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lunes, 31 de agosto de 2015

Dupanloup pero sin mitificaciones.


[InfoCaótica, 23-Ago-2015]

La figura de Félix-AntoineDupanloup (1802-1878) es conocida para quienes de algún modo están familiarizados con la Historia de la Iglesia del siglo XIX. 
Dupanloup fue el autor de un opúsculo que comenta al Syllabus: La Convention du 15 septembre et L’Encyclique du 8 Décembre, publicado en 1865. En su tiempo, el folleto fue un verdadero éxito editorial, la primera edición se agotó en dos horas y tres semanas más tarde circularon 100.000 ejemplares, además de las múltiples traducciones. A diferencia del libro de Sardá -que no tuvo el aval de ningún acto pontificio- el obispo de Orleáns recibió un acto pontificio favorable a su folleto: el Breve de Pío IX, Ita, Venerabilis Frater (8-II-1865), que puede leerse en este enlace (en latín y francés)El documento se incluyó en todas las reediciones del folleto y -de modo semejante a lo sucedido con la obra de Sardá- los partidarios del catolicismo liberal hicieron uso y abuso del Breve pontificio
Además del éxito editorial, el opúsculo de Dupanloup tuvo importante recepción en la Iglesia. El primer biógrafo del obispo dio gran importancia al Breve de Pío IX y recordó con actitud triunfalista las 630 cartas de felicitación que le enviaran obispos de distintos países. Pero Yves Chiron señala que está pendiente de estudio el contenido de esas cartas, muchas de las cuales podrían ser meras respuestas de cortesía.
Algunos ven hoy el Breve del Papa como una especie de “cheque en blanco” para el liberalismo que profesan. Lo cual nos parece una mitificación.
Pero también en los ambientes católicos tradicionales de nuestros días se dan reacciones extrañas ante un acto del Papa que resulta "indigesto". Hay autores que omiten mencionar la existencia del Breve cuando trazan el perfil biográfico de Pío IX o critican el papel del obispo de Orleáns. Otros silencian los elogios que contiene el documento y resaltan un párrafo en el cual el Papa habría sugerido que si bien Dupanloup defiende al Syllabus de las calumnias no expresa su verdadero sentido. Algún sacerdote –tal vez prisionero de la camisa de fuerza ultramontana- se mete en un laberinto psicologista, y termina por forzar los hechos, para dejar bien parado al Pontífice. Quizás ignore otro Breve de Pío IX en apoyo de un libro de Mons. Fessler que pone límites al infalibilismo exagerado. 
Recomendamos al lector interesado que se lea documento completo. Pero nos parece que hay algunas conclusiones objetivas que se imponen:
1ª. El Breve es un acto pontificio. El libro de Dupanloup tiene en su favor un Breve; el opúsculo de Sardá y Salvany no lo tiene. Guste o no, es un hecho.
2ª. No conocemos a ningún historiador que sostenga que Pío IX estuviera coaccionado de algún modo para suscribir el Breve. El Papa pudo no decir nada, pero lo hizo estampando su firma y sello. Nunca se retractó públicamente, ni mandó expurgar el libro, ni ordenó que se lo incluyera en el Índice.
3ª. Hay que atenerse a las palabras del documento completo, sin sesgos de selección. 

¿Qué valor tiene el Breve de Pío IX? El documento laudatorio no implica que la interpretación de Dupanloup fuera: oficial, única legítima, exhaustiva, la más fiel a la letra y el espíritu del Syllabus. Del tenor de las expresiones empleadas tampoco se puede concluir que el Papa diera a su acto un peso magisterial importante. Pero implica un juicio general de ortodoxia equivalente a un nihil obstatpontificio.


¿Quisiéramos que no existiera este Breve? La primera ley de la historia es no mentir; la segunda es no temer decir toda la verdad...

sábado, 16 de noviembre de 2013

El Cristo del atentado.


