jueves, 9 de julio de 2015

Video de la entrega del crucifijo blasfemo con subtítulos.

Encontramos una versión con subtítulos completos del video de entrega del "crucifijo comunista" ha Francisco. Muy distinto a lo que había subtitulado y luego quitado Rome Reports.




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Actualización 09-Jul-2015 22.35

La parte que subtitulaban los neocon que había sido quitado por Rome Reports, omitiendo todo lo demás. Aquí alguien rescata el video:

El video ha sido removido

Federico Lombardi niega supuesto rechazo de Francisco al regalo de Evo Morales.


Luego de que, curiosamente, la agencia de noticias Rome Reports quitara el video en que solamente se subtitulaba las supuestas palabras de Francisco desaprobando con un "eso está mal" el regalo de Evo Morales, el llamado "crucifijo comunista", el p. Federico Lombardi, portavoz oficial de la Santa Sede, comunicó que tal desaprobación no existía por parte del Pontífice. Aquí el comunicado de la agencia EFE.

[EFE, 09-Jul-2015]

La Paz, 9 jul (EFE).- El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó hoy que el papa Francisco "no tuvo una particular reacción negativa" al crucifijo con la cruz y el martillo que le regaló el presidente boliviano, Evo Morales, durante su visita de cortesía al palacio presidencial en La Paz.

"El papa no ha tenido una particular reacción a esto ni me ha dicho que manifieste particular reacción negativa a esto", dijo Lombardi, que respondió en una rueda de prensa a las preguntas sobre el regalo del crucifijo.
El crucifijo tallado sobre una hoz y un martillo fue obsequiado por el presidente boliviano, Evo Morales, al papa Francisco y provocó críticas de opositores, que lo consideraron como algo "vergonzoso" que sorprendió al sumo pontífice.

La "cruz comunista", como se la ha bautizado en los medios, es una réplica de una figura tallada por el sacerdote jesuita español Luis Espinal Camps, que fue torturado y asesinado por paramilitares en La Paz en 1980 por denunciar la violencia política en el país.

Lombardi explicó "que pidió informaciones a los jesuitas que estaban en la misa sobre esta cruz y efectivamente es algo que fue diseñado por Espinal (...) y con el sentido de una actitud de diálogo muy abierto a todos".

"No era una interpretación ideológica específica pero era algo que había diseñado, aunque no muchas personas conocían esta historia. No era algo que fue difundido y que fue utilizado por Espinal. No era algo conocido por los obispos o por otros jesuitas", agregó.

Precisó que "esta cruz no tenía una significación ideológica particular y sí deseo de todos por el empeño por la liberación y el progreso del país".

Sobre las polémicas, el portavoz aclaró que se abren interrogantes sobre el símbolo, pero que los jesuitas reiteraron que "el origen es el sentido de diálogo muy amplio y no de una ideología específica".

Sobre el hecho de que Francisco recibiera el regalo vinculado a la condecoración Orden al Mérito "Luis Espinal Camps", Lombardi especificó que el pontífice no sabía que iba a ser condecorado, y que normalmente rechaza este tipo de honores.

Lombardi siguió explicando que, según les contaron los jesuitas, en esta cruz "no hay una confusión entre fe e ideología" y que no era "un símbolo de interpretación marxista sino del diálogo y libertad".

Tras la difusión en el mundo de la fotografía de Morales entregando la cruz sobre la hoz y el martillo a Francisco, las críticas y el estupor se manifestaron en las redes sociales.

El jesuita español Xabier Albó, que compartió luchas con Espinal en Bolivia, escribió hace unos días en la prensa sobre los tallados de madera que hacía el sacerdote sobre temáticas vinculadas a sus vivencias, además de políticas y sociales.

Según Albó, la cruz con Cristo, el martillo vertical y una hoz horizontal era para expresar "el necesario pero huidizo diálogo cristiano marxista con los obreros y campesinos". EFE

Palabras de Francisco en memoria del P. Luis Espinal, sacerdote tercermundista.


Las palabras de Francisco con respecto al p. Luis Espinal, pretendido creador del “crucifijo” blasfemo que Evo Morales le obsequiara (ver aquí) a Francisco.


Viaje apostólico: Palabras en memoria del P. Luis Espinal
Palabras del Papa Francisco en el lugar donde asesinaron al P. Luis Espinal

La Paz, Bolivia
Miércoles 8 de julio de 2015


Buenas tardes, queridas hermanas y hermanos, me detuve aquí para saludarlos y sobre todo para recordar. Recordar un hermano, un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia. El P. Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron. Hagamos un minuto de silencio en oración y después recemos todos juntos.

