viajaba y oía la campanilla de la consagración, bajaba del caballo o de su carroza para arrodillarse y unirse espiritualmente a la consagración que en aquel momento se realizaba. ¡Esa era la civilización católica!».

Pero ¿qué pasó después? Que el enemigo, como nuevo Cosroes, trató de eliminar la Cruz, y por tanto la Misa, del corazón de la cristiandad. Primero con Lutero, desde fuera, y luego con la complicidad de los pastores de la Iglesia, en las reformas del Vaticano II, se abolió prácticamente el misterio de la Cruz.

«En el concilio se han infiltrado los enemigos de la Iglesia, y su primer objetivo ha sido demoler y destruir en cierto modo la Misa… La reforma litúrgica del Vaticano II se parece exactamente a la que se produjo en tiempos de Cranmer, en el nacimiento del protestantismo inglés. Si se lee la historia de la transformación litúrgica, hecha por Lutero, se advierte que se ha seguido el mismo procedimiento, pero bajo aspectos todavía aparentemente católicos. Se ha suprimido justamente de la Misa su carácter sacrificial, su carácter de redención del pecado por la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, por la víctima que es Nuestro Señor Jesucristo. Se transformado la Misa en una pura asamblea… Así no es extraño que la Cruz no triunfe, porque el sacrificio no triunfa, y los hombres no tienen otro pensamiento que el de aumentar su nivel de vida, el dinero, las riquezas, los placeres, las comodidades de esta tierra».

¿Qué nos queda, pues, por hacer?, preguntaba Monseñor Lefebvre. Y su respuesta era:

«Una cruzada, apoyada en el santo Sacrificio de la Misa, en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo; apoyada en esa roca invencible y en esa fuente inagotable que es el santo sacrificio de la Misa… Es preciso hacer una cruzada, apoyada precisamente en estas nociones de siempre, de sacrificio, a fin de recrear la cristiandad, de rehacer la cristiandad tal como la Iglesia la desea y siempre la ha hecho, con los mismos principios, el mismo sacrificio de la Misa, los mismos sacramentos, el mismo catecismo, la misma sagrada Escritura».

Para eso, hemos de mantenernos firmes, como hace la Fraternidad San Pío X, en exigir la Santa Misa a las autoridades de la Iglesia. Así como Heraclio puso la condición a Siroes de devolver la Santa Cruz, también nosotros reclamamos que Roma libere incondicionalmente la Santa Misa para toda la Iglesia. Sin la Misa no puede haber una renovación de la fe y de la vida cristiana; pero con la Santa Misa difundida de nuevo en todas partes, la fe católica queda bien asentada, la gracia se comunica eficazmente a las almas, y se restablece en la Iglesia la auténtica vida cristiana.

2º Vivir de la Santa Misa.

Pero no basta defender y conservar la Misa, si no nos aplicamos a vivirla. Para comprenderlo, sigamos considerando el acontecimiento conmemorado en la fiesta del 14 de septiembre.
En acción de gracias a Dios por la victoria, el mismo emperador Heraclio quiso cargar sobre sus hombros la Cruz del Señor, y reponerla personalmente en el monte Calvario. Pero, al tomar la venerable reliquia, revestido de sus insignias imperiales, una fuerza invisible lo detuvo, y la Cruz se resistió a ser movida. Estupefactos todos los presentes por el prodigio, el Patriarca de Jerusalén, Zacarías, dijo al emperador: «Majestad, mal podréis llevar con vuestro atavío real una Cruz que nuestro Salvador quiso cargar en suma humildad y pobreza». El emperador, deponiendo entonces sus vestiduras reales, revistió un simple sayal y, caminando con los pies desnudos, pudo llevar la Santa Cruz hasta el monte Calva-rio, de donde la habían sacado los Persas. Al mismo tiempo sucedían varios milagros, que consolaron al emperador y a todos los fieles. Este es el acontecimiento memorable que la Iglesia celebra en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
También nosotros, que queremos defender y conservar la Santa Misa, para nosotros y para nuestros hijos, deseamos cargar con ella. Pero nos damos cuenta de que muchas veces no podemos, como le pasó al emperador Heraclio, por estar revestidos, no de oro y pedrería, sino de múltiples apegos al mundo y a sus máximas. No tenemos bastante espíritu de mortificación para vivir como verdaderos cristianos, no inculcamos suficientemente este espíritu a nuestros hijos. Y claro, así no podemos volver a poner la Cruz, la Misa, donde debe estar. Hemos de despojarnos de toda esa pompa, y revestir la humildad, la pobreza y la mortificación de Nuestro Señor Jesucristo. Monseñor Lefebvre nos explicaba también el porqué de ello.

