viernes, 13 de septiembre de 2013

¡Jamás renunciar a la lucha!


Y aquí va —por último— mi mensaje de esperanza, destinado a los jóvenes argentinos de la nueva generación.

Vivimos tiempos trágicos y en el mundo ustedes —muchachos nuestros de 20 y 30 años cumplidos o por cumplir— movilícense también pronto (es urgente) en defensa de nuestra Fe, dando insobornable testimonio de todos los terrenos del quehacer nacional, en procura de una profunda restauración espiritual —y por añadidura política en orden al Bien Común católico— en la Argentina de los próximos lustros. Porque la Masonería no se duerme. Y la Izquierda marxista tampoco.

Triunfaréis, es cierto, muchachos tradicionalistas de la nueva generación, si estáis unidos; pero sin acomodos equívocos ni complejos de inferioridad frente al inicuo mundo moderno, que niega la Verdad Revelada e, incluso —a veces— la verdad a secas. Nadando, sí, contra la corriente turbia del escepticismo criollo; del “no te metás” famoso; del materialismo ateo contemporáneo —no únicamente del comunista— y de la frivolidad que corrompe tantas conciencias jóvenes con promesas de una ganancia crematística fácil.

¡Basta ya de componendas narcisistas; de sexualismos freudianos fomentados artificialmente mediante la droga o el alcohol! ¡Basta ya de adorar ídolos de barro promovidos por una propaganda masiva que adormece las almas! ¡Basta de mentiras demagógicas y de pacifismo liberal! “Sursum Corda”.

No se dejen robar ingenuamente, compatriotas de la novel generación, los frutos del trabajo nacional con el viejo cuento de la “eficiencia” y “competencia” económicas. ¡Cuidado con los lobos rapaces “tecnocráticos” disfrazados de inocentes corderitos! ¡A proteger, pues, el patrimonio comunitario nuestro, toda vez que la verdadera caridad empieza por casa!

Evitad caer a toda costa en las redes de la “sociedad de consumo” que nos animaliza a todos. “La juventud ha sido hecha no para el placer sino para el heroísmo”. Hagamos de esa bella consigna de Claudel, nuestra invicta bandera de guerra. Preparemos desde ya el espíritu de nuestros nietos. Ahora mismo, con presteza. Pero atención: no equivoquen otra vez el rumbo con utopías de cualquier tipo, los inmaduros púberes argentinos de la nueva generación. Sepan por anticipado, que en todos los tiempos: “Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre”, al decir de Gracián.

¡Ya basta de cobardías disfrazadas! Bien está que sean tolerantes con el prójimo equivocado, pero férreamente intransigentes con el error. Nunca pierdan de vista la realidad que nos rodea, muchachos argentinos, pero sin bajar la guardia ni resignarse ante los embates del enemigo poderoso: aunque les cueste la vida a algunos en la demanda. Y aunque, en definitiva —Dios no lo quiera— tengan acaso que defender (solos y acorralados) el honor de Cristo Rey en nuestra patria: desde una catacumba o desde una trinchera.

¡Sin jamás renunciar a la lucha!

Federico Ibarguren, visto en el Blog de Cabildo.

Pietro Parolin: “La renovación implica una vuelta al cristianismo primitivo”.


Parece que la gran mayoría de los medios de comunicación, ansían con esperanzas las grandes “reformas” eclesiásticas que, según esperan, vendrían con el “carismático” Papa Francisco. Todo parece enfocar que así será. Ahora también, han puesto sus esperanzas reformistas en las palabras “políticamente correctas”, los “juegos de cintura”, del nuevo secretario de Estado Mons. Pietro Parolin sobre el celibato sacerdotal. Leemos en algunos lados cosas como: “¿El Papa está dispuesto a terminar con el celibato?” o “El Papa Francisco analiza terminar con el celibato sacerdotal”. Si leemos la entrevista completa, vemos que las cosas no son tan explícitas como la pintan los titulares pero, también sabemos, que es la forma de que estos mismos ejercen la presión debida y generan la opinión en las masas para que luego estas cosas (la abolición del celibato sacerdotal, por ej.) sea aceptada y loada.
Como todo buen “conservador”, Mons. Parolin, parece tener puntos de doctrina tradicionales a la vez que los mezcla con aquellos puntos que se alejan de la Tradición notablemente, tales son sus afirmaciones sobre la colegialidad, al afirmar que “es bueno, en estos tiempos, que haya un espíritu más democrático en el sentido de escuchar atentamente y creo que el Papa lo ha indicado como uno objetivo de su pontificado. Una conducción colegiada de la Iglesia donde puedan expresarse todas las instancias. Luego le correspondería a él tomar una decisión.” La entrevista completa tal cual aparece en el Universal:

[El Universal - 08-09-2013]

Pietro Parolin: “La renovación implica una vuelta al cristianismo primitivo”
“Hay que volver al principio fundacional de la Iglesia, pero tomando en cuenta 2 mil años de historia (...) Se cree que el Papa lo va a revolucionar todo, pero los contenidos de fe no se pueden cambiar”, afirma tajante Parolin.


ROBERTO GIUSTI |  EL UNIVERSAL
domingo 8 de septiembre de 2013  12:00 AM

En los finales de la cincuentena y luego de vivir cuatro intensos años como Nuncio en Venezuela, Pietro Parolin recuerda que sólo una vez en su vida se topó con el ahora Papa Francisco. El para entonces Subsecretario para las Relaciones con los Estados recibió en su despacho al Arzobispo Bergoglio, quien venía por asuntos relacionados con Argentina. Después no hubo más contactos y por eso afirma, a veinte días de su marcha a Roma, que lo primero será “acostumbrarme a su estilo de trabajo”. 

-¿No adquiere su designación como Secretario de Estado una connotación especial si consideramos que se avizoran cambios en la Iglesia en los cuales tendrá usted un papel importante?

-A pesar de las reformas que quiere producir en la Iglesia, el papa Francisco se ha ceñido a criterios tradicionales según los cuales cuando tenemos un papa no italiano (y ya son tres, Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco) el secretario de estado es italiano. Eso limitaba la amplitud de la escogencia. Luego, otro criterio fue el de tomar en consideración a un miembro del servicio diplomático de la Santa Sede.

