lunes, 13 de junio de 2016

Libertad de pensamiento, por Juan Manuel de Prada.


En 1984, explicando las artimañas empleadas por el Partido para transformar el pensamiento de la gente, George Orwell relata que ocupaba un lugar preferente hacer creer que «tanto el pasado como el mundo externo existen sólo en la mente». Ante lo que Winston Smith, el protagonista de la novela, se rebela, diciendo: «El mundo material existe, sus leyes no cambian. Las piedras son duras; el agua, líquida; los objetos sin sujeción caen hacia el centro de la Tierra. La Libertad significa libertad para decir que dos más dos son cuatro. Si eso se admite, todo lo demás se da por añadidura». La libertad, para Orwell, se funda en la verdad; y ya se sabe que nada ofende tanto (sobre todo en épocas de engaño universal) como la verdad.Por eso todos los tiranos que en el mundo han sido han tratado de escamotear la verdad de las cosas; y el hombre libre ha aspirado a desentrañarla. En esto debería consistir la 'libertad de pensamiento'. Pero... ¿de veras esta es la 'libertad de pensamiento' que hoy proclamamos?

No puede serlo por la sencilla razón de que nuestra época no reconoce la existencia de la verdad, que Orwell consideraba premisa de la libertad. El subjetivismo niega que la verdad de las cosas pueda ser conocida, pues considera que el entendimiento está limitado por la experiencia. El relativismo afirma que lo que las cosas son desde nuestra perspectiva y coyuntura no lo serían si la perspectiva y la coyuntura fuesen distintas. El escepticismo, en fin, nos impone dudar de todo, pues considera que somos incapaces de alcanzar la verdad. La verdad cierta de las cosas se ha evaporado del todo, lográndose aquel anhelo del Partido que exigía que tanto el pasado como el mundo externo sólo existiesen como figuraciones mentales. Curiosamente, esto no ocurre bajo un poder dictatorial como el que imaginó Orwell, sino bajo regímenes democráticos. Pero tal vez, como afirmaba Kelsen en De la esencia y valor de la democracia, «la causa democrática aparecería desesperada si se partiera de la idea de que puede accederse a verdades y captarse valores absolutos».

Al no reconocerse la existencia de la verdad (o ante la imposibilidad de acceder a ella), ya no puede existir adecuación del intelecto a las cosas (que era la definición aristotélica de verdad).Abolida la verdad, se invocó en un principio la objetividad, que presupone imparcialidad; pero nadie puede creer seriamente que un sujeto que no reconoce la existencia de la verdad pueda ser otra cosa sino subjetivo. Luego, el concepto de objetividad fue sustituido por los de sinceridad o autenticidad, que ya sólo pueden presumir de «decir lo que uno piensa (o siente)». La verdad se convierte, entonces, en coherencia con las ideas propias, que naturalmente habrán de ser subjetivas; pero, una vez sustraída la adecuación del intelecto a las cosas, ¿cómo sabemos que esas ideas que creemos propias no son en realidad ideas inducidas por otros? ¿Cómo sabemos que estamos diciendo lo que pensamos y no lo que otros nos han 'predispuesto' o 'enseñado' a pensar? ¿Cómo sabemos que estamos pensando y no tan sólo 'sintiendo'? A fin de cuentas, nada hay tan 'sincero', tan 'auténtico', como la expresión de sentimientos. Y nada tampoco tan fácil de excitar, de estimular y, en definitiva, de inducir: no hace falta sino comprobar la facilidad con que unas imágenes lanzadas a través de la tele logran indignarnos o conmovernos; o la celeridad con la que logran 'movilizarnos' a través de las redes sociales. Cuando la verdad ha sido sustraída, nada más sencillo que 'suministrar' pensamientos que nos hagan sentir auténticos. Así lo creía Adam Smith, cuando afirmaba que, «en las sociedades opulentas, pensar es una operación muy especial, reservada a un reducido número de personas, que suministran todo el pensamiento que debe disponer la multitud de los quepenan». Así también Rousseau, cuando explicaba cómo se 'creaba' la llamada cínicamente 'opinión pública': «Corregid las opiniones de los hombres y sus costumbres se depurarán por sí mismas». En Un mundo feliz, la fábula futurista de Huxley, esta 'libertad de pensamiento' se creaba durante el sueño, mediante un mecanismo repetitivo que hablaba sin interrupción al subconsciente; en nuestra época, se logra a través de los métodos de control social y condicionamiento de los espíritus de todos conocidos, que nos enseñan lo que podemos pensar y lo que debemos rechazar, lo que conviene decir y lo que conviene callar, para poder seguir siendo aceptados en la manada y acogidos en el redil, donde nos aguardan en el comedero los pensamientos permitidos que podemos rumiar y deglutir tranquilamente, para alivio de nuestras penas.


Juan Manuel de Prada, aparecido en  XL Semanal, 13-jun-2016.

martes, 7 de junio de 2016

Francisco: “Nosotros, todos nosotros, queremos a la Madre Tierra porque es quien nos ha dado la vida y nos protege.”


“Nosotros, todos nosotros, queremos a la Madre Tierra porque es quien nos ha dado la vida y nos protege; diría también que es la hermana Tierra, porque nos acompaña en nuestro camino de la existencia. Pero nuestro deber es cuidarla como se cuida una madre o como se cuida una hermana con responsabilidad, con ternura y con paz.”

Francisco, discurso a los jainistas en el Vaticano, 01-Jun-2016.



jueves, 2 de junio de 2016

Conmemoración oficial vaticana del pecado de cisma y herejía de Lutero.


¿Recuerdan esta noticia de que el líder protestanteinvita a Francisco a participar de las celebraciones del 5° centenario de unpecado?, pues bien, la invitación ha sido aceptada. Aquí la información aparecida en el boletín oficial de la oficina de prensa de la Santa Sede, 01-Jun-2016.

Preparativos para la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma, 01.06.2016

Sigue el comunicado conjunto de la Federación Luterana Mundial (FLM) y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (PCPOC) sobre los acontecimientos ecuménicos previstos en Lund y Malmö, Suecia, para la Conmemoración del 500 aniversario de la Reforma, el próximo 31 de octubre, que contará con con la participación del Papa Francisco. Cabe señalar, sin embargo, que el programa completo del viaje del Santo Padre a Suecia se publicará más adelante e incluirá una celebración de la Eucaristía con la comunidad católica en la mañana del 1 de noviembre.

La conmemoración ecuménica conjunta luterano-católica del 500 aniversario de la Reforma el 31 de octubre en Lund (Suecia), se llevará a cabo en dos partes: comenzará con una liturgia en la catedral de Lund y continuará con un acto público en el estadio Malmö, abierto a una participación más amplia. El evento conjunto de la Federación Luterana Mundial (FLM) y de la Iglesia Católica se propone poner de relieve los 50 años de continuo diálogo ecuménico entre los católicos y los luteranos y los dones que resultan de esta colaboración. La conmemoración católica-luterana se centra en los temas de la acción de gracias, del arrepentimiento y el compromiso de testimonio común. El objetivo es mostrar los dones de la Reforma, y pedir perdón por la división perpetuada por los cristianos de ambas tradiciones.

La catedral de Lund, será sede de la ceremonia de la oración conjunta, basada en la guía litúrgica católico-luterana de reciente publicación titulada "Oración Común ", que a su vez se basa en el documento: "Del conflicto a la comunión". El estadio de Malmo será el escenario de las actividades que muestran el testimonio y del servicio común de católicos y luteranos en el mundo. Se presentarán los aspectos más importantes del trabajo común del Servicio Mundial de la Federación Luterana Mundial (FLM Servicio Mundial) y de Caritas Internationalis, como la atención a los refugiados, el servicio de la paz y la defensa de la justicia climática. El estadio de Malmö tiene capacidad para 10.000 personas.
El Papa Francisco, el obispo Munib A. Younan y el rev.do Martin Junge, respectivamente Presidente y Secretario General de la Federación Luterana Mundial, presidirán la ceremonia de oración común en Lund y el evento en el estadio de Malmö en colaboración con los líderes de la Iglesia de Suecia y la Diócesis Católica de Estocolmo.

“Cuando las comunidades emprenden la senda que aleja de los conflictos, es cuando brota la fuerza. En Cristo se nos anima a servir juntos en el mundo. La conmemoración conjunta da testimonio del amor y de la esperanza que todos tenemos merced a la gracia de Dios ", ha declarado el Presidente de la FLM Younan y el Secretario General Junge.

Por su parte, el cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de Unidad de los Cristianos, afirma: "Concentrándonos juntos en la centralidad de Dios y en un enfoque cristocéntrico, luteranos y católicos pueden conmemorar ecuménicamente la Reforma, no de una manera puramente pragmática, sino en el profundo sentido de la fe en Cristo crucificado y resucitado".
"Esperamos este acontecimiento que contará con la presencia de 10.000 personas. La idea base del evento de Malmö es describir con más detalle el proceso que va del conflicto a la comunión concentrándonos en la esperanza para el futuro y el servicio común en el mundo", dice el arzobispo de la Iglesia de Suecia Antje Jackelén.

Y el obispo Anders Arborelius de la Diócesis Católica de Estocolmo, añade: "Se escribirá una página de la historia cuando Francisco y los líderes de la Federación Luterana Mundial visiten Lund y Malmö para animarnos a todos a continuar en el camino hacia la unidad de los cristianos."


La información sobre la conmemoración ecuménica conjunta será actualizada en el sitio web del evento: www.lund2016.net

martes, 24 de mayo de 2016

Los dos Papas según Georg Gänswein.


El secretario personal del actual “Papa emérito” Benedicto XVI, Mons. Georg Gänswein, ha realizado la presentación de un libro sobre Benedicto XVI de Roberto Regoli. En esta presentación se hace una afirmación en la cual se plantea la existencia de un doble papado, una especie de co-papado. Dejamos entera una traducción de la intervención de Gänswein tomada del sitio Un puente de fe, 21-May-2016.

