lunes, 17 de diciembre de 2012

Libro: “Bandera falsa”


Ya hemos realizado alguna publicación sobre el tema del famoso y espectacular atentado del “9-11”, y que dichos acontecimientos llevaron a que la población de los EE.UU. se encuentre bajo una estricta vigilancia de corte orweleana. A continuación la noticia del lanzamiento de una obra que ha escrito un amigo nuestro, preocupado por la verdad:




LIBRO “BANDERA FALSA”



Desde el momento del primer impacto en la Torre Norte del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, ese terrible martes 11 de septiembre del 2001, el mundo entero asistió asombrado a la seguidilla de acontecimientos que se cobraron la vida de miles de ciudadanos inocentes. Pasados los primeros momentos de estupor, comenzaron a surgir espontáneamente una serie de preguntas sobre cómo era posible que los ataques no hubieran podido ser previstos y evitados por la nación más poderosa del mundo. Inmediatamente también aparecieron muchas dudas y suspicacias sobre todos los episodios de ese día (los secuestros de los aviones, la caída de las Torres, el ataque al Pentágono, el Vuelo 93, la caída del Edificio 7 del WTC, entre otros), que de ninguna manera fueron resueltas por la Comisión investigadora del 11-S, designada por el propio gobierno de los EE.UU., supuestamente para llegar al fondo del asunto. Por el contrario, comenzaron a oírse voces cada vez más autorizadas que pedían explicaciones mucho más rigurosas, ya que la investigación oficial solo se había limitado a defender la “teoría conspirativa” del gobierno de Bush que, desde el primer momento y sin pruebas convincentes, acusaba a la red Al-Qaeda y a Osama Bin Laden de ser responsables del ataque, pretendiendo justificar así las sangrientas “operaciones de castigo” llevadas a cabo contra Afganistán e Irak en los meses subsiguientes al 11-S.

Contra la versión oficial se ha levantado la voz de una cantidad importante de investigadores, entre los que se cuentan físicos, químicos, ingenieros, arquitectos, bomberos, pilotos aerocomerciales, pilotos militares, periodistas independientes, ex agentes de inteligencia, integrantes de las fuerzas armadas, figuras políticas vernáculas y extranjeras, testigos y parientes de las víctimas de ese día, los que, reunidos en el llamado “Movimiento por la Verdad del 11-S”, han cuestionado y refutado cada uno de los puntos sostenidos por la versión del gobierno republicano de ese entonces, versión que, por cierto, tampoco ha recibido crítica alguna del presidente actual, Barack Obama, de orientación demócrata.

A más de 11 años del ataque, este libro es el resultado de reunir los datos principales que explican lo que ocurrió ese día de manera más consistente con los hechos y reafirma la inquietante tesis que, desde el primer día, ha sostenido gente de todo el mundo y de distintas corrientes ideológicas: que el 11-S no pudo llevarse a cabo sin la complicidad de niveles superiores del espectro político, militar y de inteligencia del gobierno norteamericano.

Es el fruto del esfuerzo de todas las personas que hoy están comprometidas en varias partes del mundo en el pedido al gobierno de EE.UU. para que reabra la investigación del 11-S y que ésta sea realizada de manera imparcial e independiente.

 El autor, investigador independiente, ha realizado un trabajo de recopilación y ordenamiento de datos de todas las fuentes disponibles más importantes que han aparecido en la última década referidos a los ataques del 11-S en los Estados Unidos tales como documentos oficiales, libros, artículos periodísticos y de revistas especializadas, miles de artículos de internet y cientos de horas de documentales y videos, entre otras. Además ha podido revisar la información gracias al asesoramiento de pilotos de aviación tanto civiles como militares y peritos técnicos en las distintas áreas involucradas. Podría decirse que el gran mérito de este trabajo es que por primera vez en lengua española aparece toda este cúmulo de información referido a los ataques del 2001 en un solo volumen para que el lector pueda tener una mirada de conjunto de la solidez de los argumentos para cuestionar la versión oficial de los hechos brindada por las autoridades de EE.UU.



