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viernes, 18 de diciembre de 2015

Fallece tras practicarse un aborto legalmente.


Notivida18-Dic-2015.

FALLECIÓ TRAS UNA “INTERRUPCIÓN LEGAL DEL EMBARAZO”

Una adolescente de 17 años murió en el Hospital de Esquel, tras ser derivada desde el centro asistencial de El Maitén donde había sido sometida a una “Interrupción Legal del Embarazo” (“ILE”).

Los índices de mortalidad materna por aborto son considerablemente más altos que aquellos asociados con los nacimientos y la fiscalía investiga porqué practicaron una “ILE” con una gestación avanzada. Se secuestró la historia clínica e indagan a todos los profesionales intervinientes.

El 1 de diciembre le habían hecho una “ILE” (“Interrupción Legal del Embarazo”) en El Maitén y el 6 de diciembre la derivaron con un cuadro infeccioso al Hospital de Esquel donde falleció. El hecho tomó estado público al iniciarse las actuaciones judiciales.


Los padres de la menor, que se enteraron de que le habían practicado un aborto tras su fallecimiento, afirman que de haberlo sabido hubieran aceptado al nieto y resaltan con tristeza que ahora no tienen ni nieto, ni hija.

Los pilares del Gobierno Mundial: armas, dinero y población.

Un interesante programa en TLV1 (Toda la Verdad Primero), 16-Dic-2015.

La Dra. Chinda Brandolino, es Médica clínica, legista y perito forense de la Prov. de Bs.As. y dirige la fundación Acción por la Vida.
En esta ocasión habla sobre la medicina actual fomentadora de la muerte, los planes de los grandes adoradores del dinero con el fin de reducir o eliminar a la población mundial. El poder mundial y su relación con la cultura de la muerte y las políticas demográficas que pretenden la eliminación o disminución de la población mundial, mediante lo que estos poderes llaman “planificación familiar” (eufemismo de contracepción y aborto), “educación sexual” (eufemismo de homosexualidad y todas las perversiones derivadas) y vacunas y los peligros reales a la salud que ellas acarrean.

martes, 20 de octubre de 2015

Entrevista: La ideología detrás de las autoconvocadas.


Debido a los recientes acontecimientos ocurridos en la Catedral de Mar del Plata con relación al XXX Encuentro Nacional de “Mujeres Autoconvocadas”, realizado en octubre de 2015, y de una charla que hemos mantenido con el Prof. Juan Carlos Monedero (h), decidimos hacerle esta entrevista que a continuación publicamos.
Como material complementario de lo ocurrido, recomendamos a nuestros lectores, los videos que publicamos en esta entrada (13-Oct-2015).

–Muy buenos días, estimado Juan Carlos, antes de comenzar con el tema que nos llevó a esta entrevista, contános un poco de vos. A qué te dedicás, qué edad tenés, cuáles son tus estudios…

–Soy docente en el Nivel Primario y Secundario de un colegio católico. Además, soy Profesor de Filosofía en la Universidad. Tengo 30 años, recién cumplidos. Me recibí de Bachiller en Filosofía (UNSTA) y estoy cerca de licenciarme.

–¿Hace cuánto que trabajás en la docencia?

–Desde los 22, 23 años trabajé como preceptor en colegios secundarios. Y desde el 2011 estoy frente a curso.

–¿Qué materias dictas?

–Dicto Catequesis, Formación Doctrinal, Metodología del Estudio y además soy Tutor de chicos de primaria y secundaria. En la Universidad, me desempeño como profesor adscripto de dos materias filosóficas en la carrera de Psicopedagogía. Me intereso por las temáticas vinculadas a la lingüística, la semántica, la cultura de la vida y las ideologías, entre otras cosas.

–Bien. Vayamos a nuestro tema. Fue noticia toda la semana pasada, además de que hubo mucho material rondando por las redes, el Encuentro de Mujeres Autoconvocadas y, especialmente, el ataque a la Catedral de Mar del Plata el domingo 11 de octubre por la tarde/noche. ¿Qué comentarios podrías hacernos al respecto? ¿Cómo se arman estos encuentros?

–Todavía falta mucho por salir a la luz. Sin embargo, hay algunas cosas que pueden afirmarse con seguridad. Este fue el encuentro N° 30 de una seguidilla que arrancó en 1986. Hay cosas que pasaron que se vieron por televisión e Internet, especialmente YouTube. Pero hay otros elementos, no tan difundidos ni evidentes, que son de mayor interés. El encuentro se pone en marcha y se ejecuta mediante una llamada Comisión Organizadora y digo “llamada” porque se da la paradoja de que el encuentro, al mismo tiempo que reconoce esta Comisión, se plantea a sí mismo como horizontal y sin jerarquías. En la ciudad en donde se desarrolla, distintas entidades (colegios, universidades, centros de estudio, etc.) prestan sus instalaciones para que allí tengan lugar los “talleres”. Los talleres son espacios donde se reúnen las mujeres y debaten sobre distintos temas. Suele haber unos 50 talleres por cada encuentro.

–¿Qué hacen en esos talleres? ¿Cómo trabajan?

–En teoría, los talleres son “soberanos”: el temario propuesto para cada uno es indicativo y son los participantes quienes resuelven los temas y el alcance de los mismos. Cada taller cuenta con una coordinadora designada por la Comisión Organizadora; su rol principal es impulsar la participación de todas las mujeres del taller. Se nombran dos o más secretarias que registran las opiniones y debates. En el desarrollo de la discusión prevalece la controversia, manifestándose casi siempre resentimiento y agresividad. Por eso, está prevista la acción de lo que podemos llamar “las mujeres rotativas”: chicas que ingresan sorpresivamente en un taller a pudrir la discusión. La coordinadora, junto a las secretarias y todas las chicas que lo deseen, redactan las conclusiones del taller donde se consignan las diferentes opiniones de cada tema, aún las opiniones individuales. Esta redacción debe ser aprobada por todas las participantes por consenso. No se vota. El documento final es entregado a la Comisión Organizadora el último día del Encuentro. Este es el procedimiento en teoría; en la práctica, incontables talleres no presencian una discusión que “termina” a los gritos. Presencian un griterío interminable, de principio a fin. Ni se puede llamar “debate”. Es pura agresividad verbal en el inicio y en la culminación del taller, que no pocas veces es finalizado también abruptamente.

–Si los encuentros fueron organizados por gente que, en principio, piensa lo mismo sobre un abanico de temas, ¿cómo surgen las discusiones y los debates?

–En lo que a nosotros nos interesa, abortistas y feministas presentan un frente común y monolítico. Puertas adentro, ellas tienen diferencias. Sin embargo, el punto de ignición en los debates se da por la presencia de otras mujeres, de distintas edades, que desde hace años ingresan en los talleres a fin de discutir y presentar una cierta resistencia a los planteos abortistas. Ya no pueden decir las abortistas que sus conclusiones representan a todas las argentinas. Muy por el contrario, existen incontables mujeres provida que impugnan, de plano, el aborto y todo tipo de atentado a la vida humana. Muchas de esas mujeres son conocidas y amigas nuestras, a quienes aprovecho la oportunidad para manifestar mi respeto y admiración por plantar cara a estos desórdenes mentales y morales.

–¿Dónde tienen lugar estos talleres?

