martes, 20 de noviembre de 2012

Un Cardenal que le dice “está bien” al aborto.




Reproducimos uno de los cuantiosos y tristes casos de las consecuencias a que se llegan por seguir lo “políticamente correcto” a sus máximas consecuencias. En este caso, las declaraciones de un Cardenal que, claramente, acepta públicamente el aborto sin ningún problema de conciencia. Si, estimados lectores, leyeron bien, un Cardenal que le dice “está bien” el aborto, que “está bien” en algunos casos, cuando, sabemos que por la doctrina católica y el orden moral y natural, el aborto no está bien nunca. Y no en algunos “casos concretos”. Reproducimos por completo la entrevista para que nuestros lectores vean en el contexto en que se encuentran estas declaraciones totalmente contrarias al Magisterio de la Iglesia.

Mons. Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá y cardenal electo, ha concedido una entrevista a la periodista María Isabel Rueda, del periódico El Tiempo, en la que aborda la situación de Colombia, de las negociaciones entre su gobierno y la guerrilla y de la polémica sobre el aborto, el matrimonio homosexual y la eutanasia. En relación al aborto, aunque pide que no sea considerado un derecho, el prelado asegura que cuando se despenalizó por tres «casos concretos, yo dije: está bien». (Si los lectores ven una similitud a la presión mediática que hay sobre este tema en nuestra patria, verá que es la misma, el mismo modo de presión para que se llegue a su legalización definitiva). Además, el Cardenal, hace una errónea definición del embrión llamándolo «un ser humano en potencia» (¡sic!). Respecto a la eutanasia, él cree que, cuando decide la propia persona, «podríamos entrar a mirar las cosas con mayor amplitud».


La entrevista:

(María Isabel Rueda/El Tiempo) – ¿Es verdad que desde los 6 años quería ser sacerdote y que no jugaba con carritos sino a darle la comunión a su hermana?

Nací en una familia muy creyente. Se respiraba la fe por todas partes. Pero era tan espontáneo, tan hermoso, que desde chiquito me sentí profundamente atraído a la eucaristía. Armaba un altar en mi casa y hacía que celebraba la misa. Con mi hermana hacíamos procesiones.

- ¿Nunca tuvo dudas sobre su vocación?

Lógico. Tengo 70 años y eso es una buena cantidad de vida.

- ¿Setenta años? Excelencia, parece de 50…

¡Gracias! Pero tengo 70 acabados de cumplir. Entré a hacer el bachillerato en el seminario, con los salesianos en Mosquera. Pero allí no me sentí bien. No por culpa de los salesianos, sino porque llegué de Neiva, donde yo vivía, al frío terrible de Mosquera. La neblina de la mañana me parecía trágica. Regresé a mi casa y anuncié que no volvería al seminario. Que había renunciado a ser sacerdote y que ahora sería médico.

- Pero le pudo la vocación…

Sí. Regresé al seminario, esta vez a Ibagué, donde tenía un tío cura. Pero, al final, allí también tuve una pequeña crisis. La duda fue vencida rápidamente, y, después de todos estos años, nunca volví a dudar de que esta fuera realmente mi vocación.

- ¿Cuántos idiomas habla?

Hablar, lo que se dice hablar una lengua, es algo muy complejo. En el seminario de Ibagué había ambiente de cultura abierta a todo el mundo. Teníamos clases en latín y en francés. Después llegó un sacerdote que sabía bien el alemán y aprendí con él. Mi interés era poder leer en todos esos idiomas para tener acceso a la literatura en filosofía, teología y a la Sagrada Escritura, que es mi especialidad. Me defiendo bien en italiano, francés, inglés, alemán. Latín y griego del nuevo testamento, no el moderno, y el hebreo de la Biblia.

- No todo obispo llega a ser cardenal…

En mi caso concreto, el arzobispo de Bogotá, desde hace 60 años, ha sido elegido cardenal. Esta es una sede cardenalicia.

- La pregunta es entonces: ¿por qué lo eligieron arzobispo de Bogotá, con lo que era fijo que llegaría a ser cardenal?

Son procesos en los que el Señor va llevando las cosas. Desde el punto de vista puramente humano, nunca he influido, intrigado, ni nada de eso. Soy accesible y cercano a la gente, y esa es la gracia que Dios me dio.