-Y usted lo es.

-Hablar de uno mismo es difícil y yo preferiría no hacerlo, pero me imagino, como él me ha dicho, que había varios candidatos para un cargo que significa ser el colaborador más cercano del Papa y que entraña grandísima responsabilidad. Me imagino que el Papa habrá pensado que yo podía ser, más o menos, la persona en capacidad de ayudarlo en esta obra de renovación que quiere hacer en la Iglesia Católica.

-Es decir, el Papa sabe de su afinidad con las ideas reformadoras. 

-Probablemente el Papa se ha hecho este juicio. La verdad es que no he hablado mucho con él y pienso que cuando tenga la gracia y la oportunidad, le preguntaré el porqué de esta elección. Así que no sabría cuál fue la razón para que el Papa pensara en mí. Puedo decir, sin embargo, que me siento muy afín a su manera de entender la iglesia y sobre todo a su estilo de sencillez y de cercanía a las personas, a su ánimo de escucharlas y de intentar, de veras, que la Iglesia pueda volver a tener una presencia significativa en el mundo de hoy.

-¿Un papa, como dicen algunos teólogos, “en” la Iglesia y no “sobre” la Iglesia?

-Siempre lo hemos dicho en la teología tradicional. Es la fórmula para indicar la estructura de la Iglesia y el origen divino del Primado (el papa). Ahora, la Iglesia es una estructura muy especial y las categorías políticas para analizar la realidad de los estados no se le pueden aplicar automáticamente. Esta no es no es una monarquía ni una democracia en el sentido formal de la palabra.

-¿Qué es entonces?

-Una comunión donde hay diferentes responsabilidades, la última de las cuales recae sobre el papa. Él está en comunión con los demás y no hay papa sin comunión.

-El teólogo Hans Kung ha escrito sobre la necesidad que tiene la Iglesia, si quiere integrarse al futuro de la humanidad, de un papa que se convierta en una suerte de Juan XXIV que convoque a un Concilio Vaticano III.

-Se ha hablado mucho de eso y también de la figura del Cardenal Martini, Arzopispo de Milán (quien antes de su muerte dijo que “la Iglesia está 200 años detrás de los tiempos”, nota del periodista). También se manejó la idea del Concilio Vaticano III. Pero yo creo que debemos acudir al Concilio Vaticano II, el cual fijó las directrices para que la Iglesia cumpla su misión en el mundo de hoy. Es importante aplicarlas, como lo han dicho los papas anteriores, cada uno según su propio enfoque y eso es bonito porque la variedad es buena hasta donde se pueda. Allí están cuatro planteamientos fundamentales, una mina inagotable de enseñanzas que debemos poner en práctica.

-¿Cuáles son esas directrices y por qué no se ha cumplido luego de medio siglo?

-Siempre se ha dicho que toma bastante tiempo aplicar las decisiones de los concilios. Eso es normal. Así ocurrió con el Concilio de Trento (1545-1563), que implicó una profunda transformación, luego de la división de la Iglesia y el nacimiento del mundo protestante. Eso no es sorprendente. Además, la Iglesia es un organismo complejo y en su interior hay resistencia.

-Resistencia a los cambios.

-Así es. Pero esos cambios no pueden poner en peligro la esencia de la Iglesia, que tiene una continuidad en la historia proveniente de su fundación por Jesucristo. Entonces se debe ser fiel. La Iglesia nunca podrá cambiar al punto de adaptarse completamente al mundo. Si lo hiciera y se perdiera en él, ya no cumpliría su misión de ser sal y luz para todos.

-¿Quiere decir eso que el planteamiento de las reformas implica una vuelta al cristianismo primitivo?

-Sí. Tomando en cuenta que tenemos dos mil años de historia. Ahora, esta historia no ha pasado en balde. No se trata sólo de volver al pasado, por lo menos en las formas externas, sino de volver a los principios fundacionales de la iglesia. Y quiero subrayar el tema de la continuidad porque a veces parece (y no sé si exagero) que el Papa Francisco va a revolucionarlo todo, a cambiarlo todo.

-¿No es eso lo que se espera de él?

-Se espera que él ayude a la Iglesia a ser Iglesia de Jesús y a cumplir su función. Eso lo deben hacer todos los papas. Pero la Iglesia tiene una Constitución, una estructura, unos contenidos que son los de la fe y que nadie puede cambiar.

-¿No existen dos tipos de dogmas? ¿No hay dogmas inamovibles instituidos por Jesús y los que vinieron después, a lo largo de la historia de la Iglesia, creados por los hombres y por tanto susceptibles de cambios?

-Ciertamente. Hay unos dogmas definidos e intocables.

-El celibato no es....

-No es un dogma de la Iglesia y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica. 

-Que se remonta ¿a qué época?

-A los primeros siglos. Después la implementación se aplicó durante todo el primero milenio, pero a partir del Concilio de Trento se insistió mucho en eso. Es una tradición y ese concepto pervive en la Iglesia porque a lo largo de todo estos años han ocurrido acontecimientos que han contribuido a desarrollar la revelación de Dios. Esta finalizó con la muerte del último apóstol (san Juan). Lo ocurrido luego ha sido un crecimiento en la comprensión y actuación de la revelación.

-A propósito del celibato...

-El esfuerzo que hizo la Iglesia para estatuir el celibato eclesiástico debe ser considerado. No se puede decir, sencillamente, que pertenece al pasado. Es un gran desafío para el Papa porque él posee el ministerio de la unidad y todas esas decisiones deben asumirse como una forma de unir a la Iglesia, no de dividirla. Entonces se puede hablar, reflexionar y profundizar sobre estos temas que no son de fe definida y pensar en algunas modificaciones, pero siempre al servicio de la unidad y todo según la voluntad de Dios. No es lo que me plazca sino de ser fieles a lo que Dios quiere para su Iglesia.

-¿Y qué es lo que quiere?

-Dios habla de muchas maneras. Debemos estar atentos a esta voz que nos orienta sobre las causas y las soluciones, por ejemplo, de la escasez del claro. Entonces hay que tomar en cuenta, a la hora de adoptar decisiones, estos criterios (la voluntad de Dios, historia de la Iglesia), así como la apertura a los signos de los tiempos.