–En las instalaciones que los gobiernos provinciales y locales, así como otras entidades privadas, les prestan a la Comisión Organizadora. Esto merece también un comentario aparte. ¿En qué condiciones dejan los colegios y demás instituciones que la gobernación de la ciudad pone en sus manos? En su momento, las autoridades forzaron a la Directora de un Colegio a que prestara sus instalaciones para estas mujeres. En otra ocasión, ocuparon un comedor para niños carenciados y terminaron robándose sus cosas. Ensucian, roban, destruyen, destrozan.

–¿Sólo se discute el tema del aborto?

–Es uno de los temas principales pero, hasta donde sé, no es el único. También se intenta implantar la temática de género –la famosa ideología de género–, la ideología antidiscriminatoria, la educación sexual, entre otros. En una palabra, la cultura de la muerte como la llamó el Papa Juan Pablo II. Esta presencia disonante, que se plantea en favor del orden natural y sobrenatural, explica la reacción de las abortistas. La temática oficial de un taller puede principiar –por ejemplo– en “Mujer y Turismo, Salud de la mujer, atención sanitaria, discriminación” y desembocar en el debate sobre el aborto en un abrir y cerrar de ojos.

–¿Y cómo es esa reacción de los abortistas?

–Reaccionan con la violencia verbal y física. Así, directamente. En incontables casos no resisten los argumentos y su única vía de escape es la agresión. Esto nos dice algo desde el punto de vista psicológico. La violencia no es el punto culminante del debate: el taller, como dijimos, está atravesado por la violencia. Incluso entre las mismas abortistas.

–¿Qué nos dice esto desde el punto de vista psicológico?

–Que la mente de estas mujeres no es capaz de encontrar una respuesta satisfactoria a los argumentos que nuestras amigas les formulan. Que los pocos argumentos que tienen no las satisfacen y que sus almas, en vez de abrazar dócilmente la verdad –o, al menos, retirarse y dudar– reaccionan bajo el influjo del resentimiento ideológico.

–Algo lejos de lo que debería ser la atmósfera del debate…

–Exacto. En vez de prevalecer un ámbito de discusión y argumento, la atmósfera de situación se enrarece hasta volverse peligrosa. Nervios. Griterío. Agresividad. Caos. Por eso quiero destacar el sacrificio, la voluntad y el esfuerzo de nuestras chicas que se oponen a la ideología abortista. Muchas vienen de muy lejos para hacerlo, dejando atrás no sólo las comodidades sino legítimas aspiraciones.

–Los que defienden el aborto siempre argumentan que es la Iglesia la que practica la intolerancia, silenciando el disenso de quienes no concuerdan con sus enseñanzas.

–Es un argumento muy repetido, como decís. La paradoja es que los abortistas cuestionan a la Iglesia por algo que, cuando les toca a ellos, también hacen. La diferencia es que la Iglesia responde con argumentos y ellos con palos e insultos. La otra diferencia, principal, es que la Iglesia protege la vida del inocente y ellos sólo persiguen su eliminación directa. No somos lo mismo, no hay comparación.

–Entre nosotros, en el campo católico, también se sabe que no sólo las mujeres sino también los varones acompañan esta escaramuza que forma parte de la batalla cultural.

–Sí, también los varones. Mientras tienen lugar los talleres, algunos permanecen en oración. Otros, incluso, suman a esa oración la adoración del Smo. Sacramento. Jóvenes de todo el país viajan para defender la vida. Muchos custodian a las chicas cuando salen de los talleres porque saben que fuera de los mismos las abortistas suelen tomarse sus venganzas. En Posadas, la noche anterior a la defensa de la catedral varios grupos de varones salimos a hacer propaganda en defensa de la vida humana y de la familia.

–¿Sabemos algo de cómo se financian estos encuentros?

–Se sabe más de los resultados concretos y visibles. Es más fácil, a mi parecer, encarar este tema desde los efectos observables. Existe, sin duda, un enorme caudal de dinero que hace posible la logística que está a la vista de todos. Los encuentros se declaran autofinanciados. Sin embargo, reciben aportes en mayor medida de entes gubernamentales (municipales, provinciales, nacionales) como también de ciertas empresas y comercios. La verdad es que los grupos abortistas y feministas manejan muchísimo dinero.

–¿Existen antecedentes de este tipo de reuniones? ¿Cuáles son las influencias?

–Entre los antecedentes inmediatos, podemos mencionar una reunión que tuvo lugar en Kenya, 1985. Foro de ONGs. Tampoco puede omitirse la primera Conferencia Internacional sobre Mujer y Desarrollo (México, 1975); le siguen las Conferencias de Copenhague en 1980, la de Nairobi en 1985 y, por último, la de Beijing en 1995.

–¿Y qué tienen en común estas conferencias y encuentros internacionales?

–Son todas usinas e instancias internacionales ligadas a las Naciones Unidas. Ligadas en lo económico, en lo político y en lo cultural. Eso significa que promueven la ideología de los derechos humanos, el feminismo, la mentalidad anticonceptiva, el aborto y el homosexualismo político. En suma, el conjunto de falacias que desde hace más de 50 años tiene en jaque a Occidente.

–La pregunta del millón. ¿Para qué se hacen estos encuentros? ¿Qué fin se persigue? Se habla de “femicidio”, de “violencia de género”, machismo, “violencia heteropatriarcal”, “micromachismos”. ¿Qué significa todo esto?

–Estos encuentros se realizan, desde el principio, con un objetivo muy claro que no es conseguir la satisfacción de los derechos de las mujeres sino implantar la naturalización y despenalización del aborto, bajo la apariencia de que es un deseo de todas. Los términos “violencia de género” responden a la estrategia de decir una verdad para defender una mentira. ¿Cuál es la verdad? Que es absolutamente reprobable todo tipo de discriminación injusta contra la mujer; que es absolutamente reprochable que el varón le levante la mano, que cobre menos que el hombre por el mismo trabajo, etc. Pero, ¿cuál es la mentira? La mentira es que impedir un aborto sea “violentar” a la mujer. Es mentira que salvar la vida del embrión sea “violentar sus derechos” porque no hay derecho a la ejecución de un inocente.

–“Violencia de género” no es lo único que se menciona. También se habla de femicidio.

–Hablemos claro de una vez. “Femicidio” no existe. Existe el homicidio. Lo mismo lo que decías recién; hablabas de machismo, micromachismos, violencia heteropatriarcal. La verdad es que todas estas palabras son el resultado de un cambio de óptica: cosas que son naturales y propias de la buena educación –como dejar pasar primero a una mujer, cederle el asiento, ahorrarle algún esfuerzo físico, etc.– son considerados por estos grupos como “micromachismos”. Hay toda una enfermiza concepción que responsabiliza al varón, al sexo masculino, del 100% de cosas malas que le ocurren a la mujer. Se fomenta el resentimiento contra el sexo masculino de una manera absolutamente desembozada, cubriéndose de “razones” y “argumentos”. Reconocer a una mujer como diferente y tratarla distinto es “machismo”. Un acto de amabilidad en un colectivo es objeto de controversia. Están convirtiendo muchas cosas buenas en algo odioso. Estamos en un punto en que esto es demencial.

–También se habla de estereotipos de género, interrupción del embarazo, “yo decido”, etc.