- Además de presidente de la Conferencia Episcopal, usted ha sido presidente de la Comisión de Conciliación. ¿Qué opina del proceso de paz que inicia el país?

Era un proceso necesario. En Colombia es muy difícil una victoria militar, no porque nuestro Ejército no sea suficientemente capaz, sino por las condiciones geográficas y las de la propia guerrilla, que se ha vuelto un grupo terrorista.

- ¿Pero acepta que en parte por los golpes que les ha dado el Ejército, las Farc están sentadas en La Habana?

Indudablemente. Ese ha sido un factor decisivo. Pero siguen teniendo presencia. Cuando hablo con los obispos de zonas periféricas, como Orinoquia, Nariño, Putumayo, constatan la presencia fuerte de la guerrilla. No podemos seguir eternamente matándonos. Persiguiéndonos para acabarnos, para destruirnos. Eso le ha costado al país demasiadas víctimas, lágrimas, tristezas. Es un horror que en Colombia haya cinco millones de desplazados.

- ¿A usted le consultó el Presidente que se iba a meter en esto?

Sí, me informó en privado. Pero antes me había contado, desde que era candidato, que una de sus ideas fundamentales era el cese del conflicto.

- ¿Por qué no está sentada la Iglesia en la mesa de negociaciones?

En este momento es muy sabio que los que estén negociando sean representantes de la guerrilla y del Gobierno y no de toda la sociedad civil. La Iglesia no tenía por qué irse a sentar en la mesa de negociación. Nuestra labor es distinta. No somos negociadores ni mediadores. Lo único que tenemos que hacer es «aclimatar» la paz. Crear el ambiente conveniente. Y, por lo tanto, estar apoyando el proceso, invitando a la reconciliación, al perdón, a que rehagamos el tejido social que permita vivir en paz. No debemos estar sentados en una mesa para lograr unos acuerdos que no tenemos por qué firmar, porque ni somos parte del Gobierno ni de la guerrilla.

- ¿El Presidente le ha pedido involucrar al Vaticano al proceso?

No explícitamente. Pero es distinto, porque el Vaticano es un Estado y, como tal, puede mediar. Si el Gobierno llega a pensar que eso es conveniente, creo que el Vaticano aceptaría con mucho gusto, porque en la Iglesia estamos para servir.

- ¿Qué piensa de las justificaciones sobre el uso de la violencia de Iván Márquez, para quien las víctimas son «intrascendentes»?

Absurdo. Pienso que el principal problema de nuestra guerrilla ha sido que perdió el sentido de la realidad. Vive en otro mundo extrañísimo, que no logro entender. Y eso hace que sus miembros digan esas barbaridades. Que se presenten como si fueran «víctimas del conflicto». A ninguna persona con un mínimo de cordura se le puede ocurrir eso. Lo cual hace pensar que la negociación será muy difícil. Porque va a tener que penetrar en ese imaginario, que es absolutamente irreal.

- Y francamente obsoleto…

Viven todavía en los años 60, cuando el Che Guevara y Fidel eran guerrilleros y existía un contexto político mundial totalmente distinto. Tal vez el vivir en la jungla les impide escuchar las noticias o captar lo que significan.

- Pero no todos viven en la jungla. Las clases sociales en las Farc no son los de arriba y los de abajo, sino los de afuera y los de adentro…

Pero hasta los de afuera viven en una cápsula de cristal que les impide ver lo que está pasando en el mundo.

- ¿Usted es moderadamente optimista o prudentemente pesimista?

Un poco de las dos. Pero como parto de la necesidad de un proceso de fin del conflicto, tengo que llenarme de la convicción de que vamos a ser capaces de lograrlo.

- ¿Le parece bien la forma que ha diseñado el Presidente para ese diálogo? ¿Por fuera, discreto y corto?

El Presidente ha sido sumamente prudente y acertado en los pasos que ha ido dando. Serán diálogos discretos, que no tendrán como meta negociar la economía, la política, el país, sino el fin del conflicto. Con respecto a lo que viene después, pues para eso está la política.

- ¿No lo aterra la corrupción de Colombia?

Es el cáncer que está carcomiendo al país. De unas dimensiones inauditas. Lo que es terrible es que las ollas se destapan, pero se olvidan. La sensación del ciudadano es que los corruptos, en su gran mayoría, siguen tranquilamente con sus vidas.

