lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Cónclave dirigido?

[Información en Secretum Meum Mihi, 23-Sep-2015.]


El Espíritu Santo sopla en los cónclaves, seguro, ¡pero así se le echa una manito!



El card. Godfried Danneels (4° de derecha a izquierda) acompañaba al neopontífice en la Logia de la Bendiciones aquel 13 de Marzo de 2013, inmediatamente después de que el Card. Bergoglio saliera electo como Papa.


La primera biografía del card. Godfried Danneels, escrita por los historiadores Karim Schelkens y Jürgen Mettepenningen fue presentada el martes en la Basílica de Koekelberg, revela que el exprimado de Bélgica fue miembro de una red secreta de obispos y cardenales, “Grupo de Saint-Gall/Sankt Gallen" 

Opositor al creciente poder de Ratzinger en el Vaticano, el arzobispo de Milán Carlo Maria Martini comenzó a celebrar reuniones secretas de obispos y cardenales en Saint-Gall/Sankt Gallen en Suiza en 1996. Estas reuniones fueron conocidas vagamente por algunos especialistas, pero nunca hubo ningún informe detallado de las actividades de este grupo, según detalla la biografía de Mettepenningen y Schelkens. En 1999, Danneels se unió al grupo, el cual también conformaba el obispo holandés Adriaan Van Luyn, el cardenal alemán Walter Kasper y Karl Lehman, el británico Basil Hume y el italiano Achille Silvestrini. Para Danneels y sus compañeros se trataban de simples “vacaciones espirituales”, una forma de consuelo y apoyo mutuo en una época para ellos oscura.

Teóricamente el Vaticano envió al cardenal Camillo Ruini para investigar de qué se trataba el grupo, sin poder averiguar nada al respecto. Al mismo tiempo, el “grupo de Saint-Gall/Sankt Gallen” trataba de influir en el curso del Vaticano. La pregunta que surgió más específicamente fue: “¿Qué pasará después de Juan Pablo II, cómo evitar que Ratzinger se convirtiera en Papa?”

En el cónclave de 2005, Joseph Ratzinger demostró ser demasiado fuerte. Danneels y los otros miembros del “grupo de Saint-Gall/Sankt Gallen” apenas lograron ocultar su descepción. Pero su análisis fundamental, que el aparato del Vaticano necesitaba ser innovado y el mensaje de la Iglesia debería ser mucho más optimista, permaneció durante el pontificado de Benedicto. 

La elección de Jorge Mario Bergoglio como Francisco acabó este periodo, para ellos, oscuro. “La elección de Bergoglio fue preparada en Saint-Gall/Sankt Gallen, sin duda. Y las líneas generales de su programa son aquellas que Danneels y sus colegas estaban discutiendo por más de diez años”, escriben Schelkens y Mettepenningen.

En el libro también se refiere el insignificante episodio en el que el card. Danneels fungió como encubridor de su protegido el obispo pedófilo Roger Vangheluwe, y no sabemos si también hablan de cómo trató de comprar —literalmente— el silencio de las víctimas.

¡Que no se piense mal después de haber sido invitado directamente por Francisco al Sínodo extraordinario sobre la familia de 2014 y se repitiera el mismo hecho para el Sínodo ordinario sobre la familia de 2015!


Con informaciones de De Standaard, Sep-23-2015, págs. 16-17; Het Belang van Limburg, Sep-23-2015, pág. 08 y Het Nieuwsblad, Sep-23-2015, págs.02-03.

Entrevista con el fiscal Norberto Quantín.


Recordamos al recientemente fallecido (26-Sep-2015) Dr. Norberto Quantín, católico cabal, coherente, fue uno de los primeros en apoyar la obra de Mons. Marcel Lefebvre en Argentina. Firme colaborador y sostén de la causa de la Tradición Católica. Batalló desde la Justicia con reconocida honestidad y probidad. Lo recordamos en una vieja entrevista con el fiscal Norberto Quantín aparecida en Página/12.

Como no hemos podido actualizar anteriormente nuestra página, aprovechamos para pedir a nuestros lectores, oraciones por el descanso eterno de su alma y consuelo cristiano de su familia.

Dios lo tenga en Su Reino.


CONVERSACION CON EL FISCAL NORBERTO QUANTIN

“El enemigo es el deshonesto”

Tiene la edad en que se atenúa la capacidad de asombro. Sin embargo, trabajar en las causas de Matilde Menéndez, del juez Norberto Oyarbide, de la corrupción en el Concejo Deliberante y de las extrañas muertes del capitán Horacio Estrada y Marcelo Cattáneo lo colocan al borde de la perplejidad, casi a diario. Quantín le quitó horas a su día de descanso y el domingo por la mañana, a la salida de misa, habló con Página/12 en un bar de San Telmo.

Por Susana Viau

-Usted es profundamente creyente. ¿En qué se parecen esa justicia y esta en la que trabaja?
-La otra es infalible y absolutamente justa. Esta pretende ser justa, pero es una realidad que se aleja cada vez más del ideal. Por eso suele decirse que el derecho se conforma con la "justicia legal", la que está en los libros y más allá de que quienes la aplican sepan que la verdad es diferente.

-Con sentimientos religiosos tan fuertes, ¿nunca pensó en ser sacerdote?
-Cuando uno es joven piensa en ser misionero, o héroe, una actividad de entrega y ser un sacerdote, un buen sacerdote, es una de ellas. En otros tiempos cualquier muchacho tenía un ideal relacionado con el servicio a los demás. Si era médico tenía más el objetivo de ser útil a la humanidad que en ganar puntos con los laboratorios. Yo me plantée ser sacerdote y vi que no era ésa mi vocación.

-Se lo acusa de lefebvrista...
-¿Acusa? No es un delito, por el momento.

-Tiene razón, se lo caracteriza "como".
-No hay doctrina lefebrvista, simplemente hay católicos más apegados o más refractarios a las tradiciones.

-Pero el lefebvrismo se asocia a la derecha política.
-Creo que no hay una definición clara de lo que es la derecha política. La derecha en la actualidad no tiene nada de la vieja derecha, que estaba más unida a la cultura, a la preservación de ciertos valores. Esta derecha liberal está ávida de dinero, es absolutamente materialista. La vieja derecha era popular, ésta es elitista. Además, hoy la derecha no tiene ningún gran pensador que la exprese, sus pensadores sólo hacen análisis económicos. No existe un pensamiento culto de derecha.

-¿Es cierto que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que que un rico entre al reino de los cielos?
-Dicen que en Jerusalén había una puerta estrecha a la que llamaban "la aguja". Hay quienes desmienten que fuera tan chica como se decía y sostienen, en cambio, que el camello, algo agachado, podía pasar. De todos modos, en el Sermón de la Bienaventuranza los pobres tienen asegurada la salvación y en la prédica la puerta a la que se aludía era bastante estrecha, sobre todo si el rico no comparte lo que tiene, no "comulga", que es compartir, para que haya menos pobres.

