sábado, 17 de marzo de 2012

¿Qué es el Modernismo?


El Papa San Pío X, gran defensor de la fe, frente al error del modernismo.

 Muchos nos preguntamos ¿por qué existen hoy día tantos errores dentro de la Iglesia? Existen “católicos” que apoyan el aborto y las uniones homosexuales, entre otros errores y horrores morales; existen quiénes convierten la misa en una reunión social, una cena conmemorativa, y entre otros excesos que tocan lo sacrílego, caen en transformar la misa en un recital de rock, ente otras aberraciones; existen quienes han reformado los mismos rituales, quitando subrepticiamente todo el sentido de lo sobrenatural y de lo sacro. Errores todos estos, provenientes y derivados de la actitud y fe modernistas y liberales. Lo que hoy llamaríamos “catolicismo liberal” o simplemente “progresismo religioso”, con sus diferentes matices pero que en esencia son impulsados por la filosofía del modernismo.
En muy resumidas palabras, el modernismo es aquel error filosófico que intenta transformar a la Iglesia (y a todas sus creencias) en algo subjetivo desligándola a esta misma de toda trascendencia. Transformándola así, en algo acomodado en esencia al mundo moderno. ¿Y quiénes intentan trasformar la Fe? Es el error hoy día muy propagado y condenado por los Papas llamado modernismo.
Publicamos un pequeño y consistente resumen realizado por el sacerdote dominico Jean-Dominique, de lo que ha creído siempre la Iglesia y de lo que creé el modernismo de la Iglesia, como para ilustrar a las almas que no han sido informadas de este grave error.


¿Qué es el Modernismo?

Los juicios del magisterio de la Iglesia contra el modernismo son de una vehemencia impresionante.
La doctrina es calificada como:

-  “veneno de error”,
-  “monstruosidad”,
-  “plaga terrible”,
-  “perversión de espíritu”,
-  “alimento envenenado”,
-  “descalabro universal de errores”,
-  “resumidero de todas las herejías”, que “conduce al panteísmo” y a “la destrucción de la religión”.

El juicio no es menos severo respecto a las personas: “Tenemos que luchar contra hábiles enemigos”, afirma el Papa San Pío X, “contra un género muy pernicioso de hombres, los modernistas”, que “traman la ruina de la Iglesia”. Estos adversarios están embargados de una “sed de novedades”, poseen “una habilidad nueva y con frecuencia pérfida”, son “enemigos que se ocultan en el seno y en el corazón mismo de la Iglesia”; son “los peores enemigos de la Iglesia”, de un “alma pervertida contra la autoridad”, imbuidos de “desprecio para con el magisterio de la Iglesia”, el cual socavan hasta sus fundamentos “afectando aires de sumisión” y “disimu­lando bajo apariencia exterior de acatamiento una au­dacia ilimitada”. Así, los modernistas son tanto más de temer cuanto que “su insidiosa táctica consiste en no presentar jamás sus doctrinas metódicamente y en con­junto”.
¿Qué es el modernismo, que amerita tamaña conde­nación?

Primera aproximación.

El término “modernista” nos provee ya una indica­ción sobre la naturaleza misma de esta herejía. En efec­to, “moderno” significa aquello que pertenece o convie­ne al tiempo presente o a una época relativamente re­ciente. En consecuencia, el modernismo consiste en la tendencia a conciliar la exégesis cristiana con los presu­puestos de la crítica histórica y la filosofía moderna.
Esta definición —es verdad— es insuficiente, pero pone en evidencia el carácter general del modernismo. Antes que nada, el modernismo —como indica su nom­bre— quiere ser moderno, quiere adaptarse al gusto del día; no quiere quedar al margen de la sociedad. La Igle­sia —dice— debe adaptarse a las costumbres y a la ma­nera de pensar de la época, las cuales nacieron de una fi­losofía racionalista y subjetivista. El modernista “amal­gama en sí el racionalista y el católico” dirá San Pío X. “Imbuidos de filosofía moderna, se dedican a conciliar ésta con la fe y a emplearla, según dicen, en provecho de la fe”. Por decirlo de alguna manera, el modernista que­rrá hacer un maridaje entre la fe tradicional y las nove­dades salidas del Protestantismo y de la Revolución, dándole así renovada fecundidad.
El modernista quiere que esta unión sea total. Lejos de subordinar el pensamiento humano a las exigencias de la fe, pide a la Iglesia que tome la filosofía contem­poránea tal como ella es. El dato revelado en conjunto debe ser vuelto a pensar y renovado a la luz de las nove­dades. Es probable que se conserve el lenguaje tradicio­nal, pero se le dará un sentido nuevo. “Juzgan que es absolutamente necesario que la teología sustituya las antiguas nociones por nuevas, a resultas de las diversas filosofías de las que, según los tiempos, aquella se sirve como instrumentos”.
El modernismo, en consecuencia, aparece a primera vista como una pretensión de poner al día a la Iglesia, en el sentido de una adopción sincera de los datos de la fi­losofía reinante. De allí que sea más bien un estado de espíritu, con frecuencia difícil de precisar, una especie de transfusión de sangre al cuerpo de la Iglesia que de­be conducir a un cambio radical y permanente.

los principios del modernismo.

¿En qué consiste esta nueva filosofía, que ejerce tan­ta fascinación al modernista? Con mucho criterio, el Pa­pa San Pío X la resumió en dos términos: agnosticismo e inmanencia vital. ¿De qué se trata con esto?
La palabra “agnosticismo” está formada por el pri­vativo “a” y la raíz “gnosis” o conocimiento. En sen­tido amplio, agnóstico es aquel que niega que la inteli­gencia humana tiene la facultad natural de conocer la realidad tal como es. El hombre debería contentarse con la percepción de los fenómenos, la apariencia de las co­sas y hacerse una imagen. No puede pretender conocer la naturaleza y las leyes metafísicas de lo real. Más pre­cisamente y como consecuencia, el agnosticismo enseña que el hombre no puede conocer la existencia de Dios por medio de la razón.
Extendiendo este principio, el modernista llegará a afirmar que el camino que conduce al hombre a Dios ya está cerrado en el propio orden natural. Corta —si pue­de decirse así— al hombre de Dios, construyendo una espesa capa de cemento entre naturaleza y Creador, en­tre tierra y cielo. No solamente la inteligencia no puede conocer a Dios (la inteligencia humana debe circunscri­birse a la naturaleza y a ella misma, de modo que los in­dividuos y las sociedades viven sin referencia a Dios), sino también Dios mismo ya no puede entrar en contacto con el hombre (ya no son posibles ni la encarnación, ni la revelación, ni los milagros): “la historia del géne­ro humano se explica sin referencia alguna a Dios”.
Se reconoce también al agnóstico por su desprecio por la verdad objetiva y las definiciones claras y defini­tivas. Además, el desprecio de la inteligencia lo condu­ce al relativismo y al liberalismo. ¿Cómo juzgar si una doctrina es verdadera o falsa si se está privado de todo criterio objetivo? Entonces aparece una dificultad: ¿Dónde encontrará el hombre las convicciones religio­sas de que tiene necesidad? ¿Dónde está la fuente de es­te fenómeno que se encuentra en todas las culturas, en todas las épocas y que se llama “religión”?
Dado que no puede venir de Dios (agnosticismo), no puede sino provenir del hombre. Éste es el segundo principio modernista tomado de la filosofía moderna, aquella de la inmanencia vital. Vida religiosa, fe y rela­ción con Dios, son reducidas a una experiencia interior, a un sentimiento, a una conciencia, a una auto-realiza­ción. “La doctrina de la inmanencia, en el sentido mo­dernista, afirma y profesa que todo fenómeno de con­ciencia proviene del hombre en tanto hombre”. “Cerra­do todo camino hacia Dios de parte de la inteligencia (agnosticismo), se empeñan en abrir otro por parte del sentimiento y de la acción”, es decir, la experiencia. “El sentimiento religioso, que sale así por medio de la inma­nencia vital de las profundidades del inconsciente, es el germen de toda religión, tanto como es razón de todo lo que ha sido y será siempre de toda religión”.
El modernista, en otros términos, es como un auris­ta, que privado de todo contacto con el mundo exterior, está abandonado a sí mismo y a sus sentimientos. Pri­vado del conocimiento de lo real y de la causa primera en virtud de su agnosticismo, cree poder encontrar en sí mismo el motor de su progreso. Es invitado a superar­se, a fabricar su vida y su religión dando rienda libre a su sentimiento religioso. Esto es lo que los filósofos modernos califican como “acto trascendental”.
Una consecuencia inmediata es el ecumenismo. Da­do que el hombre fabrica su religión y que es el maestro de su aproximación a Dios, para unir a los hombres y acercarlos a Dios será suficiente que cada uno siga su conciencia, que practique su propio culto, sea el que fuere, poniendo en obra su inmanencia vital. De este modo todos serán más hombres, construirán todos jun­tos la humanidad y se unirán a otros hombres, avanzando todos hacia la misma cima transitando su propio ca­mino.