- ¿Se refiere a que a usted también lo preocupa, como a muchos colombianos, la crisis de la justicia?

Ahí pienso que está el núcleo del problema: en una justicia que no es verdaderamente una justicia porque es lenta, no llega o llega desviada. No reprime el crimen y no rehabilita al criminal.

- Utilizando la disculpa del aborto, algunas corrientes de opinión han resuelto que el Procurador en Colombia no puede ser un católico…

Ahí hay un atropello. Indudablemente que la fe es fundamentalmente una opción personal. Pero tiene unas repercusiones sociales. Si soy católico, miro la realidad social como un católico, no como un ateo. Me duele cuando leo advertencias como «esto hay que analizarlo sin moralismos». El moralismo no es sino una concepción adecuada del ser humano. La moral puede ser católica, claro, en lo cual tiene ciertas especificidades católicas, pero la ética fundamental es la dignidad misma de la persona humana. Por lo tanto, no se puede, para tratar de desvirtuarla, decir que la ética es solo una cuestión religiosa.

- Pero al Procurador lo acusan de burlarse de las directrices de la Corte. ¿Cree que esos ataques tienen un fin político?

Creo que sí. Es una forma de descalificarlo. Pero, más allá del Procurador como persona y como político, es toda una posición sistemática para la introducción, en la sociedad de hoy, de una serie de seudovalores humanos. Y cualquier contradicción de eso que se quiere imponer es mirado como una intromisión religiosa y, por lo tanto, indebida.

- Pero es claro que el aborto está permitido en Colombia por tres causales concretas…

Hago una distinción clara. La Corte Constitucional inicialmente despenalizó el aborto. Pero luego tomó el camino de convertir el aborto en un derecho. Una cosa es no aplicar la pena a algo que se considera indebido, y otra, que lo categorice como derecho. Cuando el aborto se despenalizó en esos tres casos concretos, yo dije: está bien. Pero el aborto no puede ser un derecho que hay que enseñar en las escuelas.

- La Corte ha ordenado que entre los niños se promuevan los derechos sexuales y reproductivos…

No se debe ir creando en las escuelas una mentalidad alrededor de un sofisma, como es el de que la mujer es dueña de su cuerpo. El embrión no es el cuerpo de la mujer. Tiene una vida propia desde el momento de su concepción. Que no pueda vivir sin que la mujer le siga dando vida hasta que pueda hacerlo por sí mismo no implica que sea un derecho disponer de él como se le antoje a la mujer. El embrión es un ser humano en potencia que no se puede destruir. Eso es lo que me mortifica de estos debates del aborto. Que no compartir la libertad plena de abortar sea interpretado como un atentado contra los derechos de la mujer. Si nos ponemos a convertir el aborto en un derecho fundamental, como le escuché decir en algún momento a un magistrado, ¿qué sociedad vamos a tener? Una en la que, fundamentalmente, no se respeta la vida.

- ¿Y por qué oponerse a la adopción entre parejas homosexuales? En el aborto hablamos de la muerte. Aquí de la vida.

Pero se fijan en el derecho de la pareja homosexual y no piensan en los derechos del niño, de vivir en una familia bien constituida, normal.

- ¿Por qué cree que una pareja homosexual es incapaz de darle al niño el amor y el cuidado que requiere?

Para un crecimiento adecuado, un niño necesita tener muy claro lo que significa el padre, la madre y la complementariedad entre los dos. En el mundo de hoy, eso se ha ido borrando. Alguien decía que el género es una cuestión únicamente cultural y que en ese plano se puede borrar la diferencia física entre los sexos. No estoy de acuerdo con eso. Ahora todo es unisex. Y en el unisex no importa que sean dos hombres, dos mujeres, hombre y mujer. Se borra todo ese enriquecimiento cultural profundo que tiene lo que aporta el elemento masculino y el elemento femenino, que se complementan y hacen la unidad y la profundidad del ser humano.

- La ciencia ha remplazado o suplido esa complementariedad entre hombres y mujeres con bebés in vitro, con inseminación artificial…

En la mentalidad actual, todo lo que la ciencia hace posible es admisible. Pero no todo lo que la ciencia puede hacer es conveniente.

