martes, 28 de agosto de 2012

El celibato sacerdotal.



El mundo necesita al sacerdote. El mundo no puede seguir existiendo sin sacerdotes y el sacerdote tiene que manifestar­se. No tiene derecho a ocultar su “carácter”. Es sacerdote des­de la mañana hasta la noche; es sacerdote las 24 horas del día. En cualquier momento le pueden llamar para confesar, dar la extremaunción o aconsejar a algún alma que se va a perder. El sacerdote tiene que estar ahí. Por consiguiente, profanarse y no tener fe en su carácter sacerdotal, es el final del sacerdote y del sacerdocio. A eso estamos llegando. No hay que extrañar- se de que los seminarios estén vacíos. ¿Por qué guarda el celibato el sacerdote? Aquí hay que apelar otra vez a la fe. Si se pierde la fe en el sacerdocio y se pierde la noción de que el sa­cerdote está hecho para el Sacrificio único que es el del altar y que es la continuación del Sacrificio de Nuestro Señor, se pier­de al mismo tiempo el sentido del celibato. Ya no hay razón para que el sacerdote sea soltero. Se dice que “el sacerdote es­tá ocupado y que su papel le absorbe de tal forma, que no pue­de ocuparse de un hogar”. Pero ese argumento no tiene senti­do. El médico, si tiene verdaderamente vocación de médico y es un verdadero médico, está tan ocupado como el sacerdote. Ya le llamen de noche como de día, tiene que estar presente para atender a los que le pidan que vaya a ayudarles y, por consiguiente, tampoco él debería casarse, porque no puede te­ner tiempo para ocuparse de su mujer y de sus hijos. Así, pues, no tiene sentido el decir que el sacerdote está tan ocu­pado que no podría hacerse cargo de un hogar. La razón pro­funda del celibato sacerdotal no está ahí. La verdadera razón del celibato sacerdotal consagrado es la misma razón que hi­zo que la Santísima Virgen María haya seguido siendo Virgen: el haber llevado a Nuestro Señor en su seno; por eso era justo y conveniente que fuese y permaneciese virgen. De la misma manera, el sacerdote, por las palabras que pronuncia en la consagración también él hace venir a Dios sobre la tierra. Está en tal proximidad con Dios -ser espiritual y espíritu ante todo- que es bueno, justo y eminentemente conveniente que el sa­cerdote sea virgen y permanezca soltero. Esta es la razón fun­damental: el sacerdote ha recibido el “carácter” que le permi­te pronunciar las palabras de la consagración y hacer bajar a Nuestro Señor a la tierra para dárselo a los demás. Esta es la razón de su virginidad. Pero entonces -me diréis- ¿por qué hay sacerdotes casados en oriente? Es una tolerancia. No os dejéis engañar, es sólo una tolerancia. Preguntad a los sacer­dotes orientales: un obispo no puede estar casado. Ninguno de los que tienen funciones de alguna importancia en el clero oriental puede estar casado. Es, pues, "una simple tolerancia"; y no el concepto que tiene el mismo clero oriental, porque también él venera el celibato del sacerdote. En todo caso, es absolutamente cierto que, desde el momento de Pentecostés, incluso si vivieron con sus esposas, los apóstoles dejaron de “conocerlas”. Porque, si no ¿a quién se dirigiría Nuestro Señor cuando dijo: “Si queréis ser mis discípulos, abandonadlo todo y dejad a vuestras esposas”?

Mons. Marcel Lefebvre, tomado de “Monseñor Lefebvre. Vida y doctrina de un obispo católico”, Ediciones Nueva Hispanidad, Buenos Aires, 2001, págs. 131-133.

lunes, 27 de agosto de 2012

Homilía: Acerca del triunfo del Corazón Inmaculado de María.


 
N. Señora de Fátima (1917): “Si atendéis a mis peticiones Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que mucho sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo un tiempo de paz”.
Sor Lucía dijo, en 1957, al P. Fuentes: el demonio está librando una batalla decisiva contra la Virgen… Así que ahora o somos de Dios o somos del demonio, no hay término medio. La Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Pero, créame Padre, Dios va a castigar al mundo y lo va a castigar de una manera tremenda.
En relación con Fátima, tenemos, entonces, dos grandes acontecimientos: el Triunfo del Corazón Inmaculado y un castigo tremendo.

¿En qué consistirá el triunfo del Corazón Inmaculado?

El Triunfo del Corazón Inmaculado no se puede producir mientras no se lleva a cabo la consagración de Rusia. Este gran triunfo de la Madre de Dios, según lo revelado por Nuestra Señora, conllevará la conversión de Rusia, pero es evidente que no se limitará a eso. Todo indica que ese triunfo significará el fin de la actual crisis de la Iglesia. A dicho triunfo seguirá un tiempo de una paz nunca vista ni imaginada en el mundo, «la Paz de María»: la Iglesia se verá libre entonces, por fin, de la herejía modernista y de todos los elementos que el demonio ha introducido en la Jerarquía, en los monasterios y en los conventos. La sociedad civil, por su parte, será purificada del liberalismo reinante, porque el cuerpo (la Iglesia) no puede ser restaurado si Cristo (la Cabeza) sigue destronado. La Paz de María es incompatible con el liberalismo, porque el liberalismo en diabólico. Se tiene a los comunistas como los más grandes asesinos de toda la historia con 100 millones de muertos en el siglo XX. Pues bien, los liberales demócratas son 40, ¡cuarenta! veces más asesinos que los marxistas, pues mientras éstos mataron, en promedio, 1 millón de personas al año durante un siglo; los demócratas asesinan, ¡hoy, 40 millones de niños inocentes al año! (fuente: OMS y organizaciones católicas antiabortistas) y la cifra va en aumento. Por eso el Triunfo del Corazón Inmaculado de María significará la derrota total del liberalismo con que el demonio tiraniza hoy al mundo.
Pero, créame Padre -decía Sor Lucía- Dios va a castigar al mundo y lo va a castigar de una manera tremenda.