-¿Cuál es el valor que más aprecia?
--La honradez, que para mí es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se piensa y cómo se vive. Esa es la virtud más difícil: hacer lo que se predica.

-¿Qué personaje o qué persona admira?
-En la historia argentina, a Belgrano; en la mundial, a San Luis, rey de Francia, que era un modelo de rey, de hombre justo. Entre nosotros, al día de hoy, al doctor Maradona, o, si me da otra oportunidad, al cura, que no conozco, pero hace la limpieza para los chicos en el cotolengo.

-¿Cometió alguna vez un error imperdonable?
-Errores cometí muchos, pero creo que todos se pueden perdonar.

-Que usted no pueda perdonarse, quiero decir.
-Uno siempre es muy benévolo para juzgarse a sí mismo y yo pienso que mis errores siempre fueron cometidos de buena fe, pero decir eso es una fanfarronada. Claro, nunca me senté a pensar cómo podía joder a alguien, de eso sí estoy seguro.

-¿Su mayor pecado?
-La soberbia.

-¿O el orgullo?
-En nuestro idioma el orgullo puede ser legítimo, uno puede estar orgulloso viendo crecer a un hijo. La soberbia nunca lo es. Nunca es buena. Por eso los franceses distinguen entre "l'orgueil" y "la fierté". Pero la vida me dio muchos golpes y a esta altura sería estúpido ser soberbio. La soberbia misma es estúpida.

-¿Su mejor virtud?
--Creo que no ser mezquino. Y no es una cuestión de dinero, me parece que no soy mezquino con mis cosas, con mi tiempo.

-¿Quién lo defraudó?
--Todos aquellos a los que voté.

-¿Cuál fue su día más feliz?
-Debería decir que el día que me casé. Pero la felicidad es tan pequeña, tan fugaz, tan fragmentaria. Como pequeños haces de luz en la oscuridad. Es efímera.

-¿Y, como contraposición, el más triste?
-El 14 de junio.

-... Perdón, pero ¿qué pasó el 14 de junio?
-Fue el día de la rendición en las Malvinas.

-La verdad, yo creí que me iba a contestar que su día más triste había sido el de la muerte de su madre.
-Lo pensé, ¿sabe? Iba a contestar el 28 de junio pero no sabía cómo decirlo, porque es algo muy personal. Ese sí fue un día triste. Yo estaba dando exámenes en el Liceo Naval y había unas separaciones para evitar que nos copiáramos. Uno de los oficiales me miraba todo el tiempo y daba vueltas. Yo me imaginé que era porque sospechaba que me estaba copiando. Al ratito me llamó y me dijo: "Cadete: tengo la obligación de comunicarle que murió su madre. Prepárese y vaya a su casa". Así nomás. Y a lo mejor no hay otra forma. Nunca voy a olvidarme de ese viaje hasta mi casa. El año que pasé en el Liceo, saliendo sólo los fines de semana y sabiendo que ella estaba enferma fue muy duro, de los peores de mi vida.

-¿Es más cómodo el lugar del fiscal que el de juez, o de defensor?
-Dada la altísima ineficiencia de la Justicia hoy, el rol más cómodo es el de defensor y si se tiene la suerte de pertenecer a ciertos estudios "con llegada" no sólo es el más cómodo sino el mejor remunerado.

-¿En qué caso grande le hubiera gustado intervenir?
-A mí me gustan dos tipos de casos: los homicidios donde hay que jugar una especie de ajedrez para investigar o los grandes casos de corrupción en los que la Justicia puede ser útil para corregir la situación.

-¿Qué falta no les perdonaría a sus subordinados?
-Pasarse al enemigo.

-¿Y quién es el enemigo?
-El bando de los deshonestos, usar un cargo que la comunidad paga para encubrir la corrupción. Eso es imperdonable, cruzarse a la vereda de enfrente. No tiene retorno. Podría perdonarlo personalmente pero nunca como hombre de la Justicia. Tuve un empleado, un ordenanza, acusado de corrupción de menores. Lo visité en la cárcel, le llevé algunas cositas pero nunca hubiera movido un dedo para mejorar su situación.

-¿Por cuál de sus colaboradores pondría las manos en el fuego?
--Por todos.

-¿Son muchos?
-Quince.

-¿Qué circunstancias lo harían abandonar la Justicia?
-Si advirtiera que los fracasos superan netamente los aciertos.. O que en algún momento se me impidiera hacer libremente mi trabajo, o que el grado de corrupción lo hiciera irrespirable. O si se me da la gana y quiera ser mago, nada más, o tener todas las vidas que uno no ha podido tener.

-¿Qué insulto lo ofende más?
-El que pone en duda la honestidad.

-¿Y cuál es el que usa con mayor fervor?
-Tengo una amplia variedad para cada ocasión. Cuando me pongo loco digo cualquier cosa. En ese sentido mi cultura está bastante enriquecida.

-¿Un pintor?
-El Bosco. El Bosco y Brueghel. Yo viví dos años en Madrid y tenía entrada gratis a El Prado. Habré ido casi cien veces y sin embargo conozco poco el museo porque me costaba salir de esa planta baja. Ahí me explotaba la imaginación. Algo que también me pasa frente a El entierro del conde de Orgaz. Puedo quedarme una hora delante de él, en Toledo, imaginándome qué pasaba por la cabeza de cada uno de esos hombres. Y Monet, la delicadeza de Monet. En el primer caso es un interés intelectual; en el segundo, religioso. En el caso de Monet, la experiencia estética.

-¿Un libro?
-Y... Albert Camus. La peste. Es el libro de este siglo que más me impresionó.

-¿Una música?
-Tengo un tapón en la oreja, pero Mozart me gusta, claramente.

-¿Una ciudad?
-Lisboa. Es muy cosmopolita y muy portuguesa. Muy melancólica también. Lisboa es la ciudad más hermosa del mundo.

-Siendo usted mago no puedo dejar de preguntarle por un truco preferido.
-Uno de cartas. Se llama "Fuera de este mundo" y era el preferido de Churchill. En plena guerra levantaba reuniones para que Paul Curry se lo hiciera, por enésima vez, y poder descifrarlo.

-¿Y en qué consiste ese metafísico "Fuera de este mundo"?
-El mago da un mazo de cartas al espectador, que tiene que dividirlas, siempre boca abajo y sin verlas, por color. Cuando las da vuelta, el espectador ha acertado: están todas las rojas juntas y las negras con las negras.

-¿Una figura importante en su vida?
-Margarita, mi mujer. Es mi brújula. Cuando aflojo, ella me marca el rumbo con total generosidad. Digo generosidad porque sabe que ese rumbo es el que no trae ni honores ni dinero y sí algunas amarguras. En eso es inflexible.

-¿Qué deuda tiene con usted mismo?
--Convertirme.