- Pero la evolución de la ciencia va corriendo los límites de lo admisible…

Indudablemente. Soy consciente de que las barreras se van corriendo, se van entendiendo mejor el universo, el hombre, la naturaleza, todo eso es fantástico, pero no quiere decir que todo lo que sea posible sea legal y moral.

- ¿Se va a oponer al tema de la eutanasia?

Es un tema mucho más complejo que el del aborto. La doctrina católica es muy serena y sabia: en la Iglesia nunca se dice que la persona tiene que sufrir y sufrir hasta que se muera. La Iglesia dice hay que procurarle al enfermo el alivio de toda manera, para que pueda morir lo más tranquilamente posible. Pero no matar al enfermo. Ahí es donde está el problema.

- Precisamente: ¿la eutanasia no pretende aliviarle al enfermo sus padecimientos cuando ya resultan sobrehumanos?

Hoy en día hay mecanismos como la sedación, la morfina, muchas posibilidades de aminorar el sufrimiento. Lo que es inadmisible es que el médico sea el que decida: esta persona ya no tiene por qué vivir, y punto.

- ¿Y si decide la propia persona?

Ahí nosotros podríamos entrar a mirar las cosas con mayor amplitud. Lo que me parece terrible del proyecto de ley es que tiene resquicios por donde se puede meter la eutanasia determinada por el médico, incluso porque se necesita esa cama de hospital. De ahí a decir que el loco no tiene por qué vivir, o el minusválido, el que no aporta a la sociedad, no hay sino un paso. Se empieza a crear la mentalidad de que la vida no la merecen sino el robusto, el fuerte, el sano, el que aporta, el que contribuye a que la sociedad sea más fuerte. Pero los débiles, los disminuidos, los enfermos, no merecen vivir.

- Hay nuevo arzobispo de Canterbury. Tiene cinco hijos. ¿Alguna reflexión para la Iglesia católica?

No, porque eso es normal en la iglesia anglicana.

- Pero este es además partidario de que haya obispos mujeres…

Son posiciones muy discutidas en la Iglesia. No me ponga en aprietos.

- ¿Su vida va a cambiar de alguna manera siendo ahora cardenal?

Sí, en un estupendo sentido. Voy a estar mucho más vinculado a la Iglesia universal y metido en las grandes discusiones de lo que hemos conversado en esta entrevista.

Fuente: El Tiempo.com.

“Derecho al aborto”: ¿tolerancia o barbarie?




La jueza López Vergara, es un fiel ejemplo de lo que veníamos publicando sobre el “positivismojurídico” a la luz del pensamiento y del magisterio de S. S. Pío XII. Publicamos un interesante artículo del Dr. Mario Caponnetto, que toca el tema desde el sano punto de vista jurídico, reproducido en el boletín Notivida.


“DERECHO AL ABORTO”: ¿TOLERANCIA O BARBARIE?

La jueza Patricia López Vergara, como subrogante del Juzgado Nº2 del Fuero Contencioso Administrativo porteño, hizo lugar a la medida cautelar solicitada en el marco del amparo contra la Resolución 1252/2012 del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que presentaron la activista lésbica y diputada kirchnerista, María Rachid, y el constitucionalista Andrés Gil Domínguez. Según Rachid esta normativa del gobierno de Macri contiene disposiciones que restringen la práctica del aborto y, por ende, implican una restricción de la libertad y de los derechos de las mujeres. El Procurador General de la Ciudad, Julio Conte Grand, confirmó hoy que el fallo fue apelado.
Básicamente López Vergara suprimió: la intervención de un equipo interdisciplinario, la ratificación del diagnóstico médico por parte del director del hospital, el consentimiento de los padres a partir de los 14 años, el límite gestacional de doce (12) semanas en los casos de violación, la posibilidad de ejercer objeción de conciencia en cada caso (se tiene que declarar anticipadamente).
Dejando de lado las abundantes críticas jurídicas que la sentencia ameritaría, analizamos en este número la matriz ideológica del pronunciamiento de jueza porteña, ya que, independientemente de su contenido estrictamente jurídico, llama profundamente la atención por sus incursiones en la Filosofía del Derecho que resultan, cuanto menos, un tanto curiosas.