¿Es la actual crisis de la Iglesia el “castigo tremendo” del que habla Sor Lucía?

Puede ser. Esta crisis terrible ha sido profetizada desde antiguo. Tres ejemplos:

La Didajé (libro de la Doctrina de los Apóstoles), documento del siglo I, dice: En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y corruptores, y se convertirán en lobos de sus rebaños, y la caridad se convertirá en odio; tomando, pues, incremento la iniquidad.

Dice San Agustín, comentando el Salmo 7, que en últimos tiempos, entre los cristianos habrá pocos con fe pura y sincera, y añade que el Anticristo se sentará en el templo, esto es, en la Iglesia, como si el pueblo de Dios estuviese formado de una multitud de impíos.

San Hipólito (mártir del siglo III) dice que la seducción llenará el mundo entero… los Prelados serán negligentes para con las ovejas… surgirán falsos doctores de perniciosas costumbres, los Pastores se tornarán en lobos.

¿Será el brazo de Cristo lo que hará triunfar al Corazón de María? ¿Terminará la crisis de la Iglesia y del mundo con un “castigo tremendo”, sorpresivo e inimaginado, que será causa, al mismo tiempo, del triunfo del Corazón Inmaculado?

Es lo más probable. El “día del Señor”, del cual habla muchas veces la Biblia, es gran castigo de Dios previo a la segunda venida de N. S. Jesucristo. El “día del Señor” será un juicio sobre todas las naciones, las cuales serán castigadas (Nacar-Colunga). Quedarán sobrevivientes que invocarán con gran fervor el nombre del Señor. La Iglesia y el mundo serán restaurados. En el transcurso de los siglos ha habido grandes castigos y vemos que Dios los ha descargado sobre Sodoma, Babilonia, Nínive, Cafarnaum, Jerusalén, etc…, por la incredulidad de sus habitantes… Más al fin de los tiempos, cuando apenas haya fe en el mundo… habrá uno con carácter social y universal, y éste será el juicio de las naciones… antes del fin del mundo… A raíz de este castigo tendrá lugar la conversión del pueblo judío, cesarán las guerras y vendrá una época de gran paz (P. Benjamín Martín Sánchez).

¿Habla la Biblia sobre esto? En muchos lugares: unos 70. Por ejemplo:

Sofonías 1,14-17; 3,9: Cerca está el día grande del Señor; próximo está y llega con suma velocidad… Día de ira es aquel, día de angustia y aflicción, día de devastación y tinieblas… he decretado congregar a los pueblos y juntar a los reinos para derramar sobre ellos mi indignación… Yo daré entonces a los pueblos (sobrevivientes) labios puros para que invoquen el nombre del Señor y le sirvan

Zacarías 13,8-9: Y sucederá en toda la tierra, dice el Señor, que dos partes de ella serán dispersadas y perecerán, y la tercera parte quedará en ella. Esta tercera parte la haré pasar por el fuego y la purificaré... Ellos invocarán mi nombre, y Yo les seré favorable.

Isaías 13,9; 24,1-6; 66, 16.19 y 23: Ved, que va a llegar el día del Señor, día horroroso y lleno de indignación, y de ira, y de furor; para hacer de la tierra un desierto, y exterminar a los pecadores. He aquí que el Señor devastará la tierra y la dejará asolada, trasformará la superficie de ella y dispersará a sus habitantes… La tierra está profanada por sus habitantes, pues han traspasado las leyes y violado sus mandamientos… por eso la maldición devora la tierra, y quedará solamente un corto número. He aquí que El Señor viene en medio del fuego…, para derramar su ira con furor y sus amenazas mediante llamas de fuego. Porque El Señor va a ejercer el juicio con fuego y con la espada a toda carne, y serán muchos los que perecerán por la mano de El Señor

San Pedro (2 Ped. 3,5-7): así como un día desapareció el mundo destruido por las aguas del diluvio, así otro día los cielos y la tierra serán purificados con el fuego, y en ese día perecerán los impíos.

Comentando el episodio evangélico de la tormenta calmada (Mt 8 23-27), dice Santo Tomás de Aquino en la Catena Aurea, que Nuestro Señor dará una orden a los vientos, es decir, a los demonios, y habrá una gran paz en la Iglesia y en el mundo (Pseudo-Orígenes).  En la actual tormenta iniciada con el fatídico Concilio Vaticano II y que amenaza con hundir la barca de la Iglesia, ¿querrá Dios imponer una paz súbita e imprevista, como en esa ocasión?

