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lunes, 25 de julio de 2016

Declaración del Superior General a todos los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X al término de la reunión de superiores mayores en Anzère.


Tomado de FSSPX/MG –DICI, 16-Jul-2016.

Declaración del Superior General a todos los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X al término de la reunión de superiores mayores en Anzère (Valais), 28 de junio de 2016.
Al finalizar la reunión de superiores de la Fraternidad San Pío X, además del comunicado que leyó el 29 de junio de 2016 en las ordenaciones sacerdotales en Ecône, Monseñor Bernard Fellay había dirigido a los sacerdotes en la víspera una declaración que DICI publica en exclusiva.

Para gloria de Dios,
para honor de nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre,
para nuestra salvación.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, en el actual estado de grave necesidad que le concede el derecho de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. La solución no es simplemente jurídica. Se trata de una posición doctrinal que es imprescindible manifestar.
Cuando San Pío X condena el modernismo, reduce toda la argumentación de la encíclica Pascendi a un principio fundamental: la independencia. Ahora bien, en lo sucesivo el mundo empleará todas sus fuerzas para cambiar el eje sobre el que tiene que girar. Tanto para los católicos como para los que no lo son, es evidente que este eje ya no es la Cruz sino el hombre, como atinadamente dijo Pablo VI (Cf. Discurso de clausura del Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965).
Hoy el mundo gira en torno a este eje que, según él, ya ha quedado establecido definitivamente: la dignidad del hombre, su conciencia y su libertad. El hombre moderno existe para sí mismo. El hombre es el rey del universo. Ha destronado a Jesucristo. Exalta su conciencia autónoma e independiente hasta el punto de disolver incluso los fundamentos de la familia y el matrimonio.
La Fraternidad San Pío X se ha opuesto desde siempre a esta empresa de desintegración del universo – tanto de la sociedad política como de la Iglesia.
Para remediar este desorden universal, Dios suscitó a un hombre, un cristiano, un sacerdote, un obispo. ¿Qué hizo? Fundó una Sociedad – sociedad jerárquica – cuyo principio y fin son precisamente el antídoto al desorden universal: el sacramento del Orden. El fin de la Fraternidad San Pío X sigue siendo no sólo el remedio actual a la crisis, sino también, y por la misma razón, la salvación de todos los que cooperan para este mismo fin. La Fraternidad quiere por encima de todo conservar la rectitud doctrinal, teologal y social fundada en la Cruz de Jesucristo, en su Realeza, en su sacrificio, en su sacerdocio, principio de todo orden y de toda gracia. Monseñor Marcel Lefebvre combatió toda su vida para hacer triunfar estas verdades fundamentales. En la hora presente es nuestro deber redoblar los esfuerzos, intensificando el mismo combate fundado sobre los mismos principios.
No somos ni conciliares, que niegan que la Cruz de Cristo sea el eje del mundo, ni facciosos, que rechazan la naturaleza social de la Iglesia, sino una sociedad de sacerdotes de Jesucristo y de la Iglesia católica.
¿Ha llegado realmente el momento de la restauración general de la Iglesia? La Divina Providencia no abandona a su Iglesia, cuya cabeza es el Papa, vicario de Jesucristo. Por ello, un signo incontestable de esta restauración será la voluntad manifestada por el Sumo Pontífice de proporcionar los medios para restablecer el orden del sacerdocio, de la fe y de la Tradición – y ese mismo signo constituirá la garantía de la necesaria unidad de la familia de la Tradición.

Christus regnat,
Christus imperat,
Deo gratias,
Amen.

+ Bernard Fellay
Anzère, 28 de junio de 2016
en la vigilia de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

miércoles, 29 de junio de 2016

Comunicado del Superior General de la FSSPX


Noticia aparecida en DICI, 29-Jun-2016.

Comunicado del Superior general

Al término de la reunión de los superiores mayores de la Fraternidad San Pío X que se llevó a cabo en Suiza, del 25 al 28 de junio de 2016, el Superior General dirige el siguiente comunicado:

La finalidad de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es principalmente la formación de los sacerdotes, condición esencial para la renovación de la Iglesia y para la restauración de la sociedad.

1. En la gran y dolorosa confusión que reina actualmente en la Iglesia, la proclamación de la doctrina católica exige denunciar los errores que han penetrado en su seno, promovidos, lamentablemente, por un gran número de pastores, incluso por el mismo Papa.

2. La Fraternidad San Pío X, en el actual estado de grave necesidad que le concede el derecho y el deber de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. Lo único que desea es llevar fielmente la luz de la Tradición bimilenaria que señala el único camino que debe seguirse en esta época de tinieblas, en la que el culto del hombre reemplaza el culto de Dios, tanto en la sociedad como en la Iglesia.

3. La “restauración de todas las cosas en Cristo”, que quería San Pío X siguiendo a San Pablo (Efe. 1, 10), no podrá lograrse sin el apoyo de un Papa que favorezca concretamente el retorno a la Santa Tradición. A la espera de ese día de gracia, la Fraternidad San Pío X quiere redoblar los esfuerzos para restablecer y difundir, con los medios que le da la Divina Providencia, el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo.

4. La Fraternidad San Pío X reza y hace penitencia para que el Papa tenga la fuerza de proclamar íntegramente la fe y la moral, pues de ese modo acelerará el triunfo del Corazón Inmaculado de María que deseamos, ahora que nos aproximamos al centenario de las apariciones de Fátima.

Mons. Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad San Pío X
Ecône, 29 de junio de 2016
En la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

lunes, 9 de mayo de 2016

Declaración de la FSSPX con relación a la Exhortación Amoris lætitia.


Aparecida en DICI, 06-May-2015.

Declaración de la Fraternidad San Pío X sobre la Exhortación post-sinodal Amoris lætitia del Papa Francisco, del 19 de marzo de 2016.

Es para llorar

“Es una Exhortación Apostólica que lleva por título La alegría del amor, y que nos hace llorar.” Sermón de Mons. Fellay en Puy-en-Velay, 10 de abril de 2016

  1. Entre las numerosas tomas de posición, explicaciones y comentarios divulgados sobre Amoris lætitia, tres estudios realizados por sacerdotes de nuestra Fraternidad han sido publicados recientemente: La exhortación post-sinodal Amoris laetitia: una victoria del subjetivismo del Rev. Padre Matthias Gaudron; Breves consideraciones sobre el capítulo 8 de la Exhortación pontifical Amoris laetitia del Rev. Padre Jean-Michel Gleize; Después del Sínodo: la indisolubilidad en tela de juicio del Rev. Padre Christian Thouvenot. La Casa General aprueba y suscribe por entero estos estudios, que se complementan armoniosamente y dan una visión de conjunto del documento del Papa Francisco.
  1. El procedimiento seguido en los dos sínodos y las circunstancias que los rodearon ya provocaron numerosas preguntas: en el consistorio extraordinario de febrero de 2014, sólo se invitó al Cardenal Walter Kasper para que precisara el tema del sínodo, cuando era notorio que militaba desde hacía años por el levantamiento de la prohibición de derecho divino de dar el Cuerpo de Cristo a los pecadores públicos. El informe provisorio, Relatio post disceptationem, publicado en octubre de 2014 durante el primer sínodo, no correspondía a los resultados de las discusiones. En el informe final, se incluyeron temas que no habían sido aprobados por el sínodo. Justo antes del segundo sínodo ordinario, el Papa publicó dos Motu proprio que se referían exactamente al tema del sínodo, facilitando el procedimiento canónico de las declaraciones de nulidad de matrimonios. Y una carta confidencial de 13 cardenales que expresaba los temores sobre el resultado del sínodo, era calificada públicamente como “conspiración”.
  1. La cuestión de la admisión a la sagrada comunión de los divorciados “vueltos a casar” ya fue tratada varias veces por la Iglesia, que respondió claramente, incluso en estos últimos años[1]. Por lo tanto, un nuevo debate sobre la enseñanza constante y la práctica de la Iglesia sólo podía perjudicarlas y obscurecerlas, en vez de arrojar nueva luz. Es lo que sucedió.
  1. De un documento pontificio se espera una exposición clara del Magisterio de la Iglesia y de la vida cristiana. Ahora bien, como otros lo han destacado con razón, Amoris lætitia es más “un tratado de psicología, de pedagogía, de teología moral y pastoral y de espiritualidad”. La Iglesia tiene la misión de proclamar las enseñanzas de Jesucristo a tiempo y a destiempo y de presentar las conclusiones que se imponen para el bien de las almas. Le compete recordar la Ley de Dios, y no minimizarla ni explicar cómo, en ciertos casos, sería inaplicable. Debe afirmar los principios cuya aplicación concreta deja a los pastores de almas, al confesor, como así también a la conciencia iluminada por la fe, regla próxima del obrar humano.
  1. En su búsqueda de una pastoral de la misericordia, el texto está marcado, en ciertos pasajes, por el subjetivismo y el relativismo moral. La regla objetiva es remplazada, a la manera protestante, por la conciencia personal. Este veneno tiene sus raíces, entre otras cosas, en el personalismo que, en la pastoral familiar, ya no coloca el don de la vida y el bien de la familia en primer plano, sino la realización personal y el desarrollo espiritual de los cónyuges. Respecto a este punto, hay que lamentar una vez más la inversión de los fines del matrimonio esbozada en la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, inversión que se encuentra también en Amoris lætitia. La llamada “ley de gradualidad” echa por tierra la moral católica.
  1. Las consecuencias de Amoris lætitia ya se hacen sentir en la Iglesia: un párroco, en conformidad con su deber, se niega a dar el Cuerpo de Cristo a pecadores públicos, mientras que otro invita a todo el mundo a la santa comunión. El Presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas declaró que Amoris lætitiasería inmediatamente puesta en práctica en su país y que por lo tanto, en ciertos casos, personas divorciadas y “vueltas a casar” recibirán la comunión[2]. Una división profunda se perfila en el seno del episcopado y del Sacro colegio. Los fieles están desorientados y la Iglesia toda sufre por esta ruptura. Cuestionar la obligación de observar en todos los casos los mandamientos de la ley de Dios, en particular el de la fidelidad conyugal, es capitular ante la dictadura de los hechos y del espíritu de la época: ya en numerosos países –en Alemania, por ejemplo– se pisotea desde hace mucho la práctica que deriva de este mandamiento divino. En lugar de elevar lo que es al nivel de lo que debe ser, se rebaja lo que debe ser a lo que es, a la moral permisiva de los modernistas y progresistas. Quienes ya no conviven dentro del matrimonio, pero que en esta situación han permanecido fieles a la promesa que hicieron ante el altar, de manera muy virtuosa y a veces heroica, se sienten traicionados. Es para llorar.
  1. Rogamos humilde, pero decididamente, al Santo Padre que revise al menos el capítulo 8 de Amoris laetitia. Como en los textos del Concilio Vaticano II, lo que es ambiguo debe ser interpretado de manera clara, y lo que está en contradicción con la doctrina y la práctica constante de la Iglesia debe ser retirado, para gloria de Dios, por el bien de toda la Iglesia, por la salvación de las almas, especialmente de aquellas que están en peligro de dejarse engañar por la apariencia de una falsa misericordia.