El 14 de Noviembre de 1921 había tenido lugar una ceremonia en la Basílica de Guadalupe, con motivo de la toma de posesión de una prebenda en el coro por el presbítero Antonio Castañeda. Terminado el acto, el sacristán pasó unos momentos al presbiterio, llamado por los canónigos del santuario.
En ese momento, de un grupo de obreros que estaban en el templo, se adelantó un individuo pelirrojo, vestido con un overol azul nuevo, a colocar rápidamente un ramo de flores ante la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe. Bajó y un momento después se produjo una tremenda explosión, que sacudió los muros de la Basílica: había estallado una bomba a los pies mismos de la imagen milagrosa.
Luego del primer momento de estupor, los fieles reaccionaron y se dirigieron hacia el grupo de obreros, dispuestos a linchar al culpable. Entonces llegó el presidente municipal de la Villa, quien en esos momentos recibió una llamada telefónica del sr. Presidente de la República, gral. Álvaro Obregón, quien le encargó que “Dé usted garantías al preso que acaban de detener. Yo mando por él”. El pelirrojo fue llevado a las oficinas municipales, custodiado por la policía para evitar que los católicos se le fueran encima. El pelirrojo fue finalmente llevado por un camión militar.
De inmediato se acudió a observar qué había pasado con la imagen, se habían caído la cortina que cubre el cuadro, candeleros y floreros, y un pesado crucifijo de bronce que se dobló hacia atrás por la explosión. El ayate de Juan Diego donde está estampada la Virgen de Guadalupe no sufrió ningún daño, ni tampoco el cristal ordinario que la protegía del ambiente, cosa rara -¿milagrosa?- si consideramos que en la misma Basílica y aun afuera hubo vidrios rotos por la detonación.
La comisión nombrada por los clérigos aclaró que el dispositivo explosivo fue un cartucho de dinamita marca Hércules de los que se usaban en las minas, fue colocado en el ángulo que forman las placas de mármol de la parte posterior del altar, entre éste y el marco de mármol en que está el cuadro con la imagen guadalupana. Se supo también que los obreros que habían protegido en el primer momento al sacrílego dinamitero no eran sino soldados disfrazados. Se supo en fin, que el presidente Obregón había preguntando repetidas veces a los empleados de su Secretaría Particular si no habría algún valiente que se animara a destruir la imagen guadalupana. El p. Jesús García Gutiérrez consigna también que hubo varias personas que oyeron decir a Obregón en un discurso -la primera vez que vino a México-, que no descansaría hasta limpiar a su caballo con el ayate de Juan Diego.


El furor que despertó el sacrílego intento fue tremendo, los católicos pedían a gritos justicia, pero el procurador Eduardo Neri declaró -con enorme cinismo e hipocresía- que “el acto en sí mismo no favorece más que al elemento clerical: ya políticamente porque éste aparece desempeñando, como otras veces lo ha hecho, el papel de víctima para ganarse la conmiseración pública; ya religiosamente, porque se explota un nuevo milagro; ya pecuniariamente, porque han encontrado, y quién sabe si no provocado, los Caballeros de Colón adláteres, una nueva base para organizar romerías que de seguro les dejarán fuertes cantidades de dinero. 
Estimo que todas las creencias religiosas merecen un respeto absoluto (¿de veras?), pero que es repugnante utilizarlas para fines innobles.”, así que, ¿Qué tal?, justificando su inacción con hipótesis calumniosas, el procurador sencillamente no hizo nada.
El domingo 18 se organizó una manifestación por la A.C.J.M., se repartieron volantes, se pronunciaron discursos, y después de que una multitud que desbordaba de la Plaza de Armas echara vivas a la Virgen de Guadalupe, se cantó el Himno Nacional. La A.C.J.M. desplegó 14 estandartes tricolores con la imagen de la Morenita del Tepeyac e iniciaron una marcha hacia la avenida de San Francisco. Por allí se acercaban los bomberos, listos para dispersarlos con las mangueras, pero un grupo de automovilistas católicos bloquearon a los carros de bomberos, permitiendo así la manifestación. Posteriormente volveron a la Catedral entre tañidos de campanas y se cantó un Te Deum en acción de gracias a Dios por haber preservado la imagen milagrosa.
-¿Quién fue el ejecutor del atentado?: Detrás del acto de terrorismo contra la Reina de México estaban los enemigos de la Iglesia; el liberalismo y la masonería. El atentado fue pensado y solicitado por el presidente Álvaro Obregón. En su obra Civilismo y militarismo en la revolución, 1958, Rosendo Salazar también involucra en el atentado a la C.R.O.M, y con ella a su bolchevique líder Luis N. Morones.
Pero el individuo que colocó la bomba, ¿Quién era?
Debo aclarar que a mí, en lo personal, este punto no me interesa gran cosa, primeramente por aquello de que -como decimos en México-, “se dice el pecado pero no el pecador”; o sea que a mí lo que me importa es que hubo un atentando perpetrado contra la imagen guadalupana por un agente anticlerical del gobierno. Y el segundo motivo es que el gobierno se llevó al culpable, lo ocultó y lo puso a salvo. ¿Cómo saber -con una seguridad del 100%- quién era si el gobierno no le instituyó ningún proceso? Los datos que se tienen pues, se armaron con las declaraciones de testigos, de gente que presenció el atentado y que informaría después a los medios de comunicación.