(silencio)

Que el Señor tenga en su gloria al P. Luis Espinal que predicó el Evangelio, ese Evangelio que nos trae la libertad, que nos hace libres, como todo hijos de Dios. Jesús nos trajo esa libertad, él predicó ese Evangelio. Que Jesús lo tenga junto a Él. Dale Señor el descanso Eterno y brille para él la luz que no tiene fin. Que descanse en paz.

Y a todos ustedes, queridos hermanos, los bendigan Dios Todopoderoso, el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo. Y por favor, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí. Gracias.

El regalo de Evo Morales a Francisco.

[Secretum Meum Mihi, 09-Jul-2015]

¡Jallalla Bolivia!, el regalo de Evo a Francisco






Dos imágenes (provistas por la oficina de prensa de la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, vía Flickr), en las que se aprecia un particular presente que Evo Morales ofreció, entre otros, a Francisco durante su visita de cortesía al presidente boliviano. Sobre este regalo dice agencia AICA:

...[Morales] le entregó el tallado de una cruz formada con la hoz y el martillo, que es una reproducción de una que hizo el sacerdote jesuita español Espinal, asesinado en 1980 por paramilitares por su compromiso con las luchas sociales en Bolivia, y a quien Francisco dedicó hoy un homenaje cerca del lugar donde hallaron su cadáver.

El momento del intercambio de regalos en el video (el detalle del aludido regalo en el minuto 2:00).

Los medios de comunicación oficiales de Bolivia no mencionan nada respecto de este particular regalo, ni tampoco la edición diaria en italiano con fecha Jul-10-2015, de L'Osservatore Romano, periódico semioficial de la Santa Sede.


Eso sí, en las redes sociales se ve de todo respecto a este regalo y en los medios de comunicación bolivianos (diferentes a los oficiales) también se ofrece la explicación correspondiente, muy parecida a la que destacamos arriba de agencia AICA, a la cual le agregan unas cuantas palabras más que AICA parece obviar intencionalmente. Ver por ej., Visor Bolivia y Unitel.


El video del regalo blasfemo de Evo Morales en Rome Reports, 09-Jul-2015:



Lo que otros no vieron, es que también Evo se lo colgó del cuello a Francisco:


jueves, 2 de julio de 2015

Aviones y rascacielos.

[Syllabus, 30-Jun-2015]



“¿Se puede negar la belleza de un avión, o de algunos rascacielos?”
Francisco, Laudato si’, n. 103

De entre todas las perlitas que nos ha deparado la nueva eco-encíclica de Francisco, esta es quizá la menos señalada, pero para nosotros muy significativa. Que Francisco haya tenido en su mente esa infeliz asociación, quizá podría parecer un “guiño” para alguien habituado a encontrar señales conspiranoicas en cada renglón y cada coma. Sin dudas que los verdaderos complotistas encontrarán dichosa y hasta deliciosa tal frase, colocada en medio de una carta encíclica que no trepida en pedir un gobierno mundial con el fin de cuidar la “casa común”. Pero más allá de eso, lo que Francisco demuestra en esa sola pregunta retórica que hace es su absoluta pleitesía al mundo moderno y su ramplonería en materia estética.

Como todo progresista, Francisco es capaz de admirar la ordinariez hasta el punto del kitsch, por no forzar un desarreglo con un mundo al que no se resiste, sino que se lo pretende en componenda con una religión ya transmutada en culto al hombre. Pero en estos acuerdos buscados propios del liberal, no duda en caer en la aberración de elogiar la belleza de los rascacielos, cuando lo que un papa debería elogiar es la belleza de las catedrales.

Precisamente los rascacielos son lo opuesto de las catedrales. Devenidos del babélico orgullo, son hoy la imagen corporativa de las compañías depredadoras, cuando no los termiteros en que se hacinan pobladores u oficinistas cuyo horizonte no sale de una esclavitud confortable.

El escritor español Julio Camba, de paso por las florecientes megalópolis norteamericanas, refería esta significación de los rascacielos yanquis como grandes símbolos de la civilización de masas:

“En relación al hombre, los templos mayas y las fortalezas incaicas son, poco más o menos, lo mismo que las termiteras en relación a las termitas, y quien habla de los templos mayas o de las fortalezas incaicas, habla también –y a eso vamos- de los rascacielos yanquis (...) La civilización americana es, aunque de otro grado, del mismo tipo de la civilización incaica. Es una civilización de masas y no de individuos. Es una civilización de grandes estructuras arquitectónicas. Es una civilización de insectos”. (La ciudad automática, Espasa-Calpe, 1944).

E ironizaba Camba en otro de sus jugosos artículos hablando de “los rascacielos como obra de ternura”, algo que quizás el Cardenal Bergoglio aprobaría, tan afecto a esa palabra. Mas el articulista gallego los vinculaba con el espíritu salvaje que desde sus comienzos llevó al exceso –de violencia, de sexo o de alcohol- a Norteamérica.

