jueves, 21 de enero de 2016

Las libertades modernas (I).


Compartimos con nuestros lectores, unos interesantes comentarios del arzobispo Marcel Lefebvre sobre la carta encíclica Libertas praestantissimum del Papa León XIII con relación a las libertades modernas. Lo tomamos de su libro Soy yo, el acusado, quien tendría que juzgaros. Comentarios de los Documentos Pontificios que condenan los errores modernos. Aquí la primera parte.


Primera libertad: la libertad de culto

En la tercera parte de su encíclica, León XIII expone las diferentes clases de libertad que se presentan como conquistas de nuestra época:

«Para que todo esto se vea mejor, bueno será considerar una por una esas varias conquistas de la libertad, que se dicen logradas en nuestros tiempos».

La primera es la libertad de cultos.

«Sea la primera, considerada en los particulares, la que llaman libertad de cultos, en tan gran manera contraria a la virtud de la religión. Su fundamento es que en arbitrio de cada uno está profesar la religión que más le acomode, o no profesar ninguna».

Se trata, pues, del principio del indiferentismo religioso del individuo. Niega la necesidad de darle un culto a Dios, o que tenga que preferirse una religión a otra. El Papa refuta este error:

«Pero, muy al contrario, entre todas las obligaciones del hombre, la mayor y más santa es, sin sombra de duda, la que nos manda adorar a Dios pía y religiosamente (…) La religión (…) es la primera y la reguladora de todas las virtudes. Y a quien pregunte, puesto que hay varias religiones entre sí disidentes, si entre ellas hay una que debamos seguir, responden a una la razón y la naturaleza: la que Dios ha mandado y pueden fácilmente conocer los hombres por ciertas notas exteriores con que quiso distinguirla la Divina Providencia».

La santidad, señal de la divinidad de la Iglesia

Entre las cuatro marcas o “notas” que permiten reconocer a la religión católica como la única y verdadera religión, la marca más evidente de su divinidad es la santidad. Por eso, en la medida en que desaparece la santidad, se atenúa la prueba de la divinidad de la Iglesia.
El clero, la virtud del celibato de los sacerdotes y de las congregaciones religiosas, eso es lo que manifiesta la santidad. Sin esto, es bastante difícil darse cuenta de que la religión católica es la única verdadera. Ahora bien: hoy desaparecen los sacerdotes, religiosos y religiosas, y los que quedan no llevan ni siquiera un signo exterior de su pertenencia y entrega a Dios.
Antes, en cualquier lugar, se reconocía a un sacerdote o a un religioso. Las iglesias tenían vida. Todo estaba bien ordenado y el Santísimo Sacramento colocado enfrente: la gente se ponía de rodillas, y todo el mundo podía verlo. Tales testimonios podían verse en toda Europa, en donde, en hospitales y clínicas, las Hermanitas de los Pobres se ocupaban de los ancianos, las Hermanas de la Asunción visitaban a las familias de los enfermos, etc. Prácticamente, quitaron a los religiosos y religiosas, y el hospital se ha convertido en un negocio de laicos y que, ¡por favor, nadie tome su lugar! Sin embargo, hay una gran diferencia entre una religiosa, que ayuda a los enfermos a soportar sus sufrimientos y manifiesta su caridad, y una simple enfermera que quizás es muy buena y amable, pero que en general no puede tener ese carácter de religión y esa marca de la caridad. La enfermera se va cuando termina su horario, mientras que la religiosa no tiene horario y se queda al lado del paciente aun durante la noche si hace falta. Esa donación total al enfermo impregnaba profundamente la atmósfera de hospitales y clínicas. Despidieron a las religiosas y a veces fueron los sacerdotes de la Acción Católica quienes les dijeron: “¡Estáis comiendo el pan de las enfermeras!” Así terminaron con las vocaciones religiosas hospitalarias.
También ha desaparecido la vida contemplativa. “Más vale dedicarse a la acción, ¿no?” Quitaron las rejas y las Hermanas salieron de la clausura: se acabó con la vida contemplativa. El resultado es que ya no hay vocaciones.
Es increíble lo que han podido decir o hacer los sacerdotes desde el Concilio para destruir la vida religiosa y, por consiguiente, la santidad de la Iglesia, sin contar los sacerdotes que se casaron, los sacerdotes obreros… ¿Cómo puede la gente, cuya fe se tambalea, sentirse aún incitada a creer que la religión católica sea la única verdadera? Oyen hablar de los protestantes, que son también muy amables; de las diaconisas, muy entregadas a lo suyo; de los musulmanes, que son mucho más piadosos que nosotros… —aunque la gente no sabe todo lo que hay detrás de esa apariencia: el envilecimiento de la mujer y las inmoralidades del Islam—, pero pierde la fe y ya no pone sus pies en la iglesia…
De ahí la importancia de la santidad de la Iglesia, marca que —como dice León XIII— la hace reconocible.

El deber del Estado con la religión

Sigamos la lectura:

«Considerada la misma libertad en el Estado, pide que éste no tribute a Dios culto alguno público, por no haber razón que lo justifique; que ningún culto sea preferido a los otros, y que todos ellos tengan igual derecho, sin respeto ninguno al pueblo, dado caso que éste haga profesión de católico. Para que todo esto fuera justo habría de ser verdad que la sociedad civil no tiene para con Dios obligación alguna».

Se trata del indiferentismo religioso del Estado.
Como si los hombres, cuando están reunidos en sociedad, ya no tuvieran deberes para con Dios, sino únicamente cuando están solos. Eso no puede ser.

«La sociedad, por serlo, ha de reconocer como padre y autor a Dios y reverenciar y adorar su poder y su dominio».

La sociedad civil tiene, pues, la obligación de dar culto a Dios, pues es una criatura de Dios, lo mismo que la familia. El mismo Estado y la autoridad civil le deben un culto a Dios, autor suyo. Y aquí León XIII indica otra vez de qué religión se trata:

«Siendo, pues, necesario, al Estado profesar una religión, ha de profesar la única verdadera, la cual sin dificultad se conoce, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como sellados los caracteres de la verdad. Por lo tanto, ésta es la religión que han de conservar los que gobiernan; ésta la que han de proteger, si quieren, como deben, atender con prudencia y útilmente a la comunidad de los ciudadanos».

¡“Derechos” para todas las religiones!

Por consiguiente, está claro que la libertad de cultos es una libertad falsa. Cien años después de León XIII, esta libertad se ha convertido en un principio corriente y normal. Son raros los católicos que aún entienden que en un país se pueda prohibir la expansión de otra religión. Eso basta para darnos cuenta de cómo han penetrado los errores en las inteligencias.
Para no dejarnos envenenar, volvamos siempre a los verdaderos principios. A veces se oye decir: “Es mejor que el Estado deje que todo el mundo sea libre en materia de religión”. Ese es un razonamiento absolutamente opuesto a lo que quiere Dios. Cuando creó a los hombres y a las sociedades, fue para poner en práctica la religión y no cualquier religión.
Sin embargo, veamos la declaración del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, en la que se habla de “grupos religiosos” (D.H. 1, 4) en el párrafo titulado: “Libertad de las comunidades religiosas”.