«La noción de sacrificio es una noción profundamente católica. Nuestra vida no puede prescindir de sacrificio, desde que Nuestro Señor Jesucristo, Dios mismo, ha querido tomar un cuerpo como el nuestro y decirnos: Tomad vuestra cruz y seguidme, si queréis salvaros. Y nos ha dado el ejemplo con su muerte en la Cruz y el derramamiento de su sangre. Y nosotros, sus pobres criaturas, pecadores como somos, ¿nos atreveríamos a no seguir a Nuestro Señor, a no compartir su sacrificio y su Cruz? Este es todo el misterio de la civilización cristiana, la raíz de la civilización católica: la comprensión del sacrificio en la vida de cada día, la comprensión del sufrimiento, no como un mal y un dolor insoportable, sino entendiendo que es preciso compartir los dolores y sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo, mirando la Cruz, asistiendo a la Santa Misa, que es la continuación de la pasión de Nuestro Señor en el Calvario.
«Cuando se comprende el sufrimiento, se convierte en un tesoro, porque estos sufrimientos, unidos a los de Nuestro Señor, unidos a los de todos los mártires, a los de todos los santos, a los de todos los católicos que sufren en el mundo…, se transforman en un tesoro incalculable, de eficacia extraordinaria para la conversión de las almas, y para la salvación de nuestra propia alma».

Conclusión.

Eso es lo que hemos de pedirle a Nuestro Señor Jesucristo al celebrar la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz: • la gracia de aprender el arte de llevar la cruz; • la gracia de querer llevarla; • la gracia de imponernos todas las mortificaciones, renuncias y sacrificios que nos imponen la asistencia a la Santa Misa, el deber de estado y nuestra conformidad con Nuestro Señor crucificado. A todos nos cuesta; nuestra naturaleza siente una repugnancia natural al sacrificio; pero la gracia de Dios nos ayudará, como ayudó a todos los mártires, y a todos los que construyeron la civilización cristiana.
Hagamos un examen de conciencia: ¿qué importancia le damos a la Misa, y por lo tanto al sacrificio, en nuestras vidas? ¿qué esfuerzos deberíamos hacer, para que este espíritu de sacrificio se afiance en nosotros y en nuestras familias? En definitiva, ¿qué hemos de hacer para que, en la exaltación definitiva de la Santa Cruz, que se verificará el día del juicio final, tengamos el consuelo de ver nuestras vidas conformes con la Cruz del Señor, que será el gran criterio con que Nuestro Señor juzgará nuestras vidas?

Tomado de Hojitas de Fe N°3, Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora.

viernes, 13 de septiembre de 2013

¡Jamás renunciar a la lucha!


Y aquí va —por último— mi mensaje de esperanza, destinado a los jóvenes argentinos de la nueva generación.

Vivimos tiempos trágicos y en el mundo ustedes —muchachos nuestros de 20 y 30 años cumplidos o por cumplir— movilícense también pronto (es urgente) en defensa de nuestra Fe, dando insobornable testimonio de todos los terrenos del quehacer nacional, en procura de una profunda restauración espiritual —y por añadidura política en orden al Bien Común católico— en la Argentina de los próximos lustros. Porque la Masonería no se duerme. Y la Izquierda marxista tampoco.

Triunfaréis, es cierto, muchachos tradicionalistas de la nueva generación, si estáis unidos; pero sin acomodos equívocos ni complejos de inferioridad frente al inicuo mundo moderno, que niega la Verdad Revelada e, incluso —a veces— la verdad a secas. Nadando, sí, contra la corriente turbia del escepticismo criollo; del “no te metás” famoso; del materialismo ateo contemporáneo —no únicamente del comunista— y de la frivolidad que corrompe tantas conciencias jóvenes con promesas de una ganancia crematística fácil.