Menzingen, 2 de mayo de 2016
en la fiesta de San Atanasio

[1] Cfr. Exhortación apostólica Familiaris consortio (n° 84); Catecismo de la Iglesia Católica (n° 1650); Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 14 de septiembre de 1994; Declaración del Consejo Pontificio para los textos legislativos del 24 de junio de 2000.
[2] Declaración del 9 de abril de 2016: “Esta es una disposición de misericordia, una apertura de corazón y espíritu que no necesita ninguna ley, ni aguarda directrices o indicaciones. Puede y debe ponerse en práctica inmediatamente”.

lunes, 18 de abril de 2016

Noticias sobre la audiencia privada entre el Papa Francisco y Mons. Bernard Fellay.

Publicado en DICI, 04-Abr-2016.


Fraternidad Sacerdotal San Pío X: El Papa Francisco recibió a Mons. Fellay el viernes 1° de abril

El Papa Francisco recibió a Mons. Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, acompañado del R. P. Alain-Marc Nély, segundo Asistente General, en la Casa Santa Marta, este viernes 1° de abril de 2016, a las 17 hrs.

Mons. Fellay no había tenido la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco desde su elección, en marzo de 2013, a no ser muy brevemente en la Casa Santa Marta el 13 de diciembre de 2013 (ver DICI n°296 du 16/05/14). En cambio, algunos sacerdotes de la Fraternidad habían sido recibidos por el Sumo Pontífice, con relación a dificultades administrativas del Distrito de Argentina (ver DICI n°314 du 24/04/15).

El Papa Francisco había deseado un encuentro privado e informal, sin el carácter oficial de una audiencia. Este encuentro duró 40 minutos y se desarrolló en un clima cordial. Como resultado de la reunión, se decidió que los intercambios en curso continúen. No se trató directamente de la situación canónica de la Fraternidad, pues el Papa Francisco y Mons. Fellay consideran que esos intercambios se deben continuar sin precipitación.
Al día siguiente, sábado 2 de abril, Mons. Fellay se reunió con Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, en el marco de las relaciones habituales de la Fraternidad con dicha Comisión desde las discusiones doctrinales 2009-2011 y las visitas de varios prelados en 2015-2016. (ver DICI n°307 du 19/12/14 y n°311 du 27/02/16).

Fuente: FSSPX/MG – DICI del 04/04/16)

A su vez, leemos la información del sitio de internet del Distrito de Estados Unidos de la FSPX, 10-Abr-2016, traducción de Secretum Meum Mihi, 11-Abr-2016.


Obispo Fellay habla de su reunión con Francisco

El Domingo, 10 de Abril de 2016, el Obispo Bernard Fellay celebró Misa al final de la peregrinación a Le Puy. Frente a 4.000 peregrinos de la FSSPX, comentó sobre su reciente visita a Roma. A pesar de la nueva Exhortación Amoris Lætitia que “nos trajo lagrimas”, él reveló algunas buenas noticias de su reunión del 1° de Abril con el Papa Francisco.

Según 
Le Salon Beige, el Obispo Fellay dijo que el Papa consideró católica a la FSSPX, que no tenía intención de condenarla, y que quería extender la jusrisdicción de los sacerdotes de la FSSPX, comenzando con la facultad para las confesiones. Durante sus reuniones en Roma, el Obispo Fellay fue incluso animado a abrir un seminario en Italia.

[...]

Para que no haya duda, la propia agencia DICI, que es uno de los órganos informativos de la FSSPX/SSPX, ha publicado el audio del sermón aludido (en francés).

También, adjuntamos lo que ha declarado, a raíz de la reciente reunión privada de Francisco con el Superior General de la FSSPX, Mons. Bernard Fellay, y el secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, Mons. Guido Pozzo, que ha contestado tres preguntas que le formulara la agencia Zenit, 08-Abr-2016. Tomamos la traducción de Secretum Meum Mihi, 09-Abr-2016.


Lo que se pide a la FSSPX/SSPX, responde Mons. Guido Pozzo

¿Excelencia, se puede decir que el encuentro de monseñor Fellay con el Santo Padre es un paso adelante en las discusiones hacia la plena comunión?

La audiencia concedida por el Santo Padre a monseñor Fellay ha sido una audiencia de carácter privado, no oficial. Ciertamente creo que se pueda decir que se sitúa provechosamente en el contexto del camino de la FSSPX hacia la plena reconciliación que sucederá con el reconocimiento canónico del Instituto. En este momento es importante sobre todo contribuir para crear un clima cada vez más de confianza y de respeto para superar las rigideces y desconfianzas, que pueden ser comprensibles después de tantos años de distancia y fractura pero, en esta etapa, tenemos la intención de disipar, recuperando las razones de la unidad y de la promoción de la integridad de la fe católica y de la tradición de la Iglesia.

¿Cuáles son los requisitos fundamentales pedidos a la FSSPX, para su plena comunión con la Iglesia de Roma?

Antes que todo, es necesario reiterar que el ser católico requiere la adhesión a la Profesión de Fe, el vínculo de los sacramentos y la comunión jerárquica con el Romano Pontífice, Cabeza del Colegio de los Obispos en comunión con él. La Declaración Doctrinal, que será sometida a la adhesión a la FSSPX en el momento oportuno, contendrá estos tres puntos esenciales y necesarios.

Sobre el Concilio Vaticano II y su aceptación, ¿qué se puede pedir a la FSSPX?