San Vicente Ferrer (s. XIV): Vendrá un tiempo que ninguno habrá visto hasta entonces… Se producirá un estruendo tan grande, como ni hubo ni se espera otro mayor, sino el que se experimentará en el juicio. Llorará la iglesia… pero la tristeza se convertirá en gozo. El rey de reyes y el señor de los señores lo purificará y regenerará todo. Veréis "una señal” (de un gran castigo) y no la conoceréis; pero advertid que en aquel tiempo las mujeres vestirán como los hombres, y se portarán según sus gustos y licenciosamente; y los hombres vestirán igualmente como mujeres.

Beato Bartolomé Holzhauzer (s. XVII): El Omnipotente, entonces, intervendrá con un golpe admirable que nadie en el mundo puede imaginarse. Durante tres días, la tierra será sumergida en la obscuridad más completa. Como antaño en Egipto, el Ángel Exterminador abatirá todos aquellos que se han levantado con odio satánico contra la Iglesia...

San Gaspar del Búfalo (s. XIX): Aquel que sobreviva a los tres días de tinieblas y de espanto creerá haber quedado solo sobre la tierra, porque ella estará cubierta de cadáveres.

Fray Bernardo María Clausi (s. XIX): Las cosas llegarán al colmo, y cuando todo parezca perdido… Dios… arreglará todas las cosas en un abrir y cerrar de ojos... Vendrá un flagelo terrible y dirigido únicamente contra los impíos. Será un flagelo enteramente nuevo y como no se ha visto otro en el mundo… grandes pecadores se convertirán porque entonces conocerán a Dios. Este flagelo se hará sentir en el mundo entero y será tan terrible que los sobrevivientes se imaginarán ser los únicos que se han librado. Este azote será instantáneo, pero terrible.

Venerable Fray Jacinto Coma (s. XIX): La Providencia tiene reservado un medio imprevisto, que hará de un solo golpe lo que habría demorado mucho tiempo siguiendo el curso normal de las cosas.

Nuestra Señora de la Salette (1846): La naturaleza clama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor.  Tiembla, tierra, temblad vosotros…  Al primer golpe del rayo de su espada, las montañas y la tierra entera temblarán de pavor puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos… muchas grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido; sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su misericordia, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres entregados al pecado perecerán, y la tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado; en todas partes florecerá la caridad.

Nuestra Señora de Akita, Japón (1973): Si los hombres no se arrepienten y no se enmiendan, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro… y aniquilará una gran parte de la humanidad… Las únicas armas que nos quedarán entonces serán el Rosario y el Signo dejado por mi hijo.

Podríamos citar varias decenas más de revelaciones acerca de lo mismo.

Los devotos del rosario y del Corazón Inmaculado de María nada deben termer.

Termino citando nuevamente a Sor Lucía en su conversación con el P. Fuentes: Padre, el demonio está librando una batalla decisiva contra la Virgen… Mi misión es indicarles a todos el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma si seguimos aferrados al pecado… Que cada uno de nosotros comience por sí mismo su reforma espiritual; porque tiene que salvar no sólo su alma, sino salvar a todas las almas que Dios ha puesto en su camino... Padre, la Santísima Virgen… me dio a entender (que estamos en los últimos tiempos)… porque me dijo que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María…  Los medios para salvar al mundo son la oración y el sacrificio... y luego, el Santo Rosario y la devoción al Corazón Inmaculado de María, Madre Santísima; como sede de la clemencia, de la bondad y el perdón; y como puerta segura para entrar al cielo.
Y en otras ocasiones agrega: La decadencia que existe en el mundo, es, sin ninguna duda, consecuencia de la falta de espíritu de oración. Que la gente rece el Rosario cada día -Nuestra Señora lo ha repetido en todas sus apariciones- para fortalecernos en estos tiempos de desorientación diabólica, para que no nos dejemos engañar por falsas doctrinas. Como el Rosario es, después de la (Misa), la oración más apta para preservar la fe en las almas, el diablo ha desencadenado su lucha contra él… El Rosario es el arma más poderosa  para defendernos en el campo de batalla.

¡Ave María Purísima!

Un sacerdote de la Fraternidad San Pío X.

viernes, 24 de agosto de 2012

jueves, 16 de agosto de 2012

Una cita profética de Pío XII.



«Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡Hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico! Bien, mi querido amigo, estoy convencido que la Iglesia de Pedro tiene que hacerse cargo de su pasado, o ella cavará su propia tumba (…) Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: ¿dónde lo han puesto?».

Citado por Mons. Georges Roche en: “Pius XII devant l’histoire”.
Visto en la publicación PanoramaCatólico Internacional.

martes, 14 de agosto de 2012

Sermón en la Asunción de la Sma. Virgen a los cielos.