La religión Modernista.

¿En qué se transforma la religión católica después de haber sido examinada y corregida por semejante filoso­fía? Preguntemos al modernista:

¿Qué es la Fe?

La fe católica es una virtud sobrenatural infundida por Dios, que confiere a la inteligencia la certeza sobre­natural de las verdades reveladas. El modernista la transforma en un sentimiento proveniente “de las pro­fundidades de la subconciencia”, en “una experiencia individual”, en “cierta intuición del corazón”. Las fór­mulas del dogma no son más que “símbolos” que no conviene utilizar sino en la medida en que sostienen y desarrollan el sentimiento religioso de cada uno.

¿Qué es la Revelación?

En lugar de ser una enseñanza de Dios que habla con autoridad por medio de Jesucristo, los Profetas y los Apóstoles, la revelación del modernista se reduce a “un sentimiento que aflora en la conciencia”, a una expe­riencia de lo divino que dice algo de Dios y está a dis­posición de todos.

¿Qué es la Tradición?

La Tradición, esto es, la transmisión de las verdades reveladas hecha por la Iglesia, se transforma en “la co­municación hecha a los demás de cierta experiencia original por medio del órgano de la predicación”.
El rol del magisterio consiste sólo en despertar en los demás, mediante el buen ejemplo y la palabra, este sentimiento religioso que cada uno lleva en sí, en “lo profundo de su naturaleza y de su vida”.

¿Qué es la Iglesia?

Mientras que la Iglesia Católica es la sociedad jerár­quica de los bautizados, fundada por Cristo, unidos por la verdadera fe, los sacramentos y la obediencia a una autoridad visible, los modernistas la deformarán en una “colección de ciencias individuales” que imitan el sentimiento religioso de Jesucristo. Es una “emanación vi­tal de la conciencia colectiva”. Lejos de ser una y visi­ble, la Iglesia es indefinible y no susceptible de ser co­nocida. Ser católico implica revivir la inmanencia vital de Cristo-hombre, es ser hombre como Cristo. Se supri­me la diferencia entre clérigos y laicos, como así tam­bién los límites visibles de la Iglesia.

¿Qué es el Papa?

Para el modernista, la autoridad es un árbitro al ser­vicio de la paz, que permite a cada uno la libre expan­sión de su propio sentimiento religioso.
El Papa ya no es el Vicario de Cristo, dotado del po­der supremo de jurisdicción y magisterio. Está al servi­cio de la inmanencia vital de cada uno.
Es el portavoz de la conciencia colectiva y se esfuer­za por mantener un equilibrio entre las fuerzas vivas existentes en el interior de la Iglesia, asegurando “los cambios y los progresos” gracias a “una suerte de com­promiso y transacción entre la fuerza conservadora (la Tradición) y la fuerza progresista”.

¿Qué es el culto?

El culto y los sacramentos no tienen el valor teocéntrico que les son debidos. “No han sido instituidos más que para nutrir la fe”, es decir, “para avivar y activar” el sentimiento religioso individual.

Conclusión.

¿Qué es lo que queda, en definitiva, después de esta relectura de la fe y de la Iglesia bajo el prisma de la fi­losofía agnóstica y subjetivista?
El hombre, nada más que el hombre, el culto del hombre, la persona humana erigida en absoluto y que se dedica a construir en sí la humanidad mediante su “ex­periencia religiosa”.
Una palabra puede resumir esta nueva religión: la in­gratitud. Ingrato, en efecto, es quien ignora o niega la gratuidad de los dones que le son hechos. Comienza por contrariar y destruir lo que se le ofrece.
Este es el hecho de la duda agnóstica. Después, pre­tende poder alcanzar por sí mismo el objeto de sus de­seos. Si acepta ciertos dones, es porque le son debidos y los ha merecido o conquistado por sus propias fuerzas: ya no son gratuitos. Es lo que pretende hacerse con la inmanencia vital. A este título, el modernismo hace ga­la de su nombre. Coincide con el espíritu de su época, a la cual es inherente una profunda ingratitud para con Dios y la Iglesia. A esta ingratitud de los hombres debe corresponder la profesión pública de la gratuidad de los dones de Dios.

R.P. Jean-Dominique, O. P. Le Chardonnet. nº 229, Junio de 2007.

jueves, 15 de marzo de 2012

El mayor enemigo de la ideología de género es la Iglesia.




Reportaje al P. Claudio Sanahuja.

El único enemigo de esta ideología de género es la Iglesia, que afirma con rotundidad verdades que se contraponen a la nueva ideología y una nueva ética sin principios ni valores inmanentes e inmutables. Por eso la ética judeocristiana es incompatible con los nuevos paradigmas del NOM y la declaración de Benedicto XVI de los principios no negociables es todo un desafío para los grupos de presión feministas, homosexuales y abortistas. ¿El lobby más peligroso? “El lobby gay que actúa dentro de la Iglesia”.

El Gobierno español se vende a sí mismo como puntero en matrimonio homosexual, aborto y Alianza de Civilizaciones. ¿Se puede afirmar que España se ha convertido en la punta de la lanza del Nuevo Orden Mundial?
– Eso son temas geopolíticos que estaban en el ámbito internacional antes de Zapatero. Pero no es lo mismo una ONG o una indicación política de un organismo internacional que una sugerencia política de España que no se la ve como los centros de poder anglosajón.

Se la ve como la madre patria.
– Bueno, ése es un concepto un poco pasado de moda, pero sí como un país amigo y afín. Y se plantean que si España lo hace, ¿por qué nosotros no?