ACERCA DEL PRONUNCIAMIENTO DE LA JUEZA LÓPEZ VERGARA

1. La magistrada sostiene en el punto VI de su fallo: “Quisiera recordar aquí la dificultad que comporta esta decisión cautelar a alcanzar en tanto la cuestión a decidir se encuentra atravesada no sólo por normas vinculantes por nuestro ordenamiento jurídico de la más alta jerarquía, sino que incide fuertemente en la concepción misma que se adopte en torno a la relación entre moral y derecho (el subrayado es nuestro)”. No podemos sino coincidir con la jueza toda vez que, por cierto, la cuestión acerca de las relaciones entre la Moral y el Derecho constituye el eje en torno del que gira la entera problematicidad del Derecho. En realidad, de lo que se trata es de resolver si el Derecho, en tanto técnica o arte, se encuentra o no subalternado a la Ciencia Moral y si, en definitiva, la ley humana se apoya o no en la ley natural. En esto reside, en esencia, el entero cometido de la Filosofía del Derecho.
Pero, a continuación, la jueza López Vergara incurre en esta sorprendente afirmación: “Quienes cultivan emblemáticamente una interdependencia férrea entre ambos, sienten que todo comportamiento inmoral debe ser prohibido también por el brazo secular del derecho. Tal como si acompasaran en simbiosis pecado y delito (el subrayado es nuestro)”. No sabemos a ciencia quienes son los que “emblemáticamente” cultivan “una interdependencia férrea” entre el Derecho y la Moral al extremo de “acompasar”, “en simbiosis”, “pecado y delito” y pretender que “el brazo secular del derecho” prohíba toda conducta inmoral. Si con semejante afirmación la señora jueza ha pretendido caracterizar a toda la tradición del iusnaturalismo sin duda se equivoca de modo asaz grosero. Nos permitimos, con humildad, recomendarle siquiera un somero repaso de los grandes maestros de la tradición jurídica comenzando por Cicerón y, si sus prejuicios laicistas no se lo impiden, al mismo Tomás de Aquino sin olvidar, por cierto, siquiera una rápida ojeada a las Etimologías de San Isidoro de Sevilla. Podrá comprobar, entonces, que jamás, nadie ha pretendido identificar pecado con delito ni mucho menos. El mismo San Isidoro sostiene que: La ley ha de ser honesta, justa, posible según la naturaleza y según las costumbres del país, proporcionada a los lugares y a los tiempos, necesaria, útil; debe ser también clara, para que no haya engaños ocultos en su oscuridad; ha de estar dictada no para provecho privado, sino para la común utilidad de los ciudadanos[1]”. Fundado precisamente en este texto de Isidoro, Tomás de Aquino rechaza que la ley humana deba prohibir todos los vicios morales, pues, ésta, escribe “está hecha para la multitud de los hombres en la que la mayor parte de ellos son imperfectos en la virtud. Y por eso la ley no prohíbe todos aquellos vicios de los que se abstienen los virtuosos, sino sólo los más graves, aquellos de los que puede abstenerse la mayoría y que, sobre todo, hacen daño a los demás, sin cuya prohibición la sociedad humana no podría subsistir, tales como el homicidio, el robo y cosas semejantes[2]”. Y en otra obra ratifica este pensamiento: “La ley humana sólo prohíbe las cosas más nocivas al bien común... y permite pecados de menor importancia, de los que difícilmente se priva la multitud[3]”. Sabias y oportunas advertencias para quienes, malinterpretando la doctrina, siempre sostenida, de que la ley humana deriva a modo de determinación de la ley natural, entienden -como en el caso que nos ocupa- que la ley civil ha de integrar todo el contenido de la ley moral. Hasta aquí la doctrina auténtica de la tradición filosófica en este punto.