¡Basta ya de componendas narcisistas; de sexualismos freudianos fomentados artificialmente mediante la droga o el alcohol! ¡Basta ya de adorar ídolos de barro promovidos por una propaganda masiva que adormece las almas! ¡Basta de mentiras demagógicas y de pacifismo liberal! “Sursum Corda”.

No se dejen robar ingenuamente, compatriotas de la novel generación, los frutos del trabajo nacional con el viejo cuento de la “eficiencia” y “competencia” económicas. ¡Cuidado con los lobos rapaces “tecnocráticos” disfrazados de inocentes corderitos! ¡A proteger, pues, el patrimonio comunitario nuestro, toda vez que la verdadera caridad empieza por casa!

Evitad caer a toda costa en las redes de la “sociedad de consumo” que nos animaliza a todos. “La juventud ha sido hecha no para el placer sino para el heroísmo”. Hagamos de esa bella consigna de Claudel, nuestra invicta bandera de guerra. Preparemos desde ya el espíritu de nuestros nietos. Ahora mismo, con presteza. Pero atención: no equivoquen otra vez el rumbo con utopías de cualquier tipo, los inmaduros púberes argentinos de la nueva generación. Sepan por anticipado, que en todos los tiempos: “Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre”, al decir de Gracián.

¡Ya basta de cobardías disfrazadas! Bien está que sean tolerantes con el prójimo equivocado, pero férreamente intransigentes con el error. Nunca pierdan de vista la realidad que nos rodea, muchachos argentinos, pero sin bajar la guardia ni resignarse ante los embates del enemigo poderoso: aunque les cueste la vida a algunos en la demanda. Y aunque, en definitiva —Dios no lo quiera— tengan acaso que defender (solos y acorralados) el honor de Cristo Rey en nuestra patria: desde una catacumba o desde una trinchera.

¡Sin jamás renunciar a la lucha!

Federico Ibarguren, visto en el Blog de Cabildo.

lunes, 12 de agosto de 2013

Dinero, democracia, control y corrupción.


Excelente artículo que demustra brevemente la corrupción del sistema moderno democrático.

[Syllabus – 10-08-2013]

Puede decirse, sin temor a exagerar ni de equivocarse, que la “corrupción” es generada por el mismo “Sistema democrático” y que ella obra como una especie de “aceite” que lubrica y mantiene en funcionamiento las piezas del Sistema. En su esencia misma se encuentra el origen o germen de esta enfermedad moral, particularmente en todo lo relacionado con el “dinero” o con el “poder del dinero”, conforme al siguiente razonamiento:

-En la sociedad política moderna el Poder Político se fundamenta en la voluntad general del pueblo, que resulta de la suma indiferenciada de las voluntades individuales (mayoría) y cuyas decisiones se caracterizan por ser ilimitadas, inapelables e infalibles (omnipotencia del número). Sólo el número, la cantidad anónima e impersonal, decide –como supuesto soberano- sobre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, etc., además de elegir a los que lo representan y gobernarán.De esta forma se consagra la primacía de la cantidad sobre la calidad.

-En términos prácticos, la expresión de la voluntad general requiere –para los políticos que se proponen ser elegidos- contar con la opinión favorable de las multitudes. La formación de una opinión favorable, en la sociedad moderna, se realiza a través de los medios de comunicación (radio, TV, Internet, diarios y revistas, libros, propaganda callejera, etc.). El elemento indispensable para poder acceder a los medios de comunicación es el dineroSin dinero no hay medios de comunicación ni propaganda. A su vez, sin medios de comunicación ni propaganda no hay opiniónSin opinión no hay electores o votos favorables.

-Por otro lado, la opinión favorable se estimula, muy frecuentemente, mediante laadulación a la multitud y la demagogiala que se transforma –y se comprueba en todas las civilizaciones y épocas históricas- en materia dispuesta para ser conducida por aquel que más la corrompa y prometa.

-En consecuencia, el dinero es el generador “en las sombras” de todo poder elegido en la sociedad moderna, de todo poder fundado en la voluntad general y de todo poder mantenido en dependencia de la opinión.