BENEDICTO XVI, EL FINAL DE LO VIEJO EL INICIO DE LO NUEVO, EL ANÁLISIS DE GEORG GÄNSWEIN

Presentación del libro de Roberto Regoli sobre Benedicto XVI


INTERVENCIÓN DE MONSEÑOR GEORG GÄNSWEIN

En una de las últimas conversaciones que el biógrafo del Papa, Peter Seewald, de Múnich (Baviera) pudo tener con Benedicto XVI, al despedirse le preguntó: “¿Usted es el fin de lo viejo y el inicio de lo nuevo?". La respuesta del Papa fue breve y segura: “Lo uno y lo otro”, respondió.

La grabadora ya estaba apagada; es por eso que esta última parte de la conversación no se encuentra en ninguno de los libros-entrevista de Peter Seewald, tampoco en el famoso “Luz del mundo”.  Se encuentra solo en una entrevista que él concedió al Corriere della Sera, después de la Declaración de renuncia de Benedicto XVI, en la que el biógrafo recordó aquellas palabras claves que figuran, en cierto modo, como máxima en el libro de Roberto Regoli.

De hecho, debo admitir que quizás es imposible resumir más concisamente el pontificado de Benedicto XVI. Y lo afirma quien en todos estos años ha tenido el privilegio de vivir una experiencia cercana a este Papa como un clásico “homo historicus”, el hombre occidental por excelencia, que ha encarnado la riqueza de la tradición católica como ningún otro; y que  -al mismo tiempo-  ha sido tan audaz como para abrir la puerta a una nueva fase, por aquel giro histórico que nadie hace cinco años hubiese podido imaginar. Desde entonces, vivimos una época histórica que en la bimilenaria historia de la Iglesia no tiene precedentes. 

Como en los tiempos de Pedro, también hoy la Iglesia una, santa, católica y apostólica continúa teniendo un único Papa legítimo. Y aun así, desde hace tres años, tenemos dos sucesores de Pedro viviendo entre nosotros -que no se encuentran en una relación de competencia entre ellos-, y sin embargo, ambos, con una presencia extraordinaria!. Podríamos añadir que el espíritu de Joseph Ratzinger marcó previamente y de forma decisiva el largo pontificado de San Juan Pablo II, en el que sirvió fielmente durante casi un cuarto de siglo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Muchos perciben todavía hoy esta nueva situación como una especie de estado de excepción querido por el Cielo.

Pero ¿Ya ha llegado el momento de hacer un balance sobre el pontificado de Benedicto XVI? Por lo general, en la historia de la Iglesia, solo ex post los papas pueden ser juzgados y valorados correctamente. Y como prueba de ello, el mismo Regoli menciona el caso de Gregorio VII, el gran Papa reformador del medievo, que al final de su vida murió en el exilio, en Salerno  -fracasado, a juicio de tantos de sus contemporáneos. Y sin embargo, fue precisamente Gregorio VII, en el centro de las controversias de su tiempo, quien plasmó de modo decisivo el rostro de la Iglesia para las generaciones que le siguieron. Tanto más audaz parece ser hoy el profesor Regoli, tratando de hacer en este momento un balance del pontificado de Benedicto XVI, aún en vida. 

La cantidad de material crítico que por esta causa ha visionado y analizado es realmente impresionante. De hecho, Benedicto XVI es y continúa estando presente de manera extraordinaria con sus escritos: sean aquellos producidos como Papa - los tres libros de Jesús de Nazaret y 16 volúmenes de enseñanzas que se han publicado durante su pontificado - sean los escritos como profesor Ratzinger o Cardenal Ratzinger, cuyas obras bien podrían llenar una pequeña biblioteca.

Y así, a esta obra de Regoli no le faltan notas a pie de página, numerosos son los recuerdos que despierta en mí. Porque yo estaba presente cuando Benedicto XVI, al final de su mandato, depuso el anillo del pescador, como ocurre a la muerte de un Papa, aunque en este caso él estaba vivo todavía! Estuve presente cuando él, en cambio, decide no renunciar al nombre que había elegido, como hizo el Papa Celestino V cuando, el 13 de diciembre de 1294, a pocos meses del inicio de su ministerio, se convirtió de nuevo en Pietro dal Morrone.

Por eso, desde el 11 de febrero de 2013, el ministerio papal no es como ha sido antes. Es y sigue siendo el fundamento de la Iglesia católica; y sin embargo, es un fundamento que Benedicto XVI ha transformado profundamente y de forma duradera en su pontificado de excepción (Ausnahmepontifikat), respecto al cual el sobrio cardenal Sodano, reaccionando con inmediatez y simplicidad después de la sorprendente Declaración de renuncia, profundamente emocionado y preso del desconcierto, exclamó que aquella noticia resonó entre los cardenales presentes “como un rayo en cielo despejado”. Era la mañana de aquel mismo día en que, por la noche, un rayo quilométrico con un ruido atronador golpeó la punta de la cúpula de San Pedro situada sobre la tumba del Príncipe de los apóstoles. Rara vez el cosmos ha acompañado más dramáticamente un punto de inflexión histórico. Pero la mañana de aquel 11 de febrero, el decano del Colegio cardenalicio, Angelo Sodano, concluyó su réplica a la Declaración de Benedicto XVI con una primera y análogamente cósmica valoración del pontificado, cuando al final dijo: “Cierto, las estrellas del cielo continuarán siempre brillando y así brillará siempre entre nosotros la estrella de su pontificado”.

Igualmente brillante y clarificadora es la exposición profunda y bien documentada de Don Regoli sobre las diversas fases del pontificado. Sobre todo la relativa al inicio, el cónclave de abril de 2005, del cual Joseph Ratzinger, después de una de las elecciones más breves de la historia de la Iglesia, salió elegido tras sólo cuatro votaciones, seguido de una dramática lucha entre el así llamado “Partido de la sal de la tierra” en torno a los cardenales, López Trujíllo, Ruini, Herranz, Rouco Varela y Medina y el denominado “Gruppo de San Gallo” en torno a los cardenales Danneels, Martini, Silvestrini y Murphy-O’Connor; grupo que recientemente, el mismo cardenal  Danneels de Bruselas, de manera divertida ha definido como “una especie de mafia-club”. La elección fue ciertamente el resultado de un enfrentamiento, la clave la había proporcionado el mismo Ratzinger como cardenal decano, en la histórica homilía del 18 de abril de 2005 en San Pedro; precisamente allí, donde a “Una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus propias ansias” contrapuso otra medida: “El Hijo de Dios y verdadero hombre” como “la medida de verdadero humanismo”. Esta parte del inteligente análisis de Regoli, hoy se lee casi como una obra de suspense desde no hace mucho tiempo; mientras, en cambio, la “dictadura del relativismo” desde hace tiempo se expresa de modo abrumador a través de los muchos canales de nuevos medios de comunicación que, en el 2005, apenas podíamos imaginar.

Ya el nombre que adoptó el nuevo Papa después de su elección fue, por tanto, un programa. Joseph Ratzinger no se convierte en Juan Pablo III, como tal vez muchos hubiesen deseado. Se vincula, sin embargo, a Benedicto XV, el incomprendido y desafortunado gran Papa de la paz en los terribles años de la Primera guerra mundial - y a san Benito de Norcia, patriarca del monaquismo y patrono de Europa-. Yo podría comparecer como testigo para testimoniar que, en los años precedentes, nunca el cardenal Ratzinger había presionado para obtener el más alto puesto en la Iglesia católica.

En cambio, soñaba vivamente con una posición que le hubiese permitido escribir en paz y tranquilamente algunos últimos libros. Todos sabemos que las cosas no fueron así. Durante la elección, después, en la Capilla Sixtina, fui testigo de que vivió la elección como un "verdadero shock" y se sentía "perturbado", sintió "como vértigo" tan pronto se dio cuenta que "el hacha" de la elección recaía sobre él. No desvelo ningún secreto porque fue el propio Benedicto XVI el primero en confesar todo esto públicamente con ocasión de la primera audiencia concedida a peregrinos llegados desde Alemania. De esta forma, no sorprende que fuese Benedicto XVI el primer Papa que, justo después de su elección, invitó a los fieles a rezar por él, hecho que una vez más recuerda este libro.

Regoli esboza los diversos años del ministerio de manera fascinante y conmovedora, evocando la maestría y la seguridad con la que Benedicto XVI ejerció su mandato. Y que emergieron ya cuando, pocos meses después de su elección, invitó a una conversación privada tanto a su antiguo y ávido  antagonista, Hans Küng, como a Oriana Fallaci, la agnóstica y combativa gran dama de origen hebraico de los medios de comunicación laicos italianos; o cuando nominó a Werner Arber, evangélico suizo y Premio Nobel, primer Presidente no católico de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. Regoli no deja de mencionar la "falta de conocimiento de los hombres" que a menudo se ha atribuido al genial Teólogo en las sandalias del Pescador; capaz de valorar en modo genial textos y libros difíciles y que sin embargo, en el año 2010, con franqueza confió a Peter Seewald  que las decisiones sobre las personas fueron difíciles porque “nadie puede leer en el corazón del otro”. Cuánta razón tiene!