Sin embargo, voy a dedicar un poco de esfuerzo a estudiar este punto, porque me siento en deuda con Daniel Sapia en ese aspecto. Sapia esgrime que en diferentes sitios web católicos se mencionan nombres distintos del autor del atentado, a saber “Luciano Pérez” y “Juan Esponda”, y esa divergencia a él le parece notoria. Quién sabe qué pretenda demostrar con eso, ¿Qué no hubo atentado? imposible, del atentado hay testimonios, noticias del momento, fotografías. En fin, a diferencia de mi “colega” protestante, yo no recurriré a sitios web sino a libros escritos por investigadores de la Cristiada -con excepción del primero-, es decir, más cercanos en tiempo y circunstancias al hecho en cuestión.

-Según J. J. Benítez en El Misterio de Guadalupe, p. 63, el dinamitero fue Luciano Pérez.

-Carlos Alvear Acevedo, en la página 330 de su Historia de México, no da nombres, pero dice que el dinamitero era “empleado de la secretaría particular del Presidente”, y en esa Secretaría se sabe que estaba un tal Esponda.

-Salvador Borrego, en la página 379 de su libro América peligra dice que el dinamitero fue “el líder Juan M. Esponda, mandado por la CROM”.

-Andrés Barquín y Ruiz, en su obra Luis Segura Vilchis p. 41 dice: “El ejecutor del criminal atentado fue Juan M. Esponda.” y cita más adelante documentación del semanario La Nación, que añade que Esponda “vino a México y logró un empleo cualquiera en la Secretaría Particular de la Presidencia de la República, cuando el presidente era Álvaro Obregón… Obregón manifestó muchas veces su deseo de que alguien destruyera la Imagen de la Virgen de Guadalupe. Se ofreció Esponda y su ofrecimiento fue aceptado”.

-Antonio Rius Facius igualmente afirma: “Al llegar el mes de noviembre, considerando que el momento era propicio, fue comisionado Juan M. Esponda para realizar el monstruoso sacrilegio.” Añade el dato de que Esponda era nacido en Chiapas y que era empleado de la Secretaría Particular de la Presidencia. De Don Porfirio a Plutarco. Historia de la A.C.J.M., pags. 183-184.

-Con el seudónimo de Félix Navarrete, el p. Jesús García Gutiérrez consigna en La Masonería en la Historia y en las Leyes de Méjico, p. 162, que “el pelirrojo fue un empleado de la Secretaría Particular de la Presidencia… Se supo el nombre del individuo…”, pero no lo apunta.

-Ni el Archivo Casasola ni varios libros sobre la vida de Miguel Agustín Pro que citan el atentado, mencionan el nombre del individuo.