-¿Cómo dijo?
-Convertirme , un cristiano siempre debe convertirse para ser un buen cristiano. Y esa deuda no se paga hasta el último día.

-Y en un plano más terrenal, ¿qué se debe todavía?
-A mí la vida me dio mucho. Pero, a lo mejor, volver a pasear por ciudades que me dan mucha nostalgia y poder tener más tiempo con la familia y con los amigos. Disfrutar más de todo eso. Que no es poco.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Tolkien, filo-lefebvriano.


En medios neocones se suele leer un poco de Tolkien, especialmente su obra ya clásica El Señor de los Anillos.Lectura que llega a ser tergiversada bastante de forma que ellos —los neocones— son como la Compañía del Anillo, los caballeros de Rohan o los últimos resistentes de Minas Tirith. Se lee en clave epopéyica con obvia identificación con “los buenos”.

Un poco como a Chesterton, los neocones usan y abusan de Tolkien para sus propios fines. Ved, sino, cómo aparece infinidad de veces para justificar cualquier cosa aquí. En los Estados Unidos, incluso llegaron a identificar a Irak con Mordor…

Pero así como no se ve cómo el socialismo dickeniano de Chesterton (o distributismo si preferís) puede encajar con un proyecto neoliberal como fue el de la revista Chesterton de Alex Rosal, José A. Fúster, César Vidal, Pío Mora, Pedro Trevijano, etc., gracias a Dios, ya desaparecida; tampoco vemos cómo los neocones pueden sumar para sí a quien pensaba de una forma tan radicalmente distinta, como el siguiente relato de uno de sus nietos, Simon Tolkien.

Recuerdo vívidamente ir a la iglesia con él [John Ronald Reuel Tolkien] en Bournemouth. Él era un católico devoto y fue poco después de que la Iglesia cambió la liturgia, del latín al inglés. Mi abuelo obviamente no estaba de acuerdo con esto y decía todas las respuestas muy alto en latín mientras que el resto de la asamblea respondía en inglés. Toda la experiencia me resultaba bastante torturante, pero mi abuelo no se inmutaba. Simplemente debía hacer lo que él creía era correcto. Heredó la religión de su madre, excluida de la familia posteriormente a su conversión y, luego, murió pobre cuando mi abuelo tenía sólo 12 años.

[Simon Tolkien, “Mi abuelo”, The Mail on Sunday (23 de febrero de 2003).]

Lo que se agrega a numerosos testimonios de sus biógrafos.


[InfoCaótica, 23-Mar-2013]

martes, 22 de septiembre de 2015

Juan Manuel de Prada: Santa ira.


[XL Semanal, 20-Sep-2015]

SANTA IRA

A veces recibo reconvenciones de hipócritas que reprochan mis palabras gruesas e injuriosas, mis intemperancias y raptos coléricos; aunque, más frecuentemente, los hipócritas, en lugar de decírmelo a la cara, se dirigen a quien puede hacerme más daño. Es cierto que a veces deslizo expresiones agrias en mis artículos; pero siempre van dirigidas contra iniquidades que claman al cielo, o contra los canallas que las conciben y ejecutan, por lo que mucho más escandaloso sería callar. Pero el hipócrita, bajo sus modales suavones y sus afectaciones pazguatas, es siempre un monstruo de iniquidad que desea que las iniquidades queden impunes. Mucho me repugnan los reproches de los hipócritas; pero mucho más todavía me repugna que, para reconvenirme, me digan melifluamente que es «muy poco cristiano» adoptar actitudes arriscadas, porque lo que Jesús deseaba es que fuésemos mansos y pusiésemos la otra mejilla.   
Tal sonsonete se funda, naturalmente, en una imagen totalmente tergiversada de Cristo, quecuando exhortaba a la mansedumbre no nos estaba pidiendo que fuésemos unos eunucos con horchata en las venas, ni unos pánfilos miramelindos, ni unos moderaditos inofensivos, sino personas que acatan dócilmente la voluntad divina. Tampoco cuando emplea la imagen retórica de poner la otra mejilla nos está pidiendo Cristo que nos convirtamos en unos seres pasivos que se dejan vapulear por sus agresores, sino que nos recuerda que Dios está con quien recibe una agresión por su causa; y que debemos hacérselo ver al agresor, para que entienda que el daño de su bofetada es ínfimo, comparado con el beneficio de la caricia divina. Que Jesús fue misericordioso y compasivo ante las debilidades del prójimo es algo que está fuera de toda duda; pero que fuese ese ser almibarado y merengosín que pretenden ciertos hipócritas, una especie de paladín del pacifismo más bobalicón y soplagaitas, es falso de toda falsedad. Jesucristo fue el Cordero de Dios, pero también el León de Judá; y de sus rugidos y zarpazos están llenos los Evangelios, que basta leer para que este falso Jesucristo de pitiminí que los hipócritas han construido se derrumbe ante nuestros ojos. Cuando leemos los Evangelios descubrimos, por ejemplo, que Jesús empleaba palabras consoladoras para sanar a los afligidos; pero descubrimos que también empleaba silencios enigmáticos, respuestas irónicas, parábolas terribles, discursos airados y hasta arrebatos coléricos. Jesús, en fin, nada tiene que ver con un predicador capón y melifluo que sonríe condescendiente ante las travesuras de los hombres, a los que mira con plácida benignidad; por el contrario, se revuelve viril y enojado contra los hombres cuando los sorprende en falta, los maldice e increpa con palabras acres, los reprende sin paños calientes y, llegado el caso, se lía a zurriagazos con ellos.
Esta santa ira nos sobrecoge a veces por su ferocidad; pero nos sobrecoge todavía más porque estalla cuando menos lo esperamos. Así, por ejemplo, en el Cenáculo, cuando Pedro se pone suavón y pazguato y lo invita a rehuir la Pasión, Jesús le lanza un anatema brutal (sobre todo teniendo en cuenta que antes lo ha elegido su vicario en la Tierra): «Apártate de mí, Satanás». No tiene empacho Jesús en llorar amorosamente sobre la ciudad que está a punto de inmolarlo; pero tampoco tiene empacho en profetizar que Cafarnaum y Betsaida padecerán mayor condena que Sodoma. A la higuera estéril la maldice, aunque como el mismo evangelista reconoce «no era tiempo de higos». A los mercaderes que se habían instalado en el atrio del templo los expulsa sin miramientos, armado de un látigo. Y a los fariseos les lanza una portentosa filípica, sin recatarse de acribillarlos con las palabras más gruesas e injuriosas: «Raza de víboras, sepulcros blanqueados», etcétera.