EL precio es de $ 180 (ciento ochenta)

Cantidad de páginas 568

Librerías en donde estará disponible a partir del lunes 24 de diciembre:

Santiago Apóstol – Bella Vista
La Plata 1721 - Bella Vista

(Entre Av. Francia y las vías del Ferrocarril San Martín, a metros de la Estación).
Pedidos: Tel: (011) 4666-3817
Horario: de lunes a sábado de 9:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00 hs.

En Bella Vista, entrega a domicilio sin cargo.

Juana de Arco

Dirección: Talcahuano 1010 CABA

1013 - Buenos Aires – Argentina

Teléfono: +5411 4812 1155

Club del libro Cívico

M T De Alvear 1348 Loc. 147 Capital Federal, Argentina 011-48136780

Vórtice

Hipólito Yrigoyen 1970  CABA - tel. 4952-8383 ventas@vorticelibros.com.ar

Librería La Nave (Ucalp)

Luis Sáenz Peña Nº 312. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Tel.: 011-4382-4547/ 5193

Lunes a Viernes de 10:00 a 20:00.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La Cristiada y los “arreglos”.




 Plutarco Elías Calles, presidente de México,
miembro de la Masonería y perseguidor de los católciso mexicanos, en un discurso.

Última ponencia del ciclo de conferencias “La persecución de la Iglesia en México y la gesta de los Cristeros” por el padre Alfredo Sáenz en la Corporación de Abogados Católicos.

Archivos en mp3 para descargar y escuchar:


R. P. Alfredo Sáenz S.J.

La persecución de la Iglesia en México y la gesta de los Cristeros.



Santa Misa de campaña oficiada durante la Cristiada en los Altos de Jalisco (Méjico).

Archivos en mp3 para descargar y escuchar:


R. P. Alfredo Sáenz S.J.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Breve Historia de las Apariciones de Guadalupe.



Y su influencia en la conversión de América a la Fe de Cristo.

Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para oír misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac. De repente oyó música que parecía el gorjeo de miles de pájaros. Muy sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña. Cesó la música y en seguida oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió a él. Ella habló en azteca. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María, Madre del Verdadero Dios. Le reveló cómo era su deseo más vehemente tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos solicitaren su amparo. “Y para realizar lo que mi clemencia pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo”.
Juan se inclinó ante ella y le dijo: “Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo”.


Cuando Juan llegó a la casa del Obispo Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho. Pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.
Ese mismo día regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa. Ella le pidió volver a ver al Sr. Obispo el día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal.
Juan regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino había enfermado gravemente.
Dos días más tarde, el día doce de diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó”.
Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo:
“Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia”.
Juan Diego subió y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: “Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas”.
Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.



La curación de Juan Bernardino.

El mismo día, doce de diciembre, muy temprano, la Santísima Virgen se presentó en la choza de Juan Bernardino para curarle de su mortal enfermedad. Su corazón se llenó de gozo cuando ella le dio el feliz mensaje de que su retrato milagrosamente aparecido en la tilma de Juan Diego, iba a ser el instrumento que aplastara la religión idólatra de sus hermanos por medio de la enseñanza que el divino códice-pintura encerraba.
Te-coa-tla-xope en la lengua Azteca quiere decir “aplastará la serpiente de piedra”. Los españoles oyeron la palabra de los labios de Juan Bernardino. Sonó como de Guadalupe. Sorprendidos se preguntaron el por qué de este nombre español, pero los hijos predilectos de América, conocían bien el sentido de la frase en su lengua nativa. Así fue como la imagen y el santuario adquirieron el nombre de Guadalupe, título que ha llevado por cuatro siglos.
Se lee en la Sagrada Escritura que en tiempo de Moisés y muchos años después un gran cometa recorría el espacio. Tenía la apariencia de una serpiente de fuego. Los indios de México le dieron el nombre de Quetzalcoatl, serpiente con plumas. Le tenían mucho temor e hicieron ídolos de piedra, en forma de serpiente emplumada, a los cuales adoraban, ofreciéndoles sacrificios humanos. Después de ver la sagrada imagen y leer lo que les dijo, los indios abandonaron sus falsos dioses y abrazaron la Fe Católica. Ocho millones de indígenas se convirtieron en sólo siete años después de la aparición de la imagen.

La tilma de Juan Diego. 