-Cuando el Papa se pregunta, “¿quién soy yo para juzgar a los gays?” ¿Qué no está diciendo?

-Está diciendo que la doctrina de la Iglesia es muy clara sobre este punto moral.

-Jesucristo nos acepta a todos tal y como somos.

-Sí, pero también nos pide que crezcamos y nos adecuemos a la imagen que él tiene de nosotros. La conducta de cada uno la juzga sólo Dios y esto lo ha dicho el Papa.

-Usted ha dicho que se deben lograr los cambios sin dividir a la Iglesia. ¿No cree que una manera de decidir sobre su aplicación sería consultando al grueso de la feligresía o al menos a los obispos? ¿No es necesaria una democratización?

-Ciertamente. Siempre se ha dicho que la Iglesia no es una democracia. Pero es bueno, en estos tiempos, que haya un espíritu más democrático en el sentido de escuchar atentamente y creo que el Papa lo ha indicado como uno objetivo de su pontificado. Una conducción colegiada de la Iglesia donde puedan expresarse todas las instancias. Luego le correspondería a él tomar una decisión.

-Cuando se plantea la necesidad de cambios uno se apercibe que el Papa, antes que hablar, ha dado muestras de esos cambios con su ejemplo de sencillez y austeridad. Ese comportamiento, que contrasta con el de la Curia, ¿no nos está diciendo que la Iglesia está lejos de la feligresía, que ha ido perdiendo contacto con la realidad social y que la reivindicación de los oprimidos está más lejana que nunca?

-Me parece fundamental la capacidad del Papa para inducir los cambios a través del testimonio personal.

-¿Algo sin precedentes en la historia de la Iglesia?

-No, pensamos en Juan XXIII. Pero a mí no me gusta contraponer. Hay estilos diferentes. Eso sí, lo debemos aceptar y es normal porque la Iglesia es un jardín donde hay flores de distintas formas, colores y perfumes. Entonces, hay diferencias entre los papas. Pero el Papa Francisco está incidiendo sobre algo tan importante como el acercamiento de la Iglesia a los más pobres. Ese es el sentido de la Iglesia, que no existe para sí misma sino para llevar a Jesús a la humanidad. Y que Él sea vida abundante para la humanidad y sobre todo para quienes no tienen. La Iglesia es un puente, como lo es el papa, entre Dios y su revelación y redención de la humanidad.

-¿Otra señal de la determinación del Papa no está en su decisión de investigar los hechos de corrupción?

-El Papa siente de una manera muy especial el tema de la corrupción por venir de un continente donde el problema es muy grave y ese es uno de los grandes desafíos de América Latina. El lo ha enfrentado en Argentina, y ahora retoma lo que condenó como arzobispo. Este es un punto fundamental sobre el cual quiere trabajar porque la corrupción acaba con las sociedades y los estados.

-Luego está la sanción ejemplarizante a quienes han caído en la pedofilia.

-En esto el Papa está en línea con lo que se hace desde el tiempo de Benedicto XVI: tomar una postura fuerte y especialmente con las víctimas, para que no se repitan estos hechos.

-Me imagino que no resultó fácil.

-No lo ha sido. Yo espero que el país pueda superar la polarización y la conflictividad. Hay diferencias pero éstas no deben convertirse en divisiones y contraposiciones, sino en enriquecimiento mutuo. De manera que lo importante es que Venezuela propicie puntos de encuentro en un clima de justicia, democracia y solidaridad.

-Una tarea pendiente es la designación de su sucesor en Venezuela.

-Me imagino que podré indicar algunas personas que me parezcan aptas para este cargo, aunque al final la decisión le corresponde al Papa.

-¿Qué piensa va a ocurrir con otras confesiones? ¿Es posible la reunificación con la Iglesia Católica de Oriente? ¿Cómo se plantea las relaciones con el islamismo?

-El Papa mantuvo relaciones cercanas y fraternas con los representantes de otras religiones en Argentina. Además, esta es una clara directriz de El Vaticano II: diálogo interreligioso después del diálogo intrarreligioso. Con las confesiones cristianas el objetivo es la unidad. ¿Se podrá llegar a eso? Nosotros lo esperamos. Ya se ha recorrido mucho camino con los papas anteriores. Los tiempos son los tiempos de Dios. El Papa está haciendo lo posible por llegar a una unidad visible. En cuanto a las otras religiones, debemos colaborar para que Dios no desaparezca del horizonte porque hay una secularización, sobre todo en Europa, pero también en América Latina y Venezuela y eso significaría la pérdida del sentido de Dios. 

-La pérdida de la fe.

-Sí, ese es un tema fuerte en Benedicto XVI. Y también el de la paz y la convivencia pacífica. En eso las religiones tienen un papel fundamental.

-El Papa ha demostrado un gran interés por la situación en Siria y usted sabe de eso.

-Ciertamente tengo cierta experiencia en ese tema. Como Iglesia tenemos en nuestras manos la posibilidad de participar en la vida internacional a través de la diplomacia.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Vivir la lucha.

“Ha llegado el momento de recordar al hombre que su ocupación sobre la tierra no es la de vivir la vida sino la de vivir la lucha. Y para luchar es necesario saber que el enemigo existe y que se llama el Diablo.”
Ignacio B. Anzoátegui

Visto en Syllabus, 09-09-2013.

Todos los cristianos somos soldados.


