lunes, 18 de abril de 2016

Amoris lætitia: una victoria del subjetivismo.

Publicamos un breve estudio crítico realizado por un Padre de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X sobre la exhortación postsinodal Amoris lætitia. Visto en el sitio de la FSSPX del Distrito de Sudamérica, 17-Abr-2016.


Amoris lætitia: una victoria del subjetivismo



El pasado 8 de abril, se publicó la exhortación postsinodal tan esperada del Papa Francisco. En esta carta, el Papa no ha ni concedido un permiso general para dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, ni dejado a las conferencias episcopales el poder de dar derogaciones. Ha retomado también los términos del último sínodo de los obispos, diciendo que “no hay ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (n° 251). Finalmente, se ha pronunciado de manera clara contra la teoría de género, denunciándola como una ideología que va en contra del orden de la creación (cf. n° 56). A causa de todo aquello, el Papa Francisco decepcionó a mucha gente entre los que no son católicos, sino [que se encuentran] en el papel y en los ámbitos liberales.
Sin embargo, con Amoris lætitia, el Papa abre una brecha que pone en tela de juicio toda la moral católica. En el capítulo 8, titulado Acompañar, discernir e integrar la fragilidad, el Papa Francisco abrió puertas que permitirán en lo sucesivo el sustraerse a la moral católica, resguardándose al mismo tiempo detrás de las instrucciones del Papa. Éste no sólo repite las afirmaciones dudosas del último sínodo, según las cuales los divorciados vueltos a casar son “miembros vivos de la Iglesia”, sobre los cuales el Espíritu Santo vierte “sus dones y carismas para el bien de todos” (n° 299), sino que va más allá todavía. Desde luego, la enseñanza sobre el matrimonio católico y todas las antiguas normas siguen todavía en vigor; para los que viven en concubinato o que están simplemente unidos por un matrimonio civil, les está, por lo tanto, prohibido recibir la absolución y la santa comunión, pero… ¡hay excepciones!

Una puesta en tela de juicio de la moral católica

Tendríamos, dice el Papa, que evitar los juicios “que no toman en cuenta la complejidad de diversas situaciones” (n° 296). Las normas generales serían desde luego un bien, “pero en su formulación, no pueden abrazar en lo absoluto todas las situaciones particulares” (n° 304). Esto se puede entender para la mayoría de las normas humanas, pero no para las leyes divinas que afirman que el acto conyugal sólo está permitido entre un hombre y una mujer unidos por un matrimonio válido, y que un matrimonio sacramental y consumado no puede ser separado por ningún poder en el mundo –ni siquiera el del Papa-. Estas leyes no conocen ninguna excepción y son válidas independientemente de las circunstancias.
Además, la Iglesia enseñó siempre, a semejanza de muchos filósofos paganos, que existe, al lado de los actos moralmente indiferentes, actos buenos o malos en sí; el alcance moral de una acción tiene, pues, algo de objetivo y no depende solamente de las circunstancias o de la intención del sujeto. Matar a un inocente, abusar de un niño o calumniar a alguien, es siempre un acto malo, cualesquiera que sean las circunstancias, y no podrá nunca llegar a ser un acto moralmente bueno, incluso si está hecho con la mejor de las intenciones. Aquel que estima, por ignorancia y con una consciencia errónea, que está permitido matar a un inocente para salvar a otro, o calumniar a un adversario para una buena causa, puede eventualmente ser excusable del punto de vista del pecado, de manera subjetiva, pero su acto sigue siendo objetivamente malo. Al contrario, ayudar a los que están en la necesidad, o respetar la promesa de fidelidad hecha a su esposa o a su esposo, constituye siempre un acto bueno. Si alguien hiciera algo bueno únicamente para ser alabado por los demás o para ser pagado a cambio, esto disminuiría su mérito personal o incluso lo suprimiría completamente, pero su acto en sí mismo seguiría siendo bueno. La ley natural no es pues solamente “una fuente de inspiración” para la toma de una decisión, como lo afirma el párrafo 305, sino que prohíbe o manda algunas acciones de manera necesaria.
Esto verdaderamente no tiene nada que ver con el hecho de creer “que todo es blanco o negro” (n° 305). Se puede tener muy bien una cierta comprensión por una mujer que se comprometería en una nueva relación en razón de una infidelidad o de la sequedad de corazón de su esposo, se puede admitir que en tal o cual caso la falta es menos grave, sin embargo, el adulterio sigue siendo un acto malo en sí.
Ahora bien, el Papa Francisco afirma ahora que “ya no es posible decir que todos los que se encuentran en una cierta situación ‘irregular’ viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante”, y no sólo por ignorancia de la norma divina, sino también en razón “de una gran dificultad para captar los valores incluidos en la norma”. Un sujeto puede incluso “puede tener una gran dificultad para comprender «los valores inherentes a la norma» o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa” (n° 301). El Papa afirma así, oficialmente, que puede encontrarse que alguien deba seguir en una relación objetivamente pecaminosa para evitar cargarse con una nueva falta. El único caso imaginable aquí es el de un hombre y una mujer, no casados religiosamente, que siguen juntos para educar a sus niños menores. Este caso ya fue aprobado en el pasado por la Iglesia con la condición de que esta pareja viva como hermano y hermana, en la abstinencia completa.

¿Cuáles son las consecuencias lógicas de estos errores?

Supongamos ahora que una pareja, viviendo fuera del matrimonio, tenga una “gran dificultad” para entender que es pecaminoso. Esta pareja quiere amar y servir a Dios en esta situación y actúa así subjetivamente en toda buena consciencia. Tal caso puede eventualmente presentarse en razón de la confusión general provocada por los medios de comunicación, la opinión pública y sacerdotes que desafían la enseñanza contraria de la Iglesia. Si es pues posible que tal pareja sea exenta de pecado del punto de vista subjetivo, su relación contradice, sin embargo, objetivamente la voluntad de Dios. Un verdadero pastor, cuya misión es volver a llevar las ovejas perdidas a las vías de Dios, no puede, pues, aceptar tal situación, ni darles los sacramentos, como si se tratara de una pareja casada cristianamente. Ahora bien, es precisamente a eso a lo que conducen las consideraciones del Papa. Es posible, escribe: “que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia” (n° 305). Como lo hace notar explícitamente la nota al pie de página n° 351, esta ayuda de la Iglesia puede también componerse “en algunos casos” “de la ayuda de los sacramentos”, ya que la Eucaristía no sería “un precio destinado a los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles”[1]. En esto el Papa se aleja de la moral católica, teniendo al mismo tiempo el aplomo de apoyarse, para justificar tales sofismas, sobre las distinciones enseñadas por Santo Tomás de Aquino.
El Papa Francisco puede recordar siempre que “hay que evitar toda interpretación desviante” y “proponer el ideal completo del matrimonio… en toda su grandeza”, y también que “toda forma de relativismo” debe ser desterrada, pero está ahora en manos de cada pastor el proceder, en el foro interno, “al discernimiento responsable personal y pastoral de los casos particulares” (n° 300). Así, la decisión de dar o no los sacramentos en tales casos será de facto confiada a la apreciación personal de cada sacerdote. Pero ¿qué sacerdote tomará el riesgo de dar los sacramentos a una pareja en razón de su situación particular y de negarlos a otras parejas no casadas?
Además, la argumentación del Papa puede aplicarse fácilmente a otros casos. Si una pareja de homosexuales se ama verdaderamente y si no llegan sencillamente a entender que su modo de vida es pecaminoso, ¿se les puede entonces dar también la comunión?
¿Y qué hay que pensar de la aserción: “Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio” (n° 297)? En el Evangelio, el Hijo del hombre dice a los que han hecho el mal: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 25, 41). El que no quiere abandonar una situación pecaminosa, sino que al contrario, persiste en el pecado hasta el fin, está condenado por Dios para la eternidad. Sin embargo, el Papa parece decir que no se puede privar indefinidamente de la comunión a una pareja que vive en el pecado. De la misma manera, ¿cómo podemos condenar para siempre a un ladrón que se niega a devolver lo que ha robado? ¿El bien adquirido ilegalmente vuelve a ser, con el tiempo, su posesión con toda legalidad? Es exactamente lo que correspondería a la lógica del Papa.

