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jueves, 27 de junio de 2013

Declaración con ocasión al XXV° Aniversario de las consagraciones episcopales.


Con ocasión del XXV° Aniversario, Bodas de Plata, de las Consagraciones episcopales realizadas por Mons. Marcel Lefebvre el 20 de junio de 1988, tres de los cuatro obispos emitieron hoy una declaración al respecto.

Versiones en otros idiomas: italiano, francés, inglés.

[DICI - 27-06-2013]


DECLARACIÓN CON OCASIÓN DEL
XXVº ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES

(30 de junio de 1988 – 27 de junio de 2013)

1. Con ocasión del XXVº aniversario de las consagraciones, los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X expresan solemnemente su gratitud a Mons. Marcel Lefebvre y a Mons. Antonio de Castro Mayer por el acto heroico que realizaron el 30 de junio de 1988. En particular quieren manifestar su gratitud filial a su venerado fundador, quien, después de tantos años de servicio a la Iglesia y al Romano Pontífice, no dudó en sufrir la injusta acusación de desobediencia para salvaguardar la fe y el sacerdocio católicos.

2. En la carta que nos dirigió antes de las consagraciones, escribía: “Os conjuro a que permanezcáis unidos a la Sede de Pedro, a la Iglesia romana, Madre y Maestra de todas las Iglesias, en la fe católica íntegra, expresada en los Símbolos de la fe, en el catecismo del Concilio de Trento, conforme a lo que os ha sido enseñado en vuestro seminario. Permaneced fieles en la transmisión de esta fe para que venga a nosotros el Reino de Nuestro Señor.”Esta frase expresa la razón profunda del acto que habría de realizar: “para que venga a nosotros el Reino de Nuestro Señor”, adveniat regnum tuum!

3. Siguiendo a Mons. Lefebvre, afirmamos que la causa de los graves errores que están demoliendo la Iglesia no reside en una mala interpretación de los textos conciliares —una “hermenéutica de la ruptura” que se opondría a una“hermenéutica de la reforma en la continuidad”—, sino en los textos mismos, a causa de la inaudita línea escogida por el concilio Vaticano II. Esta línea se manifiesta en sus documentos y en su espíritu: frente al “humanismo laico y profano”, frente a la “religión (pues se trata de una religión) del hombre que se hace Dios”, la Iglesia, única poseedora de la Revelación “del Dios que se hizo hombre” quiso manifestar su “nuevo humanismo” diciendo al mundo moderno: “nosotros también, más que nadie, tenemos el culto del hombre” (Pablo VI, Discurso de clausura, 7 de diciembre de 1965). Mas esta coexistencia del culto de Dios y del culto del hombre se opone radicalmente a la fe católica, que nos enseña a dar el culto supremo y el primado exclusivo al solo Dios verdadero y a su único Hijo, Jesucristo, en quien“habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col. 2, 9).

4. Nos vemos obligados a comprobar que este Concilio atípico, que solo quiso ser pastoral y no dogmático, ha inaugurado un nuevo tipo de magisterio, desconocido hasta entonces en la Iglesia, sin raíces en la Tradición; un magisterio empeñado en conciliar la doctrina católica con las ideas liberales; un magisterio imbuido de los principios modernistas del subjetivismo, del inmanentismo y en perpetua evolución según el falso concepto de tradición viva, viciando la naturaleza, el contenido, la función y el ejercicio del magisterio eclesiástico.

5. A partir de ahí, el reino de Cristo deja de ser el empeño de las autoridades eclesiásticas, aunque estas palabras de Jesucristo: “todo poder me ha sido dado sobre la tierra y en el cielo” (Mt. 28, 18) siguen siendo una verdad y una realidad absolutas. Negarlas en los hechos significa dejar de reconocer en la práctica la divinidad de Nuestro Señor. Así, a causa del Concilio, la realeza de Cristo sobre las sociedades humanas es simplemente ignorada, o combatida, y la Iglesia es arrastrada por este espíritu liberal que se manifiesta especialmente en la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad y la nueva misa. 

6. La libertad religiosa expuesta por Dignitatis humanae, y su aplicación práctica desde hace cincuenta años, conducen lógicamente a pedir al Dios hecho hombre que renuncie a reinar sobre el hombre que se hace Dios, lo que equivale a disolver a Cristo. En lugar de una conducta inspirada por una fe sólida en el poder real de Nuestro Señor Jesucristo, vemos a la Iglesia vergonzosamente guiada por la prudencia humana, y dudando tanto de ella misma que ya no pide a los Estados sino lo que las logias masónicas han querido concederle: el derecho común, en el mismo rango y entre las otras religiones que ya no osa llamar falsas. 

7. En nombre de un ecumenismo omnipresente (Unitatis redintegratio) y de un vano diálogo interreligioso (Nostra Aetate), la verdad sobre la única Iglesia es silenciada; de igual modo, una gran parte de los pastores y de los fieles, no viendo más en Nuestro Señor y en la Iglesia católica la única vía de salvación, han renunciado a convertir a los adeptos de las falsas religiones, dejándolos en la ignorancia de la única Verdad. Este ecumenismo ha dado muerte, literalmente, al espíritu misionero con la búsqueda de una falsa unidad, reduciendo muy a menudo la misión de la Iglesia a la transmisión de un mensaje de paz puramente terreno y a un papel humanitario de alivio de la miseria en el mundo, poniéndose así a la zaga de las organizaciones internacionales.

8. El debilitamiento de la fe en la divinidad de Nuestro Señor favorece una disolución de la unidad de la autoridad en la Iglesia, introduciendo un espíritu colegial, igualitario y democrático (cf. Lumen Gentium). Cristo ya no es la cabeza de la cual todo proviene, en particular el ejercicio de la autoridad. El Romano Pontífice, que ya no ejerce de hecho la plenitud de su autoridad, así como los obispos, que —contrariamente a las enseñanzas del Vaticano I— creen poder compartir colegialmente de manera habitual la plenitud del poder supremo, se colocan en lo sucesivo, con los sacerdotes, a la escucha y en pos del “pueblo de Dios”, nuevo soberano. Es la destrucción de la autoridad y en consecuencia la ruina de las instituciones cristianas: familias, seminarios, institutos religiosos. 

