Presentación de la
segunda edición del libro “Lenguaje, ideología y poder” de Juan Carlos Monedero
(h), realizada en el Instituto de Filosofía Práctica el 16 de noviembre del 2016.
jueves, 17 de noviembre de 2016
viernes, 4 de noviembre de 2016
No somos como ellos.
Por Natalia Sanmartín Fenollera
Visto en Wanderer,
04-Nov-2016.
En Yorkshire, en el norte de
Inglaterra, el viento barre los páramos cubiertos de brezo. La brisa es helada.
El azote del viento hace que caminar sea un esfuerzo; las ovejas bajan la
cabeza.
Y sólo es octubre. Las gentes de
otros tiempos cruzaban estos páramos diariamente caminando kilómetros bajo el
viento helado y la nieve. Los cruzaban con lluvia y hielo; lo hacían en enero y
en diciembre. Caminaban ante la mirada de sus ovejas, que pacen ahora como hace
siglos, ajenas a la endiablada dureza de esta tierra.
No sólo es dura la tierra, también
lo fueron los hombres que se asentaron en ella. Y entonces, ante el paisaje
agreste, surge una reflexión casi inevitable: nosotros, los hombres modernos,
no somos como ellos.
No somos ya como los hombres y las
mujeres de antaño. No tenemos sus cuerpos, domados y endurecidos por la
enfermedad, la vida austera, el dolor, y el trabajo físico; no tenemos su
capacidad de resignación ante los reveses y las desgracias, tampoco tenemos su
resistencia. No tenemos siquiera sus corazones, su disposición, hecha de
perseverancia y esfuerzo, para sufrir, para padecer y compadecer, para amar,
para doblegar los sentimientos, para curar las heridas propias y ajenas, para
caer y levantarse.
Todos los que queremos volver a una
vida sencilla, evangélica, guiada por el ideal benedictino; todos los que
soñamos con ese ideal, pese a no estar de ningún modo a su altura; tenemos que
hacer un ejercicio de crudo realismo que comienza por reconocer que nosotros no
somos ni podemos ser ya como ellos. El mundo nos ha contaminado y separado de
la realidad lo suficiente como para asumir que nuestra primera tarea no es
heroica, no es reconstruir nada, ni siquiera es recuperar nada. Nuestra primera
tarea es renunciar, quitar, abandonar, cerrar.
Las inteligencias modernas no se
parecen tampoco a las de los antiguos. Aquellos hombres dedicaban años a
estudiar en profundidad lo que tenían a su alcance y eso era su universo. Los
hombres que amaban el estudio pasaban su vida leyendo y releyendo libros,
libros heredados, libros polvorientos, libros llenos de sabiduría, libros
también a veces con errores, libros perdidos, libros desactualizados, libros
mal traducidos, libros deteriorados, libros escogidos.
Nosotros llevamos un teléfono en la
mano que contiene toda una Biblioteca de Alejandría. Un hallazgo por el que
cualquier sabio antiguo habría dado la vida. Pero también un anillo brillante
que ha destruido nuestra capacidad, tan hermosa y tan humana, de aguardar, de
tener paciencia, de reposar, de concentrarnos, de callar, de amar el
silencio.
Muchos de nosotros ansiamos volver a
vivir cerca de la tierra, hacemos planes para comprar una aldea abandonada al
pie de un océano, peleamos para recuperar la liturgia, soñamos con escuelas en
las que se estudie griego y latín. Cada familia, un huerto. Una taberna, oscura
y silenciosa, excepto por las risas y las charlas; una taberna donde la amistad
masculina florezca como antaño. Un capellán para una iglesia. Un jardín en
torno a la Domus Aurea. Una pequeña librería; una editorial evangélica. Un
mundo pequeño que estará lleno, como el grande, de pecado, pero en el que
también sobreabundará la gracia. Una tierra que contendrá trigo y cizaña. Una
pobre y buena tierra en este mundo en ruinas hasta el fin de los tiempos.
Pero ese sueño será una imitación,
será una impostura, una cáscara vacía si no logramos entornar al menos las
puertas de esa hermosa biblioteca. Con sus volúmenes, su brillo, sus colores,
sus debates y sonidos, sus mapas, videos, mensajes e imágenes. Si no logramos
aprender a vivir, a esperar, a rezar, a discutir, a perdonar, a sonreír, a
leer, a pensar, a hablar de nuevo como siempre hablaron los hombres: cara a
cara y sin una pantalla ante los ojos.
En los años setenta, John Senior
dijo a sus alumnos del Seminario Pearson que tirasen la televisión por la
ventana si querían reconstruir la cultura cristiana. Casi cincuenta años
después, la televisión no es la amenaza; no para muchos de nosotros. La amenaza
es nuestra amada biblioteca; es ella la que nos cuesta tirar por la ventana. La
misma que me permite escribir ahora estas líneas, la que está tan repleta de
tesoros y de cosas buenas, y la que ha privado también a nuestras mentes del
primer signo de civilización: las paredes y los muros.
Senior solía recordar cómo Homero,
al describir a los cíclopes y su salvajismo, nos dice: “Vivían sin murallas”.
Para los griegos, las fronteras, las paredes, las murallas, eran signos de
civilización.
Parece una contradicción, un
contrasentido en el que caemos todos, clamar por lo real, lo sencillo, lo
pequeño, lo cercano, y al tiempo tener la mirada puesta en lo que ocurre en
cada rincón del mundo a cada minuto. Hemos destruido las murallas en nuestras
mentes. Hemos derribado las fronteras. Y al hacerlo, hemos dejado entrar el
mundo a raudales en nuestra inteligencia, nuestro corazón y nuestras almas.
¿Es posible cerrar esa puerta? Es
muy difícil. Quizá sea imposible. Tal vez pueda plantarse esa semilla en la
próxima generación y nuestra labor sea protegerla para que crezca. Pero ser
cristiano, incluso serlo en el nivel más bajo de la escala cristiana, ese en el
que estamos tantos, es terriblemente difícil también.
Lo difícil no ha sido jamás una
razón para que un hombre abandone una tarea. Tampoco debería serlo hoy para
nosotros. Aunque ya no seamos tan fuertes como ellos.
martes, 1 de noviembre de 2016
“Estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma”.
Tomado del Boletín
oficial de la Santa Sede, 31-Oct-2016.
DECLARACIÓN CONJUNTA
Con ocasión de la Conmemoración conjunta Católico – Luterana de la Reforma
Lund, 31 de octubre de 2016
Con ocasión de la Conmemoración conjunta Católico – Luterana de la Reforma
Lund, 31 de octubre de 2016
«Permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4).
Con corazones agradecidos
Con esta Declaración Conjunta,
expresamos gratitud gozosa a Dios por este momento de oración en común en la
Catedral de Lund, cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinientos
aniversario de la Reforma. Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo
ecuménico entre Católicos y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas
diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al
mismo tiempo, nos hemos acercado más unos a otros a través del servicio al
prójimo, a menudo en circunstancias de sufrimiento y persecución. A través del
diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos
aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.
Pasar del conflicto a la comunión
Aunque estamos agradecidos
profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la
Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos
hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas
estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue
instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro
bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los
desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la
reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y
cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras
heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de
manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la
cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de
dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia
para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.
Nuestro compromiso para un
testimonio común
A medida que avanzamos en esos
episodios de la historia que nos pesan, nos comprometemos a testimoniar juntos
la gracia misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y
resucitado. Conscientes de que el modo en que nos relacionamos unos con otros
da forma a nuestro testimonio del Evangelio, nos comprometemos a seguir
creciendo en la comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los
obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que
seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21).
Muchos miembros de nuestras
comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta
de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero
no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía.
Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre
y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos
que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de
nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la
renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico.
Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos
sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la
humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios.