La ONU ha estado impulsando las políticas abortistas, feministas y rosas. ¿Qué cree que es mejor, tratar de mejorarla o de anularla?
– Tenemos que participar porque no se pueden dejar ámbitos sin tratar de influir en ellos aunque hayan sido creados por el enemigo. Eso sí, cuidando de no ser cómplices.

¿Por ejemplo?
– Dando el consenso a algo que parece inofensivo, pero que tiene un trasfondo y un mensaje retorcido. Los famosos eufemismos.

¿Por qué la presión para sacar a la Santa Sede de Naciones Unidas?
– Porque complica el panorama de los países que quieren imponer determinadas políticas. Ante la anticoncepción, aborto, perversión de derechos humanos, la Santa Sede es un escollo.

Vayamos al aborto. Hay quien considera que el término “salud sexual y reproductiva” sería un término rescatable, aunque siempre se haya utilizado eufemísticamente como sinónimo de aborto.
– Nunca se pudo dar un buen sentido a la salud reproductiva. Nació como eufemismo de anticoncepción e incluso de aborto químico. La sexual vino después, y tampoco se le pudo dar nunca un buen sentido. Además, este año Hillary Clinton, en la reunión del G-8 en Canadá, dijo claramente que salud sexual y reproductiva incluye el aborto.

¿Se puede decir que el derecho al aborto ya existe en documentos oficiales?
– En las recomendaciones y en las observaciones generales de los tratados de derechos humanos. Por ejemplo, la recomendación general 24/25 del Comité del Tratado de Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer. Ahí aparece el aborto como un derecho.

¿Es una interpretación vinculante?
– Claro, porque se trata del comité que provee a los países signatarios de la llamada interpretación auténtica del texto de la convención.

Vayamos a los nuevos derechos, los llamados derechos de segunda o tercera generación. Es el intento de la progresía de colar su ideología, pero ¿no hay nada salvable?
– Mire: dentro de los ocho Objetivos del Milenio para el Desarrollo, hay dos que hacen referencia al género y a la salud sexual y reproductiva, claramente antivida. Pero los otros seis, también, porque se interpretan todos en clave feminista, abortista o de cultura de la muerte.

¿Por qué todas las compañías han comprado los Objetivos del Milenio?
– Las menos por complicidad; la mayoría porque es políticamente correcto, lo que manda la moda.

¿Cree que las teorías de género son la última rebelión contra Dios?
– Depende de a quién se lo atribuyamos. En ámbitos de Naciones Unidas hay una abierta rebelión contra Dios. Pero para la mayoría es algo que marca los tiempos.

Sí, pero ésos no son los que marcan la agenda.
– No. Para los que marcan la agenda, la destrucción de la Iglesia Católica es un imperativo porque es el único freno.

Cambiemos de tercio. ¿Cree que la nueva religión mundial pretende sustituir el decálogo por un nuevo paradigma ético?
– Sí. Una religión de subjetivismo, de relativismo, que combate cualquier tipo de verdad no negociable. Y están infiltrando las religiones. También la Iglesia Católica.

Terminemos con el futuro. ¿Qué es lo que nos viene?
– Una persecución a la Iglesia Católica o a los restos de quienes permanezcan fieles a la doctrina de la Iglesia. Para el Nuevo Orden, la desaparición de la Iglesia Católica es un imperativo.

¿Cree que la Iglesia está preparada para esa batalla?
– Humanamente creo que una gran parte de la Iglesia no está preparada para esa batalla. Pero la Iglesia es antes que nada Esposa de Cristo y una realidad sobrenatural. Por eso el número de fieles o de jerarcas preparados para la batalla importa poco. Lo que sí sabemos es que a la larga vamos a ganar porque el triunfo está prometido. 

Visto en Libertady religión.

Algunas conferencias que hemos publicado del autor, pueden descargarse de éste enlace: Confrencias sobre el tema aborto.

Aborto: El horror de lo banal.



“El aborto no es un infanticidio, es un crimen metafísico”. J. P. Sartre.

Cuando uno se ha criado en el convencimiento de que ante el milagro de la procreación -donde Dios directamente infunde el alma- el mundo entero debería arrodillarse, claro que resulta horriblemente inexplicable este celo criminal por acabar con la vida de un niño. Más chocante aún resultan las excusas y eufemismos que promueven este infanticidio, hoy políticamente correcto.
Es mi intención el mostrar cuál es el nivel de las ideas y el fuste de los hombres que lo cometieron, avisando que el proceso de descenso a las razones y argumentos que se usan para la ejecución es de alguna manera tan vulgar, que ameritaría otro acápite para indagar en la oscura psicología del drama. De ese desbalance entre la bajeza y la nimiedad de las razones y la enormidad del crimen; volviendo, por qué no, a aquella parecida historia que fundó la civilización, paradojalmente tramada por la simiesca desfachatez de la pretensión deicida. Siempre reiterada por parecidos personajes.
El asunto debía enfrentar y resistir al más simple silogismo y llegar a la lisa desempolvando teorías condenadas por cualquiera que tenga dos dedos de frente y medio dedo de caridad. Teorías que no se pensaron, sino que se fueron recogiendo por el camino de la persecución, como se recogen los guijarros para lapidar a alguien.
El silogismo al que me refiero se forma así: La vida del hombre inocente es inviolable, el embrión es un hombre inocente, por consiguiente su vida es inviolable.
La certeza parte de varias ciencias: de la ciencia biológica surge irrebatible que el embrión es un hombre -individuo humano- (siempre algún necio lo niega) y su integridad se consagra hasta en la Constitución Nacional (es decir que ningún Juez puede dejar de tenerlo en cuenta). Igualmente surge de la ciencia moral y la jurídica que el inocente no debe sufrir pena y que la privación de la vida en forma violenta y provocada es una pena; las excepciones en el derecho penal son para morigerar la Ley y no para endurecer sus efectos. Por último cabe a la filosofía el definir lo que es un hombre, y allá iremos en su momento.
Frente a esta contundencia, se esgrime una supuesta excepción por vía de la ley positiva, excepción que deroga la biología, la ética, la filosofía, la teología, la lógica jurídica y aún la misma escala legal positiva. Es decir que primariamente se acepta el silogismo -porque no queda otra- y luego se busca una excepción que pasa por establecer un caso en que sea justificable que un inocente sea condenado a morir, fundado en otro valor superior a su vida.
Se llama “Teoría del Contrapeso de los Valores” y encontró años atrás su formulación sistemática en un jesuita católico modernista y en el Metodismo norteamericano; advirtiendo los mencionados que la excepción puede encontrar justificación para el aborto en dos casos:

a) cede el bien individual frente al bien de muchos, y aunque repugna el estado de inocencia, se resuelve en casos de “fuerza mayor” como “el exceso de población” (China - Malthus), “la pureza de la raza” etc.

b) se encuentra un argumento para el mayor valor de una vida frente a otra vida; en general se argumenta que entre la madre y el hijo, entre el adulto y el niño, entre lo desarrollado y lo que está por desarrollarse, no hay igualdad de valor, sino que predomina el primero. El elemento que diferencia es la prioridad en la existencia y el mayor desarrollo. Es decir que establecemos una métrica cuantitativa para el valor de las personas, error común en la ideología biologista de distintos signos. Un fallo del Tribunal de Luneville de 1937, coincidiendo con nuestra Corte actual en la aplicación del aborto eugenésico, entiende excusable el aborto de un feto hebreo.