1. Subiendo hoy a los cielos la Virgen gloriosa, colmó sin duda los gozos de los ciudadanos celestiales con copiosos aumentos, pues ella fue la que, a la voz de su salutación, hizo saltar de gozo a aquel que aún vivía encerrado en las maternas entrañas. Ahora bien, si el alma de un -párvulo aún no nacido se derritió en castos afectos luego que habló María, ¿cuál pensamos sería el gozo de los ejércitos celestiales cuando merecieron oír su voz, ver su rostro y gozar de su dichosa presencia? Mas nosotros, carísimos, ¿qué ocasión tenemos de solemnidad en su asunción, qué causa de alegría, qué materia de gozo?
Con la presencia de María se ilustraba todo el orbe, de tal suerte que aun la misma patria celestial brilla más lucidamente iluminada con el resplandor de esta lámpara virginal. Por eso con razón resuena en las alturas la acción de gracias y la voz de alabanza, pero para nosotros más parece debido el llanto que el aplauso. Porque ¿no es, por ventura, natural, al parecer, que cuanto de su presencia se alegra el cielo otro tanto llore su ausencia este nuestro inferior mundo? Sin embargo, cesen nuestras quejas, porque tampoco nosotros tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos aquella a la cual María purísima llega hoy. Y si estamos señalados por ciudadanos suyos, razón será que, aun en el destierro, aun sobre la ribera de los ríos de Babilonia, nos acordemos de ella, tomemos parte en sus gozos y participemos de su alegría., especialmente de aquella alegría que con ímpetu tan copioso baña hoy la ciudad de Dios, para que también percibamos nosotros las gotas que destilan sobre la tierra. Nos precedió nuestra reina, nos precedió, y tan gloriosamente fue recibida, que confiadamente siguen a su Señora los siervecillos clamando: Atráenos en pos de ti y correremos todos al olor de tus aromas. Subió de la tierra al cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de misericordia, trate los negocios de nuestra salud devota y eficazmente.
2. Un precioso regalo envió al cielo nuestra tierra hoy, para que, dando y recibiendo, se asocie, en trato feliz de amistades, lo humano a lo divino, lo terreno a lo celestial, lo ínfimo a lo sumo. Porque allá ascendió el fruto sublime de la tierra, de donde descienden las preciosísimas dádivas y los dones perfectos. Subiendo, pues, a lo alto, la Virgen bienaventurada otorgará copiosos dones a los hombres. ¿Y cómo no dará? Ni le falta poder ni voluntad. Reina de los cielos es, misericordiosa es; finalmente, Madre es del Unigénito Hijo de Dios. Nada hay que pueda darnos más excelsa idea de la grandeza de su poder o de su piedad, a no ser que alguien pudiera llegar a creer que el Hijo de Dios se niega a honrar a su Madre o pudiera dudar de que están como impregnadas de la más exquisita caridad las entrañas de María, en las cuales la misma caridad que procede de Dios descansó corporalmente nueve meses.
3. Y estas cosas, ciertamente, las he dicho por nosotros, hermanos, sabiendo que es dificultoso que en pobreza tanta se pueda hallar aquella caridad perfecta que no busca la propia conveniencia. Mas con todo eso, sin hablar ahora de los beneficios que conseguimos por su glorificación, si de veras la amamos nos alegraremos inmensamente al ver que va a juntarse con su Hijo. Sí, nos alegraremos y le daremos el parabién, a no ser que, como esté lejos de nosotros, quisiéramos mostrarnos ingratos con aquella que nos dio al autor de la gracia. Hoy es recibida la Virgen en la celestial Jerusalén por Aquel a quien ella recibió al venir a este mundo; pero ¿quién será capaz de expresar con palabras con cuánto honor fue recibida, con cuánto gozo, con cuánta alegría? Ni en la tierra hubo jamás lugar tan digno de honor como el templo de su seno virginal, en el que recibió María al Hijo de Dios, ni en el cielo hay otro solio regio tan excelso como aquel al que sublimó hoy para María el Hijo de María. Feliz uno y otro recibimientos, inefables ambos, porque ambos a dos trascienden toda humana inteligencia. ¿Mas a qué fin se recita hoy en las iglesias de Cristo aquel pasaje del Evangelio en que se significa cómo la mujer bendita entre todas las mujeres recibió al Salvador? Creo que a fin de que este recibimiento que hoy celebramos se pueda conocer de algún modo por aquél, o, más bien, a fin de que, según la inestimable gloria de aquél, se conozca también que esta gloria es inestimable. Porque ¿quién, aunque pueda hablar con las lenguas de los hombres y de los ángeles será capaz de explicar de qué modo, sobreviniendo el Espíritu Santo y haciendo sombra la virtud del Altísimo, se hizo carne el Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas ¿Cómo el Señor de, la majestad, que no cabe en el universo de las criaturas, se, encerró a sí mismo, hecho hombre, dentro de las entrañas virginales?
4. Pero ¿y quién será suficiente para pensar siquiera cuán gloriosa iría hoy la reina del mundo y con cuánto afecto de devoción saldría toda la multitud de los ejércitos celestiales a su encuentro? ¿Con qué cánticos sería acompañada hasta el trono de la gloria, con qué semblante tan plácido, con qué rostro tan sereno, con qué alegres abrazos sería recibida del Hijo y ensalzada sobre toda criatura con aquel honor que Madre tan grande merecía, con aquella gloria que era digna de tan gran Hijo? Felices enteramente los besos que imprimía en sus labios cuando mamaba y cuando le acariciaba la madre en su regazo virginal. Mas, ¿por ventura, los juzgaremos más felices los que de la boca del que está sentado a la diestra del Padre recibió hoy en la salutación dichosa, cuando subía al trono de la gloria cantando el cántico de la Esposa y diciendo: Béseme con el beso de su boca? Porque cuanto mayor gracia alcanzó en la tierra sobre todos los demás, otro tanto más obtiene también en los cielos de gloria singular. Y si el ojo no vio ni el oído oyó, ni cupo en el corazón del hombre lo que tiene Dios preparado a los que le aman; lo que preparó a la que le engendró y (lo que es cierto para todos) a la que amó más que a todos, ¿quién lo hablará? Dichosa, por tanto, María, y de muchos modos dichosa, o recibiendo al Salvador o siendo ella recibida del Salvador. En lo uno y en lo otro es admirable la dignidad de la Virgen Madre; en lo uno y en lo otro es amable la dignación de la Majestad. Entró, dice, Jesús en un castillo y una mujer le recibió en su casa. Pero más bien nos debemos ocupar en las alabanzas, pues se debe emplear este día en elogios festivos. Y pues nos ofrecen copiosa materia las palabras de esta lección del Evangelio, mañana también, concurriendo, nosotros juntamente, será comunicado sin envidia lo que se nos dé de arriba, para que en la memoria de tan grande Virgen no sólo se excite la devoción, sino que también sean edificadas nuestras costumbres para aprovechamiento de la conducta de nuestra vida, en alabanza y gloria de su Hijo, Señor nuestro, que es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos. Amén.