-Jean Meyer en su detallada investigación La Cristiada, en el tomo 2, p. 119 dice: “El 14 de noviembre de 1921 Juan M. Esponda, funcionario de la secretaría particular de la presidencia de la República, depositó en medio de un ramillete de flores un cartucho de dinamita, al pie de la imagen de la Virgen.”

Hasta aquí llego con este tema. Yo no tomo ninguna posición absoluta sobre el nombre y apellido del terrorista, dado que, como dije, no es un punto que me parezca importante.
Cabría además que el gobierno, intentando solapar al terrorista, hiciera correr los datos diversos para confundir a los católicos. Y en este caso, Luciano Pérez y Juan Esponda podrían hasta ser el mismo hombre. Es de sobra sabido que los agentes del comunismo adoptan distintas identidades (nombres y nacionalidades), como el agente stalinista español Ramón Mercader, el que asesinó a León Trotsky en México en 1940, y quien era también conocido como Jacques Monard (francés) y Frank Jackson (norteamericano).

Visto en Ecce Christianvs, 15-11-2013.

domingo, 20 de octubre de 2013

San Gregorio Nacianceno, protofilolefe.


Distingamos, asimismo, la figura de San Gregorio de Nacianzo. Nació el 330 y se formó en lo mejor de la cultura clásica, pasando por las escuelas de CesareaAlejandría y  Atenas. Consagrado obispo, el pequeño grupo niceno de Constantinopla le rogó que les ayudara a reconstruir la Iglesia de aquella diócesis, entonces dominada por los arrianos, poco antes de que Teodosio entrara en esa ciudad y lo hiciera obispo de la misma. Tras renunciar a esa gloriosa sede, se hizo cargo de la de Nacianzo, en Capadocia, falleciendo en el 390.

Fue Gregorio testigo de todas las polémicas que jalonaron las disputas contra los arrianos, así como de las tan múltiples como inútiles reuniones de obispos, sínodos y concilios de todo género. Respecto de ello así escribía en una de sus cartas:

“Me siento inclinado a evitar todas las conferencias de obispos, pues no he visto nunca una que llevase a un resultado feliz, ni que remediase los males existentes, sino más bien los agravase.”

Y refiriéndose más en general a los obispos, en otro de sus escritos leemos:

“Ciertamente los pastores actuaron como unos insensatos, porque salvo un número muy reducido, que fue despreciado por su insignificancia o que resistió por su virtud, y que había de quedar como una semilla o una raíz de donde renacería de nuevo Israel bajo el influjo del Espíritu Santo, todos cedieron a las circunstancias, con la única diferencia de que unos sucumbieron más pronto y otros más tarde; unos estuvieron en primera línea de los campeones y jefes de la impiedad, otros se unieron a las filas de los soldados en batalla, vencidos por el miedo, por el interés, por el halago o, lo que es más inexcusable, por su propia ignorancia.”

Encontramos también su firma en una carta colectiva que 32 obispos orientales, [San] Basilio entre ellos, dirigieron a los obispos de Italia y las Galias. El cuadro que pintan no deja de ser trágico.

“Se trastornan los dogmas de la religión; se confunden las leyes de la Iglesia. La ambición de los que no temen al Señor salta a las dignidades, y se propone el episcopado como premio de la más descarada impiedad, de suerte que a quien más graves blasfemias profiere, se le tiene por más apto para regir al pueblo como obispo. Desapareció la gravedad episcopal. Faltan pastores que apacienten con ciencia el rebaño del Señor...
La libertad de pecar es mucha. Y es que quienes han subido al gobierno de la Iglesia por empeño humano, lo pagan luego consintiéndolo todo a quienes pecan...
La maldad no tiene límite; los pueblos no son corregidos; los prelados no tienen libertad para hablar. Porque quienes adquirieron para sí el poder o la dignidad episcopal por medio de los hombres, son esclavos de quienes les hicieron esa gracia...