Por supuesto que todas estas teorías parten de una errónea concepción del hombre desde el punto de vista filosófico, de un idealismo y un existencialismo que niega las esencias y por tanto no repara en la igualdad esencial de madre e hijo y toma su prioridad existencial como valor de medida. Perdido igualmente el razonamiento de la dependencia de la criatura con respecto a un Creador (razonamiento todavía filosófico y no religioso) perdemos a la par la clara idea de la independencia esencial de una criatura con respecto a otra y establecemos una dependencia solamente humana que deriva en el abuso.
Se entiende ahora aquello de que sólo perteneciendo a Dios es imposible ser esclavizado. Si mi “título” axiológico no es la Idea Divina, quedo a merced de los hombres. En el fondo y sin saberlo concientemente -pero resultando bastante congruente con la dinámica llevada en el caso- los argumentos pro-aborto fueron levantados en los senderos de las llamadas ideologías materialistas totalitarias, que subyacen latentes en el tolerante hombre moderno esperando el “día de furia” que vendrá por la insatisfacción de los deseos ampliamente prometidos en la publicidad.
No vayan a creer ni por un minuto que la discusión adquiere hoy este mínimo nivel (ni siquiera alguna profundidad existencial que muestra nuestro epígrafe, que no es precisamente de un Padre de la Iglesia). Aquí las consideraciones pro abortistas no pasan del derecho positivo engañosamente interpretado al crepitar de la vanidad, del efecto publicitario, del miedo, del resentimiento moral y religioso, de la ambición y de la soberbia.
Salvo excepciones, cuando se retoma el sentido común del silogismo antes enunciado, y la hombría de bien, el asunto mantiene la llaneza de la consabida ignorancia filosófica e indigencia de formación humanista de los magistrados.
En general la doctrina prevalente para justificar el aborto choca contra los datos más seguros de la ciencia biológica, de la ciencia médica, del ordenamiento jurídico, de la lógica, de la ética y de la filosofía (ni hablar de la Teología). La muerte del inocente está ordenada desde el punto más ilícito y grosero de todos, desde el preferir una vida no porque es más que la otra (criterio de valor) sino simplemente por una razón de bienestar, de salud y aún peor… por la simple voluntad de la mujer. Con lo que llegamos a la “raíz filosófica” del drama: el feminismo, lugar común de la banalización de la inteligencia.
Es en el altar de esta cortedad intelectual que se inmolan inocentes; altar ante el cual queman incienso la mayoría de miembros de la intelligentzia oficial, y hasta resignan su posición -respetuosos y sibilinos- ciertos mitrados.
Este tema de conversación de comadres en la peluquería, entra a la historia provincial de la mano del sacrificio humano logrado en su nombre.

El feminismo es por fin algo serio porque puede matar.

Nota: Lo que está marcado en “negritas” es mío. La Imagen: también. Bueno: en realidad es, de, y para todos.

Dardo Juan Calderón, visto en Argentinidad.org.

“Todo esto te daré si postrado me adorares”. Sermón del P. Leonardo Castellani.



La tentación de la humanidad hoy es realizar un reino sin Dios, sin Jesucristo. Es la ciudad del hombre contrapuesta a la ciudad de Dios, excomulgando de su seno todo vestigio de orden cristiano. Reino totalmente contrapuesto a lo fue, en otros tiempos, la cristiandad de la Edad Media, época dónde reinaba el Evangelio, al decir del Papa León XIII. Como siempre, Castellani con su actualidad, a pesar del pasar del tiempo.

Domingo Primero de Cuaresma (II).

De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero sea­mos breves y notemos tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros.
El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el dia­blo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado -por medio de los judíos- a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8).
Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijé­ramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La cien­cia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece.
Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan”. Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sin­vergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cris­to era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito -dice Santa Teresa- mien­tras iba volando!”... Pero en realidad no sabemos si fue volando.
El diablo tiene un poder grandísimo -eso muestra este evangelio- y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios.
Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cris­to: “Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra -en la política se puede decir que el diablo no tiene rival- Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tu­yo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros peca­dos, él mangonea todo. Él es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Ti­nieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder conna­tural para con el pobre “planeta mudo”[1]. Pero todo poder de Dios es.
Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé sola­mente por los libros, mentiría.
¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de diver­tir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas lle­nas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con pie­dras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios uni­versales?...
El diablo sabía que Cristo era un varón religioso -lo había visto pre­pararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua-; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tenta­ción de sensualidad”... Es un error. Las tres fueron tentaciones de sober­bia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cua­resmas tan rigurosas como Cristo.
El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –“y los án­geles se lo sirvieron”- sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hom­bre. “Entonces seremos como Él, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural.
Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gen­tilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vo­sotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?” Cris­to había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza.
El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Uni­versal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano.
Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima -se equivocan los ul­tra-nacionalistas- porque es un anhelo que está en las entrañas de la evo­lución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo”. De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atra­sados y reaccionarios por otro. Paciencia.
La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está confusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparente­mente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha en­trado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico.
“Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si ca­yendo a mis pies me adorares”.
Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día. Un amigo mío que se las echa de profeta dice que ese hombre nacerá en 1963 y será Emperador en 1996. Yo creo que ni él ni yo lo sabemos. Yo al menos no lo sé.
No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Igle­sia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo.
Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Re­nacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien.
La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales -como si dijéramos cambiar milagros por pan- la cual puede llegar a un extremo que se llama simonía, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; mila­gro al revés; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán.
La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas dis­tintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los prin­cipales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo: “La Iglesia no puede ser reformada por la de­sobediencia...”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta.
Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.

R.P. Leonardo Castellani, tomado de su obra “El Evangelio de Jesucristo”.


[1] Alude a la novela teológica de C. S. Lewis, Out of the silentplanet.

Una introducción a la “Studiorum Ducem”.



Selección de frases de la encíclica de Pío XI sobre Santo Tomás.

En ocasión de la fiesta de Santo Tomás de Aquino, publicamos el 7 de marzo de 2012 un conjunto de textos que exaltaban la figura del Doctor Angélico. Buscando, a fin de vincular a esta nota, la encíclica Studiorum Ducem, que se publicó en 1923 para el 6° centenario de su canonización, caímos en la cuenta de que no estaba en Internet en castellano. Ni siquiera en la web del Vaticano.
De modo que nos propusimos ponerla a disposición de los lectores de Panorama. Asimismo, al repasar el texto, hemos querido destacar algunas frases que nos parece contribuyen a que el lector tenga una idea de la magnitud e importancia de la figura de Santo Tomás y su doctrina en el Magisterio de la Iglesia, de lo cual hemos debatido recientemente en este portal.
Por eso ofrecemos a quienes deseen y a modo de propedéutica, esta selección de textos, no sin recomendar la lectura del documento completo en el que el Papa Ratti confirmó y elevó más aún, si fuese posible, la importancia del método filosófico y teológico de Santo Tomás, el cual fue exaltado por la Iglesia al punto que durante las sesiones del Concilio de Trento, en el altar del salón donde debatían los padre conciliares, se desplegaban en un lado las Sagradas Escrituras, y en otro la Summa Theologica de Santo Tomás.