«Porque las comunidades religiosas son exigidas por la naturaleza social del hombre y de la misma religión.
Por consiguiente, a estas comunidades, con tal que no se violen las justas exigencias del orden público, debe reconocérseles el derecho de inmunidad para regirse por sus propias normas, para honrar a la Divinidad con culto público…»

¿De qué “grupos” se trata? ¿De los mormones? ¿De los cientistas? ¿De los musulmanes? ¿De los budistas? Y en todo eso: ¿dónde está Nuestro Señor? La “divinidad suprema”, ¿es el Gran Arquitecto?

«… para ayudar a sus miembros en el ejercicio de la vida religiosa y sostenerles mediante la doctrina, así como para promover instituciones en las que sus seguidores colaboren con el fin de ordenar la propia vida según sus principios religiosos».

Habéis oído bien: cada grupo religioso según sus principios religiosos. ¡Es algo inaudito! Recordemos, no obstante, que no era más que un concilio “pastoral” y que ahí no estaba el Espíritu Santo…

«Las comunidades religiosas tienen también el derecho a no ser impedidas en la enseñanza y en la profesión pública, de palabra y por escrito, de su fe».

¿Su “fe”? ¡Pero si eso es algo contrario a la fe católica! Los Estados, ¿tendrán que dar a esos “grupos religiosos” la facultad de poder escribir, difundir sus errores y propagar su enseñanza por medio de instituciones? ¡Es increíble!
Y no se trata únicamente de los errores. Tenemos que pensar inmediatamente en las consecuencias, ya que esto no sólo se limita al plano especulativo: cada religión tiene sus convicciones doctrinales, pero también su moral. Los protestantes aceptan el divorcio y los anticonceptivos; los musulmanes tienen derecho a la poligamia… Los Estados ¿tienen que admitir también todo esto para que los “grupos religiosos” puedan “orientar su vida según sus principios religiosos”?
Y después de esto, ¿por qué poner límites? ¿Por qué no el sacrificio humano? Quizás dirá alguno: “¡Eso es contrario al orden natural!” Pero si un padre sacrificase a su hijo, ¿perjudicaría realmente al orden público? Ahí es a donde vamos a llegar.
Y después, ¿por qué no la eutanasia? “Matar a los enfermos en los hospitales libera a la sociedad de personas que son una carga y significan muchos gastos. Basta una inyección... ¡y se acabó!... ¡sin perjudicar el orden público!…” ¡Es horroroso! Por consiguiente, en nombre del “derecho para todos de no ser impedidos a enseñar” y de “manifestar su fe públicamente por escrito y de viva voz”, se puede admitir todo.

La declaración conciliar añade:

«Pero en la difusión de la fe religiosa [¿de qué fe se trata?] y en la introducción de costumbres es necesario abstenerse siempre de toda clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas. Tal modo de obrar debe considerarse como abuso del derecho propio y lesión del derecho ajeno».

Esas palabras se vuelven contra nosotros. Está escrito que hacen falta límites para la propaganda, para que no afecte a personas incapaces de distinguir entre la verdad y el error (por ejemplo, contra los Testigos de Jehová y los Adventistas, que van de puerta en puerta y cuentan con mucho dinero…), pero de ahí vienen a decirnos: “No intentéis convencer a la gente para que abandone su religión, ni tratéis de convertirlos”. Eso es lo que de hecho ocurre: como todos los “grupos religiosos” tienen derecho a existir, ¿que se hará en las misiones? Si todo el mundo tiene derecho natural a tener su religión, no vale la pena intentar convertirlos. Ni siquiera tenemos derecho de hacerlo.

«Forma también parte de la libertad religiosa —dice también la Declaración— el que no se prohíba a las comunidades religiosas manifestar libremente el valor peculiar de su doctrina para la ordenación de la sociedad y para la vitalización de toda la actividad humana».

¿Qué eficacia? ¿La de los musulmanes, con su poligamia y esclavitud?

«Finalmente, en la naturaleza social del hombre y en la misma índole de la religión se funda el derecho por el que los hombres, movidos por su sentido religioso propio, pueden reunirse libremente o establecer asociaciones educativas, culturales, caritativas y sociales».

Ya que, después de todo, todo el mundo tiene que poder reunirse libremente, ¿por qué no también los masones?
Todo eso es absolutamente contrario a la enseñanza de los Papas del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Si existe una verdad, Dios no puede dar al error un derecho para que se propague como la verdad. Eso no puede ser. Hablar así es lo mismo que insultar a Dios.

miércoles, 20 de enero de 2016

Ya no se puede ocultar la resistencia a las novedades.


Ya no se puede ocultar la resistencia a las novedades:
comentarios acerca del sermón del Papa Francisco el 18 de enero de 2016


Es nuestra fe que la doctrina revelada por Dios como definitiva no puede cambiar, más allá de lo que digan y “enseñen” los hombres. Sin embargo, lo que sí está cambiando o al menos siendo alterada es la percepción y la comprensión que los fieles auténticos tienen de ella. La luz del Sol, esto es, la luz de la verdad de Cristo, está siendo interceptada por una suerte de Luna que se interpone entre la Tierra y el Astro. Este eclipse de la doctrina, hoy, está representado principalmente por las confusiones, arbitrariedades e injustas discriminaciones que provienen de la boca del Papa Francisco.
Las palabras vertidas en su sermón del 18-Ene-2016 (ver aquí) reflejan que ni el mismo Pontífice puede ocultar la resistencia, sospechas y recelos que suscita en el propio mundo católico. Además, leyendo este sermón, es evidente que el Papa tampoco dejará que tengamos acceso fácilmente a los motivos reales que han generado estas reacciones. Por eso elige un atajo: en vez de responder a la marea de objeciones que provienen de autorizados sectores (por ejemplo, las objeciones del profesor Roberto De Mattei, y las declaraciones del Cardenal Burke en abierta oposición a las desviaciones con respecto a las nuevas medidas disciplinares con relación a la familia, entre otros), elude el abordaje doctrinario tan requerido y solicitado para transformar una controversia sobre doctrina en una cuestión de personas. Por eso prefiere retratar a los cristianos que se oponen a sus medidas como “de corazón cerrado, idólatras, rebeldes y supersticiosos”. Es más fácil, ¿no? Al fin y al cabo, la mejor defensa es el ataque.

Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta (Palabras de la reportera María Fernanda Bernasconi)

“Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría.

Las expresiones del Papa Francisco inducen a juzgar/intentan presentar como odioso un comportamiento que, en realidad, es virtuoso. ¿Por qué? Porque no hay una resistencia a novedades legítimas en el campo de lo accidental o lo circunstancial. Se resisten novedades en el campo de lo sustancial. Y es una resistencia completamente justificada, dado que alterar la esencia de la doctrina no es “perfeccionarla” ni “profundizarla”. Es destruirla, aunque sea bajo el pretexto de la misericordia. Resistir los intentos de adulteración de la verdad de Cristo, aunque sean intentos novedosos, es algo virtuoso: todas las virtudes teologales confluyen en este acto.
El otro atajo al que el Papa recurre para descalificar las críticas que puertas adentro recibe es, nada menos, la invocación al Espíritu Santo.

Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena! Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”.

(…)

A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo”.