Los bellos pasajes, ellos mismos, no están indemnes de errores

No hay que silenciar que hay también en Amoris lætitia, muy bellos pasajes. El Papa se esfuerza verdaderamente en promover el ideal del matrimonio cristiano. Explica por qué la unión entre un hombre y una mujer en el matrimonio debe ser por naturaleza indisoluble, da una bella imagen de la familia cristiana, hablando del gran regalo que representan los niños, da consejos para sobrellevar las crisis y educar a los niños. Contra la ideología, muy difundida, de género, escribe: “Cada niño tiene el derecho de recibir el amor de una madre y de un padre, los dos siendo necesarios para su maduración íntegra y armoniosa” (n° 172). Insiste sobre el hecho de que los niños necesitan la presencia de su madre, sobre todo durante los primeros meses de la vida (n° 173), y muestra también el papel importante del padre y los peligros de una “sociedad sin padres” (n° 176). Francisco recuerda además, que la educación de los niños es un “derecho primario” de los padres y que el Estado sólo tiene un papel subsidiario en ella (n° 84).
Pero incluso en estos párrafos, hay críticas que se imponen aún al espíritu. Por ejemplo, ¿es verdaderamente apropiado, en un texto apostólico sobre el matrimonio y la familia, insertar una larga cita de Martin Luther King, un acatólico notorio cuya enseñanza no tiene lugar en tal documento?
Se nota igualmente que el Papa comete un error cristológico cuando escribe que Jesús era “educado en la fe de sus padres, hasta llegar a hacerla fructificar en el misterio del Reino” (n° 65). Siendo Hijo de Dios por naturaleza, Jesús no tenía fe ya que tenía la visión de su Padre y de las cosas divinas, y por consiguiente, no necesitaba tampoco ser educado en la fe.
Repetidas veces se encuentra también una mezcla del orden natural y del sobrenatural, cuando hace el elogio de un bien natural viendo en él, demasiado rápido, la obra del Espíritu Santo. Francisco afirma así que en cada familia donde los niños están educados hacia el bien, el Espíritu es vivo, y eso de manera totalmente independiente de la religión a la cual pertenece (n° 77; cf. también n° 47 y 54).
Sin embargo, es sobre todo con el capítulo 8 que Amoris lætitia se inscribe en los escritos apostólicos más deplorables de la historia de la Iglesia actual. Sólo se puede esperar que los cardenales, obispos y teólogos que constantemente defendieron la doctrina sobre el matrimonio religioso contra las edulcoraciones de estos dos últimos años, se atrevan aún a resistir.

Padre Matthias Gaudron, FSSPX

[1] El párrafo 300, con la nota n° 336, precisa también que las consecuencias de una norma no deben ser necesariamente idénticas para todos, incluso para la “disciplina sacramental”.

lunes, 11 de abril de 2016

La exhortación postsinodal Amoris laetitia: primeras reflexiones sobre un documento catastrófico.


Nos sorprende cómo a estas alturas, a semanas de haberse publicado la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia (aparecida en los medios oficiales el 7 de abril y publicada con fecha del 19 de marzo de 2016) ya habiendo desistido de esperar alguna reacción en el clero, obispos y sacerdotes de la Iglesia conciliar, aún no se haya pronunciado ninguna voz proveniente de las congregaciones tradicionalistas. Parece que los únicos que han tenido la valentía de dirigir críticas a un documento tan peligroso, han sido los laicos que han venido siguiendo el tema.

Artículo publicado en Adelante La Fe, 11-Abr-2016

La exhortación postsinodal Amoris laetitia: primeras reflexiones sobre un documento catastrófico

Por Roberto de Mattei

Con la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, publicada el 8 de abril en curso, el papa Francisco se ha pronunciado oficialmente sobre problemas de moral conyugal que vienen debatiéndose desde hace dos años.
En el consistorio del 20 al 21 de febrero de 2014, Francisco había confiado al cardenal Kasper la misión de introducir el debate sobre este tema. La tesis de Kasper, según la cual la Iglesia debe cambiar su praxis matrimonial, fue el tema central de los sínodos sobre la familia celebrados en 2014 y 2015, y constituye el núcleo de la exhortación del papa Francisco.
Durante estos dos últimos años, ilustres cardenales, obispos, teólogos y filósofos han tomado parte en el debate para demostrar que entre la doctrina y la praxis de la Iglesia tiene que haber una íntima coherencia. La pastoral se funda precisamente en la doctrina dogmática y moral. «¡No puede haber una pastoral en desacuerdo con las verdades y la moral de la Iglesia, en conflicto con sus leyes y que no esté orientada a alcanzar el idea de la vida cristiana!», declaró el cardenal Velasio de Paolis en su alocución al Tribunal Eclesiástico de Umbría el 27 de marzo de 2014. Para el cardenal Sarah, la idea de separar el Magisterio de la praxis pastoral, que podría evolucionar según las circunstancias, modos y pasiones, «es una forma de herejía, una peligrosa patología esquizofrénica» (La Stampa, 24 de febrero de 2015).
En las semanas que han precedido a la publicación del documento se han multiplicado las intervenciones públicas de purpurados y obispos ante el Sumo Pontífice con miras a evitar la publicación de un texto plagado de errores, tomados de las numerosísimas enmiendas al borrador propuestas por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Francisco no se ha echado para atrás. Al contrario, parece que encargó el texto definitivo de la exhortación, o al menos algunos de los pasajes clave, a teólogos de su confianza que han intentado reinterpretar a Santo Tomás a la luz de la dialéctica hegeliana. El resultado es un texto que no es ambiguo, sino claro, en su indeterminación. La teología de la praxis excluye de hecho toda afirmación doctrinal, dejando que sea la historia la que trace las líneas de la conducta en los actos humanos. Por esta razón, como afirma Francisco, «puede comprenderse» que, en el tema crucial de los divorciados vueltos a casar, «(…) no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos» (§300). Si se tiene la convicción de que los cristianos no deben ajustar su comportamiento a principios absolutos, sino estar atentos a «signos de los tiempos», sería contradictorio formular cualquier clase de reglas.
Todos esperaban la respuesta a una pregunta de fondo: los que, tras un primer matrimonio vuelven a contraer matrimonio por la vía civil, ¿pueden recibir el sacramento de la Eucaristía? A esta pregunta, la Iglesia siempre ha respondido con un no rotundo. Los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la comunión, porque su condición contradice objetivamente la verdad natural y cristiana sobre el matrimonio que se representa y actualiza en la Eucaristía (Familiaris consortio, § 84).
La exhortación postsinodal responde lo contrario: en líneas generales no, pero  «en ciertos casos» sí (§305, nota 351). Los divorciados vueltos a casar deben ser «integrados» en vez de excluidos (§299). Su integración «puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas» (§ 299), sin excluir la disciplina sacramental (§ 336).
En realidad, se trata de lo siguiente: la prohibición de recibir la comunión ya no es absoluta para los divorciados vueltos a casar. Por regla general, el Papa no los autoriza a recibirla, pero tampoco se lo prohíbe. «Esto –había destacado el cardenal Caffarra refutando a Kasper– afecta la doctrina. Inevitablemente. Se puede incluso decir que no lo hace, pero lo hace. Es más, se introduce una costumbre que a la larga inculca en el pueblo, sea o no cristiano, que no existe matrimonio totalmente indisoluble. Y esto desde luego se opone a la voluntad del Señor. No cabe la menor duda» (Entrevista en Il Foglio, 15 de marzo de 2014).
Para la teología de la praxis no importan las reglas sino los casos concretos. Y lo que no es posible en lo abstracto, es posible en lo concreto. Pero como acertadamente señaló el cardenal Burke, «si la Iglesia permitiera (aun en un solo caso) que una persona en situación irregular recibiese los sacramentos, eso significaría que, o bien el matrimonio no es indisoluble y por tanto la persona en cuestión no vive en estado de adulterio, o que la santa comunión no es el cuerpo y la sangre de Cristo, que por el contrario requieren la recta disposición de la persona, o sea el arrepentimiento del pecado grave y la firme resolución de no volver a pecar» (Entrevista de Alessandro Gnocchi en Il Foglio, 14 de octubre de 2014).
No sólo eso: la excepción está destinada a convertirse en una regla, porque el criterio para recibir la comunión lo deja Amoris laetitia al «discernimiento personal». El discernimiento se logra mediante «la conversación con el sacerdote, en el fuero interno» (§300), «caso por caso». ¿Y quién será el pastor de almas que se atreva a prohibir que se reciba la Eucaristìa, si «el mismo Evangelio nos reclama que no juzguemos ni condenemos» (§308) y es necesario «integrar a todos» (§297), y «valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio» (§292)? Los pastores que quisieran invocar los mandamientos de la Iglesia correrían el riesgo de actuar, según la exhortación, «como controladores de la gracia y no como facilitadores» (§310). «Por ello, un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones irregulares, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personasEs el caso de los corazones cerrados, que suelen esconderse aun detrás de de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”» (§305).
Este lenguaje inédito, más duro que la dureza de corazón que recrimina a los «controladores de la gracia», es el rasgo distintivo de Amoris laetitia, que, no es ninguna casualidad, fue calificada por el cardenal Schöborn en la conferencia de prensa del pasado 8 de abril de «un evento lingüístico». «Lo que más me alegra de este documento -declaró el cardenal de Viena- es que supera de forma coherente la artificial división externa que distinguía entre regular e irregular». El lenguaje, como siempre, expresa un contenido. Las situaciones que la exhortación postsinodal define como «llamadas irregulares» son el adulterio público y la convivencia extramatrimonial. Para Amoris laetitia, éstas realizan el ideal del matrimonio cristiano, «de modo parcial y análogo» (§292). «A causa de los condicionamientos o de factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o no lo sea de modo pleno- se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia» (§305), «en ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos» (nota 351).
Según la moral católica, las circunstancias, que constituyen el contexto en el que desarrolla la acción, no pueden modificar la cualidad moral de los actos haciendo buena y justa una acción intrínsecamente mala. Pero la doctrina de los absolutos morales y del mal intrínseco queda anulada por Amoris laetitia, que se acomoda a la “nueva moral” condenada por Pío XII en numerosos documentos y por Juan Pablo II en Veritatis splendor. La moral situacionista deja a la merced de las circunstancias y, en últimas, a la conciencia subjetiva del hombre, determinar qué está bien y qué está mal. Así, una unión sexual extraconyugal no se considera intrínsecamente ilícita, sino que, en tanto que acto de amor, se valora en función de las circunstancias. Dicho de un modo más general, no existe el mal en sí como tampoco pecados graves ni mortales. Equiparar a personas en estado de gracia (situaciones regulares) con personas en situación de pecado permanente (situaciones irregulares) es algo más que una cuestión lingüística: diríase que está en conformidad con la teoría luterana del hombre que es a la vez justo y pecador, condenada por el Decreto sobre la justificación en el Concilio de Trento (Denz-H, nn. 1551-1583).
La exhortación postsinodal Amoris laetitia es mucho peor que la exposición del cardenal Kasper, contra la que se han dirigido tantas y tan justas críticas en libros, artículos y entrevistas. Monseñor Kasper se limitó a plantear algunas preguntas; Amoris laetitia presenta la respuesta: abre puertas a los divorciados vueltos a casar, canoniza la moral situacionista y pone en marcha un proceso de normalización de todas las convivencias extramaritales.
Teniendo en cuenta que el nuevo documento pertenece al Magisterio ordinario no infalible, es de esperar que sea objeto de un análisis crítico profundo por parte de teólogos y pastores de la Iglesia, sin engañarse pensando que pueda aplicársele lahermenéutica de la continuidad.
Si el texto es catastrófico, más catastrófico es que lo haya firmado el Vicario de Cristo. Ahora bien, para quien ama a Cristo y a su Iglesia, es una buena razón para hablar y no quedarse callado. Hagamos nuestras, pues, las palabras de un valiente mitrado, monseñor Atanasio Schneider: «¡Non possumus! Yo no voy a aceptar un discurso ofuscado ni una puerta falsa, hábilmente ocultada para la profanación del sacramento del Matrimonio y de la Eucaristía. Del mismo modo, no voy aceptar una burla del sexto mandamiento de la Ley de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido en lugar de aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo, la Verdad, a la imagen del zorro adornado con piedras preciosas” (S. Ireneo), porque “yo sé a Quién he creído”, “scio cui credidi”» (II Tm 1, 12)» (Rorate Coeli, 2 de noviembre de 2015).