Frases destacadas de la Studiorum ducem.

Puesto que la verdadera  ciencia y la piedad, que de todas las virtudes es compañera, están unidas  admirablemente entre sí, y siendo Dios la misma verdad y bondad, no bastaría  ciertamente para obtener la gloria de Dios y la salvación de las almas, fin principal  y propio de la Iglesia,  que los sagrados ministros estuviesen bien instruidos en el conocimiento de las  cosas, si no estuvieran también dotados en abundancia de las correspondientes  virtudes.

Todas las virtudes morales  fueron poseídas por SANTO TOMÁS en altísimo grado, y totalmente asociadas y  entrelazadas que, como él mismo expresa, se unieron “en la caridad, la cual  da la forma a los actos de todas virtudes”

“Por la sabiduría adquirida mediante  el estudio humano se alcanza el recto juicio de tas cosas divinas, según el uso  perfecto de la razón. Pero hay otra que desciende de lo alto y que juzga de las  cosas divinas por una cierta connaturalidad con ellas; y ésta es un don del  Espíritu Santo, por el cual el hombre se hace perfecto en las cosas divinas, y  no sólo las aprende, sino que las siente además en sí mismo”.

Y así  como el “efecto propio de la caridad es que el hombre tienda a Dios uniendo a  El sus afectos, para que viva, no ya para sí, sino para Dios mismo”(14), vemos cómo en TOMÁS el amor  divino, juntamente con aquella doble sabiduría, aumentó sin cesar, hasta  producir en él el olvido perfecto de sí mismo; tal que, habiéndole dicho Jesús  Crucificado: Tomás, has escrito bien de Mí, y habiéndole preguntado: ¿Qué  premio deseas por tu obra?, él respondió: A Ti solo, Señor.

Juna XXII pareció querer canonizar a un mismo tiempo sus virtudes y su  doctrina, al pronunciar, hablando a los Cardenales en Consistorio, aquella  memorable sentencia “Iluminó la   Iglesia de Dios más que ningún otro doctor: y saca más provecho  el que estudia un año solamente en sus libros que el que sigue en todo el curso  de su vida las enseñanzas de los otros”.

Por lo demás, ¿qué hecho demuestra  más claramente la estima en que la   Iglesia ha tenido siempre a tan gran doctor, que el haber  sido puestos sobre el altar por los padres tridentinos sólo dos volúmenes, la Escritura .y la Suma Teológica,  para inspirarse ellos en sus deliberaciones?

Siguió sus huellas Pío X, de santa memoria, especialmente  en el Motu proprio “Doctoris Angelici”, donde encontramos esta hermosa  sentencia: “Después de la feliz muerte del Santo Doctor, no se tuvo en la Iglesia Concilio  alguno donde él no estuviese presente con su preciosa doctrina”.

Y Nos, al hacernos eco de  este coro de alabanzas, tributadas a aquel sublime ingenio, aprobarnos no sólo  que sea llamado Angélico, sino también que se le dé el nombre de Doctor Común o  Universal, puesto que la   Iglesia ha hecho suya la doctrina de él, como se confirma con  muchísimos documentos.

Es doctrina firmísima de  nuestro Santo aquella que se refiere al valor de la inteligencia humana. “Nuestro  entendimiento conoce naturalmente el SER y las cosas que pertenecen  al SER en cuanto tal y sobre este conocimiento se funda la noción de los primeros principios”. Doctrina que destruye radicalmente las opiniones  de aquellos filósofos recientes que niegan al entendimiento la percepción del SER,  dejándole sólo la de las impresiones subjetivas: errores de los cuales se sigue  el agnosticismo, tan vigorosamente reprobado en la Encíclica ‘Pascendi”

Los argumentos con los  cuales SANTO TOMÁS demuestra la existencia de Dios, y que El solamente es el  mismo SER subsistente, son todavía hoy, como en la Edad Media, las pruebas  más válidas; clara confirmación del dogma de la Iglesia, proclamado en el  Concilio Vaticano e interpretado egregiamente por Pío X con estas palabras: “Dios,  como principio y fin de todas las cosas, puede reconocerse y demostrarse con  certeza por medio de la luz natural de la razón, por las cosas creadas, o sea  por las obras visibles de la creación, como por los efectos conocemos  ciertamente las causas”). Y su metafísica, aunque muchas veces y aun ahora  acerbamente impugnada, mantiene todavía su fuerza todo su esplendor, como el  oro que ningún ácido puede alterar; y añade con razón el mismo predecesor  Nuestro: “No puede alejarse uno de Tomás, especialmente en la metafísica, sin  grave daño”.
Ante todo estableció sobre  propios y genuinos fundamentos la apologética, al definir bien la distinción  que existe entre las cosas (la razón y las cosas de fe, entre el orden natural  y el sobrenatural). Y por esto el sacrosanto Concilio Vaticano, cuando  definió que algunas verdades religiosas pueden conocerse naturalmente, pero que  para conocerlas todas y sin error se necesitó por necesidad moral que fuesen  reveladas, y que para conocer los misterios fue absolutamente necesaria la  divina revelación, se sirvió de los argumentos tratados, no por otros, sino por  SANTO TOMÁS, el cual estableció que el que se dedica a la defensa de la  doctrina cristiana debe mantener firme este principio: “Asentir a las verdades de la fe no es ligereza, aunque sean superiores a la razón”.

Así, en la segunda parte de la Suma Teológicason excelentes las cosas que enseña con relación al régimen paterno (o sea  doméstico), al régimen legal del Estado y de la nación, al derecho natural yal derecho de gentes, a la  paz, a la guerra, a la justicia y al dominio, a las leyes y su observancia, al  deber de atender a las necesidades privadas y a la prosperidad pública; y todo  esto, tanto en el orden natural como sobrenatural. Preceptos que si fuesen  inviolados y exactamente observados en privado y en público, y en las mutuas  relaciones entre las naciones, no haría falta más para obtener entre los hombres  la paz de Cristo en el reino de Cristo, que todo el inundo ansía. Por esto es muy de desear que  se conozcan cada vez mejor las doctrinas del Santo referentes al derecho de  gentes y a las leyes que establecen las relaciones entre los pueblos, puesto que  contienen los verdaderos fundamentos de la que se llama Sociedad de las  Naciones.

La Iglesia Católica en todas  partes del mundo y entre todas las gentes se sirve y se servirá siempre con  todo celo en los ritos sagrados de los cantos de SANTO TOMÁS, que exhalan el  fervor sumo del alma suplicante y contienen al mismo tiempo la expresión más  exacta de la doctrina tradicional respecto al augusto Sacramento, que  principalmente se llama Misterio de fe.

Aprendan  también (los jóvenes) de tal maestro a huir con todo esfuerzo de los halagos de  los sentidos, para no tener que contemplar después la sabiduría con ojos  entenebrecidos. Porque esto lo enseñó él en su vida con su ejemplo y lo  confirmó con su magisterio: “Si alguno se abstiene (le los deleites corporales  para atender más libremente a la contemplación de la verdad, esto pertenece a  la rectitud de la razón”(47). Por ello nos advierte la Sagrada Escritura: “En el alma malévola no entrará la sabiduría, ni habitará en un cuerpo  vendido al pecado”(48). Por  lo tanto, si la pureza de TOMÁS en el peligro extremo a que se vio expuesta,  hubiese sido menoscabada, podemos pensar que la Iglesia hubiera perdido su  Doctor Angélico.

