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jueves, 29 de diciembre de 2011

De células, átomos y azares.


Una célula viva está compuesta de una veintena de aminoácidos, que forman una cadena compacta. La función de estos aminoácidos depende, a su vez, de 2000 enzimas específicas.
Los biólogos han calculado que la probabilidad de que un millar de enzimas diferentes, durante miles de millones de años, se unan ordenadamente para formar una célula viva es del orden de 1 entre 101000, que es tanto como decir que la probabilidad es nula.
Por eso, Francis Crick, premio Nóbel de biología, por el descubrimiento del ADN, dijo:

“Un hombre honesto, que estuviera provisto de todo el saber que hoy está a nuestro alcance, debería afirmar que el origen de la vida parece un milagro, a juzgar por tantas condiciones como es preciso reunir para establecerla”.

Y, una vez originadas estas células arcaicas, viene el problema de la reproducción. Aquí el azar se descarta de nuevo. Para que la unión de los nucleótidos produzca por azar una molécula de ARN utilizable, es necesario que la naturaleza multiplique a ciegas los ensayos durante al menos un tiempo cien mil veces más largo que la edad total del nuestro universo.
Si en un principio, alguna de las grandes constantes universales como la gravitación, la velocidad de la luz o la constante de Planck, hubieran sufrido una mínima alteración, el Universo no habría tenido ninguna posibilidad de albergar seres vivos e inteligentes…

“Tengo entre mis manos esta sencilla flor. Algo espantosamente complejo: la
danza de miles y miles de millones de átomos (cuyo número supera al de todos los posibles seres que se puedan contar sobre nuestro planeta, el de los granos de arena de todas las playas, átomos que vibran y oscilan en equilibrios inestables).
Miro la flor y pienso: Ninguno de los elementos que componen un átomo puede explicar por qué y cómo existen tales equilibrios. Estos se apoyan en una causa, que, en sentido estricto, no me parece que pertenezca a este mundo”.

Castellani y el salvajismo argentino‏.


“Un inglés para ser culto necesita entender a Shakespeare, lo cual exige ir para atrás, hundirse en el camino de la historia y de la poesía, es decir, “tradicionarse”; pero además de eso hay otras muchas cosas, por ejemplo casual, guardar silencio en los hospitales. Yo lo sé porque he estado enfermo en Londres. Aquí siempre estoy enfermo, pero por suerte no necesito ir a un hospital argentino; digo, como enfermo. Algún día quizá tendré que ir, que Dios me dé paciencia. Hay un ser humano que está agonizando en este cuarto, un enfermo que no ha dormido en el otro, y en todas partes seres que sufren; y las enfermeras andan jaraneando y a las carcajadas por los corredores, los médicos y practicantes se encuentran con grandes exclamaciones y se palmotean, los visitantes andan como en la plaza pública. No nombro ningún hospital, pero sé que eso ocurre. Pues bien, eso es incultura y de la peor especie: es, perdónenme la palabra, salvajismo. Creo que los indios guaraníes no veían así a sus enfermos; los veían de otra manera, en virtud del sentido de lo sacro, que aún existía en ellos. Hay que revivificar la tradición de los indios guaraníes. Los griegos paganos veneraban a los que sufrían, porque veían en ellos la mano de los dioses: ésa es una tradición de la Humanidad. Cultura es el esfuerzo por vivir una tradición”.

R. P. Leonardo Castellani, tomado de San Agustín y Nosotros”.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santos Inocentes, mártires de nuestro tiempo.



Hoy, a fines del año 2011, tenemos “modernos Herodes” que al ver amenazadas sus riquezas y su poder, buscan imponer el asesinato de niños inocentes mediante el crimen del “aborto” como solución a sus egoístas pretensiones. ¿Quién dijo que esta época es más civilizada? Publico un breve artículo que leí en la “blogósfera” y que me ha parecido muy acertado.

Santos Inocentes, mártires de nuestro tiempo.

Después de 2011 años parece que aquella orden sin sentido, temible y desesperada fue como un sueño, como algo que más que realidad fue parte de una leyenda. Desde entonces sin embargo, quien dio la orden, se postró a sus miedos, a perder su acomodada posición, el temor de perder poder y riquezas, enloqueció a ese ser humano y lo esclavizó sometiéndolo al poder de la vanidad, la avaricia y la desesperanza.
Mas hoy en día se sigue oyendo aquella voz: “¡Matad a todos los recién nacidos de dos años para abajo!” (Mt 2, 16), pero ahora no ya de dos años, sino cuando aún están en el seno de su madre, el lugar que se suponía el más seguro del mundo. Se les impide defenderse, llorar y más aún… lamentarse: “Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento; es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existe” (Mt 2, 18).
Nada ha cambiado, mejor, diríamos que ha empeorado y siguiendo el curso de la historia hoy se mata más que ayer. Hay tanta contradicción y mentira en la vida del hombre que es capaz de proclamar que hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana sin tomar conciencia que hoy mata más que ayer, pero menos que mañana.