–La locura ha llegado a tal punto que el hecho de regalar a un sobrino un juguete de guerra y a una sobrina una muñeca es tildado de “imposición de estereotipos de género”. Para ellos, todo es construcción. Lo social es construcción y aspiran a construir un nuevo ser humano a partir de una nueva sociedad en la que ellos serán los que decidan qué puede enseñarse, escribirse y decirse. Y qué no. Llegamos a la paradoja de que para obtener la plena libertad que ellos nos prometen en un futuro, debemos entregar nuestra propia libertad en el presente. Interrupción del embarazo es otro ‘caballito de batalla’ del aborto: abortar no es interrumpir. Abortar es matar, asesinar, destruir. El término género es parte de la ideologización de la sexualidad. Por eso es que no debemos adoptar un vocabulario que es solidario de una mentalidad que rechazamos. Me gusta mucho la frase del Profesor Jorge Ferro al respecto: “El lenguaje es un inapreciable instrumento de penetración y dominio. Es la savia misma de la vida social y cultural. Quien imponga un determinado lenguaje impondrá junto con éste un modo de entender la realidad, una cosmovisión subyacente, valores morales, culturales y políticos, pautas de conducta”.

–A la luz de los hechos, ¿qué pensar de estas mujeres que hablan y hablan y hablan contra “la violencia de género”, aún sabiendo que el término género es, como dijiste, engañoso y funcional a la ideologización del sexo?

–Los hechos, que están a la vista de todos, demuestran que la consigna “contra la violencia de género” es sólo un canto de sirena. Quienes más se llenan la boca contra la violencia, quienes más patalean para erradicar la “violencia contra la mujer” son los primeros que destruyen, incendian, delinquen, maltratan, agreden, etcétera. El objetivo es que nosotros perdamos el tiempo discutiendo sus palabras cuando en realidad deberíamos tener en cuenta, en primer lugar, los hechos. La consigna de “Erradicar la violencia de género” es pura distracción. Fuegos artificiales. Lo que realmente piensan puede comprobarse observando lo que hacen. No lo que dicen.


Una de las pintadas que dejaron las feministas en Mar del Plata
–Estas mujeres se autotitulan feministas. ¿Existe un auténtico feminismo, con ideales y proyectos nobles? ¿Se puede hablar de dos feminismos, uno “bueno” y otro malo?

–Estrictamente hablando, existen verdades sobre la mujer, sobre su dignidad, sobre su femineidad. La mujer como misterio, la esencia de la mujer como algo noble, superior, llamado a complementarse y a cooperar con el varón. El feminismo, por el contrario, es la ideologización de esta verdad. La verdad de la dignidad de la mujer es tomada por la ideología feminista y puesta en contradicción con otras verdades de la misma mujer; por ejemplo, contra la verdad de la Maternidad.

–¿Hay dos feminismos?

–No. Sostener un feminismo hipotéticamente bueno y otro feminismo “malo” es hacerle el juego al único feminismo que existe. No existe un feminismo bueno como no existen un comunismo o liberalismo “sano”. Existen, ciertamente, verdades deformadas por el feminismo. Existen verdades desnaturalizadas por el comunismo y por el liberalismo. Y es cierto, como se ha enseñado clásicamente, que todo error no es otra cosa que una desfiguración de la verdad. Eso es cierto. También puede admitirse que todo error toma una verdad y la enloquece (algo de esto escribió Chesterton). Pero una cosa es reconocer esto y otra cosa es “salvar” al feminismo deslizando la existencia de un hipotético feminismo bueno. Esto hay que decirlo con toda claridad.

–Dejando de lado la cuestión semántica y volviendo al campo de los hechos noticiados. Pregunta. Los destrozos que podemos observar, ¿fueron una parte de las mujeres del encuentro o fueron todas? ¿Es una actividad prevista?

–Hay gente que considera imposible que la destrucción de la propiedad privada sea algo llevado a cabo por la totalidad de las mujeres que participaron en este encuentro. Personalmente, no me consta que el 100% de las mismas haya convalidado –directa o indirectamente– toda la gama de agresiones. No me consta ni me puede constar. Es imposible saberlo. Pero aun así, pienso: si estás a favor de matar a tu propio hijo, indefenso e inocente, en tu mismo vientre; si considerás un “derecho” eliminarlo por medio de un inyección o destrozarlo con unas tijeras, si sos capaz de derramar su sangre, ¿por qué no vas a pintar una pared de un comercio? ¿Por qué no vas a arrojar materia fecal?
Ahora bien, también vale aclarar que en otro sentido es muy cierto que esta mentalidad no está presente en todas las mujeres que participan. Pero esto no lo digo para “salvar” el encuentro. Todo lo contrario. Me consta por testimonios de amigas y conocidas que muchísimas mujeres llegan a los talleres sin tener idea de para qué se hacen. Hay chicas que llegan ahí como “en paracaídas” y lejos de pedir el aborto viajan con la esperanza de solucionar sus problemas, que son muy concretos y atendibles. En concreto, en el 2007, en el taller de “Mujer y Acceso a la Justicia” la mayoría de las mujeres estaban ahí por un motivo muy concreto: no les pegaban los alimentos y sus hijos no estaban reconocidos. Estas chicas son claramente manipuladas y llevadas para amontonar, para hacer número. Este sector no ideologizado pero vulnerable desde el punto de vista social responde a esta convocatoria dado que a cambio se les paga. Entonces, vuelvo. Sí, en un sentido muy particular, no fueron “todas” las mujeres las que estaban de acuerdo con todos los episodios ligados al vandalismo, al caos. No, no fueron todas. Hubo muchas que fueron manipuladas por los abortistas.

–Muy fuerte lo que decís.

–Es que realmente hay planteos que asombran. Porque más grave que tirar palos, botellas, encender bengalas, graffitear, etc., es el aborto. Y el que puede lo más, puede lo menos. Por eso, yo no les creo. No les creo que la responsabilidad de los incidentes sea de un grupo “minoritario”. No fue una marcha que “accidentalmente” terminó en incidentes. Fue un incidente planeado y planificado, que se repite hace años. Cuando desde los MMCC se distingue entre una gran mayoría que “no hizo disturbios”, se pretende salvar el buen nombre de los abortistas. Es propaganda “para la gilada”. En el fondo, todos coincidían en lo central: matar a un hijo es un derecho. Y frente a eso, pintar o no una pared se convierte en algo absolutamente secundario. De todas maneras, estamos hablando de delitos y contravenciones cuyos responsables no tardarían en ser detenidos si no estuviesen parapetados en estas consignas.

–Los que defienden el “derecho” al aborto sostienen, entre sus argumentos, que el ser que se gesta en el vientre no está vivo hasta tal o cual semana. O, si admiten que está vivo, reconocen que es un ser humano pero no una “persona humana”. Recuerdo un debate con una abortista que me hablaba de “parásito humano”, algo similar a la “lombriz solitaria”, al referirse al feto. ¿Qué pensás de esto?

–Tales planteos, tales giros lingüísticos, son una cosa indignante. No deben ser discutidos como posición teórica pasible de razones sino denunciados y desenmascarados como obra maestra de la perversión del lenguaje. Mientras el hombre envía una expedición a lejanos planetas y asegura que la mera posibilidad de existencia de los elementos químicos del agua sería un probable indicador de vida extraterrestre, las pruebas incontrastables de vida intrauterina se ignoran. Y si la madre tiene en su seno “una vida humana que no es persona humana”, ¿entonces qué es?

–Estamos ante algo que cada vez es más demencial.

–Sencillo: si la madre no lleva dentro una persona, entonces ni es madre ni está embarazada.

–¿Cómo explicás esta agresividad, esta violencia y este odio?