Y, en fin, no encontramos en toda la predicación de Cristo ninguno de los tópicos habituales a favor de la paz que tanto gustan de atribuirle los hipócritas. No hallamos en sus palabras ninguna execración de la guerra; y hasta llegó a cultivar cierta amistad con algunos soldados romanos. La paz que repartía a manos llenas entre sus seguidores nada tiene que ver con la paz del mundo, sino con la paz del alma, que se llena de la fragancia de los nardos cuando Dios anida dentro de ella. Y, en fin, Jesús nos advierte sin ambages que no ha venido a traer la paz, sino la espada, y a revolver al hijo contra el padre y a la nuera contra la suegra. Nada más natural, pues, para afrontar tales batallas, que armarse de santa ira. El León de Judá nunca dejó de mostrarse airado ante quienes lo merecían; y reservó sus iras mayores para los bellacos hipócritas.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Anécdotas de San Pío X.


No teme a los hombres

El catorce de marzo, cumpleaños del rey Hum­berto, todas las autoridades civiles y militares de Mantua, acostumbraban ir a la catedral, para una ceremonia de acción de gracias y luego concurrían a la sinagoga para otro acto semejante. El hecho llamaba la atención y era ocasión de escándalo. Los Obispos anteriores a Mons. Sarto habían protes­tado pero inútilmente.

En 1889 Mons. Sarto decidió tomar una re­solución enérgica; hizo saber a los magistrados que si después de la ceremonia en la catedral, tenían determinado, como de costumbre, ir al tem­plo de los israelitas, él se vería obligado a no recibirlos en la catedral.

El Prefecto de la ciudad escribió a Roma y la ceremonia de la sinagoga fue suspendida, dijeron por orden del gobierno.


La venganza de un santo

Un malvado comerciante de Mantua hizo imprimir y repartir profusamente un libelo infamatorio contra Mons. Sarto.

Este no tardó mucho en llegar a conocer quién era el autor. A quien le instaba para que lo denunciara, a las autoridades competentes, para tutelar su buen nombre, respondía con su acostumbrada mansedumbre:

—Ese pobre desdichado tiene más necesidad de oraciones que de castigos.

Poco tiempo después, un revés de fortuna precipita en la ruina al miserable. Los acreedores se ensañan con él, acusándolo de quiebra fraudulenta El infeliz al verse perdido, recurre a los parientes y a los amigos, en busca de algún socorro. Todo inútil.

El Obispo difamado y ofendido llega a saber el triste suceso, y haciendo llamar a una piadosa y caritativa señora, le dice:

—Id a visitar a la esposa de ese pobre desgraciado y entregadle este dinero; pero, os lo ruego, no le digáis que soy yo que se lo manda. Si acaso la señora insiste en querer saber quién os envía, decidle que es la más caritativa de las señoras, la Virgen del Perpetuo Socorro.

Así se vengaría, el Obispo Sarto.


Intuición práctica

En una audiencia a los Cardenales, el Papa había preguntado:

— ¿Cuál es Actualmente la cosa más importante para la salvación de la sociedad?

—Abrir muchas escuelas — dijo uno.

 —Multiplicar las iglesias — agregó otro.

 —Fomentar las vocaciones eclesiásticas ;— respondió un tercero.

—No, — continuó Pío X, — lo que en la actualidad es más necesario, es contar con un grupo de laicos, virtuosos, iluminados, resueltos y apóstoles de verdad.


Como el sol

Cierta vez se le hizo observar al Papa que recibía a demasiada gente y sin tener en cuenta muchos requisitos, y que cierto individuo a quien recientemente había dado audiencia, era indigno de su bendición. Pío X respondió:
         
-¿Acaso el sol se contamina cuando posa sus rayos sobre las inmundicias!? Son precisamente los indignos quienes tienen mayor necesidad de mis bendiciones.


Testamento de un santo

Jesucristo nos dio ejemplo de pobreza absoluta y su siervo fidelísimo Pío X se esforzó durante toda su vida por imitar en todo lo posible al Divino Modelo.

Las breves páginas de su testamento comenzaban: “Después de invocar el auxilio divino y la intercesión de la Virgen Inmaculada y de S. José, confiando en la divina Misericordia para el perdón de mis culpas, extiendo el acta de mi última voluntad”.

Y resumamos toda el alma del gran Pontífice con las últimas frases:

"Nacido en la pobreza, habiendo vivido pobre y seguro de morir pobre, siento profundamente no poder retribuir a tantos que me prestaron exquisitos favores, en Mantua,, en Venecia, en Roma, y no pudiendo darles muestra alguna de mi agradecimiento, ruego a Dios que los recompense con las mejores gracias”.

Visto en Syllabus, 20-08-2013.

martes, 1 de septiembre de 2015

Comunicado de la FSSPX con respecto a la carta de Francisco.


Información de agencia DICI, 01-Sep-2015.

Comunicado de la Casa General de la Fraternidad San Pío X sobre la carta del Papa Francisco al acercarse el Año Santo (1° de septiembre de 2015)

La Fraternidad San Pío X toma conocimiento, por la prensa, de las disposiciones que el Papa Francisco ha establecido con ocasión del próximo Año Santo. En el último párrafo de su carta dirigida, el 1° de septiembre de 2015, a Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el Santo Padre escribe: “Por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.”

La Fraternidad San Pío X expresa su agradecimiento al Soberano Pontífice por este gesto paternal. En el ministerio del sacramento de la penitencia, ella siempre se ha apoyado, con absoluta certeza, en la jurisdicción extraordinaria que confieren las Normae generales del Código de Derecho Canónico. Con ocasión de este Año Santo, el Papa Francisco quiere que todos los fieles que desean confesarse con los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X puedan hacerlo sin ser importunados.

En este año de conversión, los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X procurarán ejercer con renovada generosidad su ministerio en el confesionario, siguiendo el ejemplo de dedicación infatigable que el santo Cura de Ars dio a todos los sacerdotes.

Menzingen, 1° de septiembre de 2015

Francisco “Válida y lícita” la absolución de los sacerdotes de la FSSPX.


Francisco, en la carta al Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización con la que se concede la indulgencia con ocasión del Jubileo extraordinario de la Misericordia, con fecha 01-Sep-2015, concede “validez” y “licitud” a las confesiones administradas por los clérigos de la FSSPX.

Una última consideración se da a los fieles que, por diversas razones sienten que asisten a las iglesias oficiadas por los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X. Este Año Jubilar de la misericordia no excluye a nadie. Desde diferentes partes, algunos compañeros obispos me han dicho de su buena fe y la práctica sacramental, mezclado a la incomodidad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío en que en un futuro próximo podemos encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y superiores de la fraternidad. Mientras tanto, impulsado por la necesidad de coincidir con el bienestar de estos fieles, por mi propia mano establezco que muchos durante el Año Santo de la Misericordia se acercan a celebrar el Sacramento de la Reconciliación a los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.

Aclaramos que las confesiones de los sacerdotes de la FSSPX, siempre fueron válidas y lícitas debido a lo que se conoce canónicamente como estado de necesidad, estado en el cual se encuentra la Iglesia actualmente.

Por otro lado, como se comenta en el blog SecretumMeum Mihi (01-Sep-2015), ¡Qué embarazo para ciertos medios de comunicación —Uds. saben cuáles son— que no podrán referirse a Francisco como “Filo-lefebvrista”, ‘criptolefebvrista’, ‘simpatizante de la causa lefebvriana’, ‘defensor del lefebvrismo’, etc, etc, etc...!


¿Qué dirán los Iraburu o los Bermúdez?

lunes, 31 de agosto de 2015

Dupanloup pero sin mitificaciones.


[InfoCaótica, 23-Ago-2015]

La figura de Félix-AntoineDupanloup (1802-1878) es conocida para quienes de algún modo están familiarizados con la Historia de la Iglesia del siglo XIX. 
Dupanloup fue el autor de un opúsculo que comenta al Syllabus: La Convention du 15 septembre et L’Encyclique du 8 Décembre, publicado en 1865. En su tiempo, el folleto fue un verdadero éxito editorial, la primera edición se agotó en dos horas y tres semanas más tarde circularon 100.000 ejemplares, además de las múltiples traducciones. A diferencia del libro de Sardá -que no tuvo el aval de ningún acto pontificio- el obispo de Orleáns recibió un acto pontificio favorable a su folleto: el Breve de Pío IX, Ita, Venerabilis Frater (8-II-1865), que puede leerse en este enlace (en latín y francés)El documento se incluyó en todas las reediciones del folleto y -de modo semejante a lo sucedido con la obra de Sardá- los partidarios del catolicismo liberal hicieron uso y abuso del Breve pontificio
Además del éxito editorial, el opúsculo de Dupanloup tuvo importante recepción en la Iglesia. El primer biógrafo del obispo dio gran importancia al Breve de Pío IX y recordó con actitud triunfalista las 630 cartas de felicitación que le enviaran obispos de distintos países. Pero Yves Chiron señala que está pendiente de estudio el contenido de esas cartas, muchas de las cuales podrían ser meras respuestas de cortesía.
Algunos ven hoy el Breve del Papa como una especie de “cheque en blanco” para el liberalismo que profesan. Lo cual nos parece una mitificación.
Pero también en los ambientes católicos tradicionales de nuestros días se dan reacciones extrañas ante un acto del Papa que resulta "indigesto". Hay autores que omiten mencionar la existencia del Breve cuando trazan el perfil biográfico de Pío IX o critican el papel del obispo de Orleáns. Otros silencian los elogios que contiene el documento y resaltan un párrafo en el cual el Papa habría sugerido que si bien Dupanloup defiende al Syllabus de las calumnias no expresa su verdadero sentido. Algún sacerdote –tal vez prisionero de la camisa de fuerza ultramontana- se mete en un laberinto psicologista, y termina por forzar los hechos, para dejar bien parado al Pontífice. Quizás ignore otro Breve de Pío IX en apoyo de un libro de Mons. Fessler que pone límites al infalibilismo exagerado. 
Recomendamos al lector interesado que se lea documento completo. Pero nos parece que hay algunas conclusiones objetivas que se imponen:
1ª. El Breve es un acto pontificio. El libro de Dupanloup tiene en su favor un Breve; el opúsculo de Sardá y Salvany no lo tiene. Guste o no, es un hecho.
2ª. No conocemos a ningún historiador que sostenga que Pío IX estuviera coaccionado de algún modo para suscribir el Breve. El Papa pudo no decir nada, pero lo hizo estampando su firma y sello. Nunca se retractó públicamente, ni mandó expurgar el libro, ni ordenó que se lo incluyera en el Índice.
3ª. Hay que atenerse a las palabras del documento completo, sin sesgos de selección. 

¿Qué valor tiene el Breve de Pío IX? El documento laudatorio no implica que la interpretación de Dupanloup fuera: oficial, única legítima, exhaustiva, la más fiel a la letra y el espíritu del Syllabus. Del tenor de las expresiones empleadas tampoco se puede concluir que el Papa diera a su acto un peso magisterial importante. Pero implica un juicio general de ortodoxia equivalente a un nihil obstatpontificio.


¿Quisiéramos que no existiera este Breve? La primera ley de la historia es no mentir; la segunda es no temer decir toda la verdad...

El infierno tan temido.


[Wanderer, 29-Ago-2015]

Es verdad lo que dicen algunos comentadores del blog: hay temas mucho más importantes que las correrías del papa Francisco. En absoluto los hay perorelativamente a las circunstancias actuales, el tema de Bergoglio no puede dejar de discutirse y, en conciencia, debemos estar alertas y alertar. El daño que está causando esté personaje no es fácil de medir.
La ilustración del post es una miniatura de una manuscrito renacentista: Livre de la Vigne nostre Seigneur, France ca. 1450-1470 (Bodleian, MS. Douce 134, fol. 85r). Representa el infierno donde, en un caldero, se hierven un papa, cardenales, obispos y frailes. En tiempos actuales, el monje ilustrador habría sido piadosamente misericordiado. Los hombres de otros tiempo, en cambio, tenían bastante claro cómo eran las cosas.
Yo no sé si merece el infierno. Eso lo sabrá Dios. Pero sí puedo afirmar la gravedad de una de las últimas travesuras pontificias.
En Italia, como en muchos otros países europeos, se organiza el Family Day, una enorme manifestación de la que participan movimientos de laicos, diócesis, colegios católicos, etc., a fin de reafirmar el valor de la familia tradicional (un papá y una mamá) y rechazar el matrimonio gay y la implementación de la teoría del género. Estos grupos no solamente se reúnen en el gran día (ver aquí) sino que también organizan campañas alertando a los padres de los peligros que aparecen para la educación de sus hijos en este sentido. Y así, una de las alertas era acerca de dos libros que habían aparecido: Piccolo uovo, que cuenta la historia de un huevo que no quiere nacer porque no sabe qué vida y qué familia le tocará en suerte. Para poder entenderlo, parte en un viaje a fin de conocer diversos tipos de familia: un papá y una mamá; dos papás, dos mamás, etc. La historia del libro se presentó en forma de obra de teatro a la que asistían alumnos de escuelas primarias italianas. Por supuesto, Family Day y otras organizaciones pusieron el grito en el cielo por este escándalo. Y algo similar ocurrió con el segundo libro de la misma autora: Jean tiene dos mamás. El alcalde Venecia ordenó retirar ambos libros de las escuelas.
La escritora de ambas obras se llama Francesca Pardi y vive en Venecia “en pareja” con otra mujer y sus cuatro hijos. La señora Pardi es una lesbiana militante por los derechos de los homosexuales que se ofendió por el ataque que sus obras literarias recibían por parte de los católicos. Y no tuvo mejor idea que escribirle al Papa Francisco relatándole la situación y enviándole copia de sus dos libros para que el Pontífice viera lo bueno que eran para la educación de la juventud.

Lo grave del caso es que el bondadoso Papa Bergoglio le respondió a doña Pardi a través de uno de sus secretarios. En la respuesta, el Santo Padre le agradece por el delicado gesto y por los sentimientos que los han provocado, y le desea una cada vez más fructuosa actividad al servicio de las jóvenes generaciones y de la difusión de los auténticos valores humanos y cristianos. Pueden chequear la noticia en varios sitios de Internet, por ejemplo acá y acá
Por cierto, al rato tuvo que salir el Padre Lombardi a decir que la carta del Papa no pretendía promover enseñanzas contrarias al Evangelio. 
Yo me pregunto: ¿se dá cuenta el Papa Francisco lo que está haciendo? ¿Se da cuenta del escándalo que produce? ¿Cómo quedan los miles de laicos y sacerdotes que hacen lo imposible para defender la doctrina católica en materia tan sensible como el matrimonio y la educación de los hijos, cuando el jefe de la Iglesia envía la bendición y el aliento a sus enemigos? Y recordemos que el Francisco en ningún momento envió su bendición y cercanía a Family Day o a Manif pour tous


Si esto no merece el infierno, yo no sé qué lo merece.

jueves, 27 de agosto de 2015

De la proposición 80 del Syllabus y los mitos que la rodean.


[InfoCaótica, 18-Ago-2015] Circula en ciertos ambientes una suerte de leyenda dorada del magisterio que aplica en base a un prejuicio de época el adagio de los romanistas: in claris non fit interpretatio. Pero se trata de un mito que la historia desmiente. Toda vez que no haya error, lo cierto es que las expresiones del magisterio admiten grados de claridad en su formulación, de modo que se pueden establecer comparaciones entre diversas fórmulas sobre un mismo tema, por ejemplo, entre León XIII y Pío XII en una o muchas cuestiones; pero lo que no se adecua a la realidad histórica es decir que un documento como el Syllabus, en todas y cada una de sus partes, es tan claro en su formulación como para no dar lugar a interpretaciones contrastantes dentro de la Iglesia. Por el contrario, la historia ha probado que el documento recibió distintas interpretaciones en la Iglesia: maximalistas, minimalistas, más equilibradas y fieles a su espíritu, etc.
Es muy conocida la proposición 80 del SyllabusEl Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo, y con la civilización moderna. Como toda condena se ha de interpretar en sentido estricto y no extensivo. Se debe precisar el significado de los términos condenados. Una interpretación extensiva del término "civilización", por ejemplo, conduciría a pensar que  Pío IX condenó por modernas cosas tales como el ferrocarril, la máquina a vapor, etc.
La proposición 80 tiene por fuente la Alocución Jamdudum cernimus (18-III-1861) que publicamos completa a continuación. Esperamos sirva de instrumento para una mejor interpretación. Notemos ahora que el término "civilización" aparece 13 veces en dicho documento. Y en algún pasaje se contiene algo que podría entenderse como definición de lo condenado: "un sistema establecido a propósito para debilitar y acaso destruir la Iglesia de Jesucristo". Ello sin perjuicio de otras notas o propiedades que describen la "civilización" condenada.


ALOCUCION DE N. S. P. EL PAPA PIO IX PRONUNCIADA EN EL CONSISTORIO SECRETO DEL 18 DE MARZO DE 1861.

Venerables Hermanos.

Ya en otro tiempo os hice notar el triste conflicto, en que particularmente en nuestros tristes tiempos se encuentra nuestra sociedad a causa de la lucha continua entre la verdad y el error, entre la virtud y el vicio, entre la luz y las tinieblas. Puesto que por una parte los unos defienden ciertas modernas exigencias, que según dicen, son convenientes a la civilización, mientras otros por otro lado sostienen los derechos de la justicia y de nuestra Santísima Religión. Los primeros piden, que el Romano Pontífice se reconcilie y avenga con el Progreso, con el Liberalismo, como lo llaman, y con la civilización moderna: otros empero con razón claman, para que se conserven íntegros e intactos los inmóviles e inconcusos principios de la justicia eterna, y se mantenga en todo su vigor altamente saludable nuestra divina Religión, que no solo engrandece la gloria de Dios, y trae el oportuno remedio a tantos males, que afligen al género humano, sí que también es la única y verdadera norma, por la cual los hijos de los hombres formados en esta vida mortal en todo género de virtudes son conducidos al puerto de la bienaventuranza. Mas los propagadores de la civilización moderna no reconocen esta diferencia, como quiera que se tienen a sí propios por verdaderos y sinceros amigos de la Religión. Y aun Nos quisiéramos dar crédito a sus palabras, si no nos manifestasen todo lo contrario los tristísimos hechos, que todos los días pasan a nuestra vista. Y a la verdad, una es tan solo la verdadera y santa Religión fundada y establecida en la tierra por Nuestro Señor Jesucristo, que siendo fecundo origen de todas las virtudes, como que les da vida y aliento, y expele los vicios y da libertad a las almas, y nos indica la verdadera felicidad, se llama Católica, Apostólica, Romana. Mas ya en nuestra Alocución del consistorio habido el día 9 de Diciembre del año 1854, ya os manifestamos lo que debemos pensar, de los que viven fuera de esta arca de salvación, y ahora reproducimos y confirmamos la misma doctrina. Sin embargo, a los que para bien de la Religión nos encarecen, que nos asociemos a la civilización moderna, debemos preguntarles si son tales los hechos, que puedan inducir al Vicario de Jesucristo instituido en la tierra por el mismo, y por virtud divina para defender la pureza de su celestial doctrina, y apacentar y confirmar a los corderos y a las ovejas en la misma, a que sin grave detrimento de la conciencia y grande escándalo de todos se alíe con la civilización moderna, cuyas obras, nunca bastante deplorables, son malas, y cuyas tristes opiniones proclaman errores y principios, que son del todo contrarios a la Religión Católica y a su doctrina.
Y entre estos hechos nadie ignora cómo se quebrantan, casi luego de iniciados, hasta los solemnes Concordatos hechos entre esta Sede Apostólica y los Reales Príncipes, como aconteció tiempo atrás en Nápoles: de lo cual, Venerables Hermanos, una y otra vez nos hemos quejado en esta vuestra solemne reunión, y reclamamos en gran manera del mismo modo, con que hemos protestado en otras circunstancias contra semejantes violaciones y actos de audacia.
Pero esta civilización moderna, mientras presta su protección a los cultos no católicos, y no impide a los infieles el obtener cargos públicos, y cierra a sus hijos las escuelas católicas, enójase contra las Comunidades Religiosas, contra los institutos fundados para regularizar las escuelas católicas, contra muchísimos eclesiásticos de todas categorías, revestidos de grandes dignidades, de los cuales no pocos están desterrados o en las cárceles, y también contra los seglares, que adictos a Nos y a esta Santa Sede defienden con valor la causa de la Religión y de la justicia. Esta civilización, mientras protege con largueza a los institutos y personas anticatólicas, despoja de sus legítimas posesiones a la Iglesia Católica, y emplea todos sus consejos y desvelos en disminuir la saludable influencia de la propia Iglesia. Fuera de esto, mientras, concede la más amplia libertad para la publicación de frases y escritos, en que se ataca a la Iglesia, y a los que le son sinceramente adictos, y mientras anima, sostiene y fomenta la licencia, y se muestra sumamente precavida y moderada en reprender los violentos excesos, que se cometen de palabra y por escrito, emplea toda su severidad en castigar a los aludidos si juzga que salvan ni siquiera levemente los límites de la templanza.
Y a esta civilización ¿pudiera jamás el Romano Pontífice tenderle su mano, y formar con ella sincera unión y alianza? Dése a las cosas su verdadero nombre, y esta Santa Sede nunca faltará a lo que así se debe. Esta Santa Sede fue la que patrocinó y fomentó la verdadera civilización; y los monumentos históricos dan elocuente testimonio, y prueban, que en todos tiempos la Santa Sede ha introducido la verdadera y real humanidad de costumbres, la moralidad y la ilustración en las más apartadas regiones de la tierra. Mas cuando bajo el nombre de civilización se quiere entender un sistema establecido a propósito para debilitar y acaso destruir la Iglesia de Jesucristo, nunca esta Santa Sede ni el Romano Pontífice podrán formar alianza con semejante civilización; pues, como dice muy acertadamente el Apóstol S. Pablo, ¿qué hay de común entre la justicia y la iniquidad, o qué alianza puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿qué alianza cabe entre Cristo y Belial?
¿Con que decoroso fin, por consiguiente, levantaron su voz los perturbadores y protectores de la sedición para exagerar los esfuerzos intentados en vano por ellos mismos para formar alianza con el Soberano Pontífice? Este, que saca toda su fuerza y vigor de los principios de la justicia eterna, ¿cómo pudiera jamás prescindir de ellos para debilitar su santísima fe, y aun para arriesgar a la contingencia de perder su especial esplendor y gloria, que casi de veinte siglos a esta parte le corresponde por ser el centro y la verdadera Sede de la Verdad Católica? Ni puede objetarse, que esta Sede Apostólica, en lo relativo al gobierno civil o temporal ha desatendido las demandas de los que han manifestado desear un Gobierno más liberal; y omitiendo antiguos ejemplos, hablemos de nuestros desafortunados días. Luego que la Italia obtuvo de sus legítimos príncipes instituciones liberales, Nos cediendo a nuestros paternales sentimientos dimos parte a nuestros hijos en el gobierno civil de nuestro territorio pontificio, e hicimos las oportunas concesiones, con sujeción empero a ciertas medidas prudentes, para que la influencia de hombres perversos no envenenase la concesión, que con ánimo paternal hacíamos. Pero ¿qué sucedió? La desenfrenada licencia se aprovechó de nuestra magnanimidad, y fueron regados con sangre los umbrales del palacio, en que se habían reunido nuestros ministros y diputados, y la impía revolución se levantó sacrílegamente contra el que les había concedido semejante beneficio. Y si en estos últimos tiempos se nos han dado consejos relativamente al gobierno civil, no ignoráis, Venerables Hermanos, que los admitimos, exceptuando y rechazando lo que no hacía referencia a la administración civil, sino que tendía, a que se accediese a la parte del despojo, que ya se había consumado. Pero no hay que hablar de los consejos bien recibidos, y de nuestras sinceras promesas, de ponerlos en práctica, cuando los que tendían a moderar las usurpaciones dijeron en alta voz, que no querían precisamente reformas, sino la rebelión absoluta, y la completa emancipación del Príncipe legítimo. Y ellos mismos, pero no el pueblo, eran los autores y promovedores de tan grave maldad, que lo llenaban todo con sus gritos, para que pudieran con razón decirse de ellos lo que el Venerable Beda decía de los fariseos y escribas enemigos de Jesucristo: «No eran algunos de la multitud, sino los fariseos y los escribas los que le calumniaban, como dan fe de ello los Evangelistas.»
Mas, los que atacan al Pontificado Romano no solo tienden a despojar completamente de todo su legítimo poder temporal a esta Santa Sede y al Romano Pontífice, sino que aspiran a que se debilite, y, si posible fuere, desaparezca del todo la virtud y la eficacia de la Religión Católica; y por lo tanto afectan de esta suerte a la obra del mismo Dios, al fruto de la redención y a la santa fe, que es la más preciosa herencia, que nos ha legado el inefable sacrificio, que se consumó en el Gólgota. Y que todo esto es lo cierto lo demuestran claramente, no solo los hechos que se han realizado ya, sino también los que vemos amenazar cada día. Ved en Italia cuántas diócesis están privadas de sus Obispos por los citados impedimentos, con aplauso de los protectores de la civilización moderna, que dejan a tantos pueblos cristianos sin pastores, y se apoderan de sus bienes hasta para hacer de ellos un mal uso. Ved cuántos Prelados viven hoy en el destierro. Ved, y lo decimos con imponderable sentimiento, cuántos apóstatas que hablando, no en nombre de Dios, sino en el de Satanás, y fiando en la impunidad, que les concede el fatal sistema del régimen vigente, descarrían las conciencias, e impelen a los débiles a la prevaricación, y vuelven más temerarios a los que han incurrido ya en vergonzosos errores, y se empeñan en rasgar la túnica de Jesucristo, proponiendo y aconsejando el establecimiento de iglesias nacionales, como dicen ellos, y otras impiedades por el estilo. Y después que de esta suerte han insultado a la Religión, a la cual por hipocresía le aconsejan, que forme alianza con la civilización moderna, no vacilan con igual hipocresía en excitar a Nos, a que nos reconciliemos con la Italia. Más claro; cuando despojados casi de todos nuestros dominios temporales sobrellevamos los graves gastos anejos a nuestra doble representación como Pontífice y Príncipe temporal con los piadosos donativos de los hijos de la Iglesia Católica, que nos remiten cada día con el mayor afecto; cuando se nos ha señalado como blanco del odio y de la envidia por los mismos, que nos piden una reconciliación, quisieran además, que declarásemos públicamente, que cedemos a la libre propiedad de los usurpadores las provincias usurpadas de nuestros dominios temporales. Y con esta atrevida e inaudita demanda pretenden, que esta Apostólica Sede, que fue y será siempre el baluarte de la verdad y de la justicia, sancionase, que un agresor inicuo puede poseer tranquila y honradamente una cosa arrebatada con injusticia y violencia, estableciéndose de esta suerte el falso principio, de que la santidad del derecho nada tiene que ver con una injusticia consumada. Y esta demanda es incompatible hasta con las solemnes palabras, con que en un grande e ilustre Senado se declaró no ha mucho tiempo, que el Romano Pontífice es el representante de la principal fuerza moral en la sociedad humana. De lo cual se desprende, que no puede en manera alguna consentir en un despojo vandálico sin faltar a los fundamentos de la disciplina moral, de la que se reconoce ser, digámoslo así, la primera forma e imagen.
Si alguno, empero, o seducido por el error, o cediendo al temor, quisiere dar consejos conforme con las injustas aspiraciones de los perturbadores de la sociedad civil, es preciso que, especialmente en nuestros días se convenza de que nunca se darán ellos por satisfechos mientras no puedan hacer, que desaparezca todo principio de autoridad, todo freno religioso, y toda regla de derecho y de justicia. Y estos perturbadores tanto han hecho ya, así de palabra como por escrito, para desgracia de la sociedad civil, que han pervertido los humanos entendimientos, han debilitado el buen sentido moral, y han quitado todo horror a la injusticia, y no perdonan esfuerzos para persuadir a todos, que el derecho invocado por las personas honradas, no es más que una voluntad injusta, que debe desatenderse por completo: «¡Ay! verdaderamente lloró la tierra, y cayó, y desfalleció; cayó el orbe, y desfalleció la alteza del pueblo de la tierra. Y la tierra fue inficionada por sus moradores, porque traspasaron las leyes, mudaron el derecho, rompieron la alianza sempiterna»
Pero en medio de esa oscuridad tenebrosa, que Dios por sus inescrutables designios permite en ciertas gentes, Nos ciframos toda nuestra esperanza y confianza en el clementísimo Padre de las misericordias, y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Él es, Venerables Hermanos, quien os infunde el espíritu de unanimidad y de concordia, y os lo infundirá cada día más, para que unidos a Nos íntimamente estéis dispuestos a sufrir con Nos, la suerte que nos tenga reservada a cada uno de nosotros por secreto designio de su divina providencia, Él es quien une con el vínculo de la caridad entre sí, y con este centro de la verdad y de la unidad católica a los Prelados del Orbe Católico, que instruyen en la doctrina de la verdad evangélica a los fieles confiados a su cargo, y les muestran el camino, que han de seguir en medio de tanta oscuridad, anunciando con prudencia a los pueblos las verdades santas. Él es quien difunde sobre todas las naciones católicas el espíritu de oración, e inspira a los disidentes el sentimiento de la equidad para que formen una apreciación exacta de los acontecimientos actuales. Mas esta admirable unanimidad de oraciones en todo el Mundo Católico, y las unánimes demostraciones de amor hacia Nos, expresadas de tantos y tan variados modos (que es difícil encontrar otro ejemplo igual en anteriores tiempos), claramente demuestran cuánto necesitan los hombres de rectas intenciones dirigirse a esta Cátedra del bienaventurado Príncipe de los Apóstoles, luz del mundo, que siendo la maestra de la verdad, y la mensajera de la salvación, siempre enseñó, y nunca dejará de enseñar hasta la consumación de los siglos las inmutables leyes de la justicia eterna. Y está tan lejos de creer, que los pueblos de Italia se hayan abstenido de estos evidentísimos testimonios de amor filial y de respeto hacia esta Sede Apostólica, como que centenares de miles nos han dirigido afectuosamente cartas, no para suplicarnos, que accediésemos a la reconciliación solicitada, sino para compadecerse vivamente de nuestras molestias, angustias y pesadumbres, y asegurarnos del modo más completo su afecto, y detestar una y mil veces el perverso y sacrílego despojo del dominio temporal Nuestro, y de la Santa Sede.
Siendo así, antes de terminar, declaramos explícitamente ante Dios y ante los hombros, que no hay causa alguna por la cual debamos reconciliarnos con nadie. Ya que empero, si bien sin mérito alguno por nuestra parte, somos el representante en la tierra de Aquel, que rogó y pidió perdón para los pecadores, no podemos menos de sentirnos inclinados a perdonar, a los que nos odiaron, y a rogar por ellos, para que con el auxilio de la divina gracia se conviertan, y de esta suerte sean merecedores de la bendición, del que es Vicario de Jesucristo en la tierra. Con sumo gusto rogamos, pues, por ellos, y al punto que se convirtieren estamos dispuestos a perdonarles y bendecirles. Entre tanto, no podemos a pesar de todo mirarlo con indiferencia, como los que no toman interés alguno por las calamidades humanas; no podemos menos de conmovernos hondamente y de dolemos, y de considerar como nuestros los más graves perjuicios y males causados perversamente a los que sufren persecución por la justicia. Por lo cual, mientras desahogamos nuestro intenso dolor rogando a Dios, cumplimos el gravísimo deber de nuestro supremo apostolado de hablar, enseñar y condenar todo lo que Dios y su Iglesia enseña y condena, para que así cumplamos nuestra misión, y el ministerio, que recibimos do Nuestro Señor Jesucristo, de dar fe del Evangelio.

Por lo tanto, si se nos piden cosas injustas, no podemos acceder a ellas; más si se nos pide perdón, lo concederemos con sumo gusto, como ya antes hemos indicado. Mas, para dar la palabra de conceder este perdón, del modo que corresponde a nuestra dignidad pontificia, doblamos las rodillas ante Dios, y abrazando la triunfal bandera de nuestra redención rogamos humildemente a Jesucristo, que llene de su caridad, de suerte, que perdonemos del mismo modo, con que Él perdonó a sus enemigos antes de entregar su santísima alma en manos de su eterno Padre. Y le suplicamos encarecidamente, que así como después de concedido su perdón, en medio de las densas tinieblas, que cubrieron la tierra, iluminó los entendimientos de sus enemigos, que arrepentidos de su horrenda maldad regresaban a sus casas golpeando sus pechos, así en medió de la oscuridad de nuestros tiempos se digne derramar de los inagotables tesoros de su misericordia los dones de su gracia celestial y vencedora, que vuelva al único redil, a todos los que van errados. Sean cuales fueren empero los designios de su divina providencia, rogamos al mismo Jesucristo en nombre de su Iglesia, que juzgue la causa de su Vicario, que es la causa de su Iglesia, y la defienda contra los conatos de sus enemigos, y la enaltezca y ensalce con una gloriosa victoria. Y le rogamos, que devuelva la paz y la tranquilidad a la sociedad perturbada, le conceda la deseada paz para el triunfo dé la justicia, que únicamente la esperamos de Él. Pero en tanto desconcierto de la Europa y de todo el mundo, y de los que desempeñan el gravé cargo de gobernar a los pueblos, solo hay un Dios, que pueda pelear con nosotros y por nosotros: Júzganos, Dios, y aparta nuestra causa de «la gente no santa; danos, Señor, tu paz en nuestros días, porque no hay otro que pelee por nosotros sino tú, Señor Dios Nuestro».