Justamente Regoli define ese 2010 como un “año negro” para el Papa, y precisamente en relación al trágico incidente mortal ocurrido a Manuela Camagni, una de las cuatro Memores pertenecientes a la pequeña “Familia pontificia”. Puedo sin duda confirmarlo. Frente a tal desgracia, los sensacionalismos mediáticos de aquellos años - desde el caso del obispo tradicionalista Williamson hasta una serie de ataques siempre más malévolos contra el Papa-, pudiendo haber tenido un cierto efecto, no golpearon el corazón del Papa tanto como la muerte de Manuela, arrebatada tan repentinamente de entre nosotros. Benedicto no ha sido un “Papa actor”, y mucho menos un insensible “Papa autómata”; también en el trono de Pedro ha habido y ha permanecido un hombre: o, como diría Conrad Ferninand Meyer, no fue un “libro ingenioso”, fue “un hombre con sus contradicciones”. Es así que yo mismo he podido conocerle  y apreciar cotidianamente. Y así sigue siendo a día de hoy.

Regoli observa que después de la última encíclica, "Caritas in Veritate", del cuatro de diciembre de 2009, un pontificado dinámico, innovador y con una fuerte carga desde el punto de vista litúrgico, ecuménico y canonista, de repente parece que de forma improvisada apareciese “lento”, bloqueado, enredado". También es cierto que en los años sucesivos el viento en contra aumentó, no puedo confirmar este juicio. Sus viajes al Reino Unido (2010), a Alemania y a Erfurt, la ciudad de Lutero (2011),  o al “ardiente” Oriente Medio - de los preocupados cristianos del Líbano (2012) - son todos hitos ecuménicos de los últimos años. Su conducta decisiva hacia la solución sobre las cuestiones de los abusos ha sido y sigue siendo una indicación decisiva sobre cómo se debe proceder. Y cuando, antes que él, nunca ha habido una Papa que - junto a sus grandes obligaciones - haya escrito también libros sobre Jesús de Nazaret que ¿quizás serán también considerados como su legado más importante?.

No es necesario que aquí me detenga sobre como él, que fue tan duramente golpeado por la repentina muerte de Manuela Camgni, más tarde sufrió también por la traición de Paolo Gabriele, miembro de la misma “Familia pontificia”. Y, sin embargo, está bien que yo diga de una buena vez y con toda claridad que Benedicto no renunció a causa del pobre y mal guiado ayudante de cámara, ni tampoco a causa de las "ghiottonerie" provenientes de su apartamento que, en el llamado “affaire Vatileaks”, circulaban por Roma como moneda falsa pero fueron comercializados en el resto del mundo como auténticos lingotes de oro. Ningún traidor o “topo” o cualquier periodista hubiese podido empujarle a esa decisión. Ese escándalo era demasiado pequeño para la magnitud del bien ponderado paso de histórica importancia milenaria que realizó Benedicto XVI.

La exposición de ese hecho por parte de Regoli merece consideración, ya que él no pretende sondear y explicar completamente esto último, paso misterioso; no promueve ese enjambre de leyendas con más supuestos que poco o nada tienen que ver con la realidad. Y yo también, testigo inmediato de aquel paso espectacular e inesperado de Benedicto XVI, tengo que admitir que por eso me viene de nuevo a la mente el notable y genial axioma con el cual en el medievo, Giovanni Duns Scoto justificó el divino decreto para la inmaculada concepción de la  Madre de Dios: “Decuit, potuit, fecit”.

A saber: era conveniente, porque era razonable. Dios podía, por eso lo hacía. Yo aplico el axioma a la decisión de la renuncia del modo siguiente: era conveniente, porque Benedicto XVI era sabedor de que sus fuerzas estaban mermando, tan necesarias para un trabajo de tal embergadura. Podía hacerlo, porque desde hacía tiempo había reflexionado a fondo, desde el punto de vista teológico, sobre la posibilidad de Papas eméritos en el futuro. Así lo hizo.

La renuncia trascendental del Papa teólogo ha representado un paso hacia adelante esencialmente por el hecho de que el 11 de febrero de 2013, hablando en latín ante los cardenales sorprendidos, introduce en la Iglesia católica la nueva institución del “Papa emérito”, declarando que sus fuerzas no eran las suficientes “para ejercitar de modo adecuado el ministerio petrino”. La palabra clave de aquella Declaración es munus petrinum, traducido como ocurre la mayoría de las veces - como “ministerio petrino”-. Sin embargo, munus, en latín, tiene una gran variedad de significados: puede querer decir servicio, encargo, guía o don, incluso prodigio. Antes y después de su dimisión, Benedicto ha entendido y entiende su tarea como la participación en tal “ministerio petrino”. Él ha dejado la cátedra pontificia y sin embargo, con el paso del 11 de febrero de 2013, no ha abandonado de hecho este ministerio. Él, en cambio, ha integrado el cargo personal en una dimensión colegial y sinodal, casi un ministerio en común, como si con esto quisiera confirmar una vez más la invitación contenida en aquel lema que el entonces Joseph Ratzinger escogió como arzobispo de Munich y Frisinga y que luego naturalmente mantuvo como Obispo de Roma: “cooperatores veritatis”, que significa concretamente “cooperador de la verdad”. De hecho no está en singular, sino en plural, traducido de la tercera carta de Juan, en la que en el versículo 8 está escrito:“Tenemos que acoger a estas personas para convertirnos en cooperadores de la verdad”.

Desde la elección de su sucesor, Francisco, el 13 de marzo de 2013, no hay por tanto dos papas, pero de hecho el ministerio se expandió - con un miembro activo y un miembro contemplativo-. Por esto, Benedicto XVI no ha renunciado ni a su nombre, ni a la sotana blanca. Por esto, el apelativo correcto para dirigirse a él es todavía hoy el de “Santidad”; y por esto, tampoco se ha retirado a un monasterio aislado, sino dentro del Vaticano - como si solo hubiese hecho un paso a un lado para dar espacio a su sucesor y a una nueva etapa en la historia del papado que él, con ese paso, ha enriquecido con el “eje” de su oración y de su compasión puesta en los jardines vaticanos.

Ha sido “el paso menos esperado en el catolicismo contemporáneo”, escribe Regoli, y por el contrario, una posibilidad sobre la cual el cardenal Ratzinger ya había reflexionado públicamente el 10 de agosto de 1978 en Múnich, en una homilía con ocasión de la muerte de Pablo VI. 35 años después, él no ha abandonado el encargo de Pedro - cosa que le hubiese sido imposible a consecuencia de su aceptación irrevocable del encargo en abril de 2005-.  Con un acto de extraordinaria audacia él, en cambio, ha renovado este encargo (también contra las opiniones de consejeros bien intencionados y sin duda competentes) y con un último esfuerzo lo ha potenciado (como espero). Esto ciertamente podrá demostrarlo únicamente la historia. Pero en la historia de la Iglesia quedará que aquel año 2013, el célebre teólogo sobre la Cátedra de Pedro se convirtió en el primer “Papa emeritus” de la historia. Desde entonces, su rol - me permito repetirlo una vez más -, es completamente diferente a aquel, por ejemplo, del santo Papa Celestino V, que después de su dimisión en el año 1294 quiso volver a ser eremita, convirtiéndose en cambio en prisionero de su sucesor Bonifacio VIII (al que debemos hoy en la Iglesia la institución de los años jubilares). Un paso como el realizado por Benedicto XVI hasta ahora nunca había sucedido. Por eso, no es sorprendente que para algunos haya sido percibido como un acto revolucionario, o por el contrario como absolutamente conforme al Evangelio; mientras otros todavía lo ven como el papado secularizado como nunca antes,  y por lo tanto más colectivo y funcional o incluso simplemente más humano y menos sagrado. Y otros son de la opinión que Benedicto XVI, con este paso, - hablando en términos teológicos e histórico-críticos- casi ha desmitificado el papado.

En su panorámica del pontificado, Regoli expone todo esto claramente como nadie antes lo ha hecho. La parte quizás más conmovedora de su lectura ha sido para mí el paso donde, en una larga cita, recuerda la última audiencia general de Benedicto XVI, el 27 de febrero de 2013 cuando, bajo un inolvidable cielo limpio y claro, el Papa que dentro de poco habría dimitido, resume su pontificado de esta manera:

“Ha sido un trecho del camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. Ésta ha sido y es una certeza que nada puede empañar.”

Debo admitir que, al releer estas palabras, ahora casi me vuelven las lágrimas a los ojos, tanto por haber visto personalmente, de cerca y de forma incondicional, como él mismo y su ministerio, se traduce en la adhesión del Papa Benedicto a las palabras de San Benito, según las cuales “nada se tiene que anteponer al amor de Cristo”, nihil amori Christi praeponere, como se dice en la regla dictada por el Papa Gregorio Magno. Fui entonces testigo, pero todavía ahora sigo estando fascinado por la precisión de aquel último análisis en la Plaza de San Pedro que sonaba tan poético, pero que no era más que profético. De hecho, son palabras que aún hoy Francisco firmaría de inmediato y sin duda suscribiría. No a los papas sino a Cristo, el Señor mismo y a nadie más pertenece la nave de Pedro, batida por las olas en un mar en tempestad, cuando una y otra vez tememos que el Señor duerma y que no se preocupe de nuestras necesidades, mientras le basta una sola palabra para cesar todas las tormentas; cuando, en cambio, lo que nos hace caer continuamente en el pánico, más que las altas olas y el aullar del viento, es nuestra incredulidad, nuestra poca fe y nuestra impaciencia.

Así, este libro lanza de nuevo una mirada consoladora sobre la pacífica imperturbabilidad  y serenidad de Benedicto XVI, en el timón de la barca de Pedro en los dramáticos años 2005-2013.


Fuente: Acistampa

Fotografías copyright: formiche.net


TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL: Un puente de fe

Card. Kurt Koch: “Tenemos una misión para convertir a la gente todas las religiones no cristianas [excepto] el Judaísmo”


El rabino David Rosen y el cardenal Kurt Koch

Dos noticias relacionadas con respecto a la postura que toma el Vaticano de Francisco (diametralmente opuesta a la del protomártir san Esteban) con relación a los judíos, pues, según parece como “son también portadores de la Palabra de Dios” no hace falta buscar su conversión.