–Considero que son varias causas, es un conjunto de causas, pero deseo destacar una: la ideologización. Todo esto no sería posible sin el lavado de cerebro, cultural e intelectual, que se hace en tantas cátedras y universidades. Lo cierto es que la agresividad no fue eliminada. Cambió de objeto. Por eso, la respuesta a la agresividad no puede ser el pacifismo. La principal diferencia entre los abortistas–feministas y nosotros, los católicos, no pasa por la energía que pongamos para defender lo que creemos. Pasa por lo que creemos.

–A ver, explicate un poco más.

–Dios es Amor, ¿cierto? Es Amor Infinito. Nos creó por amor y para el amor. Sin embargo, pocos saben que unos de los efectos del amor es oponerse a aquello que atenta lo que amamos. Luchar. Oponerse. Combatir. El médico ama el paciente y odia su enfermedad; y la combate. No lograremos desentrañar este tema hasta que podamos ver con claridad que el problema del odio feminista está en que es feminista y no en que es odio. Porque, efectivamente, hay un odio legítimo.

–¿Cuál?

–El odio al mal. Efectivamente, odiar la injusticia es bueno. Dice el salmo 97 (96): “Tú amas, Señor, a los que odian el mal, proteges la vida de tus fieles y los libras del poder de los malvados”. Esto es importantísimo. Importantísimo entenderlo, si no confundimos todo. El problema del uso de la fuerza en los abortistas está en que son abortistas y no en que usen fuerza. La fuerza es energía y se especifica en orden al fin para el cual se utilice. Un policía que defienda a una mujer de un ataque haciendo uso de la fuerza es noble. Es heroico.

–En los videos, puede escucharse que la agresividad verbal va escalando. Entre las consignas, me llamó la atención “Iglesia/basura/vos sos la dictadura”.

–Como otras, esta consigna responde a la ideologización que la izquierda viene realizando desde hace décadas. Pero no sólo la izquierda sino principalmente el oficialismo. El mismo hecho de llamar “dictadura” al gobierno militar nos dice algo. Desde que asumió el kirchnerismo en el 2003, el oficialismo no deja de abanderarse con planteos históricos que generan consignas como esa.

–¿Qué otros grupos están involucrados en esto?

–No sólo los abortistas y los feministas. También los grupos de todas las gamas de la izquierda, el socialismo y el marxismo. Todos estos grupos –y las ideas que sostienen– son causa directa de incontables muertes en todas partes del mundo. Rusia, China, Cuba. Parece que el asesinato es el hilo conductor entre las ideologías de izquierda y el aborto. Pensemos también sino en PlannedParenthood, empresa promotora del aborto en todo el mundo. PlannedParenthood, en este momento, enfrenta la situación más difícil de su existencia: sus principales líderes fueron grabados en una cámara oculta. Lo que se supo fue espantoso[1].

–Es evidente que todos participan de la misma mentalidad y producen los mismos actos. Ahora bien, volviendo a las Autoconvocadas, ¿qué pretendieron hacer estas mujeres en Mar del Plata y en las demás ciudades?

–Atacar la Catedral y profanarla. Ese era su objetivo, el cual viene siendo evitado por grupos de fieles católicos que, a lo largo de estos años, se vienen apersonando delante de los templos, poniendo –literalmente– el cuerpo. Rosario en mano y con el Avemaría en sus bocas.

–¿Qué hay de los que piensan que estar allí presentes es “una provocación”? Si no se hace la defensa, ¿igualmente habría ataque?

–Primero, en sí mismo, el argumento es una idiotez. Y digo que es una idiotez porque no resiste el menor análisis. Pero además, es falso, porque la organización de la defensa de catedral empezó tras el feroz ataque y profanación de la Catedral de Rosario, también en el marco de Autoconvocadas. En ese entonces, las feministas entraron al templo, violaron el sagrario, rompieron imágenes, etc. O sea: ya sabemos lo que son capaces de hacer.

–¿Es suficiente resistir de esa manera pasiva?

–Con esta pregunta entramos en un terreno delicado. Quiero subrayar que respeto a todos los católicos que sucesivamente y a lo largo de los años han defendido las distintas catedrales que vienen siendo atacadas. Pienso, asimismo, que en todos los casos se hizo lo mejor que se pudo con los elementos que en ese momento estaban disponibles. Lo que debemos pensar es cómo fortalecernos aún más para que, llegado el momento, tengamos más de una variante.

–¿A qué te referís?

–A que ya tenemos experiencia en lo que pasa. Y que una cosa es juntar, contra viento y marea, a 60, 100, 200, 250 personas para vernos reducidos a interponernos entre los agresores y la Catedral; y otra es trabajar sistemática y sostenidamente durante todo un año, preparar a las personas, conocerse, delinear un plan común, etc. pudiendo juntar el día de la defensa varios miles de católicos. Las posibilidades de lo que se haga el día del ataque están en directa dependencia con la calidad y cantidad del trabajo previo.

–Hay quienes piensan que la defensa no sólo puede ser pasiva sino que debe serlo.

–La legítima defensa es una “pata” de la doctrina que se conoce bastante poco y mal. Ante un ataque, existe la posibilidad legítima de defenderse. ¿Cómo? Todo depende de la magnitud del ataque. Cómo debamos los católicos defender la Catedral guarda relación con el ataque. Por eso es que, sabiendo lo que ha ocurrido, tenemos que prepararnos para lo que viene ocurriendo. Ni más ni menos. Si nos preparamos para menos, nos exponemos a reaccionar de manera deficiente. Si nos preparamos para más, nos exponemos a reaccionar de manera excesiva.

–¿Qué otros elementos habría que tener en cuenta?

–Es indispensable tener en cuenta la historia. Porque el ataque a los templos y catedrales no es algo nuevo. Pensemos en la España del 30’: los ataques a la fe en el marco de la Guerra Civil. La Guerra Cristera en México, años 20’. La misma Argentina en el 55’ con la quema de las iglesias. En todos los casos, la resistencia fue enérgica. Y siempre ella debe guardar, si quiere ser legítima, la proporción entre el ataque y la defensa. No hay que inventar nada. Tampoco preocuparse de que los MMCC nos tergiversen “si resistimos activamente”. ¡Ya nos están tergiversando!

–He escuchado que uno de los argumentos por los que se viene realizando una defensa “pacífica” de la Catedral, ante los encuentros de Autoconvocadas, es por aquello que dijo Nuestro Señor: si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra (Mt. 5, 39). ¿Qué pensas al respecto?

–Como te dije antes, guardo un respeto y un reconocimiento por quienes a lo largo de los años han defendido los templos y catedrales, cosa que no sólo tiene lugar en el marco de Autoconvocadas sino también en el marco de la “Marcha del Orgullo Gay”, llevada a cabo en Buenos Aires los primeros días de los meses de noviembre. Yo mismo he asistido a varias de esas defensas y, en concreto, estuve en la catedral de Posadas en el 2012, frente a Autoconvocadas. Por lo tanto, sé que es un momento de enorme tensión; los caminos y las posibilidades son muchas, no todas son claras; lo que debe hacerse y lo que no puede llegar a ser, en parte, discutible, hay un margen de opinión; no es todo blanco y negro. Todo eso lo he vivido y lo entiendo. En particular, esta respuesta –lo subrayo– quiero hacerla en el marco del respeto por todos los que asistieron y asisten, más allá de las lógicas diferencias que pueden llegar a surgir. Cuando Nuestro Señor habla de “poner la otra mejilla” se refería a las ofensas que nos hagan a nosotros. A las ofensas que podamos recibir en el plano personal vos y yo, Juan, Pedro, María, etc. En los ataques a las catedrales y templos, ocurre otra cosa.