Y no hay otra razón que la lejanía de DIOS, lo que hace al hombre separarse más de su propia verdad y realidad. Creado para ser amado y amar decide amarse y no dejarse amar. Y cuando el hombre se ama a sí mismo se enfrenta al que tiene a su lado, porque se siente amenzado por el amor del otro. Amarse a sí mismo comporta no dejarse amar por el otro porque ese amor le quema y le obliga a olvidarse de sí y corresponder al otro.
Y detrás de este trasfondo, falso, teñido de oscuridad, construido sobre arena movediza se alzan las voces de quienes hoy defienden la verdad y buscan al Profeta que la proclama para, aparentemente acogerlo y darle gloria de muerte aniquilando todo lo que se interpone entre su gloria y ambición. Son los nuevos Herodes del siglo XXI que defienden los derechos humanos, la libertad, la justicia y la paz, pero aniquilan la vida de aquellos que les amenazan y les complican su reinado.
Son los nuevos profetas de la mentira y del engaño que utilizan sus talentos y bienes recibidos para disfrazar la verdad de mentira y teñir la vida de muerte poniendo todas sus estrategias y habilidades en favor del poder que esclaviza y somete. Son los que presiden y dirigen las naciones alardeando de servicio, de verdad, de justicia y paz y quitan la vida y defienden la muerte. Son los nuevos Reyes que buscan información para cortar toda raíz todo brote que amenace desplazarlos de su buena poltrona y reinado. Son los que hablan de paz imponiendo la muerte.
Y también nosotros si no luchamos, si no nos oponemos en la medida de nuestras posibilidades, si no levantamos nuestra voz, pequeña y humilde, pero voz al fin y al cabo, estaremos colaborando y participando en esas inmensas e inacabables matanzas. Es la hora de no permanecer callado, pasivo, disconforme, disidente, separado, dividido, sino todo lo contrario, unidos en un mismo sentir y querer: la vida es un regalo que no se puede tocar. Es la hora del regreso de Egipto para defender y afirmar que la esclavitud ha terminado y que el hombre es libre y su libertad no le permite matar ni defender la mentira.

El hombre sólo está hecho para la verdad.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Necesario Niño.


Constantemente en las noticias de hoy aparece la crisis mundial financiera y económica, especialmente en Eurolandia. Un comentarista Holandés (Court Fool.info) propone una solución clásica: sacarle el dinero del Estado de las manos a los banksters. La Navidad puede parecer un momento extraño para considerar tales problemas de dinero, pero toda la cuestión es saber si las soluciones aparentes son realmente soluciones.
A menos que el Euro haya sido positivamente diseñado como un medio para forzar una unidad política por encima de la variedad de las naciones europeas, estuvo, como moneda común para una docena de economías nacionales muy diferentes, condenado desde el vamos. Para empezar permitió realmente a las naciones miembros más pobres pedir prestado y gastar, pedir prestado y gastar, mientras ayudó a las naciones más ricas a exportar y prestar, exportar y prestar, pero el proceso no podía seguir por siempre. Cuando los países más pobres ya no pueden pagar ni siquiera el interés de sus deudas, los países mas ricos están también amenazados con la parálisis de sus economías por la quiebra de sus mayores bancos que han hecho los disparatados préstamos.
En ese momento la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, cooperan para proveer financiamiento de emergencia, en otras palabras, para resolver el problema de la deuda con mas deuda! Sin embargo, una condición para recibir estos fondos es que los países que están endeudados mas allá de toda esperanza, deben someterse a una tutela internacional la cual impondrá recortes de gastos que harán a los gobiernos nacionales cada vez menos capaces de gobernar. En cuanto a los gobiernos más ricos, ellos también tendrán que hacerse impopulares recortando sus gastos, con el objeto de cubrir las pérdidas provocadas por los disparatados préstamos de sus mayores bancos, dice el Sr. de Ruijter.
Ahora viene su solución. El dice que es sencillo. En lugar de inyectar docenas de billones mas en un Euro que está condenado a desaparecer tarde o temprano, y en lugar de que las agencias internacionales impongan recortes de gastos, “podemos establecer el dinero de Estado”. Un banco central Estatal reemplazará al actual banco central el cual, como en la mayoría de los Estados del mundo, está ahora bajo control privado. Únicamente el banco Estatal estará autorizado a crear moneda. Todos los préstamos se entregarán como dinero Estatal. A todos los bancos privados o no-Estatales se les prohibirá inflar sus balances artificialmente, en otras palabras el sistema bancario de reserva fraccional será prohibido (ver EC 224). Estos bancos no-Estatales recibirán una retribución por sus servicios, pero no estarán autorizados a cobrar intereses.
¿Y quién controlará al banco Estatal? El Sr. de Ruijter escribe, “esto caerá bajo la responsabilidad del Ministro de Economía y será controlado por el parlamento. Una comisión de gente bien formada controlará la salud a largo plazo del sistema monetario”.
Bien y bueno. Pero, Sr. de Ruijter, ¿Quién se ocupará de la formación de esta gente “bien formada”? ¿En qué escuela ellos aprenderán verdaderamente a cuidar el bien común? ¿Y qué motivación lo suficientemente fuerte les será dada a ellos para evitarles ser astutamente comprados por los banksters? ¿La democracia? ¡Es la democracia la que ha empantanado a Europa en este lío actual!
No existe más que una sola y completa solución: el divino Niño en el Pesebre de Belén. ¡Feliz Navidad, queridos lectores, y gracias a todos vosotros que me han enviado una tarjeta de Navidad, así como a aquellos que no lo han hecho!