La tilma en la cual la imagen de la Santísima Virgen apareció, está hecha de fibra de maguey. La duración ordinaria de esta tela es de veinte años a lo máximo. Tiene 195 centímetros de largo por 105 de ancho con una sutura en medio que va de arriba a abajo.
Impresa directamente sobre esta tela, se encuentra la hermosa figura de Nuestra Señora. El cuerpo de ella mide 140 centímetros de alto.
Esta imagen de la Santísima Virgen es el único retrato auténtico que tenemos de ella. Su conservación en estado fresco y hermoso por más de cuatro siglos, debe considerarse milagrosa. Se venera en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, donde ocupa el sitio de honor en el altar mayor.
La Sagrada Imagen duró en su primera ermita desde el 26 de diciembre, 1535 hasta el ano de 1622.
La segunda iglesia ocupó el mismo lugar donde se encuentra hoy la Basílica. Esta duró hasta 1695. Unos pocos años antes fue construida la llamada Iglesia de los Indios junto a la primera ermita, la cual sirvió entonces de sacristía para el nuevo templo. En 1695, cuando fue demolido el segundo templo, la milagrosa imagen fue llevada a la Iglesia de los Indios donde se quedó hasta 1709 fecha en que se dedicó el nuevo hermoso templo que todavía despierta la admiración de Mexicanos y extranjeros.

La coronación.

El doce de octubre de 1895 la bendita imagen de la Santísima Virgen fue coronada por decreto del Santo Padre, León XIII, y el doce de octubre de 1945, cincuentenario de la coronación, su Santidad Pío XII en su célebre radio mensaje a los Mexicanos le aplicó el titulo de Emperatriz de las Américas.
Muy recientemente, el doce de octubre de 1961, su Santidad Juan XXIII, dirigió un radio mensaje a los Congresistas del II Congreso Interamericano Mariano quienes se encontraron presentes dentro de la Nacional e Insigne Basílica de Guadalupe. En este día, a las doce en punto, se escuchó la sonora voz del Santo Padre quien pronunció las siguientes palabras:
Amadísimos Congresistas y fieles todos de América:
María, Madre de Dios y Madre nuestra, esa tierna palabra que estos días vuestros labios repiten sin fin con el título bendito de Madre de Guadalupe, abre este nuestro saludo que dirigimos a cuantos tomáis parte en el Segundo Congreso Mariano Interamericano y a todos los países de América.
Feliz oportunidad ésta del 50 aniversario del Patronato de María Santísima de Guadalupe sobre toda la América Latina, que tanto bien ha producido entre los pueblos del Continente, para alentaros en vuestras manifestaciones de mutuo amor y de devoción a la que es Madre de vida y Fuente de gracia.
Día histórico aquél doce de octubre en que el grito “tierra” anunciaba la unión de dos mundos, hasta entonces desconocidos entre sí, y señalaba el nacimiento a la fe de esos dos continentes; a la fe en Cristo –“luz verdadera que ilumina a todo hombre”- (Jo. 1, 9.) de la cual María es como la “aurora consurgens” que precede la claridad del día. Más adelante "la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive”, derrama su ternura y delicadeza maternal en la colina, del Tepeyac, confiando al indio Juan Diego con su mensaje unas rosas que de su tilma caen mientras en ésta queda aquél retrato suyo dulcísimo que manos humanos no pintaran.
Así quería Nuestra Señora continuar mostrando su oficio de Madre: Santa María de Guadalupe, siempre símbolo y artífice de esta fusión que formaría la nacionalidad mexicana y, en expansión cargada de sentidos, rebasaría las fronteras para ofrecer al mundo ese coro magnífico de pueblos que rezan en español.
Primero Madre y Patrona de México, luego de América y de Filipinas: el sentido histórico de su mensaje iba cobrando así plenitud, mientras abría sus brazos a todos los horizontes en un anhelo universal de amor.
Abre el alma a la esperanza cuando en ese mismo Continente se viene estudiando y poniendo en práctica para elevar el nivel de vidas de los pueblos humanos. Vemos con aplauso las iniciativas encaminadas a procurar personal preparado para el apostolado a los países escasos de clero o de religiosos en el deseo de sostener su fe y de continuar la misión salvadora de la Iglesia.
¡Cuánto podrá ayudar a mantener vivos estos ideales cristianos de fraternidad vuestro Congreso! Qué altura y qué nobleza adquieren las relaciones entre los individuos y los pueblos cuando se las contempla a la luz de nuestra fraternidad en Cristo: “onmes vos fratres estis” (Mat. 23,8) según proclama el lema de vuestro Congreso.
Y cuanto en esta convivencia alienta el amor y la consideración de una Madre común, entonces los vínculos de la familia humana adquieren la eficacia de algo más vital, más sentido que sublima el poder y la fuerza de cualquier ley.
Tenéis ahí a María, la Madre común, puesto que es Madre de Cristo, la que con su solicitud y compasión maternal ha contribuido a que se nos devuelva la vida divina y sobrenatural, la que en la persona del discípulo amado nos fue donada como Madre espiritual por Cristo mismo en la cruz.
Salve Madre de América! Celestial Misionera del nuevo Mundo, que desde el Santuario del Tepeyac has sido, durante más de cuatro Siglos Madre y Maestra en la fe de los pueblos de América. Sé también su amparo y sálvalos oh Inmaculada María; asiste a sus gobernantes, infunde nuevo celo a sus Prelados, aumenta las virtudes en el clero; y conserva siempre la fe en el pueblo.
Oiga María estos votos para que los presente a Cristo en cuyo nombre y con el más vivo afecto de nuestro corazón de Padre os bendecimos.