Las catedrales son la imagen del espíritu contemplativo que se eleva para dar gloria a Dios, mediante la belleza de la forma artística. Los rascacielos son el culmen del espíritu práctico y materialista, que exhibe horrorosamente el orgullo del ser humano que se coloca en lugar de Dios. Las primeras rinden culto a Dios, mientras que los segundos al dinero. La eternidad simbolizada en la piedra de las primeras contrasta con lo efímero del vidrio y el metal fundente de los segundos.

Cuanto a los aviones, asociados en su elogio de lo bello por Francisco, recordamos ahora un texto muy interesante de Mons. Juan Straubinger, de un artículo suyo en relación a la bomba atómica, que dejamos a manera de colofón:


“No dudamos que, en cuanto al progreso industrial, el asombroso invento podrá brindar en el tamaño de un dedal, energía suficiente para que una locomotora dé varias veces la vuelta al mundo. Pero no podemos menos de recordar las palabras de León Bloy, que ante otra gran conquista de la ciencia, el avión (que es quien hoy arroja las bombas), trató de ‘imbécil’ a un escritor que veía en ello el triunfo de la fraternidad que suprimiría las fronteras entre las naciones, y previó claramente, aunque no en todo su horror, que los hombres harían todo lo contrario y convertirían el avión en el más mortífero auxiliar de la guerra. Los acontecimientos han justificado el pesimismo de Bloy, como lo muestran las ciudades destruidas en el corazón de la cultura europea” (Espiritualidad Bíblica, Ed. Plantín, 1949).

viernes, 26 de junio de 2015

Buenas causas, mal defendidas.


A raíz de los acontecimientos en Buenos Aires con respecto a las leyes abortistas que se intentan imponer, y la reacción que sucintan de los grupos pro-vida, publicamos un viejo artículo, que viene al caso, aparecido en Revista Cabildo N°93, 18 de Diciembre de 2011, 3ra época.