Kyrie eleison.

Mons. Richard Williamson,Comentarios Eleison” Nº 232, 24 de diciembre del 2011.

Saludo de Navidad.



Lux fulgebit hodie super nos: quia natus est Dominus
Hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor
(Introito de la Misa de Noche Buena)

Misterio inconmensurable en el cual Aquél incorpóreo e invisible que no cabe en el universo,
tomó cuerpo y alma de hombre para salvarnos.
¡Eso es la Navidad!

Stat Veritas le desea a sus lectores una santa y feliz Navidad

viernes, 23 de diciembre de 2011

Falacias sobre el aborto.


A continuación publicamos una carta de lectores que no ha sido publicada y, a nuestro parecer, vale la pena que la acerquemos a nuestros lectores.

Carta de Lectores enviada al diario La Nación el 2 de noviembre de 2011
(No fue publicada)
 
"Falacias sobre el aborto"
Sr. Director:

Abortar no es interrumpir. Un partido de fútbol se interrumpe para reanudarlo luego. Una conversación es interrumpida con la posibilidad de continuarla más tarde. La lectura de un libro puede ser interrumpida y retomada después. Pero una mujer no puede “reanudar” su embarazo luego de un aborto. El reemplazo de esta palabra pretende disimular la naturaleza de esta acción, suavizándola ficticiamente. El aborto no es la interrupción sino la destrucción del embarazo: la muerte del bebé.

Segundo. No existe un “aborto terapéutico”, porque la terapéutica es una parte de la medicina que enseña los preceptos y remedios para el tratamiento de enfermedades (RAE). Tampoco un “aborto quirúrgico” porque la cirugía tiene por objeto curar las enfermedades por medio de una operación (RAE). Pero el embarazo no es una enfermedad: adjetivar benévolamente la palabra aborto obedece a la estrategia ya descripta. Está claro que no es un “procedimiento médico”. Es un procedimiento que realizan algunos médicos, no todos: lo cual es muy distinto.

En tercer lugar: no es una cuestión de clase económica o social, como artificialmente se ha planteado. Todas las madres tienen el mismo deber de proteger la vida del hijo que llevan dentro, sean de la condición que sean y con independencia de las posibilidades económicas. La dialéctica entre “aborto clandestino de la mujer pobre” y “aborto clandestino de la mujer rica” no resiste la menor confrontación, puesto que asegurada que sea la naturaleza criminal del aborto provocado, su protección legal siempre es una injusticia.

Sólo puede defenderse la indefendible decisión de abortar a través de una deliberada distorsión de las palabras y mediante una inescrupulosa movilización del resentimiento clasista.

Juan Carlos Monedero (h)

jueves, 22 de diciembre de 2011

El Pesebre en llamas.