“La vida cristiana es esencialmente una milicia en la que todos nos damos de alta y juramos defender el tesoro de la fe en el día del bautismo. Todos los cristianos somos soldados, y debemos luchar contra nuestros enemigos, que lo son principalmente el demonio y nuestra propia carne, pero con frecuencia lo es también el mundo y todos aquellos que debieran conducirnos a la felicidad. Si estos tales -aunque sean nuestros mismos gobernantes- lejos de encauzarnos por la senda del bien, nos arrastran al camino de la iniquidad, estamos obligados a oponerles resistencia, en cuyo sentido deben explicarse aquellas palabras de Jesucristo: ‹No he venido a traer la paz, sino la guerra›; y aquellas otras: ‹No queráis temer a aquellos que quitan la vida del cuerpo, sino temed a Aquél que puede arrojar alma y cuerpo a las llamas del Infierno›. Por eso los Apóstoles contestaron a los Príncipes, que les prohibían predicar: “Antes obedecer a Dios que a los hombres”. Ahora bien: esta resistencia puede ser activa o pasiva. El mártir que se deja descuartizar antes que renegar de su fe, resiste pasivamente. El soldado que defiende en el campo de batalla la libertad de adorar a su Dios, resiste activamente a sus perseguidores. En tratándose de los individuos, puede haber algunos casos en que sea preferible -por ser de mayor perfección- la resistencia pasiva. Tal es el caso de los sacerdotes que en una lucha sangrienta, por la fe andan inermes en el campo auxiliando a los moribundos, y que, cayendo en manos del enemigo, son llevados al suplicio. Tal sucede también con los inocentes ciudadanos que por justísimas razones se abstienen de la lucha armada, y que, sin embargo, por odio a su fe son sacrificados por las turbas impías. Pero el martirio no es la ley ordinaria de la lucha; los mártires son pocos; y sería una necedad, más bien dicho, sería tentar a Dios, pretender que todo un pueblo alcanzara la corona del martirio. Luego de ley ordinaria la lucha tiene que entablarse activamente y repelerse la agresión en la forma en que se produce. Cuando, pues, la sociedad es agredida por aquél que la gobierna, debe desde luego aprestarse a la defensa. Si se trata de agresiones del orden intelectual y moral, las armas que deben emplearse deben ser de éste mismo género; pero cuando la agresión es del orden material, entonces convendrá agotar primero todos los recursos legales y pacíficos. Si no dieren resultado, habrá que acudir a los medios del orden material. Sin embargo, creemos todavía necesario hacer otra distinción: si el tirano, aunque oprima al pueblo y lo prive de algunas de sus libertades, le deja empero, las esenciales, como es la de adorar a Dios, y no hace imposible la vida social, habrá que soportarlo en paciencia, sobre todo si son mayores los males que se sigan de la contienda armada. Pero si ataca las libertades esenciales de los ciudadanos; si traiciona a la Patria; si asesina, viola y atenta sistemáticamente contra la vida y la honra de las familias y de los individuos, entonces la defensa armada es un deber social que se impone a todos los miembros de la comunidad. Soportar a un tirano en estas condiciones sería un crimen de lesa Religión y de lesa Patria. Esta obligación subsiste, no solamente en el caso de que sea humanamente posible la derrota del tirano, sino también en la hipótesis de que ésta sea imposible, atendidas las leyes ordinarias de la guerra. La razón es porque la pérdida de la fe y de la independencia nacional y la ruina misma de la sociedad, son males todavía mayores que la muerte segura de un gran número de ciudadanos. Y esto es precisamente lo que sucede en el caso de México”.

Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, Obispo de Huejutla, Méjico. Visto en Hispanismo.org

Carta del Papa Francisco al Dr. Scalfari de “La Repubblica”.


Leemos la carta que el Papa Francisco ha escrito al director de La Repubblica, Eugenio Scalfari, la cual, fue en respuesta a una carta abierta que el mismo director publicara en las páginas del periódico italiano.
Nuevamente nos encontramos con afirmaciones “políticamente correctas” (y, dentro de la teología católica tradicional, teológicamente erróneas), apoyadas en los documentos del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate, por ej.) que se alejan de la doctrina transmitida por la Tradición apostólica.
El Papa Francisco, asegura, sobre el pueblo judío pertinaz en la negación de Cristo como el Hijo de Dios vivo, el Mesías, que los hermanos hebreos” (...)  “han conservado su fe en Dios y por ello nunca se les estará lo suficientemente agradecidos como Iglesia y como humanidad”. Versión en italiano de la carta aquí. El resaltado en negritas es nuestro ya que no hemos decidido quitar la cita de contexto para que luego no nos digan que descontextualizamos las citas.

[La Repubblica – 11-09-2013]

Papa Francisco escribe a Repubblica: “Diálogo abierto con los no creyentes”

Estimado Dr. Scalfari,

Con gran cordialidad, al menos a grandes lineas, quisiera tratar de responder a la carta que, desde las páginas de “la Repubblica”, ha querido dirigirme el 7 de julio con una serie di reflexiones personales suyas, que luego ha enriquecido sobre las páginas del mismo periódico el 7 de agosto.

Le agradezco, ante todo, por la atención con la que ha sabido leer la Encíclica “Lumen fidei”. La cual de hecho, por voluntad de mi amado Predecesor, Benedicto XVI, que la concibió  y en gran  parte redactó, y de quien, con gratitud, la he heredado, está dirigida no sólo a confirmar en la fe de Jesucristo a aquellos que ya se reconocen en ella, sino también a abrir un diálogo sincero y riguroso con quien, como Usted, se define “un no creyente desde hace años interesado y fascinado por la enseñanza de Jesús de Nazaret”.

Creo que es sin duda positivo, no solo para cada uno de nosotros como individuos sino también para toda la sociedad en la que vivimos, que nos detengamos a dialogar sobre una realidad tan superior como la fe, que se basa en la enseñanza y la figura de Jesús. 

Pienso que existen, en particular, dos circunstancias que hoy día hacen necesario y precioso este diálogo, el cual constituye además, como es sabido, uno de los objetivos principales del Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, y por el ministerio de los Papas quienes, cada uno con la sensibilidad y la contribución propias, han seguido desde entonces el camino trazado por el Concilio.

La primera circunstancia  -como se desprende de las páginas iniciales de la Encíclica- deriva del hecho que, a lo largo de los siglos de la modernidad, se ha asistido a una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia en la vida del hombre desde los orígenes se han expresado precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido etiquetada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. De este modo entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de matriz iluminista, por la otra, se ha llegado a  la incomunicabilidad. Ha llegado la hora, y precisamente el Vaticano II ha inaugurado este ciclo, de iniciar un diálogo abierto y sin ideas preconcebidas que reabra las puertas a un encuentro serio y fecundo. 