Pedimos a Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos
en el servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente
la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de
violencia. Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad,
justicia, paz y reconciliación. Hoy, en particular, elevamos nuestras voces
para que termine la violencia y el radicalismo, que afecta a muchos países y
comunidades, y a innumerables hermanos y hermanas en Cristo. Nosotros,
Luteranos y Católicos, instamos a trabajar conjuntamente para acoger al
extranjero, para socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a
causa de la guerra y la persecución, y para defender los derechos de los
refugiados y de los que buscan asilo.
Hoy más que nunca, comprendemos que
nuestro servicio conjunto en este mundo debe extenderse a la creación de Dios,
que sufre explotación y los efectos de la codicia insaciable. Reconocemos el
derecho de las generaciones futuras a gozar de lo creado por Dios con todo su
potencial y belleza. Rogamos por un cambio de corazón y mente que conduzca a
una actitud amorosa y responsable en el cuidado de la creación.
Uno en Cristo
En esta ocasión propicia,
manifestamos nuestra gratitud a nuestros hermanos y hermanas, representantes de
las diferentes Comunidades y Asociaciones Cristianas Mundiales, que están
presentes y quienes se unen a nosotros en oración. Al comprometernos de nuevo a
pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de
Cristo, en el que estamos incorporados por el Bautismo. Invitamos a nuestros
interlocutores ecuménicos para que nos recuerden nuestros compromisos y para
animarnos. Les pedimos que sigan rezando por nosotros, que caminen con
nosotros, que nos sostengan viviendo los compromisos de oración que
manifestamos hoy.
Exhortación a los Católicos y
Luteranos del mundo entero
Exhortamos a todas las comunidades y
parroquias Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que
tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos
ante nosotros. En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad
entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad.
Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando
juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras
relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando
testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del
amor infinito de Dios para toda la humanidad.
Recordamos que esto ya viene de antes, Rome
Reports, 12-Oct-2016:
La idea de Benedicto
XVI para conmemorar con los luteranos los 500 años de la Reforma
viernes, 28 de octubre de 2016
La fiesta de la condenación: Francisco celebra a Lutero
Francisco con el libro de las 95 tesis de Lutero, 13-Otc-2016
La
fiesta de la condenación: Francisco celebra a Lutero
Por
César Félix Sánchez Martínez
En ese libro fascinante –y de lectura más que obligada en estos
tiempos terribles-, titulado Fátima,
Roma, Moscú del padre Gérard Mura (edición en español de 2005), se revela,
entre otras cosas, el misterioso simbolismo de una fecha: 13 de octubre, última
aparición y milagro del sol en Fátima. Basándose en estudios historiográficos
recientes, el padre Mura señaló como fecha del martirio de San Pedro el 13 de
octubre del año 67. Curiosamente, sería el mismo día casi 1900 años después, en
que ocurriría, en palabras de Romano Amerio, la «ruptura de la legalidad
conciliar», cuando, el 13 de octubre de 1962, el cardenal Liénart, de Lille,
«capturaría» el micrófono en la asamblea conciliar, y, encabezando un golpe de
fuerza de la minoría progresista, impondría el descarte de los esquemas del
Sínodo Romano previo, elaborados bajo la vigilancia del cardenal Ottaviani, y
daría propiamente origen al Concilio
Vaticano II, al volver a comenzar los trabajos de elaboración de los
documentos, pero esta vez con peritos progresistas y con un manejo hábil del
«consenso» manufacturado. Se había iniciado de esa forma el desmantelamiento modernista
de la Iglesia.
Lo que el libro no alcanzó a consignar fue lo que ocurriría nueve
años después de su publicación en español: el 13 de octubre de 2014, la Relatio
Post Disceptationem del Sínodo de la Familia fue leída por el cardenal
relator, Peter Erdö, a los 190 padres sinodales. El revuelo fue inmenso tanto
en medios católicos como seculares; dos puntos, relativos a la comunión a los
divorciados vueltos a casar y otro –el punto 50-, de aceptación de la
orientación homosexual, al reconocer sus «dones y atributos» específicos para
la Iglesia, fueron los más escandalosos. Aunque la Relatio Synodi ulterior fue en algo aguada, la exhortación Amoris Laetitia y su interpretación autorizada
por parte del papa Francisco, tres años después, abren la puerta al sacrilegio
de permitir la comunión a pecadores públicos, violentando la doctrina católica.
Esta medida no solo se agota en este supuesto mero cambio disciplinar, sino, como han señalado prestigiosos intelectuales como Robert Spaemann y Josef Seifert –para nada sospechosos de “ultratradicionalismo”-, significa la apertura de un horizonte de abolición de la idea de pecado en la Iglesia.
Tampoco alcanzó a consignar lo que ocurrió el 13 de octubre de 2016.
Ese día, en el contexto de la recepción por parte del papa Francisco de una
delegación de «peregrinos» luteranos alemanes (así los consideraba Radio Vaticana), y, al margen de las
usuales declaraciones del pontífice –que en esta ocasión oscilaron por todos
los grados de equivocidad que la doctrina católica considera, desde la
proposición temeraria hasta la herética –, el mundo presenció un hecho inédito,
en el Aula Paulo VI, en la Santa Sede de Pedro, se ponía en un puesto de honor
una estatua del archiheresiarca Martín Lutero, abominador del papado,
destructor de la fe (pues, como diría Romano Amerio, el libre examen, núcleo de
la doctrina luterana, es la definición misma, el constitutivo formal, de la
herejía, no una simple negación de un
dogma particular, sino la negación de todos) y personaje violento y vulgar,
para nada «misericordioso».
El mismo Francisco acudirá el 31 de octubre a Lund, Suecia, a
conmemorar el inicio del aniversario 500 de la Revuelta Protestante. El 31 de
octubre de 1517, Lutero clavó sus 95 Tesis (que, como dice García-Villoslada,
no eran 95 ni tesis) en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Un
nuevo simbolismo en la fecha: doscientos años antes de la fundación de la Gran
Logia de Inglaterra, primera francmasonería «especulativa» y cuatrocientos, de la
Revolución bolchevique. Tres fechas anticristianas. Tres fechas representativas
de la lucha del Demonio por aniquilar los frutos de la redención. Pero además,
recordemos que el 31 de octubre es la víspera del 1 de noviembre, día en que la
Iglesia conmemora la Fiesta de Todos los Santos, es decir, de las almas que
están en el cielo. Al día siguiente, 2 de noviembre, la Iglesia ofrecerá
oraciones por las almas que están en el purgatorio. Parece ser, entonces, que,
para completar el panorama de estos días consagrados a la ultratumba, se
requeriría una fiesta de las almas que están en el infierno. Fiesta abominable
celebrada por los satanistas y por el hombre-masa de las «sociedades globales»
que, sin saberlo, se disfraza de un alma condenada y juega «inocentemente» a
infestar lugares. Ese también es el día de la Pseudoreforma: una fiesta de
condenación. Y la cabeza de la Iglesia Católica se apresta a celebrarlo.
Parece ser que, ante los ojos humanos, la conjuración anticristiana
ha triunfado.
Sin embargo, hay motivos para confortarnos. En primer lugar, la
vindicación absoluta, para todo católico con un mínimo de honestidad
intelectual y espiritual, de las previsiones de Monseñor Marcel Lefebvre. En su
famosa Declaración del 21 de noviembre de 1974 (que acabaría costándole la
supresión ilegal de su obra, la Fraternidad de San Pío X, y ulteriormente su
suspensión a divinis, mientras tantos
delincuentes y pervertidos fundaban seudomovimientos «eclesiales» que recibían
el aplauso de la Jerarquía), escribió lo siguiente: «Nos adherimos de todo
corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica
y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esa fe; a la Roma
eterna, maestra de sabiduría y de verdad. Por el contrario, nos negamos y nos
hemos negado siempre a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y
neoprotestante, que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y,
después del Concilio, en todas las reformas que de él surgieron. Todas estas
reformas, en efecto, han contribuido y siguen contribuyendo a la demolición de
la Iglesia, a la ruina del sacerdocio, a la destrucción del sacrificio y de los
Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa y a la implantación de una
enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, seminarios y
catequesis, enseñanza surgida del liberalismo y del protestantismo condenado
tantas veces por el Magisterio solemne de la Iglesia. Ninguna autoridad, ni
siquiera la más elevada en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a
disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio
de la Iglesia desde hace diecinueve siglos».