Información de The Catholic Herald, 23-May-2016.

Los cristianos tienen una misión de convertir a todos los Musulmanes, dice funcionario del Vaticano

Lunes, 23 de Mayo de 2016

El cardenal Kurt Koch, que guía las relaciones ecuménicas para el Vaticano, hizo los comentarios en una reunión interreligiosa en Cambridge

Los cristianos tienen una misión de convertir a todos los musulmanes, de acuerdo con uno de los principales ayudantes de Francisco.

El cardenal Kurt Koch, que guía las relaciones ecuménicas para el Vaticano, hizo los comentarios en una reunión interreligiosa celebrada por el Instituto Woolf de la Universidad de Cambridge.

El cardenal Koch también dijo que los Cristianos no deben tratar de convertir a los Judíos y deberían ver el judaísmo como una “madre”.

Tenemos una misión para convertir a la gente todas las religiones no cristianas [excepto] el Judaísmo”, dijo, según los informes, antes de añadir que esto se extendía a los yihadistas responsables de la persecución de los Cristianos en Medio Oriente.

El cardenal también instó a los cristianos a ver el Judaísmo como una “madre” y dijo que la Cristiandad y el judaísmo comparten una relación especial.

“Es muy claro que podemos hablar de tres religiones Abrahámicas, pero no podemos negar que la visión de Abraham en la tradición Judía y Cristiana y en la tradición islámica no es la mismo”, dijo.

“En este sentido tenemos sólo con el pueblo Judío esta relación única que no tenemos con el Islam”.


Relacionamos esta noticia con este artículo. Vista en Secretum Meum Mihi, 10-Dic-2015.

Vaticano: “Los católicos no deberían intentar convertir a los judíos”

El titular no es nuestro. 

¿Cómo se entiende el siguiente pasaje (
N° 40) del documento “Los Dones y La Llamada de Dios son Irrevocables”, de la Comisión Para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, presentado hoy en el Vaticano?

La Iglesia se ve así obligada a considerar la evangelización en relación a los Judíos, que creen en un sólo Dios, con unos parámetros diferentes a los que adopta para el trato con las gentes de otras religiones y concepciones del mundo. En la práctica esto significa que la Iglesia Católica no actúa ni sostiene ninguna misión institucional específica dirigida a los Judíos. Pero, aunque se rechace en principio una misión institucional hacia los Judíos, los Cristianos están llamados a dar testimonio de su fe en Jesucristo también a los Judíos, aunque deben hacerlo de un modo humilde y cuidadoso, reconociendo que los Judíos son también portadores de la Palabra de Dios, y teniendo en cuenta especialmente la gran tragedia de la Shoah.

Bueno, es obvio. Tan obvio que un no católico lo entiende: Los católicos deben capitular en el mandato de Jesucristo de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio y hacer discipulos (sin excepciones), enseñándoles a guardar todo lo que Él nos ha mandado (Cf. Mt, 28, 19-20).

Así lo entiende Reuters: “Los católicos no deberían tratar de convertir a los judíos, dice el Vaticano” (“
Catholics should not try to convert Jews, Vatican says”, originalmente en inglés). Y de allí el titular que hemos escrito, el cual a su vez lo trae laAgencia Judía de Noticias (aunque ellos lo atribuyen al periódico de mayor circulación en Israel, Yedioth Ahronoth).

Vaticano: “Los católicos no deberían intentar convertir a los judíos”

AJN.- “Un cristiano nunca puede ser un antisemita, especialmente por las raíces judías del cristianismo”, dijo un nuevo documento emitido por la Santa Sede. Esta es la primera vez que la iglesia católica repudia oficialmente intentos activos de conversión. También destaco que los católicos deben ser particularmente sensibles con el significado del Holocausto para los judíos.

Los católicos no deben intentar convertir a los judíos y deben trabajar con ellos para luchar contra el antisemitismo, dijo hoy el Vaticano en un nuevo documento que alejó a la iglesia aún más de las tensas relaciones de su pasado. “El cristianismo y el judaísmo están entrelazados y Dios nunca anuló su pacto con el pueblo judío”, dijo el documento de la Comisión de Relaciones Religiosas con los Judíos de la Santa Sede.

“Por lo tanto, la iglesia está obligada a ver la evangelización de judíos, que creen en un Dios, de una manera diferente a la que la ve la gente de otras religiones y del mundo”, remarcó. También destaco que los católicos deben ser particularmente sensibles con el significado del Holocausto para los judíos y prometió que hará “todo lo posible para repeler las tendencias antisemitas”.

“Un cristiano nunca puede ser un antisemita, especialmente debido a las raíces judías del cristianismo”, agregó el escrito. Este coincidió con el 50º aniversario de una declaración revolucionaria del Vaticano que repudió la culpa colectiva judía ante la muerte de Jesús y lanzó un diálogo teológico que ha sido rechazado por los tradicionalistas.

Un importante funcionario del Vaticano dijo: “En términos concretos esto significa que la iglesia católica no conduce ni apoya a ninguna misión institucional específica dirigida hacia los judíos”. Además agregó que hay “un rechazo a la misión judía institucionalizada”, la cual busca la conversión, informó el medio israelí Ynet.


jueves, 19 de mayo de 2016

Francisco sobre la FSSPX: “Son católicos en camino hacia la plena comunión”.

Vemos esta noticia en el Blog Secretum Meum Mihi, 16-May-2016.

Francisco sobre la FSSPX/SSPX: “Son católicos en camino hacia la plena comunión”


Francisco aceptó una entrevista con La Croix, el pasado Lunes, May-09-2016, en la Casa Santa Marta. Apartes de dicha entrevista han sido dados a conocer hoy (aquíaquíaquíaquíaquí). Pensamos que pronto habrá alguna traducción completa en español, por lo pronto, del último enlace que hemos proporcionado tomamos las respuestas que se refieren a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

La Croix: Usted ha recibido, el 1° de abril pasado, a Mons. Bernard Fellay, superior general de la Fraternidad sacerdotal San Pío X. ¿La reintegración de los lefebvristas en la Iglesia es de nuevo considerada?

Papa Francisco:
 En Buenos Aires, siempre hablé con ellos. Ellos me saludaron, me pidieron una bendición de rodillas. Ellos se dicen católicos. Ellos aman la Iglesia. Mons. Fellay es un hombre con quien uno puede dialogar. Este no es el caso de algunos otros elementos un poco extraños, como Mons. Williamson, u otros que se han radicalizado. Pienso, como lo había formulado en Argentina, que son católicos en camino hacia la plena comunión. Durante este Año de la misericordia, me pareció que debía autorizar a sus confesores que perdonaran el pecado de aborto. Ellos me agradecieron este gesto. Antes, Benedicto XVI, a quien respetan mucho, había liberalizado la misa según el rito tridentino. Dialogamos bien, hemos hecho un buen trabajo.

La Croix: ¿Estaría dispuesto a darles un status de prelatura personal?

Papa Francisco:
 Esa sería una solución posible, pero primero tiene que haber un acuerdo fundamental con ellos. El Concilio Vaticano II y su valor. Avanzamos lentamente, con paciencia.

jueves, 12 de mayo de 2016

Francisco se abre a la posibilidad del diaconado femenino.


Noticia vista en Secretum Meum Mihi, 12-May-2016.

Francisco se abre a la posibilidad del diaconado femenino

Información de agencia ANSA, May-12-2016.

(ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY - El papa Francisco anunció que instituirá una comisión de estudio sobre el diaconato femenino, como existía en la Iglesia primitiva, considerando que las mujeres diácono son "una posibilidad para hoy".

Lo dijo durante la audiencia de hoy con la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISQ), respondiendo a una pregunta.



Actualización May-12-2016 (13:44 UTC): La misma información tomada de otras agencias que en el momento de redactar la entrada no habían proporcionado ningún despacho.

Agencia EFE.

Ciudad del Vaticano, 12 may (EFE).- El papa Francisco anunció hoy su intención de crear una comisión que estudie la posibilidad de que también las mujeres puedan ser diáconas.

"Es una posibilidad a día de hoy", respondió Francisco a la pregunta de una religiosa durante la audiencia que concedió a la Unión Internacional de las Superiores Generales.

El diaconado es el grado de consagración anterior al del sacerdocio y en él que se pueden administrar algunos sacramentos, como el bautismo y el matrimonio, que actualmente sólo pueden recibir los hombres.

Ante las 900 superiores generales de varios institutos y congregaciones religiosas reunidas hoy en esta audiencia, Francisco mostró su disposición por primera vez a que también haya mujeres diáconas.

A la pregunta de una de ellas de por qué no instituir una comisión oficial que estudie esta posibilidad, Francisco explicó que hace tiempo comentó con un "sabio profesor" el tema de las "diáconas en los primeros siglos de la Iglesia, pero no se sabía realmente qué papel desarrollaban y sobre todo si habían sido ordenadas o no".

"¿En cuanto a crear una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión?, creo que sí. Sería hacer el bien de la Iglesia y aclarar este punto. Estoy de acuerdo y hablaré para que se pueda realizar algo así. Acepto la propuesta. Me parece algo útil esta comisión que aclare bien las cosas".

Esta posibilidad ya había surgido durante el Sínodo de los obispos del pasado octubre de 2015, cuando el arzobispo canadiense Paul-André Durocher durante su intervención propuso al resto de obispos la posibilidad de estudiar que también las mujeres pudieran ordenarse como diáconas.

Según el concilio Vaticano II, las funciones litúrgicas y pastorales del diácono son: "administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, (y) llevar el viático a los moribundos y leer la sagrada Escritura a los fieles".

También figuran las funciones de "instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales (y) presidir el rito de los funerales y sepultura".

Agencia Notimex.