Para evitar los errores, que  son la causa primera de las miserias de nuestros tiempos, es preciso permanecer  fieles, hoy más que nunca, a las doctrinas de SANTO TOMÁS. Las varias opiniones y teorías de los modernistas las confunde él  victoriosamente, tanto en la filosofía, defendiendo, como hemos visto, el valor  y la fuerza de la inteligencia humana, y probando con firmísimos argumentos la  existencia de Dios, como en la teología, distinguiendo bien el orden natural  del sobrenatural e ilustrando las razones de la fe en todos los dogmas, y  mostrando que las cosas creídas con la fe no se apoyan sobre una opinión, sino  sobre la verdad y son inmutables (…) Y contra esta emancipación de Dios, hoy  tan decantada, afirma los derechos de la verdad primera y de la autoridad que tiene sobre nosotros Dios,  Señor Supremo. De aquí se verá porqué  los modernistas no temen a ningún otro Doctor de la Iglesia tanto como a TOMÁS  DE AQUINO.

Entre los cultivadores de  las doctrinas de SANTO TOMÁS, cual deben ser todos los hijos de la Iglesia que se dedican a  los buenos estudios, Nos queremos realmente que en los límites de una justa  libertad haya aquella hermosa emulación que hace prosperar estos buenos  estudios; pero deseamos que se evite con todo empeño la aspereza de la  detracción que perjudica a la verdad y no sirve para otra cosa sino para  relajar los vínculos de la caridad.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La Fe de siempre.

“No aceptamos ninguna fe nueva de las que otros nos prescriben ni tenemos la osadía de transmitir como doctrina los productos de nuestras propias reflexiones o de transformar las palabras humanas. Al igual que los Santos Padres nos instruyeron a nosotros, nosotros instruimos a aquellos que nos interrogan”.
San Basilio el Grande, Epístola 140, 2 Ad Eccl. Ant.

El aborto es agresión, no una ayuda a la mujer.


A continuación, publicamos la solicitada que emitió Frente Joven con respecto al pronunciamiento de la suprema corte de justicia a favor del aborto no punible.
Con sentido común y argumentos de orden natural, la agrupación juvenil, ha dado en la tecla en cuanto a los argumentos sofísticos que han encabezado las decisiones de la corte de injusticia, como deberíamos llamarla. No se puede quitar un mal agregando otro.
Chesterton decía que quitado lo sobrenatural queda lo antinatural, y eso es lo que ocurre en una corte donde lo que impera es la voluntad de los hombres sin miramientos a lo sobrenatural, destruyendo el sentido de justicia bajo el “positivismo jurídico”, falsa filosofía que los alimenta en sus actos injustos.

Solicitada: El aborto es agresión, no una ayuda a la mujer.



Ante el pronunciamento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación acerca de un inminente fallo que sentaría jurisprudencia y podría ampliar los casos de aborto “no punibles”, Frente Joven se ve en la necesidad de alertar que se estaría avanzando en decisiones a nivel jurídico y político que alejan aún más de la ayuda a las víctimas de violación: la madre, que es sometida a otro trauma aún mayor, como la muerte de un hijo, y el niño o la niña por nacer, que son desechados sin miramientos.
No solo es preocupante el proceder del máximo tribunal de justicia de la nación, sino sobre todo la errónea visión que se está difundiendo sobre las consecuencias psicológicas que sufre una mujer víctima de una violación. Claramente, el aborto es una agresión, no una ayuda a la mujer violada.
Para quienes trabajan de cerca con instituciones que brindan ayuda a las mujeres embarazadas víctimas de violación, como el Frente Joven, es muy importante la comprensión de la situación de las víctimas. Las mujeres violadas requieren ayuda, y la facilitación de la práctica abortista atenta contra la asistencia necesaria. Parte de la protección que es evitar el drama del aborto por medio de la contención psicológica, material y sanitaria. No podemos agregar un mal a otro mal, por medio de la eliminación de un ser humano.
La manipulación mediática de los casos de violación, a través de una búsqueda de sensibilizar a la sociedad para legitimar el aborto, ignora el aporte de la psicología, que advierte que no se puede solucionar un trauma con uno aún mayor; asimismo, la experiencia misma de las mujeres que encuentran en el hecho mismo de tener a su hijo, fruto de la violación, un acto de amor que le permite sanar la herida, y escapar de la espiral de violencia perpetrada por el violador. La mujer que da a luz, se comprende no ya como una persona ultrajada, sino como una persona valiosa, superior a su victimario, capaz de dar vida y dar amor.
La postura muy difundida de que el aborto es una respuesta válida para la víctima de violación desconoce los casos concretos y la opinión de los expertos que trabajan en el campo y día a día con la problemática. Además de sostener el sistema de sometimiento de los violadores (pues el niño y la niña por nacer ponen en evidencia el delito), abortar sin más es también ocultar la tragedia de la violación, que suele muchas veces acontecer en los círculos sociales cercanos. Esta interpretación de la ley, en la práctica, lejos de quitar el drama de las mujeres violadas, favorece al violador, dejando su delito en segundo plano, sin necesidad legal de punirlo.
La verdadera respuesta a la tragedia de la violación está en la ayuda social, psicológica y médica a las víctimas. Recordamos el caso publicado en La Nación con fecha del 3 de marzo del corriente: la ayuda y el acompañamiento salvaron la de la hija y la madre. A través de un caso ejemplar, se manifiesta una dura realidad: muchas madres están solas porque en general fueron abandonadas por su entorno íntimo. Y son muchas las instituciones que al desamparo del estado y los medios, dan soluciones reales a esta tragedia. Con este fallo, el desamparo por parte del Estado sería aún mayor.
Si esta visión inhumana que desestima la ciencia y la experiencia concreta se proyecta ahora a la Corte, y si esta falla en ese sentido, estaría creando un terrible precedente discriminatorio en el derecho argentino: la creación de dos categorías de personas, las deseadas, a las cuales les asisten todos sus derechos, y las no deseadas, que, al no tener siquiera derecho a la vida, no pueden tener ningún otro derecho.
Desde el año 1994, en que se reformó la Constitución y se incorporaron con rango constitucional los tratados de Derechos Humanos, el art. 86 en cuestión pasó a ser sencillamente anticonstitucional, ya que establece excepciones a la vida que están expresamente prohibidas por normas de orden superior (Constitución y Tratados Internacionales de DDHH).
Lo cierto es que el aborto es una nueva forma de violencia contra la mujer y un signo de deshumanización de la sociedad. La mayoría de las mujeres abortan por presión social, violencia o maltrato psicológico. Promover el aborto no es ayudar a la mujer sino perpetuar la violencia hacia ella.
Frente Joven, como tantas otras instituciones,  procura una verdadera respuesta al drama de violencia hacia la mujer. Una sociedad democrática debe ofrecer soluciones amparadas en una visión humanitaria, sobre todo ante la cada vez más inhumana situación social que estamos viviendo. En este y en todo caso, el aborto destruye una madre y mata un hijo. Deja una herida en la mujer para toda la vida. Hay una madre y un hijo que proteger. La solución no tiene opción, es un deber de la sociedad: Para proteger a la madre, hay que salvar a las dos vidas.