9. La nueva misa, promulgada en 1969, debilita la afirmación del reino de Cristo por la Cruz (“regnavit a ligno Deus”).En efecto, su rito mismo atenúa y obscurece la naturaleza sacrificial y propiciatoria del sacrificio eucarístico. Subyace en este nuevo rito la nueva y falsa teología del misterio pascual. Ambos destruyen la espiritualidad católica fundada sobre el sacrificio de Nuestro Señor en el Calvario. Esta misa está penetrada de un espíritu ecuménico y protestante, democrático y humanista que ignora el sacrificio de la Cruz. Ilustra también la nueva concepción del “sacerdocio común de los bautizados” en detrimento del sacerdocio sacramental del presbítero.

10. Cincuenta años después del concilio, las causas permanecen y siguen produciendo los mismos efectos, de suerte que hoy aquellas consagraciones episcopales conservan toda su razón de ser. El amor por la Iglesia guió a Mons. Lefebvre y guía a sus hijos. El mismo deseo de “transmitir el sacerdocio católico en toda su pureza doctrinal y su caridad misionera” (Mons. Lefebvre, Itinerario espiritual) anima a la Fraternidad San Pío X en el servicio de la Iglesia, cuando pide con instancia a las autoridades romanas que reasuman el tesoro de la Tradición doctrinal, moral y litúrgica. 

11. Este amor por la Iglesia explica la regla que Mons. Lefebvre siempre observó: seguir a la Providencia en todo momento, sin jamás pretender anticiparla. Entendemos que así lo hacemos, sea que Roma regrese de modo rápido a la Tradición y a la fe de siempre —lo que restablecerá el orden en la Iglesia—, sea que se nos reconozca explícitamente el derecho de profesar de manera íntegra la fe y de rechazar los errores que le son contrarios, con el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a sus fautores, sean quienes fueren – lo que permitirá un comienzo de restablecimiento del orden. A la espera, y frente a esta crisis que continúa sus estragos en la Iglesia, perseveramos en la defensa de la Tradición católica y nuestra esperanza permanece íntegra, pues sabemos con fe cierta que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt. 16, 18).

12. Entendemos, así, seguir la exhortación de nuestro querido y venerado padre en el episcopado: “Queridos amigos, sed mi consuelo en Cristo, permaneced fuertes en la fe, fieles al verdadero sacrificio de la misa, al verdadero y santo sacerdocio de Nuestro Señor, para el triunfo y la gloria de Jesús en el cielo y en la tierra” (Carta a los obispos). Que la Santísima Trinidad, por intercesión del Inmaculado Corazón de María, nos conceda la gracia de la fidelidad al episcopado que hemos recibido y que queremos ejercer para honra de Dios, el triunfo de la Iglesia y la salvación de la almas. 

† Mons. Bernard Fellay
† Mons. Bernard Tissier de Mallerais
† Mons. Alfonso de Galarreta

Ecône, 27 de junio de 2013, en la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

viernes, 7 de junio de 2013

Mons. Bernard Fellay afirma que consagrarán más obispos si se presentan las mismas circunstancias que obligaron a Mons. Lefebvre a hacerlo.


El Blog de noticias Secretum Meum Mihi, 07-06-2013, traduce un fragmento de una entrevista realizada por Angelus Press a Mons. Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX. Aquí el fragmento:

[SMM – 07-06-2013]

Obispo Fellay afirma que consagrarán más obispos si se presentan las mismas circunstancias que obligaron a Mons. Lefebvre a hacerlo.


Angelus Press, órgano informativo perteneciente a la FSSPX/SSPX en Estados Unidos, publica una entrevista con el Superior General de la FSSPX/SSPX, Bernard Fellay, con ocasión del ya próximo 25° aniversario de las consagraciones episcopales realizadas por Mons. Marcel Lefebvre en Jun-30-1988, en explícita contraposición a los deseos del Pontífice. De dicha entrevista traducimos un aparte.

The Angelus: El arzobispo [Marcel Lefebvre] se había agotado a sí mismo en los años previos a las Consagraciones [episcopales] viajando por el mundo como el único obispo tradicional (con la excepción de Mons. de Castro Mayer, que limitaba su esfera de actividad sobre todo a su propia diócesis). Como resultado, optó por consagrar cuatro obispos en vez de simplemente uno. El número de fieles tradicionales ha crecido en los últimos 25 años, pero por desgracia el número de obispos en la Fraternidad hoy se ha reducido a tres. ¿Son tres obispos suficientes para llevar adelante la obra de la Tradición? ¿Es necesario consagrar más obispos ahora?

Obispo Fellay: Desde 2009, de hecho, sólo hemos estado trabajando con tres obispos. Obviamente, está funcionando. Por lo tanto, es claro que con tres todavía funciona. Así que no hay urgencia o extrema necesidad de consagrar otro obispo.
Ciertamente tenemos que hacernos la pregunta referente al futuro, incluso si en estos momentos no hay necesidad.
Mi respuesta es muy simple: si y cuando las circunstancias que llevaron al Arzobispo [Marcel Lefebvre] a tomar tal decisión se presentan de nuevo, vamos a tomar los mismos medios.

The Angelus: Aunque el Arzobispo Lefebvre siempre mantuvo el deseo de llegar a una relación pacífica con las autoridades Romanas, las consagraciones resultaron en una nueva fase de tratamiento hostil y la persecución de la Fraternidad por las autoridades Romanas. Usted ha tratado en la última década, al menos, de encontrar una solución de estas hostilidades y persecuciones de manera que de ninguna manera comprometa los principios de la misión de la Fraternidad. Hasta ahora, por lo menos, sus esfuerzos no han tenido éxito en una resolución. ¿Por qué Ud. cree, que a pesar de su buena voluntad, los esfuerzos no han tenido éxito hasta ahora?

