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domingo, 19 de junio de 2016

Francisco citando a Primo Mazzolari: “pero yo quiero también a Judas, es mi hermano Judas”.


Las insólitas palabras de Francisco, según  Vatican Insider, 17-Jun-2016, en su discurso en la Apertura del Congreso eclesial de la diócesis de Roma, 16-Jun-2016.

Ese Buen Pastor que lleva sobre los hombros a Judas

El Papa, durante la apertura del congreso de la diócesis de Roma, citó el ejemplo del capitel de la Basílica de Santa María Magdalena en Vèzelay, que retrata a Jesús llevando sobre sí al apóstol traidor. La homilía de don Primo Mazzolari

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Papa Francisco, inaugurando el 16 de junio por la tarde en San Juan de Letrán, el congreso de la diócesis de Roma, invitó a no «poner en juego una pastoral de guetos y para guetos», recordando que el realismo evangélico «no significa no ser claros en la doctrina». «No se trata de no proponer el ideal evangélico —añadió—, al contrario, nos invita a vivirlo desde dentro de la historia, con todo lo que implica». Al respecto, Bergoglio habló sobre un antiguo capitel medieval que en uno de sus extremos representa a Judas y en el otro a Jesús cargando al traidor muerto sobre sus hombros: «Don Primo Mazzolari hizo un discurso muy bello sobre esto, era un sacerdote que había entendido bien esta complejidad de la lógica del Evangelio: ensuciarse las manos como Jesús, que no estaba limpio, e iba a la gente y la tomaba como era, no como tenía que ser».

Francisco se refirió a un capitel de la Basílica de Vèzelay, en Borgoña, dedicada a Santa María Magdalena, que surge en el camino que lleva a Santiago de Compostela. Una perfecta muestra de la arquitectura románica y muy bien conservada, meta de peregrinajes en la Edad Media, con miles de personas que se dirigían a ella para invocar misericordia viendo el ejemplo de la mujer que había encontrado la profunda compasión de Cristo y que fue el primer testigo de su resurrección. En lo alto, en el primer capitel que se ve al entrar, hay una escultura poco conocida (la altura a la que se encuentra, a unos 20 metros del suelo, no facilita su visión). Una escultura que, vista desde cerca sorprende y desconcierta. En una parte aparece Judas colgado, con la lengua de fuera, rodeado por diablos. Y hasta aquí, ninguna novedad: existen muchas representaciones de la dramática y violenta muerte del apóstol suicida que traicionó a Jesús vendiéndolo por una monedas. La sorpresa surge si vemos la otra parte del capitel: hay un hombre que lleva sobre los hombros el cuerpo de Judas. Este hombre tiene una mueca extraña: la mitad de la boca sonríe y la otra mitad está fruncida. El hombre representado lleva una túnica corta y es un pastor. Es el Buen Pastor que lleva sobre sus hombros a la oveja perdida, esa en cuya búsqueda fue dejando a las otras 99 en el redil. El artista que esculpió la escena y el monje que la inspiró quisieron representar algo extremo llegando a proponer que incluso Judas tuvo acceso a la salvación.

Al comentar esta imagen, Papa Francisco citó una homilía que don Primo Mazzolari, el párroco de Bozzolo y precursor del Concilio Vaticano II, pronunció el Jueves Santo de 1958, dedicada justamente a «Judas, el traidor»: «Pobre Judas —comenzó el sacerdote. Yo no sé qué le habrá pasado en el alma. Es uno de los personajes más misteriosos que encontramos en la Pasión del Señor. Tampoco trataré de explicarlo, me conformo con pedirles un poco de piedad por nuestro pobre hermano Judas. No se avergüencen de asumir esta fraternidad. Yo no me avergüenzo, porque sé cuántas veces he traicionado al Señor; y creo que ninguno de ustedes debería avergonzarse de él. Y al llamarlo hermano, nosotros usamos el lenguaje del señor. Cuando recibió el beso de la traición, en el Getsemaní, el Señor le respondió con esas palabras que no debemos olvidar: ‘¡Amigo, con un beso traicionada Hijo del hombre!’».

«¡Amigo! Esta palabra —continuó Mazzolari— nos indica la infinita ternura de la caridad del Señor, también nos hace comprender por qué yo en este momento lo he llamado hermano. Dijo en el Cenáculo, no les llamaré siervos, sino amigos. Los Apóstoles se convirtieron en los amigos del Señor: buenos o no, generosos o no, fieles o no, siempre serán los amigos. Nosotros podemos traicionar la amistad de Cristo, Cristo nunca nos traiciona, nunca traiciona a sus amigos; incluso cuando no lo merecemos, incluso cuando nos rebelamos contra Él, incluso cuando lo negamos, ante sus ojos y su corazón, nosotros seremos siempre amigos del Señor. Judas es un amigo del Señor incluso en el momento en el que, besándolo, consumaba la traición del Maestro».

Después de haber recordado el fin desesperado del apóstol, Mazzolari concluyó: «Perdónenme si esta tarde, que habría tenido que ser de intimidad, les he traído consideraciones tan dolorosas, pero yo quiero también a Judas, es mi hermano Judas. También rezaré por él esta tarde, porque yo no juzgo, yo no condeno; debería juzgarme a mí, debería condenarme a mí. Yo no puedo no pensar que es también para Judas la misericordia de Dios, este abrazo de caridad, esa palabra amigo, que le dijo el Señor mientras él lo besaba para traicionarlo; yo no puedo pensar que esta palabra no se haya abierto brecha en su pobre corazón. Y tal vez, el último momento, al recordar esa palabra y la aceptación del beso, Judas también sintió que el Señor lo quería y lo recibía entre los suyos. Tal vez fue el primer apóstol que entró, junto a los dos ladrones. Un séquito que parece no hacer honor al Hijo de Dios, como algunos lo conciben, pero que es una grandeza de su misericordia».

«Y ahora, antes de retomar la Misa, repetiré el gesto de Cristo en la última Cena, lavando a los niños que representan a los Apóstoles del Señor entre nosotros, besando esos pies inocentes; dejen que yo piense un momento en el Judas que llevo dentro de mí, en el Judas que tal vez ustedes también llevan. Y dejen que le pida a Jesús, al Jesús agonizante, a Jesús que nos acepta como somos, dejen que le pida, como gracia pascual, que me llame amigo».