Roberto de Mattei

[Traducido por J.E.F]

lunes, 4 de abril de 2016

Reunión del Papa Francisco con el Superior General de la FSSPX Bernard Fellay.


Noticia vista en Secretum Meum Mihi, 04-Abr-2016.

Francisco recibió a Superior de la FSSPX/SSPX

Inicialmente lo había dicho hoy Il Foglio, pero ahora lo confirman fuentes oficiales. Consultando Radio Vaticano(italianoalemán), dice que la Oficina de Prensa de la Santa Sede lo confirma, y que el encuentro tuvo lugar el Sábado, Abr-02-2016. La sección en alemán adjudica la confrimación a Greg Burke.

Ahora bien, la agencia informativa de la FSSPX/SSPX, es decir,
DICI, confirma en Francés, pero aclara que la reunión tuvo lugar el Viernes, Abr-01-2016, a las 17:00 horas en la Casa Santa Marta, y que el obispo Fellay iba acompañado del segundo asistente general, P. Alain-Marc Nély.

Francisco había querido un encuentro privado e informal, sin el carácter oficial de una audiencia. Duró 40 minutos y se desarrolló en un clima cordial. Después de la reunión, se decidió que los intercambios actuales continuarían. No fue tratada directamente la cuestión de la condición canónica de la Fraternidad, Francisco y el Obispo Fellay consideran la necesidad de continuar estos intercambios sin precipitación.
Dice el comunicado en el segundo aparte.

Al final agrega que el Sábado, el obispo Fellay se encontró con el Secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», en el ámbito habitual de las relaciones de la FSSPX/SSPX con esa Comisión.

La misma noticia vista en Religión Digital, 04-Abr-2016, un medio de corte “católico” progresista.

Bernard Fellay y el Papa encontraron "puntos positivos" para la reconciliación
Francisco se reunió el sábado con el líder de los lefebvrianos

La Fraternidad San Pío X podría conseguir el estatus de "Prelatura Personal", como el Opus Dei

Jesús Bastante, 04 de abril de 2016 a las 11:10

Establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados

(J. Bastante).- El Papa Francisco se reunió el pasado sábado con el superior general de la Fraternidad San Pío X, más conocidos como los lefebrianos. El encuentro entre el Pontífice y Bernard Fellay, según adelanta en su edición de hoy Il Folgio, fue "muy positiva", y se han abierto las puertas para el reconocimiento canónico de la congregación fundada por Marcel Lefebvre. Tanto es así, que ya se plantea la opción de una prelatura personal, al estilo del modelo "Opus Dei", para los lefebvrianos.

En una reciente entrevista publicada en la web de la Fraternidad, Fellay se mostró abierto al diálogo, que ya comenzó en 2013 con un encuentro en Santa Marta. Ello no ha sido óbice para que, en diversas ocasiones,los lefebvrianos se hayan mostrado sumamente críticos hacia Francisco, en especial tras las discusiones del Sínodo de la Familia.
"Es evidente que Francisco nos quiere dejar vivir y sobrevivir", subrayó Fellay, quien agradeció que el Papa haya incluido a los sacerdotes lefebvrianos dentro de los que podrán administrar el sacramento de la reconciliación durante el Año de la Misericordia.

En su carta de convocatoria del Sínodo, Francisco incluye otra novedad, referente a los lefebvrianos. "Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie", incidió el Papa, quien reclama que "en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad". Por ello, "establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados".

viernes, 11 de marzo de 2016

Las relaciones ecuménicas del Cardenal Ravasi con la Masonería.


Noticia aparecida en InfoCatólica, 22-Feb-2016.