–¿Qué ocurre?

–Ocurre la ofensa a Dios y a sus recintos. Y la ofensa a nosotros sólo en cuanto somos personas que nos identificamos o queremos identificarnos con la fe católica y con Cristo. Cuando nos insultan y agreden, no lo hacen en tanto personas con tal nombre y tal apellido; de hecho, no conocen nuestro nombre ni nuestro apellido. Nos ofenden en tanto somos representantes de la Iglesia Católica. Nadie está ahí para representarse a sí mismo. Por tanto, si es lícito defender los templos porque ellos son un signo de Cristo donde Él habita, también es lícito defenderse a uno mismo. Porque también, uno mismo, es, por la gracia, recinto de Cristo.

–¿Podrías darnos un ejemplo que nos ayude a entender mejor esto?

–Sí. Me gusta mucho el ejemplo de la conversión de San Pablo. Cuando leemos en Hechos de los Apóstoles, cap. 9, que Saulo, “al acercarse a Damasco”, es alcanzado “de improviso” por “una luz que venía del cielo”, envolviéndolo “con su resplandor”, ¿qué le dice Cristo? Son palabras antológicas. Cristo le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hc. 9, 4). El que persigue a los cristianos, persigue a Cristo. Las abortistas y feministas persiguen a los cristianos. Luego, persiguen a Cristo. Por eso es que cabe distinguir entre ser pacífico y pacifista. El pacifismo, como dijo el Papa Pablo VI, “no es ni cristiano ni católico”. Mientras que sí hay una Bienaventuranza para los pacíficos, que es algo muy distinto. En conclusión, la defensa de las catedrales y templos no puede ser pacifista.

–¿Qué es necesario para lograr esa defensa?

–Ante todo, prepararla. En esta oportunidad, en Mar del Plata –la verdad sea dicha–, los católicos que defendieron la Catedral hicieron lo que pudieron con el poco tiempo que disponían. Me explico: según el testimonio de personas radicadas en Mar del Plata, el obispo de la ciudad, Antonio Marino, había prometido que el día de la marcha la Catedral estaría custodiada por la Policía, la Infantería y la Prefectura. Incluso, suspendería las tres misas que se dan ese día, modificaría el lugar de su celebración, a fin de no exponer a los asistentes. Tres horas antes –me consta, como dije, por testimonio de un amigo que estuvo en la defensa el pasado 11 de octubre–, apenas tres horas antes, los católicos se enteran de que el obispo: 1) No había llamado a la Policía; 2) No había llamado a la Infantería; 3) No había llamado a la Prefectura; 4) Autorizaría la celebración de las tres misas. Aun sabiendo todo esto, hubo un grupo de católicos que, exponiéndose, se apersonó en la catedral. La resistencia que, con todo en contra, impidió la profanación del templo se formó en apenas 3 horas. Ni al obispo ni al párroco se los vio en los peores momentos de la defensa de la Catedral.

–¿Hubo heridos en la defensa?

–Hasta donde yo sé, hubo 7 personas nuestras heridas. Por eso conviene remarcar y destacar que todo lo que se ha visto en cámara son delitos y contravenciones que no serían toleradas si fuesen realizadas por otras personas. En un partido de fútbol, por ejemplo, por mucho menos se arrestan a los que generan disturbios. Parece que la defensa del aborto es la carta de la inmunidad, es el escudo legal para delinquir sin ser molestado. Y no se trata solamente de este encuentro. También hubo heridos en los anteriores. Por testimonios de personas que estuvieron presentes, tengo que decir que, en Mar del Plata, la agresión fue de tal magnitud que pudo haber habido algún muerto.

–Tanto el encuentro como la marcha se proponen, entre otras cosas, erradicar la “violencia de género”. Hay gente que se sorprende que un reclamo que, en principio, sería bueno, termine en estos actos delictivos y vandálicos.

–Bajo la capa de la erradicación de la llamada violencia de género se busca instalar, primero, el debate por el derecho al aborto. Aunque no parezca, muchos abortistas se conforman con el simple hecho de debatir este tema. Ni siquiera con imponer su posición: simplemente, debatir.

¿Por qué?

–Porque saben que si el ser humano termina debatiendo ésto, tarde o temprano, lo aceptará. Es una estrategia que se compone de pequeños pasos. Cuando se empieza por debatir lo obvio, lo obvio deja de ser obvio. Por eso, hace años, somos testigos en la Argentina de un permanente cuestionamiento de lo evidente, que paulatinamente deja de ser considerado tal: “¡Eso no es un ser humano, es un embrión, es un conjunto de células!”. El efecto propio de este poner “en tela de juicio” lo obvio es naturalizar la negación de lo básico. A toda costa nos quieren acostumbrar a escuchar –simplemente escuchar– que la vida del niño por nacer puede ser objeto de debate.

–Me parece muy importante enfatizar que uno de los objetivos es instalar el mero hecho de “debatir”.

–Es que al principio, ni siquiera nos exigen que aceptemos, de plano, el aborto. Sólo nos exigen que aceptemos “el debate”; esto es, que admitamos que “habría razones” en ambos lados. Bajo el temor de ser señalado como “cerrado”, la gente termina aceptando debatir cualquier cosa aunque su sentido común, su elemental honestidad y hasta su vergüenza se vean ultrajadas hasta la náusea. Ahí tenemos el nudo de la batalla cultural: el sentido común. Debemos decir con todas letras que existen cosas que no están sujetas a discusión. Cosas que no deben ser objeto de controversia intelectual.

–“Cambiar el sentido común” es Gramsci puro.

–Así es. Hay que alterar la percepción que el hombre tiene naturalmente de las cosas. Por eso es que, hoy por hoy, las ideologías han convertido la mente humana en una arena de combate. El agresivo ariete de los abortistas impacta en el intelecto antes que en el templo. Por eso no debe sorprender a nadie que estos encuentros terminen con tal grado de violencia. La violencia yace en la mente, antes que en la mano. La violencia se gesta primero en la conciencia, antes que en el puño.

–¿Qué grado de aceptación tiene este tipo de encuentros, definitivamente signados por la violencia?

–Gracias a Dios, todavía queda mucha gente que advierte que el caos y la defensa del asesinato no son el camino. Puedo contar por testimonios de amigos y conocidos que hubo pueblos en donde las personas se negaban a colaborar con estas mujeres en cuanto las identificaban. Tal cosa pasó en Tucumán, por ejemplo; remiseros que no las trasladaban, confiterías que no las atendían, almacenes cerrados para no abastecerles de nada, etc.

–¿Hubo alguna declaración, antes o después, por parte del obispo de Mar del Plata o de algún jerarca de la Iglesia?

–Sí, hubo declaraciones. Pero las palabras pueden decirle algo a quien no conoce la realidad más de cerca. Cuando sabés lo que ocurrió dejás de atender a las palabras y discursos para concentrarte en los hechos. Y todo se vuelve claro aunque también doloroso e indignante. Más allá de lo que puedan haber dicho, la verdad es que la Catedral quedó absolutamente desprotegida, a merced de los enemigos de la fe. Cero Policía, cero Prefectura y cero Infantería. Y no sólo la Catedral sino principalmente el grupo de católicos que, en un acto de testimonio de la fe, se apersonaron para no dejar solo el Sagrario.

–¿En qué sentido la actitud del obispo influye en el comportamiento de los fieles?