En cuanto respecta al Concilio Vaticano II, el camino cumplido en las conversaciones de estos años recientes ha conducido a una importante aclaración: el Concilio Vaticano II puede ser entendido adecuadamente sólo en el contexto de toda la Tradición de la Iglesia y de su constante Magisterio. Las afirmaciones de verdad de fe y de doctrina católica cierta, contenidas en los documentos del Vaticano II, deben ser acogidas según el grado de adhesión requerido. En los Decretos o Declaraciones (Unitatis RedintegratioNostra AetateDignitatis Humanae) están presentes directrices para la acción pastoral u orientaciones y sugerencias o exhortaciones de carácter práctico-pastoral, que constituirán —incluso después del reconocimiento canónico— objeto de discusión, de profundización, de una mejor precisión, útil para evitar cualquier malentendido o equivoco, que por desgracia sabemos se difunden en el mundo eclesial actual. De manera más general, podemos decir que a la FSSPX se le pide aceptar únicamente al Magisterio de la Iglesia le ha sido confiado el depósito de la fe para ser custodiado, defendido e interpretado (cfr. Pío XII, encíclica Humani Generis) y que el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, enseñando solamente lo que ha sido transmitido (Dei Verbum, 10). El Magisterio Supremo es a su vez el auténtico intérprete también de los textos precedentes del Magisterio —incluidos los del Vaticano II— a la luz de la perenne Tradición que se desarrolla en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, no con una novedad contraria sino con una mejor comprensión del depósito de la fe, “siempre en la misma doctrina, en el mismo sentido y en la misma interpretación”, como enseña el Concilio Vaticano I, Dei Filius 4 y el Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 8.


Esta aclaración creo que podría constituir un punto fijo también para la FSSPX. Las dificultades planteadas por la FSSPX sobre las cuestiones de la relación Estado-Iglesia y de la libertad religiosa, de la práctica del ecumenismo y del diálogo con las religiones no cristianas, de algunos aspectos de la reforma litúrgica y de su aplicación concreta, siguen siendo objeto de discusión y aclaración, pero no constituyen obstáculo para el reconocimiento canónico y jurídico de la FSSPX.

lunes, 29 de febrero de 2016

Mons. de Galarreta: “Pienso que el Papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral”.


Recordamos una cordial conversación mantenida con un miembro de la FSSPX que nos negaba la posibilidad que anticipada el obispo Mons. Richard Williamson (en su Comentario Eleison n° 449 del 3 de mayo de 2014, ver aquí) de un supuesto y posible reconocimiento de dicha congregación, por parte de las autoridades romanas, en sentido “unilateral”. Ahora bien, la frase que encabeza el artículo es de Mons. Alfonso De Galarreta, uno de los obispos de la FSSPX, el cual en su momento, encabezó por parte de dicha Fraternidad las llamadas discusiones doctrinales con Roma, entre 2009 y 2012. La frase está contenida en los apartes de una conferencia del 17-Ene-2016, publicada por órgano informativo oficial de la FSSPX DICI, 26-Ene-2016. También publicamos las palabras dichas en la entrevista concedida a la agencia Zenit, 28-Feb-2016, de Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei».

Primero, la traducción de la conferencia Mons. de Galarreta, la cual fue pronunciada en Bailly, cerca de Versalles, Francia, 17-Ene-2016. La traducción es ofrecida por el Blog Non Possumus, 26-Feb-2016.

Mons. de Galarreta: “Pienso que el Papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral”
26-02-2016


Mons. Alfonso de Galarreta dio una conferencia en Bailly, cerca de Versalles, el 17 de enero de 2016. Expuso la situación actual de la Iglesia e informó a su auditores del estado actual de las relaciones entre Roma y la FSSPX. Él dirigió la comisión de teólogos de la FSSPX durante las conversaciones doctrinales con Roma, entre 2009 y 2011. He aquí los extractos más significativos de su conferencia, transcritos por DICI.

Una agravación de la crisis de la fe que suscita reacciones públicas

En una primera parte, Mons. de Galarreta constata que en Roma se desarrolla “una voluntad de sacar todas las conclusiones contenidas en los principios del concilio Vaticano II”. Las ideas conciliares del ecumenismo, de la libertad religiosa y de la colegialidad, estando ya adquiridas, según las autoridades romanas, es la moral que ahora está atacada por una forma de evolucionismo: “Esto ya es verdadero para el dogma, para la verdad (según los progresistas); esto ya es verdadero para el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, todo el espíritu liberal revolucionario… entonces ¿por qué no para la moral también? En el fondo, era una incoherencia no aplicar la evolución a la moral igualmente”, esta última es llevada entonces a adaptarse también “en función de la vida del hombre, las costumbre, las leyes, la evolución de las cosas…”.

Sin embargo, el prelado argentino reconoce que, frente a este desastre, una reacción se manifiesta: “Ahora es en la Iglesia actual, oficial, que empieza a haber reacciones. Y las reacciones se profundizan, pues algunos se dan cuenta que por lo menos hay un problema doctrinal, un problema de fe. Ellos se dan cuenta que también hay un problema en el magisterio conciliar y posconciliar. Ellos comienzan a plantearse preguntas y, aspecto muy importante, ellos comprenden que para oponerse a esta ruptura total con la Tradición es necesario actuar, y oponerse necesariamente a las autoridades que son quienes difunden estos errores. Es así que vemos cardenales, obispos, sacerdotes, laicos que comienzan a reaccionar, y en el buen sentido e incluso con mucho sentido común, algunas veces con mucha firmeza”.

Una doble proposición romana: doctrinal y canónica

Enseguida Mons. de Galarreta indica que una proposición de prelatura personal fue hecha por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en verano de 2015, acompañada de una proposición de declaración doctrinal. E hizo saber que el “Superior general envió los dos textos romanos a todos los superiores mayores y a algunos teólogos de la Fraternidad, así como a los obispos, para que se hiciera un análisis, para que diéramos nuestra opinión”.

Respecto a la proposición de declaración doctrinal, el obispo argentino reconoce: “lo que vemos en la declaración doctrinal, es que ya no está la profesión de fe del cardenal Ratzinger. Las autoridades romanas nos piden la profesión de fe de Pio IV, es decir, la profesión de Fe del concilio de Trento. Luego, en la precedente proposición, había un párrafo sobre la libertad religiosa. Suprimieron esta exigencia. El ecumenismo se suprimió. Para la misa nos pedían reconocer la validez y la legitimidad. Ahora nos piden reconocer la validez de los nuevos sacramentos, de la nueva misa, según la edición típica, la edición latina original. Lo que la Fraternidad siempre ha reconocido. Miren, ellos eliminan las condiciones para tratar de llegar”.

Luego, Mons. de Galarreta indica que el Superior general ha querido responder a la oferta romana de reconocer a la Fraternidad “tal cual es”, por una respuesta previa que no es imprecisa: “Mons. Fellay nos dijo: “antes de responder a esta proposición de la Congregación de la Fe, les voy a escribir, de manera muy exhaustiva, para precisar bien cómo somos nosotros y cómo actuamos, qué predicamos, qué hacemos, qué no hacemos, y lo que no estamos dispuestos a hacer”, con el fin de saber si la Fraternidad es aceptada “tal cual es” verdaderamente.

El prelado argentino expresa entonces sus reservas por una razón doctrinal de fondo: “Ellos quieren sobretodo y siempre hacernos aceptar, por lo menos vagamente, al menos en principio, el concilio Vaticano II y sus errores”. Y agrega que esta voluntad romana se reencuentra, en el plan práctico, en la proposición canónica: “Siempre hay, de una manera o de otra, una sumisión respecto a los dicasterios romanos, o respecto a los obispos”. Lo que lo lleva a afirmar que, personalmente, él rechazaría las proposiciones romanas: “Para mí, un acuerdo con la Roma actual está excluido”. Precisa que se trata de un rechazo prudencial dictado por las circunstancias -en la ausencia de garantías necesarias a la vida de la Fraternidad-, y se quiere distinguir de aquellos que hacen de este rechazo un absoluto:

“Nosotros no rechazamos, ustedes lo ven, de manera absoluta y teórica la posibilidad de un acuerdo con Roma. Esto es lo que nos distingue de la “Resistencia”. Para ellos es un principio. Es una cuestión doctrinal: “Usted no puede admitir la posibilidad de un acuerdo con Roma sin ser liberal”. Esta no es nuestra posición. Hay que decirlo de nuevo: esa no era la posición de Mons. Lefebvre. Él firmó un protocolo de acuerdo con Roma. Y en ese momento, incluso cuando rompió después el protocolo, Monseñor dijo: “es porque no hay las condiciones necesarias para nuestra supervivencia, para nuestra protección. Porque ellos quieren engañarnos, porque ellos no quieren darnos la Tradición, porque ellos quieren llevarnos al Vaticano II. Es porque no hay las condiciones. Él dijo: “Si me hubieran dado las condiciones, las condiciones que puse, hubiera firmado”. Esto lo dijo Mons. Lefebvre después de las consagraciones. Y precisó: “si firmé un protocolo de acuerdo, es porque no había nada contrario a la fe”. Ni en el contenido, ni en el hecho de firmar. Es evidente. Por lo tanto nosotros continuamos en esta línea”.

¿Hacia un reconocimiento unilateral de la Fraternidad?