LLAMA AL DIÁLOGO ENTRE IGLESIA Y MASONERÍA

El cardenal Ravasi asegura que la Iglesia y la masonería comparten valores comunes

«Queridos Hermanos Masones». Así ha titulado el diario italiano masónico Il Sole 24 Ore, el artículo que les ha enviado el cardenal italiano Gianfranco Ravasi, presidente del Colegio Pontificio para la Cultura. En dicho artículo el cardenal llama al diálogo entre la Masonería y la Iglesia Católica basado en los, según él, «valores comunes» de ambas instituciones, como serían el sentido de comunidad, la beneficencia, la lucha contra el materialismo o la defensa de la dignidad humana.

(GLE/InfoCatólica) El cardenal dice en el artículo -cuyo título no es atribuible a él sino al medio en que ha sido publicado- que la Masonería tienen una visión del hombre «basada en la libertad de conciencia y el intelecto y en la igualdad de derechos» y, por otro, «un deísmo, que reconoce la existencia de Dios, pero deja abierta la definición de su identidad». 

El cardenal Ravasi reflexiona en su artículo sobre la relación entre la Masonería y otras iglesias cristianas. Recuerda que muchas Respetables Logias inglesas se nutren del clero de la Comunión eclesial Anglicana y que fue un pastor presbiteriano quien redactó las Constituciones de la Masonería Regular, en las que se afirma que un masón «no sera nunca un ateo estúpido ni un libertino irreligioso».

El artículo no cuestiona las diversas declaraciones de incompatibilidad por parte de la Iglesia Católica de una doble membresía, pero añade que estas «no impiden, sin embargo, el diálogo». El cardenal Ravasi hace un llamamiento a superar las actitudes de «ciertos ambientes católicos integristas» y pide «ir más allá de la hostilidad, los insultos, y los prejuicios recíprocos».

El Gran Maestro del Grande Oriente de Italia, Stefano Bisi, ha realizado ya una valoración del artículo del purpurado, que sólo ha sido difundido hasta ahora en italiano:

«Me alegra saber que ha hablado de la Masonería sin prejuicios y con la amplia visión cultural que lo caracteriza, y que, más allá de las aclaraciones y de la posición oficial y escrita de la Iglesia ampliamente conocida, ha reconocido, sin ideas preconcebidas, que entre estas dos realidades existen también valores comunes que nos unen y que, sin embargo, no anulan los diferentes puntos de vista y las marcadas diferencias».

El Gran Maestro de la Masonería Italiana coincide con la tesis central del artículo del cardenal:

«Los valores comunes que nos unen son la dimensión comunitaria, la dignidad humana, la lucha contra el materialismo y la beneficencia. Sobre estas bases se puede auspiciar un diálogo constructivo desde el pleno respeto a las identidades diversas».




Otra información relacionada aparecida en INFOVATICANA, 07-Marz-2016.

Los masones ya consideran a Ravasi uno de los suyos

Para los masones, “las palabras del cardenal suponen un reconocimiento a la nobleza de nuestros fines”. La masonería es incompatible con el cristianismo, aunque el Cardenal Ravasi, a quien los masones califican de “venerable hermano Gianfranco” construya puentes con la masonería.

En una carta abierta en el diario italiano Il sole 24, el Cardenal Ravasi, responsable del Pontificio Consejo para la Cultura, se dirigía hace unos días a los “queridos hermanos masones” pidiéndoles superar años de enfrentamiento.

El artículo no cuestionaba las diversas declaraciones de incompatibilidad por parte de la Iglesia Católica de una doble membresía, pero añade que estas “no impiden, sin embargo, el diálogo”. El cardenal Ravasi hacía un llamamiento a superar las actitudes de “ciertos ambientes católicos integristas” y pide “ir más allá de la hostilidad, los insultos, y los prejuicios recíprocos”, sin mencionar que la pertenencia a la masonería es para quien pertenece a la Iglesia Católica situación de pecado grave.

La Gran Logia de España, máxima entidad de la masonería en nuestro país, ha respondido a “su venerable hermano Gianfranco” agradeciéndole ese gesto que califican de “enorme valentía”. Para los masones, “las palabras del cardenal suponen un reconocimiento a la nobleza de nuestros fines”.

El último párrafo de la carta no tiene desperdicio:


El cardenal extendió su mano fraterna llamándonos Queridos Hermanos, una condición que alcanza todo ser humano cuando entra en nuestra Orden. El Querido Hermano aprendiz, como en cualquier otra escuela iniciática, aspira a la virtud que reside en la maestría. Las escuelas iniciáticas promueven una auto transformación de quien ya desea ser mejor. Cuando aquel aprendiz sea reconocido maestro de maestros, elegido para dirigir los trabajos en la Logia a la que todos acuden, dejará de ser Querido Hermano. Su nuevo tratamiento, Venerable Hermano, significa lo mismo para la Iglesia que para la Masonería: alguien de una bondad blanca y sin mácula. Ese es el ideal masónico. Venerable Hermano Gianfranco, gracias por un gesto valiente que abre un espacio de posible concordia fraterna. Como todo Venerable, convocad los trabajos

miércoles, 9 de marzo de 2016

El tiempo del Anticristo.


Palabras proféticas del Cardenal John H. Newman dichas en 1873 y tomadas de Cuatro sermones sobre el Anticristo, Ediciones del Pórtico, Buenos Aires, 1999, traducción por el p. Carlos A. Baliña, págs. 33-35.

Por el momento, estaría fuera de lugar decir algo más que esto. Sin embargo insistiré en una particular circunstancia contenía el las palabras de San Pablo, que en parte ya he comentado.
Está escrito que “vendrá una apostasía y que el hombre de pecado será revelado”. En otras palabras, el Hombre de Pecado nace de una apostasía, o por lo menos accede al poder  por medio de una apostasía, o es precedido por un apostasía, o no existiría si no fuese por una apostasía. Eso dice el texto inspirado; ahora bien, observemos, tal como dable apreciar en la historia, de qué modo el curso de la Providencia permite interpretar predicción.
En primer lugar, tenemos una interpretación en el episodio de Antíoco previo a los sucesos contemplados en la profecía. Los israelitas o por lo menos un gran número de ellos, abandonaron su  sagrada religión, y recién entonces le fue permitido el enemigo en escena.
Luego tenemos el caso de la emperador apóstata Juliano, quién intentó subyugar a la Iglesia por medio de astucias, y reintroducir el paganismo; es de notar que fue precedido e incluso criado por la herejía, por aquella primera gran herejía que perturbó la paz y la pureza de la Iglesia
Aproximadamente cuarenta años antes de que él se convertirse en emperador, surgió la pestilente herejía arriana, la cual negaba que Cristo fuese Dios. Hizo su camino entre las cabezas de la Iglesia como un cáncer, de tal modo que por medio que la traición de algunos y los errores de otros, llegó al punto de dominar sobre la Cristiandad. Los pocos hombres santos y creyentes, testigos de la Verdad, gritaron con pavor y terror, frente a la apostasía, que el Anticristo se acercaba. Lo llamaron “el precursor del Anticristo”[37]. Y ciertamente sus Sombra llegó. Juliano fue educado en el seno del arrianismo por algunos de sus principales sostenedores. Su tutor fue aquel Eusebio del cual sus partidarios tomaron su nombre; a su debido tiempo cayó en el paganismo, convirtiéndose en un perseguidor de la Iglesia y fue removido antes que completase el breve período durará el reinado del verdadero Anticristo.
En tercer lugar, se levantó otra herejía de consecuencias mucho más perdurables y de mayor envergadura; era de un carácter doble, de dos cabezas, podría decirse: el Nestorianismo y el Eutiquismo, en apariencia opuestas una a la otra, más unidas en torno a un fin común: negar  de un modo u otro la realidad de la graciosa encarnación de Cristo, teniendo así a destruir la fe de los cristianos, no menos ciertamente, e incluso de modo más insidioso que la herejía de Arrio. Se extendió a través de Oriente y Egipto, corrompiendo y envenenando aquellas Iglesias que en un tiempo ¡Ay!, habían sido las más florecientes, las primeras moradas y los baluartes de la verdad revelada. A partir de esta herejía, o por lo menos por medio de ella, surgió el impostor Mahoma, y compuso su credo. He aquí, por lo tanto, otra particular Sombra del Anticristo.
En lo que respecta al cuarto y último ejemplo, que he podido tomar de la generación que ha precedido inmediatamente la nuestra, me limitaré a observar que de modo similar los ejemplos citados, la Sombra del Anticristo ha surgido de una apostasía, de un abandono de la fe en favor de doctrinas infieles, de la apostasía sin dudas más inicua y más blasfema que el mundo ha conocido[38].
Todos estos ejemplos nos plantean los siguientes interrogantes: ¿surgirá enemigo de Cristo y de Su Iglesia a partir de un especial apartamiento de Dios? ¿No hay acaso motivos para temer que dicha apostasía se esté preparando gradualmente, reuniendo, madurando en nuestros mismos días? ¿Acaso no existe en este mismo momento un especial empeño en casi todo el mundo en prescindir de la religión, más o menos evidente en este o en aquel lugar, pero más visible y formidablemente en aquellas regiones más civilizadas y poderosas? ¿No existe acaso un consenso reciente de que una nación no tiene nada que ver con la religión, de qué se trata de algo concerniente sólo a la conciencia individual? Lo que es lo mismo que decir que podemos dejar que la Verdad desaparezca de la faz de la tierra sin que hagamos nada por evitarlo. ¿No existe un movimiento vigoroso y unificado en todos los países destinado a privar a la Iglesia de Cristo de su poder y posición? ¿No existe un empeño febril y permanente por deshacerse de la necesidad de la Religión en los asuntos públicos?, por ejemplo el intento de desembarazarse de los juramentos con la excusa de que son demasiado sagrados para los asuntos de la vida corriente, en vez de asegurarse de que fuesen proferidos de modo más reverente y conveniente. ¿No existe el intento de educar sin religión, o sea, poniendo a todas las formas de religión al mismo nivel? ¿No existe la tentativa de reforzar la templanza, y todas las virtudes que brotan de ella, sin religión, por medio de sociedades basadas en meros principios de utilidad; de hacer de la conveniencia y no de la verdad, el fin y la norma de las decisiones del Estado y de la constitución de las leyes; de hacer de los números, y no la Verdad, el criterio para sostener o no esté o aquél artículo de fe, como si hubiera la Escritura fundamentación para sostener que los muchos tienen la razón y los pocos no; de privar a la Biblia  de su sentido principal, de modo de hacernos pensar que está posee cien significados, todos igualmente verdaderos, o en otras palabras, que no posee significado alguno, que es letra muerta, y que puede ser dejada de lado; de reemplazar la religión en su conjunto, en cuanto es externa y objetiva, y expresada en leyes y palabras escritas, por algo meramente subjetivo, de confinarla a nuestros sentimientos internos, y de este modo, dada su inestabilidad y variabilidad, de destruir en definitiva la religión?