Obispo Fellay: Primero que todo, me gustaría señalar que la iniciativa de normalización vino de Roma, no de nosotros. El primer paso no lo hice yo. Traté de ver si la situación era tal que pudiéramos seguir adelante manteniendo nuestra identidad. Obviamente, todavía no es ese el caso.

¿Por qué?

Las autoridades aún se apegan a los peligrosos y venenosos principios que se introdujeron en la Iglesia en el tiempo del Concilio. Esta es la razón por la que no podemos estar de acuerdo.

No tengo ni idea de cuánto tiempo necesitaremos, o cuántas tribulaciones tendremos que sufrir, hasta entonces. Tal vez diez años, tal vez más, tal vez menos. Está en manos de Dios.

The Angelus: ¿Permanece Usted abierto a recibir contactos de Roma y, en particular al nuevo Santo Padre?


Obispo Fellay: ¡Por supuesto, me mantengo abierto! Es la Iglesia de Dios. El Espíritu Santo todavía está por encima para moverse más allá de los obstáculos puestos en marcha después del Concilio Vaticano II en la Iglesia. Si Nuestro Señor quiere poner en orden las cosas, lo hará. Dios sabe cuándo sucederá, pero debemos estar siempre preparados para ello. Una solución completa y verdadera sólo puede venir cuando las autoridades trabajen de nuevo en esa dirección.

Comentario de Stat Veritas:

Queremos hacer una aclaración. Si bien la afirmación de Mons. Fellay sobre una posible consagración episcolpal en el caso de que la situación se presentara de la misma forma que en 1988, como se le dio al mismo Mons. Marcel Lefebvre, puede sonar algo dura para ciertos oídos, hacemos la distinción de que a continuación, en la misma entrevista, Mons. Fellay afirma que igual se mantiene “abierto” a una posible regularización con las autoridades romanas, situación a la cual “debemos estar siempre preparados para ello”.

El titular de nuestra noticia, tal como lo hace el Blog Secretum Meum Mihi, no es exacto y por eso nos vemos obligados a aclarar.

Además, según los últimos acontecimientos ocurridos en la Iglesia: el nombramiento como Prefecto para la “Congregación para la Doctrina de la Fe” de Mons. Gerard Ludwing Müller, la abdicación de Benedicto XVI y la designación del cardenal Jorge Bergolgio como Papa Francisco, son hechos que marcan notablemente la crisis por la que atraviesa la Iglesia. Inclusivemente, nos atrevemos a afirmar, que esta crisis ha ido empeorando desde 1988 (fecha de la Consagración de los cuatro obispos por Mons. Marcel Lefebvre) y que es mucho más profunda por los efectos que ha tenido, como el debilitamiento del mismo Pontificado, el profundo enquistamiento del ecumenismo y la libertad religiosa, y el continuado relativismo litúrgico.

Nuestra opinión al respecto, es que cualquier acercamiento a las actuales autoridades romanas, serían fatales para la FSSPX y su combate por la doctrina y la liturgia católicas.

lunes, 15 de abril de 2013

Luego de un largo período, Mons. Bernard Fellay emite su carta a los amigos y benefactores.



Luego de una larga espera, en medio de la crisis por la cual está atravesando la FSSPX, sale publicada en Dici, 15 de abril de 2013, la carta de Mons. Bernard Fellay, Superior de la misma, a los amigos y benefactores.

[DICI – 15-04-2013]

Carta a los amigos y benefactores (Abril de 2013)

Queridos amigos y benefactores,

Hace mucho tiempo que esta carta se hacía esperar, y es con alegría, en este tiempo pascual, que quisiéramos hacer un balance y exponer algunas reflexiones sobre la situación de la Iglesia.
Como ustedes saben, la Fraternidad se halló en una posición delicada durante gran parte del año 2012, a resultas del último movimiento hecho por Benedicto XVI que intentaba normalizar nuestra situación. Las dificultades provenían, por un lado, de las exigencias que acompañaban la proposición romana – a las que no pudimos y seguimos sin poder suscribir–, y por otro, de una falta de claridad de parte de la Santa Sede que no permitía conocer exactamente la voluntad del Santo Padre, ni qué estaba dispuesto a concedernos. El problema causado por esta incertidumbre se disipó desde el 13 de junio de 2012, con una confirmación neta el 30 del mismo mes, mediante una carta del propio Benedicto XVI que manifestaba claramente y sin ambigüedades las condiciones que se nos imponían para una normalización canónica.
Estas condiciones son de orden doctrinal. Recaen sobre la aceptación total del Concilio Vaticano II y la misa de Pablo VI. Por otra parte, como escribió Mons. Augustine Di Noia, vice-presidente de la Comisión Ecclesia Dei en una carta dirigida a los miembros de la Fraternidad San Pío X a fines del año pasado, en el plano doctrinal seguimos estando en el punto de partida, tal como estaba en los años 70’. Lamentablemente no podemos hacer más que suscribir a esta comprobación de las autoridades romanas y reconocer la actualidad del análisis de Mons. Lefebvre, fundador de nuestra Fraternidad, que no ha variado en las décadas que siguieron al Concilio hasta su muerte. Su percepción muy justa, a la vez teológica y práctica, sigue teniendo vigencia, cincuenta años después del inicio del Concilio.
Deseamos recordar este análisis que la Fraternidad San Pío X siempre hizo suyo y que sigue siendo el hilo conductor de su posición doctrinal y de su acción: reconociendo que la crisis que sacude la Iglesia también tiene causas exteriores, el Concilio mismo es el agente principal de su autodestrucción.
A fines del Concilio Mons. Lefebvre expuso al Cardenal Alfredo Ottatiani en carta del 20 de diciembre de 1966, los daños causados por el Concilio a toda la Iglesia. Yo ya la citaba en la Carta a los amigos y benefactores n° 68 del 29 de septiembre de 2005. Es conveniente releer hoy en día algunos pasajes:

“Mientras el Concilio se preparaba para proyectar un haz luminoso en el mundo de hoy si se hubiesen utilizado los esquemas preparados, en los que se encontraba una profesión solemne de doctrina segura frente a los problemas modernos, se puede y se debe desgraciadamente afirmar:
Que de una manera casi general, cuando el Concilio ha innovado, ha hecho tambalear la certeza de verdades enseñadas por el Magisterio auténtico de la Iglesia como pertenecientes definitivamente al tesoro de la Tradición.
“Ya se trate de la transmisión de la jurisdicción de los obispos, de las dos fuentes de la Revelación, la inspiración de la Escritura, de la necesidad de la gracia para la justificación, de la necesidad del bautismo católico, de la vida de la gracia en los herejes, cismáticos y paganos, de los fines del matrimonio, de la libertad religiosa, de los novísimos, etc. Sobre estos puntos fundamentales la doctrina tradicional era clara y enseñada unánimemente en las universidades católicas. Ahora bien, numerosos textos del Concilio acerca de estas verdades permiten que ahora se dude.
“Las consecuencias han sido rápidamente extraídas y aplicadas en la vida de la Iglesia:
“- Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia y de los sacramentos implican la desaparición de las vocaciones sacerdotales.
“- Las dudas sobre la necesidad y la naturaleza de la ‘conversión’ de toda alma implican la desaparición de las vocaciones religiosas, la ruina de la espiritualidad tradicional en los noviciados y la inutilidad de las misiones.
“- Las dudas sobre la legitimidad de la autoridad y la exigencia de la obediencia provocadas por la exaltación de la dignidad humana, de la autonomía de la conciencia y de la libertad, conmueven todas las sociedades, comenzando por la Iglesia, las congregaciones religiosas, las diócesis, la sociedad civil y la familia.
“- El orgullo tiene por consecuencia natural todas las concupiscencias de los ojos y de la carne. Quizá una de las comprobaciones más horribles de nuestra época es ver a qué degradación moral llegó la mayor parte de las publicaciones católicas. Se habla sin ningún pudor de la sexualidad, de la limitación de los nacimientos por todos los medios, de la legitimidad del divorcio, de la educación mixta, del coqueteo, de los bailes, como medios necesarios para la educación cristiana, del celibato sacerdotal, etc.
“- Las dudas sobre la necesidad de la gracia para ser salvados provocan la desestima del bautismo, ahora relegado para más tarde, y el abandono del sacramento de la penitencia. Además, se trata sobre todo de una actitud de los sacerdotes, no de los fieles. Lo mismo sucede con la presencia real: son los sacerdotes los que actúan como si ya no creyesen, escondiendo el Santísimo Sacramento, suprimiendo todas las muestras de respeto hacia el Santísimo y todas las ceremonias en su honor.
“- Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia como única arca de salvación, sobre la Iglesia católica como la única verdadera religión, provenientes de las declaraciones sobre el ecumenismo y la libertad religiosa, destruyen la autoridad del Magisterio de la Iglesia. En efecto, Roma ya no es la Maestra de Verdad única y necesaria.
“En consecuencia, impulsado por los hechos, hay que concluir que el Concilio ha favorecido de una manera inconcebible la difusión de los errores liberales. La fe, la moral y la disciplina cristiana son conmovidas en sus fundamentos, tal como lo predijeron todos los Papas.
“La destrucción de la Iglesia avanza a paso rápido. Gracias a una autoridad exagerada concedida a las conferencias episcopales el Sumo Pontífice se ató de pies y manos. ¡Cuántos ejemplos dolorosos en un sólo año! Sin embargo, el Sucesor de Pedro y sólo el Sucesor de Pedro puede salvar la Iglesia.
“Que el Santo Padre se rodee de vigorosos defensores de la fe, que los nombre en las diócesis importantes. Quiera a través de documentos importantes proclamar la fe, perseguir el error, sin temer las contradicciones, sin temer los cismas, sin temer desafiar las disposiciones pastorales del Concilio.
“Quiera el Santo Padre alentar a los obispos a recuperar la fe y la moral individualmente, cada uno en sus diócesis respectivas, como conviene a todo buen pastor; sostener a los obispos valientes, incitarlos a reformar sus seminarios, a restaurar los estudios según Santo Tomás; alentar a los superiores generales a mantener en los noviciados y en las comunidades los principios fundamentales de toda la ascesis cristiana, sobre todo la obediencia; alentar el desarrollo de las escuelas católicas, la prensa de buena doctrina, las asociaciones de familias cristianas; en fin, reprender a los fautores de errores y reducirlos a silencio. Las alocuciones de los miércoles no pueden remplazar las encíclicas, las directivas y las cartas a los obispos.
“¡Sin duda soy muy temerario expresándome de esta manera! Sin embargo, compongo estas líneas movido por un amor ardiente, amor por la gloria de Dios, amor por Jesucristo, amor por María, por su Iglesia, por el Sucesor de Pedro, obispo de Roma, Vicario de Jesucristo”.

El 21 de noviembre de 1974, tras la visita apostólica hecha al seminario de Ecône, Mons. Lefebvre juzgó necesario resumir su posición en la célebre declaración que tendrá como consecuencia, algunos meses más tarde, la injusta supresión canónica de la Fraternidad San Pío X, que nuestro fundador y sus sucesores siempre consideraron nula. Este texto capital se abría con esta profesión de fe, que es la de todos los miembros de la Fraternidad:

“Adherimos de todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para mantener esta fe; a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
“Rechazamos en cambio, y hemos siempre rechazado, seguir la Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II, y después del Concilio, en todas las reformas que salieron de él.
“Todas estas reformas, en efecto, han contribuido y contribuyen aún a la demolición de la Iglesia, a la ruina del sacerdocio, a la aniquilación del Sacrificio y de los sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, en los seminarios, en la catequesis; enseñanza salida del liberalismo y del protestantismo condenados repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia”.