2. Más adelante la jueza López Vergara sostiene: “La tolerancia en términos del iluminismo de Voltaire o del liberalismo religioso de Locke es una reliquia que atesoramos tras atravesar cruentas guerras, a veces con el estandarte de banderas confesionales que han desembocado en el aniquilamiento de quienes no pensaban a semejanza de otros”. La visión histórica de la magistrada es más que cuestionable toda vez que el iluminismo volteriano alumbró, entre otras empresas, la Revolución Francesa que no fue, precisamente, un modelo de tolerancia. En cuanto a Locke, recomendamos a la señora jueza actualizar sus lecturas acerca del ilustre empirista. Una hermenéutica más depurada de sus textos permite hoy completar el pensamiento lockeano y establecer que, lejos de negar la ley natural, la tuvo en alta consideración. En efecto, leemos en An Essay Concerning Civil Government: “No discuto yo en este momento si los príncipes están exentos de someterse a las leyes del país; de lo que sí estoy seguro es de que deben obedecer a las leyes de Dios y de la naturaleza. Nadie, ningún poder, puede sustraerse a las obligaciones de esa ley eterna[4]”. En la misma obra se lee también: “Las leyes humanas son medidas tomadas en relación con los hombres cuyas acciones tienen que dirigir; pero son medidas que, a su vez, tienen que ser medidas por ciertas normas superiores, y esas normas son dos, a saber, la ley de Dios y la ley de la Naturaleza. Por eso, las leyes humanas deben acomodarse a las leyes generales de la naturaleza, y no pueden ir contra de ninguna ley positiva de las escrituras. No siendo así, están mal hechas[5]”. Por último nos permitimos transcribir para conocimiento de la jueza López Vergara este significativo texto de A. J. Carlyle: “Es lamentable que muchas personas inteligentes lo consideren como una obra aislada y revolucionaria y no se den cuenta de que el Tratado de Locke es, en primer lugar, una reafirmación de las tradiciones fundamentales de la cultura política de la Edad Media. Se ha subrayado hace mucho tiempo que Locke apela de cuando en cuando a la autoridad de Hooker, y a la verdad lo hace por muchas razones; porque la defensa teórica de la monarquía absoluta se basaba en gran parte en la doctrina del derecho divino, y por tanto era especialmente importante -en aquel momento y en Inglaterra- demostrar que la concepción de la autoridad política de Hooker era muy diferente. Es de lamentar, sin embargo, que no siempre se haya comprendido que Hooker no se limitaba a exponer su propia teoría de la autoridad política, sino que reafirmaba magistralmente las grandes tradiciones de la cultura política de la Edad Media, y que, por tanto, al apelar Locke a Hooker, estaba asegurando la continuidad de la cultura política moderna con la medieval. Esto no quiere decir que la teoría política de Locke coincida en todos sus puntos con la medieval o con la moderna. Sería cierto decir que Locke representa en algunos puntos importantes ese modo de pensar ahistórico de la Edad Media, derivado de los filósofos postaristotélicos a través de los juristas romanos y de los Padres de la Iglesia, y que no desapareció hasta los siglos XVIII y XIX.”[6]
Resulta claro que el pensamiento de Locke es algo más complejo de lo que supone la magistrada porteña.