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[37] Πρόδρоμоς ’Αντιχρίστσν. “Ahora es la Apostasía puesto que los hombres se han apartado de la recta fe. Ésta es pues la Apostasía y debe esperarse la venida del enemigo”, San Cirilo de Jerusalén, Catech., 15,9.
[38] Todo este párrafo no aparece en el texto inglés sino en la versión francesa: L’Antichrist, Editions Ad Solem, Geneve. 1955. Newman hace aquí alusión a la Revolucion Francesa y al ascenso de Napoleón al poder [nota del tradictor]

lunes, 29 de febrero de 2016

Invitación: presentación de “Política Cristiana”, libro del Guillaume Devillers.

Estimados lectores:

Los invitamos a la presentación del libro



“Política Cristiana”

del R.P. Guillaume Devillers FSSPX, 

la cual se llevará a cabo el sábado 5 de Marzo a las 20hs.,

en la capilla “Nuestra Señora Mediadora de todas las Gracias”, en la calle Venezuela 1318/20, barrio de Montserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Muy pronto: Reconocimiento Unilateral de la Fraternidad de San Pío X.

The Remnant newspaper, es uno de los periódicos católicos tradicionalistas más importantes y antiguos de EEUU fundado en 1968. Aquí publicamos el comentario de su Editor Michael Matt que nos resulta bastante interesante por parte de quien viene.

Artículo aparecido en The Remnant, 26-Feb-2016, traducción publicada en Adelante La Fe, 26-Feb-2016:


Mons. Bernard Fellay, superior general de la FSSPX y Michael Matt, editor responsable de The Remnant.

Muy pronto: Reconocimiento Unilateral de la Fraternidad de San Pío X

Escrito por Michael Matt

Recién salido de Dici.org: “El Obispo de Galarreta dio una conferencia en Bailly, cerca de Versalles, el 17 de enero de 2016. Expuso la situación actual de la Iglesia e informó a su audiencia sobre el estado actual de las relaciones entre Roma y la Sociedad de San Pío X. Dirigió la comisión de teólogos de la Sociedad de San Pío X durante las discusiones doctrinales con Roma desde el 2009 hasta el 2011. Aquí están los fragmentos más importantes de su conferencia, transcriptos por DICI…

En la segunda parte de su conferencia, y más allá de las propuestas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Obispo de Galarreta confesó públicamente que cree que el Papa pronto conferirá status a la Sociedad de San Pío X:

“Yo pienso más bien, y este es el otro aspecto de las cosas, que este papa que dice a quien quiere escucharlo que nosotros somos católicos, que dice y repita que la Fraternidad es católica, que somos católicos, que nunca nos va a condenar y que es necesario arreglar nuestro “asunto”. Yo pienso que -él ha comenzado en esta vía- cuando él vea que no hay entendimiento con la Congregación de la Fe, yo creo que él va a anular toda condición doctrinal, teórica, práctica, o lo que sea… Él dará sus propios pasos hacia el reconocimiento de la Fraternidad. Ya ha comenzado; él simplemente continuará. Aquí yo no digo que yo lo desee, yo digo lo que preveo. Yo preveo, yo pienso que el papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral de la Fraternidad, y más bien por la vía de los hechos que por una vía de derecho o legal, canónico”.

Mons. De Galarreta admite que “este reconocimiento de hecho tendrá un efecto bueno, benéfico: es una apertura apostólica bastante extraordinaria, esto tendrá un efecto extraordinario”. Pero agrega que habría dos riesgos: el de crear una división interna y el de condicionar la predicación en ciertas circunstancias. Y se preguntó: “Esto requeriría una sabiduría extraordinaria y prudencia, una gran firmeza y claridad. ¿Somos capaces de esto?” LEA EL TEXTO COMPLETO AQUÍ

COMENTARIO DE THE REMNANT: ¡Ciertamente una pregunta sabia!  “¿Somos capaces de esto?” Aquí el apreciable Obispo demuestra un sensus catholicus y una prudencia fundamental que nos deja la absoluta confianza de que la FSSPX ciertamente está en buenas manos y comprende claramente lo que está en juego, y que lo que está en juego es en parte algo intangible.
Obviamente, Francisco regularizará a la FSSPX. ¿Por qué? Bueno, el viejo adagio debiera resumir muy bien las cosas: mantén cerca a tus amigos pero aún más cerca a tus enemigos.
La pregunta que todos debemos hacernos es esta: Cuando se trata de la regularización de la FSSPX, ¿qué partido saca el Vaticano? Déjenme repetirlo: ¿Qué partido sacanellos?
¿Creemos realmente que Francisco el Grande — el hombre que se niega a juzgar a los sacerdotes homosexuales, que viajará a Suecia en octubre para celebrar la Revuelta Protestante, que piensa que los ateos van al cielo y que los judíos no necesitan convertirse — de verdad creemos que el hombre está profundamente preocupado por las almas de los seguidores de la FSSPX y su… (aquí toso)…”cisma”? ¡¿De verdad?!
¿Si no es esto, entonces qué?
En mi opinión (que es todo lo que esto es), el Vaticano sabe muy bien que la oposición a su revolución diabólica contra la fe tradicional proviene principalmente de una sola fuente, y que mientras esa fuente permanezca fuera de su control – bueno, no puede controlar a su oposición.
Esta vez, el Vaticano no pondrá exigencias a la FSSPX sobre el Vaticano II (por empezar, el Vaticano II ya es demasiado tradicional para ellos. ¡Ellos ya no aceptan el Vaticano II!). No pondrán exigencias en cuanto a la nueva misa. De hecho, tal como admite el Obispo de Galarreta, el Vaticano no impondrá ningún tipo de exigencias a la FSSPX. Simplemente regularizarán a la FSSPX por decreto, y después se sentarán a ver cómo la FSSPX se parte al medio. Se llama divide y vencerás, una estrategia tan vieja como el Jardín del Edén.
Incluso el mundo neo-católico se despierta por fin para reconocer que la silla de Pedro está ocupada por un hombre que desprecia la fe católica tradicional. Una contrarrevolución ejemplar contra el régimen del papa Francisco, liderada por 650 sacerdotes de la FSSPX de todo el mundo, sería hoy imparable… y un Vaticano profundamente dividido lo sabe.  Por lo tanto, no se impondrá ninguna exigencia, y el Vaticano hará a la FSSPX una oferta que literalmente no podrá rechazar.
No hay conspiración por parte de la FSSPX. El Vaticano lo hace por cuenta propia, en mi opinión, con Francisco a la cabeza. ¿Puede lidiar la FSSPX con esta “beneficencia” del papa Francisco?  ‘Esto requeriría una sabiduría extraordinaria y prudencia, una gran firmeza y claridad.’ ¿Son capaces de esto? – ésta es la pregunta.
Cuando se trata de la regularización de la FSSPX, tengan cuidado con lo que desean.
Recen por la FSSPX, una de las últimas y mejores esperanzas de la Iglesia. Estoy seguro que el Obispo Fellay y su equipo están del lado de los ángeles. Ahora esperemos a ver qué se traen los demonios.