San Bernardo. Visto en el Blog Emboscado.

Los ateos también creen en milagros.


Le fe del ateísmo:

La creencia de que no existía nada y de que a la nada no le pasaba nada hasta que nada mágicamente estalló sin ninguna razón creando todo, y luego un montón de todo mágicamente se organizó sin ninguna razón en pedacitos autorreplicables que después se convirtió en dinosaurios.


lunes, 13 de agosto de 2012

Invitación a confrencia: “La vida social”, a cargo del Dr. Luis Roldán.



Invitación a nuestro ciclo de conferencias 2012
sobre Doctrina Social de la Iglesia

LA VIDA SOCIAL

Dr. Luis Roldán

Viernes 17 de Agosto, 20 hs.
Priorato: Venezuela 1318-20, (1095)
Capilla “Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias”,
Montserrat, Buenos Aires, Capital.

sábado, 11 de agosto de 2012

Carta Encíclica “Quanto Conficiamur”: Sobre la Iglesia y las misiones.



Sobre la Iglesia y las misiones.

10 de agosto de 1863


Amados Hijos y Venerables Hermanos Nuestros, salud y bendición apostólica

1. Introducción: El Papa congratula a los Obispos por su valiente y heroica conducta.

Todos fácilmente comprenderéis, Amados Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, cómo nos agobia la tristeza a causa de la encarnizada y sacrílega guerra que, en casi todas partes del mundo, se ha desatado contra la Iglesia en estos azarosos tiempos, y ante todo en la infeliz Italia, donde ella desde hace muchos años fue declarada por el gobierno piamontés y estimulada de día en día; pero en medio de Nuestras gravísimas angustias, volviendo la vista a vosotros, Nos llenamos de sumo gozo y consuelo, pues vosotros, a pesar de haber sufrido contumelias, con toda clase de injusticias y de violencias, arrancados de vuestra grey, enviados al destierro, y hasta encerrados en la cárcel, sin embargo, revestidos con la fuerza de lo alto, nunca habéis dejado, ya de palabra, ya por escrito, de defender denodadamente la causa, los derechos y la doctrina de Dios, de su Iglesia y de esta Sede Apostólica, y de proveer a la salud de vuestro rebaño. Por esto, de todo corazón os congratulamos por vuestra alegría de haber sufrido contumelias por el nombre de Jesús y os tributamos las merecidas alabanzas, sirviéndonos de las palabras de Nuestro predecesores San León cuando dijo: Aunque me compadezca con todo mi corazón de los sufrimientos que habéis soportado por la defensa de la fe católica y de lo que vosotros habéis padecido; sin embargo, comprendo que hay más motivo para alegrarse que para entristecerse, al ver que, fortificados por Nuestro Señor Jesucristo, habéis permanecido invencibles en la doctrina evangélica y apostólica... Y mientras los enemigos de la fe cristiana os arrojaban de vuestras sedes, preferisteis sufrir las amargura del exilio a mancillaros con cualquier categoría de impiedad.

2. Progresa el error y el mal. Persecución religiosa.

¡Ojalá pudiéramos anunciaros el fin de tantas calamidades para la Iglesia! Mas la corrupción de las costumbres que nunca puede deplorarse suficientemente, va en aumento por todas partes estimulada por los escritos antirreligiosos, vergonzosos y obscenos, por espectáculos teatrales, el establecimiento casi por doquiera de casas de prostitución y se promueve también con otras malas artes; los más monstruosos errores se difunden por doquiera; crece el nefando aluvión de todos los vicios y crímenes; el mortífero veneno de la incredulidad y del indiferentismo se propaga intensamente; displicentemente se desprecia la la potestad eclesiástica, las cosas sagradas y las leyes; injusta y violentamente se despoja a la Iglesia de sus bienes; feroz e ininterrumpidamente se persigue a los ministros sagrados, a los religiosos y a las vírgenes consagradas a Dios; se odia con odio perfectamente diabólico a Cristo, a la Iglesia, su doctrina, a esta Sede Apostólica. Un sin número de otros actos que los encarnizados enemigos de la Religión, que cada día nos vemos precisados a lamentar parece prolongar y diferir el tiempo tan deseado en que Nos será dado asistir al completo triunfo de Nuestra santísima Religión, de la verdad y de la justicia.