Y esta declaración concluía con las siguientes líneas:

“La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico de la aceptación de la reforma.
“Por eso, sin ninguna rebelión, sin ninguna amargura, sin ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la égida del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos hacer un servicio más grande a la Santa Iglesia católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras”.

En 1983, recordando el sentido del combate por la Tradición, Mons. Lefebvre dirigía un manifiesto episcopal a Juan Pablo II, firmado junto a Mons. Antonio de Castro Mayer, en el que denunciaba una vez más, la devastación causada por las reformas postconciliares y el espíritu nefasto que se difundió por todas partes. Subrayaba en particular los puntos siguientes en relación al falso ecumenismo, la colegialidad, la libertad religiosa, el poder del papa y la nueva misa:

El falso ecumenismo:

“Este ecumenismo también es contrario a las enseñanzas de Pío XI en la encíclica Mortalium animos:sobre este particular es oportuno exponer y rechazar cierta opinión falsa, que está en la raíz de este problema y de este movimiento complejo por medio del cual los no-católicos se esfuerzan por realizar la unión de las iglesias cristianas. Los que adhieren a esta opinión citan constantemente las palabras de Cristo: “Que sean uno… y que no exista más que un sólo rebaño y un sólo pastor” (Jn. 17,21 y 10,16) y pretenden que a través de estas palabras Cristo manifiesta un deseo o una plegaria que nunca fue realidad. Pretenden de hecho que la unidad de la fe y de gobierno, que es una de las notas de la verdadera Iglesia de Cristo, prácticamente hasta hoy en día nunca ha existido y actualmente no existe.
“Este ecumenismo, condenado por la moral y el derecho católicos, llega a permitir la recepción de los sacramentos  de la penitencia, de la eucaristía y de la extremaunción de manos de ‘ministros no-católicos’ (Canon 844 N. C.) y favorece la ‘hospitalidad ecuménica’ autorizando a los ministros católicos a dar el sacramento de la eucaristía a los no-católicos”.

La colegialidad:

“La doctrina ya sugerida por el documento Lumen gentium del Concilio Vaticano II será retomada explícitamente por el nuevo Derecho Canónico (Can. 336); doctrina según la cual el colegio de los obispos junto al Papa goza igualmente del poder supremo en la Iglesia y ello de una manera habitual y constante.
“Esta doctrina del doble poder supremo es contraria a la enseñanza y a la práctica del magisterio de la Iglesia, especialmente del Concilio Vaticano I (DZ. 3055), y de la encíclica de León XIII Satis cognitum. Sólo el Papa goza del poder supremo, que él comunica en la medida que juzga oportuno y en circunstancias extraordinarias.
“A este grave error está ligada la orientación democrática de la Iglesia; los poderes residen en el ‘pueblo de Dios’, tal como es definido en el nuevo Derecho. Este error jansenista ha sido condenado por la BulaAuctorem fidei de Pío VI (DZ. 2602)”.

La libertad religiosa:

“La declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II afirma la existencia de un falso derecho natural del hombre en materia religiosa, contrariamente a las enseñanzas pontificias, que niegan formalmente semejante blasfemia.
“Así, Pío IX en la encíclica Quanta cura y en el Syllabus, León XIII en sus encíclicas Libertas praestantissimum Immortale Dei, Pío XII en su alocución Ci Riesce a los juristas católicos italianos, niegan que la razón y la revelación funden semejante derecho.
“El Vaticano II cree y profesa, de una manera universal, que ‘la verdad no puede imponerse más que por la fuerza propia de la verdad’, lo cual se opone formalmente a las enseñanzas de Pío VI contra los jansenistas del conciliábulo de Pistoya (DZ. 2604). El Concilio llega al absurdo de afirmar el derecho a no adherir y a no seguir la verdad, a obligar a los gobiernos civiles a ya no hacer discriminaciones por motivos religiosos, estableciendo la igualdad jurídica entre las falsas y la verdadera religión (…).
“Las consecuencias del reconocimiento del Concilio de este falso derecho del hombre destruye los fundamentos del reino social de nuestro Señor, conmueve la autoridad y el poder de la Iglesia en su misión de hacer reinar nuestro Señor en los espíritus y en los corazones, llevando adelante el combate con las fuerzas satánicas que subyugan las almas. Es espíritu misionero será acusado de proselitismo exagerado.
“La neutralidad de los Estados en materia religiosa es injuriosa para nuestro Señor y su Iglesia, cuando se trata de Estados con mayoría católica”.

El  poder del Papa:

“Por cierto, el poder del Papa en la Iglesia es un poder supremo, pero no puede ser absoluto y sin límites, dado que está subordinado al poder divino, que se expresa en la Tradición, en la Sagrada Escritura y en las definiciones ya promulgadas por el magisterio eclesiástico (DZ. 3116).
“El poder del Papa está subordinado y limitado por el fin para el cual su poder le ha sido dado. Este fin ha sido claramente definido por el Papa Pío IX en la Constitución Pastor aeternus del Concilio Vaticano I (DZ. 3070). Sería un abuso de poder intolerable modificar la constitución de la Iglesia y pretender invocar el derecho humano contra el derecho divino, como en la libertad religiosa, como en la hospitalidad eucarística autorizada por el nuevo Derecho, como en la afirmación de los dos poderes supremos en la Iglesia.
“Está claro que en estos casos y otros semejantes, es un deber de todo clérigo y fiel católico resistir y rehusar la obediencia. La obediencia ciega es un contrasentido y nadie está exento de responsabilidad por haber obedecido a los hombres más que a Dios (DZ. 3115); y esta resistencia debe ser pública si el mal es público y es un objeto de escándalo para las almas (Suma teológica, II, II, 33, 4).
“Estos son principios elementales de moral, que regulan las relaciones de los sujetos con todas las autoridades legítimas.
“Esta resistencia encuentra además una confirmación en el hecho que actualmente son castigados los que se aferran firmemente a la Tradición y a la fe católica, y que aquellos que profesan doctrinas heterodoxas o realizan verdaderos sacrilegios en modo alguno son inquietados. Esa es la lógica del abuso de poder”.