Tomado de Devocionario Católico.

martes, 11 de diciembre de 2012

Segundo Domingo de Adviento.



En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos fieles,

Movidos por una santa impaciencia, los discípulos de San Juan Bautista preguntaron a Nuestro Señor: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”. Y, respondiendo Jesús, les dijo: “Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan[1].
Se realizó la profecía mesiánica de Isaías. Los milagros cumplidos por Nuestro Señor son la prueba que El es el Salvador prometido por Dios. Y estos milagros físicos representan los milagros morales de la curación y salvación de las almas.
La Santa Iglesia, que es “Jesús continuado y difundido[2], tiene la misión de renovar estos milagros de la gracia en las almas hasta el fin del mundo. Hubo santos que incluso curaron los cuerpos y resucitaron muertos, pero la misión esencial de la Iglesia es santificar las almas y salvarlas de la muerte eterna. Y lo hace por el ministerio de los sacerdotes y también por la consagración de los religiosos y de las religiosas, las cuales pueden convertir muchas almas por su oración y la práctica de sus santos votos; así ciegos, cojos, sordos, leprosos serán curados y muertos son resucitados.

• En efecto, por el sacerdote de Jesucristo, los ciegos ven y los sordos oyen: la ceguera y la sordez espirituales son enfermedades muy extendidas hoy. A la luz de la verdad, los hombres prefieren la libre opinión. “No soportan la sana doctrina, se eligen maestros a granel, desvían sus oídos de la verdad y se vuelven hacia fábulas[3], dice san Pablo. Por eso dice el mismo San Pablo al sacerdote: “Haz obra de predicador del Evangelioproclámalo, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, ruega, exhorta con paciencia siempre y afán de enseñar”. No se trata ni de diálogo, ni de martillazos grandilocuentes e interminables, pero sí de la verdad de Nuestro Señor trasmitida por amor a las almas: La verdad con la humildad y la caridad sacerdotales son los remedios que necesitan los ciegos y los sordos de este pobre mundo, y también los tuertos y los que perdieron el oído fino, esto es los católicos que no profundizan su conocimiento de la verdadera religión, que practican la polémica estéril de los inmaduros o la política de la avestruz, de los timoratos. “¡Señor, danos sacerdotes!”

• El sacerdote de Jesucristo también cura los cojos, les da incluso alas: Tantas almas caminan en esta vida sin fortaleza, tropezando con los obstáculos del mundo, cayendo en sus asechanzas, arrastrándose en la sensualidad, aturdidos por el respeto humano, las mentiras, las inmoralidades de los medias y la informática desenfrenada. El sacerdote, por sus exhortaciones, sus consejos, por el ejemplo de su vida, cura la pereza espiritual, enciende las voluntades desanimadas y las conduce por el camino de la santidad. “¡Señor, danos santos sacerdotes!”