–Los obispos son la jerarquía de la Iglesia. Con respecto a estos temas, su comportamiento es determinante. Generalmente, la actitud oscila entre el silencio y una suerte de pacifismo humanista y tolerante, el cual termina desgastando a los fieles que sienten que deben defender el templo. En España, a pesar de su gobierno laicista y de izquierda, realizar un atentado similar a lo que hacen estas mujeres, es equivalente a años de cárcel; por eso no ocurren estas cosas allá, a pesar de que crece el ambiente hostil al catolicismo. Hay excepciones, sin embargo. Y creo que es justo consignarlas. En el año 2006, Mons. Palentini estaba en primera fila frente a la Catedral, en la defensa. Había custodia policial y sin embargo él estuvo allí rezando con los fieles que se apersonaron para defender el templo. En Tucumán, Mons. Villalba convocó a toda la diócesis a defender la vida; se notó muchísimo, me han contado. La participación en los talleres fue notable. Mons. Aguer también propicia la participación para resistir a estos planteos abortistas. Deseamos mucho más. Corresponde mucho más.

–¿Cómo relataron los MMCC estas noticias?

–En general, predominó la distorsión. Tal es el hilo conductor entre publicaciones tan diversas como Clarín, La Nación y Página/12. El colmo de este engaño puede leerse en la acusación que reproduce –con estudiado candor– el diario La Nación[2]. Es tramposo el retrato de la noticia. Leemos que el encuentro “culminó en enfrentamientos entre manifestantes y la policía bonaerense”, razón por la cual la Comisión “acusó a las fuerzas de seguridad de ‘reprimir’”. ¿Se puede mentir tanto? La verdad es: estas hordas hicieron todo el mal que pudieron –todo: insultar, golpear, escupir, arrojar materia fecal, quemar, destruir propiedad privada, etcétera– y en un momento era tan pero tan obsceno y absurdo permitirlo que la Policía reaccionó. Reaccionó tarde, muy tarde. Y esas se quejan incluso de eso. ¿Por qué? Porque están tan sumergidas en la ideología y en el resentimiento que no quieren verse a sí mismas. Y es más fácil blandir la carta de la represión que reconocer lo propio, ¿no es así? La mejor defensa es un buen ataque. Quien desee apreciar la cantidad de mentiras que se dijeron, no tiene más que comparar los videos con las notas periodísticas. Está todo al revés: los delincuentes acusan a las fuerzas de orden.

Decía Chesterton que “llegará el día en que se blandirán espadas por demostrar que las hojas son verdes en verano”. Creo que hemos llegado a ese día. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

–Ante nuestros ojos se despliegan ejércitos de sofistas, de manipuladores, de apologistas de asesinos. Todos tienen en común una cosa: la tergiversación de la palabra. Y por tanto de la verdad. Es exactamente ahí donde debe librarse la batalla: en el terreno del lenguaje. Hablar bien. Decir verdad. Señalar lo que es natural y lo que no. Afirmar la legitimidad de discernir, distinguir, discriminar. Defender a capa y espada la vida del niño inocente. Atestiguar la condición creatural del hombre: como soy creatura, no soy dueño absoluto de mí mismo. Dar testimonio de la verdad, en el Nombre de Cristo. Esto es así. Hasta que no tengamos el coraje de decir las cosas como son, las cosas nunca serán lo que deben ser.

–Muchas gracias, Juan Carlos.

–Gracias a vos.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los videos de Planned Parenthood con subtítulos en español.


Breve discurso del Senador James Lankford, valiente defensor de la vida y el único que se manifiesta ante el congreso de EEUU en contra de seguir financiando la internacional abortista Planned Parenthood.


Los famosos videos, en que sale a la luz las intenciones de la internacional del aborto Planned Parenthood, con subtítulos en español:

Video 1: Planned Parenthood usa abortos para vender partes de bebés:



Video 2: Planned Parenthood vende órganos de bebés abortados:



Video 3: Capital Humano Episodio 1 - Planned Parenthood Mercado negro de Bebés.



Video 4: Planned Parenthood negocia con fetos intactos [imágenes fuertes]:



Video 5: Planned Parenthood Vende Bebés Abortados [imágenes Fuertes]:



Video 6: Capital Humano Episodio 2 Planned Parenthood sitio de provisiones:



Video 7: Escándalo Planned Parenthood:



Video 8: Bebés abortados StemExpress quiere otros 50 hígados por semana:



Video 9: socios de Planned Parenthood “Hay fetos intactos que se salen solos”:



Video 10: Capital Humano Episodio 4: ejecutivos de Planned Parenthood acuerdan ventas:

jueves, 23 de julio de 2015

Juan Manuel De Prada: El fracaso de los pro vida.


SE consumó la reformita favorecedora del aborto que impedirá abortar a las menores de edad sin el consentimiento de sus papaítos. Y digo que esta reformita de apariencia restrictiva favorece paradójicamente el aborto por la muy sencilla razón de que refuerza su consideración como acto de mera disposición de la voluntad. Cuando a una menor se le exige el consentimiento de sus papaítos para abortar se está afirmando que, para abortar, basta con tener capacidad legal, como para contraer cualquier obligación o ejercer cualquier derecho de naturaleza civil; y que, alcanzado ese requisito de la edad (o subsanado por el consentimiento paterno), abortar se constituye en un puro acto de la voluntad, como suscribir una póliza o comprarse un automóvil. Que una menor pueda o no abortar con el consentimiento de sus papaítos es un hecho irrelevante que sólo sirve (a modo de macguffin) para distraer la atención de los tontos útiles del hecho sustancial, que es la eliminación de una vida gestante. En realidad, esta reformita es una argucia para contribuir al eclipse de nuestro juicio ético, que es el fundamento sobre el que el Nuevo Orden Mundial sustenta todo su proceso de ingeniería social.
Pero los peperos no hacen sino cumplir con su cometido de obedientes lacayos, según el reparto de funciones que les asigna el Nuevo Orden Mundial. Más interesante es constatar el fracaso incuestionable del movimiento pro vida, que durante décadas ha pretendido que el aborto no es una cuestión política, esgrimiendo argumentos sentimentaloides y vacuas apelaciones al derecho natural que ya nadie entiende, precisamente porque el orden político vigente se sustenta sobre la abolición del Derecho Natural. Para combatir los presupuestos doctrinales sobre los que se sustenta el aborto hay que propugnar un orden político nuevo, que es lo que el movimiento pro vida no ha sabido hacer, pretendiendo mantenerse en un absurdo (por inexistente) ámbito de «apoliticismo», que a la postre se ha convertido en arrabal de friquismo; pues la dura realidad es que, hoy por hoy, quienes defendemos la vida gestante somos percibidos por el clima de nuestra época como friquis apestosos, amén de inhumanos.
Y es que la defensa de la vida gestante sin la postulación de un orden político que la acoja hospitalariamente resulta ininteligible. Para revolverse contra el aborto hace falta, primeramente, revolverse contra un orden económico que se funda sobre la convicción de que el mejor modo de contar con masas cretinizadas e incapaces de luchar contra unas condiciones laborales oprobiosas es conseguir que esas masas tengan pocos hijos; porque quien no tiene hijos por los que luchar acaba renunciando a la lucha. Para revolverse contra el aborto hay que explicar antes a la gente que el aborto, como todos los derechos de bragueta, son argucias del sistema para conseguir que las injusticias sociales resulten menos oprobiosas. Y que todo el sostén ideológico sobre el que el aborto se sostiene es, en última instancia, consecuencia del concepto liberal de libertad, que exhorta al hombre a deshacerse de todos los impedimentos que dificultan o limitan el proceso de fortalecimiento de su individualidad soberana. A esta idea nuclear se le incorporarían luego aderezos y perifollos como la ideología de género; pero combatir los perifollos sin atacar el núcleo es como arar en el mar.
El combate contra el aborto sólo puede ser eficaz si se inserta en un combate de naturaleza política. Todo lo demás es buscar grotescamente la «añadidura», soslayando la búsqueda primordial del «reino y su justicia». Pero a quien no busca primero el reino y su justicia la añadidura también le será negada.