Conforme al razonamiento expuesto, se deduce por simple lógica que los políticos y la partidocracia tienen una necesidad vital respecto del “dinero”, primero para ser elegidos y luego para mantenerse en el poder mediante una nueva reelección. Y esta “necesidad vital de dinero” o “caja” se ha ido incrementando con el avance de la modernidad y de los desarrollos tecnológicos y el aumento de la complejidad social, la cual sólo puede ser satisfecha si el “dinero” es obtenido por alguna de estas tres fuentes:

-De su riqueza personal, lograda previamente a ser elegido.

-De alguien (empresa, amigo, prestamista, etc.) que se lo dona, regala o se lo presta bajo determinadas “condicionalidades” que deberán cumplirse desde el puesto alcanzado en la función pública.

-Del robo en el ejercicio de la función pública (malversaciones, coimas, comisiones, participación en la propiedad, etc. a través de los procesos licitatorios o de concesiones, etc.); o del robo o asalto usando la violencia física (camiones de caudales, bancos, comercios, particulares, etc.).

Fuera de estas tres alternativas y alguna eventual variante, los políticos y la partidocracia no tienen otras opciones para obtener lo que es la “materia prima” para la obtención de un cargo o puesto electivo, en cualquiera de los niveles del Estado.

En consecuencia, si nos preguntamos ¿Cuál es la relación entre el Poder Político y el Poder del Dinero? Se concluye lo siguiente: mientras que el Poder Político predomina en términos ideales y teóricos sobre el Poder del Dinero, en la práctica y de la observación de la realidad histórica, surge que el Poder Político es sirviente y subordinado del Poder del Dinero, porque está mediatizado por éste último
(…)
Ahora bien, esta situación de servidumbre y subordinación del Poder Políticorespecto al Poder del Dinerose continúa en el ejercicio del poder. La razón es simple y responde a la ambición humana: los que están en el poder, quieren mantenerse en él durante todo el tiempo que puedan, para lo cual deben ser reelegidos. Llegados en este punto, se ven nuevamente obligados a reiniciar el círculo perverso descripto anteriormente. De esta manera, necesariamente, estarán subordinados al “Poder del Dinero” durante el ejercicio de su mandato –porque éste es la fuente de su poder y el que tiene capacidad para confirmarlas en cada elección-y, por lo tanto, deberán ser dóciles a sus sugerencias u órdenes.
(…)
Los que aman y mueren por la “democracia”, inexorablemente deben acostumbrarse a convivir con la “corrupción”. Basta de simulación e hipocresía barata.


Santiago Roque Alonso, Patria Argentina Nº 299, junio de 2013 (fragmento).

Cristianismo contra Democracia.


Si en materia política, hay algo claro en la Sagrada Escritura y en la doctrina del Magisterio eclesiástico es la verdad de que el cristianismo es contrario a la democracia. Nada en la historia del pueblo de Dios ni en la Historia de la Iglesia induce a creer que en la vida pública haya de hacerse la voluntad del pueblo —lo democrático—; y, por el contrario, todo induce a creer que en la vida pública ha de hacerse la voluntad de Dios. Es claro que si, en la mente de Dios, el mejor régimen fuera la democracia. Dios hubiera propuesto a Moisés y Jesucristo hubiera propuesto a su Iglesia el régimen democrático. Y por lo que toca al régimen de las órdenes religiosas, en el que algunos quisieran ver el inicio de la democracia moderna, como se ve por “Le principe de la majorité” de C. Leclerq, inicialmente, en las órdenes religiosas y en los monasterios decidía la “sanior pars” —la parte más sana o selecta—, no la “maior pars” —la mayoría—. Sólo se llegó en la organización religiosa a la democracia "frailuna", como diría Menéndez Pelayo, cuando “la parte más sana” coincidía con “la mayoría”: la mayoría en una comunidad religiosa es buena; lo malo en una comunidad religiosa es la minoría, lo que es equivalente, cuando la voluntad de la mayoría de una colectividad —religiosa o civil— coincide de hecho con la voluntad de Dios, no es inconveniente, sino conveniente al régimen democrático. Por el contrario, cuando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos es distinta y contraria de la voluntad de Dios, disconforme de la Ley de Dios, es mala la democracia, no es conveniente la democracia, en tanto en cuanto contraría a la Ley natural, al derecho natural. Por eso, el régimen democrático es bueno para una colectividad de verdaderos cristianos, de católicos que piensan y quieren y actúan conforme a la voluntad de Dios, en la misma medida que es un régimen malo en una sociedad pluralista, en una sociedad donde los ciudadanos hacen caso omiso del saber y del querer de Dios.