La segunda circunstancia, para quien busca ser fiel al don de seguir a Jesús en la luz de la fe, deriva del hecho que este diálogo no es un accesorio secundario de la existencia del creyente: sino que es una expresión íntima e indispensable. Permítame que le cite a este respecto una afirmación de la Encíclica que considero muy importante: puesto que la verdad que la fe atestigua es la verdad del amor  -se lee-  “Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos.” (n. 34). Es éste el espíritu que anima las palabras que hoy le escribo.

La fe, para mí, nace del encuentro con Jesús. Un encuentro personal, que ha tocado mi corazón y ha dado un rumbo y un  sentido nuevo a mi existencia. Y así mismo un encuentro que ha sido posible gracias a la comunidad de fe en la que he vivido y que a su vez me ha permitido acceder a la inteligencia de la Sacra Escritura, a la vida nueva que como agua fluyente brota de Jesús a través de los Sacramentos, a la fraternidad con todos y al servicio de los pobres, verdadera imagen del Señor. Sin la Iglesia -créame- no habría podido encontrar a Jesús,  bien sabiendo que ese inmenso don de la fe reposa en la frágil vasija de arcilla de nuestra humanidad. 
  
Precisamente a partir de aquí, de esta experiencia de fe personal vivida en la Iglesia, () me encuentro a gusto escuchando sus preguntas y buscando, junto con Usted, las sendas que nos permitan, quizás, comenzar a andar un trecho del camino juntos. 

Me disculpo por no seguir punto por punto los razonamientos que Usted  plantea en su editorial del 7 de julio. Me parece más fructífero  -o digamos que me es más natural-  ir  directamente a la esencia de sus consideraciones. No entro tampoco en la modalidad expositiva de la Encíclica, en la cual Usted señala la falta de una sección dedicada expresamente a la experiencia histórica de Jesús de Nazaret. 

Observo solamente, para comenzar, que un análisis de este tipo no es secundario. Se trata en efecto, siguiendo por lo demás la lógica que guía el articularse de la Ecíclica, de centrar la atención en el significado de lo que Jesús dijo e hizo y, en última instancia, en  lo que Jesús ha sido y es para nosotros. Las Cartas de san Pablo y el Evangelio de san Juan, a los cuales se hace particular referencia en la Encíclica, se basan en el sólido fundamento del ministerio mesiánico de Jesús de Nazaret que alcanza su culminación resolutiva en la pascua de muerte y resurrección.  

Por lo tanto, es necesario enfrentarse con Jesús, diría, en la concreción y aspereza de sus vicisitudes, tal como nos las narra sobre todo el más antiguo de los Evangelios, el de san Marco. Se constata aquí que el “escándalo” que la palabra y los actos de Jesús provocan a su alrededor derivan de su extraordinaria “autoridad”: una palabra, ésta, registrada ya en el Evangelio de san Marco, pero de difícil traducción. La palabra griega es “exousia”, que literalmente hace referencia a aquello que “proviene del ser”, que se es. No se trata de algo exterior o de algo forzado, sino de algo que surge de dentro y que se impone por sí mismo. De hecho Jesús conmueve, desplaza, innova a partir -él mismo lo dice- de su relación con Dios, llamado familiarmente Abba, quien le confiere esta “autoridad” para que él la emplee en favor de los hombres. 

Así Jesús predica “como uno que tiene autoridad”, cura, llama a sus discípulos a que lo sigan, persona... todas cosas que, en el Antiguo Testamento, son de Dios y sólo de Dios. La pregunta que recurre en el Evangelio de san Marco: “Quién es éste que...?”, y que se refiere a la identidad de Jesús, nace de la constatación de una autoridad diferente de la del mundo, una autoridad que no tiene como fin ejercitar un poder sobre los otros, sino servirlos, darles libertad y plenitud de vida. Y esto hasta el punto de poner en juego la propia vida, de experimentar la incomprensión, la traición, el rechazo, hasta   ser condenado a muerte, hasta caer en el estado de abandono en la cruz. Pero Jesús permanece fiel a Dios, hasta la muerte. 

Y es precisamente entonces  -como exclama el centurión romano al pie de la cruz, en el Evangelio de san Marco- en el que ¡Jesús se muestra, paradójicamente como el Hijo de Dios! Hijo de un Dios que es amor y que quiere, con todo su ser, que el hombre, que cada hombre, se descubra y viva él también como su verdadero hijo. Esto, para la fe cristiana, está confirmado por el hecho de que Jesús ha resucitado: no para triunfar sobre quien lo había rechazado, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el perdón de Dios es más fuerte que cualquier pecado, y que vale la pena emplear la propia vida, hasta el final, para testimoniar este inmenso don. 

La fe cristiana cree esto: que Jesús es el Hijo de Dios que vino a dar su vida para abrirnos a todos el camino del amor. Por lo tanto tiene Usted razón, ilustre Dr. Scalfari, cuando ve en la encarnación del Hijo de Dios el quicio de la fe cristiana. Ya Tertuliano escribía “caro cardo salutis”, la carne (de Cristo) es el quicio de la salvación.  Por que la encarnación, es decir el hecho de que el Hijo de Dios haya venido en nuestra carne y haya compartido alegrías y dolores, victorias y derrotas de nuestra existencia, hasta el grito en la cruz, viviendo cada momento en el amor y en la fidelidad a Abbà, es testimonio del increible amor que Dios nutre por cada hombre, del valor inestimable que les reconoce. Por ello, cada uno de nosotros está llamado a hacer suya la mirada y la elección de amor de Jesús, a entrar en su modo de ser, de pensar, de actuar. Esta es la fe, con todas sus expresiones, puntualmente descritas  en la Encíclica. 

* * *

Siempre en el editorial del 7 de julio, Usted me pregunta además cómo entender la originalidad de la fe cristiana puesto que ésta se basa precisamente en la encarnación del Hijo de Dios, respecto a otros credos que en cambio giran en torno a  la trascendencia absoluta de Dios.