3. Pero, más allá de estas consideraciones, ¿tiene algún asidero traer a colación toda esta ardua cuestión en un fallo que debe resolver acerca del aborto? ¿Acaso la protección de la vida del que ha de nacer, en tanto bien objetivo y objetivable, guarda alguna relación con las convicciones o creencias religiosas de las personas? Derivar el problema del aborto al ámbito de la conciencia moral personal supone no sólo una peligrosa reducción del ámbito público con la consiguiente sobredimensión indebida de lo privado sino, además, una aviesa tergiversación del verdadero problema en juego. Pues no se trata de asegurar la soberanía del individuo “sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu”, según la sentencia de Stuart Mill citada por la jueza, sino de evitar que muera un tercero absolutamente inocente e indefenso. Nadie puede desconocer, hoy, el hecho insoslayable de que el embrión, aún desde sus más tempranos estadios de organización celular, constituye una realidad distinta del cuerpo de la madre: está en el cuerpo materno pero no es el cuerpo materno. Esta aseveración no es una creencia religiosa; es un hecho de evidencia palmaria. Por tanto la decisión de eliminarlo no constituye una acción moral privada, limitada al sujeto que la realiza, sino una acción que afecta a otro y por eso ingresa, de pleno, en el campo estricto del derecho y de la legislación civil. Es absolutamente ajena a toda la larga tradición médica y  jurídica la idea de que el embrión sea una parte del cuerpo materno, al modo de una víscera que pueda ser eliminada cada vez que la totalidad de dicho cuerpo pueda verse amenazada por ella. Esta curiosa novedad -surgida paradójicamente cuando los conocimientos acerca del proceso generativo humano han alcanzado un grado de desarrollo inédito- carece de todo fundamento racional y es sólo un letal artilugio.
Por eso resulta particularmente alarmante el fallo de la jueza López Vergara cuando afirma: “Cercenar obstáculos que entorpezcan el derecho al aborto no punible para los supuestos reglados por la legislación penal de fondo conduce, ante la dilación temporal obstaculizante, a obligar a un hacer que es el de la continuación del embarazo y parto. Ello retrotrae a una coerción jurídica, cual servidumbre personal, ya abolida desde la Asamblea del año XIII, en el artículo 15 de la Constitución Nacional (el subrayado es nuestro)”. En primer lugar, la magistrada da por sentado un supuesto “derecho al aborto no punible”. Pero -aún dejando de lado que los incisos 1° y 2° del artículo 86 del Código Penal, son originariamente nulos e inconstitucionales y que, de todas maneras, se encuentran derogados desde 1994- ¿puede, acaso, un delito que en muy acotadas circunstancias la ley eximiría del castigo, transformarse en un derecho? ¿Qué extraña alquimia legal es ésta que hace de un delito no punible un derecho cuyo ejercicio no puede verse cercenado ni limitado? ¿Qué “coerción jurídica” asimilable a una situación de “servidumbre personal, ya abolida desde la Asamblea del Año XIII”, es asegurarse que la ley civil impida un crimen o, en caso de no punibilidad, delimite con la mayor precisión exigible las circunstancias de esa no punibilidad?
No estamos, pues, en presencia de un fallo que resguarde el llamado aborto no punible (dejando de lado su intrínseca ilegitimidad más allá de lo que disponga la ley positiva) sino frente a una consagración jurídica del aborto libre entendido como una acción moral privada reservada a la exclusiva conciencia moral personal y, por ende, fuera de la competencia y del alcance de la ley civil.
Las pretendidas fundamentaciones filosóficas esgrimidas por la magistrada, aparte de ser de suyo una indebida imposición de su propia weltanschaung (para utilizar su misma expresión) tributaria de un férreo relativismo moral y de un radical positivismo jurídico, resultan por completo ajenas al caso objeto del fallo. No eludimos el debate científico y serio acerca de las cuestiones planteadas. En definitiva, ellas están siempre abiertas a la reflexión, al cotejo, a la investigación honesta, a la confrontación, es decir, a todo aquello que constituye la médula de la vida de la inteligencia y que tiene su ámbito propio en los claustros académicos. En la administración de la magistratura, en cambio, lo que ha de priorizarse es, precisamente, la salvaguarda del derecho, que es el objeto de la virtud de la justicia. Es justamente el derecho, fundado para custodiar la vida y los bienes de los hombres, sobre la roca firme de la ley natural y no sobre la voluntad voluble y caprichosa de cada individuo, la verdadera reliquia que se ha de conservar.
Por tanto, si el aborto, que conlleva siempre, indefectiblemente, la muerte de otro, se sustrae al ámbito del Derecho, no habremos asegurado la tolerancia sino consagrado la barbarie.

Mario Caponnetto, Notivida, Año XII, Nº 869, 14 de noviembre de 2012. Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja.
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[1] Etymologias, L 5, c. 21, ML 82, 203.
[2] Summa Theologiae, I-IIae, q 96, a 2, corpus.
[3] Quodlibeto II, q 5, a 2, ad 2.
[4] John Locke, An Essay Concerning Civil Government, en Two Treatises of Government, Petter Laslett ed., Cambridge University Press, Cambridge, 1970, p. 313.
[5] Ibídem, p. 376. “Cita de Richard Hooker, particularmente significativa para el problema de las relaciones de Locke con la escolástica dado que, literalmente tomada de The Laws of Ecclesiastical Polity, es a su vez (y Hooker así lo aclara), cita textual de Santo Tomás”. Cf. Joaquín Migliori, John Locke y el problema de la ley natural, en Revista Libertas, 32 (mayo 2000) Instituto Universitario ESEADE.
[6] A. J. Carlyle, La Libertad Política (Historia de su concepto en la Edad Media y los tiempos modernos), F.C.E., México, 1942, p. 177.