Leyendo cuidadosamente, parece que estamos asistiendo a la pretensión de instalar la “oposición” en la mismísima Trinidad. En efecto, en vez de confesar el liso y llano abandono de la recta doctrina, se atribuye al Espíritu Santo las “novedosas propuestas” que no son sino nombres más elegantes para lo que en realidad constituyen incumplimientos, renuncias e infidelidades. Hay una utilización de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad para, amparados en la autoridad de Ella, desgastar o neutralizar la auténtica doctrina que los católicos creemos, doctrina que nos viene gracias al Padre, gracias al Hijo y gracias a la Iglesia.
Por el Padre, creemos que el hombre y la mujer fueron creados para amarse y respetarse con fidelidad hasta la muerte. Por el Hijo, sabemos que el adulterio es un pecado mortal contra la santa unión del matrimonio. Por la Iglesia, sabemos que no puede comulgar nadie que esté en pecado mortal. Pero “gracias a las novedades del Espíritu Santo”, ahora estamos muy contentos y alegres y con caritas sonrientes de que los divorciados vueltos a casar comulguen.
Pero la Verdad terminará por imponerse. La Verdad tiene luz propia y más temprano que tarde asistiremos a ejemplos inequívocos que nos mostrarán de qué lado está Cristo y de qué lado están aquellos que, debiendo ser los primeros en el testimonio y en la defensa de la doctrina católica, hoy sólo se dedican a medrar un lugar en la Babilonia de este mundo. Ven Señor Jesús. Ven, y danos la fuerza para ser testigos tuyos aquí, en la Argentina, y hasta los confines de la tierra.

Noticia sobre la homilía en Rome Reports, 18-Ene-2016:

Francisco en la Sinagoga: «De enemigos y extraños, a amigos y hermanos».



Rabino Jefe de Roma, Riccardo Di Segni, recibe a Francisco


El discurso completo en la sinagoga de Roma, puede leerse aquí (por el momento, solo en italiano). Artículo aparecido en Vatican Insider, 17-Ene-2016.

El Papa en la Sinagoga: «De enemigos y extraños, a amigos y hermanos»

Francisco en el Templo Mayor de Roma: «Justamente desde un punto de vista teológico, se muestra claramente el inseparable vínculo que une a cristianos y hebreos. Los cristianos, para comprenderse a sí mismos, no pueden no referirse a las raíces hebraicas». No al antisemitismo y a la discriminación, la invitación a trabajar juntos por la paz, la justicia y la defensa de la Creación

ANDREA TORNIELLI
ROMA

«El pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro. La Shoah nos enseña que se necesita siempre la máxima vigilancia para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz». Papa Francisco concluye su discurso en la Sinagoga de Roma con un recuerdo de las víctimas y se los supervivientes del exterminio nazi. Es el tercer Papa que entra al Templo Mayor de la capital italiana, la ciudad de la que es obispo.

Bergoglio llegó diez minutos antes, sin séquito ni acompañadores, en el Ford Focus azul de siempre. Fue recibido por la Presidenta de la Comunidad hebraica romana, Ruth Dureghello, por el Presidente de la Unión de las Comunidades hebraicas italianas (Ucei), Renzo Cattegna, y por el Presidente de la Fundación Museo de la Shoah, Mario Venezia. Francisco dejó una gran cesta con flores blancas en bajo la lápida que recuerda la deportación de los judíos romanos en 1943. Después recorrió a pie la Vía Catalana y repitió el homenaje frente a la lápida que recuerda a Stefano Gaj Taché, el niño asesinado durante el atentado terrorista de 1982, y se entretuvo un momento con sus familiares.

Pocos minutos después abrazó al Rabino Jefe de Roma, Riccardo Di Segni, y entró a la Sinagoga. Durante casi media hora, sin ninguna prisa, Francisco recorrió todo el templo, estrechando manos y abrazando a los presentes, subrayando de esta manera el dato más característico de esta tercera visita: la cordialidad y la amistad.

La Presidenta de la Comunidad hebraica romana Ruth Dureghello no ocultó su emoción: «hoy escribimos una vez más la historia». Recordó las palabras de Francisco en contra del antisemitismo y en contra de los que niegan a Israel el derecho a existir. Amonestó que «la paz no se conquista sembrando el terror con los cuchillos en la mano, no se conquista derramando sangre en las calles de Jerusalén, de Tel Aviv, de Ytamar, de Beth Shemesh y de Sderot… Todos nosotros debemos decir al terrorismo que se detenga. No solo al terrorismo de Madrid, de Londres, de Bruselas y de Paría, sino también ese que golpea todos los días a Israel. El terrorismo nunca tiene justificación». La Presidenta también recordó que el terrorismo islamico ya ha atacado a Roma, pues en 1982 mató al pequeño Stefano Gaj Taché. Dijo que no es posible quedarse indiferentes frente a la sangre derramada. Y concluyó expresando la certeza de que «La fe no genera odio, la Fe no derrama sangre, la fe llama al diálogo» y «esta conciencia, que no pertenece exclusivamente a nuestras religiones, que pueda encontrar también la colaboración del Islam».

Después, el Rabino Di Segni explicó, que en la «tradición jurídica rabínica, un acto repetido tres veces se vuelve ‘chazaqà’, costumbre fija. Es decididamente el signo concreto de una nueva era». Un evento «cuyo alcance irradia en todo el mundo con un mensaje benéfico». También recordó el Jubileo en la traición hebraica, indicando que no pasó desapercibido el momento inicial en el que, al abrir la Puerta santa, fue recitada la fórmula litúrgica: «abran las puertas de la justicia»: «para el hebreo que escucha, es algo conocido y familiar, es una cita del versículo de los Salmos» que «nosotros citamos en nuestra liturgia festiva». Un signo de cómo «las vías divididas y tan diferentes de los dos mundos religiosos comparten como sea una parte de patrimonio común que ambas consideran sacro». Todos «esperamos —dijo el Rabino— un momento quién sabe qué tan lejano en la historia en el que las divisiones se resolverán». «Acogemos al Papa —concluyó— para insistir en que las diferencias religiosas, que deben ser mantenidas y respetadas, no deben ser justificación para el odio y la violencia, sino que debe existir, por el contrario, la amistad y la colaboración, y que las experiencias, los valores, las tradiciones, las grandes ideas que nos identifican deben ser puestas al servicio de la colectividad».

Al tomar la palabra, el Papa agradeció en hebreo, «Todá rabbá», por la calurosa bienvenida. Bergoglio recordó que «ya en Buenos Aires solía ir a las sinagogas y encontrar a las comunidades allí reunidas, seguir de cerca las fiestas y las conmemoraciones hebraicas». Un «vínculo espiritual» que «ha favorecido el nacimiento de auténticas relaciones de amistad y también un inspirado diálogo común». Bergoglio citó el «vínculo único y peculiar» entre hebreos y cristianos, que «deben sentirse hermanos, unidos por el mismo Dios y por un rico patrimonio espiritual común».

Francisco retomó la expresión acuñada por Juan Pablo II para los judíos: «Hermanos mayores». «Efectivamente —dijo—, ustedes son nuestros hermanos y nuestras hermanas mayores en la fe. Todos pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, que nos acompaña y protege como su pueblo».

