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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Una profanación y sus repulsivos pormenores.

Otra mirada de lo ocurrido en la Catedral de Buenos Aires.

Aclaración: El Sr. Beccar Varela nota que “se presentó con una boina roja en la cabeza -sabiendo que los hombres no deben estar cubiertos dentro de una iglesia”. Es comprensible que esto indigne, si no se tiene la adecuada información. Aclaremos que el Papa Pío XII autorizó la boina colorada dentro de las iglesias porque es un signo de la cruzada española (guerra civil).

Artículo aparecido en La Botella al mar, 15-Nov-2013.


UNA PROFANACIÓN Y SUS REPULSIVOS PORMENORES

Por Cosme Beccar Varela.

Considerando la publicidad que se le ha dado al acto realizado en la Catedral de Buenos Aires esta semana, no puedo evitar referirme al caso, tan clara, concisa y contundentemente como me sea posible.

1) Lo que hizo Mons. Poli en la Catedral, con la presencia aquiescente del Nuncio de Su Santidad, es decir, una ceremonia ecuménica con rabinos y pastores protestantes, es lisa y llanamente una profanación del lugar santo.
Una iglesia católica es un lugar consagrado en el cual se guarda el Santísimo Sacramento. No puede dedicarse a otra cosa que al culto legítimo del verdadero Dios. Lo que hicieron, presidido por Mons. Poli, Arzobispo de Buenos Aires, flanqueado por rabinos y pastores protestantes, es repudiable, independientemente de la intención que tuvieran. Y la conformidad del Nuncio, sentado en primera fila, es aberrante.

2) Si querían rezar por las víctimas del nazismo, podrían haber dicho una misa sin aditamentos judaicos y no sólo por las víctimas judías de Hitler sino también por los miles de católicos asesinados por ese malvado, entre los cuales recuerdo a los jóvenes héroes que editaban una hoja contra el nazismo llamada “Die weise Rose” (“La rosa blanca”) condenados a muerte por jueces serviles y prevaricadores, muy semejantes a los que hoy tenemos en este país.
Podrían haber rezado también por los miles de católicos asesinados por los musulmanes en los países que dominan. El caso más reciente es el de los católicos quemados vivos por musulmanes en Nigeria, cuyo horrendo “video” publiqué en el nro. 4514 de la sección “Correo del Lector” del 14 de Noviembre de este año.
No. Prefirieron adular al judaísmo inventando esa despreciable parodia en el interior mismo de la Catedral de Buenos Aires. Con lo cual, las desgraciadas víctimas de Hitler se vieron privadas del mérito infinito de una misa católica que sirviera de alivio a las penas del Purgatorio que sufren los que en él se encuentren. Si ellos hubieran podido opinar desde su lugar de reparación, hubieran votado unánimemente por la misa católica y el rechazo de la pantomima que organizó el indigno Arzobispo de Buenos Aires.  

3) No les importó, que a pocos metros de esa siniestra payasada, estaba Dios mismo oculto bajo las apariencias del pan en la Sagrada Eucaristía guardada en el Sagrario. El divino Redentor tuvo que sufrir la afrenta de ver campantes y triunfantes en Su iglesia a los descendientes de sus asesinos, asistidos por los descendientes de judas iscariote.

4) Los católicos debemos rezar por las víctimas del nazismo, pero también por las del comunismo y las del islamismo, por las cuales no nos consta que el Arzobispo de Buenos Aires haya organizado ceremonia alguna. Está claro que no merece el cargo que ostenta, aunque debamos acatarlo en cuanto no contradiga la fe católica.

5) Hubo un grupo de fieles católicos que estuvieron en la Catedral rezando el Rosario en reparación de la enormidad que allí se estaba cometiendo. Fueron valientes pero imprudentes, sobre todo un señor maduro que se presentó con una boina roja en la cabeza -sabiendo que los hombres no deben estar cubiertos dentro de una iglesia-. Los jóvenes, casi niños, que rezaban el Rosario son dignos de la mayor admiración pues no podían advertir la imprudencia a la que habían sido llevados. Sin querer, dieron ocasión a la prensa anticatólica en su totalidad, de insultar y ridiculizar al catolicismo y de tergiversar el significado del acto de reparación.

Quienes los invitaron a realizar ese acto heroico, gente de más edad y hasta un sacerdote, debieron saber que el poder eclesiástico lo tienen estos enemigos, como el Arzobispo Poli, y que era imposible impedir que consumaran su crimen. Ellos tienen un poder análogo al que tenían Anás y Caifás sobre Nuestro Señor Jesucristo para entregarlo al juez inicuo y prevaricador que lo condenó a muerte, a sabiendas de que era inocente.
Cuando San Pedro, en el Huerto de los Olivos sacó la espada para defender al Salvador contra las huestes de los sacerdotes apóstatas, Él le mandó envainarla, no porque estuviera mal defenderlo, sino porque debía dejar que los judíos acabarán su deicidio y de esa manera se cumpliera la obra de nuestra Redención.
En este caso ocurrió algo semejante. Los buenos católicos que valientemente fueron a rezar el Rosario, no pudieron impedir que la profanación se cometiera ni tampoco que la prensa se hiciera una fiesta negra con su difamación.
Unidos, los sacerdotes infieles, los rabinos, los pastores protestantes y los representantes del poder temporal que allí estaban, los agredieron (incluyendo un neo-judas iscariote con “kipá” que abrazó hipócritamente al sacerdote que rezaba el Rosario, como un siniestro remedo del beso en el Huerto) sin que ellos pudieran defenderse porque ni siquiera tenían la espada que tenía San Pedro.
El más repulsivo de los agresores fue ese servil adulón de lo “políticamente correcto” que se llama Eduardo Amadeo. Insultó gratuitamente a los humildes reparadores gritándoles: “¡Nazis miserables!”. Este individuo, digno del más encendido de los repudios, que imita la figura de Jorge VI de Inglaterra y la de Nicolás II de Rusia con su amanerada barba, que finge ser un aristócrata cuando no es más que un don nadie y peronista logrero que milita contra todas las jerarquías naturales, no por convicción sino por afán de lucro, se permitió insultar a los que rezaban el Rosario, sabiendo que la prensa registraba su bajeza. Esa propaganda fueron los 30 denarios de su traición, como los de judas iscariote.
El diputado aparece también en el “video” que filmaron los buenos católicos y así pude ver su degradante “show” de sumisión al “Pensamiento Único”. Allí quedó registrada su bajeza incalificable, su cobardía (porque sabía muy bien que nadie le respondería con la contundencia que se merecía) y queda grabada ad perpetuam rei memoriam.
Resumiendo: aquello fue un “show” blasfemo con diversos actores, desde el Nuncio y el Arzobispo, hasta la cucaracha diputeril mencionada.

¡Bien por los jóvenes valientes que rezaban el Rosario!  Mal para los mayores que no supieron discernir la situación en que se ponían.  El Rosario valía igual rezado en la puerta de la Catedral o en otra iglesia o en su casa. Hubieran dejado que dentro de la Catedral “los muertos enterraran a los muertos”.... No podían evitarlo.