En una segunda parte, y más allá de las proposiciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. De Galarreta confía públicamente que piensa que el papa puede próximamente conferir un estatus a la FSSPX:

“Yo pienso más bien, y este es el otro aspecto de las cosas, que este papa que dice a quien quiere escucharlo que nosotros somos católicos, que dice y repita que la Fraternidad es católica, que somos católicos, que nunca nos va a condenar y que es necesario arreglar nuestro “asunto”. Yo pienso que -él ha comenzado en esta vía- cuando él vea que no hay entendimiento con la Congregación de la Fe, yo creo que él va a anular toda condición doctrinal, teórica, práctica, o lo que sea… Él mismo hará pasos en el sentido de un reconocimiento de la Fraternidad. Ya ha comenzado, simplemente él va a continuar. Aquí yo no digo que yo lo desee, yo digo lo que preveo. Yo preveo, yo pienso que el papa irá en el sentido de un reconocimiento unilateral de la Fraternidad, y más bien por la vía de los hechos que por una vía de derecho o legal, canónico”.

Mons. De Galarreta reconoce que “este reconocimientode facto tendrá un efecto bueno, benéfico: es una apertura apostólica bastante extraordinaria, esto tendrá un efecto extraordinario”. Pero agrega que habría dos riesgos: el de crear una división interna y el de condicionar la predicación en ciertas circunstancias. Y de interrogarse: “Será necesaria una sabiduría, una prudencia extraordinaria, una firmeza, una claridad muy grande. ¿Somos capaces de eso?”.

El prelado argentino responde pidiendo conservar una confianza sobrenatural frente a estas eventualidades: “Si la Providencia nos envía esto, es allí que tendremos las gracias necesarias para superar las dificultades y para lidiarlas como se necesite, pero por supuesto en la medida en que no sea producida por nuestra voluntad, donde se nos imponga. Si tenemos las ideas claras, siempre podemos aprovechar para el bien. Pero en este caso hipotético -yo les doy mi opinión sobre conjeturas, ¿verdad?- en este caso pienso que tendremos las gracias necesarias para perseverar y para hacer el bien que debemos hacer en la Santa Iglesia. El Buen Dios jamás nos renegará, no dejará de darnos los medios para perseverar en la fe y en el verdadero combate, si permanecemos siempre en la fe, en la esperanza, en la caridad, en la fuerza de la confesión de la fe, en la santificación cotidiana”.

El miedo a los riesgos y la confianza en la Providencia divina

Y concluye después de haber planteado una objeción: “Entonces ustedes me dirán: “¡en este caso, hay un riesgo!” Sí, por supuesto. En la vida hay muchos riesgos, en una guerra todavía más. Estamos en guerra. Por lo tanto será lo que el Buen Dios quiera. Pero yo tengo confianza en la Providencia, y tengo una confianza total en el amor de Nuestro Señor Jesucristo por la Santa Iglesia. Entonces en la medida que nosotros no lo busquemos, incluso si esto sucede, yo creo que no hay que inquietarse. Nada cambia. Es el mismo combate que continúa, la misma línea. Simplemente, se trata de aprovechar estos espacios de la libertad que nos son dejados. En una guerra si el enemigo abandona las trincheras, hay que tomarlas; si se retira, hay que avanzar. Usted no se quedará donde está bajo pretexto de que hay riesgos. Hay que decir las cosas prudentemente, y después es necesario el valor. Y sobre todo en nosotros es necesaria la confianza en Dios. Es el combate por Dios. Es el combate de Dios. Nuestra confianza está en Él y en la Santísima Virgen María”.

“Personalmente yo no estoy inquieto en lo absoluto respecto al futuro de la Fraternidad o de la Tradición; por el contrario, respecto al futuro de la sociedad, de nuestras naciones antaño católicas o incluso de la Iglesia oficial, sí, yo estoy inquieto y pesimista. Se prevé que esto evolucionará para peor. Ahora bien, es justamente cuando llegamos a una situación mucho más desesperada, extrema, que está la intervención de la Divina Providencia, la intervención de Dios que tiene sus medios divinos. Nuestro Señor es siempre el amo de los acontecimientos, de la historia. Y no solamente en general, sino en lo particular. Por lo tanto, si el Evangelio nos dice que no hay un solo cabello de nuestra cabeza que caiga… que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, que no hay ni una pluma que caiga sin el permiso de Dios (cf. Mat 10, 29-30), creo que hay que permanecer muy tranquilos. Es así que conservamos un juicio equitativo sobre las realidades objetivas, y que se conserva una actitud no solamente equilibrada, sino católica, cristiana y santa. Esta es la sabiduría que nos transmitió Mons. Lefebvre, esta actitud católica. Nosotros podemos conservar ahora esta línea en la situación actual de la Santa Iglesia, así como ante todas las eventualidades que se presentarán dentro de poco”.

Ahora, a continuación, la traducción de la entrevista con Mons. Guido Pozzo, también tomada de Non Possumus, 26-Feb-2016.

¿En qué punto está el diálogo con los lefebvrianos?

Después de la remisión de la excomunión en 2009, por Benedicto XVI, la apertura hecha por Francisco con ocasión del Año Santo es un nuevo paso hacia el reconocimiento canónico.

Mucho se ha hablado en estos años de la sufrida aproximación a la Iglesia de Roma por parte de la FSSPX, fundada por Mons. Marcel Lefebvre. El levantamiento de la excomunión por parte de Benedicto XVI no cancela todavía la posición irregular en la cual están los lefebvristas.

Se mantiene, de hecho, su falta de aceptación de la liturgia Novus Ordo, el ecumenismo y la libertad religiosa, pero la ulterior apertura realizada por el papa Francisco -que, con ocasión del Jubileo, ha sancionado la validez de la recepción de los sacramentos de la confesión y de unción de los enfermos administrado por sacerdotes lefebvrianos- representa un nuevo paso hacia el reconocimiento canónico.

Para saber más acerca de la situación actual de la Fraternidad San Pío X, Zenit ha entrevistado a Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia ComisiónEcclesia Dei, fundada en 1988 por San Juan Pablo II, con el principal objetivo de iniciar un diálogo con los lefebvrianos, para llegar un día a su plena reintegración.

Excelencia, en 2009 el Papa Benedicto XVI levantó la excomunión de la Fraternidad San Pío X. ¿Esto significa que ahora están de vuelta en comunión con Roma?

Con el levantamiento de parte de Benedicto XVI de la pena de excomunión a los obispos de la FSSPX (2009), ellos ya no están sujetos a esta grave penalización eclesiástica. Con esta medida, sin embargo, la FSSPX se encuentra todavía en una situación irregular, ya que no ha recibido el reconocimiento canónico por la Santa Sede. Mientras la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, sus ministros no ejercen de manera legítima el ministerio y la celebración de los sacramentos. De acuerdo con la fórmula empleada por el entonces cardenal Bergoglio en Buenos Aires y confirmada por Francisco a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, los miembros de la FSSPX son católicos en camino hacia la plena comunión con la Santa Sede. Esta plena comunión se tendrá cuando se lleve a cabo el reconocimiento canónico de la Fraternidad.

¿Qué pasos han sido hechos por la Santa Sede en estos siete años para favorecer el acercamiento de la Fraternidad San Pío X?

Tras el levantamiento de la excomunión en 2009, se iniciaron una serie de encuentros de carácter doctrinal entre expertos designados por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que está estrechamente vinculada a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei después del Motu proprio de Benedicto XVI Ecclesiae unitatem (2009), y expertos de la FSSPX para discutir y confrontarse sobre los principales problemas doctrinales que están en la base de la controversia con la Santa Sede: la relación entre Tradición y Magisterio, la cuestión del ecumenismo, del diálogo interreligioso, de la libertad religiosa y de la reforma litúrgica, en el contexto de la enseñanza del Concilio Vaticano II.

Este encuentro, que duró cerca de dos años, consiguió aclarar las respectivas posiciones teológicas sobre el tema, para resaltar los puntos de convergencia y divergencia.

En los años siguientes los coloquios doctrinales continuaron con algunas iniciativas dirigidas al ahondamiento y a la aclaración de las temáticas en discusión. Al mismo tiempo los contactos entre los Superiores de la Comisión Ecclesia Dei y los Superiores y otros exponentes del FSSPX, han favorecido el desarrollo de un clima de confianza y respeto recíproco, que tiene que ser a la base de un proceso de acercamiento. Hace falta superar las desconfianzas y los entumecimientos que son comprensibles después de muchos años de fractura, pero que pueden ser gradualmente disipados si la actitud recíproca cambia y si las divergencias no son consideradas como muros infranqueables, sino como puntos de discusión que merecen ser profundizados y desarrollados hacia una aclaración útil a la Iglesia entera. Ahora estamos en una fase que creo constructiva y orientada a alcanzar la esperada reconciliación. El gesto del papa Francisco de conceder a los fieles católicos de recibir válida y lícitamente el sacramento de la reconciliación y la unción de los enfermos por los obispos y sacerdotes de la FSSPX durante el Año Santo de la Misericordia, es claramente el signo de la voluntad del Santo Padre de favorecer el camino hacia el reconocimiento canónico pleno y estable.

¿Cuáles son los obstáculos que aún se interponen en el camino a la reconciliación definitiva?

Distinguiría dos niveles. El nivel específicamente doctrinal, que concierne a algunas divergencias acerca de temas particulares propuestos por el Concilio Vaticano II y del Magisterio postconciliar, relativos al ecumenismo, a la relación entre el Cristianismo y las religiones del mundo, a la libertad religiosa sobre todo en la relación entre Iglesia y Estado, a algunos aspectos de la reforma litúrgica. El nivel de la actitud mental y psicológica, que tiene que pasar de una posición de choque polémico y antagonista, a una posición de escucha y recíproco respeto, de consideración y de confianza, como tiene que pasar entre miembros del mismo Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Hace falta trabajar sobre estos dos niveles. Pienso que el camino de aproximación emprendida ha dado algún fruto, sobre todo por este cambio de actitud de ambas partes y merece la pena continuar sobre esta línea.

Incluso en el tema del Concilio Vaticano II, creo que la FSSPX debe reflexionar sobre la distinción, que en mi opinión es fundamental y absolutamente dirimente, entre la mens auténtica del Vaticano II, su intentio docendi, como se muestra por las Actas oficiales del Concilio, y lo que yo llamaría el "paraconcilio", es decir el conjunto de orientaciones teológicas y actitudes prácticas, que acompañaron el curso del Concilio mismo, pretendiendo luego cubrirse con su nombre, y que en la opinión pública, gracias también al influjo del medios de comunicación, a menudo se han agregado al verdadero pensamiento del Concilio. A menudo en la discusión con la FSSPX, la oposición no es al Concilio, sino al "espíritu" del Concilio, que se vale de algunas expresiones o formulaciones de los documentos conciliares para abrir el camino a interpretaciones y posiciones que están muy lejos y, a veces instrumentalizar el verdadero pensamiento conciliar.

También en lo que concierne a la crítica lefebvrista sobre la libertad religiosa, en el fondo de la discusión a mí me parece que la posición del FSSPX está caracterizada por la defensa de la doctrina a tradicional católica contra el laicismo agnóstico del Estado y contra el laicismo y relativismo ideológico y no contra el derecho a la persona a no ser coartada ni impedida por el Estado en el ejercicio de la profesión de fe religiosa.

Se trata en todo caso de temas que también podrán ser objeto de ahondamiento y aclaración después de la plena reconciliación. Lo que aparece esencial es hallar una plena convergencia sobre lo que es necesario para estar en plena comunión con la Sede Apostólica, es decir sobre la integridad de la Profesión de Fe católica, sobre el vínculo de los sacramentos y sobre la aceptación del Supremo Magisterio de la Iglesia. El Magisterio, que no está por encima de la Palabra de Dios escrita y transmitida, sino a su servicio, es el auténtico intérprete también de los textos anteriores del Magisterio, incluidos los del Concilio Vaticano II, a la luz de la Tradición perenne, que se desarrolla en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, no con un contrario novedad (que sería negar el dogma católico), sino con una mejor comprensión del depósito de la fe, en la misma doctrina, el mismo sentido y en un mismo parecer (in eodem scilicet dogmate, eodem sensu et eademque sententia, cf. Concilio Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, 4). Creo que en estos puntos la convergencia con la FSSPX no sólo es posible, sino necesaria. Esto no afecta la posibilidad y la legitimidad de discutir y explorar otras cuestiones particulares, que he mencionado anteriormente, que no se refieren a cuestiones de fe, sino más bien a orientaciones pastorales y juicios de carácter prudencial y no dogmáticos, sobre los que también se puede tener diferentes puntos de vista. No se trata por lo tanto de ignorar o domesticar las diferencias sobre algunos aspectos de la vida pastoral de la Iglesia, sino se trata de tener presente que en el Concilio Vaticano II hay documentos doctrinales, que intentan reavivar la verdad de fe ya definida o verdad de la doctrina católica es. Const. dogm. Dei Verbum, Const. dogm. Lumen gentium), y hay documentos que tienen la intención de sugerir orientaciones y directrices para la acción práctica, es decir, para la vida pastoral como una aplicación de la doctrina (Decl. Nostra Aetate, DecretoUnitatis Redintegratio, Decl. Dignitatis humanae). La adhesión a las enseñanzas del Magisterio varía según el grado de autoridad y la categoría de verdad propia de los documentos magisterial. No me resulta que el FSSPX haya negado doctrina de fe o verdad de la doctrina católica enseñadas por el Magisterio. Los relieves críticos conciernen en cambio a afirmaciones o indicaciones concernientes al renovado cuidado pastoral en las relaciones ecuménicas y con las otras religiones y algunas cuestiones de orden prudencial en la relación Iglesia y sociedad, Iglesia y Estado. Sobre la reforma litúrgica, me limito a mencionar una declaración que Mons. Lefebvre le escribió a Papa a Juan Paolo II en una carta del 8 de marzo de 1980: "En cuanto a la misaNovus Ordo, a pesar de todas las reservas que se deben hacer al respecto, yo no he afirmado nunca que ella sea inválida o herética." En cuanto a las reservas al ritual delNovus Ordo, que no hay obviamente que subvalorar, no se refieren ni a la validez de la celebración del sacramento ni a la recta fe católica. Será por lo tanto oportuno proseguir en la discusión y en la clarificación de tales reservas.

Con ocasión del Año de la Misericordia ha llegado un gesto conciliador de parte de papa Francisco: los fieles católicos también podrán recibir el sacramento de la reconciliación de parte de sacerdotes pertenecientes a la Fraternidad. ¿Qué comporta esta medida? ¿Cree que este gesto puede reabrir concretamente un diálogo que, de algún tiempo, pareció estancado?

Como ya he dicho anteriormente, el diálogo con la FSSPX nunca se ha estancado. Más bien, se decidió que seguiría de una forma menos y formal, para dar espacio y tiempo a una maduración de las relaciones en la línea de la actitud de confianza y escucha recíproca para favorecer un clima de relaciones más idóneo donde colocar el momento de la discusión teológica y doctrinal. El Santo Padre ha animado a la Pontificia ComisiónEcclesia Dei desde el principio de su pontificado a perseguir esta forma de relaciones en la discusión con la FSSPX. En este contexto el gesto distensor y magnánimo del papa Francisco en la circunstancia del año de la Misericordia ha contribuido indudablemente a serenar ulteriormente el estado de las relaciones con la Fraternidad, mostrando que la Santa Sede tiene en su corazón el acercamiento y la reconciliación, que deberá también tener un revestimiento canónico. Espero y deseo que este sentimiento y esta voluntad sean compartidos también por la FSSPX.

sábado, 30 de enero de 2016

Mons. Fellay: “todas las sanciones que pesaban sobre los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X están levantadas”.

El portal Adelante la Fe, 30-Ene-2016, vinculado a los movimientos Ecclesia Dei, publica una traducción de la entrevista realizada a Mons. Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX.


Mons. Fellay: “todas las sanciones que pesaban sobre los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X están levantadas”

Con motivo de la Marcha por la vida celebrada en la capital estadounidense el pasado 22 de enero, en la cual participó monseñor Bernard Fellay, concedió la tarde anterior una conferencia de prensa sobre el tema de la familia. Ante unas 200 personas y seguido en tiempo real por Internet desde todos los rincones del mundo, el superior general de la Fraternidad San Pío X respondió a las preguntas de James Vogel, responsable de la casa editora del distrito de los Estados Unidos, Angelus Press.

DICI ofrece a sus lectores la traducción de las palabras más significativas pronunciadas por monseñor Fellay con relación al aborto, la situación de la Iglesia y la relación de la Fraternidad con Roma y el papa Francisco.

La Marcha por la Vida

“No se trata de una cuestión nacional. Es un combate a nivel mundial. Tenemos que defender a los inocentes, y esta batalla por la defensa de los inocentes es parte de un combate de grandes proporciones. (…) Lo verdaderamente impresionante es ver que esto sucede en todas partes, en todos los países. Algunos lo llaman progreso. Afirman hacer cosas muy buenas, cuando están destruyendo la humanidad. Comienzan esta destrucción de la naturaleza humana en el inicio mismo del ser humano, en el vientre mismo de la futura madre. (…)
Es indudable que tenemos que defender a los inocentes. Para eso he venido, para animar a todos a participar en esta importante batalla” [1].

Confusión en la Iglesia

“Hay una palabra que resume muy bien la situación la Iglesia: confusión. Y el último sínodo sobre la familia ha sido la expresión de dicha confusión. Lo que pasó con el documento final es ciertamente significativo (…) Se terminó con un texto ambiguo y al final no se sabe qué hacer, qué pensar. Creo que nunca habíamos tenido tanta confusión en la Iglesia. Varios obispos progresistas explicaron cosas increíbles sobre cuestiones fundamentales de moral, sin que los haya censurado la autoridad que se lo permitió. A parte de esto, hay cardenales y obispos que se han puesto en contra de ellos públicamente, sin rebozo. Esto también es una novedad. Y podemos albergar la esperanza de que esto sea el principio de una auténtica reacción, ¡que ya va siendo hora de que la tengamos!”.

Obispos contra obispos

“Esta situación me hace recordar al mensaje de La Salette. La Santísima Virgen María anunció tiempos difíciles para la Iglesia: obispos contra obispos y cardenales contra cardenales. Y si observamos la historia de la Iglesia, hasta ahora no encontramos una situación parecida.
Es francamente trágico. ¿Cómo podrán orientarse los fieles? Y aunque hoy el Santo Padre publicara un documento claro y preciso, sería demasiado tarde. El mal está hecho. Cuando algo se rompe, hace falta mucho esfuerzo para reconstruirlo. Y esa es la situación en que nos encontramos hoy en día”.

La jurisdicción concedida a los padres de la Fraternidad San Pío X para confesar

“No es otra cosa que una delegación de potestad, una  potestad ordinaria para confesar a los fieles. En circunstancias normales, esa potestad se la concede el obispo al sacerdote. Pero en este caso la hemos recibido directamente del Papa. Es muy excepcional, pero es posible.(…) Y eso significa, necesariamente, que todas las sanciones que pesaban sobre los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X están levantadas. Las sanciones y la autorización para confesar no pueden estar vigentes a la vez. Sería absurdo”.

Relaciones con Roma

“Puede parecer difícil de entender, porque el Papa hace muchos reproches a personas que insisten en la doctrina, que no quieren cambio… Pero no cabe la menor duda de que el Papa se ocupa personalmente de nuestro caso.
Nos conoce muy bien, y su comportamiento nos obliga a pensar que nos tiene simpatía… Puede parecer contradictorio. Personalmente, yo estaba convencido de que Roma nos iba a condenar de nuevo, y resulta que es al revés”.

El papa Francisco y la Fraternidad San Pío X

“Nos conoce desde que estaba en Argentina. Teníamos relación con él por cuestiones administrativas. En Argentina hay un concordato que permite a los sacerdotes extranjeros obtener permiso de residencia a condición de que lo acepte el obispo de la localidad. Algo perfectamente normal en sí. Evidentemente, teníamos un problema con un obispo que no quería nuestra presencia allí. Habríamos podido solicitar reconocimiento directamente al estado argentino, pero era impensable: somos católicos y no queríamos que se nos tratara como a una secta. Entonces, el superior de distrito de América del Sur se entrevistó con el cardenal Bergoglio para exponerle el problema. Su respuesta fue muy clara: ‘Es obvio que ustedes son católicos, que no son cismáticos; los voy a ayudar’ ¡Y nos ayudó! Se comunicó con Roma. Dirigió al Gobierno una carta favorable a nosotros, al mismo tiempo que recibía otra de la nunciatura que decía exactamente lo contrario. Estuvimos en esa situación hasta que lo eligieron papa.


Monseñor Fellay en la Marcha por la Vida

Le obsequiamos la biografía de monseñor Lefebvre, ¡y la leyó dos veces! Cosa que no se hace si no se está interesado en el tema.
Con frecuencia decía públicamente que no debemos encerrarnos en nosotros mismos, que hay que ocuparse de las periferias y todo eso en vez de formar un grupo aislado. Y ve que eso es ni más ni menos lo que hacemos. Vamos al encuentro de las almas allí donde se encuentran, intentamos ayudarlas, y estoy bastante seguro de que el Santo Padre ve todo eso y le agrada. Tal vez no esté contento con todo lo que hacemos, pero en ese aspecto sí lo está.
En Argentina, dijo a nuestros sacerdotes: “Si quieren que sus hijos pierdan la fe, envíenlos a los colegios de la diócesis”. Eso quiere decir que es plenamente consciente de lo que pasa. Sabe que hay graves problemas en la Iglesia, aunque no hable mucho de ellos.
A veces, observándolo, nos quedamos perplejos. Yo no tengo todas las respuestas; simplemente observo los aspectos de su personalidad. Es inclasificable. Es imposible ubicarlo en una categoría deteminada; así es de imprevisible. Pero al final, como papa, ha regularizado personalmente nuestra situación en Argentina. (Lire DICI n°314 du 24/04/15)
La Fraternidad San Pío X tiene una relación estrecha con él, tiene acceso directo, cosa que puede parecer una locura en la presente situación“.

¿Hacia la regularización canónica de la Fraternidad San Pío X ?

“Me es imposible decirles qué va a suceder mañana. ¿Seremos reconocidos? Sinceramente, no tengo la menor idea. ¿Por qué? ¡Por la situación de la Iglesia! En la propia Roma, algunos quieren nuestra defunción. ¡Quieren que seamos condenados! ¿Quién ganará? ¿El Papa o los otros? Siento decirles que no lo sé.
Pero esta situación no nos va a paralizar. Sabemos lo que tenemos que hacer, así que proseguimos. Reconocemos que si se obtuvieran algunas cosas, como la regularización canónica, sería mejor. Ha habido conversaciones, ha habido nuevas propuestas, pero sabemos que tenemos enemigos al interior del Vaticano. No tiene nada de nuevo.
Pedimos al Señor que nos ilumine en cuanto a cuál es su voluntad, porque eso es lo que importa: la voluntad de Dios, la divina Providencia. Hasta ahora, Dios nos ha protegido y no hay motivo para que no sea así en el futuro”.


[Traducido por J.E.F. Equipo de traducción de Adelante la Fe. Fuente: FSSPX/USA, traducido del inglés – DICI n°329 del 29/01/16] 


[1] Durante la misa matinal del 22 de enero, Fellay afirmó«Todo aborto es un pecado terrible. Para entender mejor lo que es este pecado, es preciso entender primero que en un acto de esa naturaleza se da un ataque contra la intención de Dios para esa criatura. No atañe sólo a la vida humana: es una agresión a Dios.» Y, tras preguntarse cómo se podía reparar un crimen así, respondió: «La única manera es volverse hacia Dios. A nivel humano, no podemos repararlo por nuestros propios medios. Desde luego, podemos expresarnos. Es lo que hacemos por medio de la Marcha por la Vida. Protestamos, sufrimos, damos algo. En efecto, tratamos de reparar tanto como nos es posible, pero la verdadera reparación se hace aquí, en la Misa. Porque la Misa es la renovación incruenta del sacrificio de Nuestro Señor. Verdaderamente Dios ha hecho en el Calvario la reparación de todo en nuestro lugar. Y eso es exactamente lo que tenemos aquí: el Calvario. Quien está presente no es simplemente un sacerdote o un obispo. Es Nuestro Señor Jesucristo mismo. El mismo Jesús que estuvo en Palestina está presente en la Misa. El sacerdote no es sino su instrumento. Es verdaderamente Jesús quién está presente, y quien hace exactamente lo mismo que hizo en la cruz: ofrecer su vida en reparación.
»La enseñanza de la Iglesia dice esto: cada día celebramos el sacrificio de la Misa a causa de los pecados que cometemos. Es la enseñanza del Concilio de Trento. En razón de los pecados que se cometen todos los días en la Tierra celebramos la Misa. El padre Pío lo expresa de un modo maravilloso: dice que el mundo puede sobrevivir más fácilmente sin el sol que sin la Misa. Si todavía se puede vivir en la Tierra, es por la celebración diaria de la Misa.»

martes, 1 de diciembre de 2015

Mons. Bernard Fellay: “El acto del Papa hace que durante el Año Santo tengamos una jurisdicción ordinaria”.


A modo de entrevista, DICI, 30-Nov-2015, se hace pública una carta del Superior General de la FSSPX a los amigos y benefactores en la que se abordan varios temas, correspondiente a la carta n° 85.

Carta a los Amigos y Bienhechores n° 85

Queridos Amigos y Bienhechores,

Estas últimas semanas nos muestran – con la multiplicación de atentados asesinos en Europa y en África, con la persecución sangrienta de numerosos cristianos en Oriente Medio –, cuán profundamente convulsionada está la situación del mundo. En la Iglesia, el reciente Sínodo sobre la familia y la próxima apertura del Año Santo no dejan de provocar legítimas inquietudes. Frente a una confusión tal, nos ha parecido útil compartir nuestras reflexiones respondiendo a vuestras preguntas. Creemos que esta presentación permitirá resaltar mejor cómo nosotros, que estamos apegados a la Tradición, debemos reaccionar frente a los problemas que se plantean hoy.

El 1° de septiembre el Papa Francisco dio a todos los fieles, por propia iniciativa, la posibilidad de confesarse con los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X durante el Año Santo. ¿Cómo interpreta Ud. este gesto? ¿Aporta algo nuevo a la Fraternidad?

En efecto, fuimos sorprendidos por este acto del Santo Padre con ocasión del Año Santo, pues nos enteramos, como todo el mundo, por la prensa. ¿Cómo recibimos este acto? Permítanme recurrir a una imagen. Cuando un incendio arrecia, todo el mundo entiende que quienes tienen los medios deben esforzarse en apagarlo, sobre todo si faltan bomberos. Así han actuado los sacerdotes de la Fraternidad, durante todos los años de esta terrible crisis que sacude la Iglesia sin interrupción desde hace 50 años. En particular, frente a la trágica falta de confesores, nuestros sacerdotes se han entregado al servicio de las almas de los penitentes, utilizando el caso de urgencia previsto por el Código de Derecho Canónico.
El acto del Papa hace que durante el Año Santo tengamos una jurisdicción ordinaria. Siguiendo con la metáfora, ello consiste en darnos la insignia oficial de bomberos, a pesar de que nos la habían negado desde hace décadas. En sí, para la Fraternidad, sus miembros y sus fieles, esto no agrega nada nuevo; no obstante esta jurisdicción ordinaria tranquilizará a los que están con inquietudes y a todas las personas que hasta ahora no se atrevían a acercarse a nosotros. Pues, como dijimos en el comunicado en el que agradecimos al Papa, los sacerdotes de la Fraternidad sólo desean una cosa: “ejercer con renovada generosidad su ministerio en el confesionario, siguiendo el ejemplo de dedicación infatigable que el santo Cura de Ars dio a todos los sacerdotes”.

Con ocasión del Sínodo sobre la familia, Ud. dirigió una súplica al Santo Padre, y luego una declaración. ¿Por qué?

El objeto de nuestra súplica era exponer al Sumo Pontífice lo mejor posible la gravedad de la hora presente y el alcance decisivo de su intervención en materias morales tan importantes. El Papa Francisco tuvo conocimiento de nuestra súplica el 18 de septiembre, antes de su partida para Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica, y nos hizo saber que no cambiaría nada a la doctrina católica del matrimonio, en particular en lo que a la indisolubilidad se refiere. Pero lo que temíamos, es que, en lo concreto, se instaurara una práctica que hiciera caso omiso de la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Y es lo que sucedió, por una parte con el Motu proprio de reforma del procedimiento de declaración de nulidad matrimonial, y por otra con el documento final de este sínodo. Por eso hice la declaración, que procura recordar la enseñanza constante de la Iglesia sobre una multitud de puntos que se discutieron y a veces se pusieron en duda durante este mes de octubre. No les oculto que el triste espectáculo que dio el Sínodo me parece particularmente vergonzoso y escandaloso por varios motivos.

¿Cuáles son esos puntos vergonzosos y escandalosos?

Pues bien, por ejemplo esta dicotomía entre la doctrina y la moral, entre la enseñanza de la verdad y la tolerancia del pecado y las peores situaciones inmorales. Que se sea paciente y misericordioso con los pecadores, por supuesto, pero ¿cómo se convertirán si no se denuncia su situación de pecado, si ya no oyen hablar del estado de gracia y de su contrario: el estado de pecado mortal, que sumerge el alma en una muerte espiritual y la entrega a los tormentos del infierno? Si se midiera la ofensa infinita que causa el menor pecado grave al honor de Dios y a su santidad, nos moriríamos de asombro. La Iglesia debe condenar el pecado con decisión, todos los pecados, los vicios y los errores que corrompen la verdad del Evangelio. No debe pactar o mostrar una culpable comprensión por comportamientos escandalosos, ni por los pecadores públicos que atentan contra la santidad del matrimonio. ¿Por qué la Iglesia no tiene ya el valor de hablar así?

Sin embargo hubo iniciativas positivas con motivo de este Sínodo. Por ejemplo el libro de los once cardenales – luego del de cinco cardenales el año pasado –, e igualmente la obra de los prelados africanos, la de los juristas católicos, el vademécum de los tres obispos…

Las iniciativas afortunadas que aparecieron recientemente defendiendo el matrimonio y la familia cristiana dan una luz de esperanza. Hay una reacción saludable, incluso si todo no tiene el mismo valor. Esperemos que esto sea el comienzo de un despertar en toda la Iglesia que conduzca a una recuperación y a una conversión de fondo.
Antes del verano en un sermón en Saint Nicolas du Chardonnet, en Paris, Mons. de Galarreta decía que parecía que la Iglesia comenzaba a fabricar “anticuerpos” contra las proposiciones aberrantes sobre el matrimonio realizadas por los progresistas, que se acomodan a las costumbres actuales en vez de tratar de corregirlas según la enseñanza evangélica. Esta reacción en el plano moral es beneficiosa. Y como la moral está íntimamente unida con la doctrina, esto podría ser el comienzo de un retorno de la Iglesia a su Tradición. ¡Rezamos diariamente por eso!

En nombre de la misericordia hay quienes, como el Cardenal Kasper, quieren, si no cambiar la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio, al menos suavizar la disciplina de la Iglesia sobre la comunión de los “divorciados vueltos a casar”, o modificar su juicio sobre las uniones contra natura. ¿Qué se debe pensar de todas estas excepciones llamadas “pastorales”?

La Iglesia puede legislar, es decir establecer leyes propias, que son precisiones de la ley divina. Pero en el ámbito del matrimonio sobre el cual se debate hoy Nuestro Señor ya zanjó la cuestión de manera clara y evidente: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mat. 19, 6), e inmediatamente después: “El que se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mat. 19, 9). Por tanto, la Iglesia sólo tiene que hacer una cosa, recordar la ley divina y consagrarla en sus leyes eclesiásticas. En ningún caso puede ella permitirse ninguna discrepancia; eso sería faltar a su misión que consiste en transmitir el depósito revelado. Para hablar claro, en la cuestión que nos ocupa la Iglesia sólo puede comprobar que no hubo matrimonio en el comienzo, pero no podría hacer nulo o disolver un matrimonio válido en sí mismo.
Desde luego, las leyes eclesiásticas pueden agregar condiciones necesarias para la validez de un matrimonio, pero siempre en conformidad con la ley divina. De este modo la Iglesia puede declarar inválido un matrimonio por falta de forma canónica, pero nunca será la dueña de la ley divina a la que se halla sujeta. Y aún más, se debe afirmar que a diferencia de la ley humana y eclesiástica, la ley divina no admite excepciones, pues no ha sido hecha por hombres, los cuales no pueden prever todos los casos y están obligados a dejar un margen para las excepciones. Dios infinitamente sabio ha previsto todas las situaciones, como escribí en la súplica al Papa: “La ley de Dios, expresión de su eterna caridad para con los hombres, constituye en sí misma la suprema misericordia para todos los tiempos, todas las personas y todas las situaciones”.

El Motu proprio del 8 de septiembre que simplifica el procedimiento de las declaraciones de nulidad matrimonial, ¿no es una forma de ofrecer facilidades canónicas para escapar al principio de indisolubilidad del matrimonio, a pesar de que al mismo tiempo lo recuerde?

Es verdad que el nuevo Motu proprio que regula las disposiciones canónicas relativas a los procesos de nulidad pretende responder a un grave problema actual: el de muchas familias rotas por una separación. Examinar esos casos para proponer una solución más rápida, en la medida en que corresponde a la ley divina del matrimonio, ¡muy bien! Pero en el contexto actual, de la sociedad moderna, secularizada y hedonista, y de los tribunales eclesiásticos en los que ya se practica lo que está prohibido, este Motu proprio podría fácilmente convertirse en una ratificación legal del desorden. El resultado podría ser aún peor que el remedio propuesto. Me temo que uno de los puntos claves del Sínodo haya sido resuelto indirecta y ocultamente, abriendo el camino a un supuesto “divorcio católico”, pues, en los hechos, existe la posibilidad de muchos abusos, especialmente en los países donde los episcopados son poco exigentes y están imbuidos de progresismo y subjetivismo…

El Año Santo que debe abrirse el próximo 8 de diciembre, ¿acaso no ha sido puesto bajo el signo de una misericordia donde el arrepentimiento y la conversión estarían ausentes?

Es verdad que en el clima actual, el llamado a la misericordia predomina demasiado fácilmente sobre la indispensable conversión, que exige la contrición de las propias faltas y el horror del pecado, ofensa hecha a Dios. Como yo lo deploraba en la última Carta a los amigos y bienhechores (n° 84), de este modo el Cardenal hondureño Maradiaga complacientemente se hace eco de una nueva espiritualidad en la que la misericordia se ve truncada y amputada de la necesaria penitencia, que no se recuerda casi nunca.
Sin embargo, leyendo detenidamente los diferentes textos publicados con respecto al Año Santo, y sobre todo la bula de indicción del Jubileo, se ve que está presente la idea fundamental de la conversión y de la contrición de los pecados para obtener el perdón. A pesar de la referencia a una misericordia equívoca que consistiría en devolver al hombre más su “dignidad incomparable” que el estado de gracia, el Papa quiere favorecer el retorno de los que abandonaron la Iglesia y multiplica las iniciativas concretas para facilitar el recurso al sacramento de la penitencia. Desgraciadamente no se pregunta por qué tantas personas han abandonado la Iglesia o han dejado de practicar, y si no hay una relación con cierto Concilio, su “culto del hombre” y sus reformas catastróficas: ecumenismo desbocado, liturgia desacralizada y protestantizada, relajamiento de la moral, etc.

¿Los fieles apegados a la Tradición pueden, en consecuencia y sin riesgo de confusión, participar en el Jubileo extraordinario decidido por el Papa? Sobre todo porque este Año de la Misericordia pretende celebrar el 50º aniversario del Concilio Vaticano II, que habría derribado las “murallas” en las cuales estaba encerrada la Iglesia…

Evidentemente se plantea el tema de nuestra participación en este Año Santo. Para dar una respuesta, se requiere una distinción: las circunstancias en las que se convoca un Año Santo jubilar y la esencia de un Año Santo.
Las circunstancias son históricas y están vinculadas con los grandes aniversarios de la vida de Jesús, en particular su muerte redentora. Cada 50 años, o incluso 25, la Iglesia instituye un Año Santo. Esta vez, el acontecimiento de referencia para la apertura del Jubileo no es solamente la Redención – el 8 de diciembre está necesariamente vinculado con la obra redentora iniciada con la Inmaculada, Madre de Dios –, sino también con el Concilio Vaticano II. Resulta chocante y es algo que rechazamos formalmente, pues no podemos alegrarnos, antes bien debemos llorar sobre las ruinas ocasionadas por este Concilio, con la caída vertiginosa de las vocaciones, la disminución dramática de la práctica religiosa y sobre todo la pérdida de la fe, que el propio Juan Pablo II calificó de “apostasía silenciosa”.
De todos modos sigue estando lo que es esencial en un Año Santo: se trata de un año particular en el que la Iglesia, según la decisión del Sumo Pontífice que detenta el poder de las llaves, abre de par en par sus tesoros de gracias para acercar a los fieles a Dios, especialmente mediante el perdón de las faltas y la remisión de las penas debidas por el pecado. La Iglesia realiza esto por medio del sacramento de la penitencia y de las indulgencias. Esas gracias no cambian. Siguen siendo siempre las mismas, y sólo la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, dispone de ellas. Se puede igualmente indicar que las condiciones para obtener las indulgencias del Año Santo siguen siendo las mismas: confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa – las intenciones tradicionales y no las intenciones personales. Al recordar estas condiciones habituales, no se hace referencia en ninguna parte a la adhesión a las novedades conciliares.
Cuando Mons. Lefebvre fue con todo el seminario de Ecône a Roma, con motivo del Año Santo de 1975, no fue para celebrar los 10 años del Concilio, aunque Pablo VI había recordado este aniversario en la bula de indicción. Fue, en cambio, la ocasión de manifestar nuestra romanidad, nuestro apego a la Santa Sede, al Papa que – como sucesor de Pedro – posee el poder de las llaves. Imitando a nuestro venerado fundador, durante este Año Santo, nos concentraremos en lo que es esencial: la penitencia para alcanzar la misericordia divina por el intermedio de su única Iglesia, a pesar de las circunstancias que se creyó necesario invocar para celebrar este año, como ya fue el caso en 1975, e incluso en 2000.
Se podrían comparar estos dos elementos, lo esencial y las circunstancias, con el contenido y el envoltorio en el que viene. Sería erróneo rechazar las gracias propuestas en un Año Santo porque es presentado en un envoltorio defectuoso, salvo que se considere que este envoltorio altera el contenido, que las circunstancias absorben lo esencial, y que en el caso presente, la Iglesia ya no dispone de las gracias propias del Año Santo debido a los daños ocasionados por el Concilio Vaticano II. ¡Pero la Iglesia no nació hace 50 años! Y por la gracia de Cristo, que es “el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb. 13, 8), la Iglesia sigue y seguirá siendo la misma, a pesar de este Concilio de apertura a un mundo en perpetuo cambio…

En varias declaraciones recientes parece que Ud. quiere anticipar el centenario de Fátima, invitando a la gente a prepararse desde ahora. ¿Por qué?

Dadas las perspectivas que aquí hemos evocado y para insistir sobre la urgencia de la conversión, hemos pensado unir estas buenas obras de misericordia corporal y espiritual, a las que se nos invita en este año, con el centenario de las apariciones de Fátima, donde Nuestra Señora insistió tanto en la necesidad de la conversión, de sí mismo y del mundo, y en la necesidad de las obras de penitencia y de la oración, especialmente del rosario. La imploración de la misericordia divina está estrechamente ligada a las apariciones de Fátima: la Santísima Virgen nos ha invitado a rezar y a hacer penitencia: así alcanzaremos misericordia, y no de otro modo. Me parece muy conveniente unir así los dos próximos años, dedicando dos años a esforzarnos en acercarnos tanto a la Santísima Virgen como a Nuestro Señor, tanto al Corazón Inmaculado de María como al Sagrado Corazón misericordioso.
La Fraternidad San Pío X organizará una peregrinación internacional a Fátima los días 21 a 23 de agosto del año 2017. Pero desde ahora podemos, e incluso debemos, prepararnos, sobre todo cuando se está menoscabando gravemente la moral católica.
Más que nunca, en este 21 de noviembre, que es un gran aniversario para nosotros, el de la declaración de Mons. Lefebvre en 1974 – verdadera Carta Magna de nuestro combate por la Iglesia de siempre –, conservemos en toda circunstancia, y cualesquiera sean las dificultades y las pruebas, una actitud católica. Tengamos los pensamientos de la Iglesia, seamos fieles a Nuestro Señor, permanezcamos aferrados a su Santo Sacrificio, a sus enseñanzas y a sus ejemplos. Leía ayer que el Cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, temía una “protestantización de la Iglesia”. Y tiene razón. Pero, ¿qué es la misa nueva, sino una protestantización de la misa de siempre? ¿Y qué pensar del Papa que, como sus predecesores, visita un templo luterano? ¿Cómo no quedarnos confundidos al ver cómo se está preparando el 5º centenario de la Reforma protestante, en el año 2017, y cómo se está alabando ahora la figura de Lutero, él que fue uno de los mayores heresiarcas y cismáticos de la historia, ferozmente opuesto a la Iglesia católica y romana? Realmente Mons. Lefebvre veía bien cuando afirmaba que “la única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma”, porque entre la reforma emprendida por el Concilio Vaticano II y la de Lutero hay más de un punto en común. Y siguiéndolo, repetimos que “sin ninguna rebelión ni amargura ni resentimiento alguno, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal a la luz del magisterio de siempre, convencidos de que no podemos rendir mayor servicio a la Santa Iglesia católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras”.
Es lo que ustedes, queridos amigos y bienhechores de la Fraternidad San Pío X, comprenden bien. Sus oraciones fervorosas, su generosidad admirable y su entrega constante son para nosotros un valioso apoyo. Gracias a ustedes la obra de Mons. Lefebvre se desarrolla en todas partes. Les agradezco de todo corazón.
Roguemos a Nuestra Señora que nos alcance todas las gracias que necesitamos. Pedimos a Dios que les conceda sus bendiciones, a ustedes y sus familias, para que se preparen a la gran fiesta de Navidad por medio de un santo Adviento, y que encomienden el año próximo, con sus alegrías y sus cruces, a nuestra Madre del Cielo.


En la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen, 21 de noviembre de 2015
+ Bernard Fellay