A propósito de la campaña contra el aborto
Buenas causas, mal defendidas

Por Antonio Caponnetto

Es una paradoja que termina causando daño. Y hay muchos ejemplos a la vista, como para aprender a distanciarse de tamaño error.
Están los que defienden la activa participación política en pro del rescate de la patria pero no se les ocurre otra alternativa que insertarse en el Régimen falaz y descreído, pagando tristísimo tributo teórico-práctico a sus peores axiomas.
Están los que defienden a la Jerarquía Eclesiástica, pero creen que así debe ser considerada todavía nuestra penosa gavilla de obispuelos, aliada de la tiranía kirchnerista.
Están los que defienden la pureza y la galanura del idioma, pero porque sostienen —como Pedro Luis Barcia— “que el empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático” (cfr. “La Nación”, 11 de noviembre de 2011, pág. 1).
No advierten que es precisamente este sistema la concausa y la ocasión de la babel lingüística, de la guerra semántica y del adefesio cultural.
Y están, por caso, los que defienden al revisionismo histórico, trazando líneas pretéritas irreconciliables, como la de Rosas con Perón o con algún demonio bizco a quien se llevó la Parca, horrorizada hasta ella del engendro que transportaba.
Pero hay una causa nobilísima cuya defectuosa defensa nos preocupa hoy especialmente. Se trata de la causa de la vida contra el crimen del aborto. Que tiene buenos apologistas, lo sabemos; y no son ellos quienes deben darse por aludidos en los párrafos que siguen.
Pero ocurre que los organizadores y promotores más salientes de las genéricamente llamadas marchas pro vida, no dejan confusión por perpetrar. Son personas bien intencionadas, honestas, laboriosas, quizás algunos hasta de conducta santa. Celebramos sus talentos y esfuerzos, que no son pocos.
Subrayamos también sus virtudes. Pero la miopía doctrinal en la que se encuentran les juega una mala pasada.
Tenemos a la vista, por ejemplo, el conjunto de “recomendaciones” que nos remitieran la “Red San Isidro” y el “Frente Joven”, por correo electrónico, a propósito de la concentración del 1° de noviembre en contra del aborto. Posiblemente no sean instituciones puestas bajo un mismo mando, o similares en sus emprendimientos. Pero al igual que otras entidades como “Unidos por la Vida”, adolecen del mismo criterio: respiran el espíritu del mundo, el lenguaje políticamente correcto, la dependencia del pensamiento único, la forma mentís de la modernidad, los tópicos de la Revolución, y el estilo pacifista, propio de quienes declaran carecer de actitud confrontativa.
Se recomienda así utilizar el argumento de que “abortar es discriminar”, como si el vocablo tuviera la ingénita maldad que le han endilgado las ideologías garantistas; de que es “racista y machista”, como si ambos motes no pertenecieran al gastado libreto del feminismo; de que “siempre es injusto matar a una persona”, como si no hubiera diferencia entre la vida de un inocente y la de un culpable; y sobre todo —¡no podía faltar el incienso a la deidad mayor!— de que somos democráticos y nos sentimos ofendidos por las “irregularidades del debate antidemocrático” que se lleva a cabo en el Congreso, “ya que no nos permitieron todavía llevar oradores que expresen nuestra postura en defensa de la vida”, como si la presencia en aquel deleznable recinto de alguna supuesta voz ilustrada —equiparada con otras muchas abominables— pudiera ser el obstáculo para una estrategia criminal puesta en marcha con todos los resortes del Estado.
He aquí, el paquete completo de las categorías gramscianas, los tópicos repetidos por el amasijo de liberales y marxistas que nos dominan, los estereotipos gastados de la contracultura moderna. He aquí, en suma, la tosca dependencia a las muletillas impuestas por la intelligentzia oficial. Algo es malo si discrimina, si es violento, si es antidemocrático, si conculca los “derechos humanos”.
Y para que sea más malo todavía conviene acusarlo de nazismo, usando para ello las palabras talismán impuestas por las izquierdas para mentarlo: racismo y machismo.
Una lectura atenta de Maurras podría hacerles comprender que "la Revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria". Si hablamos como ellos, acabaremos pensando y siendo como ellos.
La única dureza de estos profesionales de la blandura está aplicada a quienes se les ocurra que hay que presentarse a sus concentraciones, no como seguidores de la evangelista Hotton o de la opusdeísta Negre —que son modelos de aturdimiento mental— sino como católicos militantes y aguerridos, dispuestos, si la ocasión se diera, a la inevitable contienda contra el amontonamiento de sacrílegos y de blasfemos. Dispuestos a quebrar lanzas por las augustas realidades de Dios, la Patria y el Hogar.
“Aquel que no se sienta capaz de controlarse —dice el largo Instructivo de la Red Federal de Familias—, le exigimos que no venga, ya que puede arruinar el esfuerzo de muchos”.
El eufemismo es notorio. Descontrolados como Santa Juana de Arco, San Luis Rey o San Juan de Capistrano, abstenerse. Tampoco testigos insumisos de la locura de la Cruz, pues los custodios de la cordura racionalista ordenan: “no repartir ningún tipo de volante que sea ajeno a las líneas argumentativas que se pretende trasmitir, todas ellas desde un enfoque científico”.
De modo que afuera de las marchas “providistas” el Profeta Isaías, recordando que Dios nos formó desde el seno materno, o el mismísimo Moisés, blandiendo las Tablas de la Ley con el Quinto Mandamiento. Afuera la descontrolada madre de los Macabeos y el acientífico alegato sobrenatural de Zacarías e Isabel.

“Detrás de toda cuestión política hay una cuestión religiosa” (Donoso Cortés)