Michael Matt

Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original

Mons. de Galarreta: “Pienso que el Papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral”.


Recordamos una cordial conversación mantenida con un miembro de la FSSPX que nos negaba la posibilidad que anticipada el obispo Mons. Richard Williamson (en su Comentario Eleison n° 449 del 3 de mayo de 2014, ver aquí) de un supuesto y posible reconocimiento de dicha congregación, por parte de las autoridades romanas, en sentido “unilateral”. Ahora bien, la frase que encabeza el artículo es de Mons. Alfonso De Galarreta, uno de los obispos de la FSSPX, el cual en su momento, encabezó por parte de dicha Fraternidad las llamadas discusiones doctrinales con Roma, entre 2009 y 2012. La frase está contenida en los apartes de una conferencia del 17-Ene-2016, publicada por órgano informativo oficial de la FSSPX DICI, 26-Ene-2016. También publicamos las palabras dichas en la entrevista concedida a la agencia Zenit, 28-Feb-2016, de Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei».

Primero, la traducción de la conferencia Mons. de Galarreta, la cual fue pronunciada en Bailly, cerca de Versalles, Francia, 17-Ene-2016. La traducción es ofrecida por el Blog Non Possumus, 26-Feb-2016.

Mons. de Galarreta: “Pienso que el Papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral”
26-02-2016


Mons. Alfonso de Galarreta dio una conferencia en Bailly, cerca de Versalles, el 17 de enero de 2016. Expuso la situación actual de la Iglesia e informó a su auditores del estado actual de las relaciones entre Roma y la FSSPX. Él dirigió la comisión de teólogos de la FSSPX durante las conversaciones doctrinales con Roma, entre 2009 y 2011. He aquí los extractos más significativos de su conferencia, transcritos por DICI.

Una agravación de la crisis de la fe que suscita reacciones públicas

En una primera parte, Mons. de Galarreta constata que en Roma se desarrolla “una voluntad de sacar todas las conclusiones contenidas en los principios del concilio Vaticano II”. Las ideas conciliares del ecumenismo, de la libertad religiosa y de la colegialidad, estando ya adquiridas, según las autoridades romanas, es la moral que ahora está atacada por una forma de evolucionismo: “Esto ya es verdadero para el dogma, para la verdad (según los progresistas); esto ya es verdadero para el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, todo el espíritu liberal revolucionario… entonces ¿por qué no para la moral también? En el fondo, era una incoherencia no aplicar la evolución a la moral igualmente”, esta última es llevada entonces a adaptarse también “en función de la vida del hombre, las costumbre, las leyes, la evolución de las cosas…”.

Sin embargo, el prelado argentino reconoce que, frente a este desastre, una reacción se manifiesta: “Ahora es en la Iglesia actual, oficial, que empieza a haber reacciones. Y las reacciones se profundizan, pues algunos se dan cuenta que por lo menos hay un problema doctrinal, un problema de fe. Ellos se dan cuenta que también hay un problema en el magisterio conciliar y posconciliar. Ellos comienzan a plantearse preguntas y, aspecto muy importante, ellos comprenden que para oponerse a esta ruptura total con la Tradición es necesario actuar, y oponerse necesariamente a las autoridades que son quienes difunden estos errores. Es así que vemos cardenales, obispos, sacerdotes, laicos que comienzan a reaccionar, y en el buen sentido e incluso con mucho sentido común, algunas veces con mucha firmeza”.

Una doble proposición romana: doctrinal y canónica

Enseguida Mons. de Galarreta indica que una proposición de prelatura personal fue hecha por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en verano de 2015, acompañada de una proposición de declaración doctrinal. E hizo saber que el “Superior general envió los dos textos romanos a todos los superiores mayores y a algunos teólogos de la Fraternidad, así como a los obispos, para que se hiciera un análisis, para que diéramos nuestra opinión”.

Respecto a la proposición de declaración doctrinal, el obispo argentino reconoce: “lo que vemos en la declaración doctrinal, es que ya no está la profesión de fe del cardenal Ratzinger. Las autoridades romanas nos piden la profesión de fe de Pio IV, es decir, la profesión de Fe del concilio de Trento. Luego, en la precedente proposición, había un párrafo sobre la libertad religiosa. Suprimieron esta exigencia. El ecumenismo se suprimió. Para la misa nos pedían reconocer la validez y la legitimidad. Ahora nos piden reconocer la validez de los nuevos sacramentos, de la nueva misa, según la edición típica, la edición latina original. Lo que la Fraternidad siempre ha reconocido. Miren, ellos eliminan las condiciones para tratar de llegar”.

Luego, Mons. de Galarreta indica que el Superior general ha querido responder a la oferta romana de reconocer a la Fraternidad “tal cual es”, por una respuesta previa que no es imprecisa: “Mons. Fellay nos dijo: “antes de responder a esta proposición de la Congregación de la Fe, les voy a escribir, de manera muy exhaustiva, para precisar bien cómo somos nosotros y cómo actuamos, qué predicamos, qué hacemos, qué no hacemos, y lo que no estamos dispuestos a hacer”, con el fin de saber si la Fraternidad es aceptada “tal cual es” verdaderamente.

El prelado argentino expresa entonces sus reservas por una razón doctrinal de fondo: “Ellos quieren sobretodo y siempre hacernos aceptar, por lo menos vagamente, al menos en principio, el concilio Vaticano II y sus errores”. Y agrega que esta voluntad romana se reencuentra, en el plan práctico, en la proposición canónica: “Siempre hay, de una manera o de otra, una sumisión respecto a los dicasterios romanos, o respecto a los obispos”. Lo que lo lleva a afirmar que, personalmente, él rechazaría las proposiciones romanas: “Para mí, un acuerdo con la Roma actual está excluido”. Precisa que se trata de un rechazo prudencial dictado por las circunstancias -en la ausencia de garantías necesarias a la vida de la Fraternidad-, y se quiere distinguir de aquellos que hacen de este rechazo un absoluto:

“Nosotros no rechazamos, ustedes lo ven, de manera absoluta y teórica la posibilidad de un acuerdo con Roma. Esto es lo que nos distingue de la “Resistencia”. Para ellos es un principio. Es una cuestión doctrinal: “Usted no puede admitir la posibilidad de un acuerdo con Roma sin ser liberal”. Esta no es nuestra posición. Hay que decirlo de nuevo: esa no era la posición de Mons. Lefebvre. Él firmó un protocolo de acuerdo con Roma. Y en ese momento, incluso cuando rompió después el protocolo, Monseñor dijo: “es porque no hay las condiciones necesarias para nuestra supervivencia, para nuestra protección. Porque ellos quieren engañarnos, porque ellos no quieren darnos la Tradición, porque ellos quieren llevarnos al Vaticano II. Es porque no hay las condiciones. Él dijo: “Si me hubieran dado las condiciones, las condiciones que puse, hubiera firmado”. Esto lo dijo Mons. Lefebvre después de las consagraciones. Y precisó: “si firmé un protocolo de acuerdo, es porque no había nada contrario a la fe”. Ni en el contenido, ni en el hecho de firmar. Es evidente. Por lo tanto nosotros continuamos en esta línea”.