El acto del 31 de octubre de 2016 no ha caído del cielo, es parte de
un proceso de protestantización, alertado por diversas figuras,
significativamente por Monseñor Lefebvre, y expresado en la reforma litúrgica y
el aggiornamento en general. El
pontificado de Francisco es un fruto claro de la reforma litúrgica, que se
aleja de manera impresionante de la doctrina de Trento, como señalaron en el
Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae los cardenales Ottaviani y Bacci, y
que significó una protestantización de la liturgia explícitamente confesada por
Monseñor Annibale Bugnini, quien la fabricó.
Lex orandi, lex credendi: los
efectos deletéreos de la Nueva Misa, que permanecían ocultos para muchos ciegos
voluntarios, se revelan, cincuenta años después, en la doctrina y acción del
primer pontífice cuyo sacerdocio solo conoció de ese rito.
Por otro lado, los diversos signos en torno al Mensaje de Fátima y
al panorama mayor de la teología de la historia de estos últimos tiempos nos
hablan de que la medida ha sido colmada y, como diría el conde José de Maistre,
en las Veladas de San Petersburgo,
refiriéndose a la imposibilidad de que el hombre pueda permanecer en un estado
de anomia y desacralización: «Debemos aprestarnos para un acontecimiento
inmenso en el orden divino, hacia el cual marchamos con una tan acelerada
velocidad que sorprenderá a todos los observadores. Temibles oráculos ya
anuncian que los tiempos han llegado».
sábado, 15 de octubre de 2016
Por razones de ecumenismo, la estatua del heresiarca Lutero dentro del Vaticano.
En lo que aparenta una
reivindicación a Martín Lutero iniciada bajo el pontificado de Juan Pablo II, en
marco del encuentro ecuménico entre luteranos y católicos, se ha puesto en la
sala Pablo VI una estatua del heresiarca excomulgado presidiendo la audiencia
papal. Algunas noticias relacionadas al tema con las ya acostumbradas
afirmaciones de Francisco en contra del proselitismo, o lo que en católico
llamamos “apostolado”.
Información en Infovaticana,
14-Oct-2016.
Francisco: ‘El proselitismo es
el veneno más fuerte contra el camino ecuménico’
El pontífice ha dirigido
estas palabras a un grupo de peregrinos luteranos de la región alemana de
Anhalt que se han congregado en el aula Pablo VI.
El Papa
Francisco ha recibido en el aula Pablo VI a un grupo de peregrinos luteranos de
la región alemana de Anhalt. Durante la audiencia, ha estado expuesta en
el aula Pablo VI una estatua de Martin Lutero, según informa el periodista
italiano Antonio Socci.
Este encuentro
se ha producido unas semanas antes de emprender su viaje a Suecia con
motivo de la conmemoración de la reforma de Martin Lutero, tal y como él mismo
ha recordado:
“A finales
de este mes, si Dios quiere, iré a Lund, Suecia, y junto con la Federación
Luterana Mundial haremos memoria, después de cinco siglos, del inicio de la
reforma de Lutero y agradeceremos al Señor por los cincuenta años de diálogo
oficial entre luteranos y católicos”.
El pontífice
invitó a los presentes en el aula Pablo VI a dar gracias a Dios “porque
hoy, luteranos y católicos estamos caminando en la senda que va del conflicto a
la comunión” y porque “ya recorrimos juntos un importante trecho de camino”:
“A lo largo
de nuestro caminar tenemos sentimientos encontrados: dolor por la división que
aún existe entre nosotros, pero también alegría por la fraternidad
reencontrada. Vuestra presencia tan numerosa y entusiasmada es un signo
evidente de esta fraternidad y nos llena de esperanza que pueda seguir
creciendo en la comprensión recíproca”.
Asimismo, el
Papa ha alentado el camino ecuménico de los jóvenes, afianzados en el Evangelio
de Jesús, para anunciar la paz y la reconciliación:
“Queridos
jóvenes, los aliento a ser testimonios de misericordia. Mientras los teólogos
llevan adelante el diálogo en el campo doctrinal, ustedes sigan buscando con
insistencia ocasiones para encontrarse, conocerse mejor, rezar juntos y ofrecer
su ayuda los unos a los otros y a todos los que están en la necesidad. Así,
libres de todo prejuicio y confiando sólo en el Evangelio de Jesucristo, que
anuncia la paz y la reconciliación, serán verdaderos protagonistas de una nueva
estación de este camino, que con la ayuda de Dios, conducirá a la comunión
plena. Yo les aseguro mi oración y ustedes, por favor, recen por mí, que lo
necesito tanto ¡Gracias!”.
En respuesta a
una pregunta de un peregrino sobre qué hacer para convencer a los que no
tienen fe, el Papa ha respondido en declaraciones recogidas por Zenit:
“La última cosa que tienes que hacer es ‘decir’. Tú debes vivir como cristiano
elegido, perdonado y en camino. No es lícito convencer de tu fe”. Al mismo
tiempo ha aconsejado “preparar la tierra para el Espíritu Santo, el que trabaja
en los corazones. Él debe decir, no tú”. El Papa añadió que “no hay que
tratar de convencer a los no creyentes mediante la imposición. El
proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino ecuménico. Por el
contrario, debes dar testimonio de tu vida cristiana”.
Radio Vaticano, 13-Oct-2016.
Católicos y luteranos aunados por la misericordia de Dios, que tanto anhela el mundo, alentó el Papa
El Papa Francisco
recibió en el Aula Pablo VI a los participantes en una peregrinación ecuménica
luterana provenientes de Alemania - RV 13/10/2016 12:16
Prosigamos confiados nuestro camino ecuménico: ¡lo que nos une es mucho más de lo que nos divide!
Testimoniemos juntos la misericordia de Dios en el mundo de hoy, que tanto la necesita
(RV).- Fue la exhortación del Papa Francisco, al recibir a un numeroso grupo de peregrinos luteranos de la región alemana de Anhalt. Pocos días antes de su viaje - el 31 de octubre y el 1º de noviembre - a Suecia, en el marco de la conmemoración del comienzo de la reforma de Lutero, en Lund y en Malmö, el Obispo de Roma, con su cordial bienvenida, invitó a la acción de gracias a Dios por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos:
«Demos gracias a Dios porque hoy, luteranos y católicos estamos caminando en la senda que va del conflicto a la comunión. Ya recorrimos juntos un importante trecho de camino. A lo largo de nuestro caminar tenemos sentimientos contrastantes: dolor por la división que aún existe entre nosotros, pero también alegría por la fraternidad reencontrada. Vuestra presencia tan numerosa y entusiasmada es un signo evidente de esta fraternidad y nos llena de esperanza que pueda seguir creciendo en la comprensión recíproca».
Luego, el Papa subrayó la celebración ecuménica en tierra sueca, reiterando la importancia de recordar el pasado, mirando al futuro aunados en el servicio a los más necesitados, para hacer visible la misericordia de Dios con el testimonio cristiano:
«A finales de este mes, si Dios quiere, iré a Lund, Suecia, y junto con la Federación Luterana Mundial haremos memoria, después de cinco siglos, del inicio de la reforma de Lutero y agradeceremos al Señor por los cincuenta años de diálogo oficial entre luteranos y católicos. Parte esencial de esta conmemoración será dirigir nuestra mirada hacia el futuro, en vista de un testimonio cristiano común en el mundo de hoy, que tiene tanta sed de Dios y de su misericordia. El testimonio que el mundo espera de nosotros es sobre todo el de hacer visible la misericordia que Dios tiene para con nosotros, a través del servicio a los más pobres, a los enfermos, a los que han abandonado su tierra para buscar un futuro mejor para sí mismos y para sus seres queridos. Poniéndonos al servicio de los más necesitados experimentamos que ya estamos unidos: es la misericordia la que nos une».