Visto en FrenteJoven Blog.

No hay justicia “para todos”.


 
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, por unanimidad, confirmó la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Chubut que, en marzo de 2010, autorizó el aborto a una menor que había sido violada. Emitieron voto conjunto el Presidente del Tribunal Ricardo Lorenzetti, su Vicepresidente Elena Highton de Nolasco y los jueces Carlos Fayt, Juan Carlos Maqueda y Eugenio Zaffaroni, con votos individuales se sumaron Enrique Petracchi y Carmen Argibay.
Aunque la cuestión se había vuelto abstracta –porque el pequeño inocente concebido tras la violación fue ejecutado hace un par de años-  la Corte se expidió sobre el caso de Chubut “con la finalidad de que el criterio del Tribunal sea expresado y conocido para la solución de casos análogos que puedan presentarse en el futuro”.
Se le deberá practicar el aborto a cualquier mujer que manifieste ante el profesional tratante, mediante declaración jurada, que su embarazo es producto de una violación. La gestante no necesitará elevar cargos contra su agresor, ni brindar informaciones policiales. La posibilidad de “casos fabricados”, “no puede ser nunca razón suficiente para imponer a las víctimas de delitos sexuales obstáculos que vulneren el goce efectivo de sus legítimos derechos”.
La Corte exhortó a las autoridades nacionales, provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a implementar y hacer operativos, protocolos hospitalarios para la concreta atención de los mal llamados "abortos no punibles”. Y a los jueces a abstenerse de judicializar el acceso a los mismos.
La objeción de conciencia de los profesionales de la salud deberá ser manifestada en el momento de la implementación del protocolo o al inicio de las actividades en el establecimiento de salud correspondiente, de forma tal que toda institución garantice la práctica de los abortos mencionados.

Mónica del Río, Notivida, Año XII, Nº 807, 13 de marzo de 2012.


En términos estrictos, los asesinos con poder que  han dictaminado esta aberrante injusticia, son:


Rocardo Lorenzetti


Elena Highton de Nolasco


Carlos Fayt


Juan Carlos Maqueda


Eugenio Zaffaroni


Enrique Petracchi


Carmen Argibay

Todos aquellos que colaboran en llevar a cabo el aborto, son considerados conspiradores y sujetos a ser excomulgados. Esto incluye sin duda a los médicos y las enfermeras que participaron directamente, a los esposos, familiares y otros que con su consejo colaboraron en hacerlo moralmente posible para la mujer afectada, y también todos los que la apoyaron en llevarlo a cabo. (Llevando a la clínica, financiando el aborto etc.)
También, y de forma especial por su responsabilidad, a los políticos y hombres de leyes que han facilitado con su poder, las leyes que favorecen el aborto. Por lo tanto, el Código de Derecho Canónico (cf. Canon n. 1398), dice que “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae”.

No se podía esperar otra cosa de un tribunal compuesto por masones, liberales y autoproclamados “ateos militantes”.
Esperamos que, aunque de por sí deficiente y débil, el Episcopado argentino sentencie la excomunión a los responsables de tal iniquidad para escarmiento, medicina y esclarecimiento de las almas que se encuentran en la oscuridad de la duda sobre este tema.

Estreno de “Cristiada” para el 20 de abril.


Finalmente, se estrenará “Cristiada”, la superproducción sobre la gesta cristera, el 20 de abril de este año, en México.

Nuevo Film de Andy García

CIUDAD DE MÉXICO (01/MAR/2012).- “Cristiana”, un filme dirigido por Dean Wright, una historia de ficción escrita por Michael Love acerca del surgimiento y consecuencias del movimiento cristero (1926-1929), llegará el próximo 20 de abril a la cartelera mexicana.
La película es estelarizada por Andy García, Eva Longoria, Peter O'Toole, Rubén Blades, Óscar Isaac, Santiago Cabrera, Catalina Sandino Moreno, Daniel Giménez Cacho, Karyme Lozano, Ignacio Guadalupe y Moisés Suárez, entre otros, narra uno de los conflictos armados del México del siglo pasado, cuando el gobierno intentó secularizar al país.
Fue en 1926 cuando las autoridades federales mexicanas dispusieron leyes que buscaron restringir la influencia de la Iglesia católica sobre el pueblo.
El entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, interpretado por el músico, actor y político Rubén Blades, asegura en un discurso para justificar la acción del gobierno, que prohíbe, entre otras cosas, que los sacerdotes porten sus indumentarias religiosas en la calle y que las expresiones religiosas sean fuera de las iglesias, y además confisca bienes del clero.
“Joselito” (Mauricio Kuri), un chico inquieto, lanza una fruta al padre “Christopher” (Peter O'Toole), el sacerdote del pueblo y como castigo su padrino lo obliga a pedirle perdón, además de ponerlo a barrer y trapear la iglesia.
“Adriana” (Catalina Sandino Moreno) y “Anacleto González Flores” (Eduardo Verástegui) se unen a una asociación que busca la libertad religiosa y planean un boicot económico contra el gobierno ante la imposibilidad de hacer que rectifique en su decisión.
El Vaticano decide dejar de oficiar misas como represalia a la Ley Calles, mientras que las organizaciones que buscan la libertad religiosa apoyan a los pequeños grupos insurrectos que se han levantado en armas y algunos sacerdotes dan asilo a los católicos armados.
Como una medida correctiva, el gobierno federal ejecuta a varios sacerdotes, entre ellos al padre “Christopher”, quien se niega a abandonar La casa de Dios. El joven “José” presencia la muerte del clérigo, por lo que decide unirse a las fuerzas católicas, junto con “Lalito” (Adrián Alonso)
La fama de estratega lleva a los inconformes a contratar al general en retiro “Enrique Gorostieta” (Andy García) para liderar a los rebeldes.
El militar se separa temporalmente de su esposa “Tulita” (Eva Longoria) y de sus dos hijas, y parte para unirse a los cabecillas que dirigen el movimiento que pretende derrotar al gobierno callista.
“Victoriano, 'El Catorce' Ramírez” (Óscar Isaac) es un líder cristero muy conocido por haber matado a 14 soldados federales cuando pretendían emboscarlo, es ágil con las armas y muestra determinación al mando de sus tropas, pero duda mucho del general “Gorostieta”.
“El Catorce”, quien dirige al grupo de osados rancheros, tendrá que aceptar el mando militar, ya que admite que deben hacer un frente común contra el gobierno que los supera en armamento y logística.
“Cristiana” narra la historia del ejército que se enfrenta en nombre de la libertad religiosa al gobierno de Calles, quien pretende restringir las acciones del clero.
El grupo de soldados improvisados luchará durante tres años para mantener su religión, no sin antes perder a muchos de sus miembros; sin embargo, será la intervención del gobierno estadunidense de la época, a través de su embajador “Morrow” (Bruce Greenwood), que pretende apaciguar el conflicto, no sin antes lograr favores económicos, sobre todo para sus compañías petroleras en el país.
“Cristiada”, filmada en diversos escenarios de México, principalmente en Durango, no se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), que se celebró del 2 al 10 de marzo, y en donde se rindió un homenaje a Andy García.