La originalidad, en mi opinión, radica precisamente en el hecho de que la fe nos hace participar, en Jesús, en la relación que Él tiene con Dios que es Abba y, bajo esta luz,  en la relación que Él tiene con todos los demás hombres, incluso con los enemigos, bajo el signo del amor. En otros términos, la filiación de  Jesús, como nos la presenta la fe cristiana, no nos ha sido revelado para marcar una separación insuperable entre Jesús y los demás: sino para decirnos que, en Él, todos hemos sido llamados a ser hijos del único Padre y hermanos entre nosotros. La singularidad de Jesús está dada por la comunicación, no por la exclusión. 

Sin duda, de ello también se desprende  -y no es una nimiedad-  la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, sancionada con aquel “Dad a Dios lo que es de Dios y a Cesar lo que es de Cesar”,  afirmado claramente por  Jesús y sobre la cual, arduamente, se ha construido la historia de Occidente. La Iglesia, en efecto, esta llamada a sembrar el fermento y la sal del Evangelio, es decir el amor y la misericordia de Dios que alcanzan a todos los hombres, señalando la meta ultraterrena y definitiva de nuestro destino, mientras que a la sociedad civil y política le compete la dura tarea de articular y encarnar en la justicia y en la solidariedad, en el derecho y en la paz, una vida cada vez más humana. Para el que vive la fe cristiana, esto no significa fuga del mundo ni búsqueda de hegemonía alguna, sino servicio al hombre, al hombre todo y a todos los hombres, a partir de la periferia de la historia manteniendo siempre vivo el sentido de la esperanza que lleva a obrar el bien  a pesar de todo y mirando siempre más allá.  

Usted me pregunta también, como conclusión de su primer artículo, qué decir a los hermanos hebreos a cerca de la promesa que Dios les ha hecho: ¿Ha caído completamente en el vacío? Este es -en verdad- un interrogante que nos interpela radicalmente, como cristianos, porque, con la ayuda de Dios, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, hemos redescubierto que el pueblo hebreo sigue siendo, para nosotros, la raíz santa de la cual Jesús ha brotado. También yo, en la amistad que he cultivado durante todos estos años con los hermanos hebreos, en Argentina, muchas veces en la oración he interrogado a Dios, especialmente cuando  me venía en mente el recuerdo de la terrible experiencia de la Shoah. Lo que puedo decirle, con el apóstol Pablo, es que jamás se ha quebrantado la fidelidad de Dios a la alianza estrecha con Israel y que, a través de las terribles pruebas de estos siglos, los hebreos han conservado su fe en Dios. Y por esta razón, jamás les estaremos suficientemente agradecidos, como Iglesia, pero también como humanidad. El pueblo hebreo además, con su perseverancia en la fe en el Dios de la alianza, nos recuerda a todos, incluso a nosotros los cristianos, que estamos siempre a la espera, como peregrinos, del retorno del Señor y que por lo tanto debemos permanecer siempre abiertos a Él sin jamás atrincherarnos en lo que ya hemos alcanzado. 

Paso ahora a las tres preguntas que me hace en el artículo del 7 de agosto. 

Tengo la impresión de que, en las primeras dos, lo que le interesa es entender la actitud de la Iglesia hacia quien no comparte la fe en Jesús. En primer lugar, me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a quien no cree o no busca la fe. Considerando que  -y es la cuestión fundamental- la misericordia de Dios no tiene límites si nos dirigimos a Él con corazón sincero y contrito, la cuestión para quien no cree en Dios radica en obedecer a la propia conciencia. Escucharla y obedecerla significa tomar una decisión frente a aquello que se percibe como bien o como mal. Y en esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestro actuar. 

En segundo lugar, me pregunta si el pensamiento según el cual no existe absoluto alguno y por ende tampoco una verdad absoluta, sino solo una serie de verdades relativas y subjetivas, es un error o un pecado. Para comenzar, yo no hablaría, ni siquiera por lo que respecta a un creyente, de verdad “absoluta”, en el sentido que absoluto es aquello que es inconexo, aquello que carece de toda relación. Ahora bien, la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Jesucristo. Por lo tanto, ¡la verdad es una relación! Tanto es así que incluso cada uno de nosotros percibe la verdad  y la expresa a partir de sí mismo: de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc. Esto no significa que la verdad sea variable y subjetiva, todo lo contrario. Significa que la verdad se nos revela siempre y sólo como un camino y una vida. ¿No fue  acaso el mismo Jesús el que dijo: “Yo soy el camino, la verdad, la vida”? En otras palabras, siendo en definitiva la verdad toda una con el amor, exige humildad y apertura para ser buscada, escuchada y expresada. Por lo tanto, es necesario aclarar bien los términos y, tal vez, para salir de los encajonamientos de una contraposición... absoluta, replantear a fondo la cuestión. Pienso que esta es hoy una necesidad imperiosa para entablar ese diálogo sereno y constructivo que tanto deseo y del cual hablaba en mis primeras líneas. 

Como último punto me pregunta si, con la desaparición del hombre sobre la tierra, desaparecerá también el pensamiento capaz de pensar a Dios. Sin duda, la grandeza del hombre radica en su capacidad de pensar a Dios. Es decir en su capacidad de vivir una relación consciente y responsable con Él. Pero la relación se da entre dos realidades. Dios -este es mi pensamiento y esta es mi experiencia, ¡pero cuántos, ayer y hoy, los comparten!- no es una idea, si bien altísima, fruto del pensamiento del hombre. Dios es realidad con “R” mayúscula. Jesús nos lo revela  -y vive la relación con Él-  como un Padre de bondad y misericordia infinita. Dios no depende, por lo tanto, de nuestro pensamiento. Además, aún si acabara la vida del hombre sobre la tierra -y para la fe cristiana, en todo caso, este mundo, así como lo conocemos está destinado a acabarse-, el hombre no acabará de existir y, de un modo que no nos es dado saber, tampoco el universo creado con él. La Escritura habla de “cielos nuevos y tierra nueva” y afirma que, al final, en el donde y en el cuando que se encuentra más allá de nosotros, pero hacia el cual, en la fe, nos encaminamos con ansia y espera, Dios será “todo en todos”.