«Juntos, como hebreos y como católicos, estamos llamados a asumir nuestras responsabilidades para esta ciudad, ofreciendo nuestro aporte, principalmente espiritual, y favoreciendo la resolución de los diferentes problemas actuales». Citando el documento conciliar «Nostra aetate», el Papa insistió en el «no» a «cualquier forma de antisemitismo» y condenó «cualquier injuria, discriminación y persecución que derivan de él». También recordó la importancia del trabajo de profundización teológica: «Los cristianos, para comprenderse a sí mismos, no pueden no referirse a las raíces hebraicas, y la Iglesia, a pesar de profesar la salvación a través de la fe en Cristo, reconoce la irrevocabilidad de la Antigua Alianza y el amor constante y fiel de Dios por Israel».

El Papa invitó no «perder de vista los grandes desafíos que el mundo de hoy debe afrontar. El de una ecología integral ya es prioritario, y como cristianos y hebreos podemos y debemos ofrecer a la humanidad entera el mensaje de la Biblia sobre el cuidado de la Creación. Conflictos, guerras, violencias e injusticias abren heridas profundas en la humanidad y nos llaman a reforzar el compromiso por la paz y la justicia».

«La violencia del hombre contra el hombre —recordó Francisco— está en contradicción con cualquier religión digna de este nombre, y en particular con las tres grandes religiones monoteístas. Cada ser humano, en cuanto criatura de Dios, es nuestro hermano, independientemente de su origen o de su pertenencia religiosa». Y «allí donde la vida está en peligro estamos llamados todavía más a protegerla. Ni la violencia ni la muerte tendrán jamás la última palabra frente a Dios, que es el Dios del amor y de la vida. Tenemos que pedirle con insistencia para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cada parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón y de la vida».

Para concluir, Bergoglio recordó el exterminio de hebreos: «Seis millones de personas, solo porque pertenecían al pueblo judío, fueron víctimas de la más inhumana barbarie, perpetrada en nombre de una ideología que pretendía sustituir al hombre en lugar de Dios. El 16 de octubre de 1943, más de mil hombres, mujeres y niños de la comunidad judía de Roma fueron deportados a Auschwitz. Hoy deseo recordarlos de modo particular: sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas no deben jamás ser olvidadas. Y el pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro. La Shoah nos enseña que es necesaria siempre la máxima vigilancia para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz. Quisiera expresar mi cercanía a cada testigo de la Shoah todavía en vida, y dirijo mi saludo particular a todos los que están aquí presentes hoy. ¡Shalom alechem!».

Ruth Dureghello, presidente de la comunidad judía de Roma, encargada de introducir la visita papal y dar el primer discurso (minuto: 31:07). En sus palabras previas aclara que “el antisionismo es la forma moderna de antisemitismo” y que “atacar a Israel es antisemitismo”. Video completo de la visita de CTV, 18-Ene-2017.

martes, 19 de enero de 2016

Francisco: Los cristianos del “siempre se ha hecho así” son idólatras y rebeldes.


Nos sentimos aludidos por esta homilía del Papa Francisco, aunque cuando nos referimos a que hay cosas que no pueden cambiar, no nos referimos a temas superfluos o accidentales, sino a la doctrina misma, la cual, en nombre de cambios en la disciplina, esencialmente, están cambiando la doctrina revelada. Visto en Radio Vaticano, 18-Ene-2016.

(RV).- Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

En la primera lectura Saúl es rechazado por Dios como rey de Israel porque prefiere escuchar al pueblo más que la voluntad del Señor y desobedece. El pueblo, después de una victoria en una batalla, quería realizar un sacrificio a Dios con las mejores cabezas de ganado porque, dice, “siempre se ha hecho así”.

Pero Dios, esta vez no quería. El Profeta Samuel reprocha a Saúl: “¿Acaso al Señor le agradan los holocaustos y los sacrificios cuanto la obediencia a la voz del Señor?”. “Lo mismo – observó el Papa – nos enseña Jesús en el Evangelio”: los doctores de la ley le reprochan que sus discípulos no ayunaban como hasta ese momento se había hecho siempre. Y Jesús responde “con este principio de vida”: “Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; ¡a vino nuevo, odres nuevos!”.

“¿Qué significa esto? ¿Que cambia la ley? ¡No! Que la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios y por esto el hombre debe tener el corazón abierto. El ‘siempre ha sido hecho así’ es de un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘Les enviaré al Espíritu Santo y Él los conducirá a la verdad plena’. Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena! Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”.

El Papa subrayó que éste es el pecado del rey Saúl, por el que ha sido rechazado. Es el pecado de tantos cristianos que se aferran a lo que se ha hecho siempre y no permiten que se cambien los odres. Y terminan con una vida a medias, emparchada, remendada, sin sentido. El pecado “es un corazón cerrado” – dijo – que “no escucha la voz del Señor, que no está abierto a la novedad del Señor, al Espíritu que siempre nos sorprende”. La rebelión  – dice Samuel – es “pecado de adivinación”, la  obstinación es idolatría:

“Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría. ‘¿Y cuál es el camino, Padre?’: abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios”.

El Papa explicó asimismo que en tiempos de Jesús era habitual que los buenos israelitas ayunaran. Pero hay otra realidad: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Y por esta razón Él tiene necesidad de corazones abiertos, de corazones que no estén obstinados en el pecado de idolatría de sí mismos, porque es más importante lo que yo pienso que aquella sorpresa del Espíritu Santo”:

“Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia. Esto es lo que Jesús dice con tanta fuerza: ‘Vino nuevo en odres nuevos’. A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

sábado, 16 de enero de 2016

A raíz de la visita de Francisco a la sinagoga de Roma.


A raíz de las escandalosas afirmaciones de un documento oficial publicado por el Vaticano con relación a la teología católica sobre el pueblo judío y la futura visita de Francisco a una sinagoga el domingo 17 de enero, publicamos un artículo aparecido en FSSPX, Distrito de México, 15-Ene-2016.


Treinta años después de la visita de Juan Pablo II, el 13 de abril de 1986, y seis años, día por día, después de la de Benedicto XVI, el Papa Francisco acudirá, el 17 de enero, a la sinagoga de Roma.

Según el sitio de la Iglesia Suiza, cath.ch, en un artículo del 17 de noviembre de 2015, las relaciones con el Gran Rabino de Roma están, sin embargo, “tensas”: “A Riccardo Di Segni (el gran Rabino de Roma1) no le ha gustado el alto del Papa Francisco ante el muro de separación israelí en Belén, en mayo de 2014.” También juzgó “curiosa y aun peligrosa”, el mes siguiente, la iniciativa del Papa reuniendo en el Vaticano a los presidentes israelí y palestino, Shimon Peres y Mahmoud Abbas, para una oración de paz. En una entrevista al periódico israelí Haaretz, de mayo de 2014, Riccardo Di Segni había incluso estimado que “desde el punto de vista teológico” judíos y católicos “no tienen nada que debatir”, al mismo tiempo que se pronunciaba“favorable”, a pesar de todo, a buenas relaciones de vecindad.

Esta visita tendrá lugar un poco más de un mes después de la publicación de un documento de la Comisión de la Santa Sede para las relaciones religiosas con el judaísmo, intitulado: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Una reflexión sobre cuestiones teológicas en torno a las relaciones entre católicos y judíos en el 50° aniversario de Nostra Aetate (núm. 4) (10 de diciembre de 2015), que afirma que “La Iglesia católica no conduce ni promueve ninguna acción misionera institucional específica hacia los judíos”. En efecto, según este documento, “la Alianza de Dios con Israel, su pueblo, perdura y no ha sido nunca revocada”, lo que lleva a la Iglesia “a considerar la evangelización de los judíos de una manera diferente de la que se hace para con los pueblos que tienen otra religión u otra visión del mundo”. Un texto que deja entender, como lo titula el periódico Le Monde de 10 de diciembre de 2015, que “la Iglesia no buscará más convertir a los judíos”.