Sobre todo eso ríen los incrédulos, vacilan los débiles en la fe, la fe misma es dudosa, la ignorancia se derrama sobre las almas, pues imitan la verdad los que amancillan la palabra divina en su malicia.
 Y es que las bocas de los piadosos guardan silencio, y anda suelta toda lengua blasfema.
Lo santo está profanado; la parte sana de la gente huye de los lugares de oración como de escuelas de impiedad y marchan a los desiertos, para levantar allí, entre gemidos y lágrimas, las manos al Señor del cielo. Porque sin duda ha llegado hasta vosotros lo que sucede en la mayor parte de las ciudades: la gente, con sus hijos y mujeres y hasta con los ancianos, se derraman delante de las murallas y hacen sus oraciones al aire libre, sufriendo con gran paciencia todas las inclemencias del tiempo, esperando la protección del Señor.”

A los que cuestionaban a [San] Atanasio y la falange atanasiana por sus "extremismos", San Gregorio les decía:

"Por suaves y tratables que fuesen en otras cosas, había un punto en que no sufrían ser acomodaticios y fáciles, a saber, cuando por causa del silencio o del descanso, la causa de Dios era traicionada; entonces de golpe se tornaban belicosos, ardientes y encarnizados en los combates, porque su celo era una llama; y se exponían con más facilidad a hacer lo que no era conveniente que a dejar de obrar donde el deber así lo exigía."

Cfr. R.P. Alfredo Sáenz, S.I.“La nave y las tempestades, Vol. I: “La Sinagoga y la Iglesia Primitiva”. “Las persecuciones en el Imperio Romano”. “El arrianismo”. Buenos Aires: Ediciones Gladius, 2005, 2ª ed., ISBN:950-9674-61-3, pp. 232-235. Visto en el blog Cougar Puma, 19-10-2013.

miércoles, 9 de enero de 2013

La carta dónde se excomulga a San Atanasio por su aparente desobediencia al Papa.




El mundo despertó arriano y San Atanasio fue uno de los pocos obispos católicos que tuvo la clarividencia de resistir al arrianismo en toda su integridad.
San Ireneo decía que “jamás se vence el error con el sacrificio de un derecho cualquiera de la Verdad”. Y San Atanasio resistió con firmeza a pesar de sus destierros y expulsiones, sin firmas a los documentos de fórmulas “pacíficas” que, junto a la ambigüedad de textos que intentan unir dos credos diferentes con la omisión de verdades que pueden comprometer la “paz”, puedan poner en riesgo a la verdad integral de la doctrina de la Iglesia.
Luego, la historia habló a favor del Santo Doctor. Mientras, la carta que lo excomulgaba injusta e  inválidamente:


Carta «Studens paci» del Papa Liberio a los obispos orientales, en la primavera del año 357.

En el compromiso por la paz y la concordia de las Iglesias, después de haber recibido la carta de vuestra caridad sobre la persona de Atanasio y de los demás, dirigidas a la persona del obispo Julio de buena memoria, siguiendo la tradición de los predecesores, mandé desde aquí a Lucio, Pablo y Heliano, presbíteros de la ciudad de Roma, a Alejandría al mencionado Atanasio, para invitarlo a venir a la ciudad de Roma, a fin de que en su presencia fuera establecido respecto a él lo que se ha desarrollado como disciplina de la Iglesia. Mandé a él por medio de los mencionados presbíteros también una carta en que se explicaba que, si no viniese, supiera que quedaba excluido de la comunión con la Iglesia romana. Al regresar, pues, los presbíteros refirieron que no quería venir. Entonces he seguido la carta de vuestra caridad, que nos habéis mandado a propósito del mencionado Atanasio, y saber por medio de dicha carta, mandada a fin de mostrar unanimidad con vosotros, que estoy en paz con todos vosotros y con todos los obispos de la Iglesia católica, mientras el susodicho Atanasio queda excluido de la comunión conmigo, o sea con la Iglesia romana y de la conformidad de los escritos y de las incumbencias eclesiásticas.