¿Hacia un reconocimiento unilateral de la Fraternidad?

En una segunda parte, y más allá de las proposiciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. De Galarreta confía públicamente que piensa que el papa puede próximamente conferir un estatus a la FSSPX:

“Yo pienso más bien, y este es el otro aspecto de las cosas, que este papa que dice a quien quiere escucharlo que nosotros somos católicos, que dice y repita que la Fraternidad es católica, que somos católicos, que nunca nos va a condenar y que es necesario arreglar nuestro “asunto”. Yo pienso que -él ha comenzado en esta vía- cuando él vea que no hay entendimiento con la Congregación de la Fe, yo creo que él va a anular toda condición doctrinal, teórica, práctica, o lo que sea… Él mismo hará pasos en el sentido de un reconocimiento de la Fraternidad. Ya ha comenzado, simplemente él va a continuar. Aquí yo no digo que yo lo desee, yo digo lo que preveo. Yo preveo, yo pienso que el papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral de la Fraternidad, y más bien por la vía de los hechos que por una vía de derecho o legal, canónico”.

Mons. De Galarreta reconoce que “este reconocimientode facto tendrá un efecto bueno, benéfico: es una apertura apostólica bastante extraordinaria, esto tendrá un efecto extraordinario”. Pero agrega que habría dos riesgos: el de crear una división interna y el de condicionar la predicación en ciertas circunstancias. Y de interrogarse: “Será necesaria una sabiduría, una prudencia extraordinaria, una firmeza, una claridad muy grande. ¿Somos capaces de eso?”.

El prelado argentino responde pidiendo conservar una confianza sobrenatural frente a estas eventualidades: “Si la Providencia nos envía esto, es allí que tendremos las gracias necesarias para superar las dificultades y para lidiarlas como se necesite, pero por supuesto en la medida en que no sea producida por nuestra voluntad, donde se nos imponga. Si tenemos las ideas claras, siempre podemos aprovechar para el bien. Pero en este caso hipotético -yo les doy mi opinión sobre conjeturas, ¿verdad?- en este caso pienso que tendremos las gracias necesarias para perseverar y para hacer el bien que debemos hacer en la Santa Iglesia. El Buen Dios jamás nos renegará, no dejará de darnos los medios para perseverar en la fe y en el verdadero combate, si permanecemos siempre en la fe, en la esperanza, en la caridad, en la fuerza de la confesión de la fe, en la santificación cotidiana”.

El miedo a los riesgos y la confianza en la Providencia divina

Y concluye después de haber planteado una objeción: “Entonces ustedes me dirán: “¡en este caso, hay un riesgo!” Sí, por supuesto. En la vida hay muchos riesgos, en una guerra todavía más. Estamos en guerra. Por lo tanto será lo que el Buen Dios quiera. Pero yo tengo confianza en la Providencia, y tengo una confianza total en el amor de Nuestro Señor Jesucristo por la Santa Iglesia. Entonces en la medida que nosotros no lo busquemos, incluso si esto sucede, yo creo que no hay que inquietarse. Nada cambia. Es el mismo combate que continúa, la misma línea. Simplemente, se trata de aprovechar estos espacios de la libertad que nos son dejados. En una guerra si el enemigo abandona las trincheras, hay que tomarlas; si se retira, hay que avanzar. Usted no se quedará donde está bajo pretexto de que hay riesgos. Hay que decir las cosas prudentemente, y después es necesario el valor. Y sobre todo en nosotros es necesaria la confianza en Dios. Es el combate por Dios. Es el combate de Dios. Nuestra confianza está en Él y en la Santísima Virgen María”.

“Personalmente yo no estoy inquieto en lo absoluto respecto al futuro de la Fraternidad o de la Tradición; por el contrario, respecto al futuro de la sociedad, de nuestras naciones antaño católicas o incluso de la Iglesia oficial, sí, yo estoy inquieto y pesimista. Se prevé que esto evolucionará para peor. Ahora bien, es justamente cuando llegamos a una situación mucho más desesperada, extrema, que está la intervención de la Divina Providencia, la intervención de Dios que tiene sus medios divinos. Nuestro Señor es siempre el amo de los acontecimientos, de la historia. Y no solamente en general, sino en lo particular. Por lo tanto, si el Evangelio nos dice que no hay un solo cabello de nuestra cabeza que caiga… que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, que no hay ni una pluma que caiga sin el permiso de Dios (cf. Mat 10, 29-30), creo que hay que permanecer muy tranquilos. Es así que conservamos un juicio equitativo sobre las realidades objetivas, y que se conserva una actitud no solamente equilibrada, sino católica, cristiana y santa. Esta es la sabiduría que nos transmitió Mons. Lefebvre, esta actitud católica. Nosotros podemos conservar ahora esta línea en la situación actual de la Santa Iglesia, así como ante todas las eventualidades que se presentarán dentro de poco”.

Ahora, a continuación, la traducción de la entrevista con Mons. Guido Pozzo, también tomada de Non Possumus, 26-Feb-2016.

¿En qué punto está el diálogo con los lefebvrianos?

Después de la remisión de la excomunión en 2009, por Benedicto XVI, la apertura hecha por Francisco con ocasión del Año Santo es un nuevo paso hacia el reconocimiento canónico.

Mucho se ha hablado en estos años de la sufrida aproximación a la Iglesia de Roma por parte de la FSSPX, fundada por Mons. Marcel Lefebvre. El levantamiento de la excomunión por parte de Benedicto XVI no cancela todavía la posición irregular en la cual están los lefebvristas.

Se mantiene, de hecho, su falta de aceptación de la liturgia Novus Ordo, el ecumenismo y la libertad religiosa, pero la ulterior apertura realizada por el papa Francisco -que, con ocasión del Jubileo, ha sancionado la validez de la recepción de los sacramentos de la confesión y de unción de los enfermos administrado por sacerdotes lefebvrianos- representa un nuevo paso hacia el reconocimiento canónico.

Para saber más acerca de la situación actual de la Fraternidad San Pío X, Zenit ha entrevistado a Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia ComisiónEcclesia Dei, fundada en 1988 por San Juan Pablo II, con el principal objetivo de iniciar un diálogo con los lefebvrianos, para llegar un día a su plena reintegración.

Excelencia, en 2009 el Papa Benedicto XVI levantó la excomunión de la Fraternidad San Pío X. ¿Esto significa que ahora están de vuelta en comunión con Roma?

Con el levantamiento de parte de Benedicto XVI de la pena de excomunión a los obispos de la FSSPX (2009), ellos ya no están sujetos a esta grave penalización eclesiástica. Con esta medida, sin embargo, la FSSPX se encuentra todavía en una situación irregular, ya que no ha recibido el reconocimiento canónico por la Santa Sede. Mientras la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, sus ministros no ejercen de manera legítima el ministerio y la celebración de los sacramentos. De acuerdo con la fórmula empleada por el entonces cardenal Bergoglio en Buenos Aires y confirmada por Francisco a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, los miembros de la FSSPX son católicos en camino hacia la plena comunión con la Santa Sede. Esta plena comunión se tendrá cuando se lleve a cabo el reconocimiento canónico de la Fraternidad.

¿Qué pasos han sido hechos por la Santa Sede en estos siete años para favorecer el acercamiento de la Fraternidad San Pío X?

Tras el levantamiento de la excomunión en 2009, se iniciaron una serie de encuentros de carácter doctrinal entre expertos designados por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que está estrechamente vinculada a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei después del Motu proprio de Benedicto XVI Ecclesiae unitatem (2009), y expertos de la FSSPX para discutir y confrontarse sobre los principales problemas doctrinales que están en la base de la controversia con la Santa Sede: la relación entre Tradición y Magisterio, la cuestión del ecumenismo, del diálogo interreligioso, de la libertad religiosa y de la reforma litúrgica, en el contexto de la enseñanza del Concilio Vaticano II.