Ciudad del Vaticano, 12 may (NOTIMEX).-Francisco afirmó hoy que creará una comisión de estudio para analizar la posibilidad de permitir a las mujeres ejercer el servicio del diaconado en la Iglesia católica, actualmente reservado de manera exclusiva a hombres.

Esto durante un encuentro –en el Aula Pablo VI del Vaticano- con unas 900 líderes de congregaciones religiosas femeninas del mundo, asistentes a la asamblea trienal de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).

En la reunión el pontífice respondió improvisando a seis preguntas de las presentes, una de ellas le cuestionó: "¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la cuestión?".

En su respuesta el líder católico reveló que había abordado el asunto hace algunos años con un "buen y sabio profesor", el cual tenía estudios sobre el uso de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia.

Siguió reconociendo que no estaba claro qué papel tenían esas mujeres. "¿Cuáles fueron estas mujeres diáconos? ¿Tenían ordenación o no? Está poco claro eso. ¿Cuál fue el papel de esas ‘diaconisas' entonces?", se cuestionó.

"¿Constituir una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión? Creo que sí. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare este punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto. Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar", añadió.

Actualmente la Iglesia católica reserva el diaconado exclusivamente a los hombres. Los seminaristas son ordenados "diáconos temporales" un tiempo antes de recibir la ordenación sacerdotal.

Pero no sólo pueden ser diáconos quienes serán presbíteros, también existe una categoría distinta de "diáconos permanentes" que incluso pueden ser casados. Estos son considerados el "grado inferior de la jerarquía eclesiástica".

Entre las funciones permitidas a los diáconos destacan la proclamación del evangelio, la predicación y la asistencia en el altar, la administración del sacramento del bautismo y el presidir matrimonios, dar bendiciones. Ellos no pueden celebrar misa ni confesar o dar la unción de los enfermos.

La discusión sobre el diaconado femenino no es nueva. Durante la pasada asamblea del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2015, el arzobispo canadiense Paul-André Durocher avanzó el tema.

"El Sínodo debería reflexionar seriamente sobre la posibilidad de permitir el diaconado femenino, porque abriría el camino a mayores oportunidades para las mujeres en la vida de la Iglesia", señaló.

"En donde fuese posible, a mujeres calificadas se les debería asignar posiciones y autoridades de decisión en las estructuras eclesiásticas", añadió.



Actualización May-12-2016 (16:50): En un despacho de agencia AFP se hace mención al portavoz vaticano, P. Federico Lombardi, de quien se dice que §no quiso confirmar la noticia hasta que consulte directamente al pontífice”.

El papa Francisco anunció este jueves que creará una comisión para que estudie la posibilidad de autorizar a las mujeres ser diáconos y administrar algunos sacramentos, como bautismo y matrimonios. El anuncio del papa fue hecho en un encuentro en el Aula Paulo VI del Vaticano ante 900 líderes de congregaciones religiosas femeninas de todo el mundo.

Se trata de una propuesta innovadora, que la Iglesia ha abordado en el pasado sin dar el paso, por lo que hasta ahora los sacramentos pueden ser administrados solo por religiosos hombres.

El papa argentino, que en varias ocasiones se ha pronunciado a favor de otorgar un mayor papel a la mujer en la Iglesia, respondía así a seis preguntas hechas por las religiosas.

«¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la cuestión?», le preguntó una de las asistentes. «Creo que sí.. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare ese punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto. Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar», dijo, según refiere la agencia católica en español Religión Digital.

Interrogado sobre el tema, el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, no quiso confirmar la noticia hasta que consulte directamente al pontífice.

En la Iglesia, los diáconos pueden pronunciar el sermón durante la misa y oficiar bautizos, bodas y funerales. En cambio, los curas son los únicos que pueden celebrar la eucaristía o confesar a los fieles.

El diaconato se consideró durante mucho tiempo como una etapa hacia el sacerdocio, pero el concilio Vaticano II restableció el diaconato permanente, accesible a hombres casados, que asisten a los curas o los sustituyen en algunas ceremonias.

Un obispo canadiense, Paul-André Durocher, propuso durante el sínodo de la familia celebrado en octubre pasado en el Vaticano que las mujeres puedan ser diáconos, abriendo el debate y generando aplausos entre los asistentes.

Contra la desigualdad

Francisco ha expresado varias veces su voluntad de remediar la flagrante desigualdad entre hombres y mujeres en el seno de la Iglesia, aunque ha tomado pocas medidas concretas al respecto.

El pontífice argentino descartó que las mujeres puedan ser curas, explicando que sus predecesores, en particular Juan Pablo II, ya habían examinado atentamente esa propuesta antes de rechazarla.


lunes, 9 de mayo de 2016

Declaración de la FSSPX con relación a la Exhortación Amoris lætitia.


Aparecida en DICI, 06-May-2015.

Declaración de la Fraternidad San Pío X sobre la Exhortación post-sinodal Amoris lætitia del Papa Francisco, del 19 de marzo de 2016.

Es para llorar

“Es una Exhortación Apostólica que lleva por título La alegría del amor, y que nos hace llorar.” Sermón de Mons. Fellay en Puy-en-Velay, 10 de abril de 2016

  1. Entre las numerosas tomas de posición, explicaciones y comentarios divulgados sobre Amoris lætitia, tres estudios realizados por sacerdotes de nuestra Fraternidad han sido publicados recientemente: La exhortación post-sinodal Amoris laetitia: una victoria del subjetivismo del Rev. Padre Matthias Gaudron; Breves consideraciones sobre el capítulo 8 de la Exhortación pontifical Amoris laetitia del Rev. Padre Jean-Michel Gleize; Después del Sínodo: la indisolubilidad en tela de juicio del Rev. Padre Christian Thouvenot. La Casa General aprueba y suscribe por entero estos estudios, que se complementan armoniosamente y dan una visión de conjunto del documento del Papa Francisco.
  1. El procedimiento seguido en los dos sínodos y las circunstancias que los rodearon ya provocaron numerosas preguntas: en el consistorio extraordinario de febrero de 2014, sólo se invitó al Cardenal Walter Kasper para que precisara el tema del sínodo, cuando era notorio que militaba desde hacía años por el levantamiento de la prohibición de derecho divino de dar el Cuerpo de Cristo a los pecadores públicos. El informe provisorio, Relatio post disceptationem, publicado en octubre de 2014 durante el primer sínodo, no correspondía a los resultados de las discusiones. En el informe final, se incluyeron temas que no habían sido aprobados por el sínodo. Justo antes del segundo sínodo ordinario, el Papa publicó dos Motu proprio que se referían exactamente al tema del sínodo, facilitando el procedimiento canónico de las declaraciones de nulidad de matrimonios. Y una carta confidencial de 13 cardenales que expresaba los temores sobre el resultado del sínodo, era calificada públicamente como “conspiración”.
  1. La cuestión de la admisión a la sagrada comunión de los divorciados “vueltos a casar” ya fue tratada varias veces por la Iglesia, que respondió claramente, incluso en estos últimos años[1]. Por lo tanto, un nuevo debate sobre la enseñanza constante y la práctica de la Iglesia sólo podía perjudicarlas y obscurecerlas, en vez de arrojar nueva luz. Es lo que sucedió.
  1. De un documento pontificio se espera una exposición clara del Magisterio de la Iglesia y de la vida cristiana. Ahora bien, como otros lo han destacado con razón, Amoris lætitia es más “un tratado de psicología, de pedagogía, de teología moral y pastoral y de espiritualidad”. La Iglesia tiene la misión de proclamar las enseñanzas de Jesucristo a tiempo y a destiempo y de presentar las conclusiones que se imponen para el bien de las almas. Le compete recordar la Ley de Dios, y no minimizarla ni explicar cómo, en ciertos casos, sería inaplicable. Debe afirmar los principios cuya aplicación concreta deja a los pastores de almas, al confesor, como así también a la conciencia iluminada por la fe, regla próxima del obrar humano.
  1. En su búsqueda de una pastoral de la misericordia, el texto está marcado, en ciertos pasajes, por el subjetivismo y el relativismo moral. La regla objetiva es remplazada, a la manera protestante, por la conciencia personal. Este veneno tiene sus raíces, entre otras cosas, en el personalismo que, en la pastoral familiar, ya no coloca el don de la vida y el bien de la familia en primer plano, sino la realización personal y el desarrollo espiritual de los cónyuges. Respecto a este punto, hay que lamentar una vez más la inversión de los fines del matrimonio esbozada en la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, inversión que se encuentra también en Amoris lætitia. La llamada “ley de gradualidad” echa por tierra la moral católica.
  1. Las consecuencias de Amoris lætitia ya se hacen sentir en la Iglesia: un párroco, en conformidad con su deber, se niega a dar el Cuerpo de Cristo a pecadores públicos, mientras que otro invita a todo el mundo a la santa comunión. El Presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas declaró que Amoris lætitiasería inmediatamente puesta en práctica en su país y que por lo tanto, en ciertos casos, personas divorciadas y “vueltas a casar” recibirán la comunión[2]. Una división profunda se perfila en el seno del episcopado y del Sacro colegio. Los fieles están desorientados y la Iglesia toda sufre por esta ruptura. Cuestionar la obligación de observar en todos los casos los mandamientos de la ley de Dios, en particular el de la fidelidad conyugal, es capitular ante la dictadura de los hechos y del espíritu de la época: ya en numerosos países –en Alemania, por ejemplo– se pisotea desde hace mucho la práctica que deriva de este mandamiento divino. En lugar de elevar lo que es al nivel de lo que debe ser, se rebaja lo que debe ser a lo que es, a la moral permisiva de los modernistas y progresistas. Quienes ya no conviven dentro del matrimonio, pero que en esta situación han permanecido fieles a la promesa que hicieron ante el altar, de manera muy virtuosa y a veces heroica, se sienten traicionados. Es para llorar.
  1. Rogamos humilde, pero decididamente, al Santo Padre que revise al menos el capítulo 8 de Amoris laetitia. Como en los textos del Concilio Vaticano II, lo que es ambiguo debe ser interpretado de manera clara, y lo que está en contradicción con la doctrina y la práctica constante de la Iglesia debe ser retirado, para gloria de Dios, por el bien de toda la Iglesia, por la salvación de las almas, especialmente de aquellas que están en peligro de dejarse engañar por la apariencia de una falsa misericordia.