Hay otro discurso perfectamente claro y concluyente: la democracia liberal, lo que vulgar y comúnmente se llama democracia se funda sobre el liberalismo filosófico, es decir, sobre el racionalismo —la creencia de que nada hay válido si no es racional— y sobre el naturalismo —la creencia de que ha de rechazarse todo aquello que se presente con pretensiones de sobrenatural. En efecto, la democracia española actual, igual que la francesa, la británica, la sueca, la estadounidense, la italiana, etc., están fundadas en principios puramente racionalistas y naturalistas, ateos o, lo que es equivalente en la práctica, laicistas, laicos. Es así que el liberalismo filosófico (como se ve por la encíclica “Libertas”, de León XIII, y por el “Syllabus”, de Pío IX) es contrario a la fe y a la filosofía y teología políticas del catolicismo; luego la democracia liberal es contraria e incompatible con el catolicismo, con el cristianismo auténtico. Quiere decirse que aquél que sea substantivamente católico sólo puede ser demócrata adjetivamente, secundariamente, accesoriamente, es decir, falsamente. Y viceversa. Lo vemos ya en la Ley mosaica: “No te dejes arrastrar al mal por la muchedumbre” (Ex. 23, 2), el fiel a Dios no puede aceptar la ley que le imponga democráticamente la muchedumbre, si es contraria a la Ley de Dios. Y en la misma Ley mosaica se considera la posibilidad de que sea “la asamblea toda del pueblo” la que hiciera “algo que los mandamientos de Yahvé prohiben”, dado que en la Biblia, “la voz del pueblo no es la voz de Dios”. Allí se dice cuál debe ser el sacrificio que el pueblo debe ofrecer “por el pecado de la asamblea” (Ley. 4, 13-21). De aquí que el hijo de Dios debe ser un resistente y un objetor de conciencia constante en la democracia laica. Y, por eso, Pío XII, en su Radiomensaje navideño de 1944 acepta sólo la “democracia sana”, la respetuosa de la Ley de Dios. Luis M Ansón director general de la agencia de noticias EFE tiene publicado en ABC de Madrid (13-X-59), un precioso artículo titulado “Pío XII y la democracia” con textos de varios Papas demostrativos de que el cristianismo es contrario a la democracia.

Por eso, los que se declaran prodemócratas, “ipso facto” se ponen en contradicción con la doctrina católica enseñada por la Tradición, las Escrituras y los Papas.

Rafael Gambra, “Cristianismo contra Democracia”, Revista Roma Nº 75 (1982). Syllabus, 10-08-2013.

sábado, 3 de agosto de 2013

El que recibe a los que hacen profesión de mala doctrina se hace cómplice de ella.


“Mirad por vosotros mismos, a fin de que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis colmado galardón.
Cf. I Cor. 3, 15.
Todo el que va más adelante y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la doctrina, ése tiene al Padre, y también al Hijo.
“El atenerse con fe viva a la enseñanza que Cristo predicó y confió a sus apóstoles (Juan 7,16, 18,19; cf. 8,31; I Juan 2, 22, 23) implica la incorporación a Cristo y al Padre. El herético, al contrario, es el que quiere ir más adelante; probablemente el gnóstico [en nuestros días el modernista. Nota Syllabus] que se separa de esa fe tradicional so pretexto de elevarse a una ciencia más sublime (Bonsirven) o “de una gnosis privilegiada” (Pirot). Comentario de Mons. Straubinger.
Si viene alguno a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis.
Esta doctrina: la recibida de Cristo (v.6) sin las desviaciones que señaló en los vv. 7 y 9. Tal conducta, según aquí se nos enseña, no es falta de caridad sino de prudencia (v.8) y respeto por la fe. El que recibe a los que hacen profesión de mala doctrina se hace cómplice de ella (v. 11). Cf. I Cor. 5, 9; Ef. 5, 10 ss.; II Tes. 3,6 y 14, Tito 3, 10. Comentario de Mons. Straubinger.
Porque quien le saluda participa en sus malas obras.”

Segunda carta del apóstol San Juan, 8-11.