Este encuentro, que duró cerca de dos años, consiguió aclarar las respectivas posiciones teológicas sobre el tema, para resaltar los puntos de convergencia y divergencia.

En los años siguientes los coloquios doctrinales continuaron con algunas iniciativas dirigidas al ahondamiento y a la aclaración de las temáticas en discusión. Al mismo tiempo los contactos entre los Superiores de la Comisión Ecclesia Dei y los Superiores y otros exponentes del FSSPX, han favorecido el desarrollo de un clima de confianza y respeto recíproco, que tiene que ser a la base de un proceso de acercamiento. Hace falta superar las desconfianzas y los entumecimientos que son comprensibles después de muchos años de fractura, pero que pueden ser gradualmente disipados si la actitud recíproca cambia y si las divergencias no son consideradas como muros infranqueables, sino como puntos de discusión que merecen ser profundizados y desarrollados hacia una aclaración útil a la Iglesia entera. Ahora estamos en una fase que creo constructiva y orientada a alcanzar la esperada reconciliación. El gesto del papa Francisco de conceder a los fieles católicos de recibir válida y lícitamente el sacramento de la reconciliación y la unción de los enfermos por los obispos y sacerdotes de la FSSPX durante el Año Santo de la Misericordia, es claramente el signo de la voluntad del Santo Padre de favorecer el camino hacia el reconocimiento canónico pleno y estable.

¿Cuáles son los obstáculos que aún se interponen en el camino a la reconciliación definitiva?

Distinguiría dos niveles. El nivel específicamente doctrinal, que concierne a algunas divergencias acerca de temas particulares propuestos por el Concilio Vaticano II y del Magisterio postconciliar, relativos al ecumenismo, a la relación entre el Cristianismo y las religiones del mundo, a la libertad religiosa sobre todo en la relación entre Iglesia y Estado, a algunos aspectos de la reforma litúrgica. El nivel de la actitud mental y psicológica, que tiene que pasar de una posición de choque polémico y antagonista, a una posición de escucha y recíproco respeto, de consideración y de confianza, como tiene que pasar entre miembros del mismo Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Hace falta trabajar sobre estos dos niveles. Pienso que el camino de aproximación emprendida ha dado algún fruto, sobre todo por este cambio de actitud de ambas partes y merece la pena continuar sobre esta línea.

Incluso en el tema del Concilio Vaticano II, creo que la FSSPX debe reflexionar sobre la distinción, que en mi opinión es fundamental y absolutamente dirimente, entre la mens auténtica del Vaticano II, su intentio docendi, como se muestra por las Actas oficiales del Concilio, y lo que yo llamaría el "paraconcilio", es decir el conjunto de orientaciones teológicas y actitudes prácticas, que acompañaron el curso del Concilio mismo, pretendiendo luego cubrirse con su nombre, y que en la opinión pública, gracias también al influjo del medios de comunicación, a menudo se han agregado al verdadero pensamiento del Concilio. A menudo en la discusión con la FSSPX, la oposición no es al Concilio, sino al "espíritu" del Concilio, que se vale de algunas expresiones o formulaciones de los documentos conciliares para abrir el camino a interpretaciones y posiciones que están muy lejos y, a veces instrumentalizar el verdadero pensamiento conciliar.

También en lo que concierne a la crítica lefebvrista sobre la libertad religiosa, en el fondo de la discusión a mí me parece que la posición del FSSPX está caracterizada por la defensa de la doctrina a tradicional católica contra el laicismo agnóstico del Estado y contra el laicismo y relativismo ideológico y no contra el derecho a la persona a no ser coartada ni impedida por el Estado en el ejercicio de la profesión de fe religiosa.

Se trata en todo caso de temas que también podrán ser objeto de ahondamiento y aclaración después de la plena reconciliación. Lo que aparece esencial es hallar una plena convergencia sobre lo que es necesario para estar en plena comunión con la Sede Apostólica, es decir sobre la integridad de la Profesión de Fe católica, sobre el vínculo de los sacramentos y sobre la aceptación del Supremo Magisterio de la Iglesia. El Magisterio, que no está por encima de la Palabra de Dios escrita y transmitida, sino a su servicio, es el auténtico intérprete también de los textos anteriores del Magisterio, incluidos los del Concilio Vaticano II, a la luz de la Tradición perenne, que se desarrolla en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, no con un contrario novedad (que sería negar el dogma católico), sino con una mejor comprensión del depósito de la fe, en la misma doctrina, el mismo sentido y en un mismo parecer (in eodem scilicet dogmate, eodem sensu et eademque sententia, cf. Concilio Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, 4). Creo que en estos puntos la convergencia con la FSSPX no sólo es posible, sino necesaria. Esto no afecta la posibilidad y la legitimidad de discutir y explorar otras cuestiones particulares, que he mencionado anteriormente, que no se refieren a cuestiones de fe, sino más bien a orientaciones pastorales y juicios de carácter prudencial y no dogmáticos, sobre los que también se puede tener diferentes puntos de vista. No se trata por lo tanto de ignorar o domesticar las diferencias sobre algunos aspectos de la vida pastoral de la Iglesia, sino se trata de tener presente que en el Concilio Vaticano II hay documentos doctrinales, que intentan reavivar la verdad de fe ya definida o verdad de la doctrina católica es. Const. dogm. Dei Verbum, Const. dogm. Lumen gentium), y hay documentos que tienen la intención de sugerir orientaciones y directrices para la acción práctica, es decir, para la vida pastoral como una aplicación de la doctrina (Decl. Nostra Aetate, DecretoUnitatis Redintegratio, Decl. Dignitatis humanae). La adhesión a las enseñanzas del Magisterio varía según el grado de autoridad y la categoría de verdad propia de los documentos magisterial. No me resulta que el FSSPX haya negado doctrina de fe o verdad de la doctrina católica enseñadas por el Magisterio. Los relieves críticos conciernen en cambio a afirmaciones o indicaciones concernientes al renovado cuidado pastoral en las relaciones ecuménicas y con las otras religiones y algunas cuestiones de orden prudencial en la relación Iglesia y sociedad, Iglesia y Estado. Sobre la reforma litúrgica, me limito a mencionar una declaración que Mons. Lefebvre le escribió a Papa a Juan Paolo II en una carta del 8 de marzo de 1980: "En cuanto a la misaNovus Ordo, a pesar de todas las reservas que se deben hacer al respecto, yo no he afirmado nunca que ella sea inválida o herética." En cuanto a las reservas al ritual delNovus Ordo, que no hay obviamente que subvalorar, no se refieren ni a la validez de la celebración del sacramento ni a la recta fe católica. Será por lo tanto oportuno proseguir en la discusión y en la clarificación de tales reservas.

Con ocasión del Año de la Misericordia ha llegado un gesto conciliador de parte de papa Francisco: los fieles católicos también podrán recibir el sacramento de la reconciliación de parte de sacerdotes pertenecientes a la Fraternidad. ¿Qué comporta esta medida? ¿Cree que este gesto puede reabrir concretamente un diálogo que, de algún tiempo, pareció estancado?

Como ya he dicho anteriormente, el diálogo con la FSSPX nunca se ha estancado. Más bien, se decidió que seguiría de una forma menos y formal, para dar espacio y tiempo a una maduración de las relaciones en la línea de la actitud de confianza y escucha recíproca para favorecer un clima de relaciones más idóneo donde colocar el momento de la discusión teológica y doctrinal. El Santo Padre ha animado a la Pontificia ComisiónEcclesia Dei desde el principio de su pontificado a perseguir esta forma de relaciones en la discusión con la FSSPX. En este contexto el gesto distensor y magnánimo del papa Francisco en la circunstancia del año de la Misericordia ha contribuido indudablemente a serenar ulteriormente el estado de las relaciones con la Fraternidad, mostrando que la Santa Sede tiene en su corazón el acercamiento y la reconciliación, que deberá también tener un revestimiento canónico. Espero y deseo que este sentimiento y esta voluntad sean compartidos también por la FSSPX.