La nueva misa:

“Contrariamente a las enseñanzas del Concilio de Trento, en su sesión XXIIª, contrariamente a la encíclicaMediator Dei de Pío XII, se ha exagerado el lugar de los fieles en la participación en la misa y se ha disminuido el lugar del sacerdote, convertido en simple presidente. Se ha exagerado el lugar de la liturgia de la palabra y se ha disminuido el lugar del sacrificio propiciatorio. Se ha exaltado la comida comunitaria y se ha laicizado, a expensas del respeto y de la fe en la presencia real por la transustanciación”.
“Suprimiendo la lengua sagrada, se han pluralizado al infinito los ritos, profanándolos con aportes mundanos o paganos, y se han difundido falsas traducciones a expensas de la verdadera fe y de la verdadera piedad de los fieles”.

En 1986, a propósito del encuentro interreligioso de Asís, que constituía un escándalo inaudito en la Iglesia católica, y sobre todo una violación del primero de todos los mandamientos – “tu adorarás un único Dios” –, durante el cual se vio al Vicario de Cristo invitar a los representantes de todas las religiones a que invocasen a sus falsos dioses, Mons. Lefebvre protestó vehementemente. Dirá incluso haber visto en este acontecimiento insoportable para todo corazón católico uno de los signos que había pedido al Cielo antes de poder proceder a las consagraciones episcopales.
En la Carta a los Amigos y Benefactores n° 40 del 2 de febrero de 1991, el Padre Franz Schmidberger, segundo Superior general de la Fraternidad San Pío X, retomó el conjunto de la cuestión y recordó la posición católica en un pequeño compendio de los errores contemporáneos opuestos a la fe. Y nosotros hemos pedido a algunos sacerdotes resumir en una especie de vademécum el conjunto de estos puntos en diversos escritos después publicados, uno de los cuales es el notable Catecismo de la crisis de la Iglesia del Padre Matthias Gaudron.
Actualmente, siguiendo la misma línea, no podemos hacer más que repetir lo que afirmaron Mons. Lefebvre y el P. Schmidberger en pos de él. Todos los errores que ellos denunciaron, nosotros los denunciamos. Nosotros suplicamos al Cielo y a las autoridades de la Iglesia, en particular al nuevo Sumo Pontífice, el Papa Francisco, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro, que no dejen que las almas se pierdan por no recibir más la sana doctrina, el depósito revelado, la fe, sin la cual nadie puede salvarse y agradar a Dios.
¿De qué sirve dedicarse a los hombres si se les oculta lo esencial, el fin y el sentido de sus vidas, y la gravedad del pecado que los aleja de aquello? La caridad por los pobres, los más desfavorecidos, los relegados, los enfermos, siempre ha sido una verdadera preocupación de la Iglesia y no hay que prescindir de ello; pero si esto se reduce a la pura filantropía y al antropocentrismo, entonces la Iglesia ya no cumple su misión, no conduce las almas a Dios, lo cual no puede hacerse realmente más que a través de medios sobrenaturales, la fe, la esperanza, la caridad, la gracia; y por tanto, denunciando todo lo que se le opone: los errores contra la fe y contra la moral. Porque si ante la ausencia de esta denuncia los hombres pecan, se condenan para toda la eternidad. La razón de ser de la Iglesia es salvarlos y hacerles evitar la desgracia de su eterna condena.
Evidentemente, esto no será del agrado del mundo, que entonces se volverá contra la Iglesia, frecuentemente con violencia, como nos lo muestra la historia.
Estamos, pues, en Pascua de 2013 y la situación de la Iglesia está prácticamente sin cambios. Las palabras de Mons. Lefebvre tienen un acento profético. Todo se ha verificado y todo continúa para gran desgracia de las almas que ya no escuchan de sus pastores el mensaje de salvación.
Sin dejarnos abrumar, ya sea por la duración de esta crisis terrible o bien por la cantidad de prelados y de obispos que prosiguen la autodestrucción de la Iglesia, como lo reconocía Pablo VI, nosotros continuamos proclamando, en la medida de nuestros medios, que la Iglesia no puede cambiar sus dogmas ni su moral. Porque sus venerables instituciones no se tocan sin provocar un verdadero desastre. Si ciertas modificaciones accidentales que recaen sobre la forma exterior deben ser hechas – como se produce en todas las instituciones humanas – ellas no pueden ser hechas en ningún caso en oposición a los principios que han guiado a la Iglesia en todos los siglos precedentes.
La consagración a San José, decidida por el Capítulo general de julio de 2012, sucede justo en este momento decisivo. ¿Por qué San José? Porque es el Patrono de la Iglesia católica. Él continúa teniendo para con el Cuerpo místico el papel que Dios Padre le había confiado respecto a su Hijo divino. Siendo Cristo el jefe de la Iglesia, cabeza del Cuerpo místico, de allí se sigue que aquel que tenía el cargo de proteger al Mesías, al Hijo de Dios hecho hombre, vea extenderse su misión a todo el Cuerpo místico.
Así como su papel fue muy discreto y en gran parte oculto – pero al mismo tiempo perfectamente eficaz–, así también este rol protector –igualmente eficaz para con la Iglesia– se realiza hoy en día en una gran discreción. Sólo con el paso de los siglos se fue manifestando más y más clara la devoción a San José. Uno de los santos más grandes, uno de los más discretos. Siguiendo a Pío IX, que lo declaró Patrono de toda la Iglesia, sobre los pasos de León XIII, que confirmó este papel y que inauguró la magnífica Oración a San José, Patrono de la Iglesia universal – que nosotros rezamos todos los días en la Fraternidad –, siguiendo a San Pío X, que profesaba una devoción especial por San José, cuyo nombre llevaba, queremos hacer nuestras, en este momento dramático de la historia de la Iglesia, esta devoción y este patronazgo.
Queridos amigos y benefactores de la Fraternidad San Pío X: los bendigo de todo corazón, expresándoles mi gratitud por vuestras oraciones y vuestra generosidad en favor de la obra de restauración de la Iglesia iniciada por Mons. Lefebvre. Más aún, pido a San José que les obtenga las gracias divinas que vuestras familias necesitan para permanecer fieles a la Tradición católica.