Denzinger – Hünerman, El Magisterio de la Iglesia”, Enchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, nº 138.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Cristero Arzobispo José María González: «No temáis a las engañosas ofertas».


 Jose Maria Gonzalez. Arzobispo de Durango

Nos, hemos sabido, Venerables Hermanos y muy amados hijos, que los insistentes rumores de un posible arreglo entre el Episcopado Mexicano y el Gobierno perseguidor, no fundados en la efectiva derogación de las leyes, han angustiado horriblemente vuestro corazón añadiendo una nueva pena a las incontables que estáis padeciendo. Vuestro instinto cristiano, sin necesidad de hacer grandes reflexiones, os hizo sentir repugnancia e indignación al mirar una vez más al lobo rapaz tomar la piel de oveja y acercarse a los Prelados, representantes de los Apóstoles, para conmover con fingida dulzura a quienes no pudo conmover con rugidos espantosos. Y temisteis que los falsos profetas enviados por el perseguidor hiciesen doblegar a vuestros Prelados con vanas y engañosas ofertas. Pero temisteis sin fundamento. ¿Que no recordáis las palabras de nuestra Carta Pastoral Colectiva del 25 de julio de 1926, cuando ordenábamos la suspensión de cultos? Ahí decíamos, hablando de las leyes persecutorias: «Ante semejante violación de valores morales tan sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia ninguna. Sería para nosotros un crimen tolerar tal situación y no quisiéramos que ante el Tribunal Divino nos viniese a la memoria aquél tardío lamento del Profeta: Ay de mí porque callé. Por esta razón, siguiendo el ejemplo del Sumo Pontífice, ante Dios, ante la Humanidad Civilizada, ante la Patria, protestamos contra ese decreto… Contando con el favor de Dios y con vuestra ayuda, trabajaremos porque ese decreto y los artículos de la Constitución sean reformados, y no cejaremos hasta haberlo conseguido».
¿Y creéis que íbamos a olvidar esas palabras y a tener hoy por aceptable lo que ayer tuvimos por indigno? ¿No recordáis que el mismo Sumo Pontífice nos enviaba un mensaje que decía: «Santa Sede condena la Ley, a la vez que todo acto que signifique o pueda ser interpretado por el pueblo fiel como aceptación o reconocimiento de la misma Ley».  ¿Y creéis que nosotros los Prelados Mexicanos que nos hemos abandonado en los brazos del Papa y que nos gloriamos de obedecer sin discutir sus disposiciones, íbamos a pasar sacrílegamente sobre semejante condenación pontificia? ¿No recordáis que a raíz de la suspensión del culto, un día en que circuló rumor de arreglos que dejaban en pie las abominables leyes persecutorias, el Sumo Pontífice nos cablegrafió diciendo que nos mantuviéramos en la actitud asumida por todo el mundo.
De entonces acá el furor de los perseguidores no ha tenido límite. La sangre de los cristianos ha corrido a raudales, mezclada la de los sacerdotes con la de los jóvenes, la de las doncellas con la de los ancianos. ¡Sangre bendita, que hizo brotar por todas partes cristianos nuevos, rejuvenecidos, valerosos, invencibles! ¿Y creéis que después de tanta sangre y de tantas lágrimas, de tantos heroísmos y de tantos sacrificios íbamos a ser nosotros los que cerráramos las puertas a la plena victoria de Cristo? Si tal hiciéramos, nuestros mártires y nuestros héroes se levantarían de sus tumbas para reclamarnos el despilfarro de sangre gloriosa…
¡No y mil veces no! Nuestra fe de católicos, nuestro deber de Prelados, nuestra dignidad, el respeto que debemos a las víctimas, el puesto que hemos conquistado ante el mundo, y finalmente la conciencia que tenemos de nuestra fuerza moral y espiritual, que centuplica nuestra fuerza física, todo nos hace repetir día por día, momento por momento, las palabras de la Carta Pastoral Colectiva: «Trabajaremos por que ese decreto y los artículos antirreligiosos de la Constitución sean reformados, y no cejaremos hasta haberlo conseguido». Nuestro non possumus se mantiene en pie, y se mantendrá hasta el fin, pues ayudados de la gracia de Dios, estamos dispuestos a morir en el destierro, antes que dar un paso atrás en la actitud que hemos