3. El triunfo de la Iglesia.

Este triunfo vendrá aunque Nos no conozcamos el tiempo que el omnipotente Dios le tiene señalado, quien con su admirable y divina Providencia todo lo rige y gobierna, encaminándolo a Nuestra utilidad. Pero, aunque el Padre celestial permita que su santa Iglesia, que milita en esta misérrima y mortal peregrinación sea atormentada y con muchas penalidades e infortunios afligida, sin embargo, estando fundada por Nuestro Señor Jesucristo sobre firmísima e inconmovible roca, no sólo ningún poder ni ningún embate puede jamás derribarla ni echarla por tierra, sino que lejos de disminuir con las persecuciones, aumenta y el campo del Señor se viste de una mies tanto más abundante cuanto que los granos, que caen uno a uno, nacen multiplicados. 

4. Pruebas de este triunfo actual. Tonkín y Cochinchina.

Vemos que esto sucede también, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, por un singular beneficio de Dios en estos luctuosísimos tiempos, pues, aunque la inmaculada Esposa de Cristo se vea al presente en gran manera afligida por obra de los impíos, sin embargo triunfará de sus enemigos. Triunfa de ellos y resplandece maravillosamente, ya por la fidelidad, amor y respeto que todos vosotros y todos nuestros demás Venerables Hermanos, los prelados de todo el mundo católico manifestáis a Nos y a esta Cátedra de Pedro, por vuestra admirable constancia en defender la unidad católica: ya por medio de tantas obras piadosas de Religión y caridad cristiana, que con la gracia de Dios se multiplican más cada día en el orbe católico: ya por medio de la luz de la sagrada fe, con la cual se iluminan siempre más los países: ya por el egregio amor y solicitud de los católicos hacia la Iglesia, hacia Nos y esta Santa Sede; ya por la inmortal e insigne gloria del martirio. Pues sabéis cómo en las regiones de Tonkín principalmente y Cochinchina, los Obispos, sacerdotes, los laicos, y hasta las débiles mujeres y tiernas jovencitas y jovencitos, emulando los antiguos ejemplos de los mártires, con ánimo invicto y heroico valor desprecian los tormentos más crueles, y llenos de regocijo se glorían sobre manera de poder dar la vida por Cristo. Todo lo cual debe servir, en verdad para Nos y para vosotros de gran consuelo en medio de las mayores amarguras que nos agobian.

5. Renovada condenación de los errores modernos.

Mas el cargo de Nuestro Ministerio Apostólico exige perentoriamente que con todo cuidado defendamos la causa de la Iglesia que Nuestro Señor Jesucristo nos ha encomendado y que recobremos a todos aquellos que no vacilan en combatir y conculcar a la misma Iglesia y sus sagrados derechos, a sus ministros y a esta Sede Apostólica, por estas Letras confirmamos, declaramos y condenamos nuevamente todas y cada una de aquellas cosas que en muchas de nuestras Alocuciones consistoriales y en otras Letras Nuestras, con mucha pena de Nuestra alma, nos hemos visto obligados a lamentar, señalar y condenar.

6. Error de la bondad de todas las religiones.

Y aquí, queridos Hijos nuestros y Venerables Hermanos, es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la doctrina católica. Notoria cosa es a Nos y a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima Religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria.

7. Solo la Iglesia Católica salva.

Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los consumases contra la autoridad y definiciones de la misma Iglesia, y los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, “a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña”, no pueden alcanzar la eterna salvación. Son en efecto muy claras las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Quien no oyere a la Iglesia, sea para ti como un gentil o un publicano[1]. El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia; y el que a mí me desprecia, desprecia a Aquel que me ha enviado[2]. El que no creyere se condenará[3]. El que no cree ya está juzgado[4]. El que no está conmigo está contra mí, el que conmigo no recoge, desparrama[5]. De aquí que el Apóstol San Pablo diga que estos hombres están corrompidos y condenados por su propio juicio[6]. Y que el Príncipe de los Apóstoles los llame maestros de la mentira que introducen sectas de perdición, niegan a Dios y atraen sobre sí una pronta condenación.[7]

8. Socorro a los errantes y cismáticos.

Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra buena [Col. 1, 10], consigan la eterna salvación.

9. Amor propio y la codicia. Advertencia de la Biblia.

Ahora, empero, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, no podemos pasr por alto otro error y mal perniciosísimo que, en nuestra infaustísima época miserablemente arrebata y perturba el espíritu y las almas de los hombres. Hablamos pues de aquel desenfrenado y perjudicial amor propio y aquella codicia con que muchos, sin preocuparse en lo más mínimo del prójimo, no buscan otra cosa ni tienden sino a sus propias utilidades y bienestar; hablamos de aquella insasiable pasión de dominar y de ganar, con la cual, desechando las normas de la honestidad y de la justicia, no dejan de juntar y de cualquier modo acumular las riquezas con codicia; y, concentrados ansiosamente sólo en las cosas terrenas, olvidados de Dios, de la Religión y de sus almas, ponen criminalmente toda su felicidad en amontonar riquezas y tesoros pecuniarios. Recuerden estos hombres y mediten seriamente las palabras muy graves de Nuestro Señor: ¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?[8], y reflexionen cuidadosamente sobre lo que enseña el Apóstol San Pablo cuando dice: Los que quieren hacerse ricos caen en la tentación y en el lazo del diablo, en muchos deseos inútiles y nocivos los que van sumiendo al hombre en la muerte y en la perdición; porque la avaricia constituye la raíz de todos los males; por causa suya se desviaron muchos de la fe y se precipitaron en una multitud de dolores[9].