+ Bernard Fellay

jueves, 14 de marzo de 2013

Comunicado de la Casa General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con ocasión de la elección del Papa Francisco.



Ante el anuncio de la elección del Papa Francisco, la Fraternidad San Pío X ruega a Dios que conceda abundantemente al nuevo Soberano Pontífice las gracias necesarias para el ejercicio de su pesado cargo.

Que sostenido por la divina Providencia, el nuevo Papa pueda “confirmar a sus hermanos en la fe”[1], con la autoridad con que San Pío X proclamaba al comienzo de su pontificado: “Nos nada queremos ser, y con la gracia de Dios nada seremos ante la humanidad, sino ministro de Dios, de cuya autoridad somos instrumentos. Los intereses de Dios son Nuestros intereses; a ellos hemos decidido consagrar Nuestras fuerzas y Nuestra vida misma.”[2]

San Francisco de Asís, cuyo nombre lleva el nuevo Pontífice, escuchó al divino Crucificado decirle: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia”. Es con este espíritu que los obispos, sacerdotes, hermanos y religiosas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X aseguran al Santo Padre su deseo filial de “instaurarlo todo en Cristo, para que todo y en todos sea Cristo”[3], según sus medios, por amor de la santa Iglesia católica romana.

Menzingen, 13 de marzo de 2013

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[1] Luc. 22,32
[2] San Pío X, Encíclica E supremi apostolatus (4 de octubre de 1903)
[3] Efes. 1,10 y Col. 3,11

Fuente DICI.

jueves, 21 de febrero de 2013

Comunicado sobre el rumor de una posible fecha límite para la FSSPX.


Vaticano: Acerca de rumores difundidos en la prensa

21-02-2013  

Este jueves 21 de febrero de 2013, durante una conferencia de prensa, el P. Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, declaró, en referencia a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que la fecha límite del 22 de febrero (para una respuesta de Mons. Bernard Fellay a la Congregación para la Doctrina de la Fe – nota de la redacción), adelantada por la prensa, es tan solo pura hipótesis, ya que Benedicto XVI ha decidido dejar el asunto a su sucesor. Es inútil, pues, esperar una solución de la situación antes del fin de este pontificado.

(Fuente: VIS – DICI del 21/02/13)

Vatican: A propos de rumeurs diffusées dans la presse

21-02-2013  

Ce jeudi 21 février 2013, au cours d’un point de presse, le P. Federico Lombardi, directeur de la Salle de presse du Saint-Siège, a déclaré au sujet de la Fraternité Saint-Pie X que la date butoir du 22 février (pour une réponse de Mgr Bernard Fellay à la Congrégation pour la doctrine de la foi, NDLR),  avancée par la presse, n’est que pure hypothèse, Benoît XVI ayant décidé de remettre la question à son successeur. Il est donc inutile d’attendre un règlement de la situation avant la fin de ce pontificat.

(Source: VIS – DICI du 21/02/13)

Los rumores eran estos:


El 22 de febrero sería erigida la Prelatura San Pío X

Enviado por Moderador el Mar, 02/19/2013 - 11:37.

Lo afirma el P. Claude Barthe, hombre proveniente del tradicionalismo y cercano al Papa Ratzinger

-Qué va a ser de las discusiones y el futuro de la Fraternidad San Pío X?
Por increíble que pueda parecer, en un futuro próximo, nada ha cambiado. Me explico. Todo el mundo sabe ahora que la Comisión Ecclesia Dei ha enviado una carta al obispo Fellay, el 8 de enero y espera una respuesta de él el 22 de febrero, el día de la fiesta de la Cátedra de San Pedro. En este día, 22 de febrero, se puede fechar la erección de la Prelatura de San Pío X. Este sería el verdadero fin del pontificado de Benedicto XVI: la rehabilitación de Monseñor. Lefebvre. ¿Puede usted imaginar el rugido del trueno y también, de manera indirecta, un peso en la orientación de los acontecimientos de marzo.

-Che ne sarà delle discussioni e del futuro della FSSPX?
-Per incredibile che possa sembrare, nell'immediato futuro, nulla è cambiato. Mi spiego meglio.
Tutti sanno ormai che la Commissione Ecclesia Dei ha inviato una lettera al vescovo Fellay l’8 gennaio e che si aspetta una risposta da lui il 22 febbraio, il giorno della festa della cattedra di San Pietro. In questo giorno, 22 febbraio, potrebbe essere datata l'erezione della prelatura San Pio X. Questo rappresenterebbe la vera conclusione del pontificato di Benedetto XVI: la riabilitazione di mons. Lefebvre. Potete immaginare che rombo di tuono e anche, indirettamente, quale peso nell’orientamento degli eventi di marzo.

Entrevista al P. Claude Barthe de la revista Presentreproducida por Messa in Latino

martes, 12 de febrero de 2013

Comunicado oficial de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. (Traducción oficial)


La Fraternidad San Pío X se enteró de la repentina noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI, que se hará efectiva la noche del 28 de febrero de 2013. Pese a las divergencias doctrinales manifestadas nuevamente con ocasión de las discusiones teológicas mantenidas entre los años 2009 y 2011, la Fraternidad San Pío X no olvida que el Santo Padre tuvo el valor de recordar que la misa tradicional nunca había sido abrogada y de suprimir los efectos de las sanciones canónicas aplicadas a sus obispos después de las consagraciones de 1988. Ella no ignora la oposición que estas decisiones suscitaron, obligando al Papa a justificarse ante los obispos del mundo entero. Le expresa su gratitud por la fortaleza y la constancia que manifestó a su respecto en medio de circunstancias tan difíciles y le asegura sus oraciones por el tiempo que él desea a partir de ahora dedicar al recogimiento. 
Siguiendo a su fundador, Mons. Marcel Lefebvre, la Fraternidad San Pío X reafirma su apego a la Roma eterna, Madre y Maestra de Verdad, y a la Sede de Pedro. Reafirma su deseo de aportar su contribución, en la medida de sus medios, para resolver la grave crisis que sacude a la Iglesia. Eleva sus oraciones para que bajo la inspiración del Espíritu Santo los cardenales del próximo cónclave elijan al Papa que, según la voluntad de Dios, lleve a cabo la restauración de todas las cosas en Cristo (Ef. 1, 10).