Han caído en la trampa que pacientemente les tendió el mundo: la Fe no es argumento, ni conocimiento, ni prueba. Escondámosla, o pongámosla entre paréntesis. Detrás de toda cuestión política ya no hay una cuestión religiosa, al buen decir de Donoso Cortés. No; para estos providistas se trata de un debate político democrático que es preciso reclamar. “Creemos en una sociedad unida que proteja la vida, una sociedad que definitivamente renuncie a cualquier forma de violencia”, dice el manifiesto de “Unidos por la Vida”.
Para que el caos fuera completo, en aquella concentración aludida del 2 de noviembre, un sinfín de banderas rojas eran enarboladas por los “nuestros”, algunas con lemas favorables a la supuesta postura anti abortista de Cristina, otra con leyendas contra “la ley nazi”. Todo en un clima de estudiantina, de viaje de egresados, de pic-nic callejero, mientras una sanitaria valla policial separaba a ambos partícipes del disenso democrático, para que todos se pudieran expresar libremente.
El espectáculo de la paridad y de la legitimidad de las posturas fue montado durante largas horas, siendo funcionales ambos bandos, recíprocamente. Muchos jóvenes tuvieron así su bautismo de “fuego” pluralista, ghandiano, sincretista y nada confrontativo. Como le gusta a Arancedo. Como les inculcan en ciertos establecimientos educativos “católicos” a los que concurren.
Dos días después de esta esforzada pero penosa marcha, el jueves 3 de noviembre, el Padre Víctor Manuel Fernández, desde las páginas de “La Nación”, desbarraba aún más la línea argumentativa en una nota titulada “Matar a los débiles”. Fernández, por supuesto, es el continuador de Zecca en el rectorado de la UCA, aunque merecería ser pariente de Aníbal.
Su confusión tiene una culpa mayor y más imperdonable que la de los otros. “Según el prete, los abortistas son “autoritarios” que han heredado “la política de violación de los derechos humanos”.
La culpa no recaería ni en la Internacional Marxista que, desde siempre fomentó la cultura de la muerte; ni en el Imperialismo Internacional del Dinero que explícita descaradamente sus planes neomalthusianos de colonización mediante el aborto; ni en la caterva de nuestros partidócratas homicidas; ni en la tiranía gubernamental que promueve la perspectiva del género y la contranatural; ni en la industria del vicio nefando convertida en política de Estado; ni en el pecado mortal del liberalismo que antepone la libertad de disponer del propio cuerpo al deber moral de dar a luz a un inocente.
No; la culpa —tácita pero gráficamente señalada— la tiene el Proceso, “que avergonzó a nuestro país” con su “política de violación de los derechos humanos”. Estos “autoritarios”, ayer enseñaron que se puede matar a alguien “porque es peligroso”. Hoy porque “aún no tiene más de tres meses”.
La asociación desaparecido-niño por nacer, y la condición de víctima inocente de ambos, está lo suficientemente sugerida como para evitarnos rodeos interpretativos. ¿Podía pedirse distorsión mayor en la identificación de los verdaderos asesinos y victimarios? ¿Podía pedirse cobardía más abyecta que la de hacer leña con el árbol caído, hachado y enterrado? ¿Podía pedirse cinismo más imperdonable que el de omitir el nombre actual de los reales genocidas aborteros? ¿Podía, en fin, caerse en tan bajo grado de hipocresía como para acusar al presunto autoritarismo y no al real permisivismo que todo lo domina?
Pero Fernández sabe que hay otro eslogan preferidísimo por el mundo y por los providistas confundidos, y lo deja para el final. “Quizá sin darnos cuenta”, nos dice, “repetiremos los argumentos del nazismo”.
Es extraño. Entre las filas oficiales, oficiosas y seudo opositoras de quienes promueven el aborto, hay un sinfín de judíos, masones, gnósticos, y sectarios del más negro prontuario. Expreso, antiguo y perseverante es el apoyo de todas las organizaciones comunistas y anarquistas. Militantes furiosos de las izquierdas y del sionismo dominan los medios y las instituciones que agitan la contranaturaleza y el crimen. Todos ellos, sin embargo, son intocables e innombrables. La ley de “la interrupción del embarazo” es nazi. El peligro es Hitler. De esta manera, nuestros temerarios antiabortistas ya tienen el reaseguro infalible para que el Siglo no se ensañe demasiado con ellos. El marxismo agradecido, recibe esta exculpación de sus crímenes y alimenta el mito del demonio nazi.
Fue el israelita Leo Strauss el que incluyó, entre la categorías de falacias, la denominada reductio ad Hitlerum, según la cual no hay recurso más sencillo, directo y seguro para agraviar a algo o a alguien que sostener que lo mismo era realizado por Hitler. No importa si enseñamos la verdad o mentimos, si cuadra o no cuadra. Hitler es el comodín de todos los males y, sobre todo, el que nos libra de la dura responsabilidad de estar acusando a los hebreos y a los hermanos tres puntos.
Lo diremos con la exigencia categórica de quienes no tienen nada que perder respecto de los favores del mundo. Lo diremos subrayándolo: nosotros no desconocemos los males propiciados y consumados al respecto por el Nacionalsocialismo. Nuestro repudio no titubea ante la cosmovisión crudamente materialista y biologista que pudo alentar planes y prácticas contrarias a la Ley de Dios durante los años tumultuosos del Tercer Reich. Pero quienes por cobardía e ignorancia se llenan la boca acusando a los abortistas de ser nazis, desconocen que en junio de 1936, en Alemania, se creó la Reichszentrale zur Bekampfung der Homosexualitat und der Abtreibung (Central del Reich para la Lucha contra la Homosexualidad y el Aborto), controlada por la Gestapo primero y por la Reichskriminalpolizeiamt después. Ignoran el discurso de Himmler de 1937 asociando la homosexualidad con la disminución de la tasa de nacimientos, y alentando la oposición a la sodomía y el fomento de la maternidad, porque “un pueblo con pocos hijos tiene un boleto de ida hacia la tumba”. Ignoran los mismos discursos de Hitler en pro de las familias robustas y numerosas, conceptos todos que se trasuntaron en diferentes leyes llamadas de salud marital.
Nada de esto convierte al nazismo en un modelo de política pro vida cristiana, ni exime a sus ideólogos de los condenables desaciertos conceptuales, ni lo exculpa de gravísimas faltas éticas allí donde pudieran haber concurrido. Pero el rector Fernández y los centenares de anti abortistas que repiten la ignominiosa falacia de Strauss, podrían al menos considerar la posibilidad de salir del analfabetismo histórico y del aplazo en lógica. Porque la beneficiaría de esta argucia no es la cultura de la vida, sino la propaganda aliada.