Menzingen, 2 de mayo de 2016
en la fiesta de San Atanasio

[1] Cfr. Exhortación apostólica Familiaris consortio (n° 84); Catecismo de la Iglesia Católica (n° 1650); Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 14 de septiembre de 1994; Declaración del Consejo Pontificio para los textos legislativos del 24 de junio de 2000.
[2] Declaración del 9 de abril de 2016: “Esta es una disposición de misericordia, una apertura de corazón y espíritu que no necesita ninguna ley, ni aguarda directrices o indicaciones. Puede y debe ponerse en práctica inmediatamente”.

lunes, 18 de abril de 2016

Noticias sobre la audiencia privada entre el Papa Francisco y Mons. Bernard Fellay.

Publicado en DICI, 04-Abr-2016.


Fraternidad Sacerdotal San Pío X: El Papa Francisco recibió a Mons. Fellay el viernes 1° de abril

El Papa Francisco recibió a Mons. Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, acompañado del R. P. Alain-Marc Nély, segundo Asistente General, en la Casa Santa Marta, este viernes 1° de abril de 2016, a las 17 hrs.

Mons. Fellay no había tenido la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco desde su elección, en marzo de 2013, a no ser muy brevemente en la Casa Santa Marta el 13 de diciembre de 2013 (ver DICI n°296 du 16/05/14). En cambio, algunos sacerdotes de la Fraternidad habían sido recibidos por el Sumo Pontífice, con relación a dificultades administrativas del Distrito de Argentina (ver DICI n°314 du 24/04/15).

El Papa Francisco había deseado un encuentro privado e informal, sin el carácter oficial de una audiencia. Este encuentro duró 40 minutos y se desarrolló en un clima cordial. Como resultado de la reunión, se decidió que los intercambios en curso continúen. No se trató directamente de la situación canónica de la Fraternidad, pues el Papa Francisco y Mons. Fellay consideran que esos intercambios se deben continuar sin precipitación.
Al día siguiente, sábado 2 de abril, Mons. Fellay se reunió con Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, en el marco de las relaciones habituales de la Fraternidad con dicha Comisión desde las discusiones doctrinales 2009-2011 y las visitas de varios prelados en 2015-2016. (ver DICI n°307 du 19/12/14 y n°311 du 27/02/16).

Fuente: FSSPX/MG – DICI del 04/04/16)

A su vez, leemos la información del sitio de internet del Distrito de Estados Unidos de la FSPX, 10-Abr-2016, traducción de Secretum Meum Mihi, 11-Abr-2016.


Obispo Fellay habla de su reunión con Francisco

El Domingo, 10 de Abril de 2016, el Obispo Bernard Fellay celebró Misa al final de la peregrinación a Le Puy. Frente a 4.000 peregrinos de la FSSPX, comentó sobre su reciente visita a Roma. A pesar de la nueva Exhortación Amoris Lætitia que “nos trajo lagrimas”, él reveló algunas buenas noticias de su reunión del 1° de Abril con el Papa Francisco.

Según 
Le Salon Beige, el Obispo Fellay dijo que el Papa consideró católica a la FSSPX, que no tenía intención de condenarla, y que quería extender la jusrisdicción de los sacerdotes de la FSSPX, comenzando con la facultad para las confesiones. Durante sus reuniones en Roma, el Obispo Fellay fue incluso animado a abrir un seminario en Italia.

[...]

Para que no haya duda, la propia agencia DICI, que es uno de los órganos informativos de la FSSPX/SSPX, ha publicado el audio del sermón aludido (en francés).

También, adjuntamos lo que ha declarado, a raíz de la reciente reunión privada de Francisco con el Superior General de la FSSPX, Mons. Bernard Fellay, y el secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, Mons. Guido Pozzo, que ha contestado tres preguntas que le formulara la agencia Zenit, 08-Abr-2016. Tomamos la traducción de Secretum Meum Mihi, 09-Abr-2016.


Lo que se pide a la FSSPX/SSPX, responde Mons. Guido Pozzo

¿Excelencia, se puede decir que el encuentro de monseñor Fellay con el Santo Padre es un paso adelante en las discusiones hacia la plena comunión?

La audiencia concedida por el Santo Padre a monseñor Fellay ha sido una audiencia de carácter privado, no oficial. Ciertamente creo que se pueda decir que se sitúa provechosamente en el contexto del camino de la FSSPX hacia la plena reconciliación que sucederá con el reconocimiento canónico del Instituto. En este momento es importante sobre todo contribuir para crear un clima cada vez más de confianza y de respeto para superar las rigideces y desconfianzas, que pueden ser comprensibles después de tantos años de distancia y fractura pero, en esta etapa, tenemos la intención de disipar, recuperando las razones de la unidad y de la promoción de la integridad de la fe católica y de la tradición de la Iglesia.

¿Cuáles son los requisitos fundamentales pedidos a la FSSPX, para su plena comunión con la Iglesia de Roma?

Antes que todo, es necesario reiterar que el ser católico requiere la adhesión a la Profesión de Fe, el vínculo de los sacramentos y la comunión jerárquica con el Romano Pontífice, Cabeza del Colegio de los Obispos en comunión con él. La Declaración Doctrinal, que será sometida a la adhesión a la FSSPX en el momento oportuno, contendrá estos tres puntos esenciales y necesarios.

Sobre el Concilio Vaticano II y su aceptación, ¿qué se puede pedir a la FSSPX?

En cuanto respecta al Concilio Vaticano II, el camino cumplido en las conversaciones de estos años recientes ha conducido a una importante aclaración: el Concilio Vaticano II puede ser entendido adecuadamente sólo en el contexto de toda la Tradición de la Iglesia y de su constante Magisterio. Las afirmaciones de verdad de fe y de doctrina católica cierta, contenidas en los documentos del Vaticano II, deben ser acogidas según el grado de adhesión requerido. En los Decretos o Declaraciones (Unitatis RedintegratioNostra AetateDignitatis Humanae) están presentes directrices para la acción pastoral u orientaciones y sugerencias o exhortaciones de carácter práctico-pastoral, que constituirán —incluso después del reconocimiento canónico— objeto de discusión, de profundización, de una mejor precisión, útil para evitar cualquier malentendido o equivoco, que por desgracia sabemos se difunden en el mundo eclesial actual. De manera más general, podemos decir que a la FSSPX se le pide aceptar únicamente al Magisterio de la Iglesia le ha sido confiado el depósito de la fe para ser custodiado, defendido e interpretado (cfr. Pío XII, encíclica Humani Generis) y que el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, enseñando solamente lo que ha sido transmitido (Dei Verbum, 10). El Magisterio Supremo es a su vez el auténtico intérprete también de los textos precedentes del Magisterio —incluidos los del Vaticano II— a la luz de la perenne Tradición que se desarrolla en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, no con una novedad contraria sino con una mejor comprensión del depósito de la fe, “siempre en la misma doctrina, en el mismo sentido y en la misma interpretación”, como enseña el Concilio Vaticano I, Dei Filius 4 y el Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 8.


Esta aclaración creo que podría constituir un punto fijo también para la FSSPX. Las dificultades planteadas por la FSSPX sobre las cuestiones de la relación Estado-Iglesia y de la libertad religiosa, de la práctica del ecumenismo y del diálogo con las religiones no cristianas, de algunos aspectos de la reforma litúrgica y de su aplicación concreta, siguen siendo objeto de discusión y aclaración, pero no constituyen obstáculo para el reconocimiento canónico y jurídico de la FSSPX.

La nueva luz de Bergoglio.


En la fotografía, Francisco recibe a un “modelo” de familia en audiencia privada:
al transexual ahora llamado Diego Neria y su pareja, Macarena.

El Dr. Antonio Caponnetto, con su pluma acostumbrada, escribió esta interesante reflexión sobre la exhortación postsinodal Amoris Laetitia.

LA NUEVA LUZ DE BERGOGLIO
Por Antonio Caponnetto

El calambur

Aparecida la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, no pocos católicos formados en la Verdad de la Iglesia dieron la voz de alarma, con legítimas razones y fundadas prevenciones. Es que ocurre que el texto, por donde se lo lea, conduce inevitablemente hacia el puerto al que no debería llevar nunca la docencia petrina, en cualquiera de sus posibilidades expresivas. Conduce al error, a la ambigüedad, a la duda; a la confusión y al doble sentido. Y hasta para llegar al fruto bueno –que lo tiene, digámoslo sin retaceos- hay que sortear un tronco empecinado de argucias e imprecisiones, cuando no de dolorosas concesiones al siglo.

El diccionario de nuestra lengua llama calambur a aquella construcción idiomática o figura retórica que altera los significados mediante juegos silábicos; y pone -entre otros- un ejemplo que pinta perfectamente para la ocasión: “este esconde y disimula”. He aquí, en principio, y con el ejemplo de marras, el espíritu de la Amoris Laetitia: un tragicómico calambur de Francisco.

Acaso un punto particular probará lo que decimos.

La sociedad abierta y sus enemigos

Al llegar al capítulo V, Amor que se vuelve fecundo, la exhortación discurre con delicadeza sobre el concepto de “fecundidad ampliada”, que se da principalmente en aquellas críticas ocasiones en las cuales el matrimonio no puede engendrar hijos. Entonces, la fecundidad se amplía con el ejercicio de la maternidad y de la paternidad espiritual, con la adopción generosa o con la práctica de variadas formas de servicio al prójimo. Porque “la familia no debe pensar (sic) a sí misma como un recinto llamado a protegerse de la sociedad. No se queda a la espera, sino que sale de sí en la búsqueda solidaria” (181).