El Papa alentó asimismo el camino ecuménico de los jóvenes, afianzados en el Evangelio de Jesús, para anunciar la paz y la reconciliación:
«Queridos jóvenes, los aliento a ser testimonios de misericordia. Mientras los teólogos llevan adelante el diálogo en el campo doctrinal, ustedes sigan buscando con insistencia ocasiones para encontrarse, conocerse mejor, rezar juntos y ofrecer su ayuda los unos a los otros y a todos los que están en la necesidad. Así, libres de todo prejuicio y confiando sólo en el Evangelio de Jesucristo, que anuncia la paz y la reconciliación, serán verdaderos protagonistas de una nueva estación de este camino, que con la ayuda de Dios, conducirá a la comunión plena. Yo les aseguro mi oración y ustedes, por favor, recen por mí, que lo necesito tanto ¡Gracias!»
Video del sitio oficial de la
televisión vaticana en lengua italiana donde vemos todo lo sucedido:
Comentario de Stat Veritas:
Recordemos la claridad de las
definiciones del Magisterio católico con relación al llamado “ecumenismo” entre
católicos y “cristianos” protestantes:
“Podrá parecer
que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias,
persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos.
Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie,
ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su
Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y
que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos
unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y
comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de
Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta
doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis (Juan;
2, 10.). Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, corno fundamento y raíz de la
caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente
con el vínculo de la unidad de fe”.
“Bien claro se
muestra, pues, Venerables Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha
permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos;
porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que
procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de
Cristo”.
S.S. Pío XI,
Carta Encíclica “Mortalium animos”, del 6 de enero de 1928.
jueves, 6 de octubre de 2016
La batalla de Colombia.
La batalla de Colombia
Por
César Félix Sánchez Martínez
A lo que ocurrió el domingo 2 de octubre
en Colombia le quedan cortos los clichés de «hecho histórico» o «un antes y un
después». No recuerdo ninguna otra elección donde los resultados de las
encuestas oficiosas discrepasen tanto con el resultado final. Las encuestas
aseguraban dos tercios de apoyo para el Sí.
Por otro lado, de manera en algo semejante a los comicios previos al Brexit, el coro unánime de los medios de
comunicación nacionales e internacionales apostó por el caballo equivocado, con
excepción de un misterioso ramalazo de
rechazo de último momento por parte de algunos espacios menores influidos por
el lobby del exilio cubano, usualmente dentro de medios mainstream norteamericanos a favor del acuerdo.
Hemos explicado en un artículo
anterior las muchas iniquidades del acuerdo de paz. La sorpresa, por tanto, es
que los colombianos hayan podido darse cuenta de lo evidente, cosa que es
bastante meritoria en un mundo signado por las presiones e intoxicaciones
mediáticas (como nos consta en las últimas elecciones presidenciales nuestras),
que tratan de empequeñecer espiritualmente a los pueblos con espantajos como el
«prestigio internacional» y el «riesgo-país». Pero el pueblo colombiano ha
demostrado su valía, incluso ante una lid bastante desigual.
Santos, que había declarado días
atrás que votar por el no significaba,
no la posibilidad de una renegociación, sino la continuación irremediable de la
guerra, ahora acaba de asegurar en mil idiomas que «respeta la decisión» y que
la paz no se encuentra comprometida y sigue en camino, bajo nuevos términos de
consenso nacional. Evidentemente no se puede esperar coherencia –gracias a Dios
–en un personaje que declaró también que si perdía el sí acabaría renunciando. Timochenko ha asegurado prácticamente lo
mismo. Parece que la noticia del inminente Apocalipsis que anunciaban es un poquito exagerada.
Lo
más sorprendente de todo fue que no todos los días pierden juntos una misma
elección las FARC, la izquierda internacional (bolivariana, bolchevique y
posmoderna), ETA –que elogió el acuerdo y lo vio como un modelo –, la ONU, Obama,
Vargas Llosa, Raúl Castro, PPK e incluso el papa Francisco –que llegó a
declarar, con su usual vehemencia, que «Santos
se jugaba entero por la paz», condicionando prácticamente su viaje -«para enseñarles la paz a los colombianos» -
a la firma del acuerdo.
¿Qué
unía a tan diversos personajes en el apoyo a esta causa? Pues parece que se
desarrollaba una gran maniobra del ajedrez global. El atlanticismo, el núcleo
duro del llamado Nuevo Orden Mundial, pretendía establecer un laboratorio
hemisférico de un experimento geopolítico osado. Una «primavera colombiana»,
bajo medios inéditos pero con un fin semejante a las árabes. Como se sabe, el
bloque bolivariano colapsa de manera irremediable. Cuba, eternamente colonial, lo sabe, y ha empezado a
escuchar los cantos de sirena de Obama, ante los buenos oficios de Francisco
(muy curiosamente las relaciones fueron restablecidas el día de cumpleaños del
Sumo Pontífice). Parece ser, entonces, que Rusia –el gran enemigo del
atlanticismo – se queda sin cabezas de playa en el hemisferio de Estados
Unidos. Las ganancias de Rusia en otros lugares del mundo –la pervivencia de El
Assad, el relativo appeasement de
Erdogan (una relativa compensación por la relativa deriva hacia «el Imperio» de
Raúl Castro) – debían resarcirse con una pérdida en Sudamérica. Diseñar
controladamente una Colombia progresista,
gobernada por una izquierda al estilo Democratic
Party –moderadamente controlista en la economía, radical en la reingeniería
social anticristiana y en la demagogia mediática populista – serviría a la
perfección para los intereses de Estados Unidos: crear y controlar una nueva
izquierda latinoamericana postbolivariana, dejarla que caotice y fragmente el patio trasero, pero reconducirla al campo
sutil de la dominación geopolítica, sin que Rusia pudiese ya contar con sus
viejos amigos hemisféricos, reciclados por el enemigo, y, por tanto, sin
facilidades para restablecer sus cabezas de playa. Este copamiento de las
izquierdas latinoamericanas por parte de EEUU era un proceso que venía desde
hace mucho, bajo el paraguas de USAID y el National Democratic Institute, y a
través, también, de la transformación, bastante rociada de dinero, de los
bolcheviques sudamericanos en «ideólogos de género» y «defensores de los
derechos sexuales».
Sin embargo, la maniobra arreció especialmente
en el 2013, luego del estancamiento de la «primavera árabe». Allí se pudo ver
cómo, por obra de mágicas consignas, algunas figuras se convirtieron de rábidos
antibolivarianos en figuras dialogantes y empáticas con los caudillos
populistas latinoamericanos, quizá en busca de conducirlos a los pastos más verdes de Washington D. C. El
ejemplo más característico es el del cardenal Bergoglio, enemigo de los
Kirchner y de su corte de los milagros (Bonafini et al.) y luego como,
Francisco, su entusiasta y hospitalario amigo. Tanto los primeros informes del cónclave –donde se filtró el
entusiasmo del gran elector norteamericano Dolan por la candidatura del
argentino –, el hecho de que su semblanza, cuando fue proclamado hombre del año
por Time, estuviese a cargo de Obama,
la filtración de correos hackeados a
George Soros (prócer atlanticista y
pionero del copamiento de las izquierdas) que revelaban su apoyo económico a la visita del Papa a EEUU y la inusual ira
del Pontífice ante la figura de Trump y las recientes maniobras militares
ruso-sirias en Alepo, hablan claramente de cuál es la filiación verdadera de
Francisco.