Desde las páginas de “La Hostería Volante” se había acuñado un lema demasiado sugerente como para desdeñarlo, a pesar de las diferencias sustantivas que tuvimos con aquella publicación. En efecto, se hablaba allí de “El frente de algodón”, para aludir por lo general a aquellos católicos débiles y medrosos que tomaban ciertas causas justas como propias, pero al hacerlo las algodonizaban; esto es, la debilitaban, le restaban prestancia, vigor, enjundia y gallardía. Hasta confundirla muchas veces con la misma posición del enemigo.
Así pasó ayer con la oposición al seudo matrimonio. Y así está sucediendo por ahora con la resistencia al aborto. Todos estos jóvenes con espíritu apostólico, todas estas familias imbuidas de respeto al orden natural, deben salir de la trampa en la que se encuentran y a la cual inducen a terceros. Deben incluso tomar conciencia de que los tiempos que vivimos son —muy posiblemente— postrimeros, y que no guarda proporción espiritual comportarse en ellos como cristianos mitigados o híbridos. Lo que se nos pide es, ni más ni menos, que seamos testigos de Cristo Rey, recordando aquello que dijera Nuestro Señor: “Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante el Padre que está en los cielos” (San Mateo, 10, 17-3).
Testigos de palabra, de conducta y de sangre. Y aquí es cuando la palabra testigo —recuperando su mayor potencia y lozanía, su significación más entera y completa— empieza a escribirse martirio. O mártires de la Fe o cómplices de la Mentira. O confesores de la Cruz o componedores de votos. O cruzados de la Iglesia Militante o socios de las sectas evangelistas. O peregrinos al Gólgota o manifestantes ante el Congreso.

martes, 9 de junio de 2015

Los “Semis”.

[Visto en Thyrsus, 04-Jun-2015]


Tuve una pequeña discusión con un semiperiodista (o que se piensa que es periodista, es más o menos lo mismo), semicatólico, que me intentaba semidefender una semi-buena-causa la cual, finalmente, resultó ser una causa mala, bien mala, como pasa con todo lo semi. Y, providencialmente, hoy leí este fragmento del Castellani que viene como anillo al dedo.

“De mis andanzas por el mundo una cosa menos, como un clavo en la cabeza, he sacado fija: que no hay nada más inútil y aún dañino que el saber a medias. No digo el saber que se está formando y tiene de ello consecuencia; digo el saber-a-medias.
“Las medias verdades, las semi-ideas, las vistas confusas, el «conocer conceptual», el masomenismo, el trabajo mental ni la santa pedantería…
“El que sabe alemán a medias deletrea el periódico, entiende a tuertas y pierde el tiempo; el que sabe a medias filosofía quiere reformar el mundo, se da al macaneo libre y a «epatar» a los abribocas. El semiliterato navega imbrujulado sin hallar en el mar de tinta ni por azar el islote de la obra maestra. El semicrítico zambulle y zambulle sin esperanza de tocar donde están las perlas. Del mediopoeta no digamos nada…
“La pianista a medias ordeña a tirones balumbas de sones de su paciente vaca, incapaz del gozar estético y capaz de «ensuciar» el vecindario. El semipintorzuelo ultrafuturiza. El semiperiodista nos vuelve la vida chata, cuando no la ensucia y la repudre.
“¡Abajo los semis!”

R.P. Leonardo Castellani, en “Reforma de la enseñanza”, p. 164.

La elusión de su Santo Nombre.

[Visto en Ex Orbe, 06-Jun-2015]


Si evangelizar es predicar a Jesucristo, Hijo de Dios, encarnado, muerto y resucitado, que se sienta a la Diestra del Padre y ha de venir a juzgar a vivos y muertos, si eso es evangelizar ¿qué es eludir, callar, ocultar el nombre de Jesucristo voluntariamente, deliberadamente, con toda intención? ¿Cómo se llama ese acto? ¿Noevangelizar? ¿Pseudo-evangelizar? ¿Negavangelizar?

Dice el Señor: 'Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.' Mt 10, 32-33

En Mc 8, 38: '...Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles.'

En Lc 9, 26: '...Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles.'

Callar, no decir, no pronunciar el Nombre del Señor ante infieles, ¿es renegar o es avergonzarse?

Es, indudablemente, falta de parresía, aquel don, aquella virtud de los Apóstoles y los primeros cristianos, que testimoniaban por doquier a Cristo, con su nombre y sus hechos, sin vergüenza, con santa impudicia, con la contundente caridad de aquel lema paulino 'veritatem facientes in charitate', obrando la verdad en caridad.