asumido. Ya no estamos dispuestos a confiar ni en disimulos ni en promesas. Tenemos en mucho la libertad de la Iglesia, la paz de México y el bien temporal de nuestros hijos para hacerlos depender de unos hombres que tantas veces nos han engañado y que no han sabido cumplir los compromisos firmados por su Cancillería. Nos referimos al compromiso que como Ministro de Relaciones contrajo y firmó el Sr. Aarón Sáenz, con acuerdo del Sr. Obregón, entonces Presidente de la república, con su Eminencia el cardenal Gasparri, Secretario de estado de Su Santidad Pío XI. Por eso decimos que es imposible aceptar arreglos que no estén fundados, cuando menos, en la derogación efectiva de las leyes persecutorias.
Sí, nuestro non possumus se mantiene en pie, y se mantendría aunque todas las circunstancias nos anunciaran la derrota. Más, ¿quién piensa en derrota en los momentos actuales?, ¿quién piensa en derrota cuando la atenta observación de los acontecimientos nos hace repetir con mayor firmeza las palabras del Profeta:‘Exulya satis, filia Sion; jubila, filia Jerusalem; ecce Rex tuus veniet tibi justus et salvator’ (Zach. IX, 9) ‘¡Oh hija de Sión!: Regocíjate en gran manera; salta de júbilo ¡oh hija de Jerusalén!: He aquí que a tí vendrá el rey, el Justo, el Salvador’.
Ánimo, pues Dios está con nosotros, y se muestra visiblemente donde los católicos cumplen dignamente con su deber, donde los católicos están perfectamente penetrados de que son hijos de una Iglesia que Jesucristo hizo libre y no sujeta a ningún poder terreno, y donde están plenamente convencidos de que no hay medio ninguno de asegurar la libertad de la Iglesia, la paz de la Nación, y su bienestar temporal mismo, si no es la derogación efectiva de las leyes que se invocan a todas horas para conculcar los derechos más sagrados y cometer los sacrilegios más horrendos. Levantad, pues, vuestro ánimo, mis muy amados hijos, y abrid vuestro corazón ampliamente a la esperanza.
En nuestra Carta Pastoral Colectiva en que ordenábamos la suspensión del culto, os recomendábamos las palabras de N. S. Jesucristo a sus Apóstoles, pronunciadas la víspera de su Pasión: He aquí que subimos a Jerusalén, en donde el Hijo del Hombre será entregado, condenado a muerte, flagelado, crucificado, y al tercer día resucitará. Ahora, hijos amados, la Iglesia de México, ha entrado ya a Jerusalén, ha padecido tristeza mortal en el Huerto de los Olivos, ha presenciado las traiciones de los miserables Judas, ha visto a los Pilatos lavarse las manos y excusarse con la ley o con el mandato del César. Hoy se encuentra en pleno Calvario; pero el sacrificio está consumado ya. El día de la Pascua se acerca. Ya los ángeles preparan sus cantos de triunfo, para asistir a la resurrección gloriosa, y para cortejar a Nuestro Rey y Salvador Jesús, que se acerca ya a enjugar vuestras lágrimas y a daros en premio la libertad que habéis merecido con vuestros sufrimientos.

Dada en roma, fuera de la Puerta Flaminia, el 7 de octubre de 1927, fiesta del Smo. Rosario.

Jose María, Arzobispo de Durango.

Pbro. David G. Ramírez, Srio

Visto en el Blog Ecce Chrisianvs.

jueves, 7 de junio de 2012

Historia de la Solemnidad del Corpus Christi.



A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.
Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante… al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.
Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.
El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.
El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula “Transiturus” del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.
Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino… cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.
Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.
La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306… en Worms la adoptaron en 1315… en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.
En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.
Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad… y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Fuente: Aciprensa