Por cierto que en situaciones ideales la sociedad no debería ser una amenaza para los hogares, ni una asechanza ante la cual protegerse. Pero mucho han insistido los pontífices –sin necesidad de remontarse a San Lino ni a Gregorio VII- en la prudencia que deben tener hoy las familias, inmersas como están en una cultura hostil al cristianismo, por decir lo menos. Prudencia vigilante, que si bien no ha de propiciar el aislacionismo social, tampoco puede estimular el desguarnecimiento frente a la sociedad presente, en gravísimo estado de corrupción integral.

Es evangélica la plástica imagen de la casa edificada sobre roca (Mt. 7, 25); y son de Nuestro Señor las prevenciones sobre los ríos desbordados, las lluvias desmadradas, los vientos destructivos. Clara señal para todos los tiempos; y tanto más en éstos, de que existen motivos para abroquelarse y defenderse de la sociedad. Hay una lejana e implícita matriz popperiana tras el planteo bergogliano de la relación familia-sociedad. Parecería que los enemigos de la primera ya no se encontrarían en los meandros de la segunda, si la segunda es –como está a la vista- una inmensa democracia liberal con la que se puede interactuar sin riesgos.

Más bien los nuevos riesgos para un católico, a juzgar por el despliegue total de la Amoris Laetitia, consistirían en no ser lo suficientemente acogedores con los frutos descarriados y anómalos de esta comunidad moderna. Los enemigos de la sociedad serían ahora los católicos negados a la apertura; aquellos que “prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna” (308). Una pastoral no divorciada del dogma sempiterno, hablemos claro. Pero en este neo-magisterio dialéctico y pleno de heterodoxas disyuntivas, la confusión es preferible a la rigidez, que en otros tiempos se llamó sencillamente ortodoxia.

La mimetización familia cristiana-sociedad presente se propone casi como un axioma vinculado a la historia sagrada. “Ninguna familia puede ser fecunda si se concibe como demasiado diferente o «separada». Para evitar este riesgo, recordemos que la familia de Jesús [...] no era vista como una familia «rara», como un hogar extraño y alejado del pueblo [...]; era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo. Jesús tampoco creció en una relación cerrada y absorbente con María y con José [...].Eso explica que, cuando volvían de Jerusalén, sus padres aceptaban que el niño de doce años se perdiera en la caravana un día entero, escuchando las narraciones y compartiendo las preocupaciones de todos: «Creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día» (Lc 2, 44). Sin embargo a veces sucede que algunas familias cristianas, por el lenguaje que usan, por el modo de decir las cosas, por el estilo de su trato, por la repetición constante de dos o tres temas, son vistas como lejanas, como separadas de la sociedad” (182).

El populismo político en el que ha abrevado Francisco le juega una mala pasada. Va de suyo que los hogares católicos no tienen que ser raros; ni mucho menos ajenos ni lejanos a las peripecias del suelo natal en el que han sido plantados por Dios. Son –y así deberían considerarlos todos- paradigmas de comportamiento doméstico; modelos denormalidad; esto es de norma y de canon. Pero los cristianos, tanto como sujetos individuales como agrupados en familias, están llamados a ser “piedra de escándalo” (Is. 8, 14) y “signo de contradicción” (Lc. 2, 34). Mala señal en consecuencia si no se comportan “demasiado diferente” respecto de los aborrecibles anti-modelos familiares que predominan hoy en el deificado pueblo.

Desde el momento en que un nuevo hogar católico se constituye a conciencia y libremente, su diferenciación y antagonismo con el resto de los hogares es inevitable y hasta obligatorio. Diferenciación y antagonismo que ha de presentarse en los hechos, no como un desprecio al resto de los mortales, pero sí como el mejor servicio apostólico y misionero que se le puede prestar al cuerpo social, y aún como el ejemplo más edificante y regenerador. Para que los paganos puedan volver a exclamar con admiración y deseo emulativo el proverbial “¡Mirad cómo se aman!, que registran los Hechos de los Apóstoles.

En las cartas paulinas, San Pablo refiere varias veces el ejemplo de la casa de Priscila y Áquila, modelos de esposos que “expusieron su cabeza para salvarme” (Rm. 16, 3-5); y que no trepidaron en ser diferentes y en tenerse por segregados del resto del pueblo, precisamente por causa de su fidelidad a Cristo. De estos esposos ha hecho el bellísimo elogio Benedicto XVI, en su catequésis del 7 de febrero de 2007, instando a espejarse en ellos, porque prueban que, para los bautizados leales, “toda casa puede transformarse en una pequeña iglesia [...], toda la vida familiar, en virtud de la fe, está llamada a girar en torno al único señorío de Jesucristo”.

Pero además, o por lo mismo, si una familia católica reconoce en la casa de Nazaret su paradigma y su norte, ya no puede conformarse con ver en la misma esa especie de carpintería de barrio, como la pinta Bergoglio, “integrada con normalidad en el pueblo”. Aquello –ha dicho Guardini en el capítulo tercero de La Madre del Señor- “no era precisamente una familia, sino algo divinamente irrepetible, que no tiene nombre. Una fecundidad que redime al mundo, inmediatamente a partir de Dios. Un amor que era mayor,por ser diferente, que todo lo que ha unido jamás a las personas. Puede ser entonces que se use el nombre de ‘familia’ para indicar ese carácter de velamiento de lo propio y peculiar, tal como es característico de María”.

Curiosa exégesis psicopedagógica

Así como no se quieren ya familias diferentes, que contrasten con el resto por ser católicas, y hasta puedan ser perseguidas a causa de ello; ni se quiere tampoco que los católicos consideren demasiado raras otras uniones alternativas, los nuevos padres que necesitamos no han de estar preocupados por saber dónde están sus hijos. A semejanza de María y José -¡progenitores modernos, vaya!- que perdieron a su hijo casi adolescente en el camino de regreso de Jerusalén, pero no se inmutaron demasiado, pues no tenían con él “una relación cerrada y absorbente”. El muchacho podía hacer lío a discreción, sin tanto control represivo de la figura paterna ni coacciones emocionales de parte de la madre.

Es un problema que el Evangelio de San Lucas diga algo distinto. Santo Tomás nos lo explica así en su Catena Aurea: que Jesús se quedó en Jerusalén “sin que nadie lo notara”, “sin que sus padres lo advirtiesen”; que se queda de este modo “para no ser desobediente”. Que sus padres lo buscaron con preocupación primero y sobresalto después, cuando se dieron cuenta de que no estaba “en la caravana, entre los parientes y conocidos” (Ls. 2, 43); que regresaron sobre sus propios pasos para localizarlo de una buena vez; y que al verlo al fin, sano y salvo en el templo, su madre, exclamó: “tu padre y yo te estábamos buscando conangustia”(Ls. 2, 48). “La madre –acota Orígenes-afectada en sus maternales entrañas, manifiesta con lamentos sus dolorosas pesquisas, y expresa lo que siente con la confianza, la humildad y la ternura de una madre: ‘hijo, por qué te has portado así con nosotros’ (Ls. 2, 48). Tras el significativo episodio, el mismo texto evangélico recuerda que Jesús “enseguida se fue con sus padres, y vino a Nazaret y les estaba sujeto” (Ls. 2, 51-52). Es decir, volvió a ser “absorbido” por la autoridad de sus padres terrenos.

No está mal que Francisco quiera inculcar el principio de una libertad gradual y responsable ofrecida paternalmente a la prole a medida que crece. No está mal asimismo que quiera evitar los estragos de familias monopolizadoras o enfermizamente endógenas. Pero para ello no es necesario tergiversar los Santos Evangelios, ni incurrir tampoco en el gravísimo error del historicismo o del evolucionismo dogmático. Dice, en efecto, la Amoris Laetitia, “Aquí vale el principio de que «el tiempo es superior al espacio». Es decir, se trata de generar procesos más que de dominar espacios. Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio [...]. Entonces la gran cuestión no es dónde está el hijo físicamente, con quién está en este momento, sino dónde está en un sentido existencial, dónde está posicionado desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida” (261).

Una vez más las disyuntivas dialécticas –que son otros tantos guiños al mundo moderno y a su psicologismo aterrador- no permiten inteligir la plenitud de la verdad. Si un padre está “obsesionado” por saber dónde está espacialmente su hijo, lo irrecomendable a lo sumo será la obsesión, pero no el ordenado requerimiento. Porque los espacios no son inocuos o neutros, ni somos sólo espíritus que habitamos espacios existenciales; y porque aún suponiendo que cada padre llevara consigo a un metafísico, antes inquieto por el ambiente del alma que por el paisaje físico –aún un sábado a las cuatro de la mañana, con el hijo púber ausente del hogar tras angustiantes horas de incierta espera- ese saber dónde está el alma no puede jamás desvincularse de dónde está el cuerpo. A no ser que neguemos el más elemental realismo antropológico.

Admitimos que “la gran cuestión” pueda consistir en saber “dónde está posicionado [el hijo] desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida”. Pero esto, no sólo no es independiente de saber “con quién está en este momento”, sino que guarda estrecha dependencia. Porque las compañías elegidas, tanto como los ámbitos espaciales predilectos, marcan y en ocasiones condicionan o determinan las ubicaciones espirituales y los posicionamientos existenciales. Es falaz la polarización bergogliana de la preeminencia del tiempo sobre el espacio. Extravío fatal de raigambre semítica, cuando el judío temporaliza las promesas divinas, se afianza a sí mismo como siglo presente, sin ver el siglo venidero ni escudriñar las profecías (Jn. 5,39), y acaba matando al Justo, Señor del Tiempo y del Espacio.