El esperado golpe de popularidad que tendría Santos
con el acuerdo de paz –y el posible Premio Nobel- , las loas de dignatarios y
la visita del Papa en un país todavía visceralmente católico servirían para una
transmisión controlada del poder (casi semejante a su entronización de hace
algunos años por parte de Uribe) y quizá un cogobierno con la izquierda, con el
apoyo tímido –para no escandalizar – de la flamante bancada de las FARC. En
verdad, una nueva Colombia estaba en
ciernes, cuyo modelo sería fácilmente exportable a una nueva Venezuela.
Sin
embargo, no contaban con los imponderables del sufragio universal. Los corifeos
del Nuevo Orden Mundial manejan con maestría el llamado «arte real», el arte de
manipular sutilmente las conciencias y las acciones, enseñado desde antiguo en
las logias. Los grandes medios de comunicación y los intelectuales y artistas
dóciles –incluso y especialmente dóciles en su aparente rebeldía e iconoclastia –
son los instrumentos privilegiados para esta «fabricación del consenso», en
palabras de Noam Chomsky. El único problema es que la gente ya no les cree. En
Europa, la gota que derramó el vaso fue el sistemático y grotesco engaño
respecto de la crisis de los seudorefugiados, último gran favor turco al
atlanticismo, y al escamoteo de sus consecuencias delincuenciales. El Brexit, el crecimiento de Trump, el auge
del Partido de la Libertad austríaco y este referéndum demuestran que su
capacidad de manipulación ya no es omnímoda, como hace quince años.
El
Nuevo Orden Mundial, organizado en torno al complejo industrial y militar
norteamericano y el poder financiero británico –atlanticismo-, difundido por la
ONU y sus organismos y dirigido espiritualmente por cierta «sociedad de
pensamiento» cosmopolita de
viejísimos orígenes hebraicos, tiene como objetivo acelerar el camino a una ecumene materialista antropocéntrica (el
hombre como Dios para el hombre, anunciado por Francis Bacon) y a un
gobierno mundial, sutilísimo, primero, y luego abierto. Es una versión más,
quizás la más peligrosa, de la perenne revolución anticristiana. Versiones más
antiguas o limitadas de esta, quizá incluso surgidas del N. O. M en sus épocas
primigenias, son ahora viejos escollos para su marcha desesperada, a infiltrar
y transbordar o a destruir.[1]
Por alguna razón que sus fautores mismos no alcanzan a explicar, el N.O.M
presiente que se le acaba el tiempo.
¿Qué
hará, entonces, ahora, en que el triunfo se le escurrió de las manos en Colombia,
en la misma Colombia, donde Estados Unidos arraigó desde hace bastante tiempo
una influencia inmensa en el ámbito de la inteligencia estratégica? En primer
lugar, no perder la calma y reactivar y estimular a sus aliados olvidados en la
derecha liberal colombiana y latinoamericana.
En segundo lugar, retroceder tácticamente y luego afianzar una ofensiva, quizá
esta vez con intentos de desestabilización de sus enemigos más intensos y
directos en otros frentes. Este retiro táctico también significará el abandono
de sus empleados y aliados en los que invirtió y que se han demostrado más
inútiles de lo esperado. Es en ese sentido que, en un artículo reciente,
Antonio Socci habla del pánico de Francisco por una posible derrota demócrata.
Muy probablemente, el Departamento de Estado le baje el dedo y el episcopado
norteamericano –el de la Costa Este, que es el que parte el pastel – le
retire sus apoyos, lo que dejará al pontífice argentino en las manos ávidas de
venganza de las partes todavía no desarticuladas del Episcopado italiano y de
los restos de la Curia. Quizá le espere a la Sede Romana una fase de
anarquización que hará palidecer a la behetría actual en la que está envuelta.
¿Qué le queda, por su parte a Rusia? Quizá ya ha llegado la hora de darse cuenta de
que el arquetipo del revolucionario latinoamericano
–pequeñoburgués e inorgánico – no significa más una alternativa viable y
estable para sus intereses. Quién sabe si no está en ciernes la aparición de
una opción hispanoamericana auténticamente popular, cristiana y patriótica, que
sirva como una suerte de palo en la rueda del mundialismo en el hemisferio. Y
quizá esta reacción pueda comenzar en Colombia, que parece, en estos días,
haber sido tocada especialmente por la Providencia.
[1] Uno de estos
casos es el del sionismo conservador,
junto con su brazo colonial, el Republican
Party, que parecen estar a punto de ser descartados.
Segunda edición de: “Lenguaje, ideología y poder.
LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER
La palabra como arma de persuasión ideológica:
cultura y legislación
Por Juan Carlos Monedero
(h)
Las
escuchamos todos los días. Y nos aturden, nos aturden con las palabras interrupción voluntaria del embarazo,
violencia de género, homofobia, pre-embrión, derecho al aborto, derecho al
consumo de estupefacientes. Se nos atropella y arrincona con los términos abierto, cerrado, tolerante, extremista,
retrógrado, medieval, progresista, derechos humanos, discriminación, femicidio y
tantos otros.
¿Qué
significa cada uno de estos vocablos? ¿Qué hay detrás de este uso mediático que
hoy por hoy –y hasta la náusea– se les da? ¿Qué papel juega este vocabulario en
esta auténtica revolución cultural, al
servicio de la cultura de la muerte, en expresión del Papa Juan Pablo
II? ¿Qué oscuros intereses enmascara estos vocablos?
El libro
LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER (2° edición, Ediciones Castilla, 2016), prologado
por el Padre Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto, nos da una clara y
certera respuesta a todas esas preguntas.
Parado en
la auténtica filosofía cristiana y ejercitando el noble arte de las
definiciones, el autor desmenuza las motivaciones ocultas de los ideólogos
promotores del aborto, la anticoncepción, la naturalización de la
homosexualidad, la banalización de las drogas, etcétera. Despliega asimismo no
sólo una crítica feroz de tales presupuestos ideológicos sino también una
sólida fundamentación de las verdades del Orden Natural, hoy puesto en tela de
juicio –todos los días– por innumerables comunicadores sociales. Asimismo, Juan
Carlos no sólo toma ejemplos del campo filosófico sino también del
periodístico, cultural, político, histórico y hasta del eclesiástico. Quienes
consideraron su formación personal signada por la Apologética , han visto
un renacer de la misma en la primera edición de este libro.
Reseña del prof. Pablo
Grossi
Repárese en que, en ninguna
otra época de la Historia Universal,
se han prodigado tanto las
palabras como la presente:
torrentes inagotables de palabras por medio de
la prensa, del libro, de la radiotelefonía,
de la cátedra, de la
tribuna, en una proporción jamás soportada antes,
invaden, penetran y cubren
la vida entera de los hombres y de los pueblos...
Jordán Bruno Genta
Desde las páginas de El Filósofo y los sofistas, nuestro mártir sostuvo que “Saber pensar o saber hablar es la tarea
principal del hombre, la que hace que el hombre sea hombre”. Y en acertada
paradoja, explicará que “Es notorio que
se requieren muchas más palabras para condenar a la palabra que para hacer su
apología; el mayor gasto y derroche de mala retórica está siempre a cargo de
los enemigos de la retórica. La palabra tiene tanta autoridad, tanta fuerza
persuasiva que hasta es capaz de convencer sobre su falta de autoridad y sobre
su impotencia persuasiva”. Por eso, la retórica –“hasta en sus formas viciosas y corrompidas”– sigue siendo, con
todo, “una parte de la metafísica y de la
teología”. La lectura del presente libro ha logrado evocar estas palabras
inmortales.
A batallar se aprende batallando. Ahora bien,
quien cae en un campo de combate sin más armas que la buena disposición del
espíritu, corre con pocas posibilidades de alcanzar la victoria. Es cierto que
en el final de todos los finales rendiremos cuenta ante el Señor por las
cicatrices recibidas, no por los éxitos alcanzados. Pero no es menos cierto que
esta benevolencia de la Divina
Providencia –por la que se nos exige el combate, mas no la
victoria– no nos exonera de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para
alcanzar el triunfo.