• En fin, el ministro de Nuestro Señor Jesucristo tiene el poder de purificar a los leprosos y resucitar a los muertos. Sobre los 200 000 seres humanos que agonizan cada día en el mundo, ¿cuantos ya son muertos espiritualmente? La lepra del pecado, incubada o declarada, es lo peor que le puede suceder a un alma. Ningún premio nobel de medicina la puede curar. El pecado es una lepra, esto es, una enfermedad que desfigura, provoca anemia, es contagiosa, vuelve monstruoso al hombre y lo mata. Los rasgos de la imagen de Dios se convierten en los de un ser deforme, como los de una caricatura, esto es, un rostro cuyos defectos resultan acentuados, desmedidos. Ya no forma parte de la familia de Dios, la imagen de Nuestro Señor ha desaparecido en el pobre pecador, es una criatura vagabunda sin destino, o mejor dicho con un destino espantoso, un destino eterno de fealdad y de odio, un destino sin Dios para siempre. ¡Pobre criatura! ¡Pobre ser también el que, poco a poco, de concesión en concesión, se acerca de este tremendo estado de pecado mortal!

¿Quien es el médico especializado, (y sin honorarios), que dará la salud completa a esta pobre alma, la curará, la resucitará, le dará la paz interior, y la belleza y la vida de la gracia, principio de la Vida Eterna? El sacerdote, con la absolución sacramental, el sacerdote con la receta de la oración perseverante, de la asistencia a la Santa Misa y de la huida determinada de las ocasiones, el sacerdote cuya oración y penitencia apoyarán su buena voluntad para no caer de nuevo, el sacerdote con la preciosa ayuda de los religiosos. ¿Por qué las almas hoy en día van de secta en secta, consultan psicoanalistas, gurús, cartománticos y brujos de toda especie, buscan músicas new-age y hacen sesiones de yoga y de zen, pasan horas dialogando con anónimos por computador? ¿Por qué? Porque los confesionarios están sin sacerdotes. Entonces muchísimas almas son como ovejas extraviadas que siguen mercenarios en pastos envenenados.

¡“Señor, danos muchos santos sacerdotes e muchas santas vocaciones religiosas”!

Ave María Purísima

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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[1] Mat. 11, 2-10.
[2] Bossuet.
[3] 2 Tim. 4

R.P. Bertrand Labouche, sermón publicado en la sección “Mi amigo el Cura” de Panorama Católico Internacional.

martes, 4 de diciembre de 2012

Reflexiones del mártir cristero Anacleto González Flores.


Vale la pena meditarlas y aplicarlas a nuestro comportamiento.

Desde el primer número, lanza en ristre, La Palabra se vuelve ariete contra la prensa “impía”: Los católicos que compran la prensa impía están pagando porque se haga la guerra a Dios y a su Iglesia. Esas publicaciones eran, entre otras. El Gato, El Radical, Redención Obrera. El Occidental y El Diario de Jalisco.
En segundo lugar, arremete contra la masonería [El protestantismo en nuestro país es una avanzada, quizá la más peligrosa, del imperialismo yanqui], el espiritismo, el ateísmo, el liberalismo y el socialismo, en especial, el de los socios de la Casa del Obrero Mundial.
Pronto, el director de La Prensa da un giro a su argumentación, haciéndola descansar en principios más claros, que aparecen en dos recuadros de la portada a partir del número seis: En vano edificaréis iglesias, fundaréis escuelas, proveeréis misiones, si no manejáis y hacéis mejorar al propio tiempo las armas defensivas y ofensivas de la prensa católica, leal y sincera. La frase es de San Pío X. Y luego esta otra, de Woard: La obra de la buena prensa es la primera que estamos obligados a crear y sostener, porque ninguna obra católica puede florecer sin católicos y no habrá católicos dignos de este nombre sin una prensa que los alumbre, los dirija y los anime. Estos principios regirán La Palabra.
En este tono moderado y propositito, expondrá sus inquietudes: …lo que necesitamos es que las clases directoras estudien de veras nuestras enfermedades y comprendan que nuestros  problemas se resumen, se compendian, se encarnan, en lo que todos los sociólogos desde León XIII hasta Carlos Marx encontraban la gran cuestión, o sea, el desquiciamiento social (L.P. Nº 2, p. 1).
la cuestión social, más que una cuestión de hechos, es una cuestión de principios y que sus aspecto económico es no el problema total, sino una de sus fases, si se quiere la que más impresiona y más fuertemente se hace sentir (L.P.Nº 3, p.1).
El problema que es preciso estudiar y resolver a la mayor brevedad posible, es el que los sociólogos llaman la Cuestión Social. El socialismo es la negación de Dios, de la autoridad, de la propiedad y del orden social (L.P. Nº 6, p1).