La poesía que destruye

Pero volvamos al concepto de “fecundidad ampliada”, analizado en Amoris Laetitia. Tras referirse, como vimos, a algunos de esos modos a los que siempre aludió la Iglesia, verbigracia la adopción, la Exhortación señala otro modo, al que considera no menos significativo, y es el de la dedicación de los esposos al cumplimiento de sus “deberes sociales”. “Los matrimonios necesitan adquirir una clara y convencida conciencia sobre sus deberes sociales. Cuando esto sucede, el afecto que los une no disminuye, sino que se llena de nueva luz, como lo expresan los siguientes versos:

«Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos» (181).

Es posible que el lector europeo –y aún el simple feligrés de a pie de estos pagos- ignore en profundidad quién es Mario Benedetti, autor de esta estrofa, como con toda inverecundia lo aclara la misma Exhortación, especificando en su nota a pie de página 204 la correspondiente referencia bibliográfica: “Mario Benedetti, «Te quiero», en Poemas de otros, Buenos Aires 1993, 316”.

Pues lo diremos en dos trazos; primero por respeto al sentido de lo obvio de los lectores informados, a quienes abundar en detalles sería cómo explicarles quién es el Che Guevara. Y segundo, porque lejos de nuestro ánimo cambiar el tema central de estos comentarios, que no es ciertamente el retrato de un vulgar escritor marxista, sino el dolor de saber que Francisco ha optado por la poesía que destruye, según la nunca olvidada distinción de José Antonio Primo de Rivera. Opción que de ningún modo se reduce a una cuestión estética, ni es esa su gravedad mayor, sino a una inequívoca predilección por un mensaje tan alejado del pulchrum como de los restantes trascendentales del ser.

Bergoglio prueba una vez más con esta intromisión escandalosa de un artista degenerado en un texto teóricamente dirigido a celebrar la alegría del amor, que el timor Domini no es precisamente su rasgo más distintivo. Tampoco un don más modesto aunque valioso, como el cultivo del gusto por la Belleza y el consiguiente desdén por las cursilerías. Nada lo detiene ni lo turba en su vocación de maridaje con la contracultura y aún con la contra iglesia. Nada se le presenta como dique a su moral de situación, a su misericordia despreocupada de la justicia, a su praxeología inclusiva, ausente de criterios rectos que separan la cizaña del trigo. Las cosas digámosla como son. Porque ya todo está a la vista, excepto para los ciegos que guían a otros ciegos (Mt. 15,14).

Mario Benedetti, en efecto, fue un hombre de letras de nacionalidad uruguaya (1920-2009), dedicado en forma activa y perseverante a la militancia comunista, a la propaganda revolucionaria sistemática y,lo que es más grave, a participar de las acciones de la agrupación terrorista Tupamaros, cuyos guerrilleros, principalmente en la larga década de 1970, cometieron un sinfín de asesinatos a mansalva. Todo; absolutamente todo en el perfil ideológico de Benedetti, delata al enemigo declarado de la civilización cristiana. Y todo en su perfil humano y creativo hace patente a un alma visceralmente odiadora de la Iglesia y de su Magisterio Tradicional. Su poema “Si Dios fuera una mujer” constata incluso, que los terrenos de la blasfemia y del sacrilegio tampoco le estuvieron vedados. Es más; él mismo llamó a tamaña toma de posición una “venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia”.

El poema elegido por Francisco para ilustrar la fecundidad ampliada a la que puede y debe llegar un matrimonio cristiano para llenarse de una nueva luz es, redondamente, un himno marxista, musicalizado y cantado por todas las voces de las izquierdas americanas y españolas. Un himno emblemático, repetido por todos los multimedios, machacado, reiterado, difundido hasta el hartazgo y la náusea; sin que faltaran incluso las apropiaciones lésbicas de la letra y del contenido; ya que, completo, el engendro sostiene: “y porque amor no es aureola/ ni cándida moraleja/ y porque somos pareja/ que sabe que no está sola”. ¿Esta es la nueva luz de la fecundidad ampliada propuesta como programa e ideario para los matrimonios católicos? ¿Esta es la nueva luz que encenderán y portarán como antorcha cuando se aboquen al cumplimiento de sus deberes sociales? ¿Esta es la nueva luz que surgirá entre ellos y de ellos, cuando vuelquen su potencial germinativo y fundante en los quehaceres cívicos de la patria y del orbe?

Los matrimonios católicos –y sobre todo aquellos que no hemos permanecido indiferentes a los compromisos con las legítimas y justicieras luchas patrióticas- nos sentimos ofendidos con esta ruin poesía que destruye, vulgar panfleto libertario y socialista, que solicita una justicia, una rebelión y un pueblo absolutamente identificados con el programa del enemigo. Nos sentimos ofendidos, y el vejamen duele hondo, sabiendo que quien debería darnos “la leche pura de la palabra espiritual”, nos entrega la “leche adulterada” (1 Ped.2,2).

Francisco no puede ignorar el modelo de fecundidad ampliada que les está propiciando a los cristianos con estas rimas insidiosas. Tampoco puede ignorar, pero lo hace, que el catolicismo es pródigo en cánticos de amor conyugal, dadivoso y fértil en altos romanceros y cancioneros de hombres y de mujeres entrelazados nupcialmente en el campo del honor, espléndido en poemarios que exaltan la unión de los esposos que marchan juntos al combate, radiante e inmenso en su antología de versos que laudan la verdadera luz de Cristo, por la que caballeros y damas asaltaron murallas en defensa de la Cruz. No puede ignorar incluso que aquí, en el Rio de la Plata, familias enteras fueron diezmadas por el odio castrista de los seguidores de Benedetti; y que en muchos de esos casos, las esposas de nuestros soldados se hicieron acreedoras del encomio quevediano:

“Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.

Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido”.

No; la nueva luz de la fecundidad ampliada, para quienes se aman sacramentalmente y se abocan al compromiso social y político, no se enciende en la hoguera roja de la rebelión marxista, sino en el cirio vivo del Madero Reverberante y Transfigurador. Entonces el esposo no le dice a la amada que es sucómplice, sino “hueso de mis huesos” (Gen.2, 23). No elogia sus manos porque trabajan por una justicia homicida y rencorosa, sino porque corren por ellas “las gotas de mirra”, vestigios del Amado (Cant.5,5). Ni cree que juntos sean mucho más que dos, sino “una sola carne” (Gen. 2,24).

Envío

“La ausencia de memoria histórica –dice la Amoris Laetitia- es un serio defecto de nuestra sociedad. Es la mentalidad inmadura del «ya fue». Conocer y poder tomar posición frente a los acontecimientos pasados es la única posibilidad de construir un futuro con sentido. No se puede educar sin memoria” (193).

Pues bien; no era ni es la poesía que destruye la que nos habilita o alecciona a poner en práctica esta fecundidad ampliada, tan necesaria y tan legítima para los matrimonios católicos, hayan podido o no traer hijos al mundo. Es la memoria veraz y fiel de los hechos y de los personajes paradigmáticos. Es el recuerdo vivo, real y vigente de esas casas fundadas sobre piedra, con el padre por cabeza, la madre por sostén y los hijos como linaje. A ellos el homenaje austero de estas líneas finales.

A las familias vandeanas, perseguidas como bandidos y sostenidas sólo por el amor irrefragable al Corazón de Jesús. A las familias cristeras, derramando su sangre por los altos de Jalisco, con el Viva Cristo Rey en cada labio. A las familias hispánicas, alistadas en la reconquista, contra moros, judíos y rojos, según pasaron los siglos. A las familias argentinas, a las que les tocó prolongar en suelo americano la resistencia y la cruzada contra los enemigos de Dios. A las familias de todos los tiempos y de todos los espacios –benditas coordenadas en el plan del Creador- sin olvidarnos del más remoto de los años ni del más pequeño de los paisajes terrenos. Cuándo hayan sido y dónde hayan sido sus testimonios, no los olvidemos y les demos gracia, con el brazo alzado y la mirada limpia.

A ninguno de estos personajes ejemplares, de carne y hueso, que recorren la historia toda de la Cristiandad, se les cruzó por la cabeza lo que sostiene esta desdichada Exhortación, según la cual, “hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales” (36). Precisamente amaban al sacramento del matrimonio por lo que tenía de ideal teológico; y precisamente pudieron sus integrantes ser fecundos, en hijos y en servicios, en descendencia y en obligaciones sociales y políticas, porque encarnaron ese ideal teológico y le fueron fieles.

Coplas existen, y no son de poetastros menores, en las que se narran aquellos heráldicos casos de esposos dados por muertos en las lides medievales, y que vuelven un día, inesperada y milagrosamente, después de añares infinitos, para encontrarse con la fidelidad intacta de la esposa; tan intacta como su esperanza y su presentimiento del regreso, razones por las cuales no había vuelto ella a casarse, ni él a conocer tálamo alguno.

En la iglesia franciscana de Nancy, una lámina mortuoria ha inmortalizado este gesto de recíproca observancia marital. Es la que recuerda a Hugo I de Vaudemont y a su esposa Ana, íntimamente abrazados, después de diecisiete años sin verse. Él retorna de las Cruzadas. Ella lo aguardaba firme y devota como si hubiera partido anoche. Él y ella son dos creaturas católicas, con un ideal teológico, que no les pareció en absoluto demasiado abstracto. Por el contrario; llevaba la gravitación de la carne, el impulso de la materia consagrada, el dinamismo y la fuerza, el arrebato y el entusiasmo de todas las fibras crispadas que laten al unísono entre dos bautizados que se aman. Fueron concavidades y convexidades que se necesitaban la una a la otra, hasta que la muerte los separe. Que lo diga mejor Gerardo Diego:

“Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto”.


Antonio Caponnetto