 Visto en On-Line Baires.

  
Aquí podemos ver el Trailer.


martes, 13 de marzo de 2012

El Dr. Jorge Scala alerta sobre el «lavado de cerebro global» de la «totalitaria» ideología del género.


Dr. Jorge Scala

El libro titulado “La ideología de género”, del abogado provida argentino Jorge Scala, acaba de ser publicado en portugués y lanzado en Brasil en octubre pasado. En España ha sido publicado por la editorial Sekotia, con el subtítulo “el género como herramienta de poder”.

ZENIT ha entrevistado a Jorge Scala, profesor de bioética en la Universidad Libre Internacional de las Américas, para que explique el significado de su libro y las implicaciones de esta ideología en nuestra sociedad.
¿Porqué un libro sobre la ideología del género?
La razón es sencilla: la ONU ha creado una Agencia de género. Esa agencia se dedica a controlar que todos los organismos y programas de la ONU incluyan el género. A su vez, la Unión Europea y el Banco Mundial condicionan los préstamos para el desarrollo de los países pobres, a cláusulas de difusión del género. Finalmente, se ha incorporado el género en el sistema educativo de nuestros países. Ante todo esto, es preciso investigar qué cosa es el género.

¿Qué significa decir que la ideología del género es esto, una ideología y no una teoría o un descubrimiento científico?
– Una teoría es una hipótesis verificada experimentalmente. Una ideología es un cuerpo de ideas cerrado, que parte de un presupuesto básico falso –que por ello debe imponerse evitando todo análisis racional-, y luego va desplegando las consecuencias lógicas de ese principio falso. Las ideologías se imponen utilizando el sistema educativo formal (escuela y universidad) y no formal (medios de propaganda), tal como hicieron los nazis y los marxistas.

¿Qué es, por lo tanto, la ideología del género? ¿Cómo la definiría para nuestros lectores?
– Su presupuesto básico falso es este: el sexo sería el aspecto biológico del ser humano, y el género sería la construcción social o cultural del sexo. Es decir que cada quien sería absolutamente libre –sin condicionamiento alguno, ni siquiera el biológico--, para determinar su propio género, dándole el contenido que quiera y variando de género cuantas veces se le ocurra.

Ahora bien, si esto fuera verdad,
no habría diferencias entre varón y mujer –salvo las biológicas-; cualquier tipo de unión entre los sexos sería buena social y moralmente, y todas serían matrimonio; cada tipo de matrimonio daría origen a un nuevo tipo de familia; el aborto sería un derecho humano irrenunciable de la mujer, ya que solo ella queda embarazada, etc. Todo esto es tan absurdo, que sólo se puede imponer con una suerte de “lavado de cerebro” global.

Usted, en su libro, la llama de Ideología totalitaria. ¿Hay relación con las ideologías totalitarias que la humanidad ha experimentado en la historia? ¿O es un paso para llegar a estas situaciones de políticas totalitarias?
– El género destruye la estructura antropológica íntima del ser humano, por lo tanto quien quede a merced de esa ideología lo hará “voluntariamente”. No es más que una herramienta de poder global que, de imponerse, llevará a un régimen totalitario –aún cuando haya elecciones y partidos políticos como en la Alemania nazi--. En cambio, en las otras ideologías conocidas, el Estado dominaba –o domina como en Corea del Norte o Cuba- por la fuerza bruta.

Parece una ideología que entra en los países por el aspecto legal y jurisdiccional. ¿No será la falta del reconocimiento de una ley natural, y la adopción de positivismo, los fundamentos de este totalitarismo?
– El problema parece más profundo y complejo. El ethos es aquello por lo que un pueblo estima lo que está bien o lo que está mal, desde lo más profundo de su corazón, al margen de lo que digan las leyes e incluso de lo que haga cada quien en su propia vida. El problema es que Occidente ha perdido su ethos común que, hasta hace 30 o 40 años, era el Cristianismo. El liberalismo hizo que mucha gente considere que la moral es una cuestión privada de cada persona. Entonces, para algunos es bueno mentir, robar, matar o fornicar –en determinadas circunstancias--; y como todas las opiniones valen lo mismo, la única manera de vivir en sociedad es que las leyes “impongan” un cierto ethos, que debe ser aceptado por todos, bajo ciertas penalidades. Por eso en nuestros parlamentos se fomenta todo tipo de leyes de género. Se busca con ellas que –junto con la educación-, formen el nuevo ethos de nuestros pueblos. Y si el género se convierte en ethos, el sistema totalitario funcionará a pleno.

La teoría del género es totalitaria, pero no vemos a nadie perdiendo la vida. ¿Por qué, entonces temer algo que no pasa de leyes y de ideas? No debemos respetar la opinión de cada uno?
– El año 2010 España reformó su ley de aborto conforme la ideología de género, considerándolo un “derecho humano” esencial de la mujer. Ese año hubo 113.031 abortos en España. Esa “ley” y esa “idea” mataron –solo en España y solo ese año- a tanta gente. No hay que temer a la ideología de género, sino enfrentarla en el campo de las ideas, que es donde se la puede vencer más fácilmente.

Hay que respetar a las personas –cualesquiera sean sus pensamientos-. En cambio, las opiniones no se respetan: se disciernen. Y luego de estudiarlas, se apoyan o se desechan. El libro ayudará al lector a efectuar su propio discernimiento en torno al género.

¿Cuáles son, entonces, las consecuencias para nuestros hijos, para la próxima generación?
– Respondo con un hecho real. Me tocó dar una conferencia sobre esta ideología, a todos los docentes de una ciudad de 7.000 habitantes, en una zona rural de mi provincia. Gente sencilla y de trabajo. Al concluir, una maestra comentó en voz alta: -Ahora entiendo porqué hace unos días mi hijo de 7 años me preguntó: Mamá ¿yo son nene o nena?... Las personas formadas y maduras son inmunes a esta ideología, pero si dejamos que se la metan a los niños desde su más tierna infancia –cine, TV, escuela, radio, revistas-, en no pocos casos habrá que lamentar con el tiempo tragedias de todo tipo.

“Donde haya un hombre –mujer o varón-, su inteligencia buscará la verdad, su voluntad intentará amar y autodirigirse hacia el bien”, es lo que usted afirma en su libro. ¿Cuál sería el mejor modo de contrarrestar esta y otras ideologías parecidas que tienden a penetrar en las constituciones y leyes de los países, es la formación de varones y mujeres verdaderos? ¿Qué significa un varón o una mujer verdadera?
– Frente a todas las ideas absurdas o malsanas que campean en nuestro mundo actual, lo más importante no son otras ideas que las enfrenten; sino más bien testigos de la verdad. Mujeres y varones cabales, de carne y hueso. La mujer es la madre, o sea: el amor incondicional y que siempre está presente. El varón es el padre, o sea: la autoridad, el amor que pone límites y condiciones, para sacar lo mejor de sí a cada quien. Ambos amores son necesarios para llegar a la madurez humana. Conocer un varón y una mujer así, es la mejor “vacuna” contra la ideología de género.