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También hay en sus páginas atención para los círculos de estudio: Se llaman así unas agrupaciones formadas de quince o veinte personas que se reunen con el objeto de procurar su mejoramiento intelectual y moral. Los círculos de estudio contribuyen poderosísimamente a la formación del criterio y del carácter, es decir, ponen en condiciones de juzgar con más exactitud y verdad acerca de la vida humana y de sus orientaciones y de la firmeza grande en la voluntad para ir erguidamente y sin vacilaciones por el camino del deber (L.P.Nº 22, p.2)
Urge la prensa católica:…hay que colocar al lado de Don Quijote la encíclica RERUM Novarum; al lado de Homero, Virgilio, Coloma, etc., las producciones soberbias de Mun, Winhorst.

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A los padres de familia y a la sociedad en general, recomendamos la lectura de lo siguiente: 

¿Qué es la Enseñanza sin Religión?

Tienen la palabra para contestar entre otros muchos, los siguientes personajes, que no podrán ser recusados por los racionalistas y librepensadores.
Víctor Hugo decía en el Asamblea Nacional Francesa: “Deben ser llevados a los tribunales aquellos padres que envían a sus hijos a las escuelas en cuya puerta está escrito: ‘Aquí no se enseña Religión’. La segunda enseñanza religiosa es, en mi concepto, más necesaria hoy que nunca. A medida que el hombre se desarrolla, más debe creer. Quiero, pues, sinceramente, diré más: quiero, ardientemente la enseñanza religiosa”.
DIDEROT.- “El primer conocimiento esencial a la juventud debe ser la RELIGIÓN, base única de la moral. La RELIGIÓN debe ser, pues, la primera lección, y LA LECCIÓN DE TODOS LOS DÍAS”.
Y este filósofo del siglo de Voltaire, nada sospechosos a los racionalistas e impíos, indicó también cuál era el libro en que se debía aprender, lecciones diarias de moral.  “Mucho he buscado para encontrar libros donde enseñar a mi hija querida, y no encontré ninguno mejor que el Catecismo de la diócesis. Sí, no os alarméis, me valgo del CATECISMO y lo encuentro el mejor tratado de pedagogía”. “¿Qué fundamento más sólido puedo dar a la educación de mi hija?
GIRARDIN.- “Sin instrucción religiosa no hay buen sistema de educación. No basta enseñar la religión a los que deben profesarla; es menester enseñarla a los que la deben practicar; esto es, A TODO EL MUNDO. Crear escuelas industriales sin enseñanza religiosa, ES ORGANIZAR LA BARBARIE Y LA PEOR DE LAS BARBARIES”.
DISRAELI, estadista de Inglaterra.- “Tengo por cierto que un sistema de educación nacional no basado sobre el conocimiento de la Religión, producirá un desastre nacional MAS FUNESTO PARA EL ESTADO que para la Iglesia”. 

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El cine es peligroso. 

Nadie desconoce la fuerza de aquel dicho: la palabra seduce y el ejemplo arrastra; y el Cine no es otra cosa que la enseñanza práctica de cuantas, inmoralidades se conocen. No es esto un peligro, un inmenso mal.
A los que sueñan con la ruina de las sociedades, estorba la santidad del matrimonio, y en dramas sin número se representan escenas en que el marido hace de la esposa un juguete o un adorno de casa, al paso que ella trafica con la delicadeza de que debe ser dechado la esposa que quiere ser la honra del hogar. Los amores ilícitos son frecuentemente el argumento que mantiene en esa expectación a los que asisten a las funciones: allí aprenden los jóvenes a ver en la mujer un objeto de deleite, un pasatiempo en el amor, y las púdicas doncellas además de los coqueteos y del arte de engañar, copian en sí mismas la lujuriosa vanidad y la desvergüenza de las divinas protagonistas de aquellos cuadros, como les llaman los culpables empresarios. No hay algo de inmoral en esto.