La presente obra es un manual de combate. En su
primera parte (“Fundamentos de la
cuestión”), Juan Carlos presenta las
armas: traza un breve pero completo bosquejo sobre la relación existente
entre las palabras, los conceptos y la realidad. Su subversión es la raíz
última de esta guerra, respecto de la cual el libro no deja de pronunciarse una
y otra vez.
Luego, queda retratado el estado del campo de batalla: en la segunda parte (“Palabras en guerra”), se estudia qué
alcances y qué tipo de consecuencias han traído el triunfo de la guerra
cultural, que perdurará mientras Dios lo permita.
Pero el autor no se detiene allí. No se trata de
algo puramente teórico pues la guerra semántica –como cualquier otro tipo de
contienda– es algo eminentemente práctico. Tampoco son páginas quejosas,
repletas de letanías de lamentos. Lejos del derrotismo, luego de observar y
diagnosticar adecuadamente la situación, es entonces cuando Juan Carlos entra
en acción y contraataca; así, desafía los tótems
de los adversarios de la fe y de la patria, al tiempo que acaba saliendo al
rescate del lenguaje, desenmascarando sofismas y rescatando palabras nobles que
han sido estigmatizadas, echando luz sobre las tinieblas del oscuro panorama
cultural.
Una obra para releer varias veces, que podríamos
considerar una verdadera “teoría y práctica” de la presente guerra
contrarrevolucionaria en su aspecto semántico, necesaria para la interpretación
de la realidad actual de nuestro país y, por qué no, del habla hispana.
miércoles, 5 de octubre de 2016
Dirán paz y seguridad…
Por César Félix
Sánchez Martínez, artículo publicado en Transformando
el Perú, 30-Sep-2016.
DRÁN PAZ Y SEGURIDAD…
Santo Tomás decía que la paz era la
tranquilidad en el orden. No puede, por tanto, haber paz sin orden. La obra de
la justicia es la paz, decía el lema del recordado –y tan extrañado- Pío XII,
angélico pastor de la Iglesia en mejores tiempos.
¿Puede nacer la paz de la injusticia grave? Y,
lo que es peor, ¿puede ser considerado como de paz un proceso que acabe
generando más desorden que el que supuestamente está llamado a terminar?
Todo esto parece estar a punto de ocurrir en
Colombia. No solo habrá extrema impunidad para los guerrilleros (responsables
de crímenes terribles, que van desde la violación masiva y prostitución forzosa
hasta la refinada crueldad de atar explosivos a las cabezas de sus rehenes y
detonarlos, así como el reclutamiento de niños, el narcotráfico y las masacres
y asesinatos cotidianos), sino también un pago de millones de dólares anuales a
su cúpula y «dietas» equivalentes a 3 000 dólares mensuales para gastos, para
la oficialidad, y 200 dólares para la tropa. Saldrán libres también los ya
condenados.
Del gran botín de sus gastos ilícitos, no
se oye, Padre. Además de eso, las FARC contarán con un canal de televisión,
decenas de radios y todo el apoyo material y moral del Estado para constituir
un partido político. Y por si eso no fuera poco, se le asegurarán 10
representantes en las asambleas de la nación, aun si no son elegidos.
El acuerdo, además, involucra una Reforma
Agraria que considera la posibilidad de expropiar tierras privadas. Por
otro lado, el Estado colombiano hace suyo, a instancias de los terroristas, el
llamado «enfoque de género» proabortista y prohomosexualista. Podrán
reconfigurar la sociedad colombiana a su libre capricho.
Por otro lado, décadas atrás, se convenció
ingenuamente a los militares de los regímenes de fuerza de Latinoamérica a
dejar sus cargos en aras de la llamada «transición democrática». Ingenuamente
creyeron en la caballerosidad de sus enemigos, directos o embozados, y ahora
muchos de ellos (y sus subordinados) purgan prisión o viven a salto
de mata, por temor a la justicia internacional, que no conoce de amnistías ni
prescripciones. ¡Qué mala suerte que no fueron guerrilleros! Porque la llamada
«justicia transicional» asegura un práctico borrón y cuenta nueva para los
guerrilleros responsables de atrocidades y sus fallos son inapelables y no hay
instancias –ni humanas ni divinas- superiores a ellos.
Este domingo 2 de octubre se celebrará un
referéndum, para aprobar un pacto ya firmado y luego de una campaña del aparato
mediático y propagandístico del gobierno para arrinconar al «no». Los
expresidentes Uribe y Pastrana invocaron a los dignatarios mundiales a no
acudir a la firma del tratado, para evitar una injerencia ante un proceso
electoral. Pero nuestro presidente no conoce de prudencias ni respetos (como
fue y es evidente, desde su tiempo de ministro de Toledo y durante sus
chabacanas y agresivas campañas electorales) y se fotografió, al lado de Raúl
Castro, de Santos y de Timochenko. Para empeorar las cosas, el supuesto
«presidente de lujo», ante su rechazo a la inscripción del brazo político de
Sendero Luminoso en el Perú, fue preguntado sobre entonces porqué aceptaba el reciclaje
de las FARC, y con la lucidez prístina y la elocuencia que lo caracteriza,
dijo: «Eso es otra cosa».
Claro, otra cosa. Que yo sepa, Sendero
nunca lanzó balones de gas dentro de una iglesia, matando 119 civiles
desarmados, como hicieron las FARC en Bojayá en el 2002, por citar un ejemplo
reciente.
Lo más triste de todo es que un gran país como
Colombia, luego de haber casi derrotado a los violentos, será entregado a su
capricho, con armas y bagajes. Y no habrá ninguna paz, sino, como predice
Carlos Alberto Montaner, más desorden y violencia. Porque, como dice san Pablo,
«dirán paz y seguridad y vendrá sobre ellos la destrucción repentina» (1
Tes. 5:3).
martes, 20 de septiembre de 2016
El Chino Mañarro: tufo a oveja.
Visto en Wanderer, 20-Sep-2016.
Hace ya tres años Ludovicus había estudiado una
de las notas características de Bergoglio: el “canibalismo institucional”, que consistía en “alimentarse de
la mala fama de la institución a la que se pertenece, aceptando las versiones
peyorativas, los prejuicios y las calumnias, oponiéndose a ellos y en
consecuencia salvar la cara en forma personal. Cuando lo ejerce la persona que
ostenta la representación suprema de la institución, puede alcanzar el rango de
traición”. El Santo Padre ha dado ya, al menos en lo que respecta a la Iglesia
en Argentina, un paso más: la autofagia. Es este un proceso natural
que consiste en la nutrición que determinados organismos vivos realizan a
expensas de sus órganos menos útiles como medio de supervivencia ante un ayuno
prolongado.Francisco es un autófago perverso, pues el proceso de
canibalismo al que ha sometido a la Iglesia y al episcopado sobre el que se
fundan las mismas raíces de nuestra religión, no se origina por una situación
de ayuno extremo sino por su simple perversión, o traición.
Durante los años del comunismo en países
católicos como Ucrania -años de ayuno-, se justificaba que la jerarquía
superviviente confiriera la consagración episcopal clandestinamente a hombres
que no tenía la preparación suficiente, al menos en el plano intelectual. En
concreto, no sabían teología. Eran, quizás, buenos operarios o buenos ingenieros,
católicos piadosos y con vida espiritual, y eso bastaba para conservar la Misa
y el sacerdocio en circunstancias tan duras. Pero, cuando esas condiciones
pasaron, la Iglesia nuevamente miró a la élite espiritual e intelectual para
elegir a sus obispos. Como el organismo que, pasada la temporada de ayuno, deja
de comerse a sí mismo para gozar de un buen banquete. Bergoglio, en
cambio, se ha decidido por una fagocitosis perversa, o invertida. Si este
proceso consiste en que ciertas células y organismos unicelulares capturan y
digieren partículas nocivas, el Papa da muestra de querer encumbrar a este tipo
de partículas venenosas y, en cambio, capturar y destruir a las mejores que
posee su organismo que es la Iglesia.