Menzingen, 11 de febrero de 2013.
En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes.

domingo, 22 de julio de 2012

Declaración del Capítulo General de la FSSPX.



Al término del Capítulo  General de la   Fraternidad Sacerdotal San Pío X, reunidos en torno a la  tumba de su venerado fundador, Mons. Marcel Lefebvre, y unidos a su Superior  General, nosotros los participantes, obispos, superiores y miembros más  antiguos de la Fraternidad,  queremos hacer llegar al cielo nuestras más vivas acciones de gracias por los  cuarenta y dos años de tan maravillosa protección divina sobre nuestra obra, en medio de una Iglesia en total crisis y de un mundo que se aleja cada día más de  Dios y de su ley.

Expresamos nuestra profunda gratitud a todos los miembros de la Fraternidad,  sacerdotes, hermanos, hermanas, terciarios, a las comunidades religiosas  amigas, así como a los queridos fieles por su dedicación diaria y por sus  fervientes oraciones con motivo de este Capítulo, que conoció intercambios  francos y un trabajo fructífero. Todos los sacrificios, todas las penas  aceptadas generosamente contribuyeron sin duda a superar las dificultades que la Fraternidad ha  enfrentado últimamente. Hemos vuelto a encontrar nuestra unión profunda en su  misión esencial: mantener y defender la fe católica, formar buenos sacerdotes y  trabajar en la restauración de la Cristiandad. Hemos definido y aprobado las  condiciones necesarias para una eventual normalización canónica. Se estableció  que en este caso, un Capítulo extraordinario deliberativo sería convocado de  antemano. Pero nunca hay que olvidar que la santificación de las almas siempre  comienza por nosotros mismos. Es la obra de una fe animada y operante por medio  de la caridad, según las palabras de San Pablo: “Porque  no tenemos ningún poder contra la verdad, la tenemos solamente por la verdad” (2 Cor. 13:8) y además: “Cristo  amó a la Iglesia  y se entregó a sí mismo a ella… para que sea santa e inmaculada.” (Ef. 5:25 s)
El Capítulo considera que el primer deber de la Fraternidad en el  servicio que tiene la intención de prestar a la Iglesia es continuar  profesando, con la ayuda de Dios, la fe católica en toda su pureza e  integridad, con una determinación proporcionada a los ataques que esta misma fe  no deja de sufrir hoy.
Por lo tanto, nos parece oportuno reafirmar  nuestra fe en la   Iglesia Católica Romana, única Iglesia fundada por Nuestro  Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación, ni posibilidad de  encontrar los medios que conducen a ésta; en su constitución monárquica,  querida por Nuestro Señor, que hace que el poder supremo de gobierno sobre toda  la Iglesia  recaiga sólo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra; en la realeza  universal de Nuestro Señor Jesucristo, creador del orden natural y  sobrenatural, al cual todo hombre y toda sociedad debe someterse.
Sobre todas las innovaciones del Concilio  Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él  han salido, la Fraternidad  sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio  constante de la Iglesia;  ella encuentra su guía en este Magisterio ininterrumpido que, por su acto de  enseñanza, transmite el depósito revelado en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia toda ha creído  siempre y en todo lugar.
Asimismo, la Fraternidad encuentra  su guía en la Tradición  constante de la Iglesia  que transmite y transmitirá hasta el final de los tiempos el conjunto de las  enseñanzas necesarias para mantener la fe y para la salvación, esperando que un  debate franco y serio sea posible, teniendo como finalidad el retorno de las  autoridades eclesiásticas a la   Tradición.
Nos unimos a los otros católicos perseguidos  en los distintos países del mundo que sufren por la fe católica, y muy a menudo  hasta el martirio. Su sangre derramada en unión con la Víctima de nuestros  altares es la garantía de la renovación de la Iglesia in  capite et membris [En  la cabeza y en sus miembros], de acuerdo con el viejo adagio “sanguis martyrum  semen christianorum” [La sangre de los mártires es semilla de cristianos].
Finalmente  nos dirigimos a la Virgen   María, tan celosa de los privilegios de su Divino Hijo,  celosa de su gloria, de su Reino en la tierra como en el Cielo. ¡Cuántas veces  ella ha intervenido en la defensa, incluso armada, de la Cristiandad contra los  enemigos del reino de nuestro Señor! Le suplicamos que intervenga hoy para  expulsar a los enemigos internos que tratan de destruir la Iglesia más radicalmente  que los enemigos externos. Que ella se digne mantener en la integridad de la  fe, en el amor de la Iglesia,  en la devoción al Sucesor de Pedro, a todos los miembros de la Fraternidad San  Pío X y a todos los sacerdotes y fieles que trabajan con los mismos  sentimientos, para que ella nos proteja y nos preserve tanto del cisma como de  la herejía.
Que San Miguel Arcángel nos comunique su  celo por la gloria de Dios y su fuerza para combatir al demonio.
Que San Pío X nos haga partícipes de su  sabiduría, de su ciencia y de su santidad para discernir la verdad del error y  el bien del mal, en estos tiempos de confusión y de mentiras.” (Mons. Marcel  Lefebvre, Albano, 19 de octubre de 1983).

Ecône, 14 de julio 2012

Fuente: Dici