Lo desconcertante es que el negacionista, el silente, el taciturno, el púdico, el timorato, el acomplejado es, ni más ni menos, que PP Franciscus, el mismo que luce tanto desparpajo con los de casa y que hoy se ha amilanado ante un rabino y un alfaquí, en Sarajevo.


¿Por qué? ¿Por respeto? ¿Qué respeto? 

Con pena he leído (no he rezado) la 'oración interreligiosa' PP Franciscus para la ocasión:

Dios todopoderoso y eterno, Padre bueno y misericordioso; Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles; Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Rey y Señor del pasado, del presente y del futuro; único juez de todos los hombres, que recompensas a tus fieles con la gloria eterna. Nosotros, descendientes de Abrahán según la fe en ti, único Dios, judíos, cristianos y musulmanes, humildemente nos ponemos en tu presencia y con confianza te pedimos por este país, Bosnia y Herzegovina, para que puedan habitarlo en paz y armonía hombres y mujeres creyentes de distintas religiones, naciones y culturas. Te pedimos, Padre, que esto mismo suceda en todos los países del mundo. Refuerza, en cada uno de nosotros, la fe y la esperanza, el respeto recíproco y el amor sincero por todos nuestros hermanos y hermanas.Haz que, con valentía, nos comprometamos a construir la justicia social, a ser hombres de buena voluntad, llenos de comprensión recíproca y de perdón, pacientes artesanos de diálogo y de paz. Que todos nuestros pensamientos, palabras y obras estén en armonía con tu santa voluntad. Todo sea para tu honor y gloria, y para nuestra salvación. A ti sea la alabanza y la gloria, por los siglos de los siglos, Dios nuestro. Amén.

No la recen Uds. tampoco. No recen ese texto que elude nombrar a Cristo, Dios verdadero.

Recen ustedes, mejor, un Avemaría por las (rectas) intenciones del Papa, las misiones católicas, la conversión de los infieles, extirpación de las herejías y exaltación de la Santa Iglesia Católica, como rezaban nuestros padres, sin vergüenza.

Y añadan, en desagravio, un rotundo: ¡Bendito y alabado sea el Santísimo Nombre de Jesús!!!

...en el Cielo, en la Tierra, en el infierno...y en Sarajevo.

Amén, Jesús.

+T.

miércoles, 3 de junio de 2015

C.E.A.: “La Iglesia argentina adhiere a la propuesta de rechazo al femicidio compartiendo la consigna de ‘Ni una menos’.”

El comunicado de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y Conferencia Episcopal Argentina al respecto de la marcha feminista y abortista de “Ni Una Menos”. Fuente: Conferencia Episcopal Argentina, 02-Jun-2015.


Custodiar la vida y el corazón de cada mujer - Comisión Episcopal de Laicos y Familia

El reconocimiento de la dignidad de la Mujer en todas sus dimensiones es un signo de madurez social que no se puede postergar más. En un momento donde se desarrollan numerosos esfuerzos por la afirmación de los derechos de las personas, sin embargo tenemos que seguir lamentando la multiplicidad de casos de violencia que afecta particularmente a las mujeres.

Golpean el corazón de los argentinos la violencia psicológica, física, sexual, espiritual de muchas mujeres que padecen por amenazas, humillaciones, golpes, acosos, discriminación, explotación, esclavitud, hasta llegar al extremo lamentable del femicidio.

Dice el Papa Francisco “Símbolo de la vida, el cuerpo femenino a menudo es agredido y desfigurado incluso por quienes deberían ser sus custodios y compañeros de vida” (Discurso, 7 de febrero de 2015). Esto hace pensar en la necesidad de la educación personal y comunitaria sobre el noviazgo, el matrimonio, la amistad y las relaciones humanas en general. La formación - ante todo-  es formación del corazón, de los afectos, y no puede realizarse sólo en un aula, sino también en el seno de la familia y de los grupos sociales de contención. 

El Santo Padre nos invita también a “atraer la atención sobre la dolorosa situación de tantas mujeres pobres, obligadas a vivir en condiciones de peligro, de explotación, relegadas al margen de las sociedades y convertidas en víctimas de una cultura del descarte” (ibidem)

En la voz del Papa, la Iglesia argentina adhiere a la propuesta de rechazo al femicidio compartiendo la consigna de “Ni una menos”.

Valoramos asimismo el trabajo de tantas instituciones que dedican sus esfuerzos a la promoción y defensa de la mujer, alentándolos a continuar en este camino más allá de las dificultades. 

Que la Virgen de Luján, madre de todos los argentinos, conduzca a la comunidad nacional hacia un compromiso profundo por el respeto de la mujer y el enaltecimiento de su rol social.