Ya habíamos hablando en más de una ocasión de La
Cámpora de Francisco o la chusma episcopal que estaba siendo “empoderada”
por el actual Pontífice. Pero pareciera que esta tendencia ha llegado ya a
extremos que no solamente producen bronca y fastidio, sino también asco. La Oficina de Prensa de la Santa Sede informaba
ayer:“El Santo Padre ha nombrado al reverendo Oscar Eduardo Miñarro como
obispo auxiliar de la diócesis de Merlo-Moreno”.
¿Quién es la nueva Excelencia Reverendísima? Lo
tienen ustedes en la fotografía que inicia este blog; en la de la izquierda lo
pueden ver con sus congéneres, el clero de la diócesis de Merlo-Moreno y, un
poco más abajo, asistiendo a un recital de Roger Waters, uno de los fundadores
de Pink Floyd. Las tres imágenes nos llevan rápidamente a una primera, y
apresurada, constatación: Mons. Miñarro es un eximio representante más
de la chusma episcopal bergogliana o, más brevemente, un
lumpen.
Ya sabemos que es ese el tipo de gente con la
que el Santo Padre se siente a gusto. No son los pobres de Cristo ni los
necesitados. Él se siente a sus anchas con el lumpenaje, los bajos fondos, lo
chabacano y lo grosero. Por eso, sus amigos son, por ejemplo, Gustavo Vera y
Guillermo Moreno. Por eso -porque en el fondo de su alma anida un profundo
resentimiento- desprecia y se burla de los buenos modales y así, goza dejando
plantada una orquesta, vistiendo una sotana transparente y adoptando gestos
vulgares. Y porque es justamente esa la calaña que más le simpatiza, nos la
está imponiendo a todos los argentinos como obispos.
Desde estas páginas hemos criticado con fuerza
y con frecuencia a muchos prelados argentinos, por ejemplo, a Mons. Eduardo
Taussig. Debemos reconocer, sin embargo, que al menos cuenta en su haber ser
una persona educada -se formó en el que es hoy todavía uno de los mejores
colegios de Buenos Aires, el San Pablo-, estudió varios años teología en Roma y
conserva modales humanos. El cardenal Poli podrá ser todo los desleído y amargo
que queramos, pero es una persona que sabe en serio historia de la Iglesia;
Mons. Martín de Elizalde podrá ser culpable de muchas agachadas, pero conoce
como pocos en Argentina a los Padres de la Iglesia. La nueva camada episcopal
bergogliana sabe, con suerte, usar cuchillo y tenedor para comer.
La semana pasada el papa Francisco advertía que “el mundo está cansado de los obispos
de moda”. Por supuesto, él rechaza a los obispos que están de moda en ciertos
ámbitos, pero no tiene reparos en elegir para el episcopado a sacerdotes que
están de moda en otros. Mons. Chino Miñarro es, de hecho, un cura de
moda, El 14 de diciembre pasado, firmaba una carta de despedida a Cristina Kirchner en la que,
entre otras cosas, decía: “Pronto todos comenzaremos una nueva etapa. Etapa que
muchos vislumbramos dura y triste. Y no quisiéramos que la comiences sin
nuestro abrazo”. Y en 2014 se lo nombró vecino destacado de la municipalidad de
Merlo.
Pero vayamos a lo importante. Su Excelencia
Reverendísima será, de ahora más, un maestro en la fe de nuestros padres para
todos los argentinos. ¿Cuál es la fe del Chino Miñarro? En
2012 concedió una entrevista a un grupo de estudiantes de,
nada menos, la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos
Aires. Es allí donde aparece en toda su extensión su opera omnia y
la profundidad de su pensamiento filosófico y teológico además, claro está, de
las condiciones necesarias para apacentar y conservar a su rebaño en la fe. Nos
dice que “Para mi no existen las certezas. Yo voy haciendo camino”.
Afortunadamente, un poco más abajo, aclara que sí tiene certeza que Dios
existe, y afortunadamente también a la entrevistadora no se le ocurrió
preguntarle si creía en la Eucaristía o en la virginidad de Nuestra
Señora.
Sus conocimientos de bioética son asombrosos:
“Con el tema de los embriones, estás en un teme filosófico, no meramente
científico. Yo creo que si nos planteamos la pregunta de cuándo un embrión
tiene vida, estás en un tema filosófico. Lo que podemos plantear es que en
filosofía no existe una verdad absoluta. Que lo que existe son preguntas que
generan distintas respuestas y que todas pueden ser aceptables en la medida que
la justifiques. Pero ¿quién puede decir si el embrión tiene vida o no?
Yo creo que ni el religioso ni el científico, queda en una cosa muy compleja”.
Por supuesto, su compromiso con las minorías
sexuales es inobjetable: “Sí, estoy a favor [del matrimonio homosexual].
Además, si yo digo que no se promulgue el matrimonio igualitario, ¿va a dejar
de existir por eso? No, va a existir igual. Entonces, si existe la situación,
¿no tengo que favorecer que esa situación sea de dignidad para las personas que
la están viviendo? ¿Que favorezcan una inserción mayor en toda la sociedad? Y
yo, como Iglesia, ¿no puedo hacer sentir también que Dios acompaña esa
situación?
Hace algún tiempo, dirigió una carta a la Conferencia Episcopal
Argentina en la que, entre otras cosas, pedía:
“Revisión de los modos de vida que separan a
los presbíteros del pueblo, incluyendo trabajo, vestimenta, celibato
obligatorio, casa, pobreza...
Revisión de la liturgia a fin de alcanzar la
inculturación creativa que permita que el pueblo, y particularmente los pobres,
la experimenten como lenguaje propio para acercarse a Dios;
Revisión de lo que se pide principalmente a los
presbíteros, recordando que la centralidad debe estar puesta en el reino y la
evangelización antes que en el culto;
Revisión de toda espiritualidad que no sea una
evasión platónica sino un verdadero caminar según el Espíritu y lleve a poner
un oído en el Evangelio y un oído en el corazón del pueblo”.
Resumiendo: Mons. Miñarro considera que los
curas deben trabajar, casarse y no distinguirse por una vestimenta en
particular; que la liturgia debe ser creativa; que el culto no debe ser el
centro de sus vidas y que la espiritualidad no debe consistir en evasiones
platónicas -es decir, rezar, meditar, contemplar- sino escuchar a los
pobres.
Bergoglio clamaba por “obispos con olor a
oveja”. Ahora nos está llenando de “obispos con tufo a oveja”.
Como dice un cura amigo, “lo peor de Bergoglio no es Berglglio sino el
postberglolismo: esas mil bombas activadas que nos va a dejar al irse”.
Yo soy un bautizado y, como tal, miembro del
pueblo elegido de Dios y heredero de las promesas por virtud de la sangre de
Nuestro Señor, que es la Iglesia. Y, como tal, participo del sensus
fidelium y por eso digo: Mons. Oscar Miñorro no tiene fe
católica. Y la prueba está en lo que ha dicho y escrito. Quien consagre a
esta persona en el episcopado comete un acto de traición a la fe de la Iglesia
como lo ha cometido quien lo eligió para el episcopado.
Obispo Oscar Miñarro: “La Iglesia Católica no es la única homofóbica”.
Leemos esta noticia
publicada en la agencia informativa oficial del episcopado argentino AICA,
19-Sep-2016.
El Papa nombró al Pbro. Oscar
Miñarro, obispo auxiliar de Merlo-Moreno
Buenos
Aires (AICA): El Santo Padre Francisco nombró obispo titular de Anzio y
auxiliar de la diócesis de Merlo-Moreno al presbítero Oscar Eduardo Miñarro, de
56 años, actualmente vicario general del obispado y párroco de Nuestra Señora
de la Merced, de Merlo. La información fue efectuada en forma simultánea en
Roma y en Buenos Aires. Aquí, en ausencia del nuncio apostólico que se halla en
Roma, fue hecha pública por monseñor Vincenzo Turturro, encargado de negocios
interino de la Nunciatura, a través de la agencia AICA.