Ilustre Dr. Scalfari, concluyo de esta forma mis reflexiones, suscitadas  por lo que ha querido comunicarme y preguntarme.  Recíbalas como una respuesta provisional, pero sincera y optimista, a esa invitación que me ha parecido vislumbrar de andar un trecho de camino juntos.  La Iglesia, créame, no obstante su lentitud, sus infidelidades, sus errores y los pecados que pudo haber cometido y puede aún cometer en aquellos que la componen, no tiene otro sentido ni fin sino el de vivir y testimoniar a Jesús: Él que ha sido enviado por Abba “a traer a los pobres la alegre noticia, a proclamar a los prisioneros la liberación y a los ciegos la vista, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).

Con fraterna afinidad


Francisco

(Traducido del italiano por Ana. C. Pace)

martes, 10 de septiembre de 2013

La prensa americana destaca que el ataque a Siria servirá para exterminar a los cristianos.


[Tradicion Digital – 06-09-2013]

SERÍA UNA CATÁSTROFE POLÍTICA, RELIGIOSA Y HUMANITARIA SIN PRECEDENTES DESDE EL GENOCIDIO ARMENIO

La prensa americana destaca que el ataque a Siria servirá para exterminar a los cristianos

Un ataque contra Siria por parte de EE.UU., Francia y algunos aliados conseguiría debilitar al Gobierno de Bashar al Assad e incluso derrocarlo, asegura un artículo de la revista ‘The American Conservative’.

“De las ruinas surgiría un régimen radicalmente antioccidental que podría matar o expulsar a varios millones de cristianos y alauitas. Esto sería una catástrofe política, religiosa y humanitaria sin precedentes desde el genocidio armenio de hace casi un siglo”, agrega.

Según la publicación, resulta desconcertante que EE.UU. parezca estar decidido a erradicar el cristianismo en una de sus núcleos más antiguos en un momento histórico tan sensible.

Y es que, aunque Siria cuenta con una gran mayoría musulmana sunita, también alberga importantes comunidades minoritarias como la cristiana y la alauita, entre otras, que juntas representan más de un cuarto de la población. Dichas comunidades llevan siglos en Siria, donde la población musulmana y la cristiana siempre estuvieron muy vinculadas la una a la otra. Sin embargo, la crisis actual representa una seria amenaza para estas minorías.

Aunque el cristianismo se originó en Galilea y Judea, pronto se extendió a Siria. Tras la Primera Guerra Mundial, los cristianos se concentraron cada vez más en ese país árabe, donde se beneficiaron de la protección francesa. Desde la década de 1960, Siria ha sido un Estado baasista, lo que en la práctica ha significado la hegemonía de las minorías religiosas, que dominan el Ejército del país y el aparato de inteligencia. Hafez al Assad, presidente entre 1971 y 2000 y padre del actual mandatario, era alauita, pero durante la década de 1990 cinco de sus siete consejeros más cercanos fueron cristianos.

El país, afirma el portal de la revista, se ha mantenido como un “genuino refugio para las minorías religiosas”, lo que no sucede en el resto de la región, y actualmente muchos cristianos temen que en el futuro un régimen estrictamente islamista o salafista ponga fin abruptamente a la era de la diversidad.

A medida que se agrava el conflicto en Siria aumenta el número de cristianos que huyen en masa de sus hogares por las amenazas, secuestros y asesinatos que llevan a cabo los rebeldes. Este mismo miércoles miembros del grupo extremista Frente al Nusra atacaron la antigua aldea cristiana de Maalula, situada al noreste de Damasco.

Una monja afirma que las “pruebas” del ataque químico en Damasco “fueron elaboradas intencionalmente”.


[Tradicion Digital - 06-09-2013]

RT/TD

Una monja afirma que las “pruebas” del ataque químico en Damasco “fueron elaboradas intencionalmente”

“Llevo estudiando durante más de dos semanas todos los materiales relacionados con este ataque. Tengo pruebas y voy a publicar un informe acerca de que todos estos materiales han sido elaborados intencionalmente”, dijo a RT la religiosa Agnès-Mariam de la Croix.

“[La agencia de noticias] Reuters empezó a transmitir las imágenes a las 06:00, y dicen que el ataque tuvo lugar entre las 03:00 y 05:00 en la zona de Guta. Cómo es posible que en menos de tres horas hayan podido recoger más de diez documentos audiovisuales, transportar a 200 niños y más de 300 adultos a algún sitio y brindarles los primeros auxilios, entrevistándolos y grabándolos al mismo tiempo”, se pregunta Agnès-Mariam.

“¿Cómo tuvieron tiempo para llegar a sus casas, ver a los afectados, coordinar a quiénes se podía y a quiénes no transportar a otro sitio para socorrerles, y luego transmitir todo esto?”, agregó la hegúmena del monasterio de San Jacobo el Mutilado, en Qara (Siria).

Asimismo, la representante religiosa “afirma y mantiene sus palabras” de que todo esto fue elaborado y preparado con antelación. “Dicen que todas las víctimas son civiles. En esas imágenes el 90% son niños pequeños, y dónde están sus padres, cuál es su destino, de dónde los trajeron. ¿Cómo pueden crear esas cínicas imágenes de los menores? Existen muchas preguntas”, comentó.

Masacre olvidada

Por otro lado, Agnès-Mariam no entiende por qué la comunidad internacional ignora la masacre que ocurrió a inicios de agosto pasado en la gobernación de Latakia, donde “más de medio millar de personas, entre ellos niños, mujeres y ancianos fueron degollados” por los rebeldes sirios.

“No entiendo el doble rasero de la prensa occidental en este caso. Continuamente hablan del supuesto asesinato masivo de civiles como consecuencia del empleo de armas químicas, y al mismo tiempo ignoran la sangrienta masacre en Latakia”, dijo.

En esa gobernación “un total de doce aldeas alauitas fueron terriblemente masacradas, sus habitantes decapitados. Les cortaron partes del cuerpo, incluso hay un video donde se muestra cómo una chica viva es desmembrada con una sierra circular”, relató la religiosa.

Además, “entre 150 y 200 personas fueron tomadas como rehenes, más tarde, varias de ellas fueron asesinadas y grabados en videos sus homicidios”.