10. Diversidad de trabajo, unidad del fin
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Cierto es que los hombres, según la propia y diversa condición de cada uno deben procurarse con sus fatigas los recursos necesarios para vivir ora cultivando las letras y las ciencias ora ejerciendo las artes liberales o profesionales ora desempeñando cargos públicos y privados, ora dedicándose al comercio; pero es de todo punto indispensable lo hagan con honestidad, con justicia con integridad y caridad; que siempre tengan a Dios presente, y guarden cuidadosamente sus mandamientos y preceptos.

11. Asociaciones condenables del Clero.

Ya no podemos, empero, ocultar que Nos aflige un acerbísimo dolor por haber en Italia miembros de uno y otro clero que, a tal extremo se han olvidado de su santa vocación que no se avergüenzan en lo más mínimo de difundir, aun por escritos perniciosos, falsas doctrinas, instigando los ánimos de los pueblos contra Nos, contra esta Silla Apostólica, atacando el principado civil de esta misma Sede Nuestra y favoreciendo descaradamente con todo empeño y diligencia a los perversísimos enemigos de la Iglesia Católica y de esta Silla. Estos Clérigos, después de separarse de sus Prelados, de Nos y de esta Santa Sede, y, apoyados en el fervor y auxilio del Gobierno Subalpino (piamontés) y de sus Magistrados, llegaron a tanta audacia, que, despreciando totalmente las censuras y penas eclesiásticas no temían en lo más mínimo establecer ciertas sociedades del todo reprobables, llamadas Clérigo-liberales, De socorro mutuo, Emancipadora del Clero Italiano y otras más, animadas del mismo espíritu; y aunque sus obispos, con toda justicia los hayan suspendido del sagrado ministerio, sin embargo, no trepidan en absoluto en ejercerlo a guisa de intrusos de un modo criminal e ilícito, en muchos templos.

12. Reprobación y amonestación del Clero extraviado.

Por eso, reprobamos y condenamos las detestables sociedades mencionadas y la mala conducta de dichos eclesiásticos, amonestando y exhortando al mismo tiempo una y otra vez a estos infelices clérigos a que se arrepientan, se conviertan y atiendan a su propia salvación, considerando seriamente que ningún prejuicio tolera Dios menos que el causado por los sacerdotes, al ver que, habiéndolos puesto para que sirvan de corrección a los demás, dan ejemplos de depravación. Mediten atentamente que han de dar rigurosa cuenta ante el Tribunal de Cristo. Plegue a Dios que estos desgraciados clérigos obedezcan a Nuestras paternales amonestaciones, dándonos el consuelo que otros varones de uno y otro clero nos han proporcionado y que ellos miserablemente engañados y arrastrados al error, acudan compungidos por días a Nos para implorar con humildad e insistencia el perdón de sus pecados y la absolución de las censuras eclesiásticas.

13. El Papa señala los males de la hora presente
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Conocéis muy bien, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, los escritos de toda clase salidos de las tinieblas y llenos de dolo, mentiras, calumnias y blasfemias, conocéis las escuelas confiadas a maestros anticatólicos, en sinnúmero de otras acechanzas realmente diabólicas, las artimañas y los esfuerzos con que los enemigos de Dios y de los hombres se empeñan en destruir, si les fuese posible, hasta los cimientos de la Iglesia Católica en la desgraciada Italia, en depravar y corromper cada día más, principalmente a la inexperta juventud y en extirpar de todos los corazones Nuestra santísima fe y Religión.

14. Misión de los Obispos: la defensa de la grey
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Por eso, no dudamos que vosotros, Amados Hijos y Venerables Hermanos, fortalecidos con la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, continuaréis en vuestro esclarecido celo episcopal, como hasta ahora con gran alabanza de vuestro nombre lo habéis practicado, oponiendo con constancia, espíritu unánime y redoblados esfuerzos un muro protector para la casa de Israel, combatiendo por la buena causa de la fe, defendiendo de las asechanzas de los adversarios a los fieles encomendados a vuestros cuidados, advirtiéndoles y exhortándolos continuamente a que conserven siempre la fe santísima, sin la cual es imposible agradar a Dios, la que la Iglesia ha recibido de Cristo por medio de los Apóstoles y que enseña, que permanezcamos firmes e inconmovibles en Nuestra santa Religión, la única verdadera, que prepara para la vida eterna, que conserva también en forma extraordinaria y hace feliz a la sociedad civil.

15. Enseñanza religiosa - Los males que causa la ignorancia
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Por eso, no dejéis de enseñar, siempre y con exactitud, los venerables misterios de Nuestra augusta Religión, su doctrina, preceptos, y su disciplina, a los pueblos confiados a vuestros cuidados, valiéndoos principalmente de los párrocos y de otros clérigos que se distingan por la integridad de su vida, la gravedad de su conducta y la santa y sólida doctrina, sea por medio de la predicación de la divina palabra, sea por el catecismo. Pues, vosotros sabéis muy bien que una parte notabilísima de los males nacen en la mayoría de los casos de la ignorancia de las cosas divinas que son necesarias para la salvación, por consiguiente comprenderéis perfectamente que debe emplearse todo cuidado y empaño para alejar del pueblo este mal.