El pasado 20 de diciembre, un revoltijo inmundo de agrupaciones comunistas se dio cita en la Plaza de Mayo para recordar la caída del funesto delarruismo, y la serie de oscuros episodios que envolvió a aquella infeliz jornada.
En tales circunstancias se quemó impunemente un pesebre y un árbol navideño, amén de consumarse las consabidas pintadas agraviantes sobre el frente de la Catedral. Las imágenes del Nacimiento estaban bendecidas, y habían sido hechas por las piadosas manos de unas ex alumnas del Colegio María Auxiliadora. En cuanto al árbol, y más allá de la vulgarización comercial que de él se ha hecho, no deja de ser un símbolo tradicional del lignum vitae, del leño de la vida, prefiguración del de la Cruz.
Nada cuesta deducir que el  hecho tiene todos los caracteres de un sacrilegio y de una profanación.
Es cierto que aquellos manifestantes blasfemos expresaron su oposición al actual gobierno. Pero también es cierto que coinciden con él en lo sustantivo; esto es, en la subversión cultural, espiritual y moral, en virtud de la cual, unos y otros viven para ultrajar al Decálogo cada día.
Acaso como un símbolo procaz de lo que decimos, Fernando Esteche, uno de los visibles responsables de la manada agresora, es al mismo tiempo profesor en la Universidad Nacional de La Plata, y en carácter de tal ocupó el palco oficial con que las autoridades educativas kirchneristas premiaron a Hugo Chávez el 29 de marzo de 2011. La libertad de la que goza para consumar reiterados desmanes y delitos a la vista del público, es la prueba ilevantable de su condición de compañero de ruta de los actuales dueños del poder.
El Gobierno, pues, no es ajeno a este vejamen. No sólo porque nada hace para contener el salvajismo o para castigarlo después, sino porque lo engendra y alimenta, lo acompaña y cultiva, toda vez que el desprecio a las enseñanzas de la Fe Católica es política de Estado.
El Ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santili, se quejó por los ciento cincuenta mil pesos que costó reparar el daño al espacio público. ¡Insensato crapuloso! Como si la ofensa al Verbo Encarnado fuera una cuestión presupuestaria o una alteración del paisaje.
El Jefe de Gabinete macrista, Horacio Rodríguez Larreta, twitteó “lamentar muchísimo que  volviera a vivirse lo que justamente se estaba repudiando”. ¡Imbécil consumado! Como si diez años atrás las masas se hubieran movilizado para repudiar la persecución a la Iglesia. Como si no hubiera un solo y único hilo conductor entre la gimnasia revolucionaria del marxismo, otrora y ahora, década mediante.
La DAIA condenó la afrenta “a un símbolo de la grey cristiana, representativo del espíritu de paz y armonía que las fiestas encarnan”, reafirmando “sus principios permanentes de respeto a los símbolos de todos los credos, de fortalecer los valores de promoción de la diversidad y la armónica convivencia de todos quienes conformamos el mosaico multicolor del tejido social argentino”.
¡Hipócritas! ¡Sepulcros blanqueados! Como si fueran equivalente el Misterio de la Encarnación y los falsos cultos, la Religión Verdadera con las mendaces, la manifestación de Cristo con los tenebrosos enredos sectarios, el horrísono Talmud con el Santo Evangelio, la Natividad del Redentor y las maquinaciones de los deicidas.  Como si no fuera la causa de tanto estropicio “la promoción de la diversidad”, eufemismo vil utilizado para encubrir a los  peores degenerados. Como si “el mosaico multicolor” no fuera otra elipsis para justificar la lenidad absoluta de cuanto pervertido ande suelto.
Cristina y su séquito peronoide, que parlan en cadena a cada instante para inaugurar una cloaca con el nombre de “él”, o comunicarle al país los últimos estertores de su rencor indigno, callaron ante tamaña irreverencia. ¡Miserable ella, de mil maneras merecedora de ser llamada estulta, irreligiosa e infame. Antítesis de la mujer cristiana, deshonor para sus congéneres y encarnadura penosa de arrogancia y maldad. Heredera política al fin de aquel cínico impar que incendiaba los templos, enmandilaba sus leyes, judaizaba sus programas de gobierno y declaraba a la vez su pertenencia a la grey católica.
Los obispos, por supuesto, también callaron. El Arzobispado de Buenos Aires repone el pesebre, vuelve a bendecir las imágenes, llama a la convivencia pacífica, a la construcción de una sociedad plural, al ecumenismo irrestricto de todas las creencias, y todo sigue su curso. ¡Ciegos que guían a otros ciegos! ¡Pastores devenidos en lobos! ¿Qué más tiene que suceder para que tomen conciencia de la tragedia que estamos viviendo? ¿Qué nueva conducta endemoniada tienen que presenciar para que escudriñen y vean con claridad lo que está sucediendo, para que reaccionen con firmeza, para que luchen con varonía, para que llamen a la resistencia activa y ardiente en defensa de la Cruz? ¿En qué momento crucial de sus carreras eclesiásticas fueron emasculados de consuno, para que nadie quiera quebrar la colegialidad cobarde, llamando al combate frontal contra los enemigos de Dios y de la Patria?
En cuanto a los incendiarios, llegan tarde y en vano al festín del demonio. El Cristo que adviene ha derrotado al furente Herodes y ha dado cumplimiento a las profecías. Nace en la próxima, en las anteriores, en las futuras y en las eternas Nochebuenas. Él es el fuego, la lumbre, la llama, la brasa y el ardor.
Contra su ígnea divinidad se estrellan los Caifás y el Sanedrín en pleno. Contra su rostro irrefragable se tumban las teas de los caínes y los judas. Sobre su pecho manso y viril habita el cirio de la Pascua Nueva, las candelas lumínicas de María Santísima, el blandón de José, la promesa intacta de venir a la tierra a arrojar fuego (Lc. 12, 49), y a desear que su combustión amorosa y salvífica se extienda victoriosa sobre todas las naciones de la tierra.

Antonio Caponnetto.

sábado, 17 de diciembre de 2011

¿Religión de Estado? II.


Según la religión del liberalismo –no se puede repetir lo suficiente que el liberalismo sirve de un sucedáneo de religión– es una absoluta herejía declarar que cada Estado sobre la tierra tendría que apoyar y proteger la religión Católica. Sin embargo, si Dios existe, si Jesucristo es Dios, si cualquier sociedad natural de seres humanos, como el Estado, es una criatura de Dios, y si Jesucristo fundó la Iglesia Católica como su único y sólo instrumento para salvar a los hombres de los fuegos eternos del Infierno, entonces a menos que un Estado quiera ser un enemigo de la especie humana, está obligado a favorecer y proteger la Iglesia Católica. Pero existen objeciones a esta conclusión. Consideremos tres entre las más habituales:

Primera objeción: Nuestro Señor El mismo dijo a Poncio Pilato (Jn.  XVIII, 36) que su Reino no era de este mundo. Pero el Estado es de este mundo. Por consiguiente el Estado no tendría nada que hacer con su Reino o con su Iglesia.