Encontrarán más abajo un análisis del documento romano por el Padre Nicolas Cadiet, profesor en el seminario de Ecône, publicado en el sitio Vatican II en questions:


¿Los judíos tienen un lugar particular en la salvación?

La declaración Nostra Aetate

La declaración conciliar Nostra Aetate (NA) del 28 de octubre de 1965 quiso explicitar “cuáles eran las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas” (NA 1). Con esta meta, buscaba lo que podía tener en común con ellas. Colmar la necesidad de religiosidad, dar respuestas a las preguntas fundamentales de la vida, reflexionar sobre la manera de vivir en paz, aquí, en la tierra, esos son puntos comunes fáciles de encontrar entre todas las religiones, la verdadera y las falsas.

En cuanto a la religión judía, la declaración trata de ella en último lugar (NA 4), en razón de los vínculos que ligan a la Iglesia con el pueblo judío. Nota que la salvación fue primero revelada por una alianza divina con este pueblo en la persona de Abraham y luego desplegada en una ley comunicada a Moisés. Es en el seno de aquel pueblo que el Salvador nació, y que han sido elegidos los Apóstoles quienes han inaugurado la Iglesia. El pueblo judío en su mayoría rechazó a Cristo, aunque haya sido anunciado y  haya probado suficientemente que era el Mesías anunciado por los profetas. La Iglesia es reconocida como “el nuevo pueblo de Dios”, pero en razón de las afirmaciones de San Pablo en la epístola a la Romanos (Rm 11), sostiene que un cierto favor se conserva para el pueblo judío, y espera que todos los pueblos se conviertan. La Declaración afirma que no hay que considerar al pueblo judío como reprobado, deplora las vejaciones que ha recibido y recuerda que la Iglesia tiene el deber de anunciar “la cruz de Cristo como fuente de toda gracia”. Con respecto a los judíos, la Iglesia quiere promover “el conocimiento y la estima mutuas”.

Vemos que el texto evita con habilidad toda afirmación demasiado desagradable para los judíos: ningún recuerdo de la maldición proferida por los judíos en contra de ellos mismos ante Pilato (Mt 27, 25), ni tampoco de las exhortaciones proferidas por los primeros predicadores de la Iglesia a abrazar la fe cristiana (San Pedro el día de Pentecostés, Heh 2; San Esteban, Hch 7).

Estado actual del diálogo

Esta declaración inauguró el diálogo de la Iglesia Católica con los judíos, cuyo 50° aniversario fue marcado por una reciente declaración (DLI) de la Comisión Pontificia para las relaciones religiosas con el judaísmo. En la medida en que se quiere la prolongación o incluso el camino abierto por el Concilio, podemos ver en ella una interpretación auténtica de la intención de Roma a este respecto. Ahora bien, en este texto tres rasgos se destacan.

Primero, el judaísmo aparece como una religión legítima: el cristianismo y el judaísmo posterior a la ruina de Jerusalén son como hermanos, descendientes del judaísmo del primer siglo: “como suele acontecer normalmente entre hermanos– se han desarrollado siguiendo direcciones diferentes.” (DLI 15) ¡Las divergencias sólo parecen, pues, querellas familiares! En particular, como los judíos se refieren al Antiguo Testamento, su interpretación debe ser considerada como “una lectura posible”, a la cual se presta, tanto como la lectura cristiana (DLI 25 y 31). Una respuesta a la palabra de Dios expresada soteriológicamente, que vaya de acuerdo con una u otra tradición, puede por lo mismo franquear el acceso a Dios, quedando siempre en el poder de su consejo salvífico determinar, para cada caso, en qué manera piensa salvar a la humanidad (DLI 25). Sin embargo, se recuerda que Cristo es Salvador de todos, “no hay dos vías paralelas de salvación” (DLI 35).

Somos conducidos al segundo elemento: el pueblo judío tiene un lugar especial y difícil de definir en la historia de la salvación: si la Iglesia es “el nuevo pueblo de Dios” (NA 4), hay que rechazar la teoría de la sustitución de la Iglesia con este pueblo, como del nuevo Israel con el antiguo, por ser “desprovista de todo fundamento”, incluso en la epístola a los Hebreos (DLI 17). La Iglesia es más bien el cumplimiento de las promesas hechas a Israel (DLI 23) y de la antigua alianza que no es reprobada, sino cumplida (DLI 27). Si la Iglesia es “el lugar definitivo e insuperable de la acción salvífica de Dios” (DLI 32), sin Israel, “perdería su papel en la historia de la salvación” (DLI 33-34). Parece pues que el plan de la salvación de Dios requiere la permanencia de Israel, no sólo como pueblo, sino también como religión, ya que “Que los Judíos son partícipes de la salvación de Dios es teológicamente incuestionable; pero cómo pueda ser esto posible sin confesar a Cristo explícitamente, es y seguirá siendo un misterio divino insondable” (DLI 36).

El tercer rasgo concernirá, pues, a la actitud de la Iglesia para con los judíos: no hay proselitismo, o más bien “no hay misión institucional específica en dirección a los judíos”, ya que hay que considerar su evangelización “con unos parámetros diferentes a los que adopta para el trato con las gentes de otras religiones y concepciones del mundo” (DLA 40). El papel de los católicos se reducirá, pues, a un testimonio de fe “de un modo humilde y cuidadoso, reconociendo que los Judíos son también portadores de la Palabra de Dios, y teniendo en cuenta especialmente la gran tragedia de la Shoah” (DLI 40). Hay una discreta alusión hecha tanto a los judíos como a los gentiles a que reciban el bautismo (DLI 41). El diálogo tendrá finalmente como meta el procurar que los católicos aprendan de los judíos lo que concierne a la interpretación de la Escritura (DLI 44), el trabajar por la paz en Israel (DLI 46) y el ser un testimonio de la beneficencia común a favor del Dios de la alianza (DLI 49).

La doctrina católica

Las proezas diplomáticas del texto esconden la verdad católica. Recordémosla brevemente.

Es inútil probar que el pueblo judío tiene un papel de primer plano en la historia de la salvación; toda la Escritura lo declara: Israel es el pueblo elegido, preparada a pesar de sus infidelidades crónicas para ser cuna del Mesías que procurará la salvación, no ya sólo a los judíos, sino a todos los pueblos. El medio de salvación antes del advenimiento de Cristo pedía, para los judíos, la circuncisión y la práctica de la ley, y para los gentiles, un misterioso “remedio de naturaleza” por el cual profesaban la fe en el Salvador futuro2.