Y nosotros, luego de
leer la entrevista que a continuación publicamos, nos preguntamos en qué creé el
recientemente nombrado obispo Oscar Miñarro. Publicada originalmente en CrónicasFlotantes, 27-Sep-2016.
“La Iglesia Católica no es la única
homofóbica”
Por Matías Pérez Ibarguren
Oscar Miñarro representa una visión
autocrítica dentro de la Iglesia Católica. Sacerdote de una parroquia de Merlo,
descubrió su vocación en su vínculo con un grupo de obreros de la fábrica en la
que trabajaba cuando era joven. Según él, las religiones “hemos
adormecido a la gente y la hemos domesticado en su vínculo con Dios”. Habla del
rol actual de la religión, advierte el fenómeno de las iglesias evangelistas
diciendo que “no es una superación del catolicismo, es un adoctrinamiento peor
todavía con una fachada de aplausos y de participación” y se opone a la
posición del episcopado argentino con respecto a la reforma del código civil.
¿Qué potencialidad ves en la
religión, en la fe, en la creencia como para trabajar desde ahí?
Yo veo mucha. El problema grande es
que las religiones en general se fueron encerrando muy en si mismas y fueron
cuidando más la parte dogmática, el cuidado de las tradiciones, el cuidado de
lo celebrativo, las formas por sobre el verdadero sentido que tiene lo
religioso. Estos días estaba leyendo una cosa muy interesante acerca de la
historia de las religiones: antes que se generen las grandes ciudades los seres
humanos tenían necesidad de lo religioso pero no tenían necesidad de la
religión. Había un vínculo directo con Dios. Después, cuando fueron surgiendo,
las grandes religiones se encargaron de administrar esa relación, ese vínculo
de la gente con Dios. Entonces hemos como adormecido a la gente y la hemos
domesticado en su vínculo con Dios de esa manera. Yo estoy totalmente en
desacuerdo con ese estilo de religión. Yo trabajo mucho con una religión que
muestre más que nada un vínculo con Dios que ayude a pensar qué quiero para mi
vida, que no tengo que resignarme a los sufrimientos, a una vida chata, que
humanamente me merezco un montón de cosas. Me parece que lo religioso tiene que
acompañar muchas veces algunos procesos liberadores que tienen que ver con esto
que yo le llamo el sentido de la vida.
¿Qué lugar tiene en vos la duda?
Para mí no existen las certezas. Yo
voy haciendo camino. Y las certezas a veces son pequeñas. Yo personalmente no
tengo duda de la existencia de Dios, tengo dudas de cómo se manifiesta a veces,
es muy misterioso. A medida que pasan los años lo encuentro más misterioso, o
es la palabra que encuentro para expresar lo que es Dios. Me gustaría que fuese
mucho más claro a veces. No podés pensar en Dios sin el hombre como no podés
pensar el hombre sin la trascendencia, después vos le ponés el nombre que
quieras, yo le llamo Dios. Como los dos nos vamos haciendo, cuando yo digo en
qué Dios creo también me tengo que preguntar en qué hombre creo. Cuando vos a
mi me preguntás si yo dudo de Dios, también me tengo que preguntar ¿dudo del
hombre? Según el Dios en el que yo crea es el hombre en el que creo. Si creo en
un Dios que resuelve todo por mí, estoy creyendo en un hombre esclavizado y
sumiso que tiene que estar dependiendo.
¿Es pesimista tu mirada con respecto
al rol actual de las religiones?
Mmm… qué difícil… sí, soy pesimista
(ríe). Soy pesimista en dos sentidos: los templos cada vez van a estar más
vacíos en la medida que muestren a un Dios lejano. Y los templos cada vez van a
estar más llenos en la medida en que presenten un Dios que manipula a la gente
como si fuesen títeres.
¿Va a estar más lleno?
Sí, porque así como hay mucha gente
que está buscando abrir su mente, abrir nuevos caminos, buscando ser forjadores
de su historia y de la historia, hay mucha gente que le mete miedo esto y lo
que tiene el tema de las religiones es que son muy manipuladoras de la
conciencia. Entonces es más fácil que te digan qué hacer a que alguien te
pregunte “¿vos qué creés que tenés que hacer?”. Las iglesias evangélicas, por
ejemplo, que están muy llenas. Hay mucha gente que cree que es un fracaso del
catolicismo, pero tampoco es una superación del catolicismo, es un
adoctrinamiento peor todavía con una fachada de aplausos y de participación. Me
preocupa porque también hay una mirada muy economicista de la cuestión: cuanto
más aportás, Dios más te va a dar.
Yendo a una cuestión un poco más
coyuntural, ¿Vos estás en contra de la posición del presidente del episcopado
argentino de oponerse a las modificaciones del código civil?
En el modo en que lo hace sí.
Después hay cosas que me generan duda. La otra vez escuché alguien que hacía un
silogismo un poco tramposo. Decía: lo civil es distinto a lo religioso. Y
después decía que lo civil tiene que ver con lo técnico-científico. Pero
por ejemplo con el tema de los embriones, estás en un teme filosófico, no
meramente científico. Yo creo que si nos planteamos la pregunta de cuándo un
embrión tiene vida, estás en un tema filosófico. Lo que podemos plantear es que
en filosofía no existe una verdad absoluta. Que lo que existe son preguntas que
generan distintas respuestas y que todas pueden ser aceptables en la medida que
la justifiques. Pero ¿quién puede decir si el embrión tiene vida o no? Yo creo
que ni el religioso ni el científico, queda en una cosa muy compleja.
Por ejemplo con el tema del
matrimonio igualitario con el cual la jerarquía de la Iglesia se opone, desde
este lugar en que decís que las leyes no tienen que ser prohibitivas, ¿vos
estás a favor de que se avance en legalizar esto?
Sí, estoy a favor. Además, si yo
digo que no se promulgue el matrimonio igualitario, ¿va a dejar de existir por
eso? No, va a existir igual. Entonces, si existe la situación, ¿no tengo que
favorecer que esa situación sea de dignidad para las personas que la están
viviendo? ¿Que favorezcan una inserción mayor en toda la sociedad? Y yo, como
Iglesia, ¿no puedo hacer sentir también que Dios acompaña esa situación?
Arancedo se opone diciendo que el
matrimonio debe ser entre dos sexos diferentes por la complementariedad natural
del hombre y la mujer…
Si él hace un planteo filosófico es
comprensible desde lo filosófico. Puedo estar o no estar de acuerdo, pero si yo
me pongo en la misma posición rígida estoy siendo igual que él. El riesgo de
estas discusiones es la intolerancia en general. Yo culpo a Arancedo de
intolerante y lo lleno de epítetos descalificativos que muestran mi
intolerancia. En esas cosas no negocio: si soy tolerante soy tolerante, y si
no, no. Es otro pensamiento distinto, justificado. Lo que no acepto es que ese
pensamiento se imponga para todos.
En ese sentido podríamos decir que
se está avanzando en grados de tolerancia porque, por ejemplo, se reconoce el
derecho a casarse a personas del mismo sexo…
Si, claro… Yo he charlado con muchas
personas que me han venido a manifestar su homosexualidad y algunos con dolor,
con preocupación, con incomprensión socio-religiosa. Porque a la hora de ser
realistas, ¿la Iglesia sola es la única homofóbica? ¿O
si vos viajás en el Sarmiento y decís que sos homosexual te van a aplaudir y te
van a felicitar? ¿La tele es abierta o todavía se siguen riendo de los que son
afeminados? Y cuando vas de viaje de egresados, ¿no hay uno que siempre se
termina vistiendo de mujer como cosa graciosa? Entonces me parece que por un
lado es lo que se va avanzando en materia de leyes y otra cosa que es muy
importante es la concientización en general de la sociedad que falta bastante…
como incorporación cultural me parece que vamos en camino, pero es un proceso
que va a llevar mucho tiempo.
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