Buenos Aires, 02 de junio de 2015
Comisión Episcopal de Laicos y Familia

Conferencia Episcopal Argentina

domingo, 31 de mayo de 2015

Cardenal J. H. Newman: Papolatría.


[Visto en Ecce Christianvs, 25-May-2015]

Si el Papa hablara contra la conciencia, en el verdadero sentido de la palabra, cometería un suicidio. Provocaría el hundimiento del suelo bajo sus pies. Su misión es proclamar la ley moral, proteger y asegurar «esta luz verdadera que, viniendo a este mundo ilumina a todo hombre» (Jn. 1, 9). Sobre la ley de la conciencia y sobre su carácter sagrado, se funda a la vez su autoridad teórica y su poder práctico (…).
La defensa de la ley moral es la razón de ser del Papa. Su misión, en realidad, es responder a las quejas de los que sufren la insuficiencia de luz natural; y la insuficiencia de esta luz que justifica su misión (…). La Iglesia, el Papa y la jerarquía, según el plan divino, responden a una necesidad urgente. Por seguras que sean las bases y las doctrinas de la religión natural para los espíritus reflexivos y serios, necesita, para influir de verdad en la humanidad y vencer al mundo, que la Revelación la sostenga y complete (…).
He aquí otra observación: la conciencia es una regla práctica; por ello, sólo es posible una oposición entre ella y la autoridad del Papa cuando éste promulga leyes, o da órdenes especiales, u otros preceptos de este tipo. Pero un papa no es infalible en sus leyes ni en sus mandamientos, ni en sus actos de gobierno, ni en su administración, ni en su conducta pública (…). ¿Fue infalible san Pedro en Antioquía, cuando san Pablo se le resistió? ¿San Víctor fue infalible cuando excluyó de su comunión a las Iglesias de Asia? ¿O Liberio cuando excomulgó a Atanasio? Y acercándonos a una época más reciente, ¿lo fue Gregorio XIII cuando hizo acuñar una medalla en honor de la matanza de la noche de san Bartolomé? ¿O Paulo IV en su conducta con Isabel (de Inglaterra)? ¿O Sixto Quinto cuando bendijo la Armada? ¿O Urbano VIII cuando persiguió a Galileo? Ningún católico pretendió jamás que estos papas fueran infalibles al obrar así. Puesto que la infalibilidad podría entorpecer el ejercicio de la conciencia, y puesto que el Papa no es infalible en el dominio en que la conciencia posee la autoridad suprema, ningún callejón sin salida (como el contenido en la objeción a la que contesto), puede acorralarnos para escoger entre la conciencia o el Papa.
Pero vuelvo a repetir, por miedo a que mi pensamiento sea mal interpretado, que cuando hablo de la conciencia, me refiero a la conciencia que merece ser llamada así. Si tiene derecho a oponerse a la autoridad del Papa, cuando ésta es suprema pero no infalible, debe ser algo distinto de ese miserable falso semblante que, como ya he dicho, toma ahora el nombre de conciencia. Si, en un caso particular, debe tomarse por guía sagrado y soberano, sus órdenes —para prevalecer contra la voz del Papa— deben haber estado precedidas de una seria reflexión, de oraciones y de todos los medios posibles para llegar a una opinión verídica sobre el asunto en cuestión. Además, la obediencia al Papa está, como se dice, «en posesión», es decir, que el onus probandi de establecer pruebas contra él, igual que en todos los casos de excepción, pertenece a la conciencia (…). Prima facie, es un deber necesario, aunque no sea más que por la lealtad, creer que el Papa tiene razón, y obrar conforme a sus preceptos.
Si esta regla indispensable se observara, los choques entre la autoridad del Papa y la autoridad de la conciencia serían muy raros. El cristiano debe sobreponerse a ese espíritu vil, estrecho, egoísta y ramplón que le impulsa —cuando se le da una orden eventual— a oponerse al superior que ha dado esa orden, a preguntarse si no se excede en sus atribuciones y a regocijarse por poder mezclar cierto escepticismo en cuestiones de moral práctica. No es necesario que haya decidido voluntariamente el pensar, hablar u obrar, exactamente a su capricho (…).
Por otra parte, dado que para los casos extraordinarios, la conciencia de cada uno es libre, tenemos la garantía y la certidumbre (si necesitamos tenerla) de que ningún papa podría forjar nunca para sus fines personales una falsa ley de la conciencia (…).
Una palabra más. Si después de una comida, me viera obligado a lanzar un brindis religioso —lo que evidentemente no se hace—, bebería a la salud del Papa, creedlo bien, pero primeramente por la conciencia, y después por el Papa.


Tomado de: Newman, J.H. Pensamientos sobre la Iglesia. Textos presentados por O. Karrer. Ed. Stella, Barcelona, 1964, pp. 119 y ss.