Juan Manuel De Prada, ABC, 18-Jul-2015.

viernes, 26 de junio de 2015

Buenas causas, mal defendidas.


A raíz de los acontecimientos en Buenos Aires con respecto a las leyes abortistas que se intentan imponer, y la reacción que sucintan de los grupos pro-vida, publicamos un viejo artículo, que viene al caso, aparecido en Revista Cabildo N°93, 18 de Diciembre de 2011, 3ra época.


A propósito de la campaña contra el aborto
Buenas causas, mal defendidas

Por Antonio Caponnetto

Es una paradoja que termina causando daño. Y hay muchos ejemplos a la vista, como para aprender a distanciarse de tamaño error.
Están los que defienden la activa participación política en pro del rescate de la patria pero no se les ocurre otra alternativa que insertarse en el Régimen falaz y descreído, pagando tristísimo tributo teórico-práctico a sus peores axiomas.
Están los que defienden a la Jerarquía Eclesiástica, pero creen que así debe ser considerada todavía nuestra penosa gavilla de obispuelos, aliada de la tiranía kirchnerista.
Están los que defienden la pureza y la galanura del idioma, pero porque sostienen —como Pedro Luis Barcia— “que el empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático” (cfr. “La Nación”, 11 de noviembre de 2011, pág. 1).
No advierten que es precisamente este sistema la concausa y la ocasión de la babel lingüística, de la guerra semántica y del adefesio cultural.
Y están, por caso, los que defienden al revisionismo histórico, trazando líneas pretéritas irreconciliables, como la de Rosas con Perón o con algún demonio bizco a quien se llevó la Parca, horrorizada hasta ella del engendro que transportaba.
Pero hay una causa nobilísima cuya defectuosa defensa nos preocupa hoy especialmente. Se trata de la causa de la vida contra el crimen del aborto. Que tiene buenos apologistas, lo sabemos; y no son ellos quienes deben darse por aludidos en los párrafos que siguen.
Pero ocurre que los organizadores y promotores más salientes de las genéricamente llamadas marchas pro vida, no dejan confusión por perpetrar. Son personas bien intencionadas, honestas, laboriosas, quizás algunos hasta de conducta santa. Celebramos sus talentos y esfuerzos, que no son pocos.
Subrayamos también sus virtudes. Pero la miopía doctrinal en la que se encuentran les juega una mala pasada.
Tenemos a la vista, por ejemplo, el conjunto de “recomendaciones” que nos remitieran la “Red San Isidro” y el “Frente Joven”, por correo electrónico, a propósito de la concentración del 1° de noviembre en contra del aborto. Posiblemente no sean instituciones puestas bajo un mismo mando, o similares en sus emprendimientos. Pero al igual que otras entidades como “Unidos por la Vida”, adolecen del mismo criterio: respiran el espíritu del mundo, el lenguaje políticamente correcto, la dependencia del pensamiento único, la forma mentís de la modernidad, los tópicos de la Revolución, y el estilo pacifista, propio de quienes declaran carecer de actitud confrontativa.
Se recomienda así utilizar el argumento de que “abortar es discriminar”, como si el vocablo tuviera la ingénita maldad que le han endilgado las ideologías garantistas; de que es “racista y machista”, como si ambos motes no pertenecieran al gastado libreto del feminismo; de que “siempre es injusto matar a una persona”, como si no hubiera diferencia entre la vida de un inocente y la de un culpable; y sobre todo —¡no podía faltar el incienso a la deidad mayor!— de que somos democráticos y nos sentimos ofendidos por las “irregularidades del debate antidemocrático” que se lleva a cabo en el Congreso, “ya que no nos permitieron todavía llevar oradores que expresen nuestra postura en defensa de la vida”, como si la presencia en aquel deleznable recinto de alguna supuesta voz ilustrada —equiparada con otras muchas abominables— pudiera ser el obstáculo para una estrategia criminal puesta en marcha con todos los resortes del Estado.
He aquí, el paquete completo de las categorías gramscianas, los tópicos repetidos por el amasijo de liberales y marxistas que nos dominan, los estereotipos gastados de la contracultura moderna. He aquí, en suma, la tosca dependencia a las muletillas impuestas por la intelligentzia oficial. Algo es malo si discrimina, si es violento, si es antidemocrático, si conculca los “derechos humanos”.
Y para que sea más malo todavía conviene acusarlo de nazismo, usando para ello las palabras talismán impuestas por las izquierdas para mentarlo: racismo y machismo.
Una lectura atenta de Maurras podría hacerles comprender que "la Revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria". Si hablamos como ellos, acabaremos pensando y siendo como ellos.
La única dureza de estos profesionales de la blandura está aplicada a quienes se les ocurra que hay que presentarse a sus concentraciones, no como seguidores de la evangelista Hotton o de la opusdeísta Negre —que son modelos de aturdimiento mental— sino como católicos militantes y aguerridos, dispuestos, si la ocasión se diera, a la inevitable contienda contra el amontonamiento de sacrílegos y de blasfemos. Dispuestos a quebrar lanzas por las augustas realidades de Dios, la Patria y el Hogar.
“Aquel que no se sienta capaz de controlarse —dice el largo Instructivo de la Red Federal de Familias—, le exigimos que no venga, ya que puede arruinar el esfuerzo de muchos”.
El eufemismo es notorio. Descontrolados como Santa Juana de Arco, San Luis Rey o San Juan de Capistrano, abstenerse. Tampoco testigos insumisos de la locura de la Cruz, pues los custodios de la cordura racionalista ordenan: “no repartir ningún tipo de volante que sea ajeno a las líneas argumentativas que se pretende trasmitir, todas ellas desde un enfoque científico”.
De modo que afuera de las marchas “providistas” el Profeta Isaías, recordando que Dios nos formó desde el seno materno, o el mismísimo Moisés, blandiendo las Tablas de la Ley con el Quinto Mandamiento. Afuera la descontrolada madre de los Macabeos y el acientífico alegato sobrenatural de Zacarías e Isabel.