“Os he escrito en una carta:

No tratéis con los deshonestos. Claro está que no entiendo decir con los deshonestos de este mundo, o con los avarientos, o con los que viven de rapiña, o con los idólatras; de otra suerte sería menester que os salieseis de este mundo.

Mas ahora os he escrito que no tratéis con aquel que es del número de vuestros hermanos y, sin embargo, es deshonesto, o avariento, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o vive de rapiña; con este tal ni toméis bocado.
Los que son sólo cristianos de nombre, perjudican a la Iglesia más que los paganos. Por lo tanto no debemos tener trato con ellos [en nuestros días, particularmente con los liberales que con insidia o estulticia disuelven la justa y necesaria resistencia a todo acuerdo con los herejes, apóstatas y cismáticos de Roma, aun a riesgo de vernos tildados de “cismáticos”, “sedevacantistas” o cosas similares. Nota Syllabus].Véase las severas normas dadas en Col. 3, 14; II Tes. 3, 6  y 14; II Juan 10. Comentario de Mons. Straubinger.
Pues, ¿cómo podría yo meterme a juzgar a los que están fuera? ¿No son acaso los de dentro aquellos a quienes tenéis derecho de juzgar?
Gran lección de humildad colectiva, para que no queramos ver siempre el mal fuera de nuestra comunidad. Véase Lam. 3, 42 y nota. Apartad a ese mal hombre, etc.: es una cita de Deut. 13, 5. Nótese que no es el caso de la cizaña, la cual no debe arrancarse hasta la siega (Mat. 13, 29 s.) la cizaña está en el campo del mundo (Mat. 13, 38), mientras que S. pablo habla aquí de los que se dicen discípulos de Cristo. En el v. 10 nos dice claramente que no se trata de los del mundo, sino que su severidad se refiere a los nuestros [si San pablo mostraba tal severidad, ¿qué decir hoy que el mundo ha ingresado a la Iglesia y a imitación de la cizaña sus pastores hacen todo lo posible para destruirla? Nuevamente nos confirma en que lo único que nos compete es no tener trato con ellos. Nota Syllabus]. Cfr. I Tim. 5, 20. Comentario de Mons. Straubinger.
A los de afuera Dios los juzgará. Apartad a ese mal hombre de vuestra compañía”.

Primera carta de San Pablo a los Corintios. 5, 9-13


“Pero cuestiones necias, y genealogías, y contiendas, y debates sobre la Ley, evítalas, porque son inútiles y vanas.

Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces, sabiendo que quien es de esta ralea, está pervertido y es delincuente. Se condena por su propia conciencia”.
Sapientísima norma para el apostolado. Son los sordos que no quieren oír, tantas veces calificados por Jesús. Véase 2, 8 y nota. Comentario de Mons. Straubinger.

Carta de San pablo de Tito. 3, 9-11.


“Tu palabra sea sana e irreprensible, para que quien es contrario se confunda, no teniendo mal ninguno que decir de nosotros”.
(…) No se trata, pues, en manera alguna, de que busquemos hundir al adversario en la derrota humillante, faltando a la caridad para con él y moviéndolo al odio más que a la contrición, sino como decía Ozanam, de hacerle amable esa religión cuya verdad queremos demostrar, puesto que el apostolado no es una cuestión de dialéctica a lo humano (Cfr. I Cor. 2, 5, Col. 2, 8) sino de espíritu, es decir, de rectitud interior (3, 10s., y nota; Juan 3, 19, 7, 17 y nota) para recibir la semilla que es la Palabra de Dios. Véase Mat. 13, 19 y nota. Comentario de Mons. Straubinger.

Carta de San Pablo a Tito. 2, 8.


“Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.
Jesús, como buen Pastor (Juan 10. 1-29), nos previene aquí bondadosamente contra los lobos robadores, cuya peligrosidad estriba principalmente en que no se presentan como antirreligiosos, sino al contrario “con piel de oveja” [e incluso, con “olor a oveja”. Nota Syllabus], es decir “con apariencia de piedad” (II Tim. 3, 5) y disfrazados de servidores de Cristo (II Cor. 11, 12 ss.) [También de servidores de la Tradición. Nota Syllabus]. Cf. Luc. 6, 26; 20, 45; Jn. 5, 43; 7, 18; 21, 15; Hech. 20, 29; I Juan 2, 19; Rom. 15, 17 s., etc. Para ello nos habilita a fin de reconocerlos, pues sin ello no podríamos aprovechar de su advertencia. Cf. Juan 7, 17; 10, 4, 8 y 14. Comentario de Mons. Straubinger.
Los conoceréis por sus frutos”.