Sea como sea el rito expresando esta fe, nunca hubo ni nunca habrá salvación fuera de la Redención cumplida por el Hijo de Dios, ya que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús” (I Ti 2, 5). “No ha sido dado a los hombres otro nombre bajo el cielo por el cual hayamos de ser salvos” (Hch 4, 12). Desde que el acto principal de esta obra de salvación ha sido cumplido, el sacrificio del Salvador sobre la cruz, es normalmente necesario para salvarse recibir el bautismo y abrazar la fe católica: “El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Mc 16, 16). Aquel que es involuntariamente impedido de conocer la Iglesia y de adherirse a ella, debería tener el deseo, por lo menos implícito, “así llamado ya que está incluido en la buena disposición de alma por la cual el hombre quiere conformar su voluntad a la voluntad de Dios”3. Esta disposición concierne a todos los hombres sin excepción, y por este hecho los judíos también. Rechazar formalmente a Cristo, es rechazar la salvación.

¿Pues, qué queda de la antigua alianza? ¿San Pablo no dice, con respecto a los judíos, que “los dones y el llamado de Dios son irrevocables” (Rm 11, 29)? Ahora bien, ¿el culto, la doctrina y las observancias impuestas a los judíos no hacen parte de estos dones? Sería, sin embargo, un contrasentido el creer que San Pablo considera el culto judaico como todavía válido. Las epístolas a los Romanos y a los Gálatas son precisamente exposiciones doctrinales que establecen vigorosamente que las observancias judaicas son absolutamente impotentes para procurar la salvación. En cuanto a la epístola a los Hebreos, muestra que los innumerables sacrificios de la ley antigua sólo eran figuras impotentes del único de Jesucristo, que cumple solo, al fin, la reconciliación de los hombres con Dios. Es por eso que “hay abolición de la primera ordenanza a causa de su impotencia y de su inutilidad” (Heb 7, 18). El signo más brillante de esta abolición fue la desgarradura del velo del Templo al momento de la muerte del Salvador (Mt 27, 51). Y es por eso también que la práctica de las observancias judaicas hoy en día tiene algo de blasfemia, ya que además de su inutilidad, implican la afirmación de que el Salvador que prefiguran, no ha venido todavía. Como dice San Pablo: “si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará” (Gl 5, 2)4.

¿Cuáles son entonces esos dones y promesas de Dios que todavía valen? Hay, primero, la salvación que les fue prometida. Puesto que los judíos, como todos los pueblos, están llamados a aprovechar la Redención operada por el Salvador. Por otro lado, han sido los primeros en ser llamados a esta salvación, ya que Nuestro Señor reservó su predicación a los judíos, y los Apóstoles han igualmente empezado por ellos, según la conminación de Jesús: “por el camino de los gentiles no iréis, y en ciudad de samaritanos no entréis; mas id antes a las ovejas perdidas de la Casa de Israel” (Mt 10, 5-6). ¿Se atreverá uno a  sostener que semejante favor no correspondía suficientemente a las promesas hechas anteriormente a Abraham y a sus sucesores? Nada impide tampoco ver una continuación de favores temporales dados a Israel en la simple permanencia de este pueblo a través de la historia, y eso durante largo tiempo en su territorio. Igualmente en la prosperidad y en el poder del cual goza (no sin vicisitudes en el pasado).

Finalmente, queda por decir de este pueblo que tiene un lugar especial en la historia de la salvación. Primero porque el Salvador viene de él. Pero San Pablo destaca otra cosa (Rm 11): la infidelidad de este pueblo al momento de la venida del Salvador, y la predicación orientada después hacia los paganos, recuerda a aquellos que su vocación es gratuita, todavía más que la de los judíos. Para todos es sobrenatural. Pero los judíos tenían un título en la promesa que les había sido hecha a ellos de manera especial. Así, el pueblo judío, destinatario de esta promesa de Dios, es el testigo de la gratuidad de la Salvación. Es también el testigo de la fidelidad de Dios, ya que San Pablo sugiere una misteriosa conversión en masa de los judíos al fin de los tiempos (Rm 11, 12-15 y 25-26), conversión que será todavía más resplandeciente que la entrada de los paganos en el plan de la salvación.

Conclusión

¿Qué debe decir la Iglesia a los judíos? Como a todos, predica la salvación en Jesucristo y la necesidad del bautismo. Desde entonces es escandaloso sugerir, como lo hace el texto de la Comisión pontificia, que la práctica judía actual y la interpretación rabínica actual de la Escritura, puedan ser legítimas, desde el momento que ignoran la venida efectiva del Mesías hace 2,000 años. Decir que “los judíos toman parte en la salvación de Dios (…) cuando no profesan explícitamente a Cristo” no es “un misterio divino insondable”, sino más bien una vergonzosa pirueta diplomática. San Pedro, antes de la invención del diálogo, había dicho a los judíos de Jerusalén: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Cristo, para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque a vosotros es la promesa, y a vuestros hijos, y a todos los que están lejos; a cualesquiera que el Señor nuestro Dios llamare” (Hch 2, 38-39).

Padre Nicolas Cadiet

FSSPX

Fuente: www.dici.org

viernes, 15 de enero de 2016

Ahora, AciPrensa dicen que el video no era del Papa… ¿Qué pensar?

Ya hemos hablado en otras ocasiones de las extrañas facetas de la prensa católica con respecto a las palabras y las afirmaciones del Papa Francisco; tal fue el caso, entre otros, de la entrevista al Pontífice realizada por el periodista Eugenio Scalfari (ver aquí).
En estos días de enero, otra vez somos obligados a asistir frente a otra irregularidad. Seis días después de la exhibición del famoso Video del Papa por las oraciones del mes de enero 2016 – que todavía se puede ver aquí–, el portal AciPrensa pretende despegar al Pontífice respecto del mismo mediante un artículo firmado por el Sr. Alejandro Bermúdez. ¿Los motivos? El video fue considerado una expresión de “relativismo religioso” que ponía la fe verdadera “en el mismo plano que otras religiones falsas”. Pero todo no es más que un “malentendido”. Algunos puntos para considerar:

1. El video publicado por el Vaticano es del 6 de enero. Ese mismo día sale publicado un artículo favorable al video en AciPrensa, 06-Ene-2016 (ver aquí), firmado por Álvaro de Juana. El artículo sigue en línea.


2. Casi una semana después, el 12 de enero, el mismo portal de AciPrensa exhibe la “aclaración” del Sr. Alejandro Bermúdez, director del medio, según la cual todas las repercusiones desfavorables que el video ha generado en el campo de los católicos son explicables por: a) las imágenes que acompañan al video (no de las palabras del Papa); b) la mala formación de los católicos que “no entienden”; y c) la mala voluntad de los que están “con una lupa” buscando las equivocaciones del Papa Francisco (que por cierto, en este caso, no hace falta de ninguna lupa). El artículo de Bermúdez se puede ver aquí:


Luego de unas extensas disquisiciones teológicas sobre el término “hijo de Dios”, Bermúdez reacciona echándoles toda la culpa a los productores del video y quitándole la responsabilidad al Papa Francisco:

“El problema pues no ha sido lo que el Papa ha dicho, sino las desafortunadas imágenes que han montado encima los productores del video. Y estos productores son los que tiene que asumir la responsabilidad de la confusión, especialmente mirando a futuro”.