“Detrás de toda cuestión política hay una cuestión religiosa” (Donoso Cortés)

Han caído en la trampa que pacientemente les tendió el mundo: la Fe no es argumento, ni conocimiento, ni prueba. Escondámosla, o pongámosla entre paréntesis. Detrás de toda cuestión política ya no hay una cuestión religiosa, al buen decir de Donoso Cortés. No; para estos providistas se trata de un debate político democrático que es preciso reclamar. “Creemos en una sociedad unida que proteja la vida, una sociedad que definitivamente renuncie a cualquier forma de violencia”, dice el manifiesto de “Unidos por la Vida”.
Para que el caos fuera completo, en aquella concentración aludida del 2 de noviembre, un sinfín de banderas rojas eran enarboladas por los “nuestros”, algunas con lemas favorables a la supuesta postura anti abortista de Cristina, otra con leyendas contra “la ley nazi”. Todo en un clima de estudiantina, de viaje de egresados, de pic-nic callejero, mientras una sanitaria valla policial separaba a ambos partícipes del disenso democrático, para que todos se pudieran expresar libremente.
El espectáculo de la paridad y de la legitimidad de las posturas fue montado durante largas horas, siendo funcionales ambos bandos, recíprocamente. Muchos jóvenes tuvieron así su bautismo de “fuego” pluralista, ghandiano, sincretista y nada confrontativo. Como le gusta a Arancedo. Como les inculcan en ciertos establecimientos educativos “católicos” a los que concurren.
Dos días después de esta esforzada pero penosa marcha, el jueves 3 de noviembre, el Padre Víctor Manuel Fernández, desde las páginas de “La Nación”, desbarraba aún más la línea argumentativa en una nota titulada “Matar a los débiles”. Fernández, por supuesto, es el continuador de Zecca en el rectorado de la UCA, aunque merecería ser pariente de Aníbal.
Su confusión tiene una culpa mayor y más imperdonable que la de los otros. “Según el prete, los abortistas son “autoritarios” que han heredado “la política de violación de los derechos humanos”.
La culpa no recaería ni en la Internacional Marxista que, desde siempre fomentó la cultura de la muerte; ni en el Imperialismo Internacional del Dinero que explícita descaradamente sus planes neomalthusianos de colonización mediante el aborto; ni en la caterva de nuestros partidócratas homicidas; ni en la tiranía gubernamental que promueve la perspectiva del género y la contranatural; ni en la industria del vicio nefando convertida en política de Estado; ni en el pecado mortal del liberalismo que antepone la libertad de disponer del propio cuerpo al deber moral de dar a luz a un inocente.
No; la culpa —tácita pero gráficamente señalada— la tiene el Proceso, “que avergonzó a nuestro país” con su “política de violación de los derechos humanos”. Estos “autoritarios”, ayer enseñaron que se puede matar a alguien “porque es peligroso”. Hoy porque “aún no tiene más de tres meses”.
La asociación desaparecido-niño por nacer, y la condición de víctima inocente de ambos, está lo suficientemente sugerida como para evitarnos rodeos interpretativos. ¿Podía pedirse distorsión mayor en la identificación de los verdaderos asesinos y victimarios? ¿Podía pedirse cobardía más abyecta que la de hacer leña con el árbol caído, hachado y enterrado? ¿Podía pedirse cinismo más imperdonable que el de omitir el nombre actual de los reales genocidas aborteros? ¿Podía, en fin, caerse en tan bajo grado de hipocresía como para acusar al presunto autoritarismo y no al real permisivismo que todo lo domina?
Pero Fernández sabe que hay otro eslogan preferidísimo por el mundo y por los providistas confundidos, y lo deja para el final. “Quizá sin darnos cuenta”, nos dice, “repetiremos los argumentos del nazismo”.
Es extraño. Entre las filas oficiales, oficiosas y seudo opositoras de quienes promueven el aborto, hay un sinfín de judíos, masones, gnósticos, y sectarios del más negro prontuario. Expreso, antiguo y perseverante es el apoyo de todas las organizaciones comunistas y anarquistas. Militantes furiosos de las izquierdas y del sionismo dominan los medios y las instituciones que agitan la contranaturaleza y el crimen. Todos ellos, sin embargo, son intocables e innombrables. La ley de “la interrupción del embarazo” es nazi. El peligro es Hitler. De esta manera, nuestros temerarios antiabortistas ya tienen el reaseguro infalible para que el Siglo no se ensañe demasiado con ellos. El marxismo agradecido, recibe esta exculpación de sus crímenes y alimenta el mito del demonio nazi.
Fue el israelita Leo Strauss el que incluyó, entre la categorías de falacias, la denominada reductio ad Hitlerum, según la cual no hay recurso más sencillo, directo y seguro para agraviar a algo o a alguien que sostener que lo mismo era realizado por Hitler. No importa si enseñamos la verdad o mentimos, si cuadra o no cuadra. Hitler es el comodín de todos los males y, sobre todo, el que nos libra de la dura responsabilidad de estar acusando a los hebreos y a los hermanos tres puntos.
Lo diremos con la exigencia categórica de quienes no tienen nada que perder respecto de los favores del mundo. Lo diremos subrayándolo: nosotros no desconocemos los males propiciados y consumados al respecto por el Nacionalsocialismo. Nuestro repudio no titubea ante la cosmovisión crudamente materialista y biologista que pudo alentar planes y prácticas contrarias a la Ley de Dios durante los años tumultuosos del Tercer Reich. Pero quienes por cobardía e ignorancia se llenan la boca acusando a los abortistas de ser nazis, desconocen que en junio de 1936, en Alemania, se creó la Reichszentrale zur Bekampfung der Homosexualitat und der Abtreibung (Central del Reich para la Lucha contra la Homosexualidad y el Aborto), controlada por la Gestapo primero y por la Reichskriminalpolizeiamt después. Ignoran el discurso de Himmler de 1937 asociando la homosexualidad con la disminución de la tasa de nacimientos, y alentando la oposición a la sodomía y el fomento de la maternidad, porque “un pueblo con pocos hijos tiene un boleto de ida hacia la tumba”. Ignoran los mismos discursos de Hitler en pro de las familias robustas y numerosas, conceptos todos que se trasuntaron en diferentes leyes llamadas de salud marital.
Nada de esto convierte al nazismo en un modelo de política pro vida cristiana, ni exime a sus ideólogos de los condenables desaciertos conceptuales, ni lo exculpa de gravísimas faltas éticas allí donde pudieran haber concurrido. Pero el rector Fernández y los centenares de anti abortistas que repiten la ignominiosa falacia de Strauss, podrían al menos considerar la posibilidad de salir del analfabetismo histórico y del aplazo en lógica. Porque la beneficiaría de esta argucia no es la cultura de la vida, sino la propaganda aliada.

Desde las páginas de “La Hostería Volante” se había acuñado un lema demasiado sugerente como para desdeñarlo, a pesar de las diferencias sustantivas que tuvimos con aquella publicación. En efecto, se hablaba allí de “El frente de algodón”, para aludir por lo general a aquellos católicos débiles y medrosos que tomaban ciertas causas justas como propias, pero al hacerlo las algodonizaban; esto es, la debilitaban, le restaban prestancia, vigor, enjundia y gallardía. Hasta confundirla muchas veces con la misma posición del enemigo.
Así pasó ayer con la oposición al seudo matrimonio. Y así está sucediendo por ahora con la resistencia al aborto. Todos estos jóvenes con espíritu apostólico, todas estas familias imbuidas de respeto al orden natural, deben salir de la trampa en la que se encuentran y a la cual inducen a terceros. Deben incluso tomar conciencia de que los tiempos que vivimos son —muy posiblemente— postrimeros, y que no guarda proporción espiritual comportarse en ellos como cristianos mitigados o híbridos. Lo que se nos pide es, ni más ni menos, que seamos testigos de Cristo Rey, recordando aquello que dijera Nuestro Señor: “Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante el Padre que está en los cielos” (San Mateo, 10, 17-3).
Testigos de palabra, de conducta y de sangre. Y aquí es cuando la palabra testigo —recuperando su mayor potencia y lozanía, su significación más entera y completa— empieza a escribirse martirio. O mártires de la Fe o cómplices de la Mentira. O confesores de la Cruz o componedores de votos. O cruzados de la Iglesia Militante o socios de las sectas evangelistas. O peregrinos al Gólgota o manifestantes ante el Congreso.