Evangelio según San Mateo. 7. 15-16.


“Surgirán numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error”.

Evangelio según San Mateo. 24, 11.


“Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán cosas estupendas y prodigios, hasta el punto de desviar, si fuera posible, aún a los elegidos”.
Los elegidos se librarán del engaño porque al justo se le dará por defensa un juicio seguro (Sab. 5, 19). Cf. II Tes. 2, 10 ss. y nota. Comentario de Mons. Straubinger.

Evangelio según San Mateo. 24, 24.


“Y os ruego, hermanos, que os rescatéis de aquellos, que causan entre vosotros disensiones y escándalos, contra la doctrina que vosotros habéis aprendido. Evitad su compañía. Pues los tales no sirven a Cristo Señor nuestro”.

Carta de San Pablo a los Romanos. 16. 17-18


“Pero aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo, os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea maldito. Os lo he dicho, y os lo repito: Cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea maldito.”
El Evangelio no debe ser acomodado al siglo so pretexto de adaptación. La verdad no es condescendiente sino intransigente. El mismo Señor nos previene contra los falsos Cristos (Mat. 24, 24), los lobos con piel de oveja (Mat. 15), etc., y también San Pablo contra los falsos apóstoles de Cristo (II Cor. 11, 13) y los falsos doctores con apariencia de piedad (II Tim. 3, 1-5). Es de admirar la libertad de espíritu que el Apóstol nos impone al decirnos que ni un ángel [ni tampoco un Papa, Cardenal, Obispo o Superior General. Nota Syllabus] debería movernos de la fe que él enseñó a cada uno con sus palabras inspiradas. Véase II Cor. 11, 14, 13, 5 y nota. Cfr. 2, 4 ss. Comentario de Mons. Straubinger.

Carta de San Pablo a los Gálatas 1, 9.


“Hablar impropiamente es el origen de las herejías. Por eso, con los herejes no debemos tener ni siquiera en común el lenguaje, para no favorecer sus errores”.

San Jerónimo


“Huid de los herejes, ellos son los sucesores del diablo que logró seducir a la primera mujer”.

San Ignacio de Antioquía


“¡Huid de todos los herejes!”.

San Irineo


“¡Huid del veneno de los herejes!”.

San Antonio del desierto


“¡No te sientes con los herejes!”.

San Efrén.


“He sabido que no sólo os entristece mi exilio, sino sobre todo el hecho de que los otros, es decir los arrianos, se han apoderado de los templos por la violencia y entre tanto vosotros habéis sido expulsados de esos lugares. Ellos, entonces, poseen los templos. Vosotros, en cambio, la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues qué cosa sea más importante, el templo o la Fe, y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe”.

San Atanasio


“El Apóstol ordena esta intransigencia a todas las generaciones: siempre habrá que anatemizar a aquéllos que tienen una doctrina contraria a la recibida”.

San Vicente de Lerins


“Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser censurados y sancionados con toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar por el lobo, cuando un lobo se desliza en medio del rebaño e incluso en cualquier lugar donde se encuentre”.

San Francisco de Sales


“Uno de los medios de conservar la fe, una de las primeras marcas de unidad, es la huida de los herejes”.

Dom Guéranger


“Suponiendo que Roma nos llamara, que quisiera recibirnos, volver a hablar, entonces soy yo quien pondría las condiciones. Ya no aceptaría encontrarme en la situación en que nos ha dejado los coloquios. Eso ya terminó. Yo colocaría la cuestión en el plano doctrinal. “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que les han precedido? (…) Si no aceptan la doctrina de sus predecesores, entonces es inútil hablar. Mientras no acepten una reforma del Concilio teniendo en cuenta la doctrina de estos Papas que les han precedido, no hay diálogo posible. Es inútil. Las posturas serían más claras”.

Monseñor Lefebvre. Fideliter n°66, nov-dic de 1988.


Visto en Syllabus 03-08-2013.