“Nosotros enviamos una delegación a esa zona y lograron familiarizarse con todo lo sucedido y hablaron con quienes consiguieron escapar de esa masacre”, afirmó Agnès-Mariam. Señaló también que en la actualidad están negociando con los rebeldes la liberación de los rehenes, pero “desgraciadamente aún no lo hemos conseguido”.

“El vídeo del ataque químico en Damasco se filmó en el ‘Hollywood’ catarí”.


[RT – 08-09-2013]

AFP / RT

“El vídeo del ataque químico en Damasco se filmó en el ‘Hollywood’ catarí”

El vídeo que supuestamente demuestra el ataque químico en las afueras de Damasco que se cobró la vida de unas 1.400 personas se filmó en unos estudios de Catar, según opinan algunos analistas.

“No tengo ninguna duda de que este vídeo es un montaje”, indicó el periodista sirio y experto internacional Abbas Dzhuma en una entrevista a la radio rusa Vesti FM refiriéndose a las imágenes de los acontecimientos que supuestamente ocurrieron en Siria el pasado 21 de agosto.

“Los síntomas que muestran las víctimas del vídeo no son los que provoca normalmente el gas tóxico sarín”, subraya Dzhuma. El periodista afirma que le sorprende que “EE.UU. se atreva a violar las resoluciones de la ONU y a invadir un Estado soberano basándose solo en imágenes de calidad y origen dudosos”.

“Incluso dudo de que verdaderamente se filmaran en Siria”, destaca el experto, que recuerda que "el 80% de los vídeos que teóricamente se filman en Siria en realidad se ruedan en “el ‘Hollywood’ de Catar”.

El año pasado se dio a conocer, según datos de la agencia siria Sana, que una empresa catarí especializada en la construcción de decorados de cine creó en las afueras de la capital, Doha, copias de calles, plazas y edificios de las ciudades de Damasco, Alepo y Latakia.

La agencia publicó en aquel entonces que, con la ayuda de estos decorados y de actores vestidos con uniformes militares sirios, canales de noticias árabes y occidentales hostiles al Gobierno de Bashar al Assad iniciaron una nueva ofensiva en la guerra de información con el fin de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de intervenir militarmente en el conflicto sirio.

Por su parte, varios medios estadounidenses, entre ellos los canales de televisión CNN y NBC, declararon el sábado que no pueden garantizar la autenticidad del vídeo sobre el uso de armas químicas en Siria.


Según informó CNN, la Administración mostró esos materiales audiovisuales a los senadores estadounidenses como prueba de que las autoridades sirias habrían empleado armas químicas. Esos mismos vídeos se mostrarán también el lunes en la Cámara de Representantes del Congreso de EE.UU., donde actualmente existen ciertas divergencias de opinión acerca de la necesidad de autorizar una acción militar contra Siria.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Dios y la libertad del hombre.

Una respuesta a ciertas objeciones del ateísmo en un breve y muy claro video.

Lo que tendenciosamente dice (o no dice) Aciprensa de la FSSPX.

Con las criteriosas distinciones que hay que hacer a la hora de entender la utilización de algunos términos (como el de  “antirreconciliacionista”), el blog Secretum Meum Mihi, 07-09-2013,  nuevamente descubre las tendenciosas noticias que publica ACIprensa con respecto a lo que la misma agencia llama “cisma lefebvrista”. Aquí la noticia:

Lo que Aciprensa —tendenciosamente— no ve, aquí te lo decimos

Ya Uds. saben que Aciprensa es un medio de comunicación antirreconciliacionista, obvio que allá no van a admitirlo, y para ello se disfrazan de antilefebvristas. El asunto es que para pasar por un buen antilefebvrista es necesario no mentir ni ser tendencioso. Ya en el pasado hemos referido varios de estos casos de la aludida agencia noticiosa. En esta ocasión nos ha llamado la atención una nota fechada Sep-07-2013, publicada con hora 8:15 AM (tiempo de Lima, Perú, en donde tienen su domicilio), y titulada “Líder prohíbe a lefebvristas asistir a vigilia de oración en San Pedro”.


Esta nota se refiere a un comunicado de prensa del distrito italiano de la FSSPX/SSPX, en el cual afirman que la vigilia de oración convocada por el Papa Francisco y a realizarse hoy:

excluirá la adoración eucarística, para orar junto con representantes de otras religiones, para así no “disturbar” a miembros de otros cultos.

Lo cual quedó desvirtuado con la publicación del “Librito de la Celebración para la Vigilia de oración por la paz del 7 de septiembre de 2013, presidida por Santo Padre Francisco”, publicado en Sep-06-2013, en el sitio de internet del Vaticano.

Es así como el distrito italiano de la FSSPX/SSPX reconoció el error y publicó otra nota anexa a la anterior...


...en la cual en efecto aceptaban el error, y explicaban que el problema de fondo no era si la adoración eucarística se incluía o no en la vigilia convocada por el Pontífice, sino:

...la equiparación de la oración católica (y de la misma adoración eucarística) a aquellas de las falsas religiones.

Ello debido a que el Papa en su Angelus, Sep-01-2013, había invitado “a unirse a esta iniciativa, de la manera que consideren más oportuno, a los hermanos cristianos no católicos, a los que pertenecen a otras religiones y a los hombres de buena voluntad”.

Como anotamos arriba, todo ello ocurrió el Viernes, Sep-06-2013; sin embargo, los sres de Aciprensa publican al día siguiente, o sea hoy, una nota en la que tendenciosamente obvian la nota en la que el superior del Distrito italiano de la FSSPX/SSPX admitía el error inicial. Y es lógico que intencionalmente la excluyan porque sencillamente su nota quedaría desvirtuada.

La aludida agencia al final hace un adendo tratando de contextualizar la situación de la FSSPX/SSPX en la Iglesia, y para ello recurre a otra reiterativa mentira de su parte: el supuesto “cisma” de la FSSPX/SSPX. Lo cual resulta en todo lo contrario, una descontextualización.
En otras ocasiones nos hemos referido a ello, coincidentemente desmintiendo al director de esa misma agencia (aquí y aquí), pero también en otras ocasiones (como aquí).