16. Elogio del Clero fiel.

Antes de terminar esta Nuestra Carta, no podemos menos de rendir el tributo de las merecidas alabanzas al Clero italiano que en su mayoría permaneció íntimamente unido a Nos, a esta Cátedra de Pedro y a sus Prelados, no se ha desviado en lo más mínimo del recto camino, sino que, siguiendo los insignes ejemplos de sus Obispos y, sobrellevando con muchísima paciencia las cosas más arduas, cumple agregiamente con su deber. Abrigamos la esperanza de que el mismo Clero, con el auxilio de la divina gracia, camine en forma digna a la vocación con que ha sido llamado, luchando siempre por dar pruebas cada vez más espléndidas de su piedad y virtud.

17. Alabanzas a las religiosas.

Tributamos también el homenaje de Nuestro encomio a tantas vírgenes consagradas a Dios, que arrojadas violentamente de sus monasterios, expoliadas de sus rentas y reducidas a la mendicidad, no quebrantaron, sin embargo, la fe que prometieron a su Esposo sino que, soportando con toda constancia su tristísima situación, no cesan día y noche de alzar sus manos al cielo , pidiendo a Dios por la salvación de todos y también la de sus perseguidores, esperando con paciencia la misericordia del Señor.

18. El Papa celebra la fidelidad heroica del pueblo.

Nos complacemos también en alabar a los pueblos de Italia que, egregiamente animados de sentimientos católicos, detestan tantas impías maquinaciones contra la Iglesia y ardientemente se glorían en permanecer fieles a Nos, a esta Santa Sede y a sus Prelados con filial piedad, respeto y obediencia, y, pese a las dificultades sobremanera grandes y a los peligros a que están expuestos, no dejan de darnos todos los días y de todas maneras pruebas inconfundibles de su singular amor e interés y de aliviar Nuestras penosísimas angustias y las de esta Sede apostólica, ya con fondos reunidos, ya con otros donativos.

19. Confianza en Dios en la tribulación.

En medio de tantas amarguras y tal tempestad levantada contra la Iglesia, no nos desanimemos nunca, amadísimos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, puesto que Cristo es nuestro consejo y nuestra fortaleza[10], sin el cual nada podemos[11] y por el cual lo podemos todo[12], quien al confirmar a los predicadores del Evangelio y a los ministros de los Sacramentos, les dijo: He aquí que estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos[13], y de cierto sabemos que las puertas del infierno nunca prevalecerán contra la Iglesia que siempre se ha erguido y se erguirá inconmovible, siendo su custodio y protector Nuestro Señor Jesucristo, quien la edificó y quien fue ayer, hoy y en todos los siglos[14].

20. Plegarias por la Paz y por la vuelta de los extraviados.

Mas no dejemos de ofrecer, amados Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, día y noche, con un celo cada vez , más ardiente y con humildad de corazón, las oraciones y súplicas a Dios por mediación de Jesucristo, a fin de que, deshecha esta turbulentísima tempestad, su santa Iglesia respire aliviada, después de tantas calamidades, disfrute en todas partes de la paz y libertad tan anheladas, y obtenga sobre sus enemigos nuevos y más espléndidos triunfos, a fin de que todos los extraviados, iluminados con la luz de su divina gracia, vuelvan del camino del error al sendero de la verdad y de la justicia, y, haciendo dignos frutos de penitencia, posean el perpetuo amor y temor de su santo nombre.

21. Ayuda de la Santísima Virgen y de los Santos. Bendición Papal.

Y para que Dios, rico en misericordia, acceda más fácilmente a Nuestra fervorosísimas plegarias, i nvoquemos el poderosísimo patrocinio de la Inmaculada Madre de Dios, la Santísima Virgen María e imploremos la intercesión de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos del cielo para que con sus poderosísimas súplicas pidan a Dios en tiempo oportuno misericordia y gracia para todos, y aparten con poder de la Iglesia todas las calamidades que en todas partes, y principalmente en Italia la afligen.
Finalmente, como prenda segurísima de Nuestra singular benevolencia hacia vosotros, afectuosamente os damos de lo íntimo del corazón la Bendición Apostólica a vosotros, amados Hijos Nuestros y Venerables Hermanos y a la grey confiada a vuestros cuidados.

Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 10 de agosto de 1863, año décimo de Nuestro Pontificado.

Pío IX, Carta Encíclica “Quanto Conficiamur”, 10 de agosto de 1863.


[1] Mateo 18, 17.
[2] Lucas, 10, 16. 
[3] Marcos 16, 16. 
[4] Juan 3, 18. 
[5] Lucas 11, 23. 
[6] Tito 3, 11. 
[7] II Pedro 2, 1. 
[8] Mateo 16, 26. 
[9] I Timoteo 6, 9. 
[10] II Pedro 1, 16; II Corintios 12, 9. 
[11] Juan 15, 5. 
[12] Filipenses 4, 13. 
[13] Mateo 28, 20. 
[14] Hebreos 13, 8.