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¿Qué es la Enseñanza sin Religión?

GUIZOT.- “Todos reconocen que la instrucción primaria debe ser ESENCIALMENTE RELIGIOSA; pero no basta que esto se diga y se considere como una vulgaridad; es necesario más: es preciso que llegue a ser una realidad práctica. Ahora bien ¿en qué consiste una verdadera instrucción religiosa y popular? No consiste únicamente en la recitación del Catecismo, ni en la explicación del dogma y de los principios fundamentales del Cristianismo: se requiere la presencia constante y siempre activa de la fe y de las influencia religiosa en las escuelas; debe ser una educación popular dada en medio de una atmósfera y en presencia de una vida esencialmente religiosa. (Circular a la Dirección de Instrucción Pública de Francia).
“Para que la instrucción primaria sea VERDADERAMENTE BUENA Y SOCIALMENTE UTIL, ha de ser profundamente religiosa…Es menester que la educación popular sea dada y recibida en el seno de una atmósfera religiosa: que las impresiones y los hábitos religiosos la penetren por todas partes” [Memoires t. III].

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Los malos libros.

Un libro bueno, siempre y cuantas veces queramos, se abrirá ante nuestros ojos para mostrarnos sus tesoros de verdad y de bien; en él encontraremos preciosas enseñanzas y hermosos ejemplos de virtud, quien tales libros lee, esté seguro de haber encontrado en cada uno de ellos un verdadero amigo; ¿porqué pues, un libro malo, que enseña la maldad y el error, que diviniza el placer y fomenta los vicios no ha de ser peor enemigo? Y claro está, porque todo lo que vemos, lo que oímos o leemos, deja en nuestra alma una impresión más o menos profunda que contribuye indudablemente a proporcionarla o deformarla: “la educación es al hombre lo que el molde al barro: le da forma” y en la educación del hombre no hay cosa que contribuya tanto como la lectura y si se ha hecho en libros malos, mala tendrá que ser”.
Es indudable que cada uno piensa según los libros que lee; porque es lo mismo que si se rodeara de otros tantos individuos que serían sus consejeros, y si son malos, no les aconsejarán por cierto cosas buenas; dice el proverbio: “dime con quién andas y te diré quién eres” y si esos libros son sus compañeros, fácilmente podrá decirse quien es el que los lee.
La gran importancia que se ha dado a la prensa nos prueba la poderosa influencia que ejerce la lectura de los escritos que han de moralizar o corromper a los hombres y por medio de estos a las sociedades y a la humanidad entera.
De hecho, gran parte de la corrupción ha que han llegado los pueblos y la humanidad, es obra de malos libros y peor prensa; aquellos a más de la labor de perversión que han llevado a cabo directamente entre los lectores, han extendido su campo de acción de una manera asombrosa por medio del teatro y del cine; y ahora aquellas obras malas que en pocos lugares eran conocidas por muy reducido número de personas, circulan por todos los puntos de la tierra grabadas en una película pasando por la pantalla a los ojos de una multitud; sembrando así su semilla hasta entre los analfabetas, que no habrían podido leerlas.
En vano se dirá que pueden leerse estos libros, como lo hacen algunos, so pretexto de “Saber de todo”  como si el sólo deseo de leer una novela obscena no entrañara desde luego el placer de saborear su contenido, y luego dicen cándidamente: “al cabo ya sabe uno qué modo debe portarse” como si fuera posible respirar el aire fétido que exhala el fango sin que se introduzca a los pulmones los microbios de que está saturado”. Otros dicen: “a mí me gusta leer éste o aquél lector; pero nomás por admitir la belleza literaria de sus obras; que en cuanto a religión y a lo demás ya se bien a que atenerme”, ¡insensatos! El autor, generalmente más inteligente que el que lee, sabe perfectamente la manera de aprovecharse de esa debilidad del corazón humano y su inclinación al mal y con mucha delicadeza lo introducen por sus obras que adornan con una literatura más o menos buena; de esta manera no les es muy difícil engañar, no sólo a aquellas personas crédulas, a las que carecen de conocimientos sobre este punto, sino hasta aquellas que creen poder discernir entre una obra buena  y una mala”.

Anacleto González Flores, selección de textos por el Padre Boniface, tomado del Blog Exurge Domine.