Solución: Nuestro Señor le estaba diciendo a Pilato que su Reino y el Estado son distintos pero no estaba diciendo que tendrían que estar separados. El alma de un hombre es distinta de su cuerpo, pero separarlos es la muerte del hombre. Los padres son distintos de sus niños, pero separarlos (como las Agencias de la Niñez están hoy alentadas a hacerlo) es la muerte de la familia. La Iglesia y el Estado son tan distintos uno de otro como la vida sobre la tierra es distinta de la vida eterna, pero separarlos es poner un abismo entre la primera y la segunda, y es aumentar mucho el número de los ciudadanos que caerán en el Infierno.
Segunda objeción: La religión Católica es verdadera. Pero la Verdad es lo bastante fuerte como para hacer su propio camino. Por consiguiente la religión Católica no necesita de un poder coercitivo del Estado para ayudarla, tal como la supresión de la práctica publica de las otras religiones.

Solución: En sí misma, en verdad “La verdad es poderosa y prevalecerá”, como decían los Latinos, pero entre nosotros los hombres no prevalecerá fácilmente, a causa del pecado original. Si todos los seres humanos (con la excepción de Nuestro Señor y de Nuestra Señora) no hubieren sufrido jamás, desde la Caída, de las cuatro heridas de Ignorancia, Malicia, Debilidad e Concupiscencia, entonces le hubiera costado mucho menos a la Verdad prevalecer, y Thomas Jefferson hubiera tenido razón al proclamar que la verdad necesita únicamente ser expuesta en la plaza del mercado para prevalecer. Pero los Católicos saben lo que la Iglesia enseña, a saber que el hombre permanece sujeto, aún después del bautismo, a ser arrastrado hacia abajo por el pecado original, de tal manera que para encontrar esta verdad, sin la cual él no puede salvar su alma, necesita toda la ayuda razonable de su Estado. Esta ayuda razonable excluye todo esfuerzo del Estado para obligar a cualquiera a ser Católico, pero incluye que el Estado mantenga las peligrosas anti-verdades afuera de la plaza del mercado de Jefferson.

Tercera objeción: Un gran poder puede ser grandemente mal usado. Ahora la unión de la Iglesia y del Estado es muy poderosa para los dos. Por consiguiente puede provocar un gran daño –¡véase a qué punto la Iglesia Conciliar y el Nuevo Orden Mundial secular se están potencializando mutuamente!

Solución: “El mal uso no puede parar el uso”, decían los Latinos. ¿Acaso Nuestro Señor no hubiera tenido que darnos la Santa Eucaristía por el hecho de que puede ser gravemente mal usada? La Iglesia Conciliar reuniéndose con el Estado liberal es un poderoso mal uso de la unión de la Iglesia y del Estado, pero prueba el error del liberalismo, no el error de la unión del Estado Católico con la Iglesia Católica.

Kyrie eleison.

Mons. Richard Williamson, “Comentarios Eleison” Nº 230, 10 de diciembre del 2011.

martes, 13 de diciembre de 2011

El sentido de las velas en la Iglesia y la devoción a María Santísima.


Misa de San Gregorio con cirios.

Grandes y variados son los elementos que utiliza la liturgia, con no poco simbolismo por la riqueza que encierran, para tributarle el culto debido a Dios y a sus Santos. Entre ellos se encuentra el uso de los cirios, sobre los cuales nos gustaría considerar algunas reflexiones no sólo para la ilustración de nuestras inteligencias, sino, sobre todo, para nuestro aprovechamiento espiritual, es decir, no sólo para acrecentar nuestros conocimientos sino para que podamos vivir intensamente de ellos.
El empleo de las candelas en la Iglesia es de costumbre inmemorial. Bástenos recordar que, ya en la Antigua Ley, se prescribían no sólo su uso sino hasta la cantidad que debía poseer cada candelabro en las ceremonias religiosas.
La Nueva Ley, lejos de dejar de lado este uso litúrgico, le va a dar un nuevo vigor debido a los simbolismos con que van a ser revestido por su relación con la obra de la Redención.
De ahí que el cirio, por excelencia, diríamos en filosofía el primer analogado, no es otro que el Cirio Pascual, figura por antonomasia del Nuestro Señor Jesucristo Inmolado y Resucitado.
Normalmente la materia con que está hecho es cera, ya que ésta es la sustancia purísima formada por la abeja con el jugo de las flores, siendo por esto emblema del sagrado cuerpo del Salvador, formado por el Espíritu Santo de la más pura sustancia de la Virgen María. El pabilo no es otra cosa que la figura de su alma santísima que, encendido, representa la viva y pura luz de su divinidad. La cera alumbra consumiéndose por el fuego; así Jesucristo se ha hecho la luz del mundo y lo ha rescatado consumiéndose por sus padecimientos y por su muerte, simbolizado por los cinco granos de incienso que se clavan en la pintada cruz.
Los otros cirios que se ubican en el altar, si bien por estar formados de la misma materia reflejan al Divino Resucitado, no por eso agotan toda su simbología, dando cabida a la pluma de autorizados liturgistas para ver en los seis cirios del altar mayor, a los elegidos de las seis edades de la Iglesia militante, mientras que en los dos cirios que se ubican a ambos lados, a los justos del Antiguo Testamento, si consideramos al que se ubica en el lado epístola o a los de la Nueva Ley si nos referimos al del lado evangelio.
El Cirio Pascual figurando al Cristo resucitado; los cirios del altar, a los santos del Antiguo y Nuevo Testamento, veamos ahora lo que viene a reflejar otra de las luminarias próximas al altar como es la lámpara votiva o también llamada la lámpara del Santísimo. Ésta no viene a representar, en primera
instancia, a persona alguna sino a un objeto, pero no a uno cualquiera sino a uno celestial, puesto que tiene el dignísimo honor de reflejar a la estrella que guió a los Reyes Magos y que se detuvo en Belén para indicarles la presencia del Gran Rey y Señor al cual habían venido a adorar y honrar desde sus lejanas tierras, así como a nosotros la de cumplir el dignísimo oficio de enseñarnos que en el Tabernáculo se encuentra, velado por las especies sacramentales, el Autor de la vida, tanto del orden natural como sobrenatural.
Pero Nuestra Santa Madre, la Iglesia, da un paso más en el uso de las luminarias y, lejos de restringirlas estrictamente al uso del culto público y oficial de Ella, le ha abierto nuevos horizontes al incorporar en sus usos y costumbres, de trayectoria inmemorial, el que se enciendan velas en honor a sus hijos bien amados, sus Santos, en las que podemos descubrir, sin temor a equivocarnos, una triple simbología:
En primer lugar representa al fiel cristiano. Éste no tiene la dicha de poder vivir en “la casa de
Dios y puerta del cielo”, sino que absorbido por un sin fin de actividades honestas y necesarias en el mundo, tanto el padre de familia en su trabajo, la madre en sus labores domésticas, el joven en sus estudios, el anciano en su hogar, y debiendo dejarIa, sin embargo, la Iglesia se las ingenia para que, a pesar de dicha separación, pueda esa alma permanecer en Su casa. Encender una vela no es otra cosa que decirle a Dios: me voy materialmente pero me quedo espiritualmente; me voy con el cuerpo pero me quedo con el alma”.
En segunda instancia, representa la devoción de ese cristiano, puesto que así como el cirio arde hasta consumirse completamente, de la misma manera se simboliza la expansión de esa alma consumiéndose en un sin fin de pedidos y preocupaciones que alberga su alma, refleja su espíritu de sacrificio e inmolación ante las dificultades y tribulaciones, su acción de gracias por todos los beneficios otorgados y, finalmente, su completa sumisión y reverencia ante quien se postra.
Y en tercer lugar, representa la protección especial de ese santo, al cual se le ha encendido una candela, por ese cristiano que se ha tenido que ir pero que se ve y se sabe simbolizado en ella.
De modo tal que a pesar que se vaya, sin embargo se queda; a pesar que su obligación le obligue a concentrarse en un sinfín de cosas, sin embargo su espíritu permanece en un estado de continua oración e inmolación; a pesar que, por nuestra fragilidad, nos olvidemos del santo, él no se olvidará de ese buen cristiano, de esa familia o de ese pobre pecador por el cual hemos encendido el cirio en orden a su conversión.
¡Cuántos y cuán hermosos son los simbolismos que se encierran dentro de los cirios de la Iglesia!
Es por eso que —imitando tanto la costumbre de los grandes santuarios marianos cuanto de tantísimas otras iglesias— hemos colocado, también nosotros, varios atriles con pequeñas candelas, tanto en el interior de la Iglesia, para honrar a la Purísima como a su Castísimo Esposo y al piadoso San Antonio, así como, en el patio de la sacristía, uno más, que hemos colocado bajo la protección y honra de la
Milagrosa.
Todo esto, queridísimos fieles, está orientado para que podamos, espiritualmente, vivir e inmolarnos ante el santo de nuestra devoción y así, gozar de su protección y celestial consuelo.
Puesto que, como solía repetir la pequeña santa de Lisieux, “Sólo tenemos esta vida para vivirla de la fe”, quiera Dios que nuestra mirada sobrenatural sea como la del salmista cuando cantaba:
“Señor, Dios de los ejércitos, escucha mi oración, porque es mejor pasar un día en tus atrios, en tu Casa que miles fuera de ella” (Salmo 83). Con mis oraciones y mi bendición,

R.P. Ezequiel María Rubio FSSPX, tomado del boletín dominical “Fides” Nº 989.

martes, 6 de diciembre de 2011

A la Concepción de Nuestra Señora, pidiendo la definición de éste misterio a nuestro santísimo padre Inocencio X.

Gregorio Fernandez, Inmaculada, La Redonda, Logrono España.

Aquí de la fe, que ya
hacia la Fe se avecina
una verdad que defienden
los que por la Fe militan.

Yo no digo, que es de Fe,
pero no habrá quién lo diga,
que una verdad tan jurada
se va haciendo fidedigna.

Antes se creyó de gracia
esta gran prerrogativa:
Ya es justicia el no creer
que se jura con mentira.

¿Qué aguardas, grande Inocencio?
Mira la especiosa oliva,
de las armas de la Fe
en tu Paloma benigna.

Mírala en los atributos
de María, y no permitas,
rama de raíz infecta,
en tan honradas divisas.

¿El Espíritu divino,
que con las alas camina,
del amor al beneficio
de esta inferior jerarquía,

tardará un instante en dar
la gracia a la gracia misma?
¿cuánto mayor fué la hazaña
que obró en un Ave María?

Califique, pues, tu voz
esta verdad tan crecida,
pues la misma gracia a voces
pide que la hagas justicia.

De Antonio de Solís

sábado, 3 de diciembre de 2011

Contra serviles y rebeldes.


“Los límites de la obediencia son la caridad y la prudencia. No se puede obedecer contra la caridad: en donde se ve pecado, aun el más mínimo, hay que detenerse, porque “el que despreciare uno de los preceptos estos mínimos, mínimo será llamado en el Reino de los Cielos”. Y no se puede obedecer una cosa absurda; porque “si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo”.

Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esto dijeron los Apóstoles ante el Sinedrio, que los conminaba a cesar su predicación. Pedro, Santiago y Juan resistieron a las autoridades religiosas con esta palabra. ¿Adónde iríamos a parar? Conozco un cristiano que escribió esta palabra a una autoridad religiosa, y recibió esta respuesta: “¡Eso lo han dicho todos los herejes!”. ¿Qué me importa a mí? Eso prueba que está en la Sagrada Escritura; y que los herejes lo hayan malusado, no lo borra de la Escritura. En uno de esos “volantes anónimos” que hay ahora*, se lee: “El Evangelio enseña que la primera virtud del cristiano es obedecer a la jerarquía”. Pueden leer todo el Evangelio y no encontrarán esa “enseñanza” de este teólogo improvisado. Al contrario, Jesucristo anda todo el tiempo aparentemente levantado contra las autoridades eclesiásticas, quiero decir, religiosas. Aparentemente, he dicho.

Un ironista inglés ha dicho con gracia: “los que conocen el punto exacto en el cual hay que desobedecer, ésos son pocos y les va mal; pero son grandes bienhechores de la humanidad”**. El punto exacto es cuando los mandatos de hombres interfieren con los mandatos divinos, cuando la autoridad humana se desconecta de la autoridad de Dios, de la cual dimana. En ese caso hay que “acatar y no obedecer”, como dice Alfonso el Sabio en Las Partidas: es decir, reconocer la autoridad, hacerle una gran reverencia; pero no hacer lo que está mal mandado; lo cual sería incluso hacerle un menguado favor. Si esto que digo no fuese verdad, no habría habido mártires. (…)

Jesucristo dijo que había que pagar el tributo al César –de hecho, El lo pagó una vez de un modo curioso- y obedecerle en lo que era autoridad: de hecho, los judíos, al no tener moneda propia, reconocían no tener soberanía. Octavio Augusto César era un individuo hipócrita, soberbio, y lujurioso, que por increíble buena suerte habíase apoderado del Imperio fundado por el héroe su tío; al cual los judíos llamaban “tirano”: Jesucristo no se dio por entendido. Después de él, sus discípulos Pedro y Pablo mandaron la obediencia a los príncipes seculares legítimos, incluso si no son cristianos, “incluso si son díscolos”, dijo San Pablo; y dio la razón: “porque toda autoridad viene de Dios”. San Pablo añade luego otra razón que indica los límites de esa obediencia; y por qué ella se puede extender a veces incluso a los “tiranos”: “porque ya véis que él tiene la Espada”. La doctrina católica acerca de la tiranía –que es el peor mal que puede caer sobre una nación- estatuye que es lícito y aun obligatorio –para el que puede- levantarse contra ella y deponerla; pero con tres condiciones, la primera de las cuales es que ello sea factible, que no sea un amago temerario e insensato, el cual sólo sirve para traer males mayores; como fue por ejemplo la famosa Conspiración de la Pólvora, contra Jacobo I de Inglaterra.

Acerca del Imperio Romano, Jesucristo guardó una singular prescindencia: no dijo una sola palabra de tacha, ni una sola palabra de entusiasmo. Yerra el Dante Alighieri en su libro De Monarchia al aducir que Cristo aprobó el Imperio Romano, porque quiso nacer en él, empadronarse en Belén, y ser por tanto súbdito del César. Cristo aceptó o soportó el Imperio, como se acepta el clima, el paisaje o la geología de una comarca: como una cosa inevitable. Esa mezcla de bienes y males que era la creación política de Julio César –que había de degenerar después bajo un Nerón o un Calígula en monstruosa tiranía-, no le arrancó ningún entusiasmo “patriótico”. Las prescindencia de Cristo no es negativa sino positiva y voluntariosa: no es mera apatía, falta de visión o indiferencia hacia la moral política, de “un joven campesino galileo incapaz de ver más allá de su rincón, más allá de los pequeños problemas de la moral individual”, como blasfemó Renan. No. Cristo estaba en medio de los torbellinos políticos de su nación y su época, había leído los Profetas; y no era indiferente, muy al contrario, al sino desastroso de Jerusalén, el cual predijo y lloró.

Cristo prescindió inconmovible de la política, porque tenía que prescindir: no había nada que hacer en política para los palestinos. La idea de los Zelotes de alzar mano armada contra el enorme Imperio era netamente insana: de hecho los llevó al desastre. Más tarde será otra cosa: en la formación de los grandes reinos cristianos de Europa entraron y tomaron parte hombres religiosos, discípulos fieles de Cristo. Era ya otra cosa. El “entrar en política” puede ser un deber religioso en algunos casos para un cristiano, que tenga vocación política. En ese caso, no se da al César lo que es de Dios; sino simplemente a Dios, a través de la Patria. “Ningún hombre religioso se entromete en negocios seculares”, dijo San Pablo. Pero en el caso de Hildebrando, o el cardenal Cisneros, o si me apuran, monseñor Seipel el austríaco, ésos ya no eran negocios seculares. Para ellos, ésos eran asuntos religiosos. Lo mismo el apoyo activo prestado por muchos nobles sacerdotes argentinos al alzamiento del general Lonardi.

Todo esto es claro en teoría, pero es enredado y espinoso en la práctica; y más hoy día. Las naciones occidentales, perdida la religiosidad, se van convirtiendo de más en más en las Fieras de la Escritura. El Estado moderno se vuelve de más en más tirano. El Estado es una consecuencia del pecado original, no es una creación directa de Dios, es la “creación más grande de la razón práctica” del hombre, enseña Santo Tomás. En el Paraíso terrenal, si Adán no hubiera caído, hubiese habido gobierno, por cierto; pero no gobierno estatal, sino familiar y paterno. Eso no se puede obtener ya con perfección. Entre los extremos del gobierno tiránico y el gobierno paterno, oscilan todos los regímenes políticos humanos, después del Pecado. (…)

Los hombres hoy día prefieren tener encima a tiranuelos irresponsables, agitados y pasajeros, que los opriman en nombre de “la libertad”. Las condiciones han cambiado, los hombres ya no pueden fiarse tanto unos de otros como para poner a la cabeza del bien público a una familia permanente e inamovible, con poderes absolutos. Por tanto se ha vuelto más fácil el advenimiento de la Fiera, que es el otro extremo del eje político, el polo opuesto al Padre. Los grandes imperios paganos que precedieron a Cristo: Asiria, Persia, Grecia Macedónica y Roma, fueron pintados por el profeta Daniel en figura de cuatro fieras; y con mucha razón.

En la actual economía del mundo, el rechazo de Cristo lleva necesariamente al otro extremo de la ordenación política; es decir, al Estado pagano duro e implacable. De la cuarta fiera, el Imperio Romano, que Daniel describe como una mezcla de las otras tres y la más poderosa y temible de todas, profetizó el Vidente que surgirá después de muchos siglos y diversos avatares, la Bestia del Mar o sea el Anticristo: un poder pequeño que se hará grande, un poder muerto que resucitará, un poder inicuo que a causa de la apostasía del mundo llegará a enseñorearse de todo el mundo; afortunadamente, por muy poco tiempo.

Entretanto tenemos que ir viviendo y tendiendo al gobierno paternal en lo político y a la obediencia noble y caballeresca; aunque sean ideales hoy día casi inasequibles, por lo menos en este pobre país sin esqueleto; quiero decir, sin “estructuración política”; sin “Instituciones”.

El doctor Carlos Ibarguren conoció cuando muchacho en Salta a un viejo guerrero de la Independencia, al cual ha retratado en La Historia que he vivido. Era un catamarqueño que ingresó casi adolescente todavía en los ejércitos de Mayo, hizo todas las campañas de Chile y del Perú, y murió centenario. Cuando regresó al país después de Ayacucho, cosido a cicatrices, pidió ver al “tirano” Rosas para pedirle su retiro y un pasaporte para Montevideo.

“-¿Por qué se va de la nación?- le preguntó Rosas.

“-Porque francamente no me gusta la manera de su gobierno; y además, yo no sabría usar mi sable contra el general Lavalle, que me lo regaló.

“-Entonces debe irse con Lavalle y usarlo contra mí -le dijo el gobernador de Buenos Aires, ceñudo.

“-Yo no sabría usar mi sable contra Su Excelencia, porque creo que es la autoridad legítima.

“-Vuelva mañana por su pase.

“Volvió con bastante aprensión y halló que Rosas le dio su pase y 500 pesos fuertes, se cuadró ante él, lo abrazó y le dijo:

“-No forzaré la voluntad de un soldado de la Independencia”.

El sargento retirado volvió pronto de Montevideo, nadie le exigió su reintegro al ejército; y subió a Salta, donde se dedicó a fabricar botas y aperos de montar, en lo que era habilidoso. Esta es obediencia cristiana y caballeresca, señoril. Esto es virtud; y el servilismo por un lado y la rebelión por el otro, son vicios”.


*Nota Reduco: Hoy habría que hablar no de “volantes anónimos” sino de “blogs anónimos” que cunden por Internet irresponsablemente. Anónimos o seudónimos de quienes se erigen a sí mismos en “maestros” y “teólogos de café” (o de la Red), difundiendo herejías, desobediencias, ofensas, chismes, o citando indiscriminadamente y razonando mal citas tras citas para confundir más a los confundidos católicos de estos días.

**Nota Reduco: Es nuestro parecer que uno de esos grandes bienhechores ha sido otro gran “desobediente” –además del Padre Castellani-: Monseñor Marcel Lefebvre.

R. P. Leonardo Castellani, “Domingo vigesimosegundo después de Pentecostés”, fragmentos, en “El Evangelio de Jesucristo”, Ediciones Dictio, 1977.