Como consideramos que el artículo de Bermúdez obedece a la operación eclesial de “blindar” al Papa Francisco dentro del campo de los católicos practicantes (tal es el caso de los lectores habituales de AciPrensa), deseamos “pensar en voz alta” lo siguiente:

  • Si el problema “no es” lo que ha dicho el Papa, entonces, ¿por qué Bermúdez tiene que hacer al comienzo del artículo una extensa aclaración de las cosas que ha dicho Francisco con respecto a la afirmación de que “todos somos hijos de Dios”? 
  • Si el video “no expresa” el deseo del Papa y, tal como está, es un video inadecuado y escandaloso que presta a confusión, lo lógico sería que fuese quitado de la red de manera inmediata (al otro día, por ejemplo), reemplazado por aquél que tuviese el mensaje papal “original”. Sin embargo, el video sigue publicado tanto en AciPrensa (con nota favorable incluida) como en El video del Papa, medio oficial promovido y anunciado por Radio Vaticano.

También podemos encontrar comentarios de los lectores de AciPrensa, lectores descontentos con esta curiosa manera de argumentar del Sr. Bermúdez. Dentro de la confusión de todo tipo de comentaristas, aquí algunos comentarios interesantes que encontramos:






  • Por otra parte, la queja de Bermúdez sobre los católicos “mal formados” es inconsistente. Si realmente están mal formados, tampoco entenderán su extensa y confusa “aclaración”. Si lo interpretan todo mal, como da a entender con arrogancia el director de AciPrensa, no hay razón para creer que entenderán esta nueva “aclaración”. Pero hay más.

  • Bermúdez dice que el video es malo “pero no es del Papa”. Sin embargo, luego se queja de los católicos que juzgan duramente un video malo. Entonces, si el video tal –como está– es malo, los católicos hacen bien en juzgarlo duramente. Pero si los católicos hicieron bien y juzgaron acertadamente al video, entonces no son los brutos y superfluos “de la Matanza” que el director de AciPrensa da a entender que son.
¿Qué nos queda de todo esto?

Creemos que queda lo siguiente. El medio AciPrensa parece jugar su estrategia, en el marco de una macro-estrategia de mucha mayor extensión. ¿Cuál sería? Dos líneas editoriales, jugar dos puntas, para tener contento a los dos bandos distintos que, lo quiera o no, están entre sus lectores. El bautizado con una deficiente formación, ligado emocionalmente al Papa, tiene su video en el que los límites entre la verdad y el error se desvanecen culpablemente. Por otro lado, el bautizado con cierto criterio ortodoxo tiene la aclaración de Bermúdez que lo deja tranquilo: “el video relativista no es obra del Papa”. Este bautizado quizá sospecha algo pero la autoridad de Bermúdez sirve para engañarlo, adormeciendo su conciencia y debilitando su mente (una vez más). Se replica la misma táctica que está dando buenos resultados a nivel mundial, aunque el número de fieles que se va dando cuenta de esta maniobra sigue creciendo, a Dios gracias. Nos consta.

La maniobra es perversa: para mantener a lectores neoconservadores, está la versión de un Papa que ha sido manipulado por productores y (no podía faltar) por medios de comunicación. Y también está la otra versión para un público más bien progresista. Todos contentos. Pase, pase a nuestra Iglesia que ya es un restaurant con menú a la carta. ¿Qué quiere? ¿Un Papa ortodoxo que es “manipulado” por su entorno? Lo tiene: aquí le acerco el artículo del escriba Bermúdez, ¡mire que malos que son los que le hacen decir al Papa lo que no dice! Ah, discúlpeme, ¿quiere otra cosa? ¿Un Papa abierto al mundo y al diálogo? Pase y le muestro el video. El Papa Francisco gana en una y en otra situación. La Verdad padece en ambas. Pero la Verdad no perece en ninguna, porque nada seguro se puede construir en la mentira. Hagamos nosotros verdad, difundiendo las incoherencias de los adversarios de la fe. Sólo la Verdad nos hará libres.

Una acertada analogía.

Una acertada analogía. Visto en Wanderer, 11-Ene-2016.


Creatividad publicitaria

Con unos amigos estamos por rodar un spot muy interesante. No sé bien qué acogida tendrá por parte del gran público. Pero confiamos que en esta civilización adulta y madura, abierta y plural, sea bien recibida y hasta se viralice al infinito y más allá. Trata sobre el sistema de Salud pública. Les adelanto un poco la secuencia (falta ajustar detalles):

Arranca con una voz en off, que es Margaret Chan –la Directora general de la OMS– que dice algo así como “la mayor parte de los habitantes del planeta buscan la salud; esto debería provocar un diálogo entre las alternativas en la lucha contra la enfermedad”. Mientras tanto, van apareciendo en pantalla (de perfil, no de frente manteca; esto es importante): una curandera, un astrólogo, un yogi, un ayurveda y un médico común, con su guardapolvo blanco.

La curandera (parece que acepta Petrona, una famosa gitana de Chubut que es furor) larga una frase: “yo tiro el cuerito”; “yo te tiro las cartas” agrega Jimena La Torre, experta en cartas astrales. Claudio Márquez agrega: “te hago el reiki karuna y te dejo como nuevo”. Y entremedio (no sabemos todavía bien dónde conviene ponerlo, presumo que último, justamente para que se entienda que es apenas una alternativa más), el médico –en lo posible uno de esos de aspecto poco confiable– largando un insulso: “si querés, te hago una placa y te receto un antibiótico”. Luego vuelve la mina de la OMS (si no la enganchamos a ella, le podemos pedir al presidente del Colegio de médicos, pero ese debe ser medio facho, fundamentalista, que todavía cree que con su estetoscopio y su ampolla de penicilina se puede llevar el mundo por delante), digo, vuelve Chan y con voz vaga (importante esto: todo exceso de modulación y nitidez son pequeños guiños fachos) diga: “muchos piensan distinto, sienten distinto, buscan la salud de diversa manera y la obtienen (es importante este último detalle, porque si no queda como que uno simplemente reconoce las buenas intenciones de la astróloga y aquí es importante avisar que uno reconoce su genuina eficacia curativa. Sigue el discurso de la Chan): en esta multitud de ofertas que todo enfermo recibe, hay una sola certeza: todos somos agentes sanitarios, todos somos trabajadores de la salud (sube el audio y aparecen entonces, la astróloga oscurantista, la curandera quiromántica, Fabio Zerpa, el médico y el gurú Maharaji conversando risueñamente entre ellos, en torno a un chiquito de ocho años, paciente oncológico, que los mira perplejo a todos, que le sonríen al son de “todos creemos en la salud, vos quedate tranquilo”. Íbamos a convocar a un gurú brasilero, que te hipnotiza y te opera en el acto, pero su aspecto era un tanto sucio y nos pareció que podía espantar un poco… También pensamos en un mormón, con su propuesta alternativa a la transfusión de sangre, pero la última novela de McEwan (otro que se las daba de abierto y resultó ser un facho fundamentalista) trata justamente de un chico que se está por morir porque se niega a transfundirse y es mormón… y pegó muy fuerte, así que no, mejor no, el tarot en cambio, tiene mejor mordiente social. También intentamos sumarlo al Yogi Bhajan, pero nos sacó corriendo y nos tildó de divagantes relativistas (evidentemente hay nazismo hasta en la India). 

Veremos cómo nos va. Tengo confianza en que se viralizará y nuestra sociedad moderna openmindful lo tomará muy bien. En realidad la idea es que, si nos va bien, sea éste el primer spot de una larga serie, con el mismo mensaje pero aplicado a distintas realidades. Empezamos por salud (aunque nos dijeron que fue una mala idea arrancar por ahí, porque justamente ese es un tópico en que la gente aún es un poco conservadora, qué sé yo), pero haremos furor con el clip sobre la construcción de un puente, el manejo de un avión (no, no; a la señora esa griega de apellido voluptuoso, no la convocaremos), y hasta produciremos –para el segmento más juvenil– un video sobre alternativas para elaborar una buena cerveza: ¿por qué esa porfiada cuadratura fachista de creer que sólo con cebada y lúpulo se puede hacer cerveza? Verán la de alternativas inverosímiles que estamos recolectando…

¡Paz y Facilidad, hermano!   

Gerente de Creatividad de CTV

miércoles, 13 de enero de 2016

Carta de lectores enviada a La Nación: Problemas de la teoría de la evolución.


Carta de lectores enviada a La Nación el 10-01-2016 (no fue publicada).

En respuesta al artículo “En la trinchera de la ciencia, un cruzado contra la religión. Richard Dawkins” (ver aquí), de Martín De Ambrosio, publicado el 10-Ene-2016, en el Suplemento Ideas del diario La Nación.

Problemas de la teoría de la evolución

Sr. Director:

A propósito del artículo “En la trinchera de la ciencia, un cruzado contra la religión. Richard Dawkins”, publicado este domingo en su Suplemento Ideas, quisiera hacer algunas puntualizaciones a fin de contribuir al debate sobre la teoría de la evolución. El desarrollo gradual –postulado por el neo-darwinismo, del cual Dawkins es apóstol principal– tiene sus dificultades. Por ejemplo, tomemos la “excelente pregunta” del científico evolucionista Stephen Jay Gould, mencionado en el artículo de marras: ¿De qué sirve el 5% del ojo?

Pensemos la evolución del ojo humano: hasta formarse por completo, este órgano pasaría por sucesivas etapas evolutivas. Antes del 100%, sería el 70, el 30, el 5 y en algún momento habría sido solamente el 1% de su estructura final. Ahora bien, el ojo humano necesita para su pleno funcionamiento que todas las partes del mismo estén perfectamente formadas. Esto significa que en la casi totalidad del proceso evolutivo que, paulatina e infinitesimalmente, iría transformando un ojo menos complejo en otro más complejo, este semi-ojo no funcionaría. Sería inservible en más momentos (muchos más) que en lo que sería útil. El problema es que la teoría sostiene que la evolución mira a la utilidad de los órganos.

La Paleontología tampoco respalda la teoría de la evolución, dado que esta disciplina documenta de manera positiva: 1) La ausencia de formas intermedias (los eslabones perdidos); y 2) El hallazgo de especies fósiles muy complejas que aparecen repentinamente en el registro, especies imposibles de conectar con formas anteriores mucho más simples. El problema consiste en que, según la teoría, los eslabones perdidos deberían ser una cantidad inconcebible, dado que la evolución ocurre muy lentamente. Pero los eslabones, que debieran ser innumerables, no aparecen; la teoría de la evolución predice además que las especies no pueden dejar de cambiar. Pero la Paleontología registra en todas partes y en todo lugar formas fósiles que no cambian a lo largo de cientos de miles y millones de años.

Juan Carlos Monedero (h)

DNI 31.915.771

jueves, 7 de enero de 2016

Escandaloso video de Intenciones de oración del Papa de enero de 2016.


Vemos por el canal oficial del Vaticano edición española, 06-Ene-2016, un video titulado “Intenciones de oración del Papa de enero de 2016”, plagado del mismo relativismo religioso que la masonería ha defendido durante tanto tiempo y que ha sido condenado por el Magisterio.


A continuación, un artículo aparecido en AdelanteLaFe, 07-Ene-2016, comentando este video.


Escandaloso vídeo del Papa Francisco: el Niño Jesús y Su Iglesia humillados


Aún no he salido de mi asombro. He tenido que ver el vídeo de intenciones de oración del Papa Francisco un par de veces, les puedo asegurar que la primera vez que lo vi pensé que era un burdo montaje, pero no, señores, es absolutamente verídico.

¿Qué mensaje se está transmitiendo en él? Creo que es evidentísimo y requiere poca explicación: todos somos Hijos de Dios, y pues todas las religiones no son más que expresiones “diversas” mediante las cuales los hijos se comunican con el Padre, cada una con su forma y modo, pero igualmente válidas. La supuesta realidad de que el Padre nos escucha a todos, independiente de la religión que profesemos, debe ser un punto común de unión entre todo el género humano para obtener la paz y el amor universal soslayando lo que nos separa. En la práctica, como conclusión del mensaje, todas las religiones, en tanto que tales, se convierten en medios válidos para llegar a Dios, lo cual se escenifica con las imágenes del niño Jesús junto a Buda y similares.

¿Es esto nuevo? No, venimos soportando este discurso sincrético-indiferentista desde el Vaticano II y se ha explicitado en múltiples documentos y actos públicos (Asís), pero al menos, a donde me llega la memoria, la doctrina subyacente a todo esto no se había explicitado de una forma tan expresiva como en este vídeo. ¿Es esto católico? Digámoslo sin bagatelas: rotundamente NO. Seguro que muchos se sorprenderán por esta afirmación, pues el conocimiento del catecismo y la doctrina católica ha caído a unos límites glaciales. Algunos recordatorios:

Partiendo de la base de que la filiación divina no se consigue sino por el Bautismo [1], nadie va al Padre sino por Jesucristo y su única Iglesia, la Iglesia católica.

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí” (Juan 14, 6).

“El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt 12, 30).

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará, más el que no creyere se condenará” (Mc 16, 15-16).

“El que me odia a mí, odia también a mi Padre” (Jn 15, 23).
“Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado” (Jn 15, 22).

“Vosotros (judíos) tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad porque la verdad no estaba en él” (Jn 8, 44).
“El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios” (Jn 8, 47).

“No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 7, 21).
¿Les queda alguna duda?

En Mortalium Animos [2], el papa Pío XI parecería haber visto el triste vídeo y anticipadamente nos advertía sobre aquellos que “convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión”.

Y, continúa el Santo Padre Pío XI:

“Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio”.

Me pregunto, ¿alguien con dos dedos de luces y que no haya renunciado por completo al razonamiento puede pensar que lo que se expresa en este vídeo no es EXACTAMENTE lo que Pío XI considera como que “no puede, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos”. No se trata de mi juicio, de mis consideraciones, es la propia iglesia la que ha condenado anticipadamente lo que aquí se está haciendo y diciendo.
Pero no termina aquí, dejemos seguir a Pío XI:

“Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios”.

No estamos ante un tema baladí, estamos, digámoslo sin contemplaciones, ante pura apostasía y herejía. Es absolutamente escandaloso como en el vídeo se iguala al Niño Dios en el pesebre con Buda y otros fetiches idolátricos. Pura blasfemia.

Sinceramente parece que vamos cuesta abajo y sin frenos. Espero de corazón que algunos se decidan de una vez por todas a hablar con todas las letras, esto es gravísimo y no es admisible en modo alguno ya contemporizaciones, diplomacias ni miedos. O con Cristo, o contra Él, no hay punto intermedio.

“¡Ojala fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio, y ni caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3, 16)

Miguel Ángel Yáñez

[1] Sobre este tema véase el fenomenal estudio de Denzinger-Bergoglio
[2